Cap.4. De aquí para allá.
Estoy muy triste porque no recibí comentarios por mi último capítulo. Si no os gusta la historia, decídmelo, por favor. Prefiero eso a pensar que no os interesa. Un beso.
Kesha's Pov
Vi como TK se iba alejando poco a poco de mí, arrastrado por Kari. Me había dolido el que me mintiera con respecto a Kari. Me hacía sentir utilizada y lo peor de todo, es que aún no sabía cómo, pues apenas le conocía lo suficiente, TK había conseguido penetrar en mi corazón, devastándolo todo a su paso. Me había esmerado tanto arreglándome sólo por él, por poder contemplar sus ojos cuando me viera dentro de este precioso vestido…
Sentí una fría lágrima solitaria recorrer mi mejilla al contemplar, sin poder apartar la vista, un dulce beso entre TK y Kari, fuertemente coreado por los demás.
Casi sin pesar, tan solo deseando olvidarme de todo, me bebí de un solo trago el chupito que había a mi lado, sintiendo como el ardiente líquido quemaba mi garganta.
- Otra, por favor- dije llamando la atención de un muy joven camarero. Estaba segura de que como mucho tenía dos años más que yo. Al escucharme, en seguida se giró en mi dirección y, al ver quién le llamaba, vino raudo antes de que otro se le adelantase. Cuando le miré a la cara, no pude evitar sorprenderme al ver lo guapísimo que era. Su cara era de rasgos perfectos, muy masculinos y seductores, con unos grandes ojos almendrados de un azul como la noche que me miraban fijamente, como desnudándome, pero a la vez había algo en ellos que me decía que era incapaz de dañar a nadie; enmarcados por un liso flequillo que caía sobre su frente. Su pelo era largo, más allá de las orejas, y la parte de atrás casi le llegaba al inicio del cuello. Era todo completamente liso y negro como el carbón, lo que destacaba con su piel pálida. Estaría sobre el 1,80 más o menos y el polo de manga corta dejaba ver unos brazos extremadamente fuertes.
En silencio, rellenó el vaso.
- Igual me meto donde no me llaman…- empezó con una voz ronca tan masculina que me quitó la respiración- pero… ¿por qué estás aquí sola? Una chica tan guapa como tú podría tener a cualquier chico.
- Pues la verdad… porque todos los planes para esta noche se han ido a la mierda. El chico con el que pensaba que iba a pasar algo resulta que me ha estado ocultando todo este tiempo que tiene novia, y se ha estado aprovechando de mí todo lo que quería y más.- dije desviando la mirada hacia TK y Kari.
- ¿Ya había pasado algo con él?- me miró curioso.
- ¡Qué va!- dije completamente sonrojada- Yo no soy de esas- dije de forma queda. La verdad es que ni siquiera me habían dado todavía mi primer beso.
- Mi turno acaba de terminar. - dijo mirando el reloj que ya daba más de la una.- Si me esperas cinco minutos, me cambio y te hago compañía durante un rato. ¿Te parece?- dijo acompañando sus palabras de un guiño en el ojo.
- Vale- dije de nuevo sonrojada. No habían pasado ni 20 segundos desde que desapareció, cuando alguien me abrazó por la espalda. En que sentí su olor a menta fresca, fragancia tropical y un leve aroma dulzón a cítricos y kiwi, supe que era TK.
- ¿Qué tal te lo estás pasando?- me preguntó con una leve sonrisilla que me hacía darme cuenta de que iba un poco achispado.- Al ver que intentaba soltarme de su abrazo, me agarró más fuerte.- Como te he visto tan solita, he decidido venir a hacerte compañía.
- ¡No estoy sola!- casi grité dolida por sus palabras.
- Pues yo no veo a nadie- dijo haciendo como si buscara a alguien en el horizonte.
- Está conmigo- se oyó a nuestra espalda la voz de mi misterioso camarero. Se había cambiado y llevaba un traje azul con una americana de un marrón muy suave y claro, junto a unos mocasines negros.- Así que ya la puedes ir soltando.- dijo a modo de orden. TK, sorprendido, me soltó como si hubiera recibido una descarga eléctrica.- Ahora vamos a bailar como te prometí- dijo enlazando mi mano entre las suyas y sonriéndome. Sus dientes eran blanquísimos y perfectos y cuando sonreía, se le formaban unos pequeños hoyuelos en las mejillas, casi imperceptibles.
Llevábamos un rato bailando en la pista, y cada vez estábamos más sonrojados y despeinados, y nuestros ojos iban brillando más. Hacía mucho que no disfrutaba tanto con alguien. De pronto, "Welcome tu my life" empezó a sonar, invadiendo todo el lugar con su hermosa melodía, con la que me identificaba tanto.
Do you ever feel like breaking down?
Do you ever feel out of place?
Like somehow you just don't belong
And no one understands you
- Es mi canción favorita- soltamos los dos a la vez- mirándonos y echándonos a reír.
Do you ever want to run away?
Do you lock yourself in your room?
With the radio on turned up so loud
That no one hears you screaming
- No you don't know what it's like /When nothing feels alright /You don't know what it's like/To be like me - comenzamos a cantar los dos, dejándonos llevar por el momento.
To be hurt, to feel lost
To be left out in the dark
To be kicked when you're down
To feel like you've been pushed around
To be on the edge of breaking down
And no one's there to save you
No you don't know what it's like
Welcome to my life
- ¿Cómo te llamas?- pregunté deseosa por saber su nombre.
- Dejémoslo mejor sin nombres ni identidades- me respondió, sorprendiéndome.- solo seamos dos corazones rotos que se han encontrado una noche de casualidad para calmar sus penas juntos - dijo con una sonrisa.
- De acuerdo, misterioso camarero- dije girando al ritmo de la música.
- La dama ordena y yo obedezco.
Mimi's Pov
Nuestro primer mes en Japón pasó rapidísimo. Sin a apenas darnos cuenta, octubre había hecho su entrada, y el suave y dulce calor de los últimos días de verano había sido sustituido rápidamente por el frío y tan lluvioso otoño.
En apenas dos semanas, mis amigas y yo nos habíamos convertido en las reinas del instituto, tal y como éramos en el antiguo. Aunque, a pesar de ello, las cosas no habían sido fáciles.
Yo me había tirado todo el mes huyendo Ishida, el cual parecía decidido a perseguirme día y noche para que habláramos, a lo cual yo me negaba. Si no quiso decirme la verdad en su momento, no tiene derecho alguno a hacerlo ahora. Había salido con un par de chicos, ambos guapos, millonarios, listos y totalmente aburridos. Cada vez echaba más de menos a Michel, el único chico que había hecho que me olvidara de mis sentimientos por Yamato Ishida, y que volviera a enamorarme, aunque nunca me había atrevido a decírselo. Michel era uno de los pocos chicos que podía competir contra Matt en aspecto físico y empatar.
Sus grandes y almendrados ojos verde intenso, siempre misteriosos pero auténticos, su nariz recta, sus finas y levemente arqueadas cejas rubias, sus hermosos rizos de rubio oro cayendo largos hasta la nuca por detrás, y por delante a modo de flequillo, dándole el aspecto de un príncipe, sus finos labios con el de abajo un poco más grueso que el de arriba, sus pómulos altos, su mandíbula fina, su perfecto torso bien trabajado, sus fuertes brazos y piernas… No había nada en él que no me gustara.
Había podido escuchar su ronca voz un par de veces por móvil, y todas las noches hablábamos por facebook, sin falta. Me contaba todos los nuevos cotilleos del instituto, como le perseguían las pequeñas de primero para que tuvieran una cita,… y yo le contaba todo lo que iba pasando aquí.
Por otra parte, Megan estaba que se salía. Iba a un mínimo de chico por semana, aunque eso no evitaba que estuviera siempre buscando a Tai con la mirada. Yo ya me había fijado en lo que había pasado entre los dos, y había intentado ayudar para que estuviesen juntos, pero Megan se negaba. Ya había sufrido demasiado con chicos, y después de lo de Sora, ya no quería saber nada de Tai.
Y Kesha… era un mundo aparte. Se había vuelto a teñir el pelo, esta vez de un castaño muy claro, casi confundible con rubio, acercándose así de nuevo a su color rubio trigo, su auténtico color de pelo. Se pasaba el día soñando despierta, mirando a las musarañas, pensando en alguien. Y todo esto desde el día de la discoteca. No sé que le pudo pasar allí dentro, pero desde luego la había dejado tocada. De vez en cuando, la pillaba mirando a TK y Kari, quienes no parecían pasar por su mejor momento, siempre entre discusiones, en las que terminaba TK yéndose y Kari abrazada a Davis.
Me levanté de la cama con pereza, debido a los gritos de Kesh para que bajara a desayunar. Últimamente había tomado el control de la cocina, probando todas las recetas del libro de cocina que le había regalado su madre.
Cogí mi corta bata de seda semitransparente blanca y me la coloqué encima del cortísimo camisón de finos tirantes del mismo color, con finos encajes en la zona del pecho; y me puse en los pies unas finas zapatillas de felpa, calentitas.
Bajé rápidamente, antes de que a Kesha y Megan les diera un infarto, ambas sentadas en la mesa de la cocina con sus respectivos pijmas. El de Kesha era de un rosa suave, de dos piezas. La parte de arriba era de finos tirantes y encajes en el pequeño escote de pico y la parte de abajo era sencilla y muy corta. Sus pies iban dentro de unas zapatillas de felpa rosa y una bata larga calentita del mismo color. Meg llevaba también un pijama de dos partes. La de arriba era super ajustada y de manga corta, de Mickey y con un enorme escote que dejaba ver el nacimiento de sus pechos y que apenas llegaba hasta el ombligo, dejando a la vista su piercing. La parte de abajo era gris y ajustada al trasero, donde terminaba. Llevaba una sudadera gris que le caía por uno de los hombros y unas botitas ugg de andar por casa del mismo color con unas borlas blancas.
- Ha llamado Sora- soltó de pronto Megan como quien no quiere la cosa, mientras mojaba una de sus tostadas en el café.
- ¿Y qué ha dicho?
- Que hemos quedado todos a comer en casa de Tai y Kari a las 12.
- De acuerdo. Por lo menos estamos las tres juntas- solté en un suspiro.
- Totalmente cierto.
Ayudé a recoger la cocina, algo a lo que poco a poco las tres nos íbamos acostumbrando. Íbamos haciéndonos más independientes, aprendiendo a valernos por nosotras mismas. Una vez hecho, subimos a cambiarnos.
Me di una rápida ducha y me embutí en mi albornoz azul turquesa, mientras sacaba de mi armario lo que me iba a poner hoy. Me puse un look block, con una camisa de seda verde agua, dejándome un escote en el que se veía la cremosa piel del nacimiento de mis pechos. Las mangas llegaban sueltas hasta la mitad del antebrazo, donde terminaban ajustadas por unas tiras del mismo color. La falda era de un color morado púrpura, tirando a rosa, a la cintura y hasta la mitad del muslo, con tablas que surgían a la altura de la cadera y que caían cerradas. Me maquillé naturalmente con colorete melocotón, eyeliner marrón, rímel y rizador de pestañas negro y un gloss transparente. Dejé que mi pelo cayera en suaves ondas, con la raya a un lado, dejando que las capas más cortas enmarcaran mi cara. Antes de salir me coloqué un colgante plateado con forma de pequeñas lágrimas y un bolso dorado de channel y unos peep toes negros de tacón alto y fino.
Salí de mi cuarto y en el sofá me encontré a Kesha ya sentada. Llevaba unos pantalones de tipo legging marrones hasta la mitad de la pantorrilla y arriba un blusón largo hasta el culo a rallas rosa, con un hombro caído y del que cuelga un lazo, y sus mangas llegaban hasta el antebrazo, ajustándose ahí, unos zapatos tipo botín que dejaban los tobillos al descubierto, con un alto tacón y en color marrón con cordones, un colgantes dorado que terminaba en una especie de medalla y un bolso grande en tono perla. Su pelo estaba recogido en una trenza a un lado, dejando el otro hombro completamente desnudo, dejando que los mechones más cortos cayeran a la altura de sus pómulos. Su colorete era rosa terroso, llevaba perfilados los ojos en marrón y sus pestañas con rímel, además de llevar un gloss rosa suave.
Megan salió en ese momento también de su cuarto, guardando en un maxi-bolso de piel marrón su móvil y sus llaves. Iba tan perfecta como siempre, con unas medias marrones a rayas, unos botines en tonos plateados hasta el tobillo, un mini-vestido de color hueso semitransparente con lentejuelas plateadas y de color perla, de manga larga y ajustada que terminaba en encajes y escote de pico hasta el inico de su pecho y un blazier plateado con las solapas con incrustaciones de pequeñas perlitas. Su pelo estaba liso y suelto, al natural, con el flequillo largo cayendo por su frente. Su maquillaje era natural con colorete rosa, eyeliner y rímel negros, sombra rosa y labios del mismo color.
- ¿Nos vamos?- dijo acercándose a la puerta. -Ya he llamado a un taxi para que nos venga a buscar.
Salimos del piso ante la mirada atenta de todo el que había allí. A veces me sentía vigilada, lo juro. Cuando salimos a la calle, un viento fresco se hizo claramente presente y agradecí la manga de mi blusa. Por suerte, el coche ya estaba ahí y en menos de media hora ya habíamos aparecido en casa de Kari.
- Pasad, habéis llegado de las primeras. Sólo estamos Tai, Matt, TK, yo y Davis.- Dijo con una pequeña mirada de disculpa.
- Tranquila Kari, son cosas que pasan- soltó Megan con una sonrisa. A veces dudaba como siempre podía mantener esa máscara de perfección ante todos. Incluso a mí a veces se me caía y no podía hacer nada por evitarlo. Pero a ella nunca la había visto gritar, o llorar o perder la compostura ante un insulto. Nunca.
- Sentaos, yo iré a la cocina a terminar de hacer la comida. He hecho pollo al limón en el horno, como recuerdo que te gustaba, Mimi.
- Lo sigue haciendo. Gracias Kari- repuse yo con una pequeña sonrisa. Nosotras iremos poniendo la mesa si quieres.- Kari me miró como si estuviera loca, y al final contestó.
- Sí-sí, claro, po-por supuesto. Ya sabes dónde está todo.- dijo murmurando mientras volvía en dirección a la cocina.
- Veo que el apodo que te dio Matt no era tan falso- soltó Kesha haciendo que le devolviera una mirada furibunda.- Vale, vale, ya me callo.
Entramos en el salón ante la penetrante mirada de los que allí había. Pusimos en silencio la mesa.
- ¿Tengo monos en la cara o qué?- espeté al ver que Matt no dejaba de mirarme, poniéndome nerviosa.
- No, sólo contemplo lo hermosa que estás.- contestó como si nada, haciéndome sentir pequeñas cosquillas en el estómago. Estaba segura de que me había ruborizado levemente, porque oí a Matt soltar una pequeña risita seguida de un "tan inocente como siempre".
Llamaron al timbre y, deseosa de huir de ahí cuanto antes, salí corriendo a abrir la puerta.
- ¡Sora, Joe!- que alegría volveros a ver- exclamé con más entusiasmo del que debería. Les di a ambos un par de besos en la mejilla y los conduje con rapidez al salón. Con ellos ahí sería mucho más fácil aguantar a esos cuatro.
Poco a poco, fueron llegando todos, y Kari trajo el pollo, haciendo que a todos se nos hiciera la boca agua. Después volvió a la cocina y trajo dos jarras de agua.
- ¿Agua, Kari? ¿Has traído agua?- dijo Tai indignado.
Ante el gesto de ofuscación de Kari, decidí levantarme yo a por unas cervezas para todos al frigorífico.
- Ya voy yo Kari, tú siéntate y vete sirviendo.
Una a una fui sacando las cervezas, pensando en cómo demonios las iba a llevar todas, hasta que sentí una presencia detrás de mí que me hizo volverme.
- ¿Cómo pensabas llevarlas todas tú sola?- preguntó Matt, con una sonrisa de burla pintada en sus bellas facciones. Estaba muy sexy apoyado en el quicio de la puerta con los brazos cruzados. Llevaba unos pantalones vaqueros bombachos caídos, dejando ver sus bóxers blancos de Calvin Klein, unas botas militares sobre los pantalones hasta casi las rodillas y una camiseta de tirantes negra que dejaba a la vista sus fuertes y musculosos brazos, además de marcar especialmente bien su torso. Se había hecho un tatuaje en su hombro derecho con forma de espirales, estilo chino.- ¿Has terminado ya de contemplarme?- me preguntó con sorna.
- No te estaba mirando, sólo el tatuaje que llevas en el hombro. No te lo había visto hasta ahora- respondí ofendida, levantando mi mentón.
- Hay muchas cosas que desconoces de mí todavía- dijo como si fuera un león acechando a su presa, acercándose más y más a mí, que iba retrocediendo hasta que mi espalda topó con la encimera. - Mimi, por favor, déjame explicarte lo que pasó. Necesito que lo sepas.- dijo agarrándome de la cintura, mientras sus profundos ojos índigos se clavaban en los míos, haciéndome estremecer.
- Tuviste tu tiempo para hacerlo y no lo hiciste.- le reproché, nada dispuesta a ceder.
- Mimi, te quiero. A pesar del tiempo que ha pasado y la distancia, yo todavía te sigo queriendo igual o más si puede que entonces. Y sé que tú también sigues sintiendo lo mismo.- me dijo seguro de lo que hablaba, acercándose hasta que nuestras narices se rozaron y nuestros labios anhelaban por más contacto.
- Yo ya no te quiero Matt- sabía que no estaba siendo sincera, pero tampoco estaba mintiendo totalmente. La imagen de los ojos verdes de Michel se me vino a la mente.
- Mientes- siseó desplazando su boca hasta mi oreja, mordiéndola levemente.- Y te lo demostraré- dijo acercando sus labios a los míos ante mi máxima estupefacción. Justo en el momento en que nuestras bocas se rozaron, empezó a sonar "Tik Tok de Kesha", el timbre de mi i-Phone. Lo saqué del bolsillo de la falda oyendo como Matt murmuraba "tenía que ser rosa" y rodaba los ojos con diversión.
- ¿Michel?- grité sorprendida. Hablé con él apenas un minuto y al colgar, pasé olímpicamente por delante de Matt y corrí a donde estaban los demás, seguida de cerca por este.- ¡Chicas! ¡Michel está aquí! Su padre tiene que resolver varios negocios aquí en Japón y por lo menos tendrá que quedarse el trimestre entero- solté emocionada. Voy a ir a buscarlo al aeropuerto.- continué cogiendo mi bolso.- Lo siento Kari, tendrá que ser otro día.
- No pasa nada, ve a buscarle- me dijo con cierta picardía en su voz, guiñándome un ojo.
- Voy a pedir un taxi- dije sacando de nuevo el teléfono.
- Te llevo yo- dijo Matt, quitándome el i-Phone de las manos. Su expresión era fría y seria, aunque por debajo de eso se le notaba triste y dolido y ya porque no, celoso.
- No hace falta- dije intentando arrebatarle el móvil de las manos- Además, no tengo casco para ir en tu moto.
- Yo te puedo dejar el mío, Mimi- me dijo TK, yendo a buscarlo a la entrada.
- Está bien- me rendí. Matt y yo salimos por la puerta, ante la mirada de los demás.
Kesha's Pov
El resto de la velada pasó en tranquilidad. Desde la noche de la discoteca me había dejado de importar tanto lo de Kari y TK, y podía estar con ellos en una habitación sin que pasara nada. TK había estado todo este tiempo tratando de llamar mi atención, pero yo me negaba a dársela más allá de lo que una simple amiga hace. Consejos por allí, algún abrazo por allá e ir a verle a sus partidos. Nada más. En el que no podía dejar de pensar era en el desconocido de la discoteca. Había tratado de convencer a mis amigas para volver por allí, pero habían dicho que teníamos una vez que se hubiera puesto en común acuerdo, para no ir sólo nosotras y evitar problemas.
Me di cuenta en seguida de que había vuelto a haber problemas entre él y Kari, porque no hacían más que esquivarse la mirada, y cuando se encontraban de pura casualidad, se echaban tal mirada de furia y odio que te dejaba helada.
- ¿Qué ha pasado?- le pregunté una vez que él y yo nos quedamos solos sentados en el sofá de la sala de estar.
- Hemos vuelto a discutir- me dijo apesadumbrado.
- ¿Por qué ha sido esta vez?- pregunté dulcemente cogiéndole la mano en señal de apoyo. Él me miró a los ojos profundamente, para después mirar nuestras manos entrelazadas y sonreír levemente, apretando mi mano.
- Kari me ha echado en cara que no la hago caso, que paso mucho de ella y que pasa más tiempo con Davis que conmigo.
- En eso ella tiene razón, TK. Vosotros casi nunca estáis juntos. Tú siempre tienes alguna excusa para evitarla. Pero eso se puede arreglar- contesté con una sonrisa.- Te puedo ayudar a prepararla una cena romántica y verás cómo se le pasa. ¿De acuerdo? Bueno, ahora me tengo que ir- seguí antes de que abriera la boca.
Le di un beso en la mejilla a modo de despedida y salí de allí ante la mirada hastiada de Megan por haberse tenido que quedar esperándome con Tai.
Salimos a esperar a un taxi a la entrada del edificio, en mitad de la calle. Me quedé absorta contemplando las grises nubes, señal de que iba a poner a llover en cualquier momento, y maldije al taxista por tardar tanto.
- ¡Kesha, cuidado! -Oí gritar a Megan antes de arrollar sin querer a alguien al cruzar acercarme corriendo a la carretera al ver a nuestro taxi parando en el edificio de enfrente.
Caímos al suelo, yo encima de él, en una posición bastante comprometedora. Las gafas de sol que llevaba él puestas, del sol que había hecho mientras estuvimos en casa de Kari, se habían caído al suelo. Nuestras bocas estaban a unos milímetros y nuestros alientos se mezclaban. Me quedé anonadada cuando nuestros ojos se encontraron, al igual que él, que en ese momento me tenía cogida de la cintura.
- ¿Tú?- dijimos los dos a la par, más que sorprendidos.
