Rayos, el aprender a dibujar mejor e intentar estudiar japones me quitan bastante tiempo XD
Pero esta historia sigue... a paso de tortuga pero sigue, no planeo dejarla abandonada como otras más que tengo.
Solo este y un capitulo más y avanzamos a la siguiente prueba en donde hay una pequeña sorpresa :D
Nota que no tiene que ver con la historia y que pueden saltarse: En wattpad comenzaré a subir algunas de mis historias con una mejor edición y arreglando errores, huecos argumentales que pudieron pasarse, tal vez hasta termine alguna que dejé a medio camino o cosas nuevas. Estoy igual como Bordebergia.
Bleach no me pertenece o el Ichiruki sería oficial y ...*se escucha una larga lista de cambios que no son relevantes en esta historia*
Pero aquel momento de paz se desvaneció cuando se escucharon gritos desgarradores provenir de las cercanías.
—Rukia, yo tengo que marcharme— dijo Ichigo al levantarse, aunque por dentro deseaba que ella no quisiera acompañarlo.
El Kurosaki temía que ella pudiera morir.
—Lleva tu espada— fue la respuesta de Rukia para entregarle una katana cuya funda era de color blanco como la luna.
Ichigo tomó el arma y sin dudar salió de su residencia, solo para ver en la lejanía como el fuego se levantaba y rápidamente se extendía. Sin dudarlo se apresuró a llegar al origen, pero pronto se encontró con un grupo armado que aparentaban ser rebeldes.
—Comandante Kurosaki— dijo el que parecía ser su líder; un hombre alto de cabello azulado y ojos dorados que portaba un kimono blanco manchado de sangre.
—Lárguense o los mataré— respondió Ichigo con severidad, pues su prioridad era ir a ver si existía algún sobreviviente.
Pero el hombre de cabello azul rio —¿Dónde ha quedado su hosquedad que siempre le ha caracterizado? — preguntó antes de hacer una mueca de disgusto —Mátenlo, así el emperador será cosa fácil.
Ante sus palabras, el resto de rebeldes se lanzaron contra Ichigo.
Sin embargo la batalla sería corta ante la experiencia y agilidad del Kurosaki, quien optó por dejar a todos fuera de combate.
—No lo repetiré dos veces— sentenció Ichigo.
—¡Realmente el amor te ha cambiado! — se burló el hombre —¡Es por eso que nosotros seguimos vivos y en cualquier momento podríamos destrozar tu futuro en el momento en que seas más feliz!
Ichigo al escuchar aquellas palabras recordó a Yhwach y la rabia comenzó a crecer en su interior ante aquel temor que logró doblegarlo y obligarlo a vivir en el Mundo Humano, fingiendo que su vida como shinigami no se había vuelto más divertida que la de ser un simple estudiante.
Pero no iba a permitir que aquel recuerdo siguiera torturándolo, mucho menos a ser víctima de la burla de un hombre que no era capaz de comprender que estaba repitiendo una misma línea de tiempo como una marioneta.
—En ese caso… ¡No permitiré que ninguno de ustedes viva! — exclamó Ichigo para desenfundar su katana y atacar al líder rebelde, quien lo imitó.
Aquel hombre al sentir como las dos espadas chocaban con fuerza rio divertido, pero conforme la pelea se extendía se percató de que Ichigo dejaba de ser el comandante del emperador Masamune y comenzaba a pelear con rabia.
Y un pequeño recuerdo apareció en la mente del rebelde, en donde el comandante era un hombre distinto.
—¡Puedes verlo! ¡¿Verdad?! — le gritó Ichigo al notar una pizca de confusión en su enemigo.
Sin embargo, el Kurosaki no permitió a su oponente responder, pues su espada alcanzó a atravesar el pecho y provocó que el kimono blanco se tiñera de rojo.
—E-El sabio…— murmuró el hombre antes de toser sangre —A-Ayudar…— agregó para que segundos después su mirada perdiese el brillo.
Ichigo analizó aquellas palabras hasta que escuchó como uno de los rebeldes intentaba levantarse para escapar.
—Yo les di la oportunidad y ustedes la desperdiciaron— dijo Ichigo antes de quitar el cuerpo del rebelde de su katana.
El rebelde se levantó y comenzó a correr, solo para ser perseguido por el comandante Kurosaki, quien aún no terminaba de saciar su ira que había despertado de su letargo.
—N-No, p-por favor— murmuró el rebelde al verse acorralado entre las calles.
—¿Por qué debería de hacerlo? Hace algunos minutos intentaste matarme, lo natural es que me defienda además— una sonrisa tétrica apareció en el rostro de Ichigo —Esta sería una buena forma de liberar toda la rabia, resentimiento y dolor que he cargado por años.
—¡Lo siento, por favor perdone mi vida! — exclamó el rebelde antes de arrodillarse.
—Ya he perdonado vidas y he sido traicionado, he sido piadoso con mis enemigos y ellos se encargaron de destrozarme— respondió Ichigo para colocar la punta de su katana en el cuello del hombre.
—¡Ellos me obligaron a unirme hace años! ¡Pida lo que sea y yo se lo daré! ¡Incluso puede asesinarme mañana, pero hoy no! — dijo el hombre mientras intentaba no romper en llanto —No puedo morir hoy, no cuando debo de pedirle perdón en su aniversario— suplicó.
El Kurosaki después de escucharlo guardó su katana y le dio la espalda.
—Diré que has muerto en el fuego, así que apresúrate a tener otra identidad y no vuelvas a acercarte a ellos o te torturaré antes de matarte— dijo.
—¡Gracias comandante! ¡Y-Yo se lo pagaré! — exclamó el hombre antes de pasar corriendo a su lado, solo para desaparecer entre las calles.
Por su parte, Ichigo regresó a donde se encontraban los rebeldes, algunos de ellos apenas recuperaban la conciencia, otros seguían dormidos.
Aun así, ninguno de ellos podría vivir o aquel hombre podría estar en peligro.
Fue entonces que la katana se alzó hacia el cielo antes de arrebatar las vidas de los rebeldes.
Pronto apareció en su caballo el comandante Aoyama, quien tenía cabello grisáceo y mirada azulada.
—No hablaron ¿Verdad? — dijo Aoyama a lo que Ichigo negó.
—Preferían morir antes que delatar a otro, pero hubo uno que murió en el fuego— respondió El Kurosaki con calma, mientras guardaba su katana.
—Es normal con un fuego que estuvo a punto de perder el control, como sea, daré aviso a mis oficiales para que limpien todo. Aunque dudo que alguien extrañe a un bastardo rebelde— mencionó antes de mirar a su compañero —¿Pasa algo? Te noto distinto.
Ichigo se sobresaltó ante la pregunta, pero rápidamente creó una excusa —Solo me preguntaba porque quieren asesinar al emperador Masamune, siendo él alguien tan amable.
—Quizá es por todo lo que han hecho los consejeros, pues al final de cuentas es responsabilidad del emperador lo bien o mal que le vaya a nuestro reino. Aunque estoy seguro que ninguno de ellos sabe que Masamune-sama pasó toda su vida preparándose para terminar con el único heredero que se interponía entre él y el trono— respondió Aoyama antes de sonreír con arrogancia —¡Y por fortuna logró matar a ese bastardo de Ishikata! Si él hubiera llegado al trono, todo esto sería un baño de sangre solo por diversión— aseguró.
—¿Tan malvado era ese tal Ishikata?
—En efecto, era tanto su deseo por ver sangre derramada que terminó obligando a su hermano a matarlo con una daga… incluso hasta el día de hoy Masamune-sama se siente culpable por hacerlo y piensa que de esforzarse tal vez podría haberle dado un corazón a ese monstruo quien siempre negó tener uno… ¡¿No crees que eso es muy dulce de su parte?! ¡A veces pienso que nuestro emperador es demasiado amable!
—Creo que debería regresar a casa, seguramente Rukia se está preocupando— comentó Ichigo algo incómodo por las palabras de su compañero.
—¿Te llevo? — le ofreció Aoyama.
—Vale— respondió Ichigo, sabiendo que sería extraño negarse.
Aoyama sonrió antes de extenderle su mano para ayudarle a subir al caballo.
Y mientras iban de regreso a la residencia del Kurosaki, Rukia recibió la visita de aquel ente que les había convencido de jugar.
—¿Qué quieres? — le preguntó la capitana con seriedad.
—Vine a presentarme de forma adecuada— respondió para adoptar la apariencia de un chico de cabello negro, ojos rasgados y una sonrisa tan inquietante como la de Ichimaru Gin. Su vestimenta consistía en una larga gabardina gris, una camiseta y pantalón negro, además de unas botas de montaña rojas. —Sagisu Ryuichi, tercer hermano de la luna negra. El más misterioso de los seis… Aunque debo de admitir que me han sorprendido al crear una estrategia de la nada— dijo.
—No es necesario que finjas empatía, puedes irte— le advirtió Rukia, mostrando que no estaba de humor para escuchar halagos.
—Si logran mantener vivo al emperador y soportar la presión del consejo por el tiempo suficiente, puedo asegurarles que ganarán, pero ¿Serán los primeros en llegar? ¿O su lentitud los matará? — dijo Sagisu para reír divertido —Kuchiki Rukia, deberás de usar todo tu intelecto para vencer a esos hombres o sentenciarás a tu amado a la muerte— agregó, solo para sentir como el miedo comenzaba a crecer en el corazón de Rukia.
—¡Rukia! — gritó Ichigo a la distancia.
Ella por inercia volteó y cuando regresó la mirada hacia donde estaba Sagisu, él ya no estaba.
Momentos más tarde Ichigo entró a la residencia, pero de inmediato supo que algo sucedió mientras no estaba.
Sabiendo que Rukia no respondería, la abrazó.
—Tranquila, lo lograremos— le aseguró Ichigo, para sentir como ella correspondía con fuerza el abrazo —Si quieres no digas nada de lo que pasó, yo lo entiendo.
Ambos se quedaron así por un rato, cuando Ichigo sintió que era momento para ir a descansar, no dudó en cargar a Rukia para llevarla a su dormitorio.
—Siempre me he preguntado si me abrazarías a la hora de dormir— comentó Ichigo con una leve sonrisa.
Rukia sonrió al escucharlo —Lo haré — respondió más calmada.
Al día siguiente, ellos dos se levantaron temprano para asistir al palacio a ensayar; mientras caminaban parecía que un silencio agradable reinaría hasta llegar al enorme edificio, pero una figura delgada a la distancia hizo que Ichigo se detuviera.
—¿Qué pasa? — le preguntó Rukia bastante extrañada.
—Creo que ella es a quien se refería el emperador— respondió el Kurosaki quien de forma disimulada apuntaba a una joven mujer que venía acompañada por un hombre.
—Trata de verla bien y le preguntas todo a Masamune-sama— comentó Rukia antes de percatarse de que aquella pareja les volteaba a ver.
Ichigo al darse cuenta se comenzó a sonrojar y por costumbre se rascó la nuca. Sin embargo, sabía que debía de provocar alguna reacción en su amada para lograr disimular y hacer que todo se viese natural.
—Rukia, me alegra haberte conocido. Ya no puedo imaginar cómo sería mi vida sin que tú seas presente en ella— dijo el Kurosaki para ver como el rostro de Rukia comenzaba a teñirse de rojo y ella desviaba la mirada bastante avergonzada.
—I-Idiota!— murmuró la capitana avergonzada.
Ante sus palabras Ichigo fingió molestarse —Aun después de que trato de sonar meloso, ¡¿Tú me tratas de esa forma?! — respondió para acercarse al rostro de Rukia —¿Acaso sabes lo difícil que es hacer esto para mí?
Rukia no respondió, solo tomó de la muñeca a Ichigo y siguió su camino.
—Se lo creyeron— comentó Ichigo con una leve sonrisa.
—La próxima vez trata de no tomarme desprevenida— respondió Rukia quien lentamente dejaba de tener ese tono rojizo en sus mejillas.
Cuando llegaron a las puertas del palacio, se percataron de que Asuka estaba esperándoles y que parecía no haber dormido nada.
—¿Estas bien? — le preguntó Ichigo.
El chico asintió antes de bostezar —Tuve que ayudar a levantar los escombros, pero hoy debo de ir con el comandante Aoyama, al parecer va a mandarme a entregar aquel mensaje a la última provincia antes de Año Nuevo… como siempre— dijo.
—Esperemos que esta se la última— comentó Ichigo para darle una pequeña palmada en el hombro a Asuka.
—Lo deseo con desesperación— confesó el chico para que las puertas del palacio se abrieran.
De nuevo, el emperador fue el primero en aparecer, solo que en esta ocasión se veía bastante nervioso.
—¡Finalmente llegan! — exclamó el soberano para tomar a Ichigo y Rukia de la muñeca, solo para llevárselos a uno de los patios del palacio que por alguna extraña razón estaba vacío.
—¿Somos los primeros en llegar Masamune-sama? — preguntó el Kurosaki.
—Sí, pero los llame antes que a los demás para decirles algo… ¡Ella aceptó venir! — dijo Masamune para sonreír —¡Incluso practicamos para que todo parezca normal! Aunque Ryo me confesó que es casada…
—Lo sentimos Masamune-sama— corearon los dos shinigamis con una leve reverencia.
Pero en lugar de escuchar un lamento, hubo una pequeña risa —¡¿A quién le importa si no podemos estar juntos?! ¡Al fin podré saber que mi sueño es real y no solo una fantasía! — exclamó Takato feliz.
Ichigo y Rukia se quedaron en silencio, ninguno sabía cómo reaccionar ante aquellas palabras tan inocentes del emperador que se conformaba con saber que era correspondido y estaba seguro que durante la noche podía amar a aquella mujer que durante el día sería prohibida.
Y si lo comparaban con su situación, ellos estaban esperando a que apareciera una noche para amarse.
—Masamune-sama, ¿Podemos comenzar a practicar? Es lo único que podemos hacer por usted— dijo Rukia.
El aludido sonrió —¡Por supuesto!
Una hora más tarde llegaron el resto de oficiales junto a sus esposas. Todos ellos practicaron hasta entrada la noche, pues el día siguiente se llevaría la celebración de Año Nuevo y no tendrían tiempo suficiente para hacer otra práctica antes del evento.
Y cuando fue momento de retirarse, Ichigo le ofreció a Rukia llevarla en su espalda pero ella se negó.
—Mañana sabremos porque nadie ha logrado un final feliz en esta línea— comentó la capitana mientras caminaban con lentitud.
—Lo sé y me preocupa— respondió Ichigo.
—Entonces hay que prepararnos mentalmente para todo lo que pueda suceder, no podemos rendirnos aun— dijo Rukia a lo que Ichigo sonrió.
—Siempre logras regresarme la paz, ¿Te lo había dicho?
Rukia sonrió, aunque en su mente comenzaron a sonar las palabras de Sagisu.
Un error suyo y todo estaría acabado.
