Capítulo 4:
¡No seas aguafiestas!

Palacio de la Amistad:

Diamond Tiara dio un enorme suspiro, y llamó a la puerta del Palacio. A pesar que tenía una semana muy divertida por delante con su amiga, la Princesa Luna le había dicho que debía de hablar con la Princesa Twilight. Y de paso, le vendría bien un consejo.

Twilight le abrió y le sonrió alegremente.

─Buen día, Diamond Tiara. ─ Dijo la alicornio lavanda. ─ Advino que no vienes a la biblioteca, ¿verdad? Porque usualmente no llamas cuando vienes a leer.

La potrilla suspiró, y habló en tono sarcástico. ─ No, la Princesa Luna me mandó para acá porque considera que necesito asesoría en la amistad. ─ Dio otro largo suspiro, y su expresión se relajó ligeramente. ─ Y sí, me vendría bien, pero me duele admitirlo.

Twilight sonrió con ternura, mientras se apartaba para dejar pasar a la potrilla.

─Veo que todavía te gusta jugar a hacerte la dura, Diamond Tiara.

─Sí, lo siento ─ dijo ella mientras se dejaba caer en un sillón. ─ No puedo evitarlo, ¿sí?

─No te gusta abrirte con los otros, entiendo ─ dijo Twilight, sirviéndole un vaso de leche. ─ Pero me alegra ver que haces un esfuerzo. Eso muestra tu voluntad de…

─¿Dónde está Linterna? ─ Interrumpió Diamond Tiara. No estaba de humor para discursos optimistas innecesarios. Ya era bastante malo con el obligatorio.

Funcionó. Twilight miró hacia la ventana con nostalgia. ─ Ah, Spike tuvo que salir del planeta hace tres días. Todavía no me acostumbro a la idea… pero bueno, ahora tiene todo un sector de la galaxia que cuidar, no solo Equestria.

─El cuerpo de Linternas Verdes es muy demandante por lo visto ─ dijo Diamond.

─Sí, pero supongo que así son las cosas ─ dijo Twilight, resignada pero todavía de buen humor. ─ Y dime, ¿qué problema de amistad tienes?

La potrilla rosa miró al suelo por unos breves instantes, y luego hacia la ventana.

─Es Silver Spoon. Mi mejor amiga de siempre… no sé qué hacer con ella.

─¿A qué te refieres? ─ Preguntó Twilight. ─ ¿Se pelearon, o algo así?

Diamond Tiara rebuscó entre su melena, y sacó uno de sus batarangs. ─ No, esto.

Twilight frunció el entrecejo, ya tenía pequeña una idea de a dónde iba esto.

─Tu trabajo nocturno se interpuso entre ustedes, ¿verdad? ─ Preguntó Twilight.

Diamond Tiara hizo una mueca, como conteniendo sus lágrimas, y asintió. ─ Sí. Todo esto hizo que nos alejáramos. Ahora que soy Batmare, no tengo tiempo para verme con mi amiga. Me veo con ella en la escuela, pero después de mis largas noches fuera… aprovecho para dormir. Silver Spoon… se ha molestado mucho conmigo, y la entiendo. Pero me buscando, y ahora incluso me invitó a su casa.

Twilight la escuchaba, claramente en desacuerdo con lo que oía, pero al final asintió.

─Bien, yo creo que deberías ir ─ dijo con seriedad. ─ Ya es bastante malo que te la pases luchando contra criminales a tu edad…

Diamond Tiara la iba a interrumpir, pero Twilight no la dejó seguir. ─Ya sé, ya todos te han dicho esto, así que no voy a insistir. Pero en lo que es tu amiga, creo que debes ir.

Diamond Tiara suspiró. ─ Sí, ya me había decidido a ir. El problema es que no sé qué contarle. Ella me dijo que no me presionaría… y lo agradezco.

─¿Pero? ─ Preguntó Twilight, sin entender su problema.

─¿Qué pasa si bajo la guardia, y le digo la verdad? ─ Preguntó Diamond Tiara. ─ Es mi amiga, nunca he sido capaz de ocultarle nada a Silver Spoon. A la larga, tal vez haya sido mejor que ella dejara de intentar buscarme.

Twilight frunció el entrecejo, visiblemente molesta.

─¿Dices que sería más cómodo para ti si ella hubiera renunciado a tu amistad?

─Ah, si voy y le cuento, ¿en qué va a terminar? ¿Y si… tiene la ridícula idea de unirse a mí?

Un zumbido, seguido de un destello de luz multicolor (pero sobre todo cian) hizo saltar a las dos.

Rainbow Dash simplemente miró a Diamond Tiara, levantando una ceja.

─¿De verdad? ¿Te das cuenta que eres la última con derecho a abrir la boca, Batfilly?

Diamond Tiara gruñó. ─ Yo sé, pero da la casualidad que ahora mismo tengo a un payaso psicópata detrás de mí.

Dash se rio alegremente, pero pronto cambió su expresión por una más amable.

─Pero no te preocupes, yo me encargo. Sé lo horrible que se siente que un villano se obsesione contigo. No dejaré que nadie pase por lo mismo que yo pasé.

Twilight suspiró con tristeza, recordando a Starlight, cruelmente asesinada por Reverse Dash.

─Gracias ─ sonrió Diamond Tiara.

─Solo haz las paces con tu amiga, ¿quieres? ─ Dijo Dash.

Diamond Tiara rodó los ojos ya molesta, pero asintió.

─Por cierto, ¿por qué estás aquí, Rainbow?

La metaponi dio una vuelta a súper velocidad por la sección de Daring Do, pero regresó a ellas con los cascos vacíos.

─Lo mismo de la semana pasada, estaba aburrida y vine a ver si no había una nueva novela de Daring Do ya lista.

Twilight solo se rio divertida. ─ No Rainbow Dash, dale tiempo a Yearling para meterse en una nueva aventura. Y en todo caso, ¿por qué no vas a preguntarle en persona cuándo va a sacar su siguiente libro? Hasta podrías echarle un casco con tu súper velocidad.

Rainbow solo negó con la cabeza.

─No, lo siento. No quiere saber nada de mí desde que empecé a trabajar junto a la Flecha.

Twilight no insistió.
Poco antes que Rainbow Dash obtuviera sus poderes, y el Canario interviniera para reducir la violencia de la Flecha, el vigilante tendía a asesinar a cuanto noble corrupto se cruzara en su camino. Y una de sus víctimas más sonadas fue el anticuario y negociante de objetos antiguos, Moldy Gold.

Pero en el bajo mundo, su nombre era Doctor Caballeron.

Tres horas después de su última victoria contra Daring Do, el icónico villano terminó su vida a cascos del vigilante enmascarado.

El problema era que, Daring Do en verdad disfrutaba de esa rivalidad. Templos antiguos, guardianes ancestrales, trampas mortales… esas cosas perdían la emoción luego de tantos años enfrentándose a ellos. Pero el tener a alguien que le obligara a mejorar constantemente, porque él también lo hacía. Tras ser asesinado, Daring Do se dio cuenta que era Caballeron quien hacía interesante su vida.
Y, por supuesto, nunca perdonó que alguien a quien consideraba su amiga uniera fuerzas con el asesino de Caballeron.

─Ahora que lo mencionas, no se ha sabido nada de Yearling o Daring Do en mucho tiempo ─ dijo Twilight. ─ Espero que esté bien.

─Lo más seguro es que sí ─ dijo Dash. ─ En fin, tu disfruta tu piyamada niña. Yo soy la invitada a la fiesta del payaso.

Diamond Tiara sonrió, agradecida.

─Está bien. Y sí, ya pensaré en algo con Silver Spoon. Pero mientras ese tipo no esté en una celda acolchada, voy a evadir el tema.

─Supongo que funciona ─ dijo Twilight.

─En fin, ─ dijo Dash, dirigiéndose a la ventana. ─ Ah, oye niña, ¿te puedo pedir algo prestado?

Diamond Tiara levantó una ceja, pero asintió. ─ Sí, claro.

Canterlot, esa noche:

The Dash iba a enorme velocidad a través de la ciudad en busca de algo, cualquier cosa, por pequeña que fuera. Cierto que su prioridad era el payaso, pero de algo le valía ser una metaponi.

Y, por lo visto se había corrido la voz que alguien había derrotado a la Flecha, porque había muchos más ladrones de lo normal. Bueno, antes que tuvieran tiempo siquiera de usar sus cuchillos o lanzar un ataque de magia contra sus víctimas, los criminales se veían envueltos en un haz de luz; y terminaban fuertemente atados frente a los guardias reales. Y tan mareados por el viaje que no podían ni mantenerse de pie.

Los guardias le agradecían a The Dash, y ella volvía a volar a máxima velocidad en busca del payaso.

─¿Dónde estás? ¿Dónde estás, raro?

Finalmente una luz cegadora le dio en los ojos, y estuvo a punto de estrellarse contra una mansión (ahora en venta porque gracias a la Flecha, el dueño se estaba pudriendo en la cárcel). Ella frenó a tiempo, y miró qué diablos.

Se trataba de un enorme reflector, que proyectaba al cielo una silueta de murciélago sobre un círculo amarillo.

The Dash frunció el entrecejo.

─En serio este tipo está obsesionado con la mocosa. ¡Pero esto se acaba hoy!

Y se lanzó en un haz de luz multicolor hacia donde venía la luz.

En la Mansión del banquero del pueblo, Starling Silver, Diamond Tiara y Silver Spoon estaban aplicándose la obligatoria mascarilla de aguacate.

─Me alegra mucho que hayas venido, Diamond. ─ Sonrió Silver Spoon.

Su amiga se volvió hacia donde venía la voz, (tenía rodajas de pepino en sus ojos), y asintió levemente.

─Ya lo has dicho como diez veces hoy.

─Es que de verdad estoy feliz que hayas venido ─ dijo Silver Spoon, con una nota de tristeza en su voz. ─ No sabes cuánto te extrañé Diamond Tiara.

La potrilla de color rosa sonrió levemente, pero no respondió. Tal como supuso, la culpa la estaba aplastando.

Por suerte, uno de los sirvientes de la casa vino a interrumpir el momento incómodo, trayendo las galletas, el chocolate para derretir, y los malvaviscos.

─¡Oh, mira! Hora de los bocadillos ─ dijo Diamond Tiara.

Silver no presionó, sabía que su amiga se esforzaba.

Entonces la potrilla rosa de casualidad miró por la ventana, y vio la señal. Sintió escalofríos, esto no podía ser.

─¿Estás bien? ─ Preguntó su amiga.

─Eh, sí lo siento. Es que me sorprendió un poco ver eso.

Silver asintió.

─Es cierto que te dan miedo los murciélagos. ¡Pero la tal Batmare es genial! Soy algo así como su fan.

Diamond Tiara no dijo nada, solo miraba a su 'señal' y rezaba porque The Dash pudiera con el maldito payaso.

Mientras tanto, el payaso estaba haciendo malabares con cuchillos, haciendo equilibrio sobre una pelota de playa. Y estaba hablando con un pollo de goma.

─¿Te gusta mi invitación, Gallina 2? Y no me creías que tenía un plan de respaldo por si mi invitación se perdía en el correo. ¡Vamos Muricélaga, ven aquí! ¡Preparé una enorme fiesta solo para ti!

The Dash se escondió detrás de una pared, y miró fijamente a este tipo. Tenía que admitir que este tipo tenía algo de habilidad. Le recordaba a algo, o alguien. Pero no podía recordar qué.

Bueno, tenía un trabajo que hacer.

La velocista extendió sus alas, entre las cuales estaban varios de los cuchillos con forma de murciélago de Batmare, y los arrojó.

Las orejas del payaso se movieron, y lanzó los cuchillos con los que estaba haciendo malabares contra los de Batmare. Los cuchillos rebotaron entre sí.

El payaso saltó de la pelota, y se puso a buscar.

─¡Me alegra tanto que hayas decidido venir a mi fiesta, Murciélaga! ¡Te he estado esperando!

Dash arrojó otras dos cuchillas contra el payaso, que sacó una palanca que usó para desviarlos, y saltó hacia donde vinieron, y empezó a golpear salvajemente. Pero nada.

─¿Dónde te metiste? ¡Juguemos, Murciélaga! ¡Juguemos!

Entonces comprendió.

─¡Ah! Estamos jugando a las escondidas. Perfecto, ¡uno, dos, tres, cuatro…!

─¡Listo o no, allá voy! ─ Gritó Dash, tacleando a toda velocidad al payaso.

Él salió disparado hacia atrás, y miró a Dash. Parecía contrariado, pero pronto puso su mejor sonrisa.

─Oye, oye, oye, no es de buena educación aparecerte en fiestas a las que no te han invitado.

─Perdí mi invitación en el correo ─ dijo The Dash. ─ Mi error.

El payaso sonrió. ─ Oh, en ese caso, ¡toma algunas!

Sacó varias invitaciones, pero Dash notó que se veían un poco raros. Por el brillo, dedujo que sus bordes estaban tan afilados como navajas.

Tenía razón, el loco arrojó las invitaciones contra la velocista, que solo se quedó ahí, esperando.

Para ella, esas cosas iban como en cámara lenta; así que se tomó su tiempo, dejando que las invitaciones/cuchillas llegaran hasta medio camino hasta ella, antes de moverse a velocidad sobreponi, y simplemente darles un pequeño empujón para desviarlas.

Ante el payaso, parecía como si un relámpago multicolor, sobre todo cian, simplemente actuara como escudo y desviara las invitaciones de su objetivo.

El payaso se rio.

─¡Ah, yo también sé hacer trucos de magia! Aunque no tengo un cuerno.

Entonces abrió su chaqueta, y sacó de quién sabe dónde un enorme pastel, que arrojó contra The Dash.

La velocista simplemente se hizo a un lado, eludiendo el pastel, pero se dio cuenta que sus cascos se habían visto atrapados en una especie de papel con pegamento, como las trampas para moscas.

No importaba, su cuerpo generó varios relámpagos, y antes que el payaso pudiera contraatacar con su palanca, ella ya se había movido y lo había tacleado a máxima velocidad, lanzándolo contra la pared.

─Eso es trampa… íbamos a jugar algo tan, pero tan divertido… ¿y dónde está la Murciélaga? ¡Ella es la invitada de honor!

The Dash le mostró los batarangs que cargaba. ─ Lo siento, Batfilly tuvo que quedarse en casa como una buena potrilla. Pero te mandó sus saludos.

El payaso frunció el entrecejo.

─No, no, no, no, no. ¡No vale, no vale! ¡Ella debía venir! ¡Le mostraré a esa aguafiestas!

─Cállate, tú vas directo a una celda acolchada ─ dijo The Dash, golpeando al payaso en el vientre.

El sujeto se desmayó, y Dash se puso a revisarlo en caso tuviera una sorpresa escondida.

De la flor de su solapa, salió un chorro de queso hirviendo, seguido de una bocanada del veneno que hacía a sus víctimas reír hasta morir.

Dash se movió hacia atrás a gran velocidad, y ella empezó a batir sus alas para ventilar el maldito gas antes que la tocara.

─Y… mejor le quito la ropa.

Un tornado de luz multicolor, sobre todo cian, rodeó al payaso, mientras sus ropas salían disparadas a todos lados. Y tal como lo sospechó The Dash, varias trampas como guantes de boxeo, un chorro de ácido, incluso un botón de esos de broma que electrocutan al pobre infeliz a quien le das un casco. Pero, gracias a la enorme velocidad de la pegaso, las trampas no tuvieron tiempo de activarse.

Al final solo quedó el inconsciente poni blanco, y Dash no podía creer lo que veía. Ya había visto esa Cutie Mark antes, pero si su memoria no la traicionaba, el poni era color amarillo, y su melena marrón, no pelaje blanco y melena verde.

─¿Cheese Sandwich?

Y sin más, llevó al payaso directo a la presencia de la princesa Luna.

Más tarde, calabozos del castillo:

El payaso abrió los ojos y miró a su alrededor. Ni una ventana, solo un montón de heno para echarse, y un cuenco de agua.

El payaso puso una cara de decepción, pero seguía sonriendo.

─¡Ah! ¿Es que se acabó la fiesta?

─Sí, para ti ─ dijo la Princesa Luna, entrando a la celda. ─ Cheese Sandwich, dime cuál es tu pendiente con mi Caballero Oscuro.

El payaso negó enérgicamente con la cabeza.

─¿Cheese Sandwich? ¡Ese poni murió cuando me tropecé con la murciélaga y caí sobre un contenedor de pintura! ¡Ahora solo queda El Payaso, jajajajajajaja!

Luna levantó una ceja.

─Entonces estás diciendo que mi Caballero Oscuro te lanzó a un bote de pintura.

El payaso se encogió de hombros. ¿Qué? Claro que no. Yo dije específicamente que ella estaba cruzando la noche con su máquina voladora mientras que yo volvía de mis compras. Me asustó y me eché toda la harina encima, jajajaja.

La Princesa no estaba para bromas. ─ Eso no tiene nada que ver con lo que me acabas de decir.

El payaso miró al suelo.

─¿Qué puedo decir? ¡Es que estoy muy débil!

─¿Y eso qué tiene que ver?

─¡No tengo fuerzas para sostener la otra versión! ¿Entiendes? ¡Jajajajajaja!

Aunque era un buen chiste, la risa que lo acompañaba daba escalofríos.

Los dos soldados que acompañaban Luna se mantuvieron calmados, porque era el protocolo, pero había algo en este tipo que les daba nervios hasta los guardias más entrenados.

─Pónganlo a dormir ─ ordenó la Princesa Luna. ─ Se ve que este sujeto perdió un tornillo. O varios.

Los guardias apuntaron sus cuernos a Cheese, que les dedicó la mayor de sus sonrisas.

Y mientras, la Princesa Luna subió al nivel superior donde la esperaba Dash.

─¿Y bien? ¿Lo llevo al manicomio?

─Será lo mejor. ¿Segura puedes encargarte?

─Segura, para eso estamos los metaponis ─ sonrió Dash. ─ Y mañana a primera hora, le diré a la mocosa que este sujeto ya cayó.

La Princesa sonrió. ─ Te lo agradezco, Rainbow Dash.


Espero que les haya gustado, ya se había revelado desde antes la identidad del payaso en la precuela, pero ahora los héroes la conocen también. Y, bueno, sé que Dash venció muy fácil al payaso, pero ella es una metaponi por algo.

En fin, Chao; nos leemos!