Holaaa, personitas.

Saben, me he puesto a leer Damian de Hermann Hesse (ya lo terminé claro está) y pues que me ha enganchado bastante. No se los cuento sólo porque sí, en realidad quería que supieran qué es lo que me ha inspirado para escribir este capítulo porque, honestamente, me gustó mucho cómo quedó y siento que es debido a mis actuales lecturas.

En fin, para no hacer el cuento largo, nos leemos luego con más, no olviden dejarme su impresión de todo y los quiero.

Un abrazo y mucho love.


Se enderezó en la cama, agitada. Había tenido una pesadilla, o más bien un recuerdo que se terminó convirtiendo en pesadilla, eso era lo de menos. Parecía tan vívido que un último escalofrío le recorrió el cuerpo.

Se llevó las manos al rostro y dio un largo suspiro. En estos días los sueños se convertían en cosas desagradables sin poder evitarlo, lo peor del asunto es que ni siquiera era algo fantasioso, sabía que existía la posibilidad de que eso que tanto la atormentaba de noche sucediera en su mundo real.

Revisó el reloj en el celular, eran las tres y cuarto, todavía le quedaban dos horas para descansar, pero sabía que ya no podría hacerlo. Se dejó caer de nuevo sobre la almohada cubriéndose los ojos con el brazo. ¿Sería que algún día iba a poder recuperar su calma? No sabía cuánto tiempo tenía que estar lejos de Shizuru para conseguir dejarla marchar de forma definitiva, pero el tiempo pasaba y no parecía haber ningún progreso.

Dos semanas desde el cumpleaños de Nina y ni una sola llamada. Tampoco había conseguido toparse con ella, sus horarios y lugares no coincidían nunca. Lo único que podía agradecer de eso era que al menos así no tenía que verla en brazos de alguien más, no sabía si tendría el valor para comprobar que sus pesadillas se habían convertido en realidad.

Ahí, en la soledad de su habitación podía admitir con tranquilidad que… La quería. ¿Cómo no iba a hacerlo? Shizuru era una mujer excepcional, brillante en todos los sentidos, cariñosa y buena con todo el mundo. Era imposible no tomarle aprecio, ella nunca fue la excepción. Pero tenía que frenarlo, evitar encariñarse de más. Sobra decir que falló en eso, así que lo más sensato era ahuyentarla. Por supuesto, no consideró las proporciones que podían llegar a tener sus actos, no planeaba hacer que se fuera sólo quería que dejara de quererla; quizá por eso ahora la estaba pasando tan mal.

Sonó su despertador y lo apagó con apenas un movimiento. Tenía que seguir con su vida, enterrar el pasado tan hondo que no pudiera volver a salir, especialmente si se trataban de sentimientos.

Dejó que el agua de la regadera corriera por su cuerpo despejando su mente, un buen baño siempre lograba sosegar cualquier clase de preocupaciones y esta vez no fue la excepción. Logró recuperar algo de su aplomo, después de todo, una vez que estuvo fuera de casa ante la luz de un nuevo día todo se sintió más ligero. Como si lo peor sólo pudiera pasar de noche, y los malestares no tuvieran cabida en el mundo exterior. Había cosas más importantes en las que enfocarse, como la universidad a donde se dirigía en ese momento, con la mochila al hombro casi volando por la velocidad de la motocicleta, aunque se vio en la necesidad de reducirla al acercarse a un crucero donde al parecer se había producido un accidente, las luces rojo y azul de la policía se veían más adelante, conos de tránsito tapando la mitad de la carretera y la fila de autos era tan larga que tenían que ir a vuelta de rueda, a ese paso jamás llegaría a tiempo a sus clases. Decidió salirse por una tangente y buscar un atajo, no podía ser difícil encontrar otro camino, pero al parecer no fue la única con esa idea pues varias calles abajo estaban igual de abarrotadas que la principal.

Llegar a la universidad le costó más esfuerzo del que valía la pena, se sintió casi indignada cuando notó que sus maestros no asistieron ese día, así que sólo fue tiempo perdido, no pudo evitar pensar en lo mal que estaba resultando todo hoy, desde su inesperada pesadilla hasta sus clases suspendidas y ni siquiera podía irse sin autorización. Al menos Nao, que por costumbre se saltaba las clases cada tantos días, se la pasó haciéndole compañía y tratando de sacarle alguna que otra información sobre su repentina desaparición en la fiesta de Nina. Era algo de lo que todavía no quería hablar con nadie y hasta el momento la única que tenía una vaga idea era Mai, que por suerte, había dejado de preguntar con respecto a Shizuru. Tal vez por fin entendió que ya no podría contestar nada si se trataba de ella.

A pesar de todo, tenía tiempo sin ir al restaurante pues sus labores diarias no se lo permitían, llegaba tan cansada y con tan pocas ganas de seguir conviviendo con el resto del mundo que simplemente se iba a la cama, muchas veces sin cenar, aunque al final tampoco fuera capaz de conciliar el sueño y se dedicara a dar vueltas largo rato.

Dio un bostezo que terminó contagiando a su amiga y optó por recoger sus cosas e irse, qué más da si luego recibía un regaño, si sus maestros no pensaban hacer acto de presencia podía aprovechar el tiempo en otra cosa en lugar de quedarse dormida en el pupitre.

— ¿A dónde vamos?

Se llevó la mochila al hombro siendo seguida por Nao al salir al pasillo. Estaba desierto en esos momentos porque todos los demás se encontraban ocupados en sus respectivas aulas.

—No sé a dónde vas tú, yo iré a dar una vuelta.

— ¿No podemos ir juntas?

—Preferiría que no. No me lo tomes a mal, pero quiero estar sola ahora.

—Que aburrida —dijo abrazándola por la espalda haciendo que se detuviera—. ¿Estás segura de que vas a rechazar mi compañía? Conmigo cerca podrías conocer hombres interesantes, que por lo que veo te hacen mucha falta.

—Después de lo que pasó la última vez no me apetece, pero gracias.

Esperó a que se quitara de encima para continuar con su camino pero no parecía muy dispuesta a dejarla ir.

—Creo que nunca te lo he preguntado antes, pero te veo tan desinteresada hacia los hombres que me da curiosidad. ¿Te gustan las chicas?

La pregunta la tomó desprevenida y se quedó callada pensándolo. Ni ella misma se lo había preguntado porque no había hecho falta, es decir, había tenido algunos intereses amorosos, pero nada tan serio como para comenzar una relación, sin embargo, si consideraba el género de la única persona a la que quería de verdad… Se sonrojó. No podía darle una respuesta a Nao sobre ese asunto.

—No, o no lo sé.

—Has dudado bastante —dijo con voz cantarina, casi como una acusación.

Natsuki se alejó de su abrazo para proseguir su camino pero no respondió, principalmente porque no tenía nada que decir ni forma de defenderse y porque en el fondo sabía que reafirmarlo sería mentir, así que optó por irse con la burla de su amiga sobre los hombros.

Fue a la playa a pesar de quedar un poco lejos, a fin de cuentas tenía todavía un par de horas libres, suficiente para ir y venir sin llegar tarde al trabajo.

No había nadie en esos momentos y lo agradeció, aunque siendo sincera tampoco es que fuera a importarle mucho si hubiera estado repleto de gente. Se sacó los zapatos y comenzó a caminar descalza por la arena, lo bastante cerca del agua como para que sus pies terminaran empapados con cada nueva ola y su ropa permaneciera seca. Después de un rato se detuvo a sentarse en una roca en la orilla y quedó viendo el horizonte y la agitación del mar a lo lejos.

Era un lugar especial para ella, recordaba bien cuando lo visitó con Shizuru tiempo atrás, antes de que comenzaran a pelear, incluso antes de que entraran a la universidad cuando todas eran apenas un par de chiquillas. Claro, no era la única ocasión en la que habían ido, pero ninguna otra visita a esa playa podía compararse con la primera, especialmente si tomaba en cuenta que esa vez sólo fueron ellas dos.

Flashback.

Ese día el sol brillaba fuerte en lo alto y tenía tanta calor que no quiso salir de la protección de su sombrilla, aunque la hacía feliz saber que eso no parecía molestar a la chica a su lado quien disfrutaba de su paleta de hielo con total tranquilidad.

Apartó la vista para enfocarse de nuevo en el mar a lo lejos, el romper de las olas contra la costa a unas millas de ahí y unas cuantas lanchas a la distancia llenando el paisaje. Sonrió pensando lo cerca que estuvo de cancelar el viaje sólo por la temperatura, pero ya con el bikini puesto y el cabello recogido se sentía menos bochorno.

Dio un respingo cuando sintió algo frío en el hombro, al parecer Shizuru había dejado caer una gota de su paleta derretida en su piel y en lugar de parecer arrepentida sonreía, burlándose de su expresión de desconcierto.

— ¡Shizuru! Esto no se quedará así.

Apenas había terminado de pronunciar las palabras cuando su amiga trató de salir huyendo pero al estar sentada con las piernas flexionadas no logró levantarse a tiempo y consiguió atraparla entre sus brazos, aunque enseguida sufrió un cambio de color su rostro al darse cuenta que ese era todo su plan, en realidad no tenía ninguna venganza planeada y lo único que atinó hacer fue lamer su mejilla antes de soltarla.

Shizuru parecía desconcertada y no era para menos, ni ella se imaginó que haría algo así, sólo fue cosa del momento.

—Ara, eso fue muy impropio de ti, Nat.

Todavía no desaparecía el color carmín de sus mejillas de modo que no dijo nada. Vio de reojo la sonrisa complacida de su amiga y volvió a desviar la mirada.

—Déjame ponerte bloqueador —la escuchó decir.

No discutió cuando la hizo darse vuelta y recostarse boca abajo en la toalla con los brazos cruzados bajo la cabeza. Sintió algo de frío en cuanto el líquido cayó en su espalda, pero apretó los labios y disfrutó de la forma en la que las manos de Shizuru recorrieron su piel. Se permitió relajarse por completo hasta sentir algo húmedo y trató de levantarse sin éxito. Al parecer había lamido su hombro.

—Tú comenzaste —dijo a modo de excusa—. Y el helado se pondría pegajoso si no lo quitaba.

Se mordió el labio y asintió satisfecha con su explicación. La dejó continuar incluso cuando deslizó el nudo de su bañador. No supo bien cuánto tiempo duraron así, pero le pareció menor que un suspiro, sin embargo, la chica terminó y volvieron a sentarse una al lado de la otra como al principio. Conversaron de todo un poco hasta que el sol hubo bajado, sólo entonces se aventuraron a ir más cerca del mar y construir un castillo de arena con una cubeta que una niña les prestó. Colocaron un cangrejo a modo de príncipe y terminó destruyendo todo, aunque eso sólo les causo risa. El momento era casi mágico, como si nada pudiera enturbiar la paz que rebosaba en el ambiente flotando sobre ellas, ni siquiera eran conscientes de estar rodeadas de personas.

Al final del día se dedicaron a caminar por la orilla tan cerca que sus manos se rozaban cada tres pasos. En ese momento no pronunciaron una sola palabra, bastó con su mutua compañía y podría jurar que una vez de vuelta en el hotel se sentían mucho más cerca que antes. Ese era un instante que quedaría en su memoria como un recuerdo imborrable.

Fin del flashback.

Lo que daría por regresar a aquel tiempo donde todo era más sencillo, donde no tenía todavía conocimiento de sus sentimientos ni de los de su mejor amiga y sólo se dedicaban a pasar un buen rato, a veces atrapando cangrejos o sólo relajándose sobre una toalla.

A pesar de estar entrando en un estado de nostalgia se sentía menos asfixiante si estaba ahí y no en su casa hundiéndose bajo las sábanas. Se preguntaba en silencio si Shizuru no pensaría en esos recuerdos también, si no la extrañaría o si de pronto en sus días no la asaltaría una repentina necesidad de llamarla tal como le pasaba a ella. ¿La habría olvidado ya? ¿Acaso era la única atormentándose por la separación? Quizá sí, era imposible saberlo, no se lo diría por cuenta propia y no planeaba preguntarlo.

Casi como si estuvieran en sintonía, Shizuru también recordó aquella tarde de verano en la playa gracias a una película que veía en la televisión. Tenía poco de haber llegado de la universidad y decidió tomarse unos minutos para ella misma antes de comenzar con su trabajo pendiente. Había preparado una taza de té y se sentó en el sofá, apenas encendió la televisión la imagen de una playa apareció frente a sus ojos llevándola de nuevo a aquel día y no pudo apartar la vista, siguió observando hasta darse cuenta que conocía esa película, trataba de una chica que tiene la memoria estancada en cierto día y el chico se enamora de ella recordándole todos los días los nuevos acontecimientos de su vida mediante cintas de vídeo. Era hermosa, romántica y sobretodo muy triste, o quizá se lo parecía de esa forma por todas las complicaciones de la joven. Olvidar todos los días al amor de tu vida sería muy triste. A pesar de todos sus problemas actuales con la persona que amaba no le gustaría olvidar nunca sus momentos juntas, como precisamente, aquel día en la playa.

En realidad pensar en Natsuki le traía muchos conflictos, quería correr a sus brazos pero algo se lo impedía, era como si su amor siguiera ahí tan fuerte como siempre y al mismo tiempo sentía que no valía la pena expresarlo, que debía olvidarse de todo, que con Reito estaría mejor. Era como si quisiera obligarse a sí misma a amar al chico, y eso era injusto para todos, estaría mejor sola pero no entendía porque no podía decirle a él que no tenían esperanzas juntos, no era posible que a veces se sintiera en casa cuando estaba cerca. De modo que, como su cabeza era un desorden ahora mismo se limitaba a seguir el consejo de Reito y alejarse de Natsuki, quizás pronto podría superarla por completo y ya podría decidir con total libertad si estar con el joven era lo correcto, o por el contrario, estaría mejor sola.

Bebió de su taza y apagó el televisor, ya ni siquiera estaba prestando atención, sumida como estaba en sus pensamientos, tal vez en estos días pasaba más tiempo pérdida en ellos que en el mundo real, pero no podía evitarlo porque mientras no pudiera solucionar sus enredos no podría tomar ninguna decisión sobre su vida, aunque igual y esa decisión ya estaba tomada, después de todo, ¿no estaba alejándose premeditadamente de Natsuki? ¿No estaba dejándola de lado por su propio bien? Tuvo un segundo de arrepentimiento. Tomó su celular dispuesta a escuchar su voz una vez más, pensaba pedirle disculpas por todo lo que le había dicho y citarla a beber algo, como siempre habían hecho. Marcó el número, se lo sabía de memoria así que no tenía necesidad de buscarla entre sus contactos, esperó ansiosa a que respondiera, pero cuando escuchó su voz fue como si algo tirara de su voluntad, de su deseo de reconciliarse, ya no consideraba ese arrebato como una buena idea.

— ¿Shizuru? —oyó que preguntaba en la otra línea.

Sonaba el ruido del motor y cláxones en el fondo, supo de inmediato que le había contestado mientras conducía. No pudo evitar rodar los ojos, le advirtió tantas veces que nunca hiciera eso por lo peligroso que podía resultar y nunca entendió, al parecer. Suficiente había tenido con esos accidentes de la joven donde al verla con golpes y saber lo sucedido siempre sentía que se le salía el corazón del pecho.

—No deberías responder mientras conduces —dijo sin poder evitarlo.

Las palabras que más quería decir no salían de su boca pero al menos le daba cierta paz escuchar su voz, y la conocía tan bien que sabía que ahora portaba una sonrisa por culpa de su comentario. Su tono sólo se lo confirmó.

—Veo que todavía te preocupas por mi seguridad. Oye —comentó de pronto, como dudando—. Yo…

—Nat —la interrumpió. ¿Por qué no la dejó terminar?—. Sólo llamaba por… Nina, no me mandó su número, así que quería que me lo dieras tú.

Se frustró consigo misma por no poder ser sincera. ¿Por qué ahora era tan difícil algo que en el pasado se arreglaba de forma tan sencilla? Trató de nuevo, de remediar su error, de decir la verdadera razón de su llamada pero su boca no quiso obedecerla.

—Ya veo. —Sonaba decepcionada y eso la entristeció—. Te lo enviaré por mensaje.

—Gracias.

Las dos guardaron silencio un rato, seguía escuchando el sonido de la motocicleta y de los coches alrededor por lo que supo que seguía ahí, tal vez esperaban que la otra dijera algo y lo intentó, por tercera vez, y volvió a fallar. Tratar de reconciliarse era imposible, algo dentro de ella se revelaba contra la idea como perro guardián enseñando los dientes, enojado, con la mandíbula llena de espuma; así se lo imaginaba cada vez que pensaba en ello. Ese algo que nunca había existido ahora era lo único a lo que su conciencia parecía obedecer.

— ¿Necesitas algo más?

—No —Pero quédate aquí. Quería decirle.

No recordaba haber necesitado algo tan desesperadamente como necesitaba a Natsuki en esos momentos, tanto que pensó que sería capaz de implorar por su compañía.

—Ya veo, entonces adiós.

Adiós. No había algo más frío que eso, cualquier otra despedida podría considerarse como una promesa de reencuentro, pero no esa palabra que nunca era algo certero, bien podía ser que volvieran a hablar algún día o que no lo hicieran más. La segunda opción era más allegada a esa breve despedida y no estaba dispuesta a dejarlo así, porque sí, habían peleado y sí, todo estaba completamente mal ahora y quizá por eso su boca no se atrevía a decir las cosas que de verdad quería, pero no dejaría que se le escapara la última oportunidad de decirle que no era un final ni una despedida definitiva, aunque antes le hubiera asegurado que sí. Quedar como amigas estaba bien, era lo de menos, lo importante era quedar como algo.

—Hasta luego, Nat.

Lo consiguió y sonó casi con cariño. ¿Estaría dando un mensaje confuso, diciéndole un día que debían alejarse para siempre para luego soltarle esas dos palabras que claramente auguraban un después? No lo sabía y en realidad tampoco le importó. Era lo que quería en esos momentos, lo más acertado, aunque no llegó a escuchar su respuesta porque cortó enseguida. ¿Debería haber esperado? No, era mejor así, la incertidumbre era a veces más cálida que la verdad. Podía vivir con eso, tenía una ligera sospecha de que tarde o temprano terminarían viéndose, lo cual era probable al compartir el mismo grupo de amigas. Esa simple conversación, que tuvo más tensión que otra cosa, había logrado relajarla, incluso se permitió esbozar una sonrisa; era una tontería imaginar que Natsuki podría entender todas las tribulaciones que acechaban su mente en esos momentos y más hilarante todavía creer que las cosas se arreglarían por unas palabras mediocres dichas con altanería, pero lo vio como un inicio, uno malo y probablemente el más desastroso que hubieran tenido. Quería pensar que al menos su último mensaje fue bastante claro, volverían a verse, aunque a como estaban las cosas tal vez no pudiera arreglar nada pronto pero no tenía duda de que terminarían haciéndolo, tarde o temprano, seguramente más tarde que temprano.

Ya un poco más tranquila decidió seguir con lo pendiente, tenía que elaborar la clase del día siguiente, rescatar los pocos ensayos aceptables de sus alumnos y la peor parte, escribir las notas. Todos eran buenos chicos y seguro que buenos en muchas cosas también, pero en su asignatura sólo uno que otro se llevaba la calificación máxima, aunque rara vez reprobaba gente, después de todo, mientras viera esfuerzo de su parte podía darles un poco la mano.

Dejó su taza de té descansar a un lado del sofá, en el suelo, y comenzó leyendo el primer trabajo de los muchos desperdigados sobre su mesa, esa iba a ser una tarde muy larga así que por último encendió su celular poniéndose los audífonos y seleccionó algo de Tchaikovsky para no distraerse con letras innecesarias. No es que sólo fuera amante de lo clásico, pero la ayudaba a leer.

Shizuru no se equivocó respecto a una cosa, Natsuki ahora estaba confundida, pero de verdad confundida. Ese último comentario que soltó así nada más, no había sido un adiós como el que ella dijo, y como lo que esperaba recibir a cambio, sino un hasta luego, eso no era otra cosa que una esperanza y no sabía cómo sentirse al respecto, primero porque le enojaba que le dijera eso justo cuando se hacía a la idea de perderla, sin embargo, su corazón quería otra cosa y lo dejaba saber latiendo desenfrenado ante la posibilidad que se abría ahora ante sus ojos. ¿Realmente podrían algún día dejar que sus caminos fueran separados, o por el contrario, terminarían otra vez tan cerca, tal vez incluso más que antes? Sin duda era algo que no podía averiguar en esos momentos. Y luego va y le corta de esa manera sin darle la oportunidad de responder, de plantearle todas las dudas que surgían cuando al fin creía haber encontrado todas las respuestas a las antiguas preguntas. Así que de nuevo entraba en terreno incierto, todo lo anterior en esa llamada fue distante, la tensión se podría haber cortado de tajo con un cuchillo, así que quizá imaginaba cosas, tal vez ese hasta luego, por más dulce que hubiera podido sonar no era otra cosa que la despedida, algo más lógico eso seguro, pero también más decepcionante y triste.

Sonrió de forma casi imperceptible por debajo del casco que llevaba como protección, al menos se había preocupado por ella. Cómo olvidar aquellos regaños de su parte al considerar que no le estaba tomando tanta seriedad a conducir como debería hacerlo, en especial siendo un vehículo de dos ruedas tan pequeño que cualquier automóvil podría derribar en un abrir y cerrar de ojos. Siempre le decía eso, pero en realidad pocas veces tenía accidentes y nunca salía lastimada más allá de un raspón.

Llegó al trabajo todavía sin saber muy bien qué pensar al respecto, y envió el mensaje a Shizuru dándole el número de Nina tal como había pedido, aunque podría jurar que la chica le había llamado ya en estos días por lo que debería tenerlo, pero quizá estaba equivocada. Recibió de inmediato la respuesta, sólo era un gracias con una carita sonriente, ¿eso era suficiente para dotarla de felicidad? Al parecer sí, porque por un segundo se sintió bien, como si la situación en la que estaban no existiera y volviera a aquella época donde hablaban todo el día sin descanso, cuando todavía le enviaba mensajes, frases cortas y emojis con sonrisas enormes.

Volvió a la realidad al toparse con Sergay, parecía más serio de lo usual aunque tratara de aparentar lo contrario. Le hizo un gesto con la mano y entendió que tenía que seguirlo, los corredores estaban casi despejados, todo el mundo trabajando a esa hora y se preguntó si no habría hecho algo mal esos días y por ello sería sancionada. Trató de apartar la idea, cumplía bien con su trabajo así que no tenía de qué preocuparse, lo más probable es que fuera algún cliente al que no lograba convencer o asuntos del diseño —esa era su especialidad—, a veces sólo necesitaba ser escuchado por su amiga y no por su empleada. Decidió quedar abierta a las posibles opciones.

Cerró la puerta del despacho y lo vio sentarse con poca elegancia en su silla tras el escritorio mientras le pedía con la mano que hiciera lo mismo. No traía muy buena cara de modo que no se atrevió a contradecirlo.

— ¿Sucede algo? —preguntó con cautela.

—Quería hablar un segundo con mi amiga, eso es todo —dijo llevándose las manos a la nuca—. Sé que debería dejarte trabajar, pero a veces me abruma la cantidad de cosas que pasan aquí y eres la única distracción que tengo en la empresa, lo siento.

—Para eso son los amigos. ¿Qué te preocupa?

Se permitió sentirse algo más relajada al saber que no era nada grave ni referente a su desempeño. Se recargó en el sillón cruzando las piernas y apoyó las manos entrelazadas en ellas.

—Es la maldita compañía F Corp. Nos están pisando los talones, Natsuki, tenemos que hacer algo pronto —respondió echándose atrás en su asiento.

Lo veía muy afligido y se preguntó si realmente estarían tan cerca como aseguraba. No es que la empresa de Sergay fuera la número uno, pero siempre había demostrado sentir más rivalidad hacia F Corp. que a ninguna otra compañía. Tampoco podía negar lo raro que le resultaba la casualidad de que fuera precisamente esa empresa y no otra, una que ella no conociera o con cuyos dueños no estuviera peleada.

— ¿Hay algo que podamos hacer?

—No, aparte de asegurarnos de obtener el contrato con Carrier association. Eso nos daría muchos puntos.

—Y varios millones ¿no? —preguntó con una media sonrisa.

Sergay también sonrió.

—Por supuesto, varios millones. Por eso tenemos que asegurarnos de conseguir nosotros el contrato y no ellos porque entonces nos tendrán a la par.

—Entiendo, en ese caso deberíamos volver al trabajo —comentó a modo de sugerencia.

—Sí, por supuesto, perdona que te quite el tiempo con tonterías.

Se levantaron y Sergay la acompañó hasta la puerta. La detuvo antes de llegar, parecía pensativo y se le quedó mirando como si la viera por primera vez, Natsuki no pudo hacer más que fruncir el ceño esperando que dijera algo.

—Tú conoces al dueño, ¿cierto? —Ni siquiera esperó una respuesta—. ¡Pues claro! Satoru Fujino, el padre de tu amiga. Cómo no lo pensé antes.

—No sé qué tan importante sea eso, sinceramente.

—Se me estaba ocurriendo que podrías…

— ¿Hablar con él? Porque déjame decirte que me odia, si sabe que trabajo en esta empresa lo más probable es que quiera hundirte y esta vez será personal. No te haría algo como eso.

—Quizá no hablar con él —se defendió—. Pero al menos podrías averiguar cosas con su hija. Ya sabes, sobre la empresa o cómo van con las negociaciones, cualquier cosa sería útil.

Natsuki entorno los ojos sin estar muy segura de haber escuchado bien. Sergay debía estar muy desesperado para pedirle algo como aquello, pero no podía enojarse con él, tenía una enorme responsabilidad encima y hacía todo lo que podía para sacar adelante la empresa.

— ¿Me estás pidiendo que cometa espionaje corporativo, Sergay?

Él abrió mucho los ojos y negó rápidamente con la cabeza, como un niño pequeño asustado.

—No, en lo absoluto, yo sólo pensé… No importa, tienes razón, es una pésima idea. Olvídalo.

Le dio un poco de lástima verlo de esa forma, tal vez si le explicaba las razones por las que su plan no iba a funcionar se lo tomaría mejor.

—De todos modos, es imposible, ella y yo ni siquiera hablamos ya y, en segundo lugar, a Shizuru jamás le ha interesado nada de la empresa. O al menos nunca me comentó nada.

Eso pareció decepcionarlo, aunque se recompuso enseguida.

—No pasa nada, tendré que encontrar una buena estrategia para el contrato y necesitaré tu ayuda con los diseños. Hay que renovar algunas cosas.

— ¿Más? —preguntó sorprendida.

— ¿No es buena idea?

No se lo parecía a ella, pero parecía tan determinado que no supo cómo expresarse así que decidió dar una salida rápida al problema.

—Tal vez debas hablarlo con la directora de medios visuales primero.

Él lo meditó y sonrió ya más tranquilo.

—Supongo que tienes razón, me apresuro demasiado a veces. Gracias, Nat, no te quito más tu tiempo.

Se despidieron en la puerta y casi de la nada, Sergay entrecerró los ojos y torció el gesto como si hubiera recordado algo desagradable.

Al estar acostumbrada a sus conversaciones a medias se quedó un segundo más, y por fin las palabras salieron de su boca dejándola desconcertada.

—Por cierto, tu amiga está saliendo con ese chico Reito, ¿cierto? Los vi en la fiesta de Nina —comentó pensativo—. Lo he visto antes me parece. Asegúrate de vigilarlo, si yo fuera tú no dejaría que esa niña ande cerca de él.

Y así sin más volvió a cerrar la puerta de su oficina. Era la segunda persona en el día que la dejaba con una idea cociéndose en su cabeza. Que tuviera cuidado con él decía, que no era de fiar, pero a ella le había parecido un buen sujeto, ¿de dónde sacaba Sergay que no lo era? ¿Dónde lo había visto antes? No estaba segura de porque se lo decía y mucho menos de las razones pero entrar a preguntarle estaba fuera de cuestión ya que seguramente se encontraría ahora trabajando y debería ponerse a hacer lo mismo, sin embargo, eso era casi imposible en esos momentos. Seguro que no se enojaría si se saltaba unos minutos en el trabajo para poder ir por un café, necesitaba algo más fuerte que un té, como usualmente pedía, esto era algo importante por lo que se abstuvo de ponerle leche. De haber podido seguro que se conseguiría un trago, pero eso no sería profesional de su parte.

De repente ya no le parecía tan buena idea dejar a Shizuru en brazos de Reito, confiaba en su amigo lo suficiente para tomarse la advertencia con la seriedad que merecía. Se prometió preguntarle en otro momento, cuando estuvieran menos ocupados con asuntos laborales. Y sin duda, volvería a ver a su amiga, ya no era importante si su "hasta luego" significaba algo o no, si ese sujeto escondía algo, ella se encargaría de sacar su secreto a la luz y exhibirlo frente a Shizuru.


Respuestas a los reviews.

Katy Villalobo: ¡Hola! No sabes que lindo que te digan eso (inserte heart).

Sí, yo creo que este capítulo en especial saca mucho de esos sentimientos frustrados de ambas, cosas que tendrán que ir resolviendo. Saludos!

Gler Lin: Ow, que hermoso saber que atrapaste la atención del lector, eso es lo mejor de todo, sólo espero seguir igual de bien y que sigas con la historia uwu

Bueno, tal vez ahora puedas hacerte una idea de lo que va a hacer Natsuki con respecto a Shizuru. Y eso último no lo sé... ¿Será?

Mari Morson: Lamento decirte que el capítulo iba a ser muy triste, en realidad pensé que sí iba a hacerlo, pero creo que no lo fue tanto, ya hasta Natsuki aceptó que la quiere :3 Creo que con este final quedarás más intrigada, pero bueno, mejor para mí. Ow, gracias, es un honor (hearts).

Sampa: Eso es mucho decir, que halagador se siente, gracias :3

Chat'de'Lune: Ya lo asumió uwu Más o menos.

Shizuru también la quiere, pero la vida es complicada. ¡Saludos! un abrazo.

Querido/a invitado/a: Gracias :3

SaicoReisen: The best comentario. Sabes que tu aprobación me mueve a continuar (hearts flotantes llenos de color). (Iugh, que cursi xD). Pero es verdad, lo sabes.

Setsuna M: Lo sé, se han encargado de llevarlo todo a la ruina, ahora el caso es ver cómo lo solucionan. Gracias por el comentario :3

Nota de autor 2: Mi parte favorita es responder sus comentarios, me emociono un montó haciéndolo xD Los amo.