Capítulo 4.

Terry entró al salón donde sin ninguna ceremonia Helga lo tomó del brazo, dirigiéndolo hacia el balcón que daba al jardín de la entrada principal. Mientras tanto, Candy se encontraba en medio de una extraña conversación sobre la importancia de mantener la frontera de Austria protegida de las absurdas ideas, según algunas personas, de la unificación de Europa.

Por otro lado, la señora Schneider se colgaba del brazo de Terry dirigiéndose hacia el balcón del salón.

Dos pares de ojos contemplaban a la inusual pareja, uno era el esposo de la dama, el otro el banquero austriaco que había compartido la mesa con Candy.

Al llegar al balcón Helga comenzó a interrogar a Terry sobre Strafford Upon Avon, sobre los lugares que Shakespeare frecuentaba, y la Royal Shakespeare Company; mientras continuaban caminando Terry contestó pacientemente a todas las preguntas, las cuales poco a poco pasaban de temas triviales a preguntas un poco más profundas. Tal vez la señora Schneider no era solo una cara bonita para acompañar a su esposo.

- Dígame señor Graham, considera usted que las obras de Shakespeare pueden compararse a la política inglesa actual. – preguntó la dama.

- Para los ingleses madame, las obras de Shakespeare, siempre están en medio de toda la vida y la cultura inglesa. Recuerde que muchas de las obras de William, acusan la hipocresía de los políticos y la maldad humana que atesora el poder y la vanidad a costa de arrasar inocentes.

- Pero también Shakespeare pone de manifiesto la importancia de proteger el legado de un país, la pureza de su pasado para proteger su futuro, o acaso muchos de los conflictos en sus libros pudieron evitarse si se conservaban las fronteras y la pureza de la sangre.

- Recuerde madame que Shakespeare escribió sus obras en una época en que las comunicaciones eran limitadas, vea el ejemplo de América donde tantas naciones confluyen y es un ejemplo de progreso.

- Quiere decir que Europa debería seguir su ejemplo y crear una sola Europa, un solo gobernante o un solo rey; y dejar que gente de todas partes venga a asentarse en nuestros países.

- No creo que ningún continente este preparado para un solo gobernante, pero quienes somos para decirle a las personas donde vivir; el éxito de América y en los últimos años del continente Oceánico ha sido el tomar lo mejor de cada ciudadano respetando sus orígenes.

- Pensé señor Graham, que, como buen inglés, defendería su país y sus tradiciones.

- No soy un fanático señora, y recuerde que mi esposa es americana. El día que me volviese un férreo defensor de las causas nacionalistas, me temo que no cenaría en casa por una buena temporada. – dijo el caballero para aligerar el ambiente que comenzaba a sentirse pesado.

El rostro de la dama se contrajo por un momento ante la perspectiva de no ser tomada en serio por su interlocutor, pero luego recobró la sonrisa estudiada que Terry sabía escondía algo más. Acercándose más a Terry, y colocando su mano sobre la solapa de su traje le dijo:

- No cambiaría su posición incluso para complacer a una dama, Terruce.

Terry retrocedió ante la descarada muestra de un vano intento de seducción por parte de la mujer. Antes de que pudiera decir algo más, Helga colocó su mano sobre la de Terry.

- O debería decir, Terruce Greum Grandchester, hijo de su excelencia el duque de Grandchester, lamentablemente no el heredero…

Candy comenzó a extrañar la presencia de Terruce pero no lograba ubicarlo, tal vez se había escapado un momento, su esposo a veces tenía episodios de escapismo ya sea que se encontrase cansado, o no soportara la compañía de las personas a su alrededor. La mano de Schneider se posó sobre su hombro.

- Señora Graham, la noto preocupada.

- Solo buscaba a mi esposo, debe haber salido a tomar aire.

- Lo vi hace un momento dirigirse hacia el balcón principal con mi Helga.

Schneider observó la reacción de la rubia, cuyos ojos había observado durante la noche mostraban sus emociones a todo el que la observara, pero no vio la oleada de celos que esperaba encontrar ante su declaración.

- En ese caso, no debo preocuparme, - le sonrió la rubia.

- Mi querida señora, pocas mujeres harían esa declaración sin parpadear como usted lo ha hecho, no es halagar mi vanidad, pero no muchos hombres se abstienen de contemplar las cualidades de mi esposa, si entiende a lo que me refiero.

Candy pensó que la voluptuosa Helga Schneider podría ser una belleza austriaca, pero todas las Elizas, Susanas, aspirantes a actrices, admiradoras psicóticas y algún otro personaje alrededor, le habían hecho comprender que Terruce era un hombre de palabra y no la lastimaría de esa manera. Terry era impulsivo, pero no un idiota macho Alpha que quisiera a la mujer que se le pusiera por delante, es más, le encantaba darle una lección a ese tipo de mujeres. Sin embargo, en lugar de responder le contestó a Ralph.

- Me sorprende que se refiera de esa manera a su esposa.

- Supongo que usted a aprendido a lidiar con las admiradoras de su esposo, es lo mismo en mi lugar, se aprende a sacar lo mejor de cada situación.

- Las admiradoras son solo parte de su trabajo.

- Como deben haberlo sido para el señor Graham como parte normal de su vida, los continuos admiradores que deben haberse presentado antes que él y durante su cortejo ante el señor William Andley para pedir su mano, señora Grandchester.

Si el comentario sobre la esposa de Schneider no había afectado a Candy, saber que este hombre conocía sus familias de origen, hizo que sus ojos se agrandarán como grandes lagunas verdes.

- Definitivamente Terruce Grandchester debe haber competido por esos ojos esmeralda con una infinidad de pretendientes, pero al final como en los cuentos el primer amor forjado en los días de colegio triunfó sobre todos los obstáculos.

Schneider tomó del brazo a Candy al ver lo pálida que se había puesto.

- Le parece señora Grandchester, si acompañamos a nuestras parejas en el balcón.

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Por un momento, los ojos de Terry se abrieron ante la sorpresa, pero se recompuso rápidamente.

- Si su intención es presionarme por mi parentesco para alguna revista de chismes puede hacerlo, sería demasiado estúpido para reaccionar ante una zorra por un simple rumor. Sobre todo, cuando es una zorra de tan poco valor Helga.

- Supusimos que pensarías eso.

- ¿Supusimos?... frunció el ojiazul el seño ante las palabras de la mujer.

Escucho unos pasos detrás de él. Era Candy acompañada de Ralph Schneider.

- Terry… dijo Candy aparentemente asustada.

- Candy ven aquí. – Le indicó Terry.

- No estés preocupado Terry, no tengo intenciones de causarte daño a ti o a tu dulce esposa. – afirmó Ralph.

- ¿Qué deseas? – le desafió Terry mientras sostenía a Candy.

- Además de ser un gran admirador de tu trabajo, me atrae mucho tu personalidad un poco limítrofe que te ha hecho atraer a las masas; tu defensa del voto para las mujeres y el apoyo a tu esposa para que votara, además de la apertura a que la señora Candy siga ejerciendo como enfermera te hacen una persona accesible para la juventud y los progresistas. Fue por eso por lo que me dedique no solo a investigar tu vida sino además tus orígenes, y fue una gran sorpresa que fueras el hijo pródigo de uno de los hombres más influyentes de Inglaterra y la dulce Candy la hija adoptiva del patriarca del clan Andley con gran influencia en América.

- Vuelvo a repetirte la pregunta, ¿qué deseas?

- Tan impaciente Terruce, veo que además de nuestro amor al teatro compartimos unos genes un poco extraños, déjame decirte que no eres la única oveja negra de la realeza. Como pudiste ver en la invitación, yo soy un conde, heredado como hijo menor del príncipe Von Schneider, antigua familia que podríamos remontar a la época de la conformación del imperio prusiano, aun así aunque príncipe, la fortuna de la familia no era grande, y el título era más un trofeo de guerra, sin embargo, años de trabajo y consolidaciones políticas permitieron que el título continuara aunque no con la pureza de sangre que se hubiese esperado, pero eso creo mejores líneas en otros ámbitos. Mi madre, al igual que la tuya, era una actriz, alemana en mi caso, con un linaje mezclado con sangre de la aristocracia alemana, y extrañamente yo nací en el tiempo en que mi padre enviudó, por lo que no se tomó a mal que me diese su nombre, como consuelo a la pérdida de su esposa. Ahora ves que tenemos mucho en común.

- Por última vez, ¿qué deseas?

- Bueno, ya que estás impaciente, te lo diré. Hay un movimiento en Europa actualmente que desea construir un solo continente, te imaginas lo terrible que sería eso para la pureza de la sangre europea, los privilegios aristocráticos y el limite de las fronteras. A mi parecer Europa se encaminaría al caos, puedes imaginarte la forma de gobernar ese caos, quien sería el monarca, tu rey, el Kaisser alemán, el rey de España, el príncipe de Portugal, ese descontrolado gobierno italiano. No mi querido -Terry, el mundo no esta listo para eso, si es que alguna vez lo está. Es por eso, que personas como mi amada Helga y yo, creemos que el nacionalismo, es la solución a los problemas políticos de Europa. Cada país guardando sus tradiciones, sus fronteras; protegiendo a sus propios ciudadanos, incluso creemos que América se ha mezclado demasiado, y aunque aún hay una alta superioridad de la raza blanca, existen ya demasiados movimientos promoviendo un cambio, lo cual a muchos no nos agrada.

- Sigo sin comprender como tus ideas tienen algo que ver con un simple actor inglés y su esposa.

- Ahí es donde te equivocas, no eres tan simple como quieres aparentar, ni tu esposa tampoco. Tu solo puedes cambiar a través de tu presencia y tu discurso, las ideas de las personas; pero además ambos cuentan con un aval importante, sus distinguidas familias.

- El de la política es mi padre no yo, y el señor Andley no se involucra más que en la protección de bosques y herencia arqueológica.

- Pero Terruce… - interrumpió Helga Schneider. Hay algo que un padre negaría a su hija querida, o no podría el hijo pródigo comenzar a interesarse en los problemas políticos de su padre…

- Temo que se equivocaron de personas, si buscan un trato político es con mi hermanastro mayor que deben tratar- le interrumpió Terry.

- Señores Schneider, - dijo Candy. Vinimos con la intención de pasar una cena agradable, respetamos su punto de vista, pero ni mi esposo ni yo, nos podemos involucrar en su causa política, y mucho menos a nuestros padres.

- Candy, salgamos de aquí, -dijo Terry comenzando a llevarse a su esposa, pero fue rodeado por diversos hombres que salieron de los pilares del balcón, no habían estado ahí antes.

- Me temo Terruce, que esto no es negociable. Tienes razón que debimos haber tratado con tu hermanastro, pero déjame decirte que es un idiota narcisista, que pensó lo dejaría disfrutar de mi hospitalidad sin nada a cambio, además que descubrimos que su influencia es nula ante tu padre y menos ante la corte o el parlamento inglés, un inútil por completo. Así que por eso nos encargamos de traerte aquí.

- Quieres hacerme creerte que organizaste todo esto sobre el festival para traerme a Austria.

- Por supuesto que no, simplemente utilizamos el atractivo del festival para ampliar nuestra cadena de valor ante tu presencia en este lugar. Así que seamos claros. Conociendo sus antecedentes, ambos pueden tratar de escapar esta noche y arruinar el festival y nuestra incipiente alianza; para evitar esto y como tu admirador, voy a darte opciones; a) tu bella esposa se convierte en nuestra huésped a partir de este momento, y creo que puedes imaginar el precio por permitirle partir; b) regresas a tu hotel, donde te tendremos vigilado y no dudaremos en disparar ya sea a ustedes o a alguien de su compañía al azar, creo recordar que un par de actrices trajeron con ellas a sus hijos, y c) ambos se quedan esta noche a nuestro cuidado.

Terry apretaba sus dientes ante esta locura en la que se había visto involucrado, mientras Candy a su lado estaba pálida; por supuesto que no dejaría a Candy con esos monstruos, pero tampoco quedarse era una opción, sin embargo, poner a sus compañeros en riesgo no lo veía con buenos ojos, perdido en su decisión escucho a Candy.

- Prometemos no escapar, pero por favor no le haga daño a nadie.

Terry solo asintió en silencio.

- Perfecto, - exclamó Helga Schneider-. Los conducirán al hotel, y mañana por la mañana estaremos esperándolos en la plaza principal para el concierto de apertura de Mozart.

- Seremos simplemente dos famosos actores, y sus adorables esposas disfrutando del festival, y no es necesario recordarles que los estaremos vigilando, si intentan algo saben a lo que se atienen. - amenazó Ralph.

Los hombres que los rodeaban se separaron nuevamente y les permitieron caminar de regreso al salón, donde fueron recibidos por los demás invitados con una sonrisa de complacencia, lo que le indicó a Terry que todo estaba orquestado desde el principio.

Subieron al automóvil que los llevaría de regreso al hotel en completo silencio tomados de la mano. Al entrar al hotel, vieron al hijo de la actriz principal de la Shakespeare Company tratando de huir de su padre para no ir a dormirse mientras gritaba que estaba de vacaciones. Candy se encogió ante esto apretándose más contra Terry.

Subieron las escaleras y al llegar a su habitación y cerrar la puerta, las lágrimas de Candy comenzaron a brotar.

- Terry….

Terry colocó su mano sobre la boca de Candy, mientras la abrazaba y le dijo al oído:

- No digas nada. Saldremos de esto.

En el fondo de su corazón ambos esperaban que esas palabras fueran verdad, y mientras tanto tendrían que prepararse para saber cuál era el verdadero apoyo que los Schneider esperaban de ellos.

NOTA: gracias por continuar hasta aquí, como dije al inicio es una historia con tintes de novela negra, y un poco fuera de los personajes.

Y además la actualización será un poco lenta.

Muchísimas gracias a todas las maravillosas personas que me han escrito hasta ahora, espero sigan disfrutando de esta historia. Saludos cordiales.