Los personajes que aparecen en esta historia, no son de mi pertenencia.

Capítulo 4: La noche de los secretos

Él y ella habían ayudado a recoger y a lavar platos, vasos y demás utensilios manchados. Había que admitir que ella se lo habían pasado genial ya que de pronto alguien metió un poco de espuma por la espalda de su vestido. Tras un montón de movimientos extraños la mujer empezó a preocuparse y la detuvo.

-¿Os ocurre algo pequeña?

-¡Mi espalda! ¿¡Quien a sido!? -gritó la chica.

Él entonces no pudo soportar sus ganas de reírse y tampoco pudo evitar soltar una carcajada, antes de taparse la boca con su mano derecha. Sabía que había desvelado que era el gran culpable y que ella le echaría una bronca tremenda.

-¡Eres tonto!

No podía hacer más que defenderse, cogió un vaso y lo llenó con el agua que había en la palangana de fregar. Se la tiró a la cabeza y el chico lo recibió de lleno y con la boca abierta. Para cuando terminaron, ella estaba empapada y él casi no había recibido nada de agua. Podía esquivar fácilmente sus ataques con agua y no tenía que mojarse si no quería, pero ella no era tan hábil y ahora tiritaba de frío mientras la señora de la casa los miraba con desaprobación a los dos.

-Sois dos chicos muy irresponsables y vos en especial estáis completamente empapada ¡Que vais a hacer ahora!

-N-no lo sé, lo siento mucho -respondió la chica avergonzada- pero, ¡Él empezó!

-No importa quien empezó y además, llegasteis con un vestido muy humilde, yo puedo dejaros uno mejor, de cuando era más joven.

-No hace falta, yo me las puedo apañar con este.

-Es un vestido de verano y últimamente hace mucho frío. Veo que también necesitáis zapatos. Venid conmigo.

-Pero...

-Haz caso -le dijo el chico.

Ella, sin más remedio, se dejó arrastrar por la señora de la casa mientras le lanzaba miradas de odio al chico que se sonreía amablemente. Pasado un rato la chica, apareció, bañada, limpia y bien vestida. Con un hermoso vestido blanco con vuelo hasta los pies, mangas anchas y transparentes y cuello de pico. También había sustituido los otros zapatos por unos blancos con un lazo de seda en el pié.

-Vaya... -murmuró él.

-Gracias señora, le debo mucho.

-No importa, después de todo tengo entendido que algo pasó con las habitaciones, quisiera compensaros.

-No es nada -musitó la chica.

-Ya es tarde pequeños, iros a vuestro cuarto.

Los chicos sin mediar palabra fueron a la habitación asignada en el segundo piso, pero se encontraron con que había sido cerrada con llave y había una nota en la puerta.

"Si la dama desea pasar, encontrará un hueco libre a mi lado"

-Lo odio -soltó él.

Ella suspiró, no podía dejar de pensar y de intentar olvidar los sonidos provenientes de la habitación.

-Por lo menos -dijo ella con una sonrisa-, a pagado él.

Él se sentó en el suelo del pasillo. Estaba muy cansado de dormir al raso y por una noche, quería proporcionarle a ella una cama, ahora les habían echado de la habitación y ni de broma iba a dejarla entrar.

-Tal vez -continuó la chica- podamos hacer un trato.

-¿Un trato? -preguntó el serio-. No tenemos dinero para malgastarlo con semejante idiota.

-Yo no pensaba hacer el trato con dinero.

De pronto ella dio unos suaves toques en la puerta y los sonidos cesaron. De pronto el otro noble apareció con una simple bata.

-Anda -dijo al ver a la sirvienta- ¿acaso aceptáis?

-Sólo si al terminar mi amigo y yo podemos entrar.

-Me lo pensaré.

-¡PUES YO LO TENGO CLARO! -gritó el otro chico-. ¡Más te vale apartarte de su lado si quieres vivir!

-¡Es ella la que a acudido a mí!

-¡Pues actúa como si no hubieras oído nada!

El chico empujó a su compañero y cerró la puerta de golpe, mirando con rabia a la mujer que se apartaba cada vez más de él. Él simplemente la cogió por los hombros.

-Ni se te ocurra hacer algo así nunca más, esté yo o no. ¿¡A quedado claro!?

-S-si.

El chico se relajó, la actitud que ella había expresado no le había gustado nada, aunque sabía que lo había echo por él. Le daba vueltas la cabeza, necesitaba dormir.

-Lo siento -murmuró- pero yo jamás hubiera dejado que hicieras eso.

-Sólo quería que por una noche durmiéramos en una cama de verdad... porque... yo... hace años que no duermo en una.

-Tal vez se... apiade un poco por así decirlo -dijo él intentando sonreír.

Ni siquiera él se creía sus propias palabras, mucho menos ella, pero también sonrió. Siempre intentaba sacarle una sonrisa por pequeña que fuera, siempre a su lado, sin hacerle daño. Al principio, no se fió nada de él, siempre podía ser fachada, pero pasado el tiempo se dio cuenta de que el chico lo único que hacía era alabar su belleza o cualquiera de sus cualidades, sin hacerle daño. De echo, podía apartarlo siempre que quisiera y él jamás se quejaba ni mucho menos se resistía a un empujón o en casos graves un puñetazo.

Suspiró.

No podía hacer nada y él estaba sentado en el suelo, apoyando su espalda contra la puerta con los puños cerrados. Estaba segura de que se había enfadado muchísimo con el otro noble y en cuanto saliera del cuarto o él pudiera colarse, iba a ir a cargárselo. En los días que habían pasado juntos se había dado cuenta de que cortejaba a todas las damas sin importarle la posición social o la raza, que ayudaba a los niños y de que era un broncas. Cada vez que se enfadaba con un hombre, empezaba a gritar y muchas veces acababa metido en peleas. Si no fuera por ella, se había metido en muchas más, pero siempre conseguía disuadirle y distraerlo o calmarle para poder evitar peleas callejeras.

Por las noches siempre buscaba un montón de césped o hierba blandita para hacerle una cama improvisada en alguno de los árboles en los que dormían. Siempre encendía un pequeño fuego abajo, calentando las hierbas en él para que estuviera caliente y le preparaba la comida, también estaba perpetuamente preocupado de que estuviera a salvo y a gusto. Muchas noches había tenido que persuadir al chico para que durmiera, porque el se pasaba la vida empeñado en que tenía que hacer guardia y protegerla.

-Es un bobo pero, es un buen hombre -pensó perdida en su pelo.

Estaba apoyada en la pared, intentaba ignorar los sonidos que provenían del cuarto, el otro chico si que se comportaba como un noble de verdad. Él si que se había acercado demasiado, algo que desquiciaba al otro, que no tenía mas remedio que esperar.

La chica, se sentó entre sus piernas y le preguntó.

-¿Oye, estás muy enfadado? -preguntó ella dulcemente.

Él no respondió.

-Soy tu amiga -dijo apoyándose en su pecho-. ¡Venga dímelo!

Él suspiró.

-Ese idiota nos a fastidiado pero bien.

-No irás a por él cuando salga... ¿Verdad?

-Yo pensaba darle un abrazo y agradecérselo pero si tanto quieres que me aleje... -soltó el chico con sarcasmo.

-No es eso, sólo quiero que evitéis una pelea porque los guardias de Queen andan por la calle, a la mínima, entrarán a ver si somos nosotros. Tienes que calmarte.

Ella cogió su mano, la cual dejó de estar en tensión casi al instante.

-¿Lo ves? Es fácil.

-Sí -admitió él cohibido.

Ella sonrió con amabilidad y se recostó sobre él, también estaba cansada y no pensaba dormir en la cama de la habitación aquella noche, simplemente le daba demasiado asco. Él estaba muy sorprendido, pues estaba acostumbrado a ser apartado.

-Perdona pero, me has mal-acostumbrado a estar en sitios de mi agrado, como una cama improvisada y caliente sabiendo que alguien me protegerá.

Él la miraba con los ojos abiertos y con la boca casi en el suelo pero pasados unos minutos, consiguió tranquilizarse y olvidar la primera impresión.

-B-bueno, puedes estar aquí si quieres.

-Gracias, es muy amable por tu parte.

-No, no es nada.

Estaba nervioso y tenía miedo de fastidiarla, pero pasado un rato, se durmieron los dos y consiguieron alejar los problemas aunque fuera por un tiempo.

A altas horas de la noche, alguien abrió la puerta de forma brusca y los dos cayeron al suelo. Él no tardó nada en desperezarse pero ella no podía ni abrir los ojos. Cayeron en el suelo juntos y él se levantó rápido y la cogió entre sus brazos para ponerla a salvo. Sin darse cuenta se encontró de cara con una mujer rubia, que se tambaleaba con una enorme sonrisa en la cara.

-Valla, valla yo te he visto antes, eres el chico de la escalera y que ayudó a todos en la cena. Ya estoy disponible...

La mujer se acercó a él melosamente mientras la chica empezaba a abrir los ojos, no le gustó nada lo que vio. El chico se negó en redondo aunque de forma delicada y educada.

-Lo siento damisela, pero me veo obligado a rechazar su oferta. Su... empleo... n-no me gusta, lo siento.

-Mira, un caballerete al que mi oficio no le gusta. Eso es nuevo. Aunque quiero que sepas que yo ya no tengo remedio.

-¿No quieres tener una familia algún día?

-¿¡Quien querría tener una familia con una...!?

-Señorita preciosa, que solo tienes que darte una ducha, comprar una casita, ponerte un vestido normal -dijo pensando en sus inapropiadas ropas- y buscar un trabajo decente.

Él cogió un cheque y se lo dio refugiando las dañadas manos de la joven rubia entre las suyas. El cheque permanecía en el centro, mientras la mujer caía de rodillas frente a él. El chico sentó a su amiga y cogió a la mujer rubia entre sus brazos para darle calor y cobijo. La mujer comenzó a llorar a punto de desmayarse por semejante ofrenda.

-¡M-mientes! -gritó la mujer entre lágrimas.

-No, el sello, mi firma y...

Cogió una daga de su cinturón y se hizo un corte en la mano en forma diagonal. Puso su mano sobre el y lo empapó con su propia sangre, así haciendo la validación del documento.

-Toma, vé al norte y visita a uno de los chefs de los doce, ¿Conoces su nombre?

-Sí...

-Te dará una gran fortuna y quiero que empieces de cero y prometas, que jamás volverás a las calles.

-Lo prometo... -dijo ella entre lágrimas.

-Tranquila, no pasa nada, oculta tu pasado, construye un futuro y vive en paz.

La mujer se desmoronó, la verdad era que tenía unos viente o veinticinco años era muy joven para atravesar una situación así sola. Desde los dieciséis, tras la pérdida de sus padres no había tenido a nadie que la mantuviera, pues el ser humano a la hora de la verdad, nace, vive y muere solo. Había tenido que desempeñar ese horrible trabajo para sobrevivir. Ese era el objetivo, pero ahora, tras su último trabajo un noble la liberaba dándole dinero. Era muy difícil de creer, pero era real.

-Gracias... -murmuró la mujer derrumbada.

-Sal de aquí, pero no a la calle, a la cocina al pasillo dónde sea, incluso con los dueños de la casa. No es ninguna broma, no dejes que nadie te vuelva a utilizar. Nunca.

-De verdad no me engañáis, los nobles sois crueles.

-No, lo juro por mi honor.

Sacó a la chica de la habitación y la llevó al sofá en un pequeño salón. Le besó la frente y le rogó que durmiera pero se dio cuenta de algo, la sirvienta estaba en la habitación con el otro noble.

-¡Idiota! -se reprendió a si mismo mentalmente- ¿¡Cómo he podido dejarla allí medio dormida!? ¡He estado tan ciego en salvar a aquella pobre mujer que saqué a mi princesa de la cabeza! ¡Pero mira que soy inútil!

Salió corriendo de repente dejando a la mujer en la sala mordiéndose el labio inferior, sin duda ella también quería a un chico como ese, a ser posible, quería a ESE chico en concreto. Aunque no podía dejar de admitir que estaba muy unido a la otra chica y no quería interponerse en la vida de su salvador.

-¡NI TE ACERQUES! -gritó en la escalera.

Llegó a la puerta y la abrió de golpe encontrándose con su compañero que sostenía a la mujer en sus brazos.

-¡SUÉLTALA!

-Tranquilo, no voy a hacerle nada malo.

-¡Lo que tú consideras algo bueno, yo lo considero algo horrible para ella!

-Oh pero como puede ser algo malo, yo lo considero un privilegio, ¿Tu que crees?

-Que tus ansias deberías controlarlas, suéltala. Ya lo a pasado suficientemente mal. Por favor.

El otro chico tampoco era tan desalmado y decidió hacer caso a su compañero, atendiendo a su último ruego. En cierto modo sabía como se sentía, él estaba pasando por lo mismo llegada su edad. Estaba preocupado por un asunto que le había costado mucho aceptarlo, sabía que era la pura realidad que lo reconcomía por dentro.

-Lo sé -la echó en la cama-. No iba a hacerle daño. Además tengo que comentar que como sigas sacando a las mujeres de las calles te vas a aquedar sin fortuna.

El chico, haciendo caso omiso, se acercó rápidamente a la cama y verificó su estado, por fin respiró tranquilo, pensaba que aquel hombre le haría daño. Tal vez nunca habían llegado a hablar de manera normal sin estar en medio de una pelea.

-Eres un auténtico imán de problemas, ¿Te encuentras bien? -le preguntó a la chica sin esperar respuesta.

La cogió en brazos y la depositó en un esquina, estaba perfectamente dormida. La verdad es que una cena por una vez en bastante tiempo era bueno, pero había podido observar que no estaba acostumbrada a comer tanto. El hambre estaba muy presente en la isla pero es que él quería solucionarlo daba igual lo grande que fuera el problema. Inconscientemente y perdido en sus pensamientos, empezó a hacer la cama de nuevo.

-¿Que haces? -preguntó el otro noble.

-Voy a hacer la cama y cambiar las sábanas.

-¿Quien eres? ¿La chacha?

-Callate y déjanos en paz. Has dejado eso perdido -dijo dejando las sábanas en una esquina, cerca del otro noble- ¿Que? ¿Te lo has pasado bien?

-Bastante ¿y tu?

-No le e echo nada, no soy alguien tan despreciable como tú.

-Nadie te a insultado.

-Hoy te has pasado.

-No le e echo nada a la mujer a la que tanto amas. Menuda manera de traicionar a tu "futura esposa".

-¿Qué? Es mi amiga nada más. Déjala en paz, si haces que Honey crea que es su enemiga, le hundirá la vida y después se la entregará a su tío.

-No voy a decirle nada a Honey, tu amiga me a caído muy bien.

-Te gusta porque es hermosa.

-Es simple, pero, no podrás protegerla toda la vida.

-Eso es mentira y no levantes la voz, que está durmiendo. A propósito, te pasas las noches fuera de la academia ¿no estás cansado de irte siempre con... chicas de pago?

-Pero mira que eres fino.

-¿Acaso no quieres responderme?

-Claro que no, es asunto mío.

El chico se encogió de hombros, y en el armario, encontró unas sábanas limpias. Supuso que serían de emergencia y se dispuso a usarlas. El otro intentaba escabullirse de la constante vigilancia que tenía en cima y poco a poco se acercaba a la mujer dormida.

Cuando el noble terminó de hacer la cama se dispuso a echarle la bronca a su compañero.

-Que te he dicho antes que te alejes, pesado. Te has cargado la cama idiota.

-Soy bueno -dijo el otro encogiéndose de hombros.

El chico resopló harto de aquel individuo, sólo quería dormir. Estaba agotado. Cogió a la chica en brazos y la situó a un lado de la cama. Siendo concreta, en el lado izquierdo. El otro chico se escandalizó.

-Oye, oye, ¡Que no quiero estar a tu lado!

-No estás a mi lado.

-¿Entonces?

-Duermes en el suelo.

-¿¡QUÉ!? ¿¡PERO DE QUE VAS!?

-¡Tu ya has tenido tiempo de sobra!

Sin darse cuenta, estaban despertando a la casa entera con sus continuos gritos y ella también comenzó a desperezarse. Los chicos empezaron a llamarse de todo y ella al final se tubo que levantar.

-Chicos... -susurró- ya basta.

Ellos se percataron de lo que estaban haciendo y pararon en seco.

-Por favor, quiero dormir. ¿Por qué peleáis ahora?

-Por los sitios que ocuparemos en la única cama que hay princesa, ¡pero todo es culpa de este tío!

-Da igual, si no os importa y para evitar las peleas me pondré en medio, así correrá el aire entre vosotros -dijo ella.

-Creo que la señorita tiene razón.

-¡CIERRA EL PICO!

-Oye -dijo la chica- siempre estáis en problemas, podéis evitar discutir por una sola vez. Sois muy irresponsable, por favor, ya vale, sólo queremos dormir.

-Pero princesa...

-Nada de tonterías, acostaos ya y dejad de causar peleas -lo reprendió ella.

-Lo siento -dijo el chico.

-Me alegro -ella sonrió y le acarició la mejilla- tranquilo, voy a estar bien.

Él suspiró, no le gustaba nada como su compañero la miraba, pero no tenía mas remedio que hacer lo que ella le decía. Dejó, que la chica se tumbara en el medio, por mucho que le doliera, no podía explicarle como se sentía en aquel momento. Ella se tumbó en el medio, de frente al techo, algo que a él le extrañó. Ella siempre dormía de lado, él si que había veces que dormía de frente, pero en ella era muy raro.

El otro noble, se dirigía a la derecha de la mujer y tiempo después estuvo acostado, aunque más cerca de lo que le gustaría. El chico se resignó a la situación y se tumbó junto a la joven pero él se pegó a ella. La chica siempre era un desastre a la hora de desperezarse y levantarse, pero aquella vez, sus ojos se abrieron con rapidez aunque no fuera capaz de moverse. Él la abrazó quedándose mas tranquilo ya que el otro noble era peligroso y tenía malas intenciones.

Ella estaba en medio de un dilema, o su corazón había acelerado su ritmo de forma peligrosa o se había detenido por completo. Era tan confuso su comportamiento, que decidió dejarlo pasar y corresponderlo. Se sentía segura, poco después cedió ante el mundo de los sueños, pero por menos tiempo del que a ellos les gustaría.

El otro noble se giró mostrando su espalda a los otros dos y el chico decidió aprovechar que la mujer estaba dormida, para hablar con su compañero de la verdad.

-Yo... también sentía lo mismo que vos antes de salir con Honey ¿sabéis?

Empezó a hablar con respeto, no quería entrar en peleas esta vez. El otro frunció en ceño y dejó que las sombras cayeran en su rostro.

-Eso que habéis dicho es una tontería. Yo estoy muy bien.

-Mentís, por eso vais con tantas.

-¡Mira quien habla! Además esa tía solo se aprovecha.

-No es cierto -dijo el chico apretando los dientes-. Ella es una buena persona.

-Lo que vos digáis.

-No habléis mal de ella.

-Yo haré lo que me venga en gana y... cambiando de tema ¿Dónde habéis encontrado a esa mujer?

-A un día del castillo de Queen, estaba en mal estado, íbamos de viaje cuando las chicas la mancharon con comida. Me ofrecí a ayudarla pero se negó por completo, yo pasé por miedo a Honey pero cuando cayó la noche empecé a preocuparme y fui a buscarla. El caso es que al final la convencí y tras cabalgar toda la noche llegué al castillo de Queen al amanecer. Hubo problemas con el tío de Honey y nos vimos obligados a escapar. Ahora huimos de sus guardias hasta llegar a la academia.

-Menuda historia... es buena idea refugiarse en la academia y no en castillos, en la academia está completamente expuesto a la opinión pública. Podría perder su reputación, que tampoco es que sea mucho, pero la aprecia -dijo él sabiamente-. No llaméis la atención si los guardias de Queen os buscan. Pero por otra parte vuestra historia no es del todo creíble.

-Es todo cierto. Por eso nos alojamos aquí, no queríamos llamar la atención.

-No tiene sentido que alguien de la posición de Queen busque de esa manera tan desesperada a una sirvienta.

-Creo saber que ella trabajó para Queen cuando era una niña.

-Sigue dando lo mismo, puede disponer de tantas mujeres como desee. ¿Porque buscarla de esa manera? Debe de haber algo diferente en ella.

-Pues... no sé mucho de ella, simplemente la he salvado, ¿Que podría haber de diferente?

-Lo único que he notado es que huele raro.

-¡Oye!

-No gritéis, no lo decía como algo raro. Es su sangre, olor corporal...

-¿Su sangre?

-No huele como las demás. Tal vez Queen se dio cuenta.

-Pero si parece un ser humano normal, ¿como iba a oler su sangre?

-Y yo que sé. Simplemente creo que deberíais alejaros de ella os causará problemas. A propósito, ¿que intenciones teníais tú al ir al castillo de Queen?

-Quería pedirle a Queen... matrimonio con su sobrina.

-Lo sabía. Las cosas os salieron mal ¿eh?

-No iba a obligar a nadie por si lo insinuáis.

-Claro que no -dijo el otro en tono sarcástico.

-Oid, hemos empezado hablando de vos, me habéis desviado el tema.

-Y qué si no quiero responder a vuestras M preguntas.

Se hizo el silencio, hasta ahora habían hablado en susurros, para no despertar a la joven pero ahora ninguno tenía el valor para hablar. Ambos sabían lo que pasaba en realidad, pero no querían decirlo, no querían admitirlo. Había un vacío, que el dinero no llenaba, ni tampoco los palacios ni las copiosas comidas. Algo que les volvía locos y que intentaban sanar con intensos ratos de placer que no dejaban mas que un recuerdo borroso. Muchos morían con ese horrible sentimiento, y los que aún vivían tenían el intenso miedo de acabar de la misma forma.

-Si yo hablo -dijo el joven- vos hablareis también.

El otro se lo pensó y mucho, pero al final, aceptó.

-Sólo hablaré si vos guardáis silencio y nadie se entera de lo que hablaremos a partir de ahora.

-Acepto.

Reino el silencio de nuevo. Querían hablar pero no podían, era tan evidente, que no podía negarse. Ambos y muchos más se lo callaban, pero era algo que interiormente los demolía.

-Me siento... solo...

Tras un rato de silencio dijo:

-¡Ala ya lo tienes!

Muy molesto apretó los puños, siempre se habían llevado mal ¿porqué hablar con él sobre algo así? Supuso que aquel chico entendería a lo que se refería si pasaba por lo mismo, o tal vez por algo peor.

-L-lo sé -dijo el chico.

-Ey ¡Ahora te toca a ti admitirlo!

-¿El que? Yo estoy muy bien.

-¡Mentiroso!

-¡Que está durmiendo! -dijo él refiriéndose a la chica.

-¡Pues entonces cállate!

-Bale. Simplemente estoy bien, es lo último que digo.

-Si, claro, ¿y que más?

-¿Por qué no te lo crees?

-Porque es evidente que lo pasas mal, solo hay que ver la cara que tienes y como te comportas.

-Yo soy como siempre y mi físico está igual. No tengo nada que admitir, bueno... quizá yo me sintiera así también, pero ahora no.

-Vives engañado -le dijo su compañero sabiamente.

-No sé a que te refieres.

-Nada, nada. Olvídalo.

-Espera... ahora que lo pienso, hay lugares mas cercanos a la academia, ¿Por qué venir hasta aquí?

-Me cansé de las otras ciudades.

-Mientes. ¿Que haces tan lejos?

-Yo... he decidido dejar de estudiar.

-¿Por qué?

-Las letras no son lo mío. He esperado a saber lo básico y ahora voy a partir.

-¿Hacia donde?

-Hacia el Sur, voy hacia un lugar maldito del que pocos se atreven a hablar. Se llama Hang-kun, son unos montes en una de las islas del sur.

-Nunca he oído hablar de ese lugar -dijo el chico pensativo.

-¡Por supuesto que no! Los montes de Hang-kun son el hogar de los mas oscuros mitos y las mas misteriosas criaturas. Muchos lo han intentado pero nadie ha vuelto del viaje. No sé si recordarás la reconquista...

-Si... como olvidar aquellos años.

-Enviaron 100 de las grandes flotas a la isla, ya que habían oído pequeños pero fiables rumores. Pero tanto los barcos como sus hombres desaparecieron misteriosamente y desde entonces nadie ha vuelto ha saber nada. ¡Imaginatelo! Todo un ejército reducido a nada. ¿Que ocurriría con ellos?

-Es una historia interesante. Sabes el riesgo que hay ¿no?

-¿Y que tengo que perder?

El silencio dominó la sala, ambos tenían poco que perder y eso era triste. Mientras tanto, ella seguía despierta. La muy pilla se había despertado a mitad de conversación y había cerrado los ojos fingiendo estar dormida. Admitió que sentía compasión por aquellos dos nobles y aunque el hombre parecía malo al principio, decidió darle un boto de confianza.

Por otra parte, era muy interesante la aventura a la que pensaba arriesgarse.

Se pegó mas al chico, había sacado a una mujer inocente de las calles, pagando mucho dinero sin dudarlo un segundo. Su forma de ser le encantaba, era como... un héroe anónimo. Alguien único y especial.

Abrió los ojos para comprobar si estaban dormidos pero se topó con los ojos del chico a punto de cerrarse. Él se sorprendió, poniendo mala cara.

-Escuchar conversaciones ajenas no está nada bien -susurró el chico.

Parecía enfadado y a ella le importaba.

-Lo siento, no podía dormir y empezasteis a hablar y yo...

No supo continuar, era cierto que lo que había echo estaba muy mal, además habían hablado de cosas muy serias y si hubiera sido cualquiera de los chicos, no le hubiera gustado que nadie la escuchara.

-No te preocupes -dijo él entendiéndola- bueno, de todas formas vamos a vivir juntos, creo que te vas a enterar de todos mis secretos.

Sonrieron y se abrazaron mas fuerte.

-Pero de todas formas, ese hombre -dijo pensando en el otro dormilón que parecía estar sopa- no se merecía que yo espiara.

-A él también le mola espiar, como por ejemplo dentro de los baños ¿no es cierto amigo?

-Eres una rata -le dijo al chico rápidamente- y tu una fisgona.

A él le dio igual, después de todo se insultaban a diario, pero ella se sintió muy mal. Después de todo lo que pensaba de los nobles, y ahora era ella la que había cometido el fallo. Ademas no era un fallo cualquiera, se había metido en una conversación muy importante.

-L-lo siento -murmuró la chica-. Yo de verdad que no quería...

-A quien le importa lo que tu querías.

La chica se sintió aún peor. Él hombre estaba muy enfadado, era su gran secreto y ahora iría de boca en boca. Iba a marcharse, pero apreciaba su honor. Permanecía dando la espalda a los dos jóvenes-

-Perdón -dijo ella- Si puedo hacer algo por enmendarlo...

El chico, torció el gesto y empezó a ponerse muy tenso. No le gustaba nada aquella frase, podía aprovecharse, pero el otro no era tonto y decidió pedirle algo que recordaría siempre o al menos quería probarlo una vez. Jamás había tenido un momento así y lo había deseado desde hacía muchos años. Demasiados.

Se giró y lo miró fijamente, ella vio tristeza en sus ojos y no deseo así que simplemente sonrió.

-¿Que puedo hacer para compensaros?

Él lo volvió a pensar, pero estaban tan seguro... sabía que iba a morir y no quería irse de vacío.

-Yo... pues... la verdad es que... -carraspeó- Acercate un segundo.

-¿A qué fin? -preguntó el otro chico molesto.

-Tranquilo -murmuró la mujer.

Se acercó a él y el hombre señaló su oído. La chica con una media sonrisa, acercó su propio oído a los labios del chico y él le dijo.

-Deseo que duermas a mi lado, bajo mis brazos, una noche.

-Eh pues yo... -musitó ella.

-¿Que le has dicho? -preguntó el chico.

La sala parecía estar desierta, reinaba la tensión ya que los dos chicos nunca se habían llevado bien pero ella lo estaba acentuando cada vez mas. Ellos mas de una vez se habían mirado con odio y se habían amenazado con gestos siempre que ella se había distraído. Ahora, él tenia miedo de lo que su amiga podría hacer.

-¿¡Que le has dicho!? -dijo él histérico.

-No pasa nada -le dijo ella- sois mejores personas de lo que creía. Acepto.

Les sonrió a los dos, siempre había pensado que los nobles eran como una plaga pero lo pasaba genial con él y el otro chico era en cachito de pan. Se apoyó sobre él y se durmió cómodamente el hombre se tumbó de lado con ella y se durmió también. Ella vio antes de cerrar los ojos como su amigo se tumbaba de espaldas a ellos, estaba enfadado. Casi era la misma situación que cuando se tumbaron en la cama todos juntos por primera vez, solo que ahora ella estaba en los brazos de otro. Cogió la mano de su amigo, era tan suave y cálida como siempre. Sintió que él la agarraba con firmeza y no pudo ver como esbozaba una tierna sonrisa.

Juntos durmieron hasta que el sol comenzó a levantarse por el horizonte y les señaló que comenzaba el día. Les mostraba una oportunidad, de continuar con el viaje.

¿Podrán llegar sanos y salvos a la academia Roger?

¿Que detalle de esta noche les cambiará la vida?

¿Que relación habrá entre la mujer y las montañas de Hang-kun?

¡Saludos! Aquí el capítulo 4, en este cap he representado una cara mejor del nuevo amigo de la protagonista. En la última historia se representó como un ser descorazonado pero ahora será todo lo contrario y va a aparecer en más capítulos. Los protas retoman su viaje y cada vez se descubrirán mas datos sobre el desconocido origen de la chica, el cual ella desconoce ya que fue adoptada desde muy pequeña.

Me han encantado los comentarios, veo que os gusta el fic ¡me alegro mucho ^^!

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