Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es mía, inspirada en la canción del príncipe de saurom.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Natalia, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi querida esthefybautista, el amor de mi vida, la mujer con la que quiero compartir sueños, ilusiones, miedos y amor eternamente. Te amo bebé.
También va dedicado a Mery, porque va a perder la vergüenza y se va a pintar bigotes conmigo.
Sin más os dejo disfrutar del nuevo capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 4 DANIELLE
Regina, su nombre sonaba demasiado familiar cuando salía precipitadamente de sus labios. ¿Dónde escuchó antes ese nombre? ¿Por qué le provocaba escalofríos escucharlo? No era miedo lo que sentía, ya no, ahora solo sentía estupor y sobre todo impotencia al no poder recordar. Estaba segura de que no la conocía, no la había visto jamás, no antes de que invadiera sus sueños con macabras intenciones, y aún así la buscaba con la mirada en todo momento, buscaba en cada rincón de su mente cuándo y dónde podía haber cruzado su camino con ella, llegando a desquiciarse, llegando al borde de la locura y la desesperación.
Era absurdo, ella no la conocía, no conocía a nadie con su nombre, a pesar de su familiaridad, a pesar de que al nombrarla sentía que esa palabra había sido creada para sus labios.
Intentó sacarla de su mente, olvidar por unos instantes sus ojos rojizos, su mirada anegada por mil lágrimas que no dejó caer, su ruego para poder perderse en sus ojos y su rostro congestionado en una mueca de dolor y reconocimiento. No quiso pensar en sus palabras, vacías y muertas mas cargadas de un sentimiento que no lograba entender. No quiso recordar como la había despertado, alejándola de las llamas que consumían su mente, que la aterraban. No quiso seguir con Regina en sus labios así que llamó a Neal, quizás ver a su novio la ayudaría a alejarse de esa sensación de vacío y angustia, de esa sensación que nacía en su pecho y le estaba gritando que sin Regina ella no era nadie, que estaba incompleta.
Se estaba volviendo loca, paseando por el parque con Neal de su mano se sintió sucia, sintió asco de sí misma sin poder entender porqué. Sus besos le sabían amargos, y no había mariposas que revolotearan en su estómago, incluso llegó a sentir tedio por cada palabra que él decía, incomodidad ante sus tiernas atenciones, rigidez ante sus abrazos. Hacía tiempo que lo rehuía, que no quería verlo porque se había dado cuenta de la amarga verdad, no lo amaba y dudaba que en algún momento hubiese sentido algo más que aprecio por él. Supo que tenía que poner punto y final a esa historia pues no llevaba a ninguna parte, no cuando una mujer que ni siquiera sabía si existía más allá de sus pesadillas podía provocarle más emociones que su propia pareja. Suspiró y decidió enfrentarlo, había llegado demasiado lejos, era el momento de decirle adiós.
-"Neal, para necesito hablarte"
-¿Qué sucede amor? ¿No te sientes bien? Te ves cansada
-"No estoy bien, nosotros no estamos bien, creo que es mejor que lo dejemos aquí"
-¿Qué? ¿Qué dices Emma? Claro que estamos bien, solo que trabajas demasiado y estás cansada, por eso lo ves todo negro.
-"Neal, yo ya no te quiero, esto no va a ninguna parte"
-No digas eso Emma, no después de tanto tiempo.
-"Siento algo fuerte, en mi interior, siento como si mi alma estuviese partida en dos y tuviese que encontrar mi otra mitad… Tú no eres esa persona, no puedo engañarte, no puedo seguir con esto, te quiero pero no es amor, se acabó Neal no puedo seguir así más tiempo"
Dejándolo con la palabra en la boca, besó tiernamente su mejilla y se marchó, con amargas lágrimas en los ojos. No amaba a Neal pero eso no implicaba que doliese terminar con algo que durante años la había hecho feliz.
Al llegar a casa, Ruby en seguida intuyó que la cita con Neal no había ido bien. Emma llevaba días evitándolo y en ese momento creyó comprender por qué. Su amiga necesitaba apoyo y ella iba a dárselo. Preparó chocolate caliente y una sesión de cine dramático, así llorarían las dos con dolores ajenos y vaciarían su alma de toda herida que pudiese estar latente.
Emma agradecía la complicidad y el cariño de su amiga, le bastaba una mirada para comprender lo que necesitaba sin palabras. Las atenciones de Ruby con ella no fueron excesivas pero consiguieron hacerla sentirse mejor en un suspiro. En momentos como ese agradecía de corazón tener una hermana como ella, hermana de alma y no por lazo sanguíneo.
A la hora de acostarse se sintió mejor, a pesar de que el nombre de Regina seguía torturando su alma, aunque no con pánico como al principio, sino con incertidumbre y recelo. Inconscientemente deseaba volver a dormir para verla, aunque eso supusiera volver a la habitación en llamas. Tenía que verla y preguntarle por qué la había reconocido, de qué se conocían y sobre todo por qué se sentía vacía sin ella y con su presencia se sentía aterrada y terriblemente completa.
No tardó en dormirse, pensando en su tesis puesto que llevaba días sin avanzar nada, debido a la falta de sueño y a su mente invadida por ese demonio de ojos oscuros cuyo nombre estaba llevándola a la locura.
Mantuvo los ojos cerrados, tenía miedo de las llamas y no quería abrirlos, no hasta estar preparada. Notaba la presencia helada de Regina, silenciosa a su lado, como un fantasma. Había acudido nuevamente a sus sueños, quizás para responder preguntas o quizás para volverla completamente loca.
De pronto notó como sus cabellos se revolvían por una brisa suave, cálida y agradable, abriendo los ojos completamente sorprendida. Ante ella se abría un prado enorme, verde y magnífico. El cielo azul brillaba como un espejo, y el sol invadía cada rincón de ese lugar, completamente desconocido para ella y a la vez vagamente familiar. Había estado ahí antes pero no podía recordar en qué momento.
Asombrada admiró ese paisaje magnífico, que parecía no pertenecer a su época. Sin palabras puesto que esperaba encontrarse fuego y cenizas en lugar de ese prado idílico, estaba confusa, convencida de que ese sueño no era producto del demonio, quizás ella se hubiese cansado de atormentarla. Mas al notar un escalofrío recorriendo levemente su espalda, se giró para encontrarse de frente con los ojos muertos de Regina.
La miraba con una intensidad que arrebataba el aliento, de haber estado despierta seguramente abría caído al suelo fulminada por esa oscura mirada. Sus ojos eran un misterio inmenso pues a pesar de estar vacíos y muertos, expresaban tantísimas emociones sin nombre que conseguían confundirla y la dejaban perdida, como una niña pequeña sin los brazos de su madre.
Tenía la boca seca y un nudo en la garganta al perderse su mirada en el perfecto rostro de Regina, ella era tan bella, tan magnífica, tan aterradora...
Finalmente reunió el valor para hablarle, puesto que un día más perdida en las incógnitas sería letal para ella, acabaría desquiciada, acabaría completamente loca sin entender el por qué de esa atracción frenética que sentía.
-"¿Dónde estamos? ¿Y el fuego?"
-El fuego estaba en tu mente, lo use para asustarte pues ese era mi deber
-"Y ahora dónde estamos"
-En mi mente, una mente muerta, mas mi pasado es revelador, es algo que debes conocer Emma
-"¿Por qué siento que te conozco?"
-A su debido tiempo entenderás, mira y comprende Emma, observa quién fui.
Una vez le hubo dicho esas misteriosas palabras, Emma vio como un caballo se acercaba galopando por el prado. Cabalgaba hacia ellas a toda prisa, sin aminorar, como si quisiera embestirlas. Cuando vio el rostro del jinete abrió desorbitadamente los ojos al reconocer a Regina, vestida como una amazona mas no de su época, seguramente estarían en el siglo XV, mucho tiempo atrás.
Iba concentrada en su carrera, su melena mecida por el viento le daba un porte real y magnífico, era completamente hermosa. La imagen creada para que pudiese ver los recuerdos de Regina, las atravesó y siguió con su carrera sin inmutarse, ellas no existían en ese momento, eran meros espectadores de un recuerdo lejano, prácticamente olvidado.
Arrastrada por el demonio en pos de sí misma, siguieron el negro corcel por los verdes prados, hasta que vieron como este se encabritaba y tiraba a su jinete al suelo. Emma intentó correr para ayudarla a levantarse pero se frenó al recordar que estaban en un sueño, que no podía tocarla. Se centró en el rostro de la otra Regina, la demoníaca, la de mirada rojiza y vio como su rostro reflejaba nostalgia, ante un recuerdo seguramente feliz. No quiso hacer preguntas y volvió a mirar la escena que se le estaba mostrando.
Regina se levantó del suelo entre maldiciones, su labio sangraba copiosamente y sus ojos estaban llenos de lágrimas de frustración. De pronto una mujer, aldeana, se acercó a ella corriendo, saliendo de no se sabía dónde. Llegó hasta ella y rasgó su propio vestido, apretando la herida de Regina, intentando parar la hemorragia de su labio superior.
Como estatuas observaban la tierna escena que se desarrollaba a frente a ellas, escena inalterable con el tiempo, recuerdos hermosos de un alma oscura.
Cuando la campesina, a quien Emma no había visto el rostro habló, su voz le resultaba demasiado conocida, tanto que la angustia se apoderó de ella y una infinita curiosidad la obligó a no apartar la mirada ni a dejar de escuchar ese diálogo de otra época.
El caballo no las dejaba ver mas pacientemente escucharon.
-Mi señora, apretad para detener la hemorragia, aunque os quedará cicatriz.
-"Habéis roto vuestras vestiduras por mí, ¿Por qué lo habéis hecho?"
-Os vi caer, y al ver la sangre quise ayudaros.
-"¿Quién sois? Seréis recompensada por este acto"
-No creo que la condesa White desee saber mi nombre, mi señora no soy nadie, solo pasaba por aquí.
-"Danielle es mi nombre, mas no soy nadie mi señora"
Intentando descifrar dónde había escuchado antes esa voz, la voz de la campesina, el caballo se apartó dejando ver su rostro y Emma se quedó sin aliento. De pelo rubio cenizo, algo más oscuro que el suyo, mas todo lo demás no dejaba lugar a dudas. Se vio a sí misma, como en un espejo, se vio en otro tiempo, en otro lugar y en los ojos de esa mujer cuyo rostro era el suyo mismo, vio la llama de un amor naciente hacia la morena cuyo labio había curado con cariño.
