4.- Shooting the Moon
Bella´s POV
Los días pasaron a mucha mayor velocidad desde entonces. Decidí, sin pena ni gloria, no hacer nada. Sólo me senté en el bosque durante mucho tiempo, observando. A veces veía la lluvia caer, y a veces jugaba con los destellos que mi piel lanzaba en presencia del sol. Me gustaba ver cómo los brillos se reflejaban como si de agua se tratara.
Decidí romper mis pantalones a la altura del medio muslo, lo cual no fue del todo útil ya que el desgaste seguía ahí. Igual, no planeaba correr en un largo tiempo. Mi camisa usada a modo de blusa se redujo a pedazos muy pronto, por lo que me quedé sólo con una camiseta de tirantes, a expensas de la naturaleza. No que me pudiera hacer mucho.
Mis zapatos muy pronto dejaron de ser útiles, por lo que los dejé a un lado, junto con mis inservibles provisiones. Me sentía un poco como Gilligan, el hombre solitario, pero la idea de construir una choza era estúpida y del todo ridícula, en vista de que había una mansión a mis espaldas, una que me negaba a utilizar.
Un buen día, tras caminar un poco, disfrutando de la sensación de la hierba en las plantas de mis pies, encontré el claro en el que los había visto jugar beisbol hacía mucho tiempo. Tras un poco de meditación, decidí quedarme allí. No estaba ni cerca ni lejos, y Victoria ya había llegado a él con anterioridad. No quería que la casa resultara lastimada en nuestra inminente y a la vez lejana confrontación.
No había pensado demasiado al respecto. No tenía ni idea en realidad de cómo iba a ganarle. A posteriori, había intentado pensar en cómo me habría defendido de Jacob, por ejemplo. Si le hubiera hecho frente, en el hipotético caso en el que no corría, quizás hubiera comenzado con un bofetón que lo hubiera alejado de mí. Si eso no hubiera funcionado, lo habría… ¿qué? Jamás podría herir a Jacob. Ni siquiera si mi vida dependiera de ello, en vista de que la susodicha no era muy valiosa.
Con un vampiro, suponía que podría sorprenderla. Le brincaría encima, le sujetaría la cabeza, y con mis dientes la desgarraría. Los cerillos estaban en mi bolsillo, y una vez la cabeza estuviera fuera, no habría mayor problema. Lo había visto con James. Podría intentar aplicar una llave que le arrancara la cabeza. No debía ser muy difícil. Sí, eso haría.
¿Cómo sabría si venía? La verdad, ni idea. Sólo confiaba en que lo hiciera. Lo haría eventualmente. Confiaba en su sed de venganza, ciegamente incluso. Ella nos había seguido desde mi casa hasta la de los Cullen. Quizás percibiera mi olor y lo siguiera. Tampoco importaba. Podría empezar a hacer viajes diarios a la casa para asegurarme de que ella no iba y se iba sin explorar.
Así que eso hice. Por días. Tal vez semanas. Sentía que el ambiente era cada vez más frío, por lo que mi atuendo manchado no encajaba con las lluvias torrenciales y los granizos que de hecho parecían nevadas, aunque no lo eran. La rutina me aburrió al hacer algo tan monótono que no me requería ni la más mínima porción de mi cerebro.
Al menos hasta que un buen día, mientras pateaba piedras con dirección al claro, un olor diferente me llegó. No tenía ni idea de si era o no Victoria, ya que jamás la había olido, pero mis sentidos se pusieron en alerta de inmediato. Corrí el resto del camino. El claro estaba vacío, pero eso no me decía nada. Quizás había llegado y se había ido al no encontrar a nadie, pero si sabía que los Cullen no estaban, tal vez decidiera atacar de forma diferente.
Estaba cavilando mis opciones a conciencia, ya que fluctuaban entre ir a ver a mi padre con el riesgo que eso suponía, y sentarme a esperarla. Fue un craso error. De alguna manera, encontré la forma de ausentarme en mis pensamientos, al grado suficiente para no notar el susurro de las ramas contra su cuerpo, o el sonido del aire al caer ella.
Apareció frente a mí, sin ceremonia alguna. Nos observamos por un momento, ella con desprecio, y yo con sorpresa. Ningún movimiento fue hecho por un largo tiempo.
- Así que ahora eres como nosotros – fue lo primero que dijo. No era una pregunta ni esperaba respuesta, más bien, parecía hablar consigo misma. – Qué interesante.
- Cortesía de Laurent – respondí con el mismo tono, y una sonrisa. Ella era solo un poco más alta que yo, y llevaba mucha más ropa, como una campista. No parecía muy agresiva, y tenía la voz más dulce que hubiera escuchado, aunque no había escuchado muchas voces femeninas en mi nueva vida. – Él murió a un par de kilómetros de aquí – le señalé vanamente la dirección correcta, pero ella ni siquiera desvió la mirada. – Bueno…
Comencé a hablar, pero metí la pata al voltear a ver al río, que corría limpio y claro. Fue sólo ese milisegundo de vacilación lo que ella necesitó para abalanzarse sobre mí. Me tomó por la espalda y me lanzó al helado suelo. Mi cabeza rebotó un poco, y fue levantada por un mechón de pelo que ella jalaba.
- Al menos será más divertido – resopló entre sus dientes apretados. – A pesar de lo débil que estás.
Recordé mi plan en el momento en que me lanzó por los aires. Aterricé lo mejor que pude sobre mis rodillas antes de correr hacia ella. Mi atacante me estaba esperando. Logré rechazar un par de golpes que me propinaba, sin embargo, cada vez que sentía el éxito en mi movimiento, el siguiente golpe me llegaba en alguna otra parte, por lo general en mi abdomen.
Conseguí sujetarla entre mis brazos, aunque la alegría no me duró mucho, ya que logró girarse antes de zafarse de mi agarre, justo para que comenzáramos con la misma rutina.
Logré inmovilizarla en agarres potencialmente letales un par de veces, al igual que ella. Ambas logramos librarnos de los mismo de alguna u otra manera. Recorrimos posiblemente la mayor parte del campo. En cierto punto, creí haber encontrado una solución al subirme a la gran roca en la que una vez me senté, para tomar impulso y tomar su cabeza. Logré sujetar su cuello y escuché cómo sus tejidos se desgarraban ligeramente justo antes de que ella volteara la situación. Me arrodilló con un movimiento, con uno de mis brazos extendidos y el otro ayudándola a presionar mi cabeza.
El mismo sonido se escuchó, esta vez proveniente de mi interior, pero fue suficiente para que sacara fuerzas de algún lado para alejarme y volver a empezar. Sinceramente creí que le estaba dando una buena pelea, pero supe el momento exacto en que se cansó de mí. Ella simplemente atoró mi brazo, con la pétrea fuerza que había estado moderando hasta ahora y que me descolocó por completo. Lo atoró entre dos piedras y luego sólo lo dobló en un ángulo antinatural. Lo escuché antes de sentirlo. Mi brazo cayó a un par de metros de mí mientras la otra mitad de mi cuerpo era liberada por un momento. Supe de mi grito de dolor cuando éste reverberó en las montañas que nos rodeaban. Sujeté con fuerza mi mano contra mi vacío hombro, aún sin poder entender cómo había pasado.
- No alimentarte fue un error, Isabella – Ella caminó a mi alrededor mientras yo sólo la miraba, intentando ganar tiempo para superar el dolor. – Apenas fue divertido. Pero no te preocupes, ya se ha acabado.
Asintió con aire ausente y pestañeó justo antes de abalanzarse contra mí. Volvió a ponerme contra el suelo, pero esta vez, sujetó mi mandíbula superior y comenzó a tirar. Sentí como el diamante de mi rostro cedía, y escuché el intenso crujido mientras intentaba asimilar que ya no había nada por hacer. Otro grito salió de mi boca, esta vez de agonía, cuando de repente la presión desapareció.
OoO
Edward´s POV
- ¿Cómo que Victoria va por ella? – intenté entender las apresuradas palabras que salían del aparato contra mi oído.
- Eso es lo que te estoy diciendo, Edward. Concéntrate – fruncí un poco la boca ante la agresividad de mi hermana, aunque en realidad no era lo que ocupaba mi mente.
A pesar de los meses que había dedicado a intentar dar caza a la única amenaza que persistía hacia el amor de mi vida, en un desesperado intento por olvidar que le había roto el corazón, y que el mío propio dolía físicamente al saberme lejos de su vida, ahora la sádica vampira estaba lejos, en el lugar en el que yo debería estar, en vez de eso, estaba perdido en alguna parte de Nueva Orleans, siguiendo un rastro que ahora sabía, era falso.
- Victoria fue por ella. A Forks – repetí de todas maneras. – Creí que estabas vigilándola.
- ¡Eso hago! Victoria no llegará hasta en unas horas, es por eso que lo sabes con antelación. Si no estuviera cuidándola, tu nunca sabrías de su muerte. – La aguda voz me caló lo suficiente para alejar el auricular de mi oreja.
- Está bien. Iré para allá. – Le respondí, en realidad apresurado, pero a sabiendas de que llegaría a tiempo. Presioné el botón de colgar justo a tiempo para escuchar el principio de mi nombre siendo gritado por ella.
No me detuve. Por horas, corrí hacia el oeste lo más rápido que puede hacerlo un vampiro, y tal vez más. Por horas, no pude sacar de mi mente el rostro de Bella. El dolor en sus ojos cuando le dije que no la amaba más, y que no la quería cerca. Quedaría grabado en mi memoria. ¿Podría acabar con Victoria sin que ella se enterara?
La tentación de quedarme a su alrededor para siempre, de vigilarla de cerca, fue creciendo a medida que la distancia entre nosotros se reducía. Casi podía sentir su cercanía, y quería creer que ya podía sintonizarme con los latidos de su corazón.
Corrí lo más rápido que pude. Estuve en Forks sólo 8 horas después. Sentí el aire helado contra mi piel y me regodee en el regreso, aunque fuera parcial, a lo que siempre sería mi hogar. Llegué a su casa como primera opción. Mi intención era verla primero, para luego seguir los rastros cercanos, esperaba que más eficientemente que los anteriores.
Me sorprendía la rapidez con la que la euforia me había consumido. Casi no recordaba ahora el intenso sufrimiento en el que había estado sumergido hasta hacía poco.
Lo primero que me desconcertó fue el abrumante olor a hombre lobo que rodeaba la casa. Era penetrante y fresco, como si alguno de ellos pasara repetidamente por allí. Trepé sin problemas hasta su cuarto, pero la segunda sorpresa vino al encontrarlo cerrado, e incluso a través de la ventana sucia, podía notar la capa de polvo que cubría todo el mobiliario. Sin querer detenerme a pensar en ello, bajé y comencé a caminar hacia mi casa. No me tomó mucho seguir la carretera con paso veloz, pero me tomó aún menos ver los carteles de "Desaparecida". ¿Qué estaba pasando? Alice dijo que Victoria iría por ella, no que eso ya había pasado. Estaba justo intentando entenderlo, tratando de no entrar en pánico, cuando un agónico grito de dolor atravesó el silencio del bosque.
No lo pensé, corrí hacia allí como si mi vida dependiera de ello. A pesar de que no me había detenido a analizarlo, tenía un muy mal presentimiento.
Llegué al prado en el que solíamos jugar cuando había tormentas, justo a tiempo para ver cómo la misma vampira pelirroja a la que había estado siguiendo se inclinaba sobre otra vampira, y comenzaba a rasgar su rostro para decapitarla.
No me contuve. Me limité a aprovechar su distracción para tomarla y aprisionarla contra la roca, antes de jalar sus brazos hacia atrás al tiempo que retorcía su cabeza, forzando el ángulo hasta que se desprendió del resto de su cuerpo. No me tomó más de un segundo desmembrar el resto de su cuerpo, hasta dejarla convertida en una pila de restos. No tenía con qué quemarla, pero dudaba que lograra moverse como para intentar resanarse, antes de que consiguiera un encendedor.
Con lentitud, me volví hacia la chica que aún yacía sobre le hierba húmeda. Estaba respirando, pero no se había movido. La realidad me golpeó por momentos. Reconocí la delicada mano y el cabello color chocolate. Conocí la silueta femenina y la glorificada esencia que emanaba, antes de que mi cerebro aceptara la verdad.
- ¿Bella?
Mi pregunta cayó en el silencio. La vi mover la única mano que permanecía pegada a su cuerpo, ayudándose para arrodillarse frente a mí. La vi más hermosa de lo que jamás la había visto. Sus mismos rasgos estaban ahí, pero glorificados. Aun así, unas terribles ojeras moradas enmarcaban sus nuevos ojos negros. La sombra de la herida que estaba cerrándose apenas, que la hacía parecer alguna retorcida versión de The Joker, se iba aclarando a cada segundo, aunque el dolor debió haber sido terrible.
- ¿Qué pasó contigo? – mi mano se acercó a su rostro, pero algo en su mirada me detuvo.
Pude ver el reconocimiento en sus ojos, seguido de la gratitud, para dar paso al dolor. Busqué con la mirada su brazo perdido, el mismo que me había llevado a encontrarla. Lo acerqué a su dueña, e intenté recordar cómo se suponía que se unía una extremidad. Llené la herida de ponzoña, causando que se retorciera de dolor por un momento, antes de presionar el brazo con firmeza hacia su cuerpo. La vi enterrar su cara en su hombro sano, acallando sus quejidos lo mejor que pudo.
- Ya está, ya está – movió con desconfianza los dedos, antes de darse cuenta de que estos respondían órdenes. Tomó aire con fuerza antes de meter la mano contraria, que se había aferrado a mi hombro para soportar el proceso, en el bolsillo trasero de sus shorts. Sacó una cajita y me la dio con timidez.
- Hay cerillas ahí dentro – me susurró, dándomelas. Asentí antes de dirigirme al cadáver e incinerarlo sin ceremonia alguna, apurado por volver con ella.
- Venías preparada – le sonreí. Ella no respondió. Su mirada era esquiva, rehuía el contacto visual. Se dejó caer sobre sus piernas, haciéndose un poco más bajita. Quería besarla. Quería hacerle saber lo mucho que la extrañaba y lo mucho que estaba agradecido de haber llegado a tiempo. Iba a hacerlo, hasta que comprendí su reacción.
Yo la había abandonado. Le había roto el corazón. Le había dicho que ya no significaba nada para mí. La había herido, y había roto mi promesa de dejarla en paz. No tenía derecho a tocarla.
Con lentitud, retiré mis manos de su cuerpo, y me puse de pie. Comencé a caminar, sin saber qué debía hacer ahora, cuando un grito en parte alarmado y en parte aliviado nos sobresaltó a ambos.
- ¡Bella! ¡Qué bueno que estás bien! – mi hermana pequeña corrió hasta nosotros, donde se agachó para darle un abrazo a una estupefacta Bella.
- ¡¿Alice?! – susurró entre sus brazos, antes de cerrar los ojos y relajarse contra ella.
- Aquí estoy.
~Sev
