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Omake – Cookies
Estaba esperando que Syaoran saliera de su última clase, no le había agradado la idea de que regresara a clases pero tampoco tenía el poder de prohibir tal acción, sobre todo cuando los exámenes estaban cerca. El tiempo había transcurrido de forma inusual, al grado de no percatarse del momento en el que las hojas de los árboles habían empezado a caer y su color era de un rojizo cálido, ¿tan distraída era? No. Recordó todo lo sucedió durante las últimas semanas y un escalofrío le recorrió su espina dorsal. Su vida había cambiado en tan poco tiempo, había regresado al mundo que durante mucho había enterrado. ¡Qué ironía! Sonrió por inercia y en su mente apareció la imagen del causante de todo, Li Syaoran.
Si le hubieran advertido que él había regresado, la Sakura de hace 3 meses se hubiera escondido sin dar oportunidad a un reencuentro. Era algo muy curioso cómo las cosas se daban sin esperarlo, la Sakura de hoy ya no podía alejarse de él. Sí, era algo muy tonto pero no podía estar tranquila si él no estaba a su lado. Dio un vistazo al interior de su bolso, ¡por Dios! Se sentía como una puberta enamoradiza preparando postres para agradar al chico que le gustas. El calor en su rostro hizo presencia y se sintió aún más torpe por ello. Meiling era la culpable por darle aquella esperanza al incitarla a preparar algo para él, ¡¿qué iba hacer?!
-Sakura, ¿estás lista?- La voz del joven la hizo dar un pequeño grito por el susto provocado. -¿Estás bien?
-Sí, descuida. No es nada.
-¿Nos vamos?- Dio unos pasos pero se detuvo cuando ella no lo siguió. La miró curioso cuando lo llamó con inseguridad, ¿había hecho algo mal? Él no recordaba nada, aunque su semblante no demostraba preocupación. -¿Sucede algo?
-Sya...Syaoran... Yo…- Contempló al joven y todas sus fuerzas se fugaron. –No… Nada, olvídalo.
-¿Estás segura que no es nada? Eso fue algo raro.- Cuestionó cuando pasó a su lado.
-No tiene importancia, ¿nos vamos?
-Como quieras.
Se recriminaba mentalmente el ser tan cobarde, ¡sólo eran una galletas! Podía decir cualquier excusa para dárselas y terminaba siendo devorada por sus miedos. Estaba nerviosa, debía admitirlo, tanto que todo el transcurso a la mansión no le había dirigido la palabra y sólo se atrevía a verlo por el espejo del retrovisor. No quería que pensara era una niña a la que tenía deslumbrada, ella era una persona adulta que estaba enamorada. ¡¿Por qué le había hecho caso a Meiling?! No podía concentrarse ni una pizca por culpa de las galletas, imaginaba escenarios para entregarle las galletas sin que la rechazara y sentirse humillada, pero en todos eran un fracaso. ¡Era tan difícil!
-¿Sakura?- La sacó de su trance el castaño. -Todo el día has estado distraída, ¿hay algo que deba saber?
-¡No! Lo siento, tengo demasiadas cosas en la cabeza. Perdóname, prestaré atención de ahora en adelante.
-¿Tienes visiones otra vez?- Intentó de nuevo, no quería quedarse con la duda.
-No... Nada de eso.- Se sintió un poco mal cuando notó en el rostro del joven un poco de molestia al no creerle.
-Veo que ya terminaron.- Intercedió el inglés cuando se acercó al par de jóvenes. -¿Interrumpo algo?- Cuestionó al sentir la tensión en el ambiente. Tomó de los hombros a su amigo y lo sentó en la mesa que estaba en el jardín seguido por la castaña. -Muero de hambre, ¿ustedes no?
-¿A qué has venido? No creo que el apetito sea tu problema.- Respondió con cierta molestia.
-Calma, ¿por qué no comemos algo mientras les explico?
-Pediré que traigan algo en ese caso.
-Con un té será suficiente, veo que Sakura ha traído el postre.- Sonrió cuando apuntó a la pequeña caja que estaba sobre la mesa, era obvio lo que se encontraba en el interior. Le hizo un guiño para que aprovechara la oportunidad. –Debe de ser algo delicioso.
-¿Eh? ¡Ah! Este…
-Eriol.- Su voz salió con molestia para reprender a su amigo. -No te sientas obligada a responder.
-¡No! No, está bien. Eriol tiene razón. Anoche horneé unas galletas.- Suspiró, su amigo le había dado una excelente oportunidad para que Syaoran las probara y no fuera rechazada. -Las traje hoy para compartirlas… si es que las quieren probar…- Se sonrojó cuando sintió la mirada de Syaoran sobre ella.
-¡Excelente! Recuerdo que en eras buena en clase de cocina.
-No exageres Eriol, no es para tanto. Aún me cuesta preparar muchas cosas, y suelo cometer errores muy tontos.
-No lo creo, deben ser buenas. ¿Syaoran no quieres probar?
-¿No la has escuchado? Admitió que suele equivocarse, no quiero terminar en el hospital cuando apenas estoy mejorando; y no me pidas que te lleve por comer lo que ella prepara.
-¡¿Qué?!- Nunca esperó aquella respuesta, recordó los primeros encuentros que tuvo con su amigo en la cafetería, era estúpida por creer que él las aceptaría. Quería llorar, como odiaba que se comportara de esa forma sin importarle los sentimientos de los demás. Era un tonto. –¡Pues no las comas que no las hice para ti!
-Nunca pensé eso, puedes estar tranquila.- Su tono sonó nuevamente molesto. –No creas que me importa.
-Dejen de pelear, cualquiera que los viera pensaría que son una pareja.
-¡Eriol!- Gritaron ambos castaños.
-No digo más. Pero si me lo permites, mi estimada Sakura, yo si quiero probar las galletas.- Le dio una sonrisa de compasión por la situación.
-Claro Eriol, son todas tuyas. Al menos tú si sabes apreciar el esfuerzo de las personas.- Estaba dolida y molesta, no volvería a hacer nada pensando en él. No importaba lo que hiciera él terminaba poniendo una barrera. A veces sentía que todo fluía y otras ocasiones era más difícil que cuando fueron niños.- ¿Cómo saben?
-Deliciosas, nunca me decepcionas. Lástima que hay gente que se pierda de esto.- Miró con picardía al castaño. -¡Qué envidia! El hombre que se case contigo será afortunado.
-¡No juegues!
-Por qué no le pides que sea tu esposa.- Bufó con molestia Syaoran. -Hacen una excelente pareja.- Sabía que se había pasado pero le molestaba que Eriol siempre quisiera incomodar. Sólo sintió cuando el agua empapó su cuerpo, definitivamente había pasado la línea. -¡Maldición!
-¡Eres un idiota!- Exclamó furiosa.
-¡Sakura!- La sorpresa de Eriol fue enorme. Tomó a su compañera de los hombros para que se calmara pero podía ver su semblante más molesto y dolido de lo que ya estaba. –Tranquilízate.
-¡¿Qué te pasa?!- No era un grito, sólo había levantado la voz un poco. Observó sus ojos y algo dentro de él le dio a entender que había hecho una mierda.
-Eso lo debería de preguntar yo, ¿qué pasa contigo? Eres tan detestable, si no quieres comerlas no las comas, pero no tienes porque decir estupideces.- Agarró sus cosas antes de que terminara llorando, no le daría ese gusto. –Maldito engreído.
Se llevó la mano al rostro y lanzó un gruñido de frustración. ¡Era tan difícil! No iba a seguirla, no lo escucharía; respiró lo más profundo que pudo y dio la orden de que la siguieran, por estos pequeños episodios todo se retrasaba, esa confianza que tenían no se podía recuperar al cien por ciento. Siempre lo quería culpar por su actitud, ¡pero ella también tenía culpa! Si le hubiera dicho que le molestaba desde el inicio, él no hubiera actuado como un idiota.
-Maldición.
-Mi querido amigo has cometido un error.
-Cállate Eriol, esto es tu culpa.- Lo miró irritado. Sí, también su amigo tenía responsabilidad por sus estúpidos comentarios. –Te encanta molestarme.
-Yo no tengo la culpa que seas celoso.- Tomó nuevamente una galleta y se la llevó a la boca. -La pobre de Sakura se la pasó horneando estas galletas para ti y tú eres un ingrato con ella.
-¿Qué dices?
-¿No me digas que no te diste cuenta? Mi amigo, te falta aprender más. Ella dijo que las trajo para compartir, pero aquí sólo estaban ustedes dos.
-Cierra la boca, ya no importa.
-Ay, Syaoran. ¿Cuándo le dirás lo mucho que te interesa? Créeme, eso facilitará mucha cosas.
-No me dijiste a qué venías.
-Eres un terco. En fin, no digas que no te lo dije.- Suspiró. -Hablé con algunos líderes, no están de acuerdo en la candidatura de Shen Xu, tienen miedo que no pueda llegar al consejo. Creo que tendremos problemas, si candidato del clan Chen logra posicionarse no nos permitirán movernos.
-Era de esperarse, necesitamos convencer a los clanes que apoyaban mi candidatura. ¿Y respecto a lo otro? ¿Lograste encontrar algo?
-Aún no puedo decirte con claridad.
¿Por qué tenía que ser así? Sus palabras le lastimaban demasiado, se sentía como una tonta. Sabía que no era del todo cierto sus comentarios, aunque se comportara como un idiota, su actitud era por la incomodidad que le causaba las bromas de su amigo. Sin embargo, saber eso no calmaba el dolor en su corazón. ¿Él no la amaba? Evocó la calidez que le impregnaba cuando la abrazaba, ¿sólo era cariño? ¿Era por amistad? Comenzó a sentirse como una ingenua, confundiendo sentimientos que otras personas no tenían hacía ella, ¿acaso era un castigo? No quería tener esa clase de sentimientos, si él no la amaba… ¡No! No tenía tiempo para pensar en eso, existían cosas más importantes, como mantenerlo con vida.
-Sakura tonta…- Sus lágrimas comenzaron a rodar por su rostro sin tener control de ellas. -Eres tan patética.
Sólo quería llorar por ser tan impulsiva. Ella quería acercarse a él y con cada movimiento se alejaba más. ¿Cómo lo iba a ver a la cara? ¿Seguiría molesto con ella? ¿Se burlaría nuevamente de sus sentimientos? Talló sus ojos con fuerza, no debía llorar, tenía que ser la Sakura valiente y decidida de su infancia.
Observó el exterior de la residencia, ya era tarde y sabía que su amiga seguía vagando por las calles. Estaba preocupado y esa sensación no lo dejaba concentrarse, necesitaba arreglar las cosas con ella, pero no sabía cómo hacerlo. ¿En qué momento se había salido de control? Todos esos días habían estado tranquilos, podía afirmar que eran más cercanos y que existía cierta atmósfera de cortejo entre ellos. Pero todo se había ido a la mierda cuando Eriol había interferido, lo maldijo internamente por ser tan mezquino, ¿que por qué no le revelaba sus sentimientos a la castaña? Porque existían cosas de mayor importancia, como mantenerla con vida.
-Eres un grandísimo idiota Li Syaoran.- Agarró la pequeña caja de galletas y tomó una. Eran deliciosas, él sabía que Sakura tenía un excelente don en la cocina y esperaba ser el único que pudiera probar cada uno de sus platillos. El llamado a la puerta lo sacó de su ensoñación. –Adelante.
-Joven Li, la señorita Kinomoto ha llegado con bien al departamento. Su familia se encuentra con ella y los miembros de seguridad han colocado un sello de protección extra.
-Gracias, puedes retirarte.
-¿Desea que aliste el coche?
-No, gracias. Hoy me quedaré aquí, informen a mi madre.- Mañana arreglaría el problema con Sakura, era mejor que hoy la dejara descansar.
Durante todas la clase estuvo esperando ese momento, y aunque quiso acercarse pudo distinguir su incomodidad, definitivamente tenía que hablar con ella. Había sido de los primeros en salir y se encontraba recargado a un lado de la puerta mientras esperaba que su compañera se despidiera de sus amigos. Aunque la culpa fuera de Eriol iba hacer su orgullo a un lado y para disculparse por lo ocurrido.
-Sakura.- La sostuvo por el brazo en cuanto cruzó la puerta. -¿Podemos hablar?
-Tengo que ir al trabajo.- Se excusó rápido. -¿Podemos hablar luego?
-Sakura, no tienes trabajo. Si vas a buscar un pretexto deberías hacerlo mejor.- No pudo evitar reírse cuando el sonrojo cubrió su rostro al verse descubierta. –Vamos, te llevo a tu falso trabajo.
-No quiero. Déjame en paz. Hoy quedé de comer con los chicos.
-Sakura, ¿se te olvida que tenemos entrenamiento?- La negación de ella lo confundió más.- ¿Entonces?
-Dejémoslo para mañana. Necesito un poco de distracción.- El ceño fruncido del castaño le demostraba su molestia. No le importo su petición y simplemente la arrastró consigo hasta el estacionamiento. El no ver su rostro le provocaba angustia, ¿por qué sentía que a cada momento lo echa a perder más? Sólo quería relajarse un poco, no iba a dejar los entrenamientos eso ya lo había decidido. –Syaoran…
-Lo siento.
-¿Eh?
-Por lo de ayer. Sé que soy un idiota y me comporto a veces como un cretino, pero detesto que Eriol haga ese tipo de comentarios. No lo tomes a mal.- Intentó aclarar antes de que supusiera otra cosa. -Me molesta que intenten manipularnos.- La contempló por el reflejo del auto, su cabello cubría sus ojos, iba a llorar y él sería el culpable. -Sakura...no caigas en la manipulación de Eriol. Lo que sentimos nosotros nadie más no lo tiene que decir. A lo que me refiero, es que… Ten la confianza en quien eres y lo que hacer sentir a las personas. Cuando me molesto suelo decir cosas que lastiman a las personas, es un mal hábito de protección. Lo lamento.
Suspiró pesadamente, ahí estaba, escuchando cada palabra de su amigo. Era cierto, él protegía sus sentimientos, pero ¿quién protegía los de ella? Si quería permanecer a su lado tenía mucho camino por recorrer, ella le enseñaría a no ser tan idiota. La mano de él sostuvo la suya, era como un pacto entre ambos.
-También lo siento, me comporte de manera incorrecta en tu casa, no debí lanzarte el té.
-No te preocupes, me lo merecía.
-Déjame terminar. Sé lo mucho que te incomodan las bromas de Eriol, no eres el único al que le pasa, pero esa no es razón para que te desquites con las personas equivocadas.- Entrelazo sus manos para demostrar que iba a estar para él. -No te preocupes, pero no seas tan idiota.- Miró su sonrisa por el insulto.
-Sí, ya me quedó claro que soy un idiota.
-Y cretino, no lo olvides.- Sonrió. –Syaoran, yo… Sé que piensas que soy fácil de influenciar, pero tengo claro cuáles son mis sentimientos. No podemos volver atrás, ¿cierto?.- Le dio la mejor sonrisa que tenía en el momento, necesitaba mostrar su valentía como antes. –Tú y yo, ya no somos los niños que se conocieron en Tomoeda. Sin embargo, no quiere decir que tengamos la obligación de ser igual entre nosotros, hemos crecido y cada quién vivió cosas diferentes. Así que es obvio que podemos tener estas diferencias.
-Sakura…- La jaló hacía él y la abrazó. No, no la iba a dejar. ¿En qué momento había madurado demasiado? Se separaron un poco cuando ella replicó que no podía respirar. ¡Era tan adorable! Sus cabellos se habían alborotado y adornaban su rostro, acomodó algunos detrás de su oreja. No pudo resistirse y besó su frente en un acto que dejó sorprendida a la joven.
-Lo siento.- Un ligero rojo adorno sus mejillas por el acto arrebatado que había tenido, pero no se arrepentía de ello.
-Está bien…
El sonido de su corazón no dejaba escuchar lo que sucedía a su alrededor, estaba feliz. Debía ser paciente, romper aquella barrera que los distanciaba, era cuestión de tiempo.
- Notas -
Qué difícil con nuestros castaños, ¿verdad? Un día se quieren, al siguiente se pelean, luego se reconcilian, ¡válgame, que todo eso es por la tensión que existe entre ambos! Una mera discusión por celos.
¿Demasiado OoC? Espero que no sea tanto, ustedes tienen la última palabra.
