Segundo curso de Hogwarts.

Lily observó como las fracciones de su amigo se endurecieron.

—Di.

Ella rápidamente negó con la cabeza y terminó de responder las preguntas que les había mandado esa misma mañana el profesor Bins.

—Lily, habla.

Silencio.

—Lils...

El sonido de la pluma al rasgar el pergamino.

—¡Lily, dime!

—¡Shhhhh!— le respondieron de fondo otros alumnos que había en la biblioteca.

La pelirroja escuchó como su compañero mascullaba algo para él. Ella suspiró.

—Sev, no levantes la voz. Molestas a los demás— replicó intentando que su tono de voz fuera moderado.

—Si me dijeras si es verdad o no, no tendría que hacer esto— comentó con irritación.

Lily se acomodó mejor en su silla y alzó su mirada, conetandola con los orbes negros de Severus Snape, su amigo desde pequeños. Severus tenía el pelo negro y liso, que le llegaba por el mentón. Llevaba puesto el uniforme de Hogwarts, pero diferenciando de Lily, su corbata correspondía a la casa de Slytherin.

—¿Qué quieres que te diga? Y rápido, tenemos que seguir estudiando, que pronto serán los exámenes finales. — respondió, finalmente, un poco harta.

Severus entrecerró sus ojos.

—¿Es verdad que andas por ahí con esos idiotas?

Ahora fue el turno de la chica para fruncir el ceño.

—¿Cómo?— preguntó confusa.

—¡Vamos, Lily!— espetó Severus gruñendo. A pesar de que su tono de voz era bajo, salía firme— Sabes de quienes hablo: Los imbéciles de Potter y Black.

El entendimiento cruzó su rostro y la niña no pudo más que reír, intentando controlar su volumen.

—Yo no le veo la gracia— masculló el chico enfadándose y sintiéndose por un momento ridículo.

—Oh, Sev— murmuró ella, negando con la cabeza— había pensado que era algo peor.

—¡¿Peor?!— se alteró Severus, pero tuvo que callar cuando se ganó varias miradas de su alrededor. Prosiguió bajando el volumen— Lils, no hay nada peor que ser amiga de ellos.

Lily tuvo que darle la razón, pero...

—No, no soy amiga de esos idiotas— sacudió la cabeza— Si me has visto con ellos es porque Denise habla con ellos. No te preocupes, tampoco quiero serlo, así no pasa nada— intentó quitarle hierro al asunto con un movimiento de mano.

Severus la miró fijamente.

—¿Y en verano?

A pesar de sus deseos, el corazón de la niña saltó en su pecho.

—¿Qué pasa con el verano?

—Vives en la mansión Potter— escupió esa última palabra, notó ella.

Lily tuvo que apartar la mirada y dejarla en el pergamino, como si fuera lo más emocionante del universo.

— No hay nada con eso— contestó— Apenas nos hablamos y cuando es así, solo lo hacemos para insultarnos.

Al parecer esa respuesta complació a su amigo que asintió, como si fuera algo previsible.

—Bueno, Lily, es que estaba preocupado. Creía que te ibas a ir con esos idiotas sin cerebros y me ibas a abandonar— explicó con voz tenue y cuando Lily lo miró a los ojos, todos y cada uno de sus momentos aparecieron por su mente. Recuerdos de su infancia, su vida, su primer amigo...

Sonrió.

—Jamás te cambiaría, Sev. Y menos por ellos. ¿Te imaginas que yo sea amiga de Potter y Black?— preguntó la chica irónicamente— En el momento en el que deje que Potter me llame por mi nombre voluntariamente... el infierno se congelará.

·

Tiempo más tarde, después de despedirse de su amigo, se dirigía al Gran Comedor, donde había quedado con Denise. Al igual que ella no aceptaba su amistad con Black (y tenía que aguantarlo), su amiga no aguantaba a Snape, así que en esos momentos se separaban en la tarde y luego se reencontraban para la cena.

Lily suspiró, todavía con la conversación en su mente de hace un rato.

En realidad era normal que Severus se pudiera poner un poco paranoico con ese tema. Potter y Black no dejan de molestarlo, recordó la pelirroja con acidez. Pero no importaba cuantas veces le dijera que jamás se haría su amiga, él no dejaba pasar esa posibilidad.

Él es un idiota, un inmaduro, un egocéntrico...

Él es un idiota... que me ayudó.

Esa noche. Tormenta. Rayos. Miedo. Y ellos...

Cuando la puerta se cerró detrás de ellos con un suave click, la mente de Lily empezó a funcionar de nuevo.

De un movimiento, rápidamente se zafó del agarre del chico y fulminándolo con la mirada dio un paso hacia atrás.

¡Merlín, Potter! ¿Qué crees que haces?

El chico abrió la boca, pero al momento la tuvo que cerrar, porque, en realidad, no sabía que hacía. ¿Por qué había llevado a Evans a su habitación? Solamente la había visto ahí, sola, encogida en la puerta de su habitación con la inquietud brillando en sus ojos segundos antes y una extraña sensación se había apoderado de él. Podía ser todo lo odiosa y engreída que James quisiera, pero había algo en ella que...

Pero eso no debía saberlo ella así que, encogiéndose de hombros y poniendo cara neutral, no respondió.

Lily resopló frustrada.

Eres incorregible, idiota— masculló. Se dio la vuelta y tuvo que darle un empujón a Sirius para quitárselo de su camino ya que estaba parado, confundido. Muy confundido.

Pero no pudo andar mucho porque, 1, un trueno se escuchó a su alrededor y por instinto la chica se paró a medio camino temblando y, 2, James aprovechó esa pausa de la pelirroja para sacar su varita.

¡Fermaportus!— y la puerta de cerró mágicamente.

El silencio se instaló durante unos segundos en la habitación, donde Lily intentaba procesar lo ocurrido, Sirius, con la cabeza dándole vueltas, se preguntaba que bicho le había picado a su amigo y James sentía un nudo en sus entrañas, pues de nuevo había actuado por voluntad propia. Casi sin procesarlo si quiera había alzado la varita y había pronunciado uno de sus primeros hechizos aprendidos. Y es que... realmente no quería que Lily se marchara esa noche. No quería que estuviera sola cuando era obvio que le asustaba las tormentas.

Y de nuevo, ella no podía saber sus pensamientos o deseos.

Potter— habló ella, lentamente, conteniendo las ganas de chillar. Aunque ellos estuvieran en la última planta y los señores Potter en la segunda, no quería que lo escucharon— Abre. Ahora. Mismo. La. Puerta.

Con un movimiento fluido, Lily se giró hacia él (sus ojos brillantes) justo en el momento que el chico negaba con la cabeza y una sonrisa empezaba a extenderse por su rostro.

Potter...— ¡maldición, su varita se encontraba en su habitación!

¿Es que no podía hacer otra cosa que molestarlo? ¿Tan aburrida era su vida?

Creo yo que no, Lily— murmuró James— No recuerdo como quitarlo— se encogió de hombros con fingida disculpa.

Tuvo que lanzarle una rápida mirada hacia su amigo que iba a abrir su boca, y entonces, Sirius, como si hubiera leído su mente, sacudió su cabeza divertido y se guardó la varita en el bolsillo de los pantalones. Hablarían mas tarde.

¿Cómo que no lo sabes? ¡Por Merlín, eso es algo básico, idiota!— le reprochó enfadada.

Tenía que salir de allí.

Pues lo siento, tengo sueño y mi memoria en estos momentos no funciona bien— y ladeando la cabeza como señal para su amigo, ambos se dirigieron a las camas que había en la habitación. La principal se encontraba a la izquierda, pegada a la pared, y a su lado había una supletoria que era donde dormía Sirius.

Buenas noches, pelirroja— se despidió el joven Black y con un guiño de ojo burlón se tiró a la cama.

¿No vienes?— preguntó James que se había quedado mirándola.

Lily tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no tirarse hacia el chico y estragunlarlo. Su cuerpo estaba temblando por la rabia que experimentaba. Si ella creía que ya lo odiaba suficiente, siempre venía él para demostrarle lo contrario. ¡¿Cómo se le ocurría encerrarla con ellos?! ¡¿No se odiaban?! ¡¿Por qué el idiota de Black no decía nada?! Las manos de Lily formaron puños.

Te odio— pronunció con voz ronca— Déjame salir.

Pero James simplemente se limitó a mirarla durante varios segundos, sin apartar sus ojos marrones de ella, y, finalmente, apagó la luz y se fue a la cama.

Allá tú.

La habitación se oscureció y como afuera el cielo estaba lleno de nubes grises, no podía entrar un rayo de la luna por lo que la chica se encontró en la completa negrura. Un estremecimiento le recorrió la espalda. ¿Había sido verdad? ¿La había dejado ahí plantada en medio de su habitación? Los pensamientos de la chica corrían frenéticamente, incapaz de comprenderlos completamente. Iban desde las ganas de matar a esos imbéciles, el motivo del desconcertante comportamiento, hasta esa terrible sensación que tenía cada vez que estaba en un sitio oscuro escuchando llover fuera.

En ese momento, un rayo iluminó la estancia y la niña contó siete segundos antes de que el trueno hiciera acto de presencia. Esta vez, la pelirroja no pudo evitar chillar de miedo y lo próximo que supo es que había corrido hacia la cama... y estaba en ella.

Shhhhh— escuchó como le murmuraban en la oscuridad. Su cuerpo tembló y se agazapó en una esquina inferior de la cama. Se odiaba. Odiaba profundamente su comportamiento frente a las tormentas. ¡¿No era una Gryffindor?! ¡¿Dónde estaba ahora esta valentía?!

Una mano tocó la suya y esta vez no se alejó. A pesar de que sabía que era James, a pesar de que lo odiaba... en ese momento lo necesitaba. Aún sin ella estar segura de la profundidad de sus deseos.

El agarre tiró de ella y con cuidado se deslizó sobre la cama hasta quedar junto a la almohada.

Ven— habló en un tono suave— Aquí, tápate para que no tengas frío.

Una sensación de calidez se instaló en ella cuando se tumbó y el chico le colocó la manta por encima. Apoyó la cabeza en la almohada e inspiró profundamente. Un olor a menta la rodeó, dejándola momentáneamente paralizada. Era el olor a James... esa cama olía a James.

Lily gimió cuando otro trueno resonó por la habitación, haciendo que se encogiera. Su respiración se volvió irregular.

Shhhh, Lily, no te preocupes— le dijo James y ella lo escuchó como un arrullo. Lentamente se fue tranquilizando, sintiendo la presencia del chico sentado a su lado en la cama, por encima de la ropa de cama— Vamos, duerme. Pronto acabará la tormenta.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué se sentía de esa manera? ¿Qué tenía James? ¿Por qué... se sentía... segura? ¿No lo odiaba? Sí, sí lo hacía, se recordó cada segundo que estuvo despierta allí, pero...

¿Por qué fueron las palabras de James lo último que oyó, su aroma lo último que notó y su presencia lo último que sintió antes de caer en un profundo sueño?

·

En el Gran Comedor se podían escuchar los murmullos de las conversaciones de todos los alumnos. Cuando Lily llegó, sus ojos escanearon el lugar buscando a su amiga y se la encontró al final de la mesa, sentada junto a sus cuatro amigos.

Maldijo en su interior. Ahora lo que menos quería era eso. Después de la charlita...

Suspiró y se encaminó hacia el lugar. En realidad solo tenía que ignorar a Black y Potter. Remus y Peter le caían bien.

—¡Hey, Lily!— saludó Denise, siendo la primera en verla. Alzó su mano y la sacudió.

Lily correspondió el movimiento, apretando sus labios cuando vio como los chicos (en especial Potter y Black) la miraban.

—Hola, Denise, hola, Remus, Peter— habló en general sentándose en el hueco libre que había dejado la niña entre ella y Remus. Tuvo que morderse la lengua cuando descubrió a Potter sentado enfrente suya.

—Bueno, ¿qué pasa pelirroja? ¿A nosotros no nos saludas? Me siento herido— comentó Sirius, sentado junto a James, mirándola con expresión triste.

Lily resopló, pero empezó a comer sin decir nada a esos idiotas. Ella, Denise y Remus se pusieron a charlar de algunos temas entre bocado y bocado. Aún a dos años de haberlo conocido, Lily tampoco entendía la amistad entre Remus y esos dos. Siendo él tan inteligente, listo, tranquilo...

—Vaya, James. ¿Esto que siento en el aire es odio?— dijo Sirius riéndose entre dientes.

—¡Qué dices, Sirius!— contestó su amigo— ¿Lily Evans odiando? Creo que no sabe hacer otra cosa.

Esa conversación fue escuchada por ella (cosa que querían esos dos) y furiosa, los fulminó con la mirada.

—¡Sirius!— lo reprendió Denise mirándolo ceñuda.

—James, déjala— siguió Remus.

—Pero si decimos la verdad— se quejó James riendo— ¿Verdad, querida Lily?

—¡QUE DEJES DE DECIRME LILY! ¡SOY EVANS PARA TI, POTTER!— explotó la pelirroja y durante los siguientes segundos un tenso silencio se instaló en la sala.

La chica sintió la mirada de, literalmente, todo el Gran Comedor clavada en ella, pero no le importó. En ese momento todo el daba igual. Lily sentía un nudo en el pecho junto con unas ganas de llorar, sin saber el motivo.

James y Sirius parpadearon para sobreponerse a la sorpresa. A pesar de cómo se portaban con ella, jamás se había puesto así.

Sintiendo como los colores viajaban a su rostro, Lily se marchó de allí, con el plato a medio comer. No quería ver a esos dos imbéciles, no querían que la vieran así, no quería... llorar delante de todo el mundo.

Cuando llegó a la puerta, con la mirada baja y el pelo tapándole la cara, tuvo que parar pues se chocó con alguien. Notó como la cogían del brazo para que no cayera y ese tacto le resultó familiar. Subió su mirada (peligrosamente acuosa) y se encontró con Severus mirándola fijamente, preocupado.

—Lily...

Justo al que no quería ver.

—Lo siento, Sev, no sabía por donde iba— murmuró en voz baja e inclinando su rostro de nuevo, sacudió su brazo y se marchó.

Severus Snape la observó marcharse hasta que desapareció de su vista. Deseaba ir tras ella para consolarla, pero él sabía que cuando Lily se enfadaba y/o lloraba, odiaba que la gente la viera. Esperaría un poco y después iría...

Pero... ¿Qué pasó para que su Lily se pusiera así?

Se dio la vuelta y sus ojos se enfocaron en el Gran Comedor, donde, de pronto, la sala se había llenado de murmullos y comentarios por lo ocurrido.

Y es entonces cuando sus ojos se posaron en él.

James Potter se encontraba mirando fijamente el lugar por donde había desaparecido la joven. Desde la distancia en la que estaba, Severus pudo ver el arrepentimiento y la culpa en sus ojos. Chistó para él. ¿Quién iba a ser sino?

Maldito Potter...

¿Quién se creía que era él para hacer llorar a su Lily?

·

—James...

—Déjame, tío.

—Eso lo sabemos.

—¡Pues eso, Remus! ¡No hace falta que me lo estéis repitiendo todo el tiempo!

—Eh, eh, tampoco es para que te pongas así...

Lily me ha gritado, Lily casi se ha puesto a llorar. ¡Si es para ponerse así, Sirius!, pensó James, pero no lo expresó en voz alta.

Se revolvió el pelo y de nuevo, aunque sabía que era en vano, echó otro vistazo a la puerta. Sabía que Lily no bajaría de nuevo, pero aun así no podía evitar pensar en eso. Queria verla. Saber que estaba bien. Que el muro de fortaleza de Lily Evans no había caído con una tontería como esa, que no había caído por él. Sentía un nudo en el estómago y este se incrementaba cuando notaba las miradas de reproche de Denise que le lanzaba a él y a Sirius.

Apretó los labios y decidió volver a mirar su planto, a pesar de que no hubiera vuelto a tocar la comida.

Pero justo a medio camino, algo le llamó la atención.

Su cuerpo se tensó.

Snape lo estaba mirando. Matándolo con la mirada, mejor dicho.

El ceño de James se frunció.

Genial, ahora tendría que aguantar al idiota de Quejicus.

Le aguantó la mirada, desafiándolo. Nunca le había caído bien Snape. No sabía si por sus aires de grandeza, si por su constante cara de amargado o porque siempre lo miraba como si él fuera estúpido.

—James, ¿qué pasa?— escuchó la voz de Sirius a lo lejos.

Este sacudió la cabeza y, apartando la mirada de Snape, se centró de nuevo en su plato.

—Nada.

Maldito Snape. ¿Por qué Lily era amiga de ese idiota?

Espera. ¿Qué le importaba a él las amistades de Lily?

—Pues no parece que...

—¡Maldición, Sirius! ¡No me pasa nada!

No me pasa nada, no me importa Lily, no me importa su amistad con Quejicus, se repitió una y otra vez James en lo que quedaba de cena.

Y no volvió a mirar a la puerta.


Creo que tengo un terrible problema con James *-* Lo amo, simplemente.

ClockyEvans ¡muchas gracias por el comentario! Espero que este te haya gustado igual :3

¡Nos vemos en el próximo capítulo!