Gracias por los review, sigo por ustedes y porque me gusta escribir esta idea :)
Corría lo más rápido posible hacia la casa de los Kurosaki. Ya llegado allí, suspiró de alivio al ver que la familia había salido. Entró por la ventana de la habitación de Ichigo y recostó a este en su cama. Se sentó en el suelo y apoyó la espalda contra el borde de la cama, intentando recuperar un poco de aire. ¿Tan rápido lo habían detectado los shinigamis? Desde el principio había querido proteger a Ichigo, pero se veía como si lo hubiera metido en un error más grande.
–Mierda… –murmuró llevándose una mano a los párpados– ¿Por qué siempre acabo jodiéndolo todo? –sintió varios reiatsus acercarse. Ichigo aún no despertaba… ¿Qué debería hacer? Pues… despertarlo. Se levantó, agarró a Ichigo por los hombros y lo sacudió –Despierta. Vamos, Bello Durmiente.
–Sólo cinco minutos más, Yuzu… –Shirosaki chasqueó la lengua. ¡De verdad estaba durmiendo!
–Lo siento por esto, Ichigo… – dijo a la vez que sonreía perversamente. Soltó sus hombros, abrió la mano y lo abofeteó, despertándolo en el acto. Parecía totalmente desorientado– ¿Te vas a quedar ahí durmiendo? –gruñó el albino– ¡Vamos levanta! ¡Vienen a matarnos! –lo agarró del brazo y lo obligó a levantarse–. Coge todo lo que te haga falta y vámonos. ¡Como si quieres dejarle una nota de despedida a tu familia! –Ichigo lo miró como si estuviera viendo a un loco –Sí, me oíste bien, Rey. Mueve tu trasero a no ser que quieras morir. Nos vamos de Karakura.
Al final, Ichigo reaccionó como para decir algo–. Ni loco. Te quieren a ti, no a mí. ¿Por qué no te marchas tú solo?
Shirosaki levantó las manos al aire y suspiró exasperado–. Eres idiota, ¿verdad? Si no consiguen cogerme a mí, vendrán a por ti, te matarán y yo moriré también. ¿Lo captas?
Ichigo se cruzó de brazos. Se estaba aguantando las ganas de agarrarse a golpes con ese bastardo. Él no se iba a ninguna parte y mucho menos fuera de Karakura– ¿Y por qué no te entregas?
–No puedo hacer eso –sentía los reiatsus cada vez más cerca. Joder, estaban perdiendo el tiempo– ¿Quieres que te deje inconsciente otra vez? ¿O prefieres venir por tu propio pie? Ichigo, por favor –rogó–. Por una vez necesito que confíes en mí.
¿Y por qué iba a hacerlo? No. No se iba a ir a ninguna parte con él–. Huiré por mi cuenta si hace falta –a Ichigo le pareció ver por un momento que su hollow hacía una mueca triste. Debió de ser su imaginación.
–Como quieras… Si crees que puedes arreglártelas solo, adelante –abrió la ventana y saltó para luego desaparecer con el shunpo.
Ichigo suspiró y miró por la ventana. Veía a los shinigamis dividirse en dos grupos. Unos iban a por el hollow y otros iban a por… –¡Mierda! –corrió al piso de abajo y de prisa y corriendo, salió de la casa siendo perseguido por los shinigami del Escuadrón de Castigo. Estaban a punto de darle alcance. ¡¿Por qué demonios estaba en su cuerpo humano? Buscó su insignia en los bolsillos. No la llevaba encima.
Lo iban a capturar, no importaba lo mucho que corriera. Pero en un último intento por salvar su vida, intentó despistarlos y se escondió en un callejón. Idea estúpida e inservible. Su reiatsu se siente a kilómetros. Se apoyó sobre sus rodillas, pero enseguida tuvo que agacharse y salir corriendo de nuevo. Le estaban lanzando cuchillos desde atrás. Corrió por las calles, casi sin aliento, con la poca gente que había a esas horas mirándolo sin entender de qué huía.
No podía seguir corriendo… No importaba lo mucho que intentara levantarse y seguir su huida. Si al menos tuviera a Kon con él como otra medida… Pero no. No tenía nada qué hacer, estaba rodeado.
–Fue divertido jugar al atrápame si puedes, pero aquí terminó el juego –reconoció la voz de la capitana detrás de la línea de shinigamis. Esta se abrió pasó y apuntó con Suzumebachi al peli naranjo–. Es más fácil acabar contigo que perseguir a ese hollow escurridizo. Mala suerte para ti que la Sociedad de Almas diera carta blanca para acabar contigo si hacía falta.
Ichigo se sentía totalmente traicionado. Nunca estuvo a favor de las normas de la Sociedad de Almas en su mayoría, y aún así los ayudó tantas veces. ¿Es que acaso no puede confiar en nadie? Pero algo lo estaba molestando, Soi Fon hablaba del hollow como si no fuera la primera vez que lo persigue, ¿o son imaginaciones suyas?– ¿De qué le conocen? –se atrevió a preguntar.
Soi Fon se quedó observándolo, bajó el arma y se irguió–. Es un hollow que llevamos persiguiendo mucho tiempo. Es capaz de cambiar de forma así que por eso… Es escurridizo.
¿Cómo era eso posible?
Ichigo.
–¿Zangetsu? –¿Cuándo fue la última vez que la zanpakuto le habló?
Escucha, Ichigo. Es posible, lo que dice la capitana es cierto. Shirosaki no siempre ha estado aquí.
–Entonces cómo… Un momento, ¿cómo le llamaste? –preguntó confundido. ¿Y cómo era que ese nombre le sonaba de algo?
Shirosaki. Ese es su nombre.
–Oye Zangetsu, yo…
Preguntas para más tarde. Tienes que salir de ahí.
¿Pero cómo lo hacía estando en su cuerpo humano? Cómo…
Ya llega la ayuda –dijo Zangetsu casi sonando alegremente.
–¡Ya déjenlo ir, malditos! –gritó alguien desde el cielo. Ichigo miró hacia arriba, siendo cegado en un principio por la luz de una farola, pero enseguida distinguió de quién se trataba– ¡Pónganle una mano encima y acabo con ustedes! –el albino aterrizó en el centro del círculo formado por los shinigami, justo frente a Ichigo.
–Es muy noble de tu parte preocuparte por un humano. ¿No que casi mueres por proteger a uno hace unos años? –Shirosaki gruñó ante eso–. Entonces sí fue así. Me pregunto cómo sobreviviste.
–El humano al que protegí me salvó la vida. No, eso no es correcto. Trató de salvarme la vida tres veces –clavó la zanpakuto en el suelo y se giró para ayudar a Ichigo a levantarse. Este cogió su mano sin ningún miedo. Shirosaki sonrió por eso. Volvió a darse la vuelta agarrando al Zangetsu blanco con fuerza–. Le devolveré el favor las veces que hagan falta.
Soi Fon sacudió la cabeza lentamente. Ese hollow seguía siendo extraño. No estaba clasificado en ninguna parte. No es un hollow corriente, ni un Gillian, ni un Adjuchas, ni un Vasto Lorde o un Arrancar. Nada de todo eso. ¿Qué demonios era ese tipo?–. Shirosaki… Era tu nombre, ¿verdad? ¿Qué eres exactamente? –no bajaba la guardia ningún segundo, no podía permitirse eso.
–No tengo porque darte explicaciones –frunció el ceño, la apuntó con Zangetsu y estiró la otra mano abierta hacia atrás, mirando a Ichigo de reojo– ¿Confías en mí? –murmuró.
Ichigo dudó unos instantes. Parecía que intentaba a protegerlo, ¿debía confiar en él por eso? Lo miró a los ojos, aunque lo estuviera mirando parcialmente–. No está mintiendo –se dijo a sí mismo. Estiró la mano y agarró la mano pálida de Shirosaki. Este sonrió y apretó su mano con fuerza.
Acumuló el reiatsu en la hoja de la zanpakuto y observó a la capitana con odio–. Espero no volver a vernos, Capitana –bajó la zanpakuto a una velocidad increíble, descargando el ataque contra los shinigami. Tiró de la mano de Ichigo para que empezaran a correr. Algunos de los shinigamis que estaban ilesos u otros no tanto, los persiguieron. Cuando estaban a punto de cogerlos, usó el shunpo, subiendo a lo alto de un edificio. Siguieron corriendo allí hasta que llegaron al borde. Shirosaki se giró para encarar a los shinigami que se le venían encima. Levantó a Zangetsu y usó el Getsuga Tensho contra ellos. Detrás de la polvareda que se levantó salieron más shinigami. De nuevo usó el shunpo para bajar a la calle. Se metió por un callejón cuando notó que Ichigo respiraba vehemente. Le susurró si estaba bien y él contestó que sí. Obviamente se veía exhausto. Notaba como si hubiera corrido una maratón. Shirosaki cargó al adolescente en su espalda y le pidió que se agarrara bien. Necesitaba las manos libres.
Salió del callejón y empezó a ser perseguido de nuevo. Las cuchillas atravesaban el aire, pero no acertaban en su objetivo. El hollow empezaba a notarse cansado también. ¿Cuántos más shinigamis habría? ¡Posiblemente estaba el escuadrón entero!
Mientras miraba hacia atrás chocó con algo y se tropezó. Ichigo se cayó de su espalda del golpe. Los shinigamis habían visto su oportunidad para atacar, ya era suyo… Los cuchillos volaban rápido hacia Shirosaki quién aún se estaba reincorporando. Cerró los ojos y se cubrió la cara y el pecho, pero nada ocurrió. Apartó los brazos de su vista para ver a alguien parado delante suya– Ichigo… -el peli naranjo había tomado su zanpakuto y había despejado la mayoría de las armas, pero algunas de ellas impactaron en su cuerpo. Soltó a Zangetsu y cayó sobre sus rodillas. Estaba exhausto, estaba sangrando y en su cuerpo mortal. Eso no podía ser nada bueno– ¡Ichigo! ¡Aguanta! –escuchaba a Shirosaki gritar, pero sonaba como un grito lejano. Su vista se emborronaba y su cuerpo no respondía.
–Mierda… -murmuró antes de caer en manos de la oscuridad.
Shirosaki observó con horror como la sangre brotaba de las heridas. ¡Tenía que hacer algo! Cargó al peli naranjo de forma nupcial, despacio para no hacerle más daño, y siguió corriendo–. Qué hago… Qué hago… ¿¡Qué hago! –gritó desesperado. Se escondió en un edificio y sacó con cuidado las cuchilladas clavadas en el cuerpo de Ichigo. Él gritaba de dolor por cada una que sacaba–. Aguanta… Sólo queda una –intentando mantenerse lo más calmado posible, sacó la última que quedaba, como esperaba Ichigo gritó de nuevo. Cortó la cinta de la empuñadura de Zangetsu con los dientes, y la usó a modo de vendas. No era experto en eso, pero era lo mejor que podía hacer.
–Lo… siento… -murmuró. Shirosaki lo miró y volvió a cargarlo.
–No tienes nada de que disculparte, esto es culpa mía –reanudó la marcha cuando sintió a los shinigamis acercándose de nuevo. Ya no había tantos, pero no iba a ser fácil darles esquinazo–. Yo te involucré y cargaré con la culpa.
–No… No la cargues. No eres… así… –Shirosaki volvió a mirarlo. ¿Cómo de repente podía sentirse tan culpable de verlo así? De hecho lo era, pero que lo sintiera era… Extraño. Pero tampoco le sorprendió tanto, alrededor de Ichigo siempre siente cosas extrañas.
–Aún no entiendo por qué me protegiste. Si hubiera muerto, todo habría terminado –la luz tenue de las farolas iluminaba su paso en su carrera, proyectando su sombra por donde pasaba.
Los shinigamis los seguían aún, silenciosamente.
–Quién sabe –contestó Ichigo esbozando una leve sonrisa. En ese momento Shirosaki no pudo ver sus ojos, tapados por mechones de cabello naranja–, soy así...
Shirosaki chasqueó la lengua y volvió a mirar al frente–. Rey idiota –dijo en un tono entre molesto y cariñoso. Aún por la escasa luz, pudo ver como había lágrimas en el rostro de Ichigo. También agarraba su shihakushô con fuerza. Shirosaki apuró el paso todo lo que pudo hasta encontrar un lugar más o menos ''a salvo''. En un almacén abandonado. Recostó a Ichigo en el suelo y apartó los mechones de pelo de su rostro–. Acabaré de una vez con esos shinigamis. Luego vendré por ti y nos iremos –Ichigo le dirigió una mirada de preocupación, no podía evitarlo–. Pasaran muchos más años para que esos shinigami me atrapen –dijo con orgullo–. Así que tú espérame aquí –se puso en pie y se marchó, dejando a Ichigo en el oscuro almacén.
–Volverá –se dijo a sí mismo. Sonrió ante ese pensamiento. Vaya, ¿desde cuándo confiaba en él así de repente? ¿Por qué era el único en quién confiar en ese instante? ¿O era algo más profundo que eso?
Apesto en escribir escenas de acción, lo siento por eso, pero hago mi mejor esfuerzo. ¿Reviews?
