Capítulo 4. Italia
En el momento en el que se levantaron tuvieron un largo viaje en taxi hasta Italia e hicieron un descanso. Magnus quería llevar a Alec hasta Venecia pero antes quería comer algo.
-¿Dime, que quieres comer pizza o pasta? –preguntó Magnus.
-Hm… la pizza me gusta pero quiero probar la pasta que hay por aquí. –Alec y Magnus mantenían la conversación en el taxi. Cuando salieron Magnus pago al taxista y fueron a un restaurante.
-Piccola Italia –leía Alec.
-Ristorante e pizzeria –siguió leyendo Magnus con un tono italiano.
Cuando se sentaron unos minutos después fue a atenderles un camarero.
- Che vogliono prendere? –preguntaba el camarero.
- Hmm .. da bere mi prendo un Asti Spinelli. –se volvió hacia Alec- Si vuole prendere da bere, signor Alexander? –Magnus le miraba. Estaba rojo como un tomate Magnus le acarició la mejilla con una mano.
-Magnus… no entiendo… -Magnus estaba deseando escuchar eso salir de la boca de Alec.
-He pedido un vino, no tiene mucho alcohol, ¿tú quieres tomar uno? –Magnus le miró con una mirada llena de amor, no podía creer como amaba a ese nefilim. Mientras tanto el camarero los miraba sosteniendo una pequeña libreta para apuntar lo que iban a tomar.
-Vale… -dijo tímidamente Alec. Alec no se había imaginado que iba a pasar esto. Estaba a punto de pedirle a Magnus si tenía maquillaje a mano para poder disimular el color de su cara.
-Due Asti Spinelli, per favore. –decía Magnus. Para Alec, Magnus tenía un gran acento italiano, se notaba que había estado más veces por Italia.
-Vogliono prendere da mangiare? –volvió a preguntar el camarero.
- Se. Un piatto di pasta. –respondía Magnus.
-Marching.
-¿Qué significa eso último que ha dicho? –preguntó Alec que volvía a tener su piel pálida como siempre.
-Maaaaarchando. –dijo Magnus haciendo la gracia.
-¿Sabes hablar italiano? -preguntó Alec.
-¿No te has dado cuenta, simpatico ragazzo con gli occhi blu e capelli scuri? –contestó Magnus que le gustaba eso de hablar italiano mientras Alec no sabía lo que decía.
-Traducción, per favore. ¿Se dice así?
-Sí. He dicho: chico lindo de ojos azules y pelo oscuro. –Magnus le dirigió una gran sonrisa.
Cuando estaban comiendo la pasta, dio la casualidad de que Magnus y Alec toparon con el mismo fideo. Magnus siguió y le dio un pequeño beso a Alec, cortando el fideo. Magnus se rio a carcajadas y Alec no pudo evitar reírse también aunque se había sonrojado un poco.
-Como en la película de 'La Dama y el Vagabundo', que romántico, ¿no te parece? –dijo Magnus con una voz cantarina.
Alec tosió, se había atragantado con su propia saliva. Sus mejillas estaban teñidas de rojo. Magnus jamás dejaría de adorar la forma que tenía de reaccionar ante las cosas que le daban pudor.
Después de todo aquello se dirigieron a Venecia. Dejaron todo su equipaje en el hotel, Alec quería descansar un poco asique se quedó allí. Mientras tanto Magnus fue en busca de la postal que debería haber contestado Isabelle.
Magnus llegó al hotel. Alec estaba tirado en la cama, con la ropa puesta incluidos los zapatos.
Supongo que estaría muy cansado –pensaba Magnus- le dejare descansar. Mientras miraré las postales y veré la televisión.
Había dos. Una era de Isabelle y otra de Jace.. no, de Jace y Clary. Magnus ya empezaba a reírse sin haberlas leído.
Empezó leyendo la de Izzy.
Queridos A y M:
He hablado con el manager del Beauty Bar porque definitivamente los veo casándose contra un bonito telón de fondo rosa, pero él no piensa que podamos meter a más de cincuenta personas dentro y yo pensaba en unas trescientas. ¿Qué les parecería casarse en el parque? Podría hacer frío, pero podrían ir a la ceremonia conduciendo un carruaje de caballos. ¿Cómo se sentirían con llevar coronas de boda a juego?
-Isabelle.
Magnus no podía parar de reírse. Esta Isabelle… –pensaba- Sin duda no se parece nada a su hermano… pss… Lightwoods. Magnus se imaginaba a Alec como un tomate y a él en un carruaje de caballos llegando al parque con trescientas personas esperándolos. Sin duda a Alec le daría un ataque –seguía pensando.
Empezó a leer la siguiente. Esa era de Jace.
Querido Alec:
Como tu mejor amigo y parabatai, me siento ofendido que no me hayas pedido ser tu padrino en la boda. Et tu, brutus.
-Jace.
Alec, realmente se ha enfadado. No se ha lavado el pelo en 3 días.
-Clary
Magnus se iba a morir de la risa. A lo mejo de verdad al llegar de sus vacaciones tenían una boda montada. Nefilims idiotas.. –susurraba Magnus con cariño.
Este fue a sentarse en una de las esquinas de la cama. Ahora tenía una nueva afición: observar a Alec dormir. Durmiendo, Alec tenía una carita tan dulce y vulnerable que adoraba ver.
De repente sonó el móvil de Alec desde el bolsillo de sus vaqueros. Alec lo cogió, aún con los ojos medio cerrados. Se trataba de Isabelle.
-¿Izzy? –dijo Alec. Isabelle le respondió, o eso creía Magnus pues Alec pegó un bote y dio tal impulso para incorporarse que hasta se calló de la cama.
-¿Alec…? –Magnus se quedó flipando. Magnus escuchaba a Isabelle riéndose a carcajadas desde el móvil que estaba en la cama. Magnus lo cogió.
-¿Isabelle eres tú? –preguntó Magnus con miedo pues podía ser la madre de Alec y no es que tuviera muchas ganas de hablar con ella.
-Sip. –respondió Isabelle feliz desde el instituto.
-¿Se puede saber que has dicho para que Alec se caiga de la cama? –Magnus puso una mano en el auricular del teléfono para que no escuchara- ¿Alec estás bien?
-¡Era mi madre! –gritó Alec que estaba completamente rojo. Este se daba un masaje en la rodilla, se había hecho daño.
-No.. es tu hermana. –Magnus volvió a hablar por el móvil- Por cierto querida Isabelle, espero que cuando volvamos de nuestro viaje no nos espere un carruaje de caballos que nos lleve al parque. Quedas avisada. Se pone tu hermano.
-¿De qué hablas…? –Magnus le pasó el teléfono a Alec que volvió a tumbarse como antes- Isabelle no estoy loco…la que estaba al teléfono era mamá ¿verdad?
-JAJAJAJAJ –Isabelle se reía como una loca- ¿Que tal vuestra luna de miel, parejita? Qué bueno, nunca creí que mamá diría una cosa como esa…
-Vale, ya lo entiendo.. –murmurró Magnus que se había acercado al móvil en ese momento para escuchar.
Al acabar la conversación con Isabelle, Magnus le acarició el pelo a Alec.
-¿Que te has puesto? –preguntó Alec que se acababa de dar cuenta de que Magnus llevaba una capa veneciana que le quedaba enorme. Allí estaba observándole, con el pelo negro, con las puntas teñidas cada una de un color diferente y esos ojos verdes y grandes que nunca se cansaría de mirar. Ese día había decidido pintarse los ojos de color negro
y los labios de morado. Bastante fuerte el color de los labios. Alec sintió un vuelco en el corazón. A pesar del color que había elegido, los labios morados le parecíanun color muy agradable.
-¿No te gusta mi nuevo modelo? –preguntó Magnus- Esta es la típica ropa de Venecia. –Magnus cogió un sombrero gondolero que había puesto en la mesita de al lado de la cama y se lo puso en la cabeza.
-Te pareces al fantasma de la Opera. –musitó Alec divertido.
Estos dos fueron a parar donde estaban las góndolas. Observaban a la gente, les sorprendía la cantidad de hindúes y japoneses que tomaban las góndolas.
-Alec. ¿Vamos? –Magnus guiñó a Alec.
Y allí estaban. Magnus pagó una gran cantidad de dinero para que cruzaran de principio a fin el Gran Canal en góndola. Para Magnus el dinero nunca fue un problema.
-Guau, es sorprendente ver que la M30 veneciana esta echa de agua. –comentó Alec sorprendido.
-Si bueno, este canal es muy grande. ¿Sabes que forma una ese en el centro de la ciudad? –Alec no respondió. Intuía que Magnus sabía que la respuesta a esa pregunta era no. Simplemente Alec no quería saber ninguna historia sobre Italia, Venecia o donde estuviese. Quería saber más sobre él.
El gondolero que los llevaba empezó a soltar una cancioncilla. Magnus miró a Alec, este sonreía. Cuando Alec se fijó que Magnus le estaba mirando fijamente este le acaricio la mejilla y le besó. Tras el beso se quedaron mirándose. Alec no soportó más y le besó, con todo lo que tenía dentro.
El gondolero los dejo en la parada de la Piazza San Marcos.
Estaban en la entrada de la dársena donde llamaba la atención las columnas mellizas con San Teodoro y el León alado de Venecia las cuales actuaban como recepcionistas de un lugar fascinante.
A Alec la Piazza le parecía un lugar poderoso y atrayente. Un lugar que transmitía grandeza. Él junto a Magnus estuvieron echando fotos por todo su recorrido.
Lo demás que estuvieron haciendo fue subir y bajar puentes mientras le echaban un vistazo a las capillas y dar un largo paseo por el barrio judío.
A Magnus le atrajo un puesto que había en uno de los puentes. Estuvieron mirando y al final Magnus compró una de las máscaras que utilizan en el carnaval que estaba basado en el teatro de la Vida.
Sin duda –pensaba Alec – el Fantasma de la Ópera.
Después de vistar todo aquello volvieron al hotel. Allí Alec contestó la postal mientras Magnus cantaba en la ducha.
Isabelle se ha vuelto loca… -pero loca de verdad –pensaba.
Empezó a escribir:
Jace,
¡No hay boda alguna! ¡Para a Isabelle! Siéntate encima de ella si tienes que hacerlo. Solo detenla de lo que sea que esté haciendo o no podré volver nunca a casa.
-Alec
Puesto que Alec había descansado un rato al mediodía no tenía sueño y Magnus no dudo en pensarlo, pensó en un plan. Se hizo como si estuviera cansado e hizo que Alec se acostara con él. Alec estaba cogiendo el pijama cuando Magnus lo rodeó por sorpresa y lo empujó a la cama. Alec estaba en camiseta y jeans. Magnus estaba vestido con una camiseta morada, unos pantalones de cuero y unas botas altas. Magnus agarró el dobladillo de la camisa de Alec tirando hacia arriba sobre su cabeza y lo arrojó detrás de él. A Magnus le encantaba verle los músculos bien definidos en una piel llena de cicatrices.
Magnus acarició su pelo retirándolo de la cara y lo tumbó en la cama. Magnus empezó a bersarle por el pecho y siguió por el abdomen. Alec presionó la cara contra almohada. Miro suplicante hacia Magnus que se inclinó para besarlo. Besó sus labios, sus mejillas, su nariz, su frente, la oreja, haciendo que Alec se tranquilizase. Fue una noche en el paraíso.
