IV

Era un demonio. No albergaba la menor duda cuando su piel ardía en el deseo de ser poseída en ese instante. Mordió sus labios y trató de serenar un sonoro gemido cuando la humedad de su lengua tocó el lóbulo de su oreja. Eso y quizá sentir su miembro palpitante en su trasero le abrían unas tremendas ganas de voltearse y desnudarlo en ese preciso instante.

—Dime que me deseas. Y te juro, mi niña, que te haré el amor de todas las formas posibles—le susurró casi con dulzura al oído.

Su nariz rozaba su cabello rubio y no pudo evitar estremecerse ante la suavidad de su mirada en ese instante que le veía interrogante. Sabía que le había nombrado de forma tan suave que incluso para él resultaba nostálgico. Sus respiraciones entrecortadas se mezclaban y su nariz alcanzó a tocar la suya.

—Esto no es correcto—se limitó a decir.

—Nunca lo ha sido—dijo con gravedad mientras sus labios alcanzaban los propios—Sólo pídemelo…

—No…

—Me deseas, lo puedo ver en tu mirada—respondió rozando su labio inferior al de ella—Quieres que te llene de mí.

Con palabras tan sugerentes, poco quedaba a la imaginación entre ellos.

—Pídemelo, Anna—insistió una vez más—Pídeme que te haga el amor.

Sus ojos miraron por encima de su hombro y por un segundo tuvo la desidia de aceptar. Estaba a un paso del paraíso que por tanto se negó, pero a qué precio, qué se proponía Hao con aquella actitud tan diferente.

—¿En verdad quieres hacerlo?

—Es imposible que no lo notes—reforzó su apoyando mucho mejor su miembro en ella—Se muere por estar dentro de ti.

Mordió sus labios, tratando de acallar su deseo por pertenecerle. Entonces, la voz de Sathy quebró esa ilusión. Fue un destello de brutal realidad y unos brazos rodeando sus piernas la que le volvieron su entorno.

—Señora Anna—llamó con voz firme la mujer mientras sostenía un platón lleno de fruta—La cocinera dice que el resto de los habitantes tomarán sus alimentos con nosotros, me tomé la libertad de sugerir su desayuno y del niño en la terraza.

El estopor de sus palabras apenas podían ser comprendidas por su cerebro. Giró su rostro, buscando algún indicio que delatara que no era su mente jugándole una mala broma, pero Hao ya no estaba ahí. Sólo un ligero empujón que casi la hizo caer le recordó quién había sido su espectador todo ese tiempo. Cómo pudo ser capaz del olvidarse de la presencia de Hana, eso era imperdonable.

—¿Mamá?—dijo confundido al verla tan roja.

Jamás había visto esas reacciones en ella, mucho menos que se hubiese olvidado por completo de él. Simplemente no era una actitud de todos los días y su gesto molesto traducía a la perfección sus palabras.

—¿Señora Anna? —cuestionó extrañada de su absoluto silencio—¿Ocurre algo?

Sucedía que no podía evitar ese calor consumiéndolo en su interior. Después de una ducha, incluso posterior a masturbarse un rato, no podía evitar sentirse abstraído en la suavidad de su piel y sus gemidos apenas audibles en su oído. Cuántas noches no había soñado con ella, cuántas madrugadas no esperó oír de nuevo su voz, cuántas veces se había quedado despierto pensando en lo mucho que la extrañaba.

Apartó el guion y bufó molesto. Gracias a esa sensación es que no podía olvidar la infamia y la dureza de la rubia. La deseaba, no tenía la menor duda al respecto y sabía que ella pensaba lo mismo, así que no veía mal desahogar el estrés de ese modo.

—Sigo sin creer que lo hagas—pronunció Lyserg algo preocupado.

—Es lo mínimo que se merece. Si ya una vez la enamoré, porque no hacerlo de nuevo….

—Te engañó—le recordó casi con crueldad—¿Eso es amor? Ella no estaba enamorada de ti. Te quería, pero no te amaba.

Y a pesar de que era su amigo quien hablaba, le dolía enormemente esas palabras tan hirientes y desprovistas de tacto.

—¿Eso es para hacerme desistir? Dime desde cuándo el hombre es el herido, hasta donde yo sé, es más fácil que una mujer se enamore del hombre que se la lleve a la cama. ¡Es más fácil para ellas aferrarse!

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Pues… entonces el rol de la mujer lo llevas tú—le dijo sin ningún remordimiento—En serio, lo digo porque eres mi amigo, en vez de hacerla sufrir, el que sufrirá serás tú.

—Deja de decir tonterías—pronunció notablemente ofendido—Y será mejor que te pongas a trabajar, quiero terminar la grabación en el set lo más pronto posible.

Aunque apresurar las cosas tampoco era algo que tenía en mente. Si había planificado perfectamente el rodaje, entonces debía acatar el tiempo pactado. La cámara y el equipo de producción permanecerían con él dos meses, tenía que aprovecharlos al máximo.

—Quiero ver al director de fotografía—le indicó con más seriedad.

—¿Quieres que te recuerde? Lo corriste ayer por acostarse con la protagonista—dijo sorprendido de que hubiese omitido ese pequeño detalle—Te dije que tendrías que…

Cerró su puño. Era suficiente con Anna, no quería revivir todo el concepto.

—Cualquier otro me viene bien.

—Hao…—recriminó—Te dije que salirnos era la opción correcta, además realmente necesitamos un buen fotógrafo y para el tiempo que tenemos encima, dime tú si no es él a quien necesitas. Él te lee prácticamente la mente, se acopla a tu estilo.

No habían trabajado justos desde aquel fatídico suceso, qué le hacía pensar que lo llamaría en ese preciso instante.

—Estoy dispuesto a pagar el doble a cualquier otro.

—Pero yo no. Y también puedo tomar la decisión—le espetó con dureza—Quiero que mantengas tus problemas a raya, porque pienso traer a tu hermano.

No le servía de nada, su mente estaba en otra cosa, muy lejos del beso que tenía que darse con Tao.

—Anna, es una escena de cama—le recordó Horo Horo—Lo mínimo que tienes que transmitirle es un poco de calor. Vamos, eres sexy, ambiéntate un poco.

Había demasiadas personas en el plató. Simplemente, hasta Ren se sentía nervioso con tantos ojos mirándolos.

—¡Oh, por dios! No estamos haciendo una pornográfica—mencionó Horokeu.

Y fue suficiente para hacerlos sonrojar a ambos.

—Anna, se supone que es tu chico ideal, quieres que se lleve el mejor recuerdo de su vida a la guerra. Te vas a casar con otro hombre, es la última noche de él en ese cuartel—le leyó las acotaciones, mientras se sentaban al borde de la cama—Y tú, Ren, se supone que quieres sentirla. Sabes que irás a un lugar del cual no vas a regresar, se va a casar.

Tao trataba de centrarse en los detalles que tenía que cuidar, particularmente en la luz que teóricamente iluminaba el cuadro. El ambiente comenzó a tranquilizarse cuando el escenógrafo se paró del rincón y dedujo que aquello era un completo fracaso. Entonces los tres se enfrascaron en una conversación de la que no tomó parte. No le interesaba, su mente estaba volando en otra dirección. No comprendía la actitud de Hao y tampoco sabía qué tramaba al respecto.

Momentáneamente miró a Hana en el fondo jugando con Sathy y Mannoko, quien había llegado interesada en cenar con ella. Manta seguía hablando por teléfono cuando la mano de Ren la sobresaltó un instante.

—Ven, hablemos un poco—dijo preocupado.

Asintió y caminaron algo alejados de la producción. Aunque en el estudio de grabación cada quien estaba trabajando en lo suyo, él no se sentía nada cómodo con el asunto a tratar. Miró a Anna en la bata de dormir, no podía pedir más, su belleza era uno de los motivos más fuertes por los cuales la habían contratado, pese al escándalo que la acompañaba, Horo Horo sabía que no conseguiría una histrión de tal nivel a tan bajo costo.

—¿Y bien?

—Negocié con Horo Horo, tenemos que practicar a solas—le dijo con crudeza.

Y el horror en su rostro se tradujo casi inmediatamente.

—No, por supuesto que no.

—Anna, tú y yo sabemos que esta película figura muy bien. Si completas esto formidablemente, quizá hasta puedas ganar el premio de la academia—pronunció con sensatez—Por eso te pido que practiquemos, todos creen que estamos saliendo, no habrá problema si vamos a un hotel.

Tenía ganas de plantarle una bofetada.

—¿Hace cuánto no lo haces?

—¿Qué?

—¿Hace cuánto que no tienes sexo? —repitió esta vez más explícito.

Se merecía la bofetada y aunque todos voltearon extrañados, incluso su hijo, ella no se iba a prestar para que jugaran con su cuerpo de esa manera. Tomó su mejilla adolorida y le miró de forma temible, pero ella no se asustaba tan fácil.

—¿Ves? Te dije que no lo haría—le dijo Horo Horo—Anna, sinceramente, te siento muy frígida.

—¡No es mi culpa!

—Sí, bueno, hasta donde yo sé…

—Nunca he hecho ese tipo de escenas—le recordó molesta.

—Sí, por eso, Ren sugirió que hubiese entre ustedes algo de contacto previo.

—De ninguna manera—defendió con fiereza—Además, será difícil que logres grabar algo tan íntimo cuando tienes a todo el equipo aquí, no seas idiota.

Horo Horo sonrió y miró a Ryu de reojo. Los productores cantarían de alegría para reemplazarla, ellos francamente no la deseaban en el largometraje y cualquier oportunidad les venía bien para despedirla.

—La opción de Ren es muy buena, Doña Anna.

—Ellos vendrán a verte grabar esa escena, el guionista les detalló las cosas—le dijo con mayor dureza—Iremos al exterior para grabar la lluvia y luego, te acostarás con Ren en la alfombra, no será una cama. Quieren perfección, quieren ver a la cándida muchacha en busca del amor de su vida, a la mujer desesperada por estar con él.

La descripción sonaba realmente bien, salvo porque ella no tenía más ese fulgor, ni esa pasión para querer. Salvo con Hana, el resto era un bosquejo de emociones que había desterrado de su interior.

—Acuéstate con Ren, te vendría bien—le sugirió Usui.

La ofensa le costaría a Lyserg el puesto, a eso lo estaba retando. Y él estaba seguro que conseguiría a otro sujeto talentoso, su hermano no era el único fotógrafo de élite. De hecho, creía que estaba en algún lado de las Malvinas, o eso le había comentado su padre. Mikihisa no había parado de llamar, tratando de convencerlo de su postura. Y no comprendía, por qué era tan importante el niño, en Yoh quizá lo entendía, pero en el resto de su familia no.

Sin embargo, nada lo haría entrar en su círculo. Hasta el momento, había podido manejarlo bien. No le interesaba que ellos tuviesen en su poder al rubio, de hecho, ni siquiera se había percatado de su presencia cuando estaba seduciéndola. Había encontrado satisfactorio ver su gesto arrogante y molesto. Con gusto le hubiese hecho el amor a su madre enfrente de él.

—Bien, eso hubiese sido demasiado—admitió con morbosidad.

No, para su plan no lo era. Entonces escuchó la multitud de voces. En la casa sólo estaba Meene, que era la encargada de la cocina y Tamegoro, que era el mayordomo de la casa. Lyserg y Luchist habían salido a cenar con dos compañeros importantes de la casa productora y el resto de sus bellas acompañantes las había despedido en favor de la compañía de Anna.

Tamegoro pasó a prisa, llevando un par de muñecos de felpa. Seguramente del pequeño bastardo que pedía a gritos atención. Imaginaba a su hermano preocupado por el niño. Odiaba recordar su expresión de felicidad, aunque reprimida, él estaba feliz de ser padre y el niño seguramente sería el único heredero en su familia.

Tomó la copa de coñac y bebió lentamente al saber que la intención de Yoh era definitivamente recuperar a Anna y al niño. No quería a uno sin el otro. Pero dejó a un lado sus pensamientos, a él qué le importaba la imagen que tenía Anna de su hermano, de hecho había tantas cosas que no comprendía…

—Señor, ¿desea tomar sus alimentos aquí? —cuestionó Tamegoro desde la puerta.

Sonrió, por supuesto que no esperaba que ella brillara de emoción. Manta había aclarado algunas cuestiones con Mikihisa y ahora tenía por lo menos cinco meses de pauta antes del próximo análisis de sangre, eso debería hacerla sentir por lo menos más tranquila, pero lejos de expresarlo, denotaba preocupación.

—Oye, todo saldrá bien—comentó Mannoko.

—No repitas eso, esa estúpida frase es de él—dijo molesta.

—Oh, lo siento—dijo cargando al niño más juguetón del momento—Pero es que Hana me lo recuerda tanto.

Bufó cansada. No podía contrastar eso.

—Tiene tus ojos y tu cabello, pero hay algo que es tan propio de Yoh. La imagen física. Será el niño más guapo e inteligente de todos—dijo besando su mejilla ruidosamente mientras él trataba de apartarla.

—No. No. No—dijo con un puchero en su rostro.

Mannoko rió y no ocultó su encanto por el pequeño Asakura.

—Te dije que no le gustan las muestras de afecto tan emotivas.

—Tonterías, es hijo de Yoh y a él siempre le gustó que le dieran afecto—mencionó sentándolo en la mesa—Así que escúchame bien, Hana, vas a dejar que te quiera mucho y no vas a oponer resistencia.

Hana observó molesto a su tía que osaba retarlo con la mirada. No era un niño bonito como el resto de los bebés, a comparación de ellos, él sabía perfectamente lo que hacía y cómo lo pedía.

—No quiero.

—¿No quieres? ¿Qué no quieres? ¿No quieres que te traiga a tu papá?

—¿Otra vez con esa tontería? —replicó la rubia.

—Déjalo, tiene que contestar él—le dijo tomando un pedazo de pizza para dárselo en la boca—¿Quieres ver a tu papá?

El aspecto pensativo del niño le dio a Anna una mala espina. Ella le había criado obviando esa palabra de su vocablo, pero Mannoko e incluso Manta se referían a él de ese modo. Yoh era el padre de Hana y eso no podría cambiarlo nunca. Y su hijo, aunque quisiera alejarlo de él, un día querría saber sobre los Asakura.

—Aunque lo quisiera, él no puede venir aquí—escuchó la voz de Hao.

No pudo evitar sobresaltarse, hacía tanto que no lo veía, que simplemente su corazón se aceleró al verlo recargado en la pared con un aspecto de seductor innato.

—¿Tú aquí? Pensé que se había marchado—le dijo a Anna sin ningún reparo—Por consideración, Hao.

No tenía la menor idea de lo que significaba esa palabra y tampoco sabía que su sobrino le tuviese rencor. El rubio había cruzado sus brazos y evitado la fugaz mirada que recibía de él. Tampoco es que le importara, su objetivo era lastimarla a ella, no a él.

—Gracias por el recibimiento, Mannoko, eres un ángel, primor—dijo con seguridad, quitando de su mano el trozo de pizza.

Siempre odió que fuera tan sensual, pero ahora era un descarado de lo peor.

—Eres un sinvergüenza—le dijo al verlo comer lentamente.

Anna miraba absorta su falta de playera. Únicamente llevaba puesto un pantalón de seda y la bata que se abría en su pecho, dejando entre ver sus pectorales perfectamente bien formados. Comprendía la rabia de Mannoko, también que fuera ella quien le recordara que aquel hombre no era mejor que Yoh en ningún sentido.

Hana gateó hasta ella y lo tomó entre sus brazos mientras señalaba al extraño en la casa con un gesto de desaprobación. Aun sentía vergüenza frente al niño por el espectáculo de la mañana y no podía evitar que sus pensamientos la traicionaran. Ella quería que él llegara a más, lo deseaba demasiado.

—Lárgate, aquí no te queremos.

—Es mi casa, primor.

—¡Oh, me purga que me digas primor! Anna, dile algo—le pidió desesperada.

Y hasta ese momento, su mirada cruzó con la de él. Bastardo arrogante, sabía que no iría en contra de sus órdenes. Sathy le había dado el listado de peticiones y una de ellas estaba el tomar los alimentos juntos. Por mucho que quisiera evitarlo, realmente estaba bajo su techo en ese instante.

—Lo siento, querida, pero no es tu compañía la que deseo—le dijo a Mannoko mientras se sentaba a un costado de la rubia—Es la de ella.

El acto fue extraño a sus ojos. Anna estaba muy callada, tratando de apaciguar a Hana en sus brazos mientras Hao suavizaba su mirada hacia ella. Claramente ocurría algo y no tenía idea de qué decir al respecto.

—Estuve esperando todo el día para cenar contigo—dijo con una ligera sonrisa—Y la pizza me viene muy bien.

—Mannoko, lleva a Hana a la cama—le pidió con seriedad.

Sin saber qué más hacer, se acercó y tomó al niño entre sus brazos, pese a su negativa por abandonar la mesa. Arriba estaría Sathy para bañarlo y arroparlo antes de que ella subiera. No obstante, tenía que arreglar un par de cosas con Hao, que sonrió más que complacido al ver la soledad que los rodeaba.

—Tanto apuro para quedarte a solas conmigo, debo sentirme halagado por eso.

—Déjate de bromas—le espetó con dureza—¿A qué quieres llegar con esto?

—A qué te refieres, preciosa.

Suspiró y sacó de su chaqueta el papel que había casi triturado.

—Quieres que cenemos juntos, que hagamos las compras y que duerma en tu cama—enumeró las tres peticiones notablemente ofendida—Ayer me dijiste que me odiabas, que no querías saber de mí.

—Y esta mañana estuve a punto de hacerte el amor—le recordó sin pena alguna.

Un sonrojo notable apareció en su rostro.

—Escucha, sé que empezamos por el lado equivocado, lo admito—dijo con elocuencia—Fui un canalla contigo antes, pero ahora seré derecho y no puedo evitar llevarte conmigo a la cama. Si mi formalidad te molestó, disculpa, admito que no soy del todo tierno pidiéndolo, yo sólo… lo tomo.

—No creo que eso sea conveniente para ninguno de los dos—dijo firme—Yo te lastimé mucho y tú hiciste lo propio conmigo. No creo que involucrarnos físicamente mejore en algo la situación. Tú y yo, ya tomamos rumbos muy dispares.

—Voy a estar dos meses aquí. No podré ver a mi novia en dos meses, me viene bien que tú estés disponible—simplificó mordiendo otro trozo de pizza—No puedo vivir sin el sexo.

Era un canalla de lo peor.

—¡Eres un…!

Hey, tranquila—dijo posando un dedo sobre sus labios—Yo no quiero lastimarte, sólo pienso que estando juntos aquí, quién podría hablar mal de nosotros. Nadie. Los chismes y murmuraciones, será a favor, no en contra. Y tú lo quieres tanto como yo, tú quieres que yo te haga el amor.

Si tan sólo dejara de decirlo en ese tono y con esas palabras, rechazarlo sería algo sencillo.

—Disfrutemos juntos de un poco de fricción, después, puedes quedarte a dormir con tu hijo, si es lo que quieres…

—Pero…

—No. Subiré y a las once iré por ti. No me hagas dar vueltas en vano—le dijo con firmeza—Prepárate, porque quiero tenerte.

Continuará…


N/A: Y un capítulo más. Trato de hacerlos más rápido, pero cierto que aún me cuesta hacerlo tan de corrido. Muchas gracias por sus comentarios, me inspiran bastante y me hacen querer terminar más pronto el capítulo siguiente. Ahora bien, la trama creo que será algo sexosa, por aquello de algunas cosas algo explicitas, es Hao, creo que no podría ser de otra manera. Sobre Yoh, sí, saldrá pero más adelante, por el momento no intervendrá. Y qué vendrá más adelante, eso… es un misterio.

Agradecimientos especiales: , SilentWeapon , DjPuMa13g y angel.