N/A: Voy a poner esto en el principio solo pare informar que con anterioridad estaba planeado que el capítulo 3 fuese el final, en primera instancia se suponía que era un final abierto, pero una idea demasiado buena llego a mi mente y preferí hacer cambio de planes.

Así que sin nada más que agregar los dejo con el cap.


Lo único que se escuchaba en esos instantes era el ruido del aceite friendo las papas en la sartén, la cocina envuelta en un inusual silencio que estaba comenzando a preocupar al rubio que ahí vivía, su novio no solía hacer ni la tarea más simple del hogar si no estaba a un volumen demasiado alto para su gusto las canciones predilectas de él, donde las de su propia autora eran las que más se oían.

Lo contemplaba desde la barra, sentado de forma descuidad en la butaca giratoria, haciendo pequeñas curvas de un lado al otro, sin despegar su cuerpo de la espalda desnuda de su pareja, el tatuaje que descansaba en su espalda baja no era que fuese de su total agrado al comienzo de su relación pero que aprendió a quera, llegando incluso a pensar que era inusualmente atractivo, la verruga en su espalda justo sobre su omóplato derecho se parecía mover con cada acción que él hacía con sus brazos.

Lo observaba intentando averiguar qué era lo que estaba pasando por su mente, Jean los últimos días se estuvo comportando de forma que podría considerar extraña, más nerviosa de lo alguna vez Yuri lo había visto, sin olvidar el exceso de cariseas y mismo que entregaba cada vez que podía, asfixiando al pequeño entre sus brazos, besando con ternura sus labios, o cualquier parte del rostro que estuviese cerca en verdad, tantos que el rubio se estaba sintiendo agobiado, en especial cuando le confesaba lo mucho que lo amaba, sin poder evitar sentirse de sobremanera culpable, él le aseguraba que lo amaba, pero a pesar de eso esas palabras en cada ocasión que tenía prefería ir y pasar tiempo con Otabek.

Y eso era de lo peor, aun no comprendía con exactitud cómo era que aun no había tenido el suficiente valor para plantar cara contra el canadiense y terminar la relación.

Suspiró, sabía el por qué, lo tenía grabado en el rosto del JJ, en su sonrisa alegre queda vez que se veían, en la mirada traviesa que evadía cada vez que estaban solos, en aquellas palabras de amor que él le declaraba a diario y sonaban tan reales.

Yuri no podía dejar a ese hombre, era egoísta y estúpido de su parte, pero temía la reacción que él causar en el mayor, no quería herirlo pero a la vez tenia bien en claro que solo lo estaba empeorando todo al montar esa obra tan trucha a bases de mentiras baratas y besos sin cariño.

Otro suspiro de derrota se escuchó salir de sus labios.

Otabek

Su mente vagó en el fresco recupero del moreno, con apenas una sonrisa en su rostro, invitando a montar en su motocicleta y perderse por las frías calles de Toronto tras una de sus prácticas. Ellos a pesar de todo eran amigos, de esos que pasaban su tiempo juntos, hablaban de cualquier cosa y bromeaban entre ellos, en un principio recordaba la molestia de JJ al enterarse de la noticia, ¿Y cómo no estarlo si todos rumoreaban que alguna vez fueron más que eso? Y a pesar de que lo fueron, y lo retomaron el mismo día de encontrarse, Yuri le mintió, con cinismo y sin remordimiento, y el canadiense, como buen novio que era, a pesar de las advertencias de sus conocidos más cercanos lo aceptó.

Había aceptado que Yuri y ese kazajo salieran casi a diario y apenas ponía objeción alguna, cuando en verdad se moría de celos por dentro, su mente a solo fantaseaba con la tortuosa idea de que lo engañaban, y poco a poco empezaba a asumirla como una realidad.

Pero claro, quedaba la vaga esperanza de que no fuera así, y él se aferraría a ella a como de lugar, era el unico salvavidas que tenia para su relación, se aferraría a él aunque implicara hacer oídos sordos a las advertencias bien intencionadas de Viktor o Yuuri, de Mila y Georgi le advirtieron que no se confiara tanto de Otabek, puede que Yuri fuera un buen chico, pero la tentación estaba ahí.

Ahora, cuando todo se estaba volviendo tan raro, Plisetsky deseaba volver sus pasos a tras y no haber hecho nada de lo que hizo, tener sexo con Otabek como objetivo principal, eso cambiaría todo lo que en esos momentos le molestaba de su vida, pues era el causante de cada cosa que ocurría.

Podría haber sido feliz con JJ, se tuvo que haber mantenido al margen, y lo peor era que de cierta forma, aunque parecía inevitable que tarde o temprano el tema saliera a flote, él fue quien lo sacó del baúl de los recuerdos de forma demasiado prematura, con aquel comentario de lo insatisfecho sexualmente que se encontraba con su novio.

Y era verdad, hasta aquel día las relaciones carnales con su pareja se sentían extrañas, demasiado rapidez y poco emocionante, no pretendía que fueran unos potros en la camba, y que durasen más de diez corridas cada uno, pero un poco de juego previo, una que otra cosa nueva para cambiar el mismo ambiente ya conocido de sus sabanas. Pudo intentar arreglar el problemita con una simple y sincera charla con Leroy, pero tocar su virilidad y desempeño en la cama solo causaría deterioro en su potencial, lo sabía por experiencias previas.

Un tercer suspiro se escapó de sus labios al rememorar las diferencias que existían entre las relaciones de su amante y su novio, el primero sabiendo como tocarlo desde siempre, y el otro apenas complaciendo sus deseo.

—¿Ocurre algo Yu? — siendo arrastrado de improviso de sus pensamientos, donde su amante ocupaba gran parte de ellos, pudo ver como JJ se había volteado para verlo, con un delantal que tenia escrito "El Rey de la Cocina" y en el rostro una sombra de preocupación. —No has parado de suspirar.

Intentó decir algo, abrió y cerró la boca algunas veces, antes de largar una risita causa de su estupidez, puede que su relación con aquel hombre ya no fuera la misma de cuando empezaron, y que la idea de dejarlo estuviera latente cada minuto de su vida, pero se sentía tan bien a veces estar juntos, consideraba que eran amigos, tenían una bonita relación amistosa, pero no se comparaba a la que alguna vez experimentó — Y experimenta — con Otabek.

—Solo he estado pensando de más últimamente, no tienes de que preocuparte.

—Eres mi novio Yu, es obvio que me voy a preocupar— en son de broma le regaña con la espumadera con la que estaba cuidando las patatas, procurando que las mismas no se quemaran.

—¿Y qué hay de ti Jean? Te he visto raro últimamente— el canadiense borra su sonrisa y pasa a tener una expresión más seria, tanto que hizo remover incomodo a Yurio en su asiento, pensando que le diría alguna mala noticia, incluso llegando a temer por haber sido pillado.

Vio a su novio dudar algunos segundos, mover el utensilio de cocina, y apenas quejarse cuando una gota de aceite salpica en su piel desnuda. Por algunos segundos creyó que no recibiría respuesta de él, pues volvió a su actividad al sentir un ligero olorcillo a quemado. —Yuri, nosotros estamos bien ¿Verdad?

Los ojos del rubio de pronto se abrieron como platos, sintió su corazón acelerarse ante el miedo de no saber que responder, su estomago se encogió y de pronto el aroma de la comida más que parecer sabroso le resultó asqueroso y solo aumentaban las repentinas ganas de vomitar ante una simple pregunta que se supondría que debía de contestar con facilidad, un "Por supuesto que si tonto, ¿Pero qué mierda te pasa por la cabeza al preguntar eso? Me ofendes JJ" como hacía al comienzo de su relación, cuando todo estaba bien en verdad.

Ahora estaba ahí, jugueteando con sus pies descalzos, sintiendo que su largo cabello que casi llegaba hasta sus caderas no era lo suficiente para tapar su rostro, además de odiar lo poco disimulado que era, obligándose a que algo saliera por su boca, los segundos pasaban, y el silencio no ayudaba.

Joder, ahora Jean Jacques Leroy lo estaba mirando de forma dolida.

Atinó a alzar una ceja de forma ofendida —¿Y tú que crees? — ok, eso no era la mejor respuesta, lo sabía, se golpeo internamente, antes de ver como su novio apagaba la cocina y colocaba las frituras en un plato hondo, con algunas servilletas en el fondo para intentar absorber algo del aceite que en ellas había, lo hizo todo muy rápido, porque antes de darse cuenta lo tenía en frente suyo, con los codos apoyados en el mesón de mármol y una sonrisa picara en sus labios.

—Creo que estamos muy bien— le murmura de forma seductora, causando apenas y que algo muy diminuto se removiera dentro de sí, él era extremadamente buen novio, pero no le provocaba de ninguna manera, y Yuri, aunque no lo admitiría en voz alta, estaba comenzando a pensar que sus efectos también se habían perdido en lo romántico, veía a JJ como un amigo con el que vivía, compartían departamento y de vez en cuando se besaban.

Como ahora, donde se había estirado hasta unir los labios con los del ruso, quien poco gustoso ante el gesto le correspondió, fingiendo demasiado bien disfrutarlo, pues al separar el contacto la sonrisa y el brillo en los ojos del canadiense solo aumentaron. —¿Tu que crees?

La sonrisa de Yuri no era genuina, la mano entrelazada de forma tan tierna solo quemaba de forma culposa—Creo que estamos bien— mintió, parecía ser lo único que hacía por esos meses, mentir y solo mentir.

No estaban bien, si Yurio tuviera que decir cómo se encontraba su relación en esos momentos, además de la obvia desproporción de interés en ella por parte de ambas partes, apenas y podría decir que estaban.

Solo eso, ellos solo estaban, solo conservaban el titulo y fingían ser felices, porque no eran tontos, las discusiones eran frecuentes, los besos apenas y se daban a diario, las relaciones intimas en las últimas semanas disminuyeron al patético numero de cero, y aunque Jean Jaque Leroy pusiese todo su empeño en que no muriese una relación en la cual no comprendía porque estaba muriendo—aunque sus buenas sospechas tenia— sabía pero no aceptaba que pronto, en cualquier momento, acabaría.

—¿Sabes que eres hermoso? — le preguntó con una suave caricia que delineaba desde su oreja hasta su mentón, posando su gran mano en la mejilla del menor antes de que con el pulgar diera pequeños mimos que causo la búsqueda inconsciente de más.

En momentos así, justo como ese, Yuri se sentía aun peor, queriendo aun sentir algo por él y dejar como solo amigo a Beka, sentimientos que se verían mil veces agraviados al conocer las esperanzas que causaban en Leroy con esos simples gestos, alentando inconscientemente a la ceguera que parecía estar sufriendo por causa del amor.

Yuri tal vez era una mala persona, y entendía que tarde o temprano —preferentemente lo antes posible— debía de terminar con él, y cuando ese momento llegara, aceptaría todo dolor que se merecía, y se aseguraría de no dañar a nadie más, aunque implicara estar solo.


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Un pequeño (no tan pequeño) salto en el tiempo al futuro, la historia continuará desde aquí.

No sé que más agregar así que solo diré Gracias por leer y como siempre, perdón faltas ortográficas, no es mi fuerte, cualquier corrección siempre es bien recibida.