Éxodo
Elementos clave.
Capitulo III
Inanimado su gesto, Prowl se detuvo en seco, entre las dos celdas con las barras de energon activas.
-¿Lograste algo?
El eco que produjo su voz fue abrumador.
-¿Cómo demonios podría lograr algo si me veo obligado a tratarlos como señoritas, Prowl?
El oficial segundo al mando suspiró en silencio, notando desacorde el energon gomoso en los nudillos de Ironhide.
-Prime no admite la tortura.
-Por si lo olvidaste; Prime no está con nosotros. De hecho ¡no sabemos si volveremos a verlo!
Prowl pareció dudar severos segundos, o eso interpretó Ironhide. La mano del lugarteniente se alzó a medias, pidiéndole compostura a los toscos movimientos del especialista en armas, todo, con una pasividad tan fría que podría ser envidiada por los témpanos polares.
Ironhide apuntó una celda al azar.
-Estos bastardos saben dónde está, Prowl ¡Y yo estoy cansado de esperar a recibir noticias inciertas del exterior! –Agitó su brazo, volviéndolo bruscamente a su costado- No quiero esperar como lo hacen los humanos en sus ideáticos secuestros, quiero saber la verdad ahora y quiero poder actuar ¡ya, maldita sea!
Bluestreak escuchaba la discusión desde la puerta, descansando de las sombras que rodeaban cada celda y a cada preso. No se sentía culpable al saberse concordante con la idea de Ironhide, estaba muy de acuerdo, tenían que hacer algo; el tiempo corría y no respectivamente a su favor. Pero todos sabían que la última palabra forzosamente pertenecía a…
-Está bien, Ironhide… Hazlo a tu manera.
El especialista en armas miró con sorpresa al lugarteniente. Su mudez duró una décima de minuto, después asintió con severidad, retornando su rostro a su acostumbrado gesto gruñón.
-Es lo único que nos queda, definitivamente no están en ningún sitio rastreable, eso lo comprendo perfectamente –Dijo Prowl seriamente-… Pero no los mates.
-No prometo nada, Prowl, sólo información. Alista al mejor escuadrón autobot y espera poco. Los haré vomitar hasta la última palabra.
Prowl asintió por cortesía y le dio la espalda al fiero y sanguinario compañero que recientemente descubría en la personalidad de Ironhide.
Ni siquiera se inmutó en mirar a los prisioneros, sabía que a pesar de saberlos mortales enemigos, podría retractarse en su decisión de someterlos a inimaginables torturas. Mas por ética y moral que cualquier otra cosa.
Se largó inmediatamente del calabozo.
Sideswipe y Sunstreaker…
Que tiernos sus nombres, sus colores y la inocencia infinita que escurría de sus rostros jóvenes, incluso de sus ópticos incapaces de mirar con morbo los resultados de sus 'imposibles' bromas.
Ironhide los conocía bien. Y no tenía un número fijo sobre el nivel de maldad y creatividad que podían alcanzar sus dos procesadores desbocados. Pero el especialista en armas desechaba absurdamente la idea de que pudieran ser buenos e inocentes. Si había algo en ellos, definitivamente no era bondad, quizá un poco de condescendencia y otro tanto de respeto, pero no la sutileza y amabilidad que fingían.
Eran soldados, guerreros como todos, y nadie podía apreciar la guerra tan cerca y no ser tocado por un poco de sadismo y violencia. Sobretodo cuando la disputa se convierte en un maleficio personal. Extremadamente personal.
Ambos autobots entraron al calabozo, adaptando sus ópticos a la pretérita oscuridad, sólo las barras de energon de tres celdas rompían un poco la negrura estresante. Se detuvieron frente a Ironhide, ignoraron sin intención la silueta difusa de Bluestreak parada frente al panel de mando anexado a la puerta.
No estaban seguros, pero presentían para qué se les quería ahí.
-Me ayudarán en esto, muchachos –Dijo Ironhide rudamente, abreviando el tiempo de explicaciones… disipándoles la curiosidad de golpe- Saquen lo que puedan: pistas, direcciones ¡que griten dolorosamente la ubicación de sus estúpidos compañeros! Tenemos que traer de vuelta a Prime. Y si tiene que ser a la mala, que sea a la mala.
Cuando terminó de hablar, Sunstreaker sonrió siniestramente, eso a Ironhide por primera vez le agradó. El lamborgini amarillo tronó sus dedos entre sus manos y miró directamente a Sideswipe. Los dos asintieron.
Ironhide los creía capaces de todo. Por eso eran un apoyo perfecto.
Y ahora infringir dolor era demasiado fácil.
Fácil como nunca.
Sin respuestas, el único sonido inteligible en el eco del calabozo eran golpes toscos, resonando con una especie de aditivo metálico. No había remordimiento en los castigos. Los autobots hacían oídos sordos y levantaban sus puños una y otra vez por cada pregunta que quedaba pendida al aire. Las plegarias en los ojos de sus cautivos eran evidentes, sin embargo, tan silenciosas que fingían no verlas.
Renuentes como al principio, con sus bocas selladas, los seekers no decían nada.
Y el tiempo caminaba rápido para el escaso avance que estaban dando las violentas sesiones de tortura.
Starscream podía presumir un cruento acalambramiento en sus piernas. Juraba que se romperían en mil pedazos si tan sólo pensara en ponerse de pie. Le habían pasado tantas veces un extraño conductor de energía por las coyunturas de cada una de sus extremidades… ya no estaba seguro de su capacidad de transformación, debía tener todo su cuerpo dañado y seguramente, pensó conmocionado; no podría transformarse de nuevo para salir de ahí.
Ya no se sentía suficientemente fuerte para seguir escondiendo los gritos que aún tenía atorados en su vocalizador. Compartía una sinfonía macabra con Skywarp.
Que horrible era la sensación de empequeñecerse. Los ópticos de Sunstreaker estaban clavados ensañosamente en él. Starscream escuchaba al autobot preparar el arma y jugar con ella antes de enterrarla nuevamente en alguna aleación entre sus brazos o su cuello, incluso en sus muñecas, aletargando el dolor cuando sus dedos se sobrecalentaban. Se preguntaba porqué la indiscutible libertad del lamborgini no había reparado aún en sus alas.
… Gritó lo más fuerte que pudo cuando la pregunta se borró en su cabeza.
En su novedosa insanidad mental, pensó aterrorizado que el autobot había podido leer su mente, porque la oleada de energía pura, energía dañina, curtió uno a uno los sensores de sus alas, como si la idea hubiera brincado mágicamente a las manos de Sunstreaker. Cada revolución le hizo estremecerse en un grueso y duradero espasmo. No estuvo consciente que el grito de su garganta se había ahogado mucho antes de que la descarga terminara. Mucho menos de la rapidez con que pasó. Y es que en esos juegos sucios nada pasaba rápido. Todo era lento, doloroso, muy insoportable.
Dejó que su cabeza colgará al frente. Su cuerpo flojo se balanceó nulos centímetros hasta quedar quieto sobre sus rodillas. Apenas pudo escuchar, entre un mar de estática, los golpes que sus compañeros también recibían. Retumbaban por todos lados.
¿Por qué no les decía lo que querían oír? ¿Qué perdía si ya todo parecía estar perdido…?
-¿Dónde está Optimus Prime, Starscream?
-Está…
Sunstreaker agudizó el audio, acercando la barra para levantar el mentón de Starscream como si tocarlo con su propia mano fuese un asqueroso peligro de contagio de algo.
El seeker suspiró en un gemido débil.
-¿Dónde? –Presionó Sunstreaker ásperamente.
Starscream encendió los ópticos en un difuso destello de luz opacado por el fulgor de la barra de energía.
Titubeó. Después sonrió, segregando cuanto cinismo y malevolencia le otorgara su reinante dolor.
-ja… Vete al infierno, escoria autobot. –Escupió entre dientes, su chispa altanera pareció retornar débilmente para ayudarle a desahogarse un poco, sólo un poco.
El autobot retrajo la barra hacia su cuerpo y dejó caer la cabeza del seeker.
-No, Starscream… tú estás entrando al infierno –Murmuró- y en esta celda tú eres el engrane, y yo soy el que aprieta.
Otro golpe energético redireccionado a sus alas.
La cabeza del seeker plateado se nubló en un torrente de alertas y tronidos que venían directamente de las corrompidas uniones de sus alas… de sus pobres y delicados alerones. Creyó haber vuelto a gritar, pero entre la agonía que arrebataba su conciencia y quemaba su cuerpo, no supo si logró hacerlo.
Por Primus que ahora veía la gloria de estar parado al lado de su líder soportando una perorata de insultos y maltratos superficiales. Ahora sentía que a pesar de tenerlos en un bajo concepto, incluso la repentina y casual insubordinación de sus dos compañeros aéreos era un tentempié agridulce, soportable y manejable.
Los tres se habían ajustado a resignarse.
Aunque por momentos eso parecía llegar como una reverenda estupidez al criterio de Starscream. Nunca sería el supremo líder decepticon que tanto había peleado por convertirse… si moría.
Al principio, Thundercracker notó la indecisión de Sideswipe por escoger un buen y tradicional método.
'Bien, está bien, si… si, no'.
Y monosílabos más y más comunes cada vez habían ido enterrado la mente ausente del autobot en un dilema indeciso. Talvez no era tan rudo y agresivo como su gemelo autobot, malamente lo había descubierto a última hora.
El rojo lamborgini comenzó con un turbio paseo de ida y vuelta en línea recta con su mano en su barbilla, pensando.
El seeker azul esperó pacientemente en silencio, disfrutando la paranoia que atenazaba los ópticos del autobot, agradeciendo secretamente no haber sido elegido por Sunstreaker. Escuchaba perfectamente los golpes que el lamborgini amarillo efectuaba en Starscream. Los puños de Ironhide nuevamente suprimiendo los dolorosos quejidos de Skywarp. Sin embargo, temía que el comandante aéreo terminara diciéndolo todo para frenar su martirio…
… Aunque ahora que afrontaba de una manera más claridosa la situación, si el seeker rojo confesara, sinceramente no lo culparía. Después de todo, ya no tenían castigo más feo por recibir.
-Nos conformaríamos con una sola pista, Thundercracker –Dijo Sideswipe, mirando profundamente al seeker.
Maldoso, pesado e inoportuno, sin embargo, no sabía si llegaría a sentir verdadero placer destrozando mental y físicamente al seeker. Sideswipe se odió a si mismo por no arrancar inmediatamente en golpes y patadas como lo habían hecho su hermano y Ironhide.
Maldito remordimiento.
-Podrías…
El grito dolorido de Starscream aturdió el calabozo, había terror en su voz, el pesar que el gigantesco ego del comandante aéreo nunca aspiró a demostrar.
… Thundercracker se vio ladeando la cabeza, mirando a la pared como si sus ópticos pudieran traspasar el metal muerto… como si pudiera ver directamente la agonía del flagelado comandante.
-… ahorrarle todo esto a ellos.
Thundercracker dibujó una difusa sonrisa en su serio rostro.
-Deben soportarlo. –Mintió, disfrazando la invisible pena que sentía por sus compañeros con un soberbio mohín de frialdad.
-¡Al diablo con esas ridiculeces!
El autobot sacudió la cabeza molesto.
-Si no hablan por su propia cuenta la cámara neuronal lo hará por ustedes. Esa cosa profundizará en sus procesadores neuronales hasta dar con la respuesta, y sabes que es doloroso, enormemente doloroso. Y no sobrevivirán.
-No. –Espetó Thundercracker, su voz sonó inexpresiva.- Pero a ustedes les gusta hacer esto. Antes querían divertirse, por eso no evitaron perder tiempo con nosotros ¿cierto, autobot? No parecen tener mucha urgencia en recuperar a su líder.
-Argh ¡Claro que queremos de vuelta a Prime! ¿No entiendes? ¡Queremos traerlo con nosotros!
Sideswipe no previó el momento exacto en el que tomó del cuello al seeker y lo sacudió con furia.
-¡Dime dónde demonios está!
Y al no recibir respuesta, su puño exasperado aterrizó en la mejilla de su prisionero.
No supo interpretarse a sí mismo, pero eso le había hecho sentir bien, mucho mejor.
De pronto entendió que su hermano no estaba participando en eso por un sucio sentimiento de maldad, sino, porque era la manera perfecta de desquitar la frustración y la ignorancia de lo que estaba pasando en la base autobot, de la inevitable caída de Optimus Prime. Su líder no había merecido eso. Y comprendió que cada golpe que Ironhide y Sunstreaker desahogaban, les daba un minúsculo receptáculo de redención. Sobretodo al viejo Ironhide.
Retrocedió erguido, mirando fijamente su puño. Ya sabía qué hacer «que debía intentarlo». Sus orbes azules brillaron con frialdad.
De todas maneras ya todos estaban podridos.
...
Sólo una hora.
Una hora para prepararse y estar listos, exactamente lo que les había dicho Megatron después de explicarles detalladamente su próxima misión. Aún no estaban seguros de haber escuchado bien los planes. ¿Capturar a Optimus Prime? Ya habían tenido fracasos humillantes y dolorosos intentando artimañas similares… Todos ellos acabaron en la sala de reparación.
Y es que tratar con Optimus Prime directamente era un suicidio. Era un autobot, pero desafortunadamente uno con la misma fuerza que Megatron.
-No es que dude, TC, perooo… -Resopló Skywarp.
Él y Thundercracker seguían en la sala de mando, acomodados frente a un panel apagado, mirando esporádica y disimuladamente la discusión de Megatron y Starscream: Por primera vez parecían tener un debate disciplinado.
-Suena imposible. –Secundó el seeker azul. Skywarp asintió- Sin embargo –Meditó- esta vez había algo en Megatron, algo diferente. Está exageradamente decidido a cumplir la misión de hoy.
-Entonces no vamos a ser nosotros los que lo decepcionemos –Sonrió Skywarp, sentándose plenamente en los teclados. Cruzó los brazos- Hay que impedir que Screamer saboteé todo.
Thundercracker sacudió la cabeza, su vista se fijó en la exasperada figura del comandante aéreo encarando al líder decepticon. Los movimientos mímicos de Starscream evidenciaban su creciente enfado.
-No creo que tengamos que preocuparnos por eso. Megatron lo asustó lo suficiente con su advertencia.
El seeker oscuro soltó una carcajada.
-Starscream se sobresalta con todo, TC, luego se le pasa y tenemos nuevamente al traidor maquinando planes para destronar a nuestro líder –Hizo una prolongada pausa y se llevó una mano a la barbilla- Cuando regresemos me divertiré un rato con él –Volvió a sonreír con amplitud- No le he hecho nada en varios ciclos.
Thundercracker se forzó a sonreír también.
Sin embargo, había algo que no le dejaba tranquilo. Algo que no cuadraba en todo eso y que le daba un mal presentimiento.
Pero finalmente optó por dejarlo pasar, ¿quién demonios era él para hesitar la poco ortodoxa decisión de Megatron?
…
…
Continuará…
"Toda cosa se convierte en un placer cuando se hace a menudo. Éste es uno de los secretos más importantes de la existencia."
…
…
Danta: Frase de -Oscar Wilde-. Bueno, ya vamos por la mitad del oscuro problema. Espero les siga agradando, gracias a todos por leer mi fanfic.
Gracias, Arken, por ser mi lectora de prueba.
