Hola Lectores! Bueno espero que me perdonéis por la tardanza. Es un poco difícil ahora para mi sacar tiempo para seguir el fic. Aquí tenéis el capitulo cuatro. Desde ahora empieza lo que seria la acción de verdad. En estos capítulos quería describir bien a los personajes y los acontecimientos que me he inventado yo.
Gracias por leerme y espero vuestros comentarios para animarme a seguir subiendo capítulos.
Capítulo 4: Agua.
Mi nuevo compañero y yo habíamos congeniado perfectamente. Mientras almorzábamos con Malon, aún en el rancho, Link me pregunto cómo le llamaría.
-Mmm...-me quedé pensando.
-Le gusta mucho la fruta. Siempre le damos alguna de premio. Le encantan los melocotones.-nos informaba Malon cotorreando.
-¡Ya se! ¡Momo!-encontré por fin un nombre que le quedaba genial al caballo.
Los dos se quedaron mirándome con unas caras raras. Pero el caballo, que estaba a nuestro lado pastando, relincho contento.
-No me miréis así, a él le gusta.
-Momo no es un nombre para un caballo.-dijo Link.
-Esa es tu opinión. La mía es que le pega mucho. ¿Verdad pequeñín?-Le acaricie la crin. La tenía suave y reluciente.
Nos fuimos del rancho ya entrada la tarde. Malon me dio dos sacos de melocotones para Momo y me dijo todo lo que tenía que saber de él. Tenía un año y medio y lo cepillaba todos los días por su pelo tan blanco. Para que estuviera bien limpio y suave. También me enseñó a ensillarlo y algunos movimientos para manejarlo. Pero lo aprendí rápido, nos entendíamos estupendamente.
Mientras Link nos acompañaba con Epona al rio Zora, pudimos fijarnos de lo bien que se llevaban también Epona y Momo. Miré a Link llena de ilusión. Y él me devolvió una sonrisa tímida.
Poco antes de llegar al rio Link me dijo que el volvería ya al palacio, quedaban ya pocas horas de luz y quería llegar pronto para enseñar a Epona su nuevo hogar con algo de luz.
Nos bajamos de los caballos para despedirnos.
-Bueno...estoy contento de que hayas congeniado tan bien y sea tan especial el caballo para ti.-me dijo Link sin mirarme, dando con su bota a una piedra.
-¡Sí! Muchas gracias de verdad, Link. No sé como agradecértelo.
-Sí, estamos en paz, Erin. Yo estoy viviendo en tu casa.
-La estas reconstruyendo. Creo que ese era el trato. El caballo ha sido...un regalo maravilloso.-le dije sincera y sonrojada.
-Me alegro mucho entonces.
Ahora surgió ese silencio incomodo y el no saber que decir ni que hacer. Yo lo rompí sin aguantar más.
-Bueno...buenas noches Link. Que tengas buen viaje.
-Igualmente Erin. Y a ti también Momo.-se despidió del último acariciándole suavemente el morro.
Le vi alejarse veloz y yo seguí mi camino hasta el rio. En la entrada me encontré con Murike y su padre. Les salude y ellos me preguntaron por el grandioso caballo que llevaba. Les conté que a partir de hoy era mío y sugerí la idea de hacerle un pequeño establo lo más cerca y accesible posible de la Región zora.
Ellos encantados, como siempre, me ofrecieron su ayuda. En un saliente del camino, poco antes de llegar a la cascada y entrada de la región, encontramos una cavidad perfecta en la roca para hacer un pequeño establo. Murike y su padre llamaron a un par de zoras más, artesanos y en apenas 3 horas Momo ya tenía su casa. Les pague a todos varias rupias y pescado, agradeciéndoselo mucho. Me despedí de Momo y le deje un par de melocotones al lado del heno.
Cuando llegue a la parte del palacio, mi tío ya se había enterado de lo de mi nuevo amigo.
-Me lo tenías que haber comunicado antes Erin. Has tenido a dos guardias reales trabajando en un establo toda la tarde sin mi permiso. Soy el rey, querida, esas cosas me las tienes que comunicar.
-Lo sé, perdóname, no me di cuenta. Solo quería que mi caballo no durmiera esta noche a la intemperie.
-Eso está bien. Pero ya sabes para la próxima vez. De todas formas, ¿cómo has conseguido ese caballo?-me preguntó.
No sabía si tenía que decirle que me lo había regalado un amigo, eso sonaría raro.
-Eh...pues Malon...la chica del rancho... ¡ah! dijo que era para facilitarme el trabajo, ya sabes. -sonreí convencida de mi pequeña mentira. Aún no quería contarle a mi tío lo de Link. Me daba vergüenza contarle que pasaba los días con un chico a solas. Incluso al pensarlo me sonrojé.
-Bueno Erin, pues agradéceselo a esa chica. Y ahora ve a ver a Ruto, hace días que no os veis y algo te tiene que decir.-se despidió de mi ocupado con otras cosas.
Pase a la habitación sin llamar. Supuse que me estaría esperando. Pero no había nadie. Los últimos rayos del atardecer entraban por la ventana. Me asome.
Nuestros aposentos daban a la fuente sagrada. Estaba preciosa con esa luz. Entonces vi la silueta de dos zoras caminando muy juntos. Distinguí que eran Ruto y Riaku. ¿Se gustarían de verdad? Parecía que Ruto se había olvidado de su héroe.
Al día siguiente hice mis recados muchísimo más rápido. Fui al mercado de la ciudadela y compré un cajón de melocotones para Momo. Cuando llegue al palacio, Link estaba hablando con un grupo de hombres en frente de lo debería de ser la puerta de entrada. Parecía que les estaba explicando algo sobre el palacio así que serían los ayudantes.
Me encaminé a los establos. Ya estaban acabados. Entre y vi a Epona en uno de los compartimentos. Relincho cuando vio a Momo. Le deje en el de al lado con unos cuantos melocotones. Miré alrededor y pude ver lo bonitos que habían quedado. Miré por una de las ventanas hacia mi palacio. Muchos ladrillos de piedra estaban rotos o habían desaparecido. Había agujeros por todos los lados y la poca madera y pintura que quedaba estaba en muy malas condiciones. Las tejas estaban la mayoría por el suelo tiradas y la vegetación estaba escalando por todas las paredes. Había que reconstruirlo casi por completo. Y eso era solo el exterior, el interior era más de lo mismo. Además luego habría que llenarlo de muebles. Muchos de ellos en la cueva del sótano.
De repente escuche algo que me hizo volver a los establos.
-Hola Erin.-me saludo Link sonriente.-Estaba hablando con los trabajadores y han aceptado.
-¡Eso es maravilloso!
-Si...oye, ¿Quieres salir a dar una vuelta con Momo y Epona? Vayamos a algún sitio y si quieres te doy algunas clases para usar el arco cabalgando.-preguntó entusiasmado.
No me pude negar y eso hicimos. Días anteriores me había contado que era bueno con el arco hasta me hizo una demostración y me quede sorprendidísima. Al salir pude ver que los trabajadores habían acampado ya a los alrededores del palacio.
Encontramos un sitio genial a la entrada del bosque, no muy lejos del palacio. Dejamos a los caballos atados a un tronco y nosotros nos pusimos a colocar las cosas. Link había traído un par de muñecos hechos con paja a modo de diana.
-Primero practicaremos en el suelo.-Anunció Link dándome un arco. Parecía algo viejo y usado, pero de momento servía.-Veamos cómo se te da.
Nunca había usado un arco. A sí que me enseño como cogerlo y donde colocar mis manos. Las primeras... ¿treinta veces? no...Seguro que eran menos, pero las primeras veces falle bastante. Al principio Link se desesperaba un poco y nos enfadábamos.
-¡Perdona por no haber nacido tirando flechas!-le gritaba.
-¡Creía que querías aprender a defenderte de verdad!-me repetía una y otra vez él.
Pero por fin empecé a acertar muchas seguidas. Link cada vez me alejaba más el muñeco y seguía acertando.
Al final nos pasamos todo el día practicando y se me paso volando. Ya empezaba a oscurecer y volvíamos en silencio en nuestros caballos. Cuando de repente Momo se asusto de algo y no me dio tiempo a sujetarme. Me caí al agua del río por suerte. Hice algo que desde hacía tiempo no hacía. Controle el agua. Hice que el agua cogiera una consistencia parecida al de una almohada. Link se quedo mirándome sorprendido y yo enseguida hice que al agua volviera a su estado normal, liquido.
-¿Estas...bien?-dijo bajando la intensidad de su voz, como si estuviera pensando en otra cosa.
¿Lo habría visto de verdad? Me daba mucha vergüenza y miedo que me viera como un bicho raro. Aunque ya lo era. Mis manchas azuladas en la piel cantaban que era distinta. Pero Link nunca lo había comentado. Supongo que cuando vio el gran cuadro de mi familia en la cueva de mi palacio unió cabos.
Cuando era pequeña me pasaba esto continuamente. Un día se lo conté a mi tío y me dijo que no me preocupara pero que intentara controlarlo. No lo dijo, pero no quería que la gente supiera que podía controlar el agua. Ningún zora tenía ese poder excepto Ruto, al ser una sabia elegida por las diosas, tenía un gran poder sobre el agua. Entonces no lo había heredado de ser medio zora, por eso sabía que era raro y tal vez peligroso. Pero en ocasiones, a escondidas había estado haciendo cosas realmente maravillosas. Me hacía sentir poderosa y llena de vida poder controlar el agua del rio, poder llevarme un poco de agua a la boca sin agacharme a por ella, solo moviendo un poco la mano y pensando en ello. Y siempre he tenido la curiosidad de cuanto puedo llegar a hacer realmente.
Me hubiese gustado contarle a Link todo esto, ya que se supone que éramos amigos. Pero su reacción me echó para atrás.
El resto del camino se me hizo eterno y el ambiente muy tenso. Se despidió con un simple "Buenas noches, Erin".
Me deprimió mucho que Link reaccionara así. No podía dormir y fui a la fuente sagrada. Todo el Dominio dormía. Solo se oía el murmuro del agua al caer por las cascadas. La fuente era la parte superior de la gran cascada. Un lago con varias cascadas a su vez. Cuando era niña aquí vivía el gran Lord Jabu Jabu.
Pero Ganondorf lo hizo desaparecer. Para recordarlo todos los años se hacia una fiesta en la fuente dando ofrendas.
Me sumergí hasta el ombligo y me concentre. Podía sentir un cosquilleo por todo mi cuerpo y a la vez cada gota de agua que me tocaba. Levante las manos y conseguí que el agua las siguiera. Empecé a moverlas en espiral y el agua hizo lo mismo. Se formaron dos remolinos en el aire. Cerré los puños y desaparecieron dejándose caer de nuevo a la fuente. Cerré los ojos y recordé el movimiento de las olas del océano y empecé a mover mi cuerpo y los brazos imitándolo. Sentí tanto poder dentro de mí...
Abrí los ojos y una gigantesca ola de varios metros de altura se alzaba ante mí. El agua de la fuente apenas me llegaba a los tobillos ahora. Esa inmensa ola la había formado yo. Con cuidado hice que la ola fuera disminuyendo. Este gran poder también hacía que me agotase. Deje que mi cuerpo flotase libremente por el agua para descansar. Me pasé un rato así, mirando las estrellas y recordando con tristeza la cara de Link cuando vio mi poder.
Salí de agua algo mareada. Y me encontré al último zora que querría encontrarme a solas. Riaku.
-¡Oh! Señorita Erin, que sorpresa. ¿Qué hace aquí a estas horas de la noche?
-Yo...no podía dormir...-balbucee. A la luz de la luna la piel azulada de Riaku resplandecía. Me clavaba sus grandes ojos, dilatados por la poca luz. Llevaba una fina bata que dejaba ver su musculoso torso. Realmente me intimidaba. Pero a la vez, me atraía. Cada vez que le tenía cerca me sentía confusa. Me sonroje y mire hacia otro lado.
-La fuente está preciosa con esta luz, ¿verdad?
-Si... ¡sí!-conteste nerviosa. Parecía que quería ser amable conmigo de nuevo. Me sorprendía ya que el día de la presentación me trato con superioridad y descaro.
Se movió hacia la plataforma del altar y se sentó en el borde mojándose los pies descalzos, soltando un suspiro. Me miro para que fuera a su lado. No sabía qué hacer. Por una parte estaba muy cansada y tenía unas ganas enormes de irme a mi cómoda cama, pero por otra me intrigaba que interés tenía Riaku de pasar un rato conmigo. A sí que me acerqué. No me senté sino que me apoyé en una de las columnas.
-Sois un ser extraño, señorita Erin.-dijo tan tranquilo, mientras dibujaba ondas en el agua con los pies.- Si, estoy convencido.
Paso un rato así, en silencio.
De repente se levanto y se acercó mucho a mí.
-Y descubriré que es, si me dejáis, por supuesto.-Concluyó con esa sonrisa que tanto me inquietaba.
Cogió un mechón suelto de mi pelo y se lo acercó para olerlo, cerrando los ojos.
Dos segundos después soltó mi pelo y se fue a paso rápido sin decir nada más.
Mi corazón estaba a punto de salírseme. ¿Qué había sido eso? ¿Qué le pasaba a ese zora conmigo? Me daba la sensación de que estaba un poco loco. Me había dicho esas cosas de que era extraña. ¿Acaso sabía algo de mi poder?
Me entró un escalofrío mientras subía a mis aposentos. Como si hubiera alguien observándome, pero no vi a nadie.
Al día siguiente Link no comento nada sobre lo que pasó al lado del rio. Pasaron los días como si no hubiese pasado nada, todo seguía normal.
Link me enseñaba a defenderme con el arco. Y así pasó un mes hasta que decidió que estaba lista para hacerlo cabalgando sobre Momo.
El día que iba a enseñarme por fin, me levante entusiasmada y nerviosa. Desayune rápido y fui a la sala del trono para avisar a mi tío de que me iba, pero estaba hablando con alguien importante y no me dejaron pasar hasta que se fueron. Era dos hylianos vestidos con el uniforme real. Eran mensajeros de la princesa Zelda. Venían de vez en cuando.
Entré y mi tío me dio noticias de que dentro de unos días la princesa iba a celebrar en palacio un baile de máscaras. Justo entonces apareció el conde, que seguían, él y su hijo, en el palacio zora hospedados.
-Buenos días, señorita Erin.-me saludó sonriente.
Le devolví la sonrisa y miré a mi tío con suplica, pero su mirada me dio a entender que no iba a permitir que no fuera al baile y que mi tiempo se había acabado. Salí cabizbaja al río zora. Momo estaba deseando salir.
-Hola alteza Erin.-me sobresaltó Murike, que estaba limpiando el establo. Lo cual le agradecía muchísimo.
-Oh Murike. Bueno días.
-¿Puedo acompañaros hoy?-me pregunto desviando la mirada, algo nervioso.
Me pareció raro que me lo pidiera tan directamente, pero le deje que me acompañara a la ciudadela.
Murike solía ser bastante reservado pero me sorprendió ese día haciéndome muchas preguntas.
-¿Y qué hacéis todo el día en el palacio?-fue una de las preguntas.
Decidí contarle lo de Link. Después de todo Murike era amigo mío desde niña.
-¿Puedo conocerle?
-Claro.-le sonreí.
Al parecer tenía mucha curiosidad y por sus expresiones no le parecía raro que me pasara el día con un chico.
Después de conseguir unas bonitas telas y lazos para el vestido del baile en el mercado fuimos a mi pequeño palacio.
Dejamos a Momo con Epona en el establo. La puerta principal estaba ya arreglada. Era de madera y hierro forjado. También la fachada estaba casi arreglada.
Lo único que faltaba desde fuera eran las vidrieras de las ventanas. Aún quedaban algunas. Pero las paredes estaban todas arregladas, sin plantas ni agujeros. Pintada de un beige claro. Las tejas de los techos más altos, de las torres, eran verdes. Ya era un lugar, más o menos habitable.
Pasábamos y llame a Link. Parecía que estaba en las cocinas. Link había conseguido un horno viejo y lo había reparado y una cocina con fuego para asar. El palacio por dentro estaba un por mejorar. Pero las estancias que más usábamos estaban casi terminadas.
Llevé a Murike a la cocina y cuando entramos un rico olor a pan recién hecho y a guiso nos inundo.
-Mmm que bien huele, Link.-le dije acercándome a su puchero.-Link, mira, he traído a mi amigo Murike.
Le señale y Link se giró sonriente. Pero Murike se puso tenso, sus ojos se abrieron como platos y su boca se entreabrió.
Se arrodilló como haciendo una reverencia. Me quede alucinando.
-¿Murike, que haces?-le pregunte nerviosa.
Él levanto la mirada más nervioso aún y miró a Link. Se levantó.
_Yo...yo...-balbuceó.
-¡Es un placer Murike! Erin me ha hablado mucho de ti.-Se le acercó Link gritando y sonriendo mucho.-No hace falta tanta reverencia, solo soy un ermitaño.
Murike se levantó avergonzado y le di unos golpecitos y una sonrisa para que no se preocupara.
Almorzamos hablando de muchas cosas, entre ellas, lo que me había costado aprender a dominar el arco. Fue muy agradable tenerlos a los dos juntos, me sentí muy bien. Después de comer Link se llevó a Murike a enseñarle algunas armaduras y armas que habíamos encontrado en la caverna y que habrían sido de mi padre o de Regan. Yo fui a ensillar a los caballos para nuestra clase de tiro.
Cuando volvieron Murike parecía encantado de estar con Link y desde luego mucho más tranquilo.
Fuimos a un descampado cercano. El primer ejercicio era tener la habilidad de sacar el arco mientras Momo corría y perder el equilibrio y caerme. Para conseguirlo Link me tiraba nueces deku, mientras iba cabalgando, y yo tenía que esquivarlas sin agarrarme de las riendas.
Fue muy duro y agotador. Me caí del caballo unas cuantas veces y tenía magulladuras.
Al final del día apenas me podía mantener en pie. Murike tuvo que llevar las riendas y yo fui detrás.
Cuando llegamos al palacio Murike me tuvo que llevar también, pero en brazos, a mi cama.
Me dormí nada más cerrar la puerta Murike.
