Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría
EL DÍA QUE BELLA BEBIÓ WHISKY
En la actualidad:
–Y ahora aprovechando que estamos todos aquí reunidos… ¿quién es la hija de puta que se está follando a mi marido?
Bien, ya está por fin lo he dicho, por fin sabré la verdad y por fin me quitaré este peso que llevo encima. Durante toda la tarde había estado a punto de echarme atrás en nuestros planes. El par de horas que Alice y Jasper me habían dejado a solas en su casa de veraneo mientras iban a recoger al resto al aeropuerto, me había servido para darme cuenta de la injusticia que iba a cometer con mis amigos. El baño de burbujas también me había servido para, además de relajar mis músculos, forzar a mi cerebro a ver las cosas desde otra perspectiva.
Finalmente había llegado a la conclusión que quizás lo mas justo para todos, salvo para "mi amante esposo", era evitar la situación durante los próximos días e intentar pasarlo lo mejor posible. Habíamos estado esperado tanto tiempo por vernos y reunirnos... y yo iba a estropear las vacaciones al airear mis problemas maritales delante de todos.
Después de salir de la bañera, untarme de aceites aromáticos (idea de Alice), había bajado a la cocina dispuesta a saquearla. Cuando estaba tan ansiosa como en aquel momento solo había una cosa que podía calmar mis nervios: chocolate. Por suerte para mí todos los antojos que Alice estaba teniendo durante el embarazo se basaban en dulces, helados y chocolates.
Sin más dilación abrí el refrigerador y no me sorprendí cuando vi que había más de diez tipos de helado diferentes. Sólo me llevó unos segundos reducir la selección a dos el chocolate belga de Häagen-Dazs y el de vainilla con chocolate blanco de Bens & Jerry's. Después de cuatro bolas y con el estomago lleno la decisión ya estaba tomada: permanecería callada y no amargaría a nadie las vacaciones. De hecho, en ese mismo momento, sentada encima de la encimera y relamiendo los últimos restos del bol, también tomé la decisión de intentar pasármelo lo mejor posible. Nadie se merecía pagar mis frustraciones y desde luego yo merecía un poco, aunque fuese un poquitín, de felicidad. Luego, cuando volviéramos a casa podríamos hablar con calma y tomar una decisión.
Pero si eso era lo que había estado pensando durante toda la tarde las últimas reticencias que conservaba a desbaratar el plan tan solo duraron hasta que lo ví, hasta que lo oí, hasta que me abrazó con fuerza diciéndome que me había echado de menos aquellos días, que estaba más guapa que nunca… fueron en esos instantes cuando mis reservas empezaron a decaer una por una como las fichas de un dominó. Finalmente lo que me acabó de inclinar la balanza a su favor fue cuando al acompañarle a llevar la maleta a la habitación me susurro al oído que de estas mini-vacaciones no pasaba de quedarnos embarazados… Ese era mi mayor anhelo y él jugaba con esa baza en su quipo. Cuando oí sus palabras recordé que me quería y cuando sentí sus cálidas manos recorrer mi espalda y mi cintura recordé que yo también le quería. Tal era su ansiedad por tocarme que bien podía parecer que quería iniciar los deberes en ese mismo momento, aunque abajo nos estuviera esperando Alice para ir a realizar unas últimas compras, preocupada como estaba había planeado toda una lista de actividades con el fin de no dejarme sola demasiado tiempo con mi é.do.
Sus manos se deslizaban por mi cuerpo borrando por un instante todo el odio que yo había acumulado aquellos últimos tres días, desde que había confirmado mi sospecha. Todo había sido un error, todo tenía que ser un error, me decía mi corazón y justificaba mi cabeza. Fijo que entendí mal, el quiere tener un hijo conmigo… no puede ser ni tan cruel ni tan cínico.
Lastima que mi decisión tuviera tan poca vigencia.
Por una vez en mi vida tuve la suerte de que mi cuerpo no respondiera a sus intenciones tal y como mi cabeza quería doblegarlo para que se rindiese a sus atenciones. Por mucho que él acariciara las zonas más erógenas, mi cuerpo no claudicaba ante él por primera vez desde que nos habíamos reencontrado hacía ya seis años, aunque yo no deseara otra cosa. Seguía paralizado a pesar de mis inútiles esfuerzos por obligarlo a humedecerse para él, a excitarse y demostrarle mediante la pasión que era suya y recordarle que ÉL era mío. Supongo que también tuve bastante suerte cuando al preguntar por mi anodina actitud creyó mi supuesta jaqueca. Y más suerte tuve cuando a punto de reiniciar una nueva sesión de besos y caricias llegó Alice a recordarnos que la teníamos que acompañar al supermercado.
Pero si de verdad tenía que dar las gracias a alguien era a mí misma ya que debido a tener un cuerpo tan independiente e inteligente como el mío, que no había creído en sus palabras ni besos, evitó hacerme caer en un pozo aún más profundo que en el que me sentía estar.
Todas mis esperanzas que se habían ido reconstruyendo poco a poco a lo largo de la tarde se vieron arrastradas por la marea cuando, estando en la compra y desde un pasillo colindante le oí hablar por teléfono en un tono beligerante: "Aquí no, no con Bella delante… me escaparé esta noche… si, no te preocupes, hablaremos… no me puedes hacer esto, no ahora… ¿roja? Oh dios!… ok, no faltaré, Adiós".
Nuevamente me había vuelto a engañar. Por eso mismo había tenido muchísima suerte de tener un cuerpo tan listo, pues si bien mi mente había vuelto a creer en sus palabras, mi cuerpo no había podido olvidar la traición a la que lo había sometido, según mis cálculos, durante al menos los últimos seis meses. Y de haber consumado mi deseo mental ahora si que me encontraría hecha un adefesio por haberme dejado engañar y haber vuelto a creer en él. Y lo peor de todo es que de haber sido así, en esta ocasión la culpa hubiera sido solo mía.
Cada palabra suya de amor, cada caricia, cada beso que me había dado en apenas media hora que habíamos estado juntos se habían convertido en una nueva puñalada más en mi corazón y en mi alma. No quería que nadie me viera llorar y no volví a derramar ni un lágrima por él, aunque muchas más estuve a punto de derramar por mi propia debilidad. Cómo podía haber pensado en perdonarle o como siquiera había pensado que yo era una malpensada. Dios ni siquiera había pasado una hora en la que habíamos estado a punto de hacer el amor. Cabrón! El plan se pondría en marcha otra vez y a tomar por culo.
Eso era lo que había pasado unas horas antes de la cena, apenas recordaba que había ocurrido mientras tanto. Solo que Alice, sin tan siquiera haberle contado nada de lo que sucedió en nuestra salida, había percibido mi cambio de actitud entre el "antes del pasillo de los congelados" y "el después", hecho que me corroboró cuando al llegar a casa a penas se separó un minuto de mí.
Cuando me quise despabilar, antes de que las lagrimas tuvieran alguna posibilidad de volver a rodar por mi mejillas y fijar mi atención en lo que me rodeaba, me di cuenta que habíamos llegado a los brindis. Pero todavía era incapaz de fijar mi atención en mi alrededor, apenas podía creerme que había estado a punto de perdonarlo, que había pensando que la culpa había sido mía, que quizás podríamos dejar pasar y encerrar el "error" en el fondo de mi mente. Ja! qué estúpida.
–Y ahora aprovechando que estamos todos aquí reunidos… ¿quién es la hija de puta que se esta follando a mi marido?
Estaba tan furiosa cuando dije eso, cuando solté la bomba, que me olvidé que tenía una copa de fino cristal agarrada en mi mano, olvidé que la apretaba con fuerza, olvidé que los nudillos se me estaban quedando blancos…. y olvidé lo mal que me sentaba ver la sangre hasta que sentí un intenso dolor en la palma y vi el chorro de liquido rojo resbalar por ella hasta caer en los restos de tarta de queso que aún tenía delante de mí. Sangre, dolor, negro, todo negro….
[…]
– Mmmmm! – gemí mientras giraba sobre mi cuerpo e intentaba realizar un rápido análisis de la situación, me dolía la mano y un poco la cabeza, oía algunas voces lejanas. No sabía porque estaba allí, pero al menos recordaba lo último que había dicho. Intenté no sin gran esfuerzo abrir los ojos, pero algo muy pesado sobre ellos me lo impedía.
– Hey! Cielo, estás despierta. ¿Cómo te encuentras? – Me preguntó Rose acariciándome la cabeza con una suavidad asombrosa.
– ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy en la cama? –pregunté con la voz pastosa.
– Te cortaste con la copa, sangraste y te desmayaste. Tania te estuvo curando la mano y te dio un par de analgésicos para el dolor… también tienes un pequeño coscorrón en la cabeza, al darte con la mesa al caer… nada grave. Emmett te cogió antes de tocar al suelo–. Me aclaró tranquilamente.
Me intenté incorporar cuando noté un leve zumbido en el fondo de la cabeza que me obligo a volver a tumbarme. Giré los ojos y pude comprobar que estábamos las dos solas. Tenía tantas cosas en la mente que no sabía por donde empezar a preguntar. Quizá lo mejor sería preguntar por lo más trivial.
– ¿Alice?
– Bajo hace un minuto a por unas bebidas, y a ver qué tal iban las cosas por allí abajo–. Bien, eso había sonado muy críptico. Busqué con mi mirada los ojos de Rosalie intentando dilucidar que era lo que escondían sus palabras: ira, pena, lástima, dolor, rabia… creo que había un poco de todo.
– ¿Qué pasó con…?– Quería preguntar que había pasado con él pero su nombre no me salía de la garganta, se me había atorado como si se tratara de una bola de pelo. Ahí fue cuando me di cuenta que necesitaba algo de beber, pero algo fuerte, nada de mariconadas como el te de las cinco. De hecho, tenía la esperanza que Alice hiciera caso omiso de las contradicaciones médicas por el consumo de antibióticos y me trajera un buen whisky. Total qué más me puede pasar, ¿tajarme…? puff! Más bajo tampoco voy a caer. ¿O si?
– No lo quieres saber…– me contestó intrigante y dibujando una demoniaca sonrisa en su rostro. Ella no había querido finalizar la frase pero yo si quería saber. Quería saberlo todo, cuál había sido su reacción, qué había dicho, ¿lo había negado? ¿y ella se habría descubierto? ¿Por qué Rose no había terminado la frase… y qué tanto mal había hecho mi intervención?
Unos minutos más de divagar en silencio estas elucubraciones no me resistí.
– Dímelo–. Le rogué poniendo mi mejor cara de corderito a punto de ser degollado. Toda aquella actitud no hacía otra cosa que ponerme todavía más nerviosa. Rose era una persona que todo lo cariñosa y amable que podía llegar a ser con la gente a la que quería era de brusca y directa con la que le caía mal. En todos los años que nos conocíamos y en todas las situaciones en las que la había visto nunca en mi vida dudar había sido una de ellas y eso realmente acojonaba.
– Eeeh! Total… tarde o temprano te vas a enterar–. Condescendió todavía no muy decidida. – Se desató una batalla terrible–. No se por qué pero aunque su voz sonaba sería y acongojada, me parecía que también transmitía cierta socarronería.
Yo en cambio, noté como un leve escalofrío recorría mi cuerpo.
– Te desmayaste demasiado rápido, unos se tiraron a recogerte mientras el resto se dedicaba a gritar y a lanzar cosas–. Continuó. – Y por si te lo estabas preguntando, si, llegaron a las manos–. Se adelantó a mi siguiente cuestión.
Si, desde luego, eso era algo malo, no cabía ninguna duda. Cerré los ojos fuertemente como para evitar que una expresión de dolor saliera de mi mirada, no quería hacer notar mis emociones cuando preguntara.
– ¿Yyy eeél? –. Gimoteé convirtiendo mi voz en algo demasiado ñoño y nasal para mi costumbre.
– No te preocupes, sobrevivirá–. Dijo con evidente disgusto. – Yo tampoco se muy bien que pasó. En cuanto te recogió Emmett no me separe de ti–. Comentó torciendo el gesto. – Alice también bajo a enterarse que pasaba ya que de un momento a otro comenzaron otra vez a oírse voces.
Antes pelea, ahora voces. O sea que lo que escuchaba cuando me desperté eran los restos de una tormenta. Dios que me había perdido.
En ese momento sentimos un pequeño estruendo en la puerta que nos hizo dar a las dos un pequeño saltito en la cama. Alice se encontraba delante de nosotras con una bandeja que sostenía un montón de vasos rellenos todos de un liquido marrón oscuro. Dios que sea whisky y no te, que sea whisky y no te….
Una suave risa procedente de mi amiga me sacó de mi rezo. Alice nos estaba mirando divertida aunque no entendía muy bien el por qué hasta que seguí su mirada hacia nosotras. Fue en ese momento cuando me di cuenta en la postura que Rose y yo habíamos adoptado sobre la cama. Ambas estábamos tendidas, no había sido consciente en ningún momento de haberme recostado sobre su hombro derecho, pero me sentía tan reconfortada por su abrazo que, ahora que lo era, no me pensaba mover de allí.
Alice todavía nos miraba suspicazmente, con los ojos entornados y una sincera sonrisa en su rostro.
– Me alegro que ya estés mejor…. Que sería de nosotras sin mami Rose–. Indicó burlonamente.
Y tenía razón aquella postura me hacía recordar cuando era pequeña y mi madre me leía cuentos. Rose era una mama estupenda y probando aquel abrazo no me extrañaba que sus dos hijos la adorasen. Mientras yo, por mi parte, adoraba en silencio el buen hacer de mi querida amiga, Alice había apoyado la bandeja sobre una mesita de noche alejada, para un segundo después, sin gota de vergüenza, tenderse en el otro extremo de la cama y acurrucarse bajo el amoroso abrazo de Rose.
– Alice, deja de rezongar y sírveme una copa.– Le espeté.
– ¿Qué quieres, subí un poco de todo? ¿te, tila, whisky, zumo…?– pregunto sin sorprenderse por mi actitud.
– Mmmm–. Esa es mi amiga, nunca debería haber desconfiado de ella. Yo me inclinaba por el alcohol descaradamente, quería un whisky sobre todas las cosas, pero el hecho de que ella no pudiera beber por su embarazo me impedía decirlo abiertamente.
– Alice, ponnos un whisky a Bella y otro a mí, mientras tú te bebes tu "noalcohólico" zumo de manzana.– Ordenó Rosalie, como una buena mami me dio lo que yo quería y Alice como una buena nena obedeció pasándonos sendos vasos. Sin más dilación lo llevé a mis labios y le di un gran trago. Lo note frío y amargo al bajar por mi garganta, pero cálido y reconfortante a la vez... Así que no dude en acabarlo de un golpe. No estaba en mis planes emborracharme (o quizás si) pero tampoco me iba a privar de nada. Si ya no podía controlar mi vida, para qué autocontrolarme.
– Alice, nos tienes un poco intrigadas–. Comentó Rose un tanto nerviosa. – Nos puedes contar qué pasó cuando subimos, dónde está la gente y por qué ya no se oye nada.
– Él esta en la cocina –. Dijo poniendo cierta cara de asco que yo secundé al contestar la segunda pregunta planteada. Quizás es la de más fácil respuesta. – Tania le esta curando.
Curando, ha dicho curando, oh, oh esto es mas grave de lo que pensé. – ¿Cómo que curando Alice, de qué me estas hablando? –. Le pregunté mientras me sentaba en la cama. Aun tenía el vaso entre las manos y me lo llevé a la boca esperando que de la nada todavía cayera alguna gota que me reconfortase. Tenía que hacer algo sino quería empezar a hiperventilar como preludio de un ataque de pánico.
Mientras yo continuaba concentrada en controlar mi respiración pude recobrar el hilo de la conversación de mis amigas que habían seguido hablando sin mi atención.
–… pues la última vez que lo ví salía del baño hecho una furia. Jess le había curado los cortes y vendado la mano. Salía dando voces medio loco hacia la playa– narraba Alice moviendo exageradamente los brazos.
– Lo dejasteis irse solo… – temblando un poco por la anticipación.
– No, no… Mike iba dando voces detrás de él… – aclaró rápidamente.
Aunque me había vuelto a perder en mis pensamientos y no había oído a quien se refería me podía hacer una idea. El dolor que estos días atrás había empezado a sentir en mi alma, inexplicablemente se multiplicaba al darme cuenta de todo lo que había sucedido mientras yo me encontraba inconsciente. Había habido una pelea, y aunque tampoco me lo dijeran los conocía a todos bastante bien, y tampoco hubiera hecho falta se tan lista, como para saber quién había dado el primer golpe y quién se había implicado en ella.
– Perdonar. – Interrumpí mientras me giraba para quedar enfrente de ellas. – pero me podéis contar exactamente que sucedió. Porque me estoy volviendo loca.
– Verás, Bella –inició Alice con una voz demasiado apagada para venir de ella. Desde luego esto era muy, muy, muy malo– Ni Rose ni yo presenciamos nada, estuvimos aquí contigo todo el rato. Pero más o menos Jasper me acaba de contar lo que sucedió. Resulta que… mejor lo llamo y que te lo cuente él–. Interrumpió su apenas iniciado relato para estirarse sobre la cama y coger el móvil. – Jazz, amor… si, si ya despertó… para eso justo te llamaba…– aclaró mientras nos regalaba una sonrisa y colgaba. – Ya sube.
No habían pasado cinco minutos cuando sentimos la puerta abrirse para dejar paso a un Jasper demasiado sereno para lo que se suponía que había pasado.
– Hey, hola ¿cómo te sientes? –. Inquirió sentándose a los pies de la cama mientras atraía a su esposa a sus brazos.
– Tu que crees… gracias por preguntar… pero vete al grano–. Para qué andarse con rodeos cuando me debían información.
– ¡Ok! ¡ok! Verás cuando te caíste por un momento todo se mantuvo en silencio. Fue ese maldito silenció que precede a la tempestad–. Inició la narración con voz templada. Maldito Jasper y sus nervios de acero. – Primero nos asustamos todos, sobre todo por tu golpe en la cabeza, pero en cuanto vimos que no iba más allá de un leve rasguñó y el desmayo y que tú ya estabas siendo atendida por las chicas, se desató la tormenta. Para abreviar hubo un poco de todo: empezaron las voces, las exigencias, los lloros, los gritos… y los daños colaterales. –resumió a sabiendas de evitarme las partes más desagradables.
– ¿Daños colaterales… a qué te refieres? y ¿por qué dijo Alice que Tania y Jess estaban curándolos? –recordé de pronto.
– Bueno pues más o menos…– notaba que dudaba como seguir. Por fin su templanza se desmoronaba.
– Jazz, de golpe, como una tirita– le apremió Rose mientras que yo asentía.
– Bien… se pegaron.
– Eso ya lo se–. Dije rodando los ojos. – Rose me lo dijo.
En cuanto me chive de mi amiga y vi la mirada de disgusto que Jasper le lanzó realmente fui consciente que la pelea no había sido poca cosa.
– ¿Quién? – Pregunté. No hacía falta especificar más.
– Todos
– ¿Todos? – volví a repetir tontamente. Sentía mis piernas temblar…
– Si, ya nos conoces nunca rehuímos una buena pelea. – ¿Se estaba riendo o era cosa mía?
– Y concretamente cuáles son esos daños colaterales–. Preguntó Rose
– Nada que no cure el tiempo… un par de ojos morados, rasguños, labios partidos… y– se cortó mirando a Alice– lamesadecristal.
– ¿Queeeé?
– La mesa de cristal.
– Oh Dios, ¡Nooo…!–. ahogó su grito ante la mirada reprobadora de su marido y nuestras sonrisas.
– James cayó sobre ella. No te preocupes cielo – le dijo a su intimidante esposa. –compraremos otra, además tu no tendrás que ver el cadáver las chicas están recogiendo el salón. Y, por cierto, James sobrevivirá.
– Acaso hubo más daños colaterales–. Señaló Rosalie con una carcajada desbordándole los labios. – Porque tu no tienes nada.
– Chico listo que soy. En realidad salvo James por lo obvio, y Edward y Jake, los demás salimos bastante bien parados.
– ¿Volvió el Team Edward versus Team Jacob de los viejos tiempos?–. Ironizó Rose, recordando los viejos grupos en los que solíamos dividirnos para compartir diversos juegos y deportes.
– Eso parece ser. Bella todavía te tengo que contar algo más. –le mire sorprendida. –Quiere verte. De ahí las voces de antes.
– No.
– Ya se lo dijimos pero no se cómo lo detendremos. Lo estamos vigilando pero… insiste –. Después de un breve silencio añadió sarcásticamente. – El plan se nos fue un poco de las manos ¿no?
El comentario nos hizo a todas dejar los ojos en blanco, pero desde luego había conseguido relajar el ambiente al cambiar completamente el sentido de la conversación.
– Eso era un plan–. Incidió Rose socarronamente. –Pues menuda mierda… ¿Y concretamente en que consistía el plan?
– Básicamente queríamos provocar reacciones…
– ¡Ah no!... pues eso si que lo habéis conseguido. –volvió a cortar intentado esconder la risa.
– ¿Me dejas continuar?. –cortó y esperó al asentimiento de su hermana para continuar. –Cada uno de nosotros vigilaría a alguien. Alice a Tania y Victoria, Bella a Jess y a Leah y yo me concentraría en Ángela y en el susodicho.
– Y de quién fue la brillante idea…
– Mía, por supuesto–. Respondió orgulloso Jasper.
– Ahh…. –comentó abriendo exageradamente la boca y dejando los ojos en blanco. – Y cómo es que os fiasteis de mi hermanito para esta genial idea. –nos preguntó esta vez mirándonos a nosotras con una sonrisa socarrona.
– Bueno, él dice que es más o menos un procedimiento que siguen en los interrogatorios grupales con la policía, analizan la comunicación verbal, los gestos… etc. Bueno y un montón de mierdas psicológicas. –le intenté explicar lo mejor que pude como si Jasper no estuviera en la habitación sentado a mi lado. – Y a todo esto ¿qué fue lo que descubristeis?– Le pregunté tímidamente en un intento de congraciarme con él. En realidad era lo único pero también lo último que quería escuchar.
– Pues por lo visto nada… tu desmayo lo echo todo por tierra.
– ¿Queeeé? ¿y ahora qué hacemos? – Inquirí mirándolos a todos uno por uno.
– Pues creo que lo mejor será bajar y que te enfrentes a todos–. Me dijo dirigiéndome una quieronopuedo reconfortante sonrisa.
– ¡Buff! Ahora si que necesito otro trago– Señalé tendiendo mi vaso hacia Alice, que hasta el momento había estado muy callada.
Estuvimos callados unos minutos cada uno sumidos en nuestros propios pensamientos y bebiendo de nuestras copas, cuando Rosalie saltó de repente poniéndose de pie a un lado de la cama señalándonos con el dedo amenazadoramente.
– ¡Ah! ¿Y a mi no me vigilaba nadie?–. ¿De verdad era eso lo que le preocupaba?
– Nop –. Le contestó Alice. – Tu prueba más bien era sonora… como…. – No sabiendo muy bien como continuar sin herir a Rose. –… eres muy directa si hubieras sido tú hubieras confesado inmediatamente. – Al final había salido bien del apuro.
– Yo nunca dude de ti…. – Añadí, no quería que ahora se pudiera sentir herida por mí.
– ¡Uy! ¿Por qué no? Acaso no me crees capaz…. Jajaja es broma, una mala broma por cierto – añadió en un tono malamente audible. – Tienes razón yo nunca te haría eso ni a ti ni a Emmett. Pero deberíais haber sospechado, nunca se sabe–. Continuó, volviendo a acomodarse a mi lado.
– ¿Ves? – me dijo Alice subiendo las cejas con un gesto de listilla que no podía con él.
– Además que mientras caía creo recordar algo así como "Valiente hijo de puta"– la cité obviando el comentario de la enana.
– Si algo fue así lo que le dije… un minuto antes de darle la primera ostia en toda la cara–. Añadió orgullosa.
En ese momento me hubiera echado a reir ante el comentario de no ser porque sentimos un ruido de pasos en la escalera que me hizo a mí estremecer y al resto incorporarse de la cama para acercarse a la entrada.
– ¡Bella, Bella! – Gritaban cada vez más cerca de mi habitación.
Cuando oí mi nombre me sentí desfallecer, las rodillas temblaban como si estuvieran hechas de chicle y sentada al borde de la cama empecé a resbalar hasta esconderme en un pequeño hueco que había entre esta y la mesita de noche.
– Pensé que no lo iban a dejar subir–. Grité ácidamente a Jasper.
– ¡Bella!–. Las voces y los pasos cada vez se acercaban más a la habitación.
–No te preocupes, Bells, respira–. Me decía Rose mientras acariciaba mi espalda dibujando grandes círculos en ella. – Nosotros nos ocupamos.
– Rose, Bells me parece que no… –. Empezó a decir Alice antes de ser interrumpida nuevamente por aquella voz que ya estaba al otro lado de la puerta.
– ¡Bella! Déjame entrar. Tengo que hablar contigo.
Suspiré fuertemente al reconocer a ciencia cierta de quién era esa voz provocando las miradas de todos los allí reunidos. En ese momento sentí sus miradas interrogante pero yo me negué, no quería hablar con él, no quería hablar con nadie más.
– Si no me abrís, tiraré la puerta abajo. –chilló la voz nerviosa al cabo de unos minutos.
– Ahora no es el momento– pudimos oír también al otro lado aunque con tanto ruido no se reconocía del todo quien era quien. – Déjala que se tranquilice luego podremos hablar todos–. Parecía Emmett.
– ¡NO!, no me pienso ir de aquí hasta que la vea. – dijo mientras bajaba el tono de voz y seguía con su diatriba. Parecía que mi visitante se estaba tranquilizando mientras seguía discutiendo con alguien más allí fuera. Nosotros cuatro, al otro lado de la frontera, intentábamos escuchar algo más, pero parecía una labor imposible. Cuando poco a poco me fui incorporando para sentarme en el centro de la cama abrazada a mis rodillas, pude ver a mis amigas apoyadas en la madera. Hasta que de repente alguien volvió a aporrearla desde el otro lado.
– ¡Bella! ¡Alice! ¡Rose!– divagaba de un nombre a otro.– por favor abrirme la puerta, por favor.– acompañaba cada palabra con un golpe en la madera.
– Bella qué dices, quieres que le abramos la puerta–. Me preguntó Jasper.
Yo temblé solo de pensar en hacerle frente y tener que darle alguna explicación por mi comportamiento durante la cena.
– No quiero verle. No puedo hablar con él ahora. Solo decirle que se vaya.– supliqué enterrando mi cabeza entre las piernas.
En ese momento, cuando Jasper abrió la puerta ligeramente para darle la cara e intentar convencerlo de que nos dejara en paz, él aprovechó para dar un pequeño empujón que hizo perder el equilibrio a nuestro portero guardián. No fue un golpe agresivo pero por lo menos si lo suficientemente fuerte como para que soltará la puerta y él tuviera el camino libre para colarse en la habitación.
– Edward, será mejor que te vayas. –Pidió Rose en un tono nada amigable pero haciendo un esfuerzo por sonar conciliadora.
– ¡NO! Ni se os ocurra hacerme eso.
– Estoy perdiendo la poca paciencia que me queda… SAL-INMEDIATAMENTE-DE-AQUÍ! –Levantó la voz mi amiga. Si la ira se pudiera personificar en ese momento se llamaría Alice.
– ¡ALICE! No-me-apartes-de-ella –eso más bien parecía un ruego pero el tono irradiaba una intensa furia.
Sin levantar la vista podía sentir los esfuerzos que hacía Edward para acercarse a mí, pero mis queridas amigas habían construido con sus cuerpos un férreo muro que le impedía avanzar. Además de tener a Emmett intentando arrastrarlo de la cintura fuera de la habitación.
Por mi parte no podía permitirme el lujo tan siquiera de mirarle a la cara, eso hubiera acabado de hundirme.
– Edward lo mejor es que hagas caso a tu hermana y bajes con los demás –intermedió Rose.
– ¡De aquí no me saca ni Dios!– Su voz ya no sonaba tan fuerte como antes, más bien solo intensamente desesperada– Perdona Alice… no era consciente de tu estado, pero entiéndeme tengo que hablar con ella –eso si que era una súplica– Necesito hablar con ella.
– Edward– Le llamó tranquilamente Jasper que hasta ese momento permanecía como un mero espectador mientras le volteaba cogiéndolo del hombro. – Escucha, crees que lo estas haciendo bien, mira que número estas montando. La estás asustando–. Le dijo seguro señalándome. Aunque no los miraba a la cara sabía que los dos me estaban mirando. – Te estás comportando como una fiera. –añadió empujándolo insistentemente hacia la puerta – Así no se hacen las cosas. ¿De verdad quieres esto? Déjalas que se tranquilicen y cuando ella quiera hablar contigo lo hará. ¿Verdad Bells?– me preguntó.
Si, asentí con la cabeza, sin sacarla del refugio en que se habían convertido mis piernas.
– Esta bien, Bells, lo que tú quieras… pero tarde o temprano tendrás que hablar conmigo–. Claudicó melancólicamente. Yo sabía que lo último más que una amenaza era un ruego, claro que tendría que hablar con él. De hecho era con quien más quería hablar pero ahora no me sentía lo suficientemente fuerte como para hacerle frente.
– Venga te acompaño abajo y ponemos un poco más de hielo en tu labio–. Dijo Emmett arrastrándolo hacia la salida.
– Bien–. Fue lo último que le oí decir antes de salir de la habitación.
– Bells, ¿estás bien? – me preguntó Alice dándome un leve meneo en la rodilla que me hizo salir del caparazón. – ¿Qué te parece si nos acabamos la última copa y bajamos?
– ¡Seh! –Dudé. Total para que esperar más.
– Y mientras apuramos el último trago por qué no me cuentas cómo fue que descubriste todo este culebrón.
Se me había olvidado que Rosalie no sabía nada de la "historia de una traición".
– Si claro… ¿por dónde empiezo? –Estaba claro que si iba a volver a contar esa historia tendría que sacar todo mi humor negro para soportarlo, con suerte los dos whiskys ayudarían a ello. –Érase una vez una joven princesa que vivía en el palacio de sus sueños cuando…
Ya vamos sabiendo un poco más aunque se que aún son muchas las incógnitas. Espero que os haya gustado. Muchísimas gracias por leer.
