Al terminar de comer la joven se puso de pie y sacudió su hábito negro.
-Bueno… debemos volver al monasterio o el Hermano Francesco se preocupara. ¿Vamos? –dijo mientras le tendía la mano amigablemente a Itachi.
El joven de largos cabellos vaciló unos segundos pero finalmente tomo la mano de la monja y ella lo ayudo a ponerse de pie.
-¿Es necesario regresar? –pregunto desanimado.
-Caminaremos un poco por el bosque y después regresaremos. Veo que no te gusta estar encerrado. –respondió sin perder esa inocente sonrisa la joven monja.
Itachi solo le dirigió una fría mirada y comenzó a caminar. Clara lo vio alejarse y suspiro un poco desanimada. La pobre joven trataba de ser amigable pero el muchacho no parecía ser un experto en expresar sus emociones, Clara solo lo miro y volvió a sonreír, ¿Quién sabia que penurias habría pasado? Además todos somos diferentes y eso, pensaba ella, enriquecía a la humanidad.
-¡Espérame Itachi! –exclamo al ver que el joven se marchaba sin ella.
La joven corrió y lo alcanzo, con dulzura se prendió del brazo del Uchiha y sonrío alegre, como una niña cuando obtiene un regalo de su padre.
-¿Por qué te tardaste? –pregunto fríamente el Ninja.
-Es… que… estaba pensando. –respondió dulcemente.
Itachi Uchiha solo se dedico a mirar extrañado a la chica. ¿Qué tenia? ¿Porque siempre estaba feliz? ¿Por qué siempre le sonreía sin importar que él le contestara mal o la tratara con frialdad? ¿Quién era?
Los dos, la monja y el muchacho de cabello largo, caminaron por el bosque, el Uchiha observaba cuidadosamente cada árbol, cada hierba, cada flor. Pero nada. Ni un recuerdo.
En ese momento Itachi, falto de reflejos, y sin quererlo piso sus ropas largas y cayó al suelo llevándose con el a la chica de ojos azules; quien al no tener control de su cuerpo en la caída cayó sobre el muchacho de ojos azabaches.
-¡Ay! –exclamo completamente sonrojada el verse encima del Uchiha y a una corta distancia de su inmutable rostro.
Itachi solo le dedico una mirada fría y muy seria, pero la chica quedo pasmada, dura, sin poder moverse. Al ver que la monja no reaccionaba Itachi hablo seriamente:
-¿Podrías moverte? Estás algo pesada. –claramente la delicadeza no era un rasgo de los Uchiha.
La pobre chica se sonrojo hasta las orejas y de un salto se sentó sobre la hierba, sin perder su sonrojo.
-Perdona, no quise caer sobre ti. –comento completamente avergonzada, pero entonces cayó en la cuenta de la heridas del muchacho y exclamo. – ¡Tus heridas! ¿Estás bien? –pregunto preocupada.
Itachi se enderezo y se sentó sobre la hierba y clavo su mirada sobre la sonrojada chica, quien se obligo a si misma a mirar hacia un costado.
-Estoy bien. –dijo finalmente el joven de larga cabellera.
-¿Seguro? –pregunto. –Es que te caíste… y me preocupe… creí que te sentías mal… y…
-Estoy bien. –la interrumpió el Uchiha.
-Pero…. –remato la joven.
-No te preocupes tanto. –opino Itachi sin perder su seriedad.
-Eh… bueno… –bajo su cabeza modestamente la monja.
Itachi la miro fijamente y después desvío su mirada hacia un costado. La chica frunció el ceño de forma triste. No había forma de caerle bien al muchacho. Se sintió avergonzada, debido a que nunca en su vida su corazón había latido de esa forma. El aroma del Uchiha era especial, jamás sentido por ella, tampoco había visto una mirada tan profunda. Creyó que esa mirada la penetraba y era capaz de leer su alma.
En ese instante, en el cual la hermosa monja y su acompañante se encontraban sentados sobre la hierba sin emitir ningún sonido, apareció un monje, de largo hábito color café, y con sus pies descalzos, seguido de una manada de lobos y en su hombro derecho una paloma blanca se posaba.
-¿Qué están haciendo? –pregunto dulcemente.
-¡Hermano Francesco! –exclamo Itachi.
-¡Padre! –exclamo sonrojada la chica y se puso de un salto.
-¿Padre? –pregunto curioso el joven Uchiha.
-Si, soy su padre espiritual. –sonrío dulcemente el monje.
-¿Sabe que tiene una paloma sobre su hombro? Y ¿Por qué lo siguen todos esos lobos? –pregunto Itachi sin perder su "cara de póker".
El Hermano Francesco soltó una carcajada jocosa y divertida.
-Itachi… lo se. Es que yo siempre vengo al bosque a predicar. Yo tengo la convicción de que los animales también merecen escuchar la palabra de Dios. –respondió sonriente.
-Pero son animales. Ellos no hablan con los humanos. –remato el joven Uchiha.
-Oh… si… ellos me entienden. –le guiño el ojo en forma cómplice el alegre monje.
Itachi lo miro con cara de pocos amigos. A lo que Clara agrego:
-Es verdad Itachi. Los animales siempre le prestan atención al Hermano Francesco. Yo a veces suelo acompañarlo y escuchar su palabra. –dijo dulcemente la joven.
-Lo que me recuerda. –comento Francesco mientras acariciaba a la blanca paloma. –No respondieron mi pregunta. ¿Qué hacen aquí? –pregunto con un tono paternal.
Itachi solo suspiro y Clara se sonrojo hasta las orejas, aunque con la capucha del hábito no podían verse.
-¡Nada! Le estaba mostrando a Itachi el bosque para ver si recordaba algo y... –respondió apresurada la joven religiosa.
-Tranquila Clara. Solo preguntaba. –sonrío alegre el monje franciscano.
-Ss…si. –respondió tímidamente la monja.
-Ya está atardeciendo. ¿Qué dicen si regresamos los tres juntos? –pregunto el Hermano Francesco. Al decir eso los lobos continuaron su camino y la paloma blanca tomo vuelo.
Itachi lo miro sorprendido, los animales parecían obedecer al monje. Clara solo sonrío y volvió a bajar su cabeza tímidamente.
-Si, regresemos. Ya falta poco para que anochezca. –comento Clara.
-Volvamos los tres juntos. Itachi ¿Cómo están tus heridas? –pregunto amablemente Francesco mientras los tres caminaban lentamente por el bosque.
-Están bien. La Hermana Clara es una excelente doctora. –respondió fríamente Itachi.
-Oh… eso es excelente. Me alegro al escucharlo. –dijo de forma paternal el monje.
-Gracias. –murmuro el joven Uchiha y miro fijamente a Clara. La joven religiosa se sonrojo nuevamente y volvió a sonreír dulcemente.
-Me alegra haberte ayudado. –dijo con gentileza.
El monje observo con ternura a los dos jóvenes, sus miradas y las actitudes que tenían al comportarse cuando estaba cerca. Francesco era un hombre sabio y presintió un buen presagio acerca de todo esto.
Al llegar al monasterio Francesco se dio media vuelta y con cortesía le hablo a Itachi.
-Joven Itachi ¿No te molestaría acompañar a Clara? Hoy me encuentro algo cansado y necesito descansar. –dijo sin perder esa amabilidad que lo caracterizaba.
El joven Ninja lo miro sin inmutar su expresión y asintió con un movimiento de su cabeza.
-Claro. Acompañare a la hermana a su convento. –respondió prudentemente Itachi.
Clara se sonrojo y sonrió dulcemente ante la amabilidad del Uchiha.
-Gracias Itachi. Eres muy amable. –comento dulcemente Clara.
-No es nada. Vámonos. –respondió Itachi mientras tomaba de los hombros a la joven religiosa.
-Ahh… sii…. ¡Hasta mañana Hermano Francesco! –saludo enérgica la monja.
-Hasta mañana. Cuídate mucho Clara. –correspondió el saludo el amable monje con una sonrisa en su rostro. "Cuida de ella Itachi, si supieras que llevas un tesoro en tus manos" –pensó para si Francesco.
Clara e Itachi caminaban lentamente por las calles. La monja iba jugueteando con sus manos mientras que el joven Ninja observaba con sumo cuidado todo a su alrededor. Y nada, ni un solo recuerdo venía a su mente.
La joven religiosa miro de reojo a su acompañante y suspiro tristemente.
-Itachi… ¿Te sientes bien? –pregunto preocupada.
El Ninja giro levemente su cabeza y clavo su mirada en la humilde muchacha.
-Si. ¿Por qué lo preguntas? –devolvió su respuesta con otra pregunta.
-Porque estás muy distraído. ¿Acaso no te agrado? –pregunto tristemente la monja e Itachi pudo jurar que la chica estaba a punto de llorar. Debido a que ocultaba su rostro y sollozaba en silencio.
Con mucho esfuerzo Itachi sonrío y tomo el rostro de la monja entre sus manos.
-Salvaste mi vida y además te ocupas de mí y de mis heridas. ¿Cómo podría no agradarme? –dijo amablemente.
Clara sonrío ampliamente al ver la sonrisa de Itachi y se sonrojo al sentir las cálidas manos del Ninja limpiar sus lágrimas con la yema de sus dedos.
-Me alegra saber que te agrado. Estaba preocupada. –sonrío dulcemente la joven.
-No tienes que preocuparte por eso. –correspondió la sonrisa Itachi.
Clara levanto la vista y vio que ya habían llegado al convento. Lentamente se apoyo sobre la puerta y le sonrío al joven Itachi.
-Bueno… ya hemos llegado. Te veré mañana ¿si? –pregunto dulcemente la chica.
-Si, mis heridas todavía necesitan que las mires. –respondió seriamente Itachi.
Clara bajo su mirada y sonrió tristemente.
-Lo sé. Nos veremos mañana. –dijo la joven y al mismo tiempo abrió la puerta y entro al convento.
Itachi suspiro pesadamente y se alejo del lugar. Camino sin rumbo hacia el bosque. Todavía no había anochecido y no tenia ganas de volver al monasterio. Pensativo el joven trataba de recordar pero sin éxito.
En ese instante la oscuridad cubrió el bosque y una hermosa y seductora mujer, de cabellera roja como la sangre, ojos verdes y piel extremadamente blanca, hizo su aparición. Vestida con un vestido escotado y con su pierna derecha descubierta la seductora mujer se acerco a Itachi. Quien se puso en guardia y frunció el ceño.
-¿Quién eres? –pregunto seriamente Itachi.
La mujer soltó una carcajada y al joven Ninja se le heló la sangre.
-Mi nombre es Lilith. Soy una hechicera y la consejera del Rey. Vengo a pedirte un favor. –respondió de forma astuta.
De manera seductora camino hasta Itachi y le acaricio el rostro.
-Yo puedo devolverte la memoria. Y puedo devolverte a donde perteneces. Pero claro, primero tendrías que hacer un trabajito para mí y para el Rey. –dijo de forma malvada.
Itachi frunció el ceño y se alejo unos pasos de la mujer.
-¿Qué quieres? ¿Qué pretendes? –pregunto confundido, el poder de aquella mujer estaba penetrando en su ser.
-Quiero que mates a Clara. –respondió con una amplia sonrisa maquiavélica.
Itachi abrió sus ojos de la sorpresa y camino hacia atrás.
-No… no lo haré. –se negó rotundamente.
-Oh claro que lo harás. Te daré un regalito primero. –dijo la hechicera. Un aura oscura comenzó a cubrirla y la mujer levanto su mano. En una lengua extraña recitó un hechizo y en cuestión de segundo Itachi recupero su memoria.
Los ojos del Ninja se abrieron de par en par.
-No puede ser. –murmuro asombrado.
-Si, si puede. He sido yo quien te trajo aquí. Para matar a Clara necesito a alguien que no sea de este mundo. Y tú, mi querido Itachi Uchiha, eres la respuesta. Si quieres regresar a donde perteneces tiene que entregarme el cadáver de Clara. Para que yo se lo lleve a mi rey Marcus, Rey de estás tierras. –dijo seductoramente la mujer.
Itachi exhalo un fuerte suspiro.
-¿Para que quieren a Clara muerta? Ella es una buena persona. Es una excelente mujer y una monja. –pregunto furioso el Ninja.
La hechicera sonrío burlonamente.
-Aww… así que la perrita esa, hija de Dios, te ha cautivado. –dijo en forma burlona Lilith.
-No se de que me hablas. –respondió furioso Itachi.
-Mira cariño, seré honesta. El Rey Marcus y yo queremos a la niña muerta. Los detalles no te incumben. Después de todo… tú eres un asesino. –dijo cruelmente Lilith.
En ese momento una luz divina inundo el bosque y rodeó a Itachi.
-¡Aléjate de él demonio impuro! –grito un monje.
-¡Francesco! –grito furiosa Lilith y se alejo, como un vampiro que ve la luz del sol.
-¡Demonio impuro! ¡No te atrevas a dañarlo! ¡Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos Señor Dios Nuestro! –exclamo enojado el monje Francesco, líder de los franciscanos.
La hechicera se cubrió con sus manos y se alejo todavía más de ellos.
-Nos veremos pronto, querido Itachi. –dijo y desapareció del lugar.
Mil disculpas por haberme tardado tanto! Prometo actualizar una vez por semana así no se pierde el hilo de la historia.
Bueno Clara e Itachi se están agradando, pero apareció Lilith, ¿Que tendrá que ver el Rey Marcus con Clara? ¿Porque la querrán muerta?
Bueno todo eso sabra más adelante, espero que me acompañen hasta el final ^.^
Hasta el proximo capitulo!
