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El mundo del Fic felicita al ganador del segundo lugar del concurso "Sanfic": LucioVera
Imperio Renovado
— Solo espero que consideres mi propuesta.
Habían pasado un día desde el resurgir del Imperio. Era el 11 de junio, del año 970 de nuestro Señor. Dos días antes, Laurentios Isauros "El Glorioso", mediante artimañas políticas, guerras, incluso la ruptura de una tregua, había recuperado las provincias claves del Imperio Romano y declarado el "recipit imperium". La plebe y la nobleza bizantina salió a las calles, dándose abrazos sin importar el origen. Las basílicas empezaban a cantar odas religiosas, a los ángeles, a Dios y a su Hijo. Los heraldos anunciaban un glorioso triunfo por las calles de Roma. Y en la antigua Curia, el eclesiarca de la Corte, en ausencia del patriarca ecuménico, colocó sobre la cabeza del emperador el ramo de olivo dorado. NO había nadie que no estuviese orgulloso de ser romano.
Para celebrar la hazaña, el emperador decretó una semana de juegos en el hipódromo. Todos estaban invitados. Ese día, el aforo del gran hipódromo estaba lleno. Casi cien mil almas estaban atentos a una carrera de cuadrigas, donde cuatro competidores del equipo Verde resolvían la siempre larga disputa con sus rivales Azules. La muchedumbre gritaba en cada vuelta, se sorprendía cuando uno de los carros salía destrozado al tomar una curva mal, donde los fanáticos de cierto color clamaban "trampa". Para evitar otra Nika, la varenga estaba lista.
Pero no todos estaban atentos a la carrera. Desde un palco privado, entre las comodidades que ofrece ser miembro del consejo privado del emperador, dos hombres simulan que estaban viendo la carrera. Entre vasos de vino tinto y dulces egipcios, ponían las cartas sobre la mesa.
— Sabes que estás hablando con quien planificó, detalle a detalle, la entrada imperial a Italia ¿Lo sabes?
Era el Exarca Porphyrios Kyritzios de Armenia, Magistros de Bizancio. Como canciller del Imperio. Sin él, no hubiera reconquista. Porphyrios había desintegrado el reino de Lombardía, dividiéndolo a la mitad cuando el duque Liutprand de Ferrara se separó y juró lealtad al emperador Ioseph el Santo, padre de Laurentinos y quien reparó el Gran Cisma. Trajo consigo todo el ducado, incluyendo la valiosa ciudad de Rávena. Luego de la muerte de Uta, su cuñada, Liutprand trajo consigo el ducado de Ferrara. Todo ello, gracias a la participación de Porphyrios en las intrigas lombardas. También, el Magistros recorrió toda la península para hacer reclamaciones sobre las antiguas provincias. Sin él, Génova y Capua no podían ser recuperadas.
Obviamente, su colaboración en el recipit imperium no quedó sin recompensa. Laurentinos había nombrado a Porphyrios Exarca de Armenia, era un gobernador militar de su tierra natal. El emperador había ayudado al Magistros a reorganizar Armenia, dando nuevas tierras y títulos. Solo había un pequeño problema, y el representante de ese problema lo tenía a su lado.
Desde hacía cuatro años, Vaspurakan, una provincia al sur de la capital de Armenia, había sido heredado por el Duque Alepo. Este, había adquirido por la fuerza cuatro de las cinco provincias del ducado. Se sentía resentido de que no podía hacer nada contra él: la esposa del Duque era sobrina del emperador, hija del Exarca de Mesopotamia; y aunque lo quisiera, tendría que luchar contra el Exarca de Siria, protector del duque de Alepo, y contra el Exarca de Mesopotamia. Las montañas armenias no eran rival para 32 mil soldados, en conjunto, cuando solo tienes seis mil y un enemigo apuntando a tu garganta.
Siria. Siempre había sido problemática desde que se recuperó. Era quitarle a los Abassidas el corazón de su imperio, el cual costó cinco guerras santas para hacerlo. Luego, en un ataque de ebriedad y rabia, el emperador en su momento le quitaba sus títulos a los propietarios, incluso atacando al patriarca de Antioquía. Siria lideró todas las guerras civiles contra los emperadores Isauros, perdiendo miserablemente en cada ocasión. Staurakios el Casto, Exarca de Siria, aún recuerda esos amargos tiempos, cuando su padre, quien ostentó el cargo por treinta años y su abuelo por treinta y dos, aún recordaba sus días durante el asedio de Damasco. Anastasios tenía sobre sus hombros el peso del resentimiento sirio.
"Solo está en el consejo porque el Emperador no quiere poner a su hermano ahí."
— Si vamos a ver, yo también he luchado por el Imperio ¿O es que no te acuerdas de la Yihad? Levanté mis tropas para reforzar las fronteras. — Espetó Staurakios, tomando un trago de vino. En una ojeada rápida, un cuadriga del equipo Azul chocó contra otro del equipo Verde.
— Lo recuerdo. No soy tan viejo, es más, somos casi contemporáneos. — Le respondió Phorpyrios, asintiendo.
— Y como tales, te lo vuelvo a pedir, Magistros. El imperio está en peligro con los Isauros. Cada día que pasa, se nota más la posesión del emperador Laurentios en la corte. Mi colega, el Sakellarios Ugolino, me ha enviado cartas donde se muestra preocupado. Me cuenta que en la mañana del 5 de junio, el emperador no dejaba de hablar solo mientras tenía la cabeza pegada a una pared. Hablaba como si se tratara de otra persona, en idiomas extraños, soltando carcajadas al aire. Se necesitó la intervención de cuatro guardias, un varengo y de la emperatriz para tranquilizarlo y llevarlo a sus aposentos.
— Estamos hablando de quien ha recuperado el Imperio. Y yo estoy hablando con alguien cuyas palabras están motivadas por la revancha y el resentimiento; cruel.
— Estamos hablando del Bisabuelo de Petros el Guapo, quien en vida mandó a decapitar, cegar y castrar a todo desdichado que se le cruzase en medio. Familiar o vasallo, extranjero o ciudadano, mujer, niño u hombre; todos sufriendo a manos de ese monstruo. Quizás el espíritu de Petros está poseyendo a Laurentios. — Dijo Staurakios, claramente afectado por las palabras del Magistros. Habían rumores sobre su padre, Anastasios, sobre el trato que recibían los prisioneros y vasallos del Exarca de Siria. Cosas tan aterradoras, que el resto del Imperio lo llamaban "el cruel". — Solo te estoy pidiendo que reconsideres la propuesta que te hice. Porphyrios, entiende una cosa, el Imperio está agradecido por los servicios que la Casa de Isauros ha ofrecido. Pero estamos hablando de una casa que nació de las insurrecciones iconoclastas. Estamos hablando de emperadores que están adquiriendo mas y mas poder, centralizando el gobierno en su persona y quitándole al imperio una forma de revocarlos. Siria y Armenia, que yo recuerde, también lucharon juntas contra los Isauros. Solo, te pido, que por favor, consideres mi propuesta.
Porphyrios se levantó. Observaba la carrera. Observaba el aforo del hipódromo. Cien mil almas habían hecho temblar al emperador Justiniano.
— Muy bien, pero pongo las siguientes condiciones. — Espetó Porphyrios, quien no dejaba de ver el espectáculo. — Primero, saca al Duque de Alepo de Vaspurakan y dame ese territorio. Segundo, quiero el respaldo de al menos Mesopotamia, Georgia y Jerusalén. Solo así, te daré todo el apoyo que quieras en el consejo.
— Hecho, haré lo que pueda. — Dijo Anastasios, soltando una gran sonrisa. — Lo que quiero, es que integremos un gobierno como el de Augusto, en donde el senado, en este caso el Consejo del Emperador, tenga igual o más peso que lo que diga o haga el Emperador. Una institución soberana, en donde cada Exarca elige una representación en el senado, y donde Elegirán al próximo Emperador entre los súbditos del imperio; en especial, los exarcas como nosotros. Así evitamos una sucesión continua a favor de un emperador más capaz para el Imperio. Un senado, como el del antiguo Imperio.
— ¿Y hacer valer, aún más, el poder de los exarcas? ¿Incluso llegar a la creación de Déspotas? — Porphyrios asentía lentamente. Recordaba el caso en los anales de la historia: el primer déspota que, por error, se formó en el imperio fue el de Siria y Serbia… Cosas que terminaron muy mal. — Porphyrios, déspota de Armenia. Título que tendría la familia Kyritzios por generaciones. Quitarle poder al emperador y dárselo a los exarcas, y entre ellos, elegir al próximo emperador ¿Qué hacemos con este?
— Al actual. Esperar. Reunir fuerzas y exigir nuestros derechos. O, cuando muera, manipular al lerdo de su hijo. Luego de eso, repartirnos el poder del Imperio.
Staurakios el Casto estaba satisfecho. Lentamente, se preparó para salir del palco.
— Recuerda una cosa, Staurakios. — Porphyrios lo detuvo en la puerta al llamar su atención. Tenía una cosa más que decir. El exarca de Siria se detuvo y dio una media vuelta sobre sus talones para mirar al Magistros. — A cambio de dar más poderes a los exarcas y reducir el del Augusto, a los futuros emperadores ¿Vas a arriesgarte a que déspotas ambiciosos combatan con otros? ¿Mientras que nuestros vecinos ambiciosos y resentidos por nuestras conquistas esperan el momento para atacar?
A pesar de la aclamación de los espectadores, ambos exarcas mantuvieron un respetuoso silencio.
— Se renovó el imperio ¿No?
