Clasificación: M este capítulo.
Traición
::
Cuando llegó a la puerta de su oficina, sus instintos se activaron. Supo de inmediato que había alguien adentro. Sacó un arma y al momento en que abrió su puerta disparó. La bala atravesó la ventana pero no le dio al objetivo, lo supo porque oyó una carcajada de él.
―Has perdido tu toque―le dijo mientras se daba la vuelta en su silla.
Hibari, a pesar de tener su rostro inexpresivo, se maldecía internamente por haber fallado. Tsuna siguió riendo mientras se servía el vodka que Hibari tenía guardado en su oficina.
―Fue un error de novatos―continuó y luego bebió―Desaprovechaste la oportunidad que todos los demás han añorado, ¿no crees?
―No sé de que hablas―respondió Hibari y luego cerró la puerta.
Entonces vio la caja que estaba en su escritorio. Aguantó la respiración y sin que lo supiera, hizo que Tsuna sonriera macabramente.
―Oh, sabes exactamente de lo que estoy hablando―acarició la caja con delicadeza y luego se puso de pie.
Hibari no apartaba la vista de la caja. Había un millón de cosas que podían estar ahí adentro y todo ese millón representaba algo negativo para él. Tsuna se volvió a servir otra copa de vodka y bebió hasta el fondo, luego se relamió sus labios.
―Como siempre, tienes una excelente bebida―Tsuna se puso de pie y luego caminó hasta quedar a un lado de él y sin que ninguno girara su cabeza, ambos se miraron de reojo. Luego el castaño puso una mano en su hombro―Como dije, desaprovechaste la oportunidad.
Se volvió a reír y luego salió de la oficina de Hibari.
El Guardián de la Nube respiró profundamente y otra vez miraba la caja. Se acercó a pasos lentos hasta ella pero luego se detuvo a medio camino. Aventó el arma sin preocuparse en donde caía. Todo su ser estaba en tensión. Caminó hasta acercarse al mueble que estaba en la pared, sacó un abrecartas del cajón y, con el objeto en su mano, se acercó a su escritorio. Una vez ya estando cerca, se fijó que la caja tenía una nota.
―Ojo por ojo―leyó.
Un escalofrío recorrió su espalda. Quitó la nota de la caja, arrugándola y luego la tiró. Y sin perder más tiempo, acercó la caja hasta él y con el abrecartas comenzó a cortar la cinta que tenía en los bordes con calma. El sonido del plástico romperse era horrible para él. Una vez que terminó de cortar la cinta, dejó a un lado el abrecartas y tomó la caja con ambas manos.
Se tomó un momento para respirar. Ya sabía lo que tal vez había ahí y a la vez no lo sabía.
Uno.
Dos.
Tres minutos pasaron en dónde él se había apoyado en la caja y sus muecas eran de sospecha. Se armó de valor y entonces abrió la caja.
Jadeó al ver su interior.
Comentó a temblar de rabia y su rostro poco a poco estaba tornándose de un color rojo. Apretó sus dientes y por primera vez en su vida, una lágrima se deslizó por sus mejillas.
―¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
Gritó rabioso.
En ningún momento soltó la caja ni tampoco dejó de temblar. Sollozos escapaban de su boca. No podía contenerse. Ya no más. Tomó la caja, posteriormente se tambaleó un poco hacia atrás y luego caminó con pasos temblorosos. Se tropezó con la silla que estaba en el lugar y cayó al suelo, estando ya de rodillas se aferró más a la caja.
―¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
Gritó otra vez. Lo más seguro es que toda la mansión Vongola estaba oyéndolo gritar. Pero le valía.
Sawada Tsunayoshi había logrado llevarlo hasta el límite.
―Kyoya-san
Hibari alzó la vista para ver a Tetsuya Kusakabe en la entrada de su oficina. Entreabrió un poco la boca y luego se puso de pie. Kusakabe, sin embargo, traía unas hojas en su mano y comenzó a leer.
―Hasta el momento no hay ninguna anomalía en Namimori-chuu y la ciudad también está tranquila. Creo que...
Hasta entonces, Kusakabe se dio cuenta que Hibari ya estaba frente a él y en ningún momento dejó de mirarlo. Kusakabe estaba comenzando a sentirse nervioso, normalmente cuando Hibari hacía eso era un regaño seguro. Tragó saliva.
―¿Hice algo malo? ―preguntó miedoso de la respuesta.
―Tus manos... ―dijo Hibari con calma.
Sin soltar las hojas, Tetsuya miró sus manos confundidos.
―¿Qué tienen mis manos, Kyoya-san?
―Las tienes.
―¿Eh?
Hibari entonces se dio cuenta de lo que estaba diciendo y luego se dio la vuelta. Ya habían entrado alumnos y maestros a su oficia durante el día, y aunque algunos ya estaban muertos en su tiempo, no había tenido ese vacío en el estómago como en este momento que veía a Kusakabe. Lamentablemente todavía recordaba con claridad el día en que él le dejó esa caja con... Dejó salir un gruñido. Debía dejar de pensar en eso.
―¿Kyoya-san?
Hibari extendió su mano hacia atrás como señal de que le diera las hojas y Kusakabe se las dio.
―¿Algo más que necesite de mí?
―Puedes irte―dijo Hibari mientras caminaba a su escritorio.
Kusakabe se dio la media vuelta para irse cuando lo oyó:
―Lo siento.
Sabía que Hibari había susurrado aquello para que no lo oyera, pero había fallado con el nivel de voz; aún así no dijo ningún comentario para no causar problemas y terminó por irse.
Hibari suspiró con cansancio y se sentó. Odiaba que se hubiera vuelto sensible con sus sentimientos después de todo este tiempo. Sacudió su cabeza y volvió a suspirar. Se dio la vuelta en su silla para ver hacia la ventana. Todo era tan tranquilo que lo hacía sentirse intranquilo.
Él mismo fue el que dijo que había que hablarle bien al chico, pero no estaba seguro si iba a poder hacerlo. No después de todo lo que les ha hecho vivir. Lograba ver a un grupo de chicos que estaban jugando voleibol a pesar de que ya era la hora del almuerzo, todos se miraban tan alegres.
El lugar más afectado por él había sido Namimori. Vio sufrir mucho a esta ciudad que tanto ama y no podía hacer nada para evitarlo. Y la mayoría de los afectados habían sido las personas de esta escuela: todos aquellos que le hicieron o le dijeron algo, aunque haya sido una vez, sufrieron bastante. Muchos incluso ya no estaban en este mundo. Aún cuando los Guardianes los ocultaron, siempre de alguna manera los terminaba encontrando y luego ellos sufrían las consecuencias.
Tenía que admitirlo, él estaba demente. Gokudera había sido muy considerado cuando dijo que primero iban a encontrar un modo de evitar que su comportamiento se volviera trastornado, pero no lo se lo merecía. Al menos no para su punto de vista. Muy en su interior deseaba que no encontraran nada y que pudieran matarlo.
Soltó un suspiro y antes de apartar la vista de la ventana, vio esa maldita cabellera castaña. Mordió su labio con odio por el simple hecho de verlo ahí, como si nada estuviera pasando. Aunque en realidad para este chico todavía no pasaba nada, pero eso lo hacía enojar más.
Y entonces una pelota de voleibol goleó al chico. En respuesta a eso, la mayoría de los jugares comenzaron a reírse y Hibari, creyendo que era su Tsuna, sólo pudo pensar en iban a morirse en ese mismo instante. Su sorpresa fue ver que no fue así. En cambio, el castaño tomó la pelota y le hicieron la indicación de que se las diera. Entonces él sonrió. Hibari dejó de morderse el labio para poder abrir un poco su boca con sorpresa y sus ojos se ampliaron. Esa era la sonrisa que en su tiempo todos estaban acostumbrados. Tsuna entonces aventó la pelota, dándole en la cara al joven que tenía más cerca de él. Los compañeros del jugador se acercaron a él para ver si estaba bien, pues el golpe había sido fuerte que cayó al suelo, y Tsuna sólo se rió y siguió con su camino.
Entonces fue cuando Hibari se dio cuenta que ya había empezado.
―Hibari.
El muchacho se levantó de la silla, dio la vuelta apresurado y sacó sus tonfas para ponerse en guardia. Reborn alzó una ceja confundido por el comportamiento, y no era algo que Hibari nunca hiciera (la verdad, era algo común) pero fue el modo en que lo hizo. El ex-arcobaleno logró detectar el nerviosismo del joven.
―Bebé... ―susurró Hibari sorprendido de verlo. Posteriormente se aclaró la garganta y bajó las tonfas―¿Qué haces aquí?
―Ayer te dije que iba a venir.
―...Claro.
Reborn se le quedó mirando. Si el bebé le había pedido algo, estaba en serios problemas porque no tenía ni idea de lo que era.
―¿Y bien? ―dijo después de un largo periodo de silencio.
―Creo que mejor vengo mañana―comentó Reborn y se acercó a la puerta―Puedo ver que estás algo... distraído.
Reborn salió de ahí. Hibari se talló el rostro desesperado. Otra persona que en definitiva nunca pensó en volver a ver.
―¿Viste a Reborn?
―Por última vez, sí, Yamamoto. Lo vi.
Kyoko, Yamamoto y un joven de primer año al que Mukuro estaba poseyendo, estaban en la oficina de Hibari. El joven Guardián de la Niebla les comentó lo sucedido con el jugador de voleibol y la visita del arcobaleno.
―Ha pasado mucho tiempo que ya me había olvidado del arcobaleno―dijo Mukuro mientras se llevaba una mano detrás de la cabeza.
―Cinco años―respondió Kyoko mientras se cruzaba de brazos―El mismo tiempo que mandó a quitar sus Vongola Gear
―Una fecha que preferimos no hablar, gracias.
Mukuro miró a Yamamoto y él sólo negó con la cabeza.
―Regresando al comportamiento... ―Yamamoto miró a Hibari―¿De verdad sonrió de esa manera?
Hibari sólo asintió.
―Entonces hay que asumir que ya está trastornado.
―No lo sé, Mukuro―comentó Yamamoto mientras se llevaba una mano a su barbilla―Con Kyoko actuó como lo hacía antes...
―Ni me lo recuerdes―masculló la chica con fastidio y se talló la mejilla donde le había dado el beso
―...Tal vez todavía no está del todo mal.
―No pensé que lo fueras a defender―Mukuro rió levemente
―No tengo otra opción ¿o sí? ―Yamamoto frunció sus labios―Como dijo Hibari, si le hacemos algo, Gokudera nos lo restregará en nuestra cara por toda la vida.
―Yo no entiendo como ese idiota todavía piensa en protegerlo
―No lo está―Hibari miró de mala gana a Mukuro por el comentario―Si lo estuviera protegiendo no hubiera planeado todo esto y lo sabes. Él está tan harto como nosotros.
―¿Y entonces por qué no matarlo? ―dijo Kyoko con mirada seria―Como dices, todos estamos hartos de él. No veo por qué darle una segunda oportunidad
―Eso se lo puedes preguntar a Gokudera cuando llegue.
―Si es que lo hace... ―susurró el Guardián de la Niebla.
Hubo un silencio incómodo. No había modo de saber si él y los demás chicos habían logrado escapar de la mansión.
―¿Ya llegaste a Kokuyo? ―le preguntó Yamamoto para desviar el tema
―Ya me falta poco.
―Entonces... ¿qué hacemos ahora? ―cuestionó Kyoko y miró a Hibari
―Supongo que ir a casa.
Ir a casa.
Un sentimiento extraño invadió a todos. Jamás creyeron que iban a volver a pronunciar esas palabras o que iban a volver a ver a su familia.
―No lo sé... ―Yamamoto bajó su mirada― Siento que ir a casa es algo...
―¿Dónde sugieres entonces que pasemos la noche?―dijo Hibari―Aquí tenemos a nuestros familiares con vida y si no llegamos creo que se alterarían y causaríamos alborotos innecesarios; justo como Soichi nos dijo que no debíamos hacer.
―Habla por ti―interrumpió Mukuro―Yo sólo tengo a los chicos en Kokuyo Land
Hibari rodó sus ojos y no le contestó. Kyoko y Yamamoto se miraron entre ellos y luego asintieron.
―Antes de irnos, ¿qué sucedió con él?
―Quitando lo que tú nos dijiste, lo típico de él. Burlas, malas notas y alteraciones por cualquier cosa―dijo Yamamoto
―Ahorita está castigado y Gokudera está con él―continuó Kyoko
―¿Castigado? ¿Por qué lo castigaron?
―Digamos que a un maestro le cae mal―contestó Mukuro y luego se rió.
Yamamoto y Kyoko también sonrieron de manera sospechosa, y Hibari prefirió ya no preguntar. El cuerpo del chico que Mukuro poseía cayó de la silla y luego alzó la cabeza.
―¿Es este el aula de química? ―preguntó un poco mareado.
―No―le dijo Kyoko sonriéndole―Es el aula que está en frente.
El chico salió de ahí tambaleándose.
―Tan lindo como siempre a la hora de despedirse―dijo Yamamoto soltando un suspiro y él también se puso de pie―Entonces nos vemos mañana.
Hibari sólo asintió y los dos jóvenes se fueron. Hibari se recargó en el respaldo de su silla. ¿Cuánto tiempo llevaba desde que había ido a su casa?
Comentarios: ¡Hola! Espero que hayan tenido un excelente fin de semana al igual que yo. Muchas gracias nuevamente por sus reviews, favoritos y mp! Ahora, yo se que todavía parece que no vamos a ningún lado, pero quiero hacer introducciones primero de los jóvenes de hace 10 sin dar mucho spoiler para más adelante; así que pronto avanzaremos, tengan paciencia. Y espero que hayan descubierto que era lo que tenía la caja (; Que por cierto, me disculpo por esa escena pero no lo pude evitar. Gracias nuevamente y que tengan una buena semana!
Saludos~
