DISCLAIMER: Todo lo reconocible en este fic le pertenece a J.K. Rowling. El resto es mío y de la chica que propuso esta idea.
Cuatro.
«A la medida como dos aguas del mismo rio».
A la medida – Ricardo Arjona.
Luego de la boda, el shock (de Hermione) por el beso, el brindis y la socialización con los vecinos y conocidos de mi nueva esposa, tuve que decirle que debía irme a casa de mi amigo para recoger la ropa que tendría conmigo durante los meses siguientes. Blaise había ido vestido con un traje menos caro de los que acostumbraba usar, pero no había podido evitar llegar en su llamativo automóvil, del que le había dicho a Ginny Weasley —con quien acabó coqueteando el resto de la velada— que todavía estaba pagándolo; por lo que ambos, una vez terminado todo, nos marchamos sin dar tregua a que nos hicieran preguntas.
Estaba seguro de que Hermione tendría demasiadas dudas respecto de mí (y de Blaise, para el caso), las cuales me encargaría de contestar una vez regresara en el modesto pickup que él mismo me había rentado, en el que además cargaría una maleta que no se parecía en nada a aquella por la que había llegado a ese lugar.
Ambos nos habíamos asegurado de empacar ropa igual que la que había usado en el primer encuentro que había tenido con ella, como también algunos monos de trabajo que pensamos que podría utilizar en alguna ocasión. Hermione me había dicho que no tendría voz ni voto en su propiedad, pero ambos estábamos convencidos de que en algún momento necesitaría de mi ayuda para cualquier cosa (la cual le prestaría sin problemas porque era mi deber como esposo), aunque no negábamos también que parecía ser una mujer de carácter, el suficiente como para sacar adelante lo que sus padres le habían heredado y para dejarme bastante claro que esto que teníamos era solo un trato.
Como si tuviera que repetírmelo.
Lo más irónico del asunto es que tuve que tratar (nuevamente) de convencer a Blaise y a mí mismo de que las razones por las que me instalaría en aquel sitio no eran otras que poder recuperar el collar de Astoria y terminar con la confusión que eso había ocasionado, pero cuando él me había preguntado por el beso de la boda solo le había dado largas, pues ni yo mismo entendía lo que me había llevado a actuar de aquella forma. Supongo que puedo decir que fue un impulso del momento y ese tipo de cosas no tienen una explicación racional, o por lo menos, no una convincente; el altruismo no era algo que se me diera muy bien, además, Hermione Granger no parecía una damisela que necesitara ser rescatada y yo era cualquier cosa menos un príncipe azul de blanco corcel.
Conduje solo durante un largo camino en el que pude razonar (porque conducir en soledad te sirve para pensar hasta en lo que no quieres) y una vez estuve de nuevo en la entrada de la hacienda, fui consciente de que quizás las razones que le expuse a Blaise habían sido mi primera motivación para emprender esta locura, pero, ahora mismo, estaba convencido de que todo iba más allá de resolver una encrucijada, pues aunque era obvio que quería recuperar mis pertenencias, y principalmente el collar, cada momento que pasaba cerca de Hermione Granger hacía que en mi interior creciera una pulsión incesante de querer conocer y ganarme la confianza de la mujer cuyos ojos tenaces no parecían querer ponérmelo fácil.
—Estaba pensando que ya te habías echado para atrás. Tardaste demasiado en volver —me dijo Hermione cuando recorrí el pasillo de la casa para encontrarla sentada en la sala y sin más compañía que el silencio de la hora de los arreboles.
De la novia de horas atrás, cuyo vestido rosa pálido le venía espléndidamente, no quedaba rastro alguno y en cambio, una mujer de ceño fruncido y rostro desconfiado me miraba como pidiéndome una explicación. Mi esposa era del tipo mandón como había predicho Blaise, y eso que este era solo un matrimonio conveniente. No quería imaginar lo que sucedería si hubiera sentimientos de por medio.
—¿Por qué? ¿Tan rápido empezaste a extrañarme? —contesté sonriendo ladinamente. Sabía que me había dicho que no podía tomarme atribuciones, pero si íbamos a permanecer juntos durante seis meses, ella tenía que ser consciente de que al menos debíamos hacer un esfuerzo por llevarnos bien y por tratar de alivianar las cosas.
—Te estoy esperando porque tengo que decirte dónde vas a dormir —espetó, ignorando mi comentario jocoso, lo cual me divirtió mucho más. Aunque era una mujer de coraza dura, parecía conseguir afectarla si me lo proponía, a pesar de que todavía no supiera si era una buena o una mala señal—. A menos que desees quedarte aquí afuera.
—Claro que no, ¿dónde dormiré?
—Sígueme —dijo levantándose del sillón, sin mirarme, y conduciéndome por el pasillo hasta una habitación cuya puerta estaba abierta.
En el interior se podía observar una cama doble de sábanas blancas, en cuyo lado derecho había una mesita de noche de madera desgastada por el paso del tiempo en la que descansaba un pequeño jarrón con una única flor artificial que parecía llevar años allí. De igual manera, pegada de la pared derecha había una cómoda cuyos cajones estaban abiertos, al parecer esperando por mi ropa, y seguido de esta estaba el sencillo baño privado en el que me había advertido no habría agua caliente desde las cinco de la tarde todos los días.
»Espero que sea suficiente para ti —agregó y pude leer sarcasmo en sus palabras.
¿Acaso sospechaba algo acerca de mi verdadera procedencia? Aunque por un momento me había sembrado la duda, estaba convencido de que no era así, pues de haberlo sabido no hubiera dudado en desenmascararme antes de pisar el primer adoquín de la entrada de su casa. Hermione Granger parecía ir directo al grano siempre.
—Sí, todo está perfecto —contesté dejando mi maleta en el suelo.
—Bien, eso es todo —concluyó saliendo de la habitación—. Ah y que te quede claro que no me gusta que me molesten en la noche. Si necesitas algo, a menos que estés muriendo, en cuyo caso no habrá más remedio que buscarme, deberás esperar hasta mañana.
—Entendido —dije, pero antes de que pudiera agregar algo más, salió de allí dejándome con la palabra en la boca.
Así era ella y yo solo tenía que empezar a acostumbrarme a su humor ácido en algunas ocasiones, o inexistente la mayoría de las veces.
Luego de que se fuera, me detuve a observar mí alrededor un momento, detallando el lugar en el que me encontraba que no se parecía en nada a la lujosa habitación que había estado ocupando solo un día antes, y no pude evitar sonreír con algo de diversión ante el contraste, justo antes de arrojarme de espaldas sobre la cama.
Aquella no había sido la bienvenida que esperaba, pero era la única que tendía, así que más me valía tomármelo con calma si no quería que me pillara desprevenido antes de tiempo cuando los seis meses más inciertos, pero intrigantes de mi vida recién empezaban.
Y como lo había imaginado, la convivencia con mi nueva esposa se había convertido en todo un reto entre las miradas desconfiadas de Hagrid —que estaba al pendiente de cada uno de mis movimientos igual que lo estaría un padre celoso con el esposo de su hija— y las constantes pruebas que Hermione parecía ponerme como esperando a que me equivocara y le diera razones para echarme de su casa. Más que un trato de común acuerdo, aquello parecía una prueba de supervivencia que una tarde, luego de casi dos meses de un tira y afloje igual (en el que no hubo nada memorable que mencionar), por fin me vi capaz de superar, o al menos de avanzar unos pasos gracias a la ayuda de la providencia divina.
O quizás del destino.
Esa tarde, varios hombres vestidos con costosos trajes, portafolios y lentes oscuros arribaron a la hacienda en busca de Hermione, quien en ese momento se encontraba en compañía de Hagrid discutiendo sobre el nuevo cercado que debían construir para reemplazar el que daba contra la carretera, y que, una vez se percató de su presencia, se sobresaltó de inmediato.
Probablemente eran gente del banco al que le debía dinero y estaba convencido de que venían a darle una especie de ultimátum, que, por lo que había averiguado Blaise, a ese momento tampoco sería el primero.
—Señorita Granger —dijo el más alto, con voz pausada. No estaba tan cerca de ellos, pero podía escuchar perfectamente su conversación y no porque estuviera espiando a Hermione sino porque prefería estar lo más cerca posible de ella por si decidía deshacerse de mi cuando durmiera o alguna de esas cosas que son cada vez más comunes en el mundo—, volvemos a vernos en desafortunadas circunstancias.
—¿Qué quieren? —preguntó Hagrid a la defensiva y sin una pizca de cortesía. Él sabía bien que con ese tipo de gente no funcionaba la cordialidad.
—Señorita Granger —pronunció el hombre, dejando en claro que había ido a hablar con ella y no con sus empleados—, creo que ya lo sabe. Ya casi se vence el nuevo plazo otorgado por el banco y el acuerdo de pago sigue sin ser cancelado.
Efectivamente, no era la primera vez que venían a cobrarle.
—Pero todavía no ha llegado la fecha, así que no veo que sea necesario que vengan hasta aquí a recordármelo cuando en ningún momento he dicho que no voy a pagarles —respondió ella, y pude ver que asumió una postura rígida. Suponía que todo lo relacionado con la deuda de su casa lograban ponerla de malas.
—Parece que no lo ha entendido, señorita Granger, el banco no puede esperarla hasta que usted decida cumplir —agregó el hombre y pude leer la amenaza implícita en sus palabras, mientras los demás solo parecían inspeccionar los alrededores de la propiedad como si ya tuvieran planes para ellos.
Bastardos.
Había decidido permanecer en las sombras, pero luego de escuchar aquellas últimas palabras supe que era hora de aparecer al ver la creciente tensión en Hermione y en Hagrid que parecía que no se podría contener por más tiempo.
Definitivamente lo suyo no era la diplomacia.
—Me parece que la dama le ha dicho que va a pagar en la fecha estipulada —dije, acercándome al grupo y más específicamente a Hermione para hacerle sentir que estaba con ella.
—¿Y usted es? —preguntó el hombre, despectivamente y mirándome sin disimulo de pies a cabeza.
—El esposo de la señora aquí presente —contesté, colocando un brazo sobre el hombro de Hermione, que extrañamente, no se molestó por el contacto—, y es señora Malfoy, si no le importa —señalé con el mismo tono amenazante que él había utilizado con ella. No habíamos acordado que llevaría mi apellido y estaba convencido de que no era algo que estuviera dispuesta a hacer, pero en la circunstancia actual ninguno se había detenido a charlar sobre aquellos pormenores y tampoco era como que ella hubiera demostrado estar en desacuerdo con que la llamara señora Malfoy en ese momento.
»Y si no es otro el asunto que les atañe ahora mismo, me temo que deberé pedirles que se retiren de la propiedad —concluí poniendo cara de pocos amigos (algo que por cierto, se me daba muy bien) y sin darles tregua de decir algo más, aunque todavía permanecieron sin moverse de su sitio como esperando a que Hermione desmintiera algo de lo que yo acababa de decirles.
Pero ella no lo hizo, y en cambio, terminó por corroborar la solicitud que les había hecho.
—Ya lo oyeron —agregó—. Hagrid, ¿puedes acompañar a los señores hasta la salida?
—Volveremos a vernos, señora Malfoy —dijo el hombre, haciendo énfasis en el apellido y una nueva amenaza quedó flotando en el aire, antes de que todos empezaran a caminar hasta la salida.
Todos, excepto una mujer algo excéntrica, en la que ninguno de los dos no había reparado antes porque era de estatura baja y porque se había camuflado entre el resto de personas que estuvieron presentes en la diligencia, pero que no dijeron una sola palabra.
La mujer, cuyo cabello castaño corto terminaba en puntas de color azul eléctrico que combinaban con su atuendo de un azul más claro, sonreía con simpatía mientras daba vueltas a una piruleta en su boca.
—Disculpe, ¿hay algo más en lo que pueda ayudarle? —preguntó Hermione con algo de fastidio al ver la actitud relajada de la mujer que no había dejado de observarnos interactuar.
—Al fin nos encontramos, Hermione —dijo, acercándose a ella para darle un efusivo abrazo y para luego saludarme de la misma manera—. Es un placer verte, bueno, es un placer verlos a ambos.
Vi que Hermione, confundida como estaba, encontró aún más irritante el gesto de la desconocida y quizás el hecho de que yo tampoco hubiera dicho nada al respecto. No la entendía, ¿podía o no podía interferir en sus asuntos?
—¿Nos conocemos? —preguntó de manera un poco hostil.
—Tú no me conoces, pero yo a ti sí. No luces tan diferente de las fotos de cuando eras niña.
—Disculpe, pero no estamos entendiendo nada —agregué, esperando a que Hermione me riñera o me dijera alguna cosa como que era ella quien debía preguntar; sin embargo, aquello no sucedió.
La mujer, viendo el desconcierto que reinaba en el ambiente, sonrió, se sacó la piruleta de la boca y tendiendo su mano hacia Hermione, se presentó. —¡Es cierto, qué tonta soy! Tú no me has visto jamás —exclamó—. Soy Nymphadora Tonks, la abogada de tu tío, el señor Remus John Lupin.
Esperé cualquier cosa menos encontrarme con la persona a la que había estado queriendo ver con tantas ansias en una situación que podría decirse desafortunada.
Nymphadora Tonks, «Tonks» como había pedido que la llamáramos, era cualquier cosa menos el abogado estirado que había imaginado, porque, por supuesto, había estado pensado que la persona a la que tendría que convencer acerca de la veracidad de mi matrimonio sería implacable y luciría como los hombres que acababan de irse de la propiedad; pero a pesar de eso, su sola presencia me asustaba, principalmente por el hecho de que se notaba que esta mujer, que era toda simpatía y amabilidad, también era bastante observadora y en cualquier momento podía agarrarnos en la mentira garrafal que habíamos montado.
Me detuve a razonar sobre la manera en que debía empezar a comportarme desde ese momento y lo primero en lo que reparé fue en que Draco, que debería estar instalado en mi habitación como mandaba la ley natural de los matrimonios, ocupaba el único cuarto de huéspedes disponible de la casa.
¿Cómo demonios no lo había previsto antes? Quizás porque había creído que la llegada de la abogada se postergaría a pesar de la urgencia que tenía de verla, o tal vez porque, aunque me costara aceptarlo, no me gustaba para nada la idea de estar en la misma habitación que un hombre que no conocía, pero que para colmo de males, y para deleite de Ginny (aunque nunca se lo dijera), estaba condenadamente bueno.
—¿Te parece si entramos a la casa? Muero de sed y el viaje que me dejó rendida —dijo Tonks volviendo a poner la piruleta en su boca.
¿Cómo demonios no quería de tener sed si seguía comiendo su golosina?
—Por supuesto, entremos a la casa —respondí dirigiéndole una mirada a Draco, que notó que quería decirle algo.
Supongo que pensó que iba a indicarle que llevara las maletas de Tonks dentro de la casa porque se ofreció para hacerlo en vista de que Hagrid se había marchado. No obstante, pude ver que comprendió de inmediato el verdadero mensaje que estaba enviándole y la razón de la alarma en mis ojos: sus propias cosas ocupaban el cuarto donde se suponía que se hospedaría la recién llegada, a quien no le parecería menos que extraño que el esposo y señor de la casa durmiera en una habitación diferente a la de su mujer.
No podíamos empezar tan mal.
—Preciosa, ¿por qué no le enseñas la casa a la licenciada Tonks mientras pongo su maleta en el cuarto de huéspedes? —dijo Draco, con total naturalidad y como si no me incomodara sobremanera su repentino trato empalagoso.
Tuve que tragarme todo lo que estaba sintiendo. No iba a ser yo quien mandara las cosas a la mierda.
Asentí.
—Tonks a secas, Draco —respondió ella, sonriendo y fijándose en nuestro intercambio de miradas—. El título se lo dejamos a las diligencias aburridas que debo adelantar en mi trabajo.
—Bien, Tonks, Hermione te enseñará la casa mientras pongo tus cosas en la habitación, ¿verdad, cariño? —insistió Draco, levantando el equipaje.
Volví a asentir, viéndome incapaz de hacer algo diferente en pro de la magistral actuación de mi marido.
—¿Cuánto tiempo dicen que llevan de matrimonio? —lanzó Tonks de repente, haciéndome sobresaltar.
Habían empezado las pruebas.
—Unos meses nada más, pero lo suficiente para saber que nos amamos mucho —me auxilió Draco, dirigiéndome una de esas miradas que hacían que me sintiera expuesta; una de esas miradas que había tenido para mí, casi desde que nos habíamos conocido dos meses atrás.
»Ya sabes, fue una de esas cosas inevitables que suceden cuando dos personas se conocen y en poco tiempo se dan cuenta de que son el uno para el otro —continuó mirándome de la misma forma que antes y consiguiendo que me sonrojara hasta los cimientos. Era una cursilería de esas que salían directamente de la televisión, lo sabía, pero esperaba fervientemente que funcionara—. Hermione es… la mujer perfecta para mí.
—Claro que no soy perfecta —contesté por fin, tratando de sonar tan empalagosa como él.
—Lo eres para mí. —Draco me guiñó un ojo de manera coqueta.
¡Qué descarado! ¿Cómo era que todo le salía tan creíble cuando yo parecía tener una soga apretándome la garganta? Maldecía por lo bajo porque mi esposo era todo sonrisas y cumplidos irritantes, mientras yo lucía igual de lívida y descompuesta que el cadáver de la novia.
—Se ven muy enamorados —apuntó Tonks sin dejar de ver las reacciones de ambos—, eso es maravilloso.
—Lo estamos, ¿verdad, preciosa? —lanzó Draco, dejando la maleta de Tonks a un lado y acercándose a mí para acariciar mi mentón y luego ponerme un brazo sobre los hombros.
—Lo estamos —corroboré tratando de sonreír, pero logrando en cambio una mueca más parecida a un dolor de muela.
Tonks no dejó de observarnos en ningún momento, pero pareció entender que ya era suficiente tortura para su primer día con nosotros y nos (me) dio un respiro.
—Bueno, ¿entonces me darás ese tour por tu casa, Hermione? —zanjó al fin.
—Claro, ven conmigo. —Respiré aliviada. La primera prueba había terminado y creo que habíamos salido bien librados por ahora.
Sin embargo, fue inevitable que pensara que, a pesar del comentario favorable, teníamos que trabajar mucho más, pues aunque el intercambio extraño que acababa de tener con Draco había sido muy convincente (además de mucho más de lo que hubiera esperado de alguien que no me conocía de nada) era solo el principio de un largo camino.
Definitivamente él era un actor y de los mejores.
Era yo quien debía mejorar mi puesta en escena.
Ya apareció la esperada abogada que no es otra que la maravillosa Tonks, ¿qué les pareció? Personalmente es uno de mis personajes favoritos y moría por ponerla.
Por otra parte, Draco sí que sabe interpretar bien su papel, aún más ahora que tendrá que dormir con ella, bueno, en la misma habitación de ella. ¿Qué creen que harán para resolverlo? Espero sinceramente que les esté gustando esta historia y que sigan acompañándome.
Gracias infinitas a: Yocelyn Estrada, Yaro Alex, lyrou, Candice Saint-Just, Effy0Stonem, AreRojasDH, CygnusDorado, sonrais777, Pauli Jean Malfoy, Sally ElizabethHR, Shalito94, ale24mc y a Nohemi Lara. Sus comentarios me dan vida.
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¡Un abrazo!
Gizz/Lyra.
