Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen.

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.::Parte de Lily::.

IV

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—Lilium longiflorum —la profesora Sprout habla y habla, pero Teddy, todavía recargado con aburrimiento sobre su mano derecha, solo presta atención a esas palabras mientras mira la imagen de su libro, sonriendo, porque el lirio blanco y rojo le recuerda a Lily, a su cabello pelirrojo, las pecas que cubren su nariz y el rojo de sus mejillas cuando James la hace enfadar. Casi todas las cosas bonitas le recuerdan a ella. Su abuela dice que es porque quiere mucho a la pequeña. Y es cierto. Lily es como una hermanita menor a la que es imposible no querer, la única niña de la familia, la luz de los ojos de cualquiera, en especial la suya, así que a veces le es muy difícil no pensar en ella.

—¿Lupin? —la voz de la profesora Sprout lo sobresalta, haciendo que su mano resbale y su cabeza golpee directamente con la mesa, causando una carcajada general en todo el invernadero; incluso la profesora Sprout se permite una sonrisa que acalla rápidamente al ver el rojo intenso del cabello del ahijado de Harry Potter. Porque no son las mejillas de Teddy las que lo delatan cuando tiene vergüenza, sino su cabello.

—¡Silencio, silencio, jóvenes! —la mujer regordeta llama al orden, y los alumnos de Hufflepuff obedecen de inmediato, pero los de Slytherin siguen riendo hasta que amenaza con quitar puntos.

Gracias a Merlín la clase termina antes de que Sprout diga algo más, así que Teddy, todavía con el cabello rojo, se apresura a recoger sus cosas, pero espera a que todos los demás salgan para levantarse.

—Ted, ¿vienes? —escucha que lo llaman, y de reojo ve a Tadeus, su mejor amigo, esperando por él junto a otros chicos de Slytherin.

—Ve tú —bufa Teddy, porque todavía está enojado con él por haber orquestado las risas de sus compañeros para burlarse de su torpeza. Sabe que así es su amigo, sobre todo cuando está rodeado de sus compañeros de casa, pero aun así está molesto.

Los chicos de Slytherin suspiran con alivio. Teddy sabe que a la mayoría de ellos no les agrada, pero lo soportan porque Tadeus Higgs y él son amigos de la infancia, y porque todos siempre quieren a su popular amigo. Sin embargo, cuando Higgs se da la vuelta sus amigotes vuelven a reírse de Teddy, que suspira, pasándose una mano por el cabello para regresarlo a la normalidad.

—¿Estás bien? —el joven Lupin se sobresalta otra vez, esperando más burlas al notar la túnica de Slytherin al lado suyo, pero su actitud hastiada cambia completamente cuando su mirada se encuentra con los bonitos ojos dorados de Arabella Bowles, la chica más bonita del cuarto año, la que le ha gustado desde que la vio en su primer día, y la que nunca le había hablado, pero que ahora lo estaba haciendo.

Sorprendido y todavía algo avergonzado, Teddy contiene el aire e intenta con todas sus fuerzas que su cabello no cambie de color mientras trata de recordar cómo hablar.

—Hola, Arabella —murmura, acariciando cada sílaba que nunca antes ha dicho más que en sus suspiros de anhelo.

Arabella es, a sus ojos, más como una criatura mágica que humana, como una diosa de mitología; hermosa, popular, e inalcanzable para los simples mortales como él. Sin embargo, allí está, con su bonito y rizado cabello cobrizo, sus ojos brillantes y su deslumbrante sonrisa, viéndolo solo a él, hablándole a él sin la medicación de Tadeus. Y no sabe cómo actuar.

Con solo catorce años las chicas son todavía todo un misterio para él, tan indescifrable como entender cómo hacen los muggles para volar sin magia.

—Lamento que los demás se rieran de ti —anuncia la muchacha de Slytherin, y Teddy se sonroja, ahora sí en el rostro.

—Gracias…Eh…Eres muy amable.

—¿Te gustan las flores? —pregunta Arabella, señalando el dibujo en la madera en el que había estado trabajando durante la última media hora de clase, antes de su incidente, un lirio —A mí también me gustan. Sobre todo que me las regalen —sonríe, y su sonrisa es tan bonita que casi parece un sueño, y Teddy tiene la impresión de que ni Fleur ni Victoire son tan hermosas. Entonces siente su corazón latir como si hubiera corrido una maratón, y cuando al fin las palabras vuelven a querer salir de sus labios, su pequeño y mágico momento se acaba.

—¡Ary, date prisa! —grita un grupo de exaltadas chicas desde la salida del invernadero, llamando a su compañera; y justo cuando Teddy piensa que ella se irá, ella habla de nuevo:

—Ustedes adelántense —dice Arabella, quedándose con él dentro del invernadero —Luego las alcanzo —sonríe, y cuando vuelve a mirarlo el corazón de Teddy otra vez se acelera —¿Puedo acompañarte de regreso al castillo? Y puedes hablarme de las flores que te gustan.

—En realidad…—Teddy está a punto de decirle que en verdad no le gustan las flores, sino que éstas le recordaban a la pequeña Lily, a quien quería mucho, y a quien siempre extrañaba cuando se sentía aburrido, porque ella sabía cómo hacerlo reír; pero de pronto ya no pensó en ella, porque sus pensamientos solo podían concentrarse en la chica que le gustaba, en sus preciosos ojos y esa sonrisa que hacía que su pulso se disparara —Me gustaría —completa su frase, sonriendo mientras el color de su cabello se pone del mismo verde de la túnica de la muchacha de Slytherin, haciéndola reír.

Y ya no piensa en Lily el resto de la semana, porque es Arabella Bowles quien ahora ocupa todos sus pensamientos.

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