Muchísimas gracias a cada una de las personas que dedicó un segundo de su tiempo a dejarme un review en el capitulo pasado. De verdad que ese pequeño detalle es el que te da la energía para seguir adelante con una historia. Muchísimas gracias y perdón por la tardanza a la hora de subir este. Has el siguiente!

Iruna


Capítulo 4: Un detalle lo cambia todo

Empezó a sentir frío y se estremeció en sueños. Harry, con los ojos aún cerrados, alargó el brazo para taparse más con las mantas de la cama. Había sido una noche larguísima en la que casi no había pegado ojo. Había concentrado todas sus fuerzas en no moverse demasiado en aquella cama para no invadir el espacio personal de Ginny. Su cabeza había viajado hacia mil conversaciones posibles que tener con ella o mil movimientos sutiles que poder hacer para acercarse más bajo las sábanas. Pero antes de poder armarse del valor suficiente había notado cómo la respiración de Ginny cada vez se hacía más pausada y caía rendida al sueño. Tarde, Potter… En cambio él, por el simple hecho de tenerla allí a su lado, no había podido relajarse ni un segundo. Sólo pasadas unas horas, o lo que él creía una eternidad, había logrado conciliar un poco el sueño.

Hacía meses que se dormía cada noche pensando en ella, trayendo a su mente situaciones en las que los dos se acercaban. Situaciones en las que se acercaban… mucho. Pero en cuanto había tenido la posibilidad de que uno de esos sueños se hiciera real se había asustado. Joder, eres un cobarde. Su parte más Gryffindor se había escondido muy dentro suya mientras el monstruito de sus entrañas se daba cabezazos contra la pared llamándole estúpido.

Sintió cómo la luz comenzaba a molestarle en los ojos y los abrió poco a poco. ¿Cómo era posible que fuera de día si en esa habitación no había ventanas? Se incorporó un poco en la cama, temeroso de molestar a Ginny. Pero estaba solo. Terminó de levantarse y se apoyó en el cabecero de la cama. No se había equivocado, parecía que era de día dentro de aquella habitación aunque no hubiese ventanas por ningún lado. ¿Pero cómo…? Entonces se percató un pequeño detalle… Estaba tumbado en el lado de la cama de Ginny.

Empezó a sudar. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Había llegado hasta ese lado de la cama antes o después de que Ginny se levantara? Peor aún… ¿Era esa la razón por la que Ginny ya no estaba en la cama junto a él? Entonces la puerta del baño se abrió y apareció Ginny con el pelo mojado.

- Perdona, ¿te he despertado?- Llevaba la misma ropa que el día anterior y sujetaba una toalla entre las manos.

- No, no, acabo de despertar.- Ginny se pasó la toalla por el pelo intentando quitarle humedad.- ¿Por qué es de día?

Harry se acomodó en la cama intentado parecer tranquilo. Cambia de tema…

- Curioso, ¿verdad? Cuando me desperté simplemente me pregunté si sería de día o no y de repente la habitación se llenó de luz, como si alguien hubiera abierto unas ventanas.

- Sigo sin entender esta casa.

Ginny se encogió de hombros sin darle importancia y agachó la cabeza para pasar la toalla con energía por su pelo mojado. Harry la miraba estupefacto. Ginny actuaba como si todo aquello fuera una rutina entre ellos, como si fuera normal despertarse el uno junto al otro, como si no le diera importancia al hecho de haber compartido cama. Y se dio un golpe mental por haber pasado una noche tan mala llena de nervios y pensamientos desbocados. Eres idiota. Estaba claro que para ella había sido una noche más con un amigo.

- ¿Has dormido bien?- Dijo al levantar la cabeza.

- ¿Mmm? Bueno…

- Tiene que ser duro.- La miró sin entender. ¿Hablaba de…?- Todo esto es un lío que sigo sin entender y ver a tu padre…

- Mi padre, sí... claro.- Céntrate.- Es raro. Quiero decir, se supone que está muerto. Verle y hablar con él es…

- Duro.

- Duro, sí.

- ¿Dónde crees que estamos?- Ginny se sentó en la cama junto a él.

- ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? No tengo ni idea… Normalmente estas preguntas las responde Hermione.

Ginny se rio y se pasó un mechón todavía húmedo detrás de la oreja. Se quedó mirándola unos segundos. Tantos años pasando días juntos en La Madriguera y era la primera vez que la veía recién salida de la ducha.

- ¿Por eso has dormido tan mal? ¿Estabas preocupado?- Todos los pensamientos se le volvieron a ir de la cabeza.- Tardaste mucho en quedarte dormido.

- ¿Cómo sabes…?

De pronto escucharon un ruido tras la puerta y alguien llamó desde el otro lado. Harry y Ginny se miraron alarmados, ella todavía tenía su verdadero aspecto. Sin necesidad de palabras Ginny salió corriendo al baño.

- Adelante.- Dijo saliendo de la cama.

La Señora Weasley asomó su cabeza pelirroja por la puerta y una enorme sonrisa de oreja a oreja se formó en su cara al verle. Había cosas que estuviera donde estuviera no cambiaban. Y eso le encantaba.

- Buenos días, querido. ¿Habéis dormido bien?

- Estupendamente.

- Me alegro. ¿Dónde está tu hermana?

- En el baño, duchándose.

- Cuando termine podéis bajar a la cocina a desayunar, os he preparado unas tostadas con mantequilla.

La Señora Weasley le guiñó un ojo. Se suponía que estaban en una guerra total y absoluta contra Voldemort y esa mujer seguía comportándose como si lo más importante en el mundo fuera cuidar y dar de comer a los que le rodeaban. Harry le sonrió agradecido. Siempre se sentía en cada cuando Molly Weasley le regalaba una de esas sonrisas suyas.

- A la derecha por el pasillo, dos giros hacia la izquierda y la tercera puerta al fondo.- Harry recapituló aquella información en su cabeza, esa casa era un auténtico laberinto.- Os voy calentando la leche.

En cuanto cerró la puerta tras ella Ginny abrió la del baño y salió con precaución.

- Tu madre nos ha preparado el desayuno.

- Genial.- Se sentó en la cama y comenzó a ponerse las zapatillas.- ¿Crees que habrá otra Ginny por ahí?

- ¿Otra Ginny?

- Hay otra Molly Weasley.- Dijo encogiéndose de hombros.- Incluso otros Ron y Hermione que parece que son pareja. Igual hay otra Ginny Weasley por ahí.

- No lo sé… No había pensado en eso.

Había pasado la noche tan concentrado en el hecho de estar compartiendo cama con Ginny que casi no había tenido tiempo de debatir en sus cabeza las locuras de todo aquello que estaba pasando.

- ¿Escuchaste lo que dijo Hemrione ayer? "Llevamos tanto tiempo juntos que no me acuerdo ni de cómo empezó todo"- Dijo imitando la voz de su amiga.- ¿Puedes creer que esos dos estén juntos?

- Y desde hace mucho por lo que parece.

- ¿Qué deberíamos hacer?- Se levantó de la cama y se acercó a él.- Nadie nos conoce, desconfían de nosotros y… Por Merlín Harry, ¡ayer estuvimos hablando con tu difunto padre!

- Lo sé, es una locura.- La miró dubitativo, le daba miedo confesar su mayor temor.- ¿Crees…? Bueno, ¿Crees que Voldemort me está poseyendo? Quizá todo esto es sólo una invención de mi cabeza.

- No lo creo, te puedo asegurar que soy muy real y veo bastante improbable que se haya metido en la cabeza de los dos para manipularnos. Aunque… No sería la primera vez que lo hace.

Harry no dijo nada, sabía perfectamente de qué estaba hablando Ginny. Voldemort se había metido en su cabeza el año anterior y había conseguido manipularla para creer que Sirius estaba capturado. Y todo eso acabó con la muerte de su padrino en el ministerio. Sirius… Y Ginny había sido manipulada por el diario de Ton Riddle con sólo once años. Se había metido en su cabeza y en su corazón y había logrado que Ginny hiciera cosas terribles. Aunque por suerte, el final de esa historia había sido mucho mejor. Y menos mal.

- ¿Crees que si encontramos a Dumbledore y se lo contamos pensará que estamos locos?- Preguntó Ginny.

- No lo sé. De todos modos, si hay otra tú por ahí podríamos hacerles ver que es verdad, ¿no?- Harry no parecía muy convencido de lo que decía.- Aunque parece que nadie tiene constancia de la existencia de ningún Harry Potter, ni siquiera mi padre.

Se miraron un segundo. A los dos les preocupada el detalle de que, estuvieran donde estuvieran, parecía que nadie conocía a nadie que se llamar así. ¿Y sí…? ¿Y si estaba muerto? O quizá no existía. Tenían miles de preguntas sin sentido en sus cabezas y ninguna respuesta.

- Mira, vamos a intentar actuar con normalidad, ¿vale?- Dijo Ginny intentando sonar esperanzada.- Busquemos a Dumbledore y mientras averigüemos qué demonios está pasando o dónde estamos. Además.- Le sonrió y por un segundo le flaquearon las piernas.- Tengo un hambre que me muero y mi madre hace los mejores desayunos del mundo.

Weasleys… Estén donde estén y pase lo que pase nunca pierden ni la sonrisa ni el apetito.

- Tienes razón, hagamos eso.- Harry parecía más animado y confiado.

- Espera, antes tengo que cambiar mi aspecto.

- Cierto.

Ginny se acercó a coger el sombrero verde y se lo puso en la cabeza para cambiar las facciones de su cara.

- Y Harry… Será mejor que te quites el pijama antes.

Se miró de arriba abajo avergonzado. Cuando estaba con Ginny se distraía demasiado.


"A la derecha por el pasillo, dos giros hacia la izquierda y la tercera puerta al fondo". Si las indicaciones de Molly Weasley eran correctas debían estar yendo por el camino correcto para llegar a la cocina. Sólo con pensar en las magníficas tostadas de esa mujer se le hacía la boca agua. Tardaron unos minutos en encontrar el camino correcto cuando abrieron la puerta de la cocina. El Señor Weasley leía el periódico en una silla mientras tomaba un café con trocitos de pan. El chico americano, Jack, estaba sentado con una navaja en la mano. Sujetaba un trozo de madera y parecía que estaba dándole forma. Fleur estaba al fondo, fregando unos cuantos platos y vasos. Y Hermione, muy cerca de ellos, leía un libro distraída.

- Pasad, chicos, pasad.- Molly les hacía gestos para que entraran dentro y se sentaran alrededor de la mesa.- ¿Café? ¿Té?

- Leche está bien, Señora Weasley.

- Yo un poco de té si no es molestia.- Dijo Ginny sentándose a su lado.

- Decidme la verdad, ¿Cuánto habéis tardado en encontrar el camino hasta aquí?

Jack, que estaba sentado frente a ellos, les miraba con sus ojos burlones y su sonrisa torcida. Empezaba a pensar que ese chico, realmente, siempre estaba de broma.

- Menos de lo que esperaba, la verdad.

- Harry casi se pierde un par de veces.- Admitió Ginny con una risita baja.

- Me gusta tu hermana, cuatro-ojos, es sincera.

¿Qué? Jack le sonrió a Ginny de oreja a oreja y Harry sintió una punzada en el pecho. El monstruito que estaba en sus entrañas se levantó olfateando a su alrededor.

- Es una casa un poco extraña.- Se excusó.

- En nuestra habitación no hay ventanas pero había luz esta mañana, como si iluminara el sol por algún lado.- Recordó Ginny.

- Oh, esa es una de las maravillas de esta casa.- Intervino Hermione levantando la vista de su libro.- No tenéis ni idea de dónde estamos, ¿verdad?

Los dos negaron con la cabeza. Si tú supieras… Esa pregunta era mucho más amplia de lo que Hermione creía. Ciertamente ni Ginny ni él tenían ni idea de dónde o cuándo estaban. Ni de cómo habían llegado allí. No tenían una respuesta para nada.

- Todo tiene que ver con la Primera Guerra Mundial del mundo muggle.- Comenzó a relatar Hermione como si de una clase de historia se tratara.- Fue una época de muchas muertes y destrucción en Europa, muchos niños se quedaron huérfanos y no había suficientes recursos para cuidarlos a todos. La mayoría de hombres adultos habían muerto y las mujeres no podían muchas veces sustentar a sus familias. Las fuerzas políticas muggles estaban desesperadas y pidieron ayuda al primer ministro de magia.- Molly se acercó has ellos y puso el desayuno de Harry y Ginny frente a ellos.- Perdona Molly, ¿quieres seguir tú? Es la historia de tu familia después de todo.

- No querida, continúa, tú lo explicas mucho mejor que yo.

- Llegaron a un acuerdo y varias familias de magos ayudaron a acoger a niños huérfanos y sin recursos para poder salir adelante.

- Una de esas familias fue la familia Prewett.- Dijo Molly con orgullo al hablar de su linaje.- Aunque eso nos convirtió todavía más en grandes traidores a la sangre que ayudaban a "simples muggles".

- En Fgancia también ocugió algo pagecido.- Dijo Fleur todavía lavando los platos.

- Así que se crearon tres casas como esta por Inglaterra.- Continuó Hermione.- Una fue destruida años más tarde, la segunda la redujeron a cenizas los mortífagos hace unos años y la tercera esta.

- Todavía sigue a salvo gracias a los encantamientos de protección que hizo la mujer de mi tío Lancelot.- Dijo Molly.

- Ese sí que era un gran hombre.- Intervino el Señor Weasley por primera vez.- Era Sanador en San Mungo y ayudó a muchísimos niños a los que acogió.

- Pero, ¿por qué la casa es tan extraña?- Preguntó Ginny. Harry tenía la sensación de que ella sabía tan poco como él sobre ese tema, aunque estuvieran hablando de antepasados suyos.

- La casa cubre tus necesidades.- Explicó Hermione.- Muchas veces tenían que esconderse para que las familias de sangre pura no les impidieran ayudar a los niños muggles así que hicieron una serie de encantamientos por los que la casa crecía o decrecía dependiendo de la necesidad. Cuantos más niños venían buscando auxilio, la casa creaba más habitaciones, pero siempre bajo tierra.

- Por eso la luz del día es artificial.- Observó Harry.

- Una persona no puede estar siempre bajo tierra, necesita sensación de libertad o enloquece.

- Dímelo a mí.- Puntualizó Jack enfadado.

- En todas las habitaciones sin ventanas hay un reloj que hace que parezca que es de día o de noche dependiendo de tus deseos, así parece que es una casa normal.

Harry recordó cómo esa mañana Ginny se había preguntado si era de día o no y la habitación les había dado luz natural. Y la noche anterior, cuando no tenían sus varitas y quisieron hacer el encantamiento "lumos", una luz azul brillante salió del reloj para darle visibilidad.

- Mi tío Lancelot murió y a esas alturas se había mezclado tanto que la mayoría de su familia era muggle o también había muerto, así que la casa la heredó su prima, mi tía Muriel.

- Cuando la guerra contra Quien tú sabes empeoró y necesitamos un lugar seguro donde escondernos y usarlo de cuartel la tía Muriel ofreció esta casa, que llevaba años sin usarse.

- ¿Y la tía Muriel también está aquí?- Preguntó Ginny.

- Oh, no…- Contesto Molly con un suspiro.- Los mortífagos sabían que ella había heredado esta casa y que posiblemente la había cedido para ayudar a los resistentes como nosotros, así que fueron por ella.

- ¿Está… muerta?- Se aventuró a preguntar Harry, temiendo la respuesta.

- Sí… Le debemos a ella estar vivos y estar a salvo. Nunca dio su brazo a torcer, nunca delató dónde estaba este lugar escondido.

Los ojos de Molly Weasley se empezaron a llenar de lágrimas y su esposo le apretó la mano con fuerza.

- Una gran mujer, sin duda.

- ¿Por qué no pedís ayuda al ministro muggle?- Preguntó Harry intentando cambiar de tema. No soportaba ver tan triste a esa mujer que era como su madre.- Si vosotros le habéis ayudado tanto en sus peores momentos de guerra quizá ahora ellos puedan hacer los mimos con nosotros.

- Al principio se intentó… pero las relaciones no eran muy buenas entre el mundo mágico y el muggle.- Hermoine cerró su libro y suspiró.- Yo soy hija de mugles y sé mejor que nadie lo complejo que es unir los dos mundos.

- ¿No quisieron ayudar contra Voldemort?

- Durante la Segunda Guerra Mundial muggle Inglaterra, Francia y Estados Unidos volvieron a pedir ayuda al mundo mágico cuando creían que iban a perder la guerra, estaban en las últimas. El mundo mágico inglés se negó esta vez, había mucha presión por parte de las familias de sangre pura. Desde entonces la relación nunca ha vuelto a ser muy buena.

- Y cuando les pedisteis ayuda contra Voldemort se negaron.- Adivinó Ginny.

- Después el ministro de magia murió y cada vez quedamos menos que queramos resistir.- Dijo el Señor Weasley.- Desde hace años las comunicaciones con el resto del mundo son más que complicadas, es casi imposible hablar con nadie.

El estruendo de un vaso cayendo al suelo y haciéndose añicos sobresaltó a todos. Al fondo de la cocina, Fleur, más blanca que la cera y con lágrimas en los ojos intentaba contener el llanto mientras se agachaba al suelo a recoger los pequeños cristales.

- Pegdón, yo… lo siento…

- Oh, querida, deja eso, yo lo recojo.

La Señora Weasley se acercó corriendo hasta la novia de su hijo y la ayudó a levantarse con cariño. Tenía lágrimas en los ojos y le temblaba el labio. Molly la abrazaba y le acariciaba lentamente su larga melena rubia. Harry y Ginny se miraron estupefactos al ver aquella escena. Hasta donde ellos sabían, la Señora Weasley nunca había tenido gran aprecio por Fleur. Nunca se había opuesto a la relación que mantenía con su hijo pero era más que evidente que no sentía una gran estima por la chica francesa, a quien consideraba altanera y un tanto egocéntrica. Verlas a las dos juntas tan amables y cariñosas la una con la otra era más que extraño.

- Vamos al baño a que te limpies un poco la cara.

Las dos salieron de la cocina seguidas por la mirada de todos.

- Disculpad a Fleur.- Dijo Hermione volviendo a abrir su libro. Todavía era más raro verla a ella también hablar de un modo amable de la chica.- No es un tema fácil para ella.

- No es un tema fácil para nadie.- Dijo Jack.

Harry y Ginny se miraron sin entender. De pronto Molly y Hermione parecían más que encantadas con la presencia de Fleur y daba la sensación de que estaban ahondando en temas demasiado profundos e íntimos.

- La guerra ha separado muchas familias.- Explicó el Señor Weasley.- Hace tiempo que viajar para nosotros es más que complicado si no queremos ser capturados por los mortífagos. Las líneas de la Red Flu están cortas, las lechuzas interceptadas… Las fronteras con otros países están prácticamente cortadas.

Harry comenzó a entender de pronto. Fleur era francesa y seguramente toda su familia todavía seguía allí.

- Es casi imposible comunicarse con nadie.- Dijo Jack removiendo su café.

- Cuando Fleur se enamoró de nuestro hijo tuvo que tomar una dura decisión, su familia o él.

- Hace dos años que Fleur no sabe nada de ellos.- Aclaró Hermione.- Ni si quiera van a estar en su boda.

El silenció reinó en la cocina. Harry miró a Ginny, sumergida en su taza de té como si fuera lo más interesante del mundo, y una sensación extraña le invadió todo su cuerpo. Fleur había hecho un sacrificio enorme por Bill. Por estar junto a él había renunciado a no saber nada más de su familia, nada en absoluto. Quizá por eso Hermione y la Señora Weasley eran tan amables con ella. Su gesto merecía reconocimiento y admiración. Miró de reojo a Ginny de nuevo. Ginny. ¿Qué se siente cuando se quiere tanto a una persona como Bill y Fleur se querían?

- Bueno, muchachos, este viejo se va a ir a descansar un rato, ¿me ayudas, Jack?

- Por supuesto, Señor Weasley.

Jack se levantó y se acercó hasta el señor Weasley. En dos segundos Ginny había abierto tanto los ojos que parecía que se le iban a salir de sus órbitas y le había agarrado del brazo con tanta fuerza que le estaba clavando las uñas. Harry miró al frente y lo entendió. Jack agarraba de la parte trasera de la silla del Señor Weasley y la tiraba hacia atrás haciéndola rodar para sacarlo de la cocina. No sabían por qué pero en aquel extraño lugar donde estaban, Arthur Weasley iba en silla de ruedas.


Las horas habían pasado casi en un silencio absoluto. Hermione les había pedido ayuda en sus tareas diarias y Harry y Ginny se alegraban de tener algo que hacer que los mantuviera ocupados sin ser un estorbo. Al parecer Hermione era la encargada de abastecer a la resistencia contra Voldemort de pociones y buscar en los libros hechizos y soluciones contra él. Harry y Ginny no se habían sorprendido en absoluto de aquella información, pues si algo se le daba bien a esa chica era buscar soluciones para todo. Y no paraba hasta que no seguía. Les llevó hasta una habitación grande, que parecía que en su día había sido una antigua biblioteca. Había estanterías de libros viejos y desgastados y en medio una gran mesa con unos cuantos calderos de pociones en proceso de elaboración.

Harry puso mala cara en cuanto entró. Uff… El olor a humedad de aquel lugar se mezclaba con el de las pociones y le hacía recordar demasiado a las insufribles clases con Snape. Unas clases que nunca, nunca, habían sido sus favoritas.

Se pasaron las horas hablando de pociones y hechizos defensivos. Harry se sorprendió de la cantidad de conocimientos que tenía Ginny, aunque no era de extrañar teniendo en cuenta en la familia que se había criado y todo lo que había pasado. Intentaban distraerse y ayudar pero podía notar cómo la cabeza de Ginny estaba muy lejos de allí. Ver a su padre en silla de ruedas le había pillado con la guardia baja y casi no había abierto la boca por voluntad propia desde entonces.

Estar hablando allí con Hermione sobre magia y hechizos era extrañamente familiar. Hermione. Pero esa no era la Hermione a la que él y Ron habían salvado de un trol gigante unos cuantos años antes. Necesitaba a su amiga.

- Últimamente he estado buscando información sobre los dementores.- Dijo Hermione sacándole de sus pensamientos. Los dos buscaban hechizos entre los libros viejos.- Cuando te enfrentas a muchos a la vez, el encantamiento patronus no ayuda demasiado y últimamente los mortífagos los usan en manada contra nosotros.

- A mí me costó mucho aprender a manejarlo, no es un hechizo fácil.- Reconoció Harry.

- Es complicado… Y más si tienes que enfrentarte a más de uno de ellos juntos.

- Harry se ha enfrentado a ellos en varias ocasiones.- Intervino Ginny desde la zona de los calderos.- Con trece años incluso fue capaz de enfrentarse a decenas de ellos juntos.

Harry sabía a qué se refería Ginny. En su tercer año en Hogwarts había invocado un patronus tan poderoso que había alejado de allí a decenas de dementores que estaban a punto de matar a Sirius. Él creyó que fue su padre, pero había sido él en un intento desesperado por salvar a su padrino.

- ¿En serio?- Hermione le miraba sorprendida y con los ojos muy abiertos.

- Bueno… suena más espectacular de lo que fue en realidad.

- ¡Es un hechizo muy avanzado!- Exclamó Hermione.- Yo todavía no soy capaz de controlarlo del todo y tú hiciste eso con trece años… Wow.

- De verdad que no es para tanto… tuve un buen maestro.

- No seas modesto, Harry.- Dijo Ginny.

Odiaba cuando alguien decía esas cosas. ¡No es modestia! Realmente todo lo que le había pasado en su vida sonaba mucho más espectacular cuando lo contaban los demás en voz alta que lo que había sido vivirlo en primera persona. La mayoría de veces había sido suerte, contar con buenos amigos o simplemente improvisación.

- No es modestia, Jane.- Dijo algo molesto recalcando su nombre falso.

- Un buen maestro ¿eh?- Hermione los miraba de reojo intentando cambiar de tema.- A mí me enseñó Ron. Él tiene mucha más experiencia con estas cosas.

- ¿En serio?

- Sí… es algo así como la mano derecha de James aquí dentro.

Un nudo en el estómago empezó a formarse dentro de Harry. Pensar en su mejor amigo y en su padre siendo tan cercanos no sólo era raro, sino que le molestaba.

- ¿No os enseñaron defensa contra las artes oscuras en Hogwarts?- Preguntó Ginny.

- No fuimos lo suficiente al colegio como para que nos pudieran enseñar.- Los ojos de Hermione se oscurecieron de tristeza.- Cuando estábamos en segundo año… bueno, ocurrió algo que… El colegió cerró, los mortífagos asaltaron el lugar y bueno… no hubo nadie más que nos enseñara nada.

Harry y Ginny se miraron de reojo con el semblante serio. Segundo año… ¿Tenía todo aquello algo que ver con lo que había pasado con Tom Riddle y el diario? Y si Hogwarts había cerrado y estaba abandonada tal y como la vieron al salir de la Sala de los Menesteres… ¿Dónde podrían encontrar a Dumbledore para que les ayudara? Estaban completamente perdidos y sin respuesta.

- Así que James le enseñó a Ron a conjurar el patronus…

Las palabras de Ginny volvieron a darle una punzada en el estómago.

- Sí… James es un mago asombroso y siempre ha creído que nunca eres lo demasiado pequeño como para aprender a defenderte. Y menos en la situación que estamos frente a Voldemort.

- Es un tipo inteligente.- Dijo Ginny.

- Sí, ha pasado por mucho. Todos hemos pasado por mucho… Supo entender y focalizar mejor que nadie la rabia contenida de Ron.

- Parecen muy cercanos.- Observó Ginny. Y Harry seguía sin decir nada, porque esas punzadas en el estómago seguían estando ahí cada vez que imaginaba a su mejor amigo y a su padre teniendo una relación tan estrecha.

- Le enseñó el patronus hace mucho y Ron intentó que yo aprendiera, pero supongo que me cuesta más. Eso de pensar en algo que te haga feliz se me hace bastante complicado algunas veces.

Hermione pasaba las páginas de un libro con tranquilidad mientras hablaba con muchísima sinceridad y calma sobre lo que sentía. Algo le sobrecogió el corazón a Harry. Parecía que en aquel lugar todo el mundo tenía una tristeza enorme que les invadía el corazón.

- Me alegra teneros aquí, ¿sabéis?- Dijo de pronto cambiando por completo el tono de su voz.- Normalmente estoy muy sola… Todo el mundo sale de misiones o tiene cosas que hacer. Es agradable hacer mis tareas en compañía.

- Es genial poder sentirnos útiles.- Dijo Ginny devolviéndole la sonrisa.- ¿Necesitas que hagamos algo más?

- La verdad es que estoy un poco atascada con las pociones, pero conseguir los ingredientes que me faltan es complicado.

- ¿No puedes salir de aquí?

- Sí, pero últimamente las cosas se han puesto más peligrosas y Ron prefiere que sólo salga si puede haber gente que me escolte.- Dijo un poco molesta.

- Nosotros podemos acompañarte, ¿verdad, Harry? Nos encantaría ser de ayuda.

Los ojos de Hermione parecieron iluminarse pero antes de que pudiera responder nada la puerta se abrió y entró Ron agitado. Tenía los pies cubiertos de barro y sostenía una bolsa trasparente en las manos, llena de agua y con algún ser vivo dentro.

- No me gusta que cierres la puerta si estás sola con ellos.- Le dijo serio mirando a Hermione.

- Vamos, Ron, ya lo hablamos ayer.

- Lo sé y sigo pensando lo mismo.

Se sostuvieron unos segundos la mirada, serios pero tranquilos. Parecía que dentro de sus cabezas estaban teniendo una conversación que sólo ellos podían entender. En ese mundo donde estaban Ron y Hermione sólo necesitaban una mirada para entenderse. Vaya… Estaba claro que ese Ron seguía sin fiarse de ellos ni un pelo y no confiaba en que su novia, ¡novia!, se quedara a solas con ellos dentro de cualquier habitación cerrada.

- ¿Las has conseguido?- Dijo Hermione dando por concluida su conversación telepática.

- Sí, toma, estas condenadas son cada vez más difíciles de encontrar.

Ron le tendió la bolsa llena de agua a Hermione y Harry pudo diferenciar su contenido. Dentro, unas cuentas sanguijuelas nadaban desorientadas.

- Genial, así podré seguir con la poción multijugos, cada vez nos va quedando menos.

- Y Lupin me ha pedido que te recuerde lo de su… medicina.

Ron le lanzó una mirada significativa a Hermione. Los dos eran discretos pero Harry y Ginny sabían perfectamente cuál era la enfermedad de Lupin y que no tenía cura. Seguramente era Hermione la que preparaba la poción matalobos cada luna llena para él. Estar allí encerrado con tanta gente y saber que fuera todo el mundo quiere cazarte… seguramente estaban siendo las lunas llenas más duras de Remus Lupin.

- No te preocupes, la tengo en mente.

- Hermione nos estaba contando cómo aprendiste a conjurar el patronus.- Comentó Ginny.

Ron se giró hacia su hermana, sin saber que era ella, y le clavó los ojos en los suyos. Era extraño, muy extraño. Cuando Ron estaba con ellos no dejaba de mirar a Ginny y no le apartaba la vista de los ojos. Harry recordó que era lo único de su cara que se mantenía intacto cuando Ginny cambiaba de aspecto con el sombrero, pero era imposible que Ron reconociera esos ojos y nadie más no…

- Sí… me enseñó él.

- Nos hemos ofrecido a acompañar a Hermione a buscar los ingredientes que necesite para…

- No, lo siento pero no.- Ron le cortó antes de que Ginny pudiera terminar. Y seguía sin quitarle la vista de sus ojos marrones.

- No te fías de nosotros.- Afirmó Ginny.

- No.

- Vamos, Ron… No seas tan duro.- Intentó apaciguar Hermione.- Harry podría ser de mucha ayuda, con trece años se enfrentó a una manada de dementores él solo.

Ron miró impresionado a Harry con las cejas alzadas.

- Es impresionante.

- No es para tanto.

- En serio, el patronus es complicado, ¿quién te enseñó?

- Un amigo de mi padre.- Contestó Harry intentando no dar muchos detalles.- Era muy bueno en hechizos defensivos.

- Debía serlo. James es el mejor y aún así le costó los suyo enseñármelo a mí.

Otra vez esa punzada de dolor, de rabia, de… ¿celos? James era su padre, su difunto padre… Joder. Era a él a quien debería haber enseñado a hacer conjuros, era con él con quien tenía que haber compartido tiempo y entrenarle. Odiaba que James y Ron parecieran tan amigos. Ron era su mejor amigo, no el de su padre.

- Supongo que no se me dan mal estas cosas.- Dijo Harry.

- Ah, ¿sí?- Ron le miró con suficiencia mientras se cruzaba de brazos.- Cuando quieras nos batimos en duelo, no me vendría mal practicar un poco.

- ¡Ron! ¿Acabas de decirme que no me fíe de ellos y tú quieres batirte en duelo contra él?- Se indignó Hermione.

- Vamos, Hermione, no creerás que es mejor que yo, ¿verdad?- Hermione resopló.- ¿Qué dices, Harry?

- No creo que sea buena idea.

Harry y Ginny se miraron. Tenían que descubrir qué estaba pasando ahí antes que todo se complicara mucho más y parecía que este Ron era mucho más confiado y experimentado.

- Si cambias de idea ya sabes, me encantaría ver si eres tan bueno como das a entender.

Harry se mordió la lengua. Ron estaba provocándole, intentando molestarle para que se batiera en duelo con él. No iba a caer…


El día pasó rápido. Comieron la maravillosa comida de la Señora Weasley, rodeados de gente, escuchando batallitas y novedades. Era extraño pero en el fondo se sentían como en casa, era como volver a estar encerrados con la Orden en Grimmauld Place, siendo testigos de todo lo que pasaba alrededor.

Hermione se acercaba mucho a Ginny y buscaba su compañía. Como había dicho ella, no tenía mucha relación con chicas de su edad y era más que agradable tenerla allí. Otro que se acercaba mucho a Ginny era Jack, y eso no le gustaba nada. Buscaba cualquier excusa para pasar el rato con ella y siempre estaba pendiente de todo lo que ella hablaba. No le gustaba. No le gustaba nada aquello. Si por lo menos no tuviera que fingir que Ginny es su hermana… Mierda. Sentía que le estaba dejando el camino libre a ese americano de ojos azules. Por su parte, Ron no dejaba de echarle indirectas sobre ese duelo que tenían pendiente, pero intentaba no hacerle mucho caso. Él y Roxy, la chica que habían visto en Hoqwarts, no dejaban de decir comentarios sobre lo poco valiente que era Harry por no querer enfrentarse a él. Estaba empezando a cavarse su paciencia.

A su padre no le había visto en todo el día y eso no le gustaba. Si había una sola cosa de aquel lío y del lugar en donde estaban era el hecho de poder pasar tiempo con su padre, de conocerle, de hablar con él. Le encantaría preguntarle tantas cosas… ¿Y si…? Su padre estaba allí, si James estaba vivo, significaba que Sirius podía estarlo. Y lo más importante de todo… su madre también.

La tarde fue más entretenida de lo que esperaba, él y Ginny ayudaron a Hermione a preparar pociones y buscar alguna información mientras charlaban y compartían anécdotas inocentes. Poco a poco empezaba a entender más la casa. Ya casi no se perdía por sus pasillos, aunque buscar el baño le había hecho perderse durante veinte minutos, lo que había ocasionado que Jack volviera a reírse de él delante de Ginny y eso le ponía todavía de peor humor. Maldito Jack West…

La hora de la cena llegó enseguida. Se había propuesto intentar que Jack y Ginny se sentaran lo más lejos posible el uno del otro. Bastante lío era toda aquella situación como para sumarle sus celos incontrolables por la hermana de su mejor amigo. La puerta de la cocina estaba entreabierta y las risas se escuchaban desde fuera. Se acercó hasta allí y se paró un poquito el corazón.

Dentro de la cocina estaban Jack y Ginny, sentados a la mesa muy juntos y hablando animadamente. Se quedó allí de pie en el dintel de la puerta viéndoles de lejos. Compartían risas y palabras con una confianza que le dolía. ¿Desde cuándo eran tan amigos? ¡Si llevaban allí un día! Él era Harry, al que conocía hace años y era su amigo. ¿Por qué sentía que el que sobra allí era él? Un nudo empezó a formarse en su estómago mientras el mostruito de sus entrañas pedía la cabeza de Jack en bandeja.

- ¿Celoso?

Se giró de inmediato al escuchar aquello. Era su padre.

- ¿Qué?- Harry se puso nervioso. ¡Se suponía que eran hermano!

- ¿Celoso?- James le puso una mano en el hombro.- No debe ser fácil ver a tu hermana pequeña con chicos, ¿eh?

- No… no es fácil.

Y eso era muy cierto, fuese su hermana o no. Si tú supieras…

- Jane es una chica muy guapa, seguro que tienes que espantar a los chicos de su lado.

- Bueno…- Harry recordó lo celoso que se ponía Ron al hablar de los chicos con los que había estado Ginny.

- No tienes de qué avergonzarte, eres su hermano mayor ¿no?

- Sí.

Al decirle ese simple "sí" el monstruíto se puso a llorar en un rincón. En ese mundo raro donde estaban era el hermano de Ginny, no podía acercarse a ella como le gustaría si no quería levantar sospechas de que algo raro estaba pasando. Pero no estaba seguro de poder evitarlo mucho más si la seguía viendo tan cerca de Jack West.

- Venga, salgamos de aquí o te acabará saliendo una úlcera.- Rio James al ver la expresión que tenía Harry en la cara.- Ven conmigo.

Harry siguió a James por los largos y extraños pasillos de la casa. Veía a su padre caminando delante de él y no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Parecía que se estaba viendo por detrás en un espejo. Tenían los mismos andares y los mismos gestos. James le llevó a su despacho y le hizo un gesto para que se sentara con él en el sofá marrón donde el día anterior se había despertado después de desmayarse.

- Me han dicho que habéis pasado el día haciendo pociones y buscando información con Hermione.

- Sí, ha sido bastante entretenido la verdad. Nos gusta poder ayudar.

James se acercó a una mesita pequeña cercana y comenzó a servir agua de una tetera en dos tazas blancas.

- También me han dicho que, por lo que se ve, eres muy bueno con los hechizos.

- Seguro que han exagerado.

- Si lo que me han contado es cierto, no lo creo.- Su padre le tendió una de las dos tazas con té y se sentó a su lado en el sofá.- Tranquilo, no lleva varitaserum.

- ¿Eso quiere decir que estamos vigilados?

- Un poco, lo normal diría yo.- James le dio un trago largo a su taza de té.- Dime la verdad, ¿eres bueno?

- Creo… creo que sí.

- ¿Y tú hermana?

- Le he visto hacer hechizos que dejarían temblando a más de un adulto.- Dijo con una sonrisa.

James se quedó pensativo un segundo, mirando su taza de té.

- ¿Qué ocurre?

- Estamos en las últimas.- Confesó James.- Voldemort cada vez es más fuerte y cada vez se nos hace más difícil hacerle frente. Sólo quiero que sepáis dónde os estáis metiendo si os quedáis aquí con nosotros.

- ¿No hay forma de poder acabar con él?

- Hubo un tiempo en el que Dumbledore tenía un plan, pero…

- ¿Tenía?

Harry notó el tono de voz en las palabras de James y se temió lo peor.

- Dumbledore murió hace dos años.- Harry sintió que le faltaba el aliento. No…- ¿Lo conocías?

Escuchaba a James hablando a su lado pero no le estaba prestando atención. Dubledore muerto. Dubledore. No podía ser. Tenía que ser un error, uno enorme. Albus Dumbledore no podía estar muerto. Por Merlín… Toda su vida había contado con el respaldo de Dumbledore detrás suya, con su ayuda, con sus consejos. Él era el único que podría saber qué era lo que estaba pasando, por qué él y Ginny estaban allí. Era el único a quien Voldemort tenía miedo. Sin él estaba todo perdido, toda esperanza. No. Dumbledore no podía estar muerto…

- Era… era un viejo amigo.- Y era verdad.- Mi hermana y yo queríamos buscarle.

- ¿Por eso estabais en Hogwarts?

- ¿Qué? Hogwarts, sí. Por eso estábamos allí.

- Lo siento… todo el mundo mágico sabe que Dumbledore murió, pensé que vosotros también.

- ¿Qué pasó? ¿Fue Voldemort?

- Sí.- James se levantó y dejó su taza vacía en la mesita más cercana.- Dumbledore creía tener un plan para acabar con él, y cuanto más se acercó a llevarlo a cabo, más peligroso se volvió todo.

Todas las imágenes y las charlas que había tenido con Dumbledore aquellos eses atrás vinieron a su cabeza. Todo el pasado de Voldemort, los recuerdos que le había mostrado, el pasado del profesor Slughorn… los horrocruxes. Seguro que tenía que ver con la muerte de Dumbledore.

- ¿Cómo habéis dejado que se haga tan fuerte?- Preguntó en un susurro. Aquel lugar en el que estaban era aún peor del que venían.

- Hace años Voldemort era fuerte, muy fuerte. Tenía muchos seguidores.- Comenzó a explicarle James.- Algunos, junto con Dubledore, formamos La Orden del fénix para hacerle frente, para luchar contra él.

- Pero no fue suficiente.

- Hubo una profecía.- Harry miró a su padre.- "El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes".

James terminó de decir en voz alta aquella profecía que tantas veces había resonado en la cabeza de Harry desde que la escuchó en el ministerio.

- Te la sabes de memoria.- James arrugó el gesto.

- Alice y Frank eran de la orden, se habían enfrentado a Voldemort tres veces y a finales de julio dieron a luz a su hijo Neville.- James se pasó la mano por el pelo, podía notar el dolor en cada palabra que decía.- Intentamos esconderlos a los tres, protegerlos. Pero él es listo… Averiguó dónde se escondían y una noche Bellatrix Lestrange y él fueron tras ellos.- James le miró a los ojos.- No sobrevivió nadie.

- Pero…

A Harry le daba vueltas la cabeza. Neville muerto… ¿Pero y él? ¡Esa profecía se refería a los dos! ¿Por qué Voldemort y Bellatrix sólo habían ido a por la familia Longbottom?

- ¿Pasa algo?

- No puede ser… ¿No había nadie más? ¿Nadie más por el que Voldemort tuviera que preocuparse además de Neville?

- ¿Nadie más?- James le miraba serio, sin entender a qué se refería.

- ¿Nadie más nació a finales de julio?

- No. No que nosotros conociéramos al menos, y créeme que buscamos por todas partes.

- Pero…- Harry se rascó la cabeza nervioso, tal y como James había hecho unos minutos antes.- No puede ser, tú…

- ¿Yo?- James le miraba sin entender nada de las pocas palabras que balbuceaba Harry.

- ¿Tú no tuviste un hijo?

- ¿Qué? No sé de dónde has sacado eso, pero nunca he sido padre.

Harry sintió que se quedaba sin aire. Por eso nadie sabía de la existencia de ningún Harry Potter. Por eso, aunque él y James se parecían, nadie los relacionaba a los. Por eso Voldemort seguía vivo. Por eso Neville y sus padres estaban muertos. Un pequeño detalle había cambiado todo.

En ese extraño lugar en el que estaban… él nunca había nacido.


De nuevo, muchísimas gracias por todo y espero seguir contando con vuestro apoyo para continuar la historia. Poco a poco se va descubriendo más acerca de este extraño mundo donde están Harry y Ginny.

Por otro lado, toda la historia de la casa me la he inventado teniendo en cuenta la fechas históricas reales (Primera y Segunda Guerra Mundial) y mezclándola con los pocos datos que tenemos sobre la familia Prewett. Lancelot Prewtt existió de verdad y fue sanador en San Mungo y se cree que era primo de la famosa tía Muriel. Lo demás han sido licencias creativas para crear la historia de la casa, pero espero no haber metido mucho la pata respecto a la coherencia mágica y la historia real del siglo XX.

Os espero en el siguiente capítulo y espero con ansias vuestros comentarios!

Un saludo enorme.

Iruna