Atención: Los lugares y personajes mencionados en este fanfic son propiedad única y exclusiva de Square-Enix.
Advertencia: Este es un fanfic yaoi (relaciones homosexuales). Quedas avisao.
Pareja: Seifer&Squall
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QUERIDO ESCLAVO
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Capítulo 4: un respiro
Irvine se quitó la ropa. Estaba agotado. Ser un esclavo era un infierno con Zell como maestro. Cuatro días habían pasado y todavía no había podido hablar con una chica, ni siquiera podía hacerlo ahora con Seifer; había escrito tres redacciones de cientos de páginas; debía ir a entrenar todos los días; fue a Balamb ciudad andando sólo para dar recuerdos a la madre de Zell; tenía que levantarse pronto para que Zell pudiera comer más perritos calientes de los habituales y por si fuera poco, debía escucharle a cada momento. Lo peor era que no tenía tiempo para el sexo con nadie, porque Zell no le dejaba libre un minuto. Irvine quería venganza. Aún quedaban varios días de tortura. Después de eso, sería libre. Nunca había deseado algo con tanta fuerza.
Y llegó el viernes. Squall y Seifer acabaron tarde, como siempre. El más alto se aproximó a la mesa del de pelo castaño llevando en los brazos una pila de archivos.
—Aquí, Squall.
Squall se levantó y extendió sus brazos para recibirlos, pero sus manos tocaron las de Seifer y todos los archivos cayeron al suelo.
—¡Joder!
Seifer rió al escuchar decir palabrotas a Squall.
—Has sido tú, Squall, estás muy nervioso. Lo has estado toda la semana… me gustaría saber qué te pasa, tío.
"Es todo por tu culpa, idiota. Nunca he pasado tanto tiempo contigo sin discutir"
—Tengo estrés —fue su respuesta.
Seifer sonrió. Puso sus brazos bajo la nuca.
—Sí, ya veo. Todo el día encerrado aquí sin tiempo libre hace que cualquiera se estrese.
"No es mi trabajo, Seifer. Es algo que no puedo controlar cuando estoy contigo"
Squall suspiró. Había ordenado los archivos otra vez, así que los metió en el armario.
—¿Sabes? Creo que necesitas distraerte un poco —le oyó decir a Seifer—. ¿Quizá ir a algún sitio fuera de este Jardín, aunque sólo sea una noche?
"Y si tenemos que dormir en un hotel ahí fuera, juntos, tampoco es problema"
Squall pensó seriamente la sugerencia. Él y Seifer había estado trabajando sin pausas, durante días. Y el rubio nunca se había quejado. Bueno, dejando aparte aquella vez en la que pidió mostaza a Squall y él mismo tuvo que levantarse a por ella. Squall se rió mucho ese día. Ambos se merecían divertirse. Incluso aunque fuese por separado.
—Bueno, no suena mal. Y como mi esclavo hizo un gran trabajo, ¿te gustaría cenar mañana? Yo invito.
Seifer se heló de inmediato. ¿El clon de Shiva estaba ofreciéndole una cita? Su corazón se paró de repente.
"Parece decepcionado", pensó Squall al ver su pálido rostro, arrepintiéndose de inmediato, sus nervios de nuevo aflorando "creo que no le apetece ir conmigo. Preferiría ir con Quistis, o incluso Irvine. Ambos se ven bastante hace tiempo"
—Oh, está bien, ya sé que tienes otros planes…
"Oh, no, me ha propuesto una cita y ahora quiere cancelarla"
—¿Otros planes? ¿Bromeas? ¿Qué puede ser más satisfactorio que arruinar a mi comandante en una cena? Pediré algo caro: langosta.
—¿Qué? —dijo Squall encarándose—. Una hamburguesa para ti, esclavo. Y si no te gusta, no vengas.
Seifer rió a carcajadas. Le encantaba molestar a Squall, aunque rara vez se picaba.
—Bien, creo que tampoco desperdiciaría tu dinero aunque fuera para una hamburguesa, de modo que así sea.
—Ok, entonces. Ven a recogerme mañana a mi cuarto a las 7.
Seifer sonrió de felicidad por primera vez.
—De acuerdo.
El chico pasó casi todo el día durmiendo. Squall, sin embargo, seguía sin poder conciliar el sueño, así que se quedó en su oficina pensando y hablando en su cabeza.
Las horas transcurrieron y Squall estaba muy nervioso.
"Esta puede ser nuestra última oportunidad de estar juntos. Creo que tengo que darle las gracias a Selphie por organizar la encuesta. Si no hubiese ganado, Seifer no habría estado conmigo así"
El moreno escogió una camisa gris y pantalones blancos. Sus ojos brillaban.
—¿Princesa? —dijo alguien detrás de su puerta cuando llegó la hora.
Squall frunció el entrecejo y salió sin esperar, diciendo:
—Idiota.
Seifer se quedó de piedra. Por suerte, Squall caminaba por delante de él, de modo que podía mirarlo de arriba abajo.
"Joder. Si no fuese Squall juraría que se ha vestido para incitarme. Tiene un culo perfecto"
Squall, por cierto, parecía avergonzado. Seifer había hecho referencia a él acerca de algo femenino y dulce otra vez y lo odiaba. Afortunadamente, como Seifer caminaba detrás, no pudo ver encenderse su rostro.
Pero el rubio alcanzó a Squall con sus largos pasos y murmuró:
—Estás impresionante de blanco, guapito.
Squall apretó los dientes.
—Pues vale.
Caminando por los pasillos, vieron a dos chicos uno delante de otro: un chico bajito, rubio, con una cresta y el otro, un chico de pelo castaño y ondulado, alto y elegante, con una mueca de disgusto, cargando una pila de libros. Seifer rió.
—Ey, Squall —saludó Zell sin mirar a Seifer.
—Hi —dijo Irvine sin poder hacer gestos.
—Hey, Dincht. Podrías ayudar a tu amigo a llevar esos libros.
Zell se encendió enseguida.
—¡No es mi amigo! Es mi esclavo y si es lo suficientemente fuerte para sostener un arma, entonces puede hacerlo con esos libros.
Squall pestañeó. No sabía que Zell leyera tanto últimamente.
—No sabía que te gustara leer, Zell.
—Oh, bueno, yo…
Zell se rascó el cogote, frenético.
—Eres cruel con el cowboy. Sé que es como un grano en el culo, pero no se merece que lo trates tan mal —declaró Seifer.
Zell se encontró con sus ojos. Después miró a Squall, su adorado SeeD.
—¿Vas a alguna parte? Estás muy guapo, Squall.
Squall elevó una ceja, como si no tuviera ningún sentido lo que había escuchado, y entonces Seifer agarró a Squall por el brazo y dijo:
—No es de tu incumbencia, gallina, aunque sé que preferirías estar esta noche con él, pero lo siento, es mío de momento. ¡Vigila tu culo, cowboy! El gallina parece tener preferencia por chicos afeminados y de pelo largo.
Se volvió como si no hubiera pasado nada. Zell estampó el pie en el suelo, molesto, gritando:
—¡Squall, arrójalo a los tiburones!
Irvine sonrió viéndoles marchar juntos.
"Espero que pase algo pronto entre Seifer y Squall, o el Jardín entero sabrá que babean el uno por el otro"
Squall tragó. Aún tenía el brazo cogido por Seifer y su toque era cálido. Se mordió el labio.
"Demonios, esto va a ser duro"
Ambos alcanzaron el garaje y cogieron un coche. Squall condujo hasta Balamb.
—Seguro que el cowboy planea venganza —dijo Seifer—. El gallina lo trata muy mal.
Squall puso los ojos en blanco sin apartarlos de la carretera.
—¿Y tú lo harías mejor?
—Por supuesto. Si quieres cambiamos papeles.
El rubio se inclinó en su asiento, estudiando el perfil de Squall; sus pálidas mejillas, sus ojos emocionales, sus labios gruesos. Debía haberlo estado mirando un rato largo, porque Squall se dio cuenta y Seifer sólo pudo sonreír.
"Si fuera una tía, juraría que estaba mirándome"
Seifer estaba especialmente sensual esa noche. ¿O era que Squall estaba enamorándose aún más de él? Suspiró.
"Venga, Squall. No estés triste o te arrepentirás. Es nuestro último día juntos, debes estar alegre"
Entraron a un pequeño restaurante cercano al mar. Balamb era un ciudad muy tranquila y a ambos les gustaba la atmósfera de calma que se respiraba allí.
Squall pidió carne y huevos revueltos mientras Seifer devoraba con delicia su hamburguesa.
—Hey, Squall, ¿sueles invitar a tu cita cuando sales con alguien?
Squall pestañeó.
—Claro que no, las chicas también pueden pagar. De hecho, no tengo muchas citas, así que no puedo recordar quién pagó la última vez.
Seifer replicó:
—Eso es porque no quieres…
Squall puso los ojos en blanco y siguió comiendo.
—Si tú lo dices… pero ahora, estoy concentrado en mi trabajo. Es más importante para mí que las citas. La gente espera mucho de mí.
Seifer gruñó.
—¿Quieres decir que no necesitas estar con nadie? No lo creo.
—Es mi naturaleza –añadió Squall-. ¿Y tú? ¿Por qué no tiene Seifer Almasy ninguna relación?
El chico alto volvió a sonreír.
—Estoy en ello.
Squall sintió su corazón contraerse, y paró de masticar inconscientemente. Seifer lo notó.
—Pareces decepcionado, Squall.
El comandante lo miró de nuevo y agarró el tenedor con demasiada fuerza.
—No, no es eso, es que… es Quistis, ¿verdad?
"¿Qué? Squall, eres tonto. Sabes que a Seifer no le gusta hablar de su vida privada"
Pero, para su sorpresa, el rubio respondió:
—No, no es ella. ¿Por qué lo supones?
"Porque te he visto mirándola"
—Es porque… me parece que os lleváis bien y, hacéis buena pareja.
"¡Pero eres gilipollas! Ahora échale a los brazos de Quistis"
"Squall, ¿cómo puedes pensar que puedo mirar a la instructora teniendo tu apetecible culo apretado?"
Se hizo el silencio entre ambos. El camarero vino a interrumpir.
—¿Han acabado, señores?
Ambos asintieron y Seifer tuvo que contenerse porque quiso golpearle por la interrupción, pero se había percatado de algo.
"Coño. Squall esconde algo"
Squall pagó la cuenta y salieron hacia el coche.
"Es demasiado pronto para decir adiós a mi sueño. ¿Qué tal si aprovecho y saco un poco de tiempo más para estar con él?"
—Seifer, quiero pasar por la playa. ¿Vienes?
"Claro, cariño. Nada me apetece más que seguir viendo tu culo apretado"
—Buen plan.
Squall condujo más rápido esta vez. Paró cerca de la playa cercana al Jardín, entre la ciudad de Balamb y la gigantesca escuela militar. Aspiró la brisa cuando salió del jeep y notó que hacía frío. Pero le gustaba la playa. La echaba de menos, porque se había criado en una.
No esperó a Seifer, se dirigió hacia la orilla y se sentó en la suave arena cuando notó algo suave y caliente que le cubrió.
Seifer había traído una manta con él. Después, se sentó junto a Squall.
—Eh… gracias.
—De nada.
—¿Tú no tienes frío? –dijo el moreno, ofreciéndole la manta.
"Si puedo compartirla contigo me congratularía, monada"
—No, Squall, estoy bien.
Se hizo el silencio. Sin embargo, no era un silencio incómodo. La luna iluminaba ambas figuras, perdidas ambas en sus pensamientos.
—Seifer, ¿no echas de menos la playa?
Seifer miró a su rival, todo envuelto, su pelo moviéndose con gracia con la brisa y no pudo evitar sentirse excitado.
"Squall es tan femenino, tan sexy… uf"
—¿Seifer? —Squall lo miró, divertido—. ¿Qué estabas pensando?
"Mejor que no lo sepas"
—Recordaba cuando solíamos hacer luchas con espadas de madera en la arena.
—Quistis era tu princesa. Nos animaba.
—Sí, pero creo que tú eras su favorito.
"Igual que ahora, el favorito de todos. Incluso yo he caído"
Eran las once y la brisa se transformaba en aire frío. Squall y Seifer se estremecieron, el último abrazándose a sus rodillas para darse calor. Poco después, Seifer sintió una cálida presencia a su lado y parte de la manta le cubrió a él. Squall le había prestado la otra parte de modo que yacían sentados muy juntos, rozándose los hombros.
Seifer miró a Squall, alucinado. El otro replicó:
—No quiero que te enfríes.
—Sí, maestro —bromeó.
Y entonces, no hubo más palabras. Sólo el sonido de las olas cubriéndoles en su particular paraíso.
"Me gustaría que Seifer me abrazase. Estaría más calentito. Pero no puedo pedírselo… joder, qué estoy pensando"
Seifer observó a su compañero, que le dedicó una ligera sonrisa.
—Estás helado, Squall. Ven aquí.
Seifer alargó su brazo y lo pasó por los hombros de Squall hasta que éste llegó a apoyarse sobre su pecho.
—Ahora parezco tu cita —bromeó Squall, pero no se retiró.
"Me gustaría que lo fueras. Y ahora que has escogido ser amable conmigo, voy a besarte. Esta será mi última oportunidad"
Seifer agachó el rostro, sólo para ver el pelo de Squall cubriendo su hombro. La respuesta de Squall nunca llegó. Se hubo quedado roque casi cuando Seifer lo tocó.
Cuando Squall se despertó, el coche estaba siendo aparcado en el garaje.
—¿Qué hora es? —el moreno se giró hacia Seifer, que iba conduciendo.
Squall estaba tumbado en la parte de atrás del coche, cubierto con la manta.
—Estuvimos en la playa. Te quedaste dormido.
Squall se incorporó de inmediato, sacudiéndose la manta.
"Estamos en el Jardín. Me ha traído aquí. Pero, ¿cómo?"
—Si me quedé dormido, ¿cómo me trajiste?
—En brazos, chico guapo —Seifer levantó sus brazos musculosos y captó la mirada de su rival—. Estabas hecho polvo, Squall.
—Joder. ¿Por qué no me despertaste? ¡Puedo caminar!
Seifer observó a Squall bajarse del coche apresuradamente, visiblemente avergonzado.
—¡Squall! ¿Dónde demonios vas?
Squall no respondió. Salió del garaje con una amarga expresión en su rostro. Seifer corrió hasta alcanzarlo.
—Hey, Squall, ¿qué coño pasa?
"Me quedé dormido en tus brazos y me llevaste como si yo fuera tu cita"
—La noche ha llegado, eres libre, la cita acabó –terminó Squall.
—Squall, al menos podrías darme las gracias.
—¿Por qué no me despertaste? –se volvió para decir, y siguió caminando.
Seifer frunció las cejas, sus pasos cada vez más largos. Era tarde y no había nadie por los pasillos. Mejor, porque ambos estaban gritando.
—¿Y qué si no lo hice?
"Me gustó mucho llevarte en brazos"
Squall paró y se encaró con él, su afeminado rostro desencajado.
—¡No necesito ninguna criada!
—No soy tu criada, idiota. ¡Soy tu esclavo! Además, ¿cuál es tu problema? Sólo te llevé en brazos. No es tan terrible, ¿o sí?
Squall bajó la cabeza. Sí, lo era. Estaba muy enfadado, pero no con Seifer, sino consigo mismo.
"Era la primera vez que me tocabas y yo no estaba consciente para verlo. Me hubiera gustado sentir tu cuerpo contra el mío"
"Seifer, paciencia. Sólo anímalo y… déjalo libre, como dijo Quistis. Quizá esté confundido porque no está acostumbrado a que yo sea agradable con él"
—Escucha, Squall. Sé que haber estado conmigo cada día, a cada momento, debe haber sido una tortura para ti. Como has dicho, estoy libre de mis obligaciones, así como tú lo estás de mí.
Sólo fue un segundo, pero Squall deseó abrazarlo. Deseó atraerlo hacia sí y decirle que se quedara con él para siempre. Pero él no es emocional. Así que sólo apretó sus puños y contempló cómo Seifer caminó hacia el otro lado del pasillo, lejos de él. Lejos de su vida.
CONTINUARÁ
