Disclaimer: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama, creador de este increíble anime. Cualquier frase en cursiva, dentro de los diálogos, es el pensamiento de los personajes.
MI NIÑERO FAVORITO
Pequeño y valiente príncipe
No había nada mejor para él en ese momento, que un abundante sorbo de agua. Después de tres semanas de retiro al desierto, Piccoro finalmente disfrutó de la paz de las Montañas Paoz, refrescándose en la cascada, para luego emprender vuelo hacia la casa de su protegido.
Había obtenido grandes progresos en su entrenamiento, pero lamentaba no poder compartirlos a menudo: era en esos momentos cuando extrañaba a Gokú. Siendo su antiguo rival, sabía ofrecerle luchas interesantes: algo que faltaba en Gohan. Sin embargo, no lo culpaba: era la naturaleza del joven saiyajin y lo aceptaba sin queja alguna. Además, el muchacho tenía sus quehaceres en casa: ayudaba a su madre, continuaba sus estudios y participaba (por no decir sufría) en las travesuras del dúo más joven de los Guerreros Z… que a pesar de su corta edad, ya daban muestras de su potencial guerrero.
Desde hace cinco años, Bulma y Trunks visitaban la casa Son para distraerse con sus amigos y olvidar las tensiones de la ciudad. Como ocurría cada vez que se encontraban, el pequeño Goten se aliaba con Trunks en los más bizarros y endemoniados juegos, urdidos generalmente por el mayor. Piccoro cerró los ojos, compadecido: era la típica astucia de su energúmeno padre.
—¡Trunks! —gritó Bulma— Te dije que no juegues en los cultivos de la tía Milk.
—¡Pero mamá, fue Goten! —señaló Trunks, con el ceño fruncido.
—¡No es verdad! —se quejó el pequeño Son, al punto de las lágrimas—. Él me dijo que fuéramos hacia allá.
—Estos niños nunca paran… —suspiró Milk, resignada— ¡Gohan!
—Dime, mamá —respondió un desganado Gohan, tratando de cubrirse los oídos con un libro.
—Están jugando fuera de la casa. Te dije que los vigilaras.
—Ya los hice entrar varias veces, pero no entienden.
—Bueno… —Milk acarició maternalmente la mejilla de su hijo mayor— ve a tomar un poco de refresco: no has descansado por las tareas de tu maestro —le propuso, para luego dirigirse a los pequeños—. ¡Y ustedes, a la casa!
—¡Sí! —Trunks y Goten regresaron a la casa, pidiéndole a Gohan jugar nuevamente.
Bulma los vio retirarse, enfocándose en Gohan: a sus trece años, ya tenía el aspecto de un muchacho de veinte. Demasiado maduro, considerando todo lo que había vivido. Su estado la preocupó y quiso hablar con Milk.
Por otro lado, desde su árbol preferido, Piccoro siguió como espectador e hizo gala de su oído agudo para escuchar el debate de las mujeres.
—¿Tareas? ¿No le estarás exigiendo de más, o sí?
—Es por su futuro. Él debe ser un profesional.
—Sé que es tu sueño, Milk. Pero Gohan es un niño. Deja que se relaje o acabará estresándose más.
—Tienes razón. Creo que… estoy cometiendo muchos errores —Milk se cubrió el rostro, llorando.
—Claro que no, eres una madre estupenda —le sonrió Bulma, abrazándola—. Sólo trata de ver las cosas, desde otro ángulo. Tus hijos son increíbles, tienen todo lo que un niño desearía.
—No —sentenció—. Un padre es esencial, Bulma. Trunks goza de uno: eso ya es una gran diferencia.
—La presencia no lo es todo —Bulma bajó la mirada—. A veces, desearía que Vegeta fuera como Gokú. Que quisiera más a su hijo.
Piccoro alzó una ceja: ¿qué hacía escuchándolas? Se sintió entre fastidiado y avergonzado, por irrumpir en una conversación privada; pero algo más lo empujó a quedarse. En el fondo, le apenaba la situación del pequeño de cabellos lila.
—¿Qué ha pasado? —inquirió Milk.
—No lo sé —suspiró—. Intento comprenderlo, pero hay ocasiones en que parecemos extraños a su vista. Se encierra en su cámara y apenas asiste a Trunks. Sé que mi hijo lo siente y no quiero verlo sufrir, como su otro yo en el futuro.
—Bulma, tranquilízate —Milk le alcanzó un pañuelo, para que secara su llanto—. Sabes lo complicado que es Vegeta, dale tiempo. ¿Por qué no vienes a mi casa este fin de semana? Quizás tu ausencia lo haga recapacitar.
—No puedo. También me necesitan en la empresa.
—Entiendo —la señora Son tuvo una idea—. ¿Y si dejas a Trunks aquí? Estará en buenas manos, mientras ustedes arreglan sus problemas.
—¿Lo harías, Milk?
—Claro que sí, eres mi mejor amiga. Gracias por esta conversación —la abrazó.
—Cuenta conmigo —Bulma trató de normalizar su respiración.
—No más lágrimas —dijo la esposa de Gokú, sorprendiéndola—. Debemos volver, el almuerzo estará listo.
Tras haberse reconfortado, Milk y Bulma volvieron a la casa, en tanto se veía por la ventana a los dos niños jugando con Gohan, un poco más compuesto. El namekusei suspiró y tomó asiento en una de las ramas de su frondoso árbol: tendría un largo fin de semana.
[…]
De aquella charla, había pasado un día. Era la noche del sábado. Las carcajadas no paraban fuera de la casa Son, donde Gohan, Goten y Trunks se bañaban juntos en un barril grande.
—¡Listo! —Goten sacó su cabeza del agua, terminando el reto de aguantar la respiración.
—¡Perdiste! —también salió Trunks.
—Aguanté casi como tú.
—Pero saliste primero —el pequeño Brief empezó a reír.
—Bueno, ya cálmense. Podríamos dejarlo en empate —concilió Gohan, acariciando sus cabezas.
—¡Qué inteligente eres! —dijo Goten, aferrado al cuerpo de su hermano—. ¡Ganamos, Trunks, ganamos!
—Mmm… no es justo —Trunks emitió una queja fugaz, pero el chapoteo de su amigo hizo que olvidara el asunto.
Abriendo un poco la puerta, Milk llamó a los muchachos.
—¿Están listos, niños? Ya va a ser hora de dormir.
—Enseguida, mamá —respondió el mayor.
—¿Por qué te cortaste el cabello, Gohan? Te caía mejor largo —expresó Trunks.
—Pues —el aludido se rascó la cabeza— hace tiempo que quería hacerlo.
—No digas eso, Trunks. Mi hermano se ve bien —increpó Goten.
—Ya lo sé. Sólo creo que parece un adulto. ¿Cuántos años tienes?
—Preguntas demasiado —reía Gohan, enrollándose una toalla en la cintura.
—¡Cuando crezca, quiero ser como Gohan! —Goten saltó de la tina, aún desnudo.
—Quisiera tener un hermano como tú, Goten… —dijo Trunks.
—No te preocupes. Tienes a tu papá, es un hombre muy fuerte —mencionó el pequeño e inocente Son.
El pequeño Brief apenas sonrió por el comentario de su amigo. Disimulando su expresión, tomó la toalla que le correspondía y se secó, para luego entrar a la casa. Por el tamaño del cuarto de su amigo, Trunks se acomodó en la cama de Goten para hablar con él, hasta que ambos cayeron rendidos por el sueño.
Las noches en las Montañas Paoz eran de las mejores. Brindaban una tranquilidad especial para sus habitantes y turistas.
[…]
Tres de la mañana, del domingo. Nada podía alterar el pacífico ambiente que rodeaba a la casa. Era el lugar perfecto para Piccoro, que descansaba apaciblemente en el césped. No llegaba al punto del sueño, pero oía el canto de los grillos y el soplo del viento.
Estaba seguro que nada podría perturbar su paz, hasta ese momento.
Un sonido metálico llamó su atención. Gracias a su buena visión en la penumbra, pudo ver algo pequeño salir de la casa de los Son: era Trunks. El namekusei se incorporó: ¿qué hacía el muchacho deambulando a esas horas? Prefirió atender cada movimiento suyo.
El niño vestía una camiseta verde con el logo de Corporación Cápsula, a modo de pijama. Con unos cuantos mechones levantados, caminó hasta el barril y se echó un poco de agua en el rostro, sin soltar algo que cargaba en su mano izquierda: lo escuchó sollozar. ¿Acaso tuvo una pesadilla? Piccoro sacudió su cabeza: ya se habrían dado cuenta en casa… en especial, la urraca esposa de Gokú. No tardó mucho en notar los ojitos hinchados del pequeño, que se acurrucó en la fachada de la casa para llorar con la cabeza oculta entre las piernas.
¿Ahora qué le pasaba? El namekusei ni siquiera se cuestionó, pues sus piernas se habían movido por inercia. Sus pasos eran firmes, pero imperceptibles; y en pocos segundos, se detuvo frente al pequeño saiyajin. No lo había sentido.
—¿Qué te pasa? —pronunció con delicadeza.
Trunks saltó en un respingo, soltando lo que llevaba en su mano. Aún en la oscuridad, observó la imponente figura a sus pies y la reconoció, calmándose. Sin moverse de su lugar, Piccoro reconoció el objeto: era un cuadro que portaba una foto familiar de Gohan, Gokú y Milk. ¿Por qué Trunks lo tendría consigo?
—Señor Piccoro, me asustó…
—¿Estás bien?
—Sí —Trunks agachó la mirada y se incorporó, limpiándose las lágrimas con disimulo.
—No deberías estar afuera.
—No podía dormir.
—Porque husmeas lo que no te corresponde —acotó, viendo a Trunks ocultar el cuadro tras sí.
—No se lo diga a la tía Milk, por favor.
—Descuida —se relajó, apoyándose en la pared—. ¿Por qué lo sacaste?
—Nada en especial. Sólo quería ver al papá de Goten.
Ambos se sumieron en el silencio, contemplando la imagen. Para Piccoro, era una novedad observar una fotografía. Por el tiempo y sus integrantes, calculaba que fue tomada antes de la llegada de los saiyajin, con un Gohan de apenas dos o tres años. Veía a Gokú feliz y a su familia unida. Un extraño sentimiento se apoderó de él: después de mucho tiempo, volvió a experimentar la pena de perder a su compañero.
Miró de reojo a Trunks: también era un símbolo de la unión entre humanos y saiyajin, seguido un año después por Goten. Sólo que a diferencia suya, el pequeño Son tenía buenas referencias de su padre. El namekusei recordó la orfandad del joven saiyajin del futuro, la pasada charla entre Bulma y Milk… y suspiró. En ambas líneas temporales, Vegeta estaba ausente. Y esta vez, su actitud no era casual.
—¿Usted conoció al señor Gokú?
—Sí. Fue un gran guerrero.
—¿En serio? —volvió a mirar la fotografía— Lo mismo me contó mamá. Dice que fue su mejor amigo.
—Gokú sabía ganar amistades. Todos lo querían.
—¿También usted?
—Lo admiro —el namekusei sonrió, reservando su plena aceptación.
—¿Y por qué mi papá no lo quiere? —dijo el pequeño, viendo a Piccoro arquear las cejas— Siempre que habla de él, lo trata de tonto.
—Pues… —meditó, buscando las palabras menos hirientes— así es él.
—No entiendo.
—No necesitas hacerlo —sentenció, sin dejar de sonreír.
—Mmm… —el niño quedó inconforme con la respuesta y observó por tercera vez la imagen— me da pena que Goten no esté con su papá.
—A todos, Trunks —Piccoro agachó la mirada—. Pero sabemos que lo quiere.
—¡Es verdad! —el chiquillo esbozó una sonrisa— ¡El mío también, así entrene todo el día! ¡Desearía ser tan poderoso como él!
El guerrero namekusei se limitó a verlo levantarse y revolotear, oyendo las técnicas que había aprendido con su progenitor. Algo lo estremeció: conocía muy bien a Vegeta y a pesar de los tiempos de paz, siempre tuvo dudas de su cambio. Le apenó que Trunks, en su inocencia, todavía no lo conociera; pero por ahora, prefirió seguir su juego. No era capaz de arruinar la imagen de su padre.
—¡Seré el mejor guerrero de la Tierra!
—¡Hmp! Tendrás que pasar por mucho, niño.
—Eso no importa, porque soy el hijo del Príncipe de los Saiyajin —se señaló, con una mezcla de felicidad y orgullo.
Piccoro sonrió, pensando en Vegeta: ese idiota debía estar contento. Su hijo era un digno heredero suyo. Tomó el cuadro que Trunks dejó en el suelo y lo puso al filo de la ventana, recordando devolverlo después.
—¿Así empezamos? Te apuesto que no durarías ni diez minutos conmigo.
—¡Demuéstrelo! —Trunks aceptó el reto, entrando en posición de batalla.
El silencio de las Montañas Paoz se rompió con una fuerte brisa, producto de la levitación de ambos. El namekusei se emocionó: después de mucho tiempo, tendría una batalla con nada menos que un saiyajin. Recordó su entrenamiento con Gohan: por obvias razones, Trunks era muy diferente, pero pudo identificar su gran valor.
Volvió a sonreír: quizás, el pequeño podía cambiar muchas cosas en el futuro, incluso el carácter de su propio padre. Dejando a un lado sus pensamientos, ambos iniciaron su lucha.
Mientras tanto, dentro de la casa Son, el pequeño Goten se movió un poco en su cama y sintió frío en el lado de Trunks: abriendo los ojos lentamente, comprobó su ausencia. No obstante, su preocupación no duró mucho al sentir dos energías muy conocidas en movimiento. Por la ventana de su cuarto, vio filtrar el paso de algunas sombras, junto con gritos y risas.
Goten salió de su cama y se acercó a la ventana, mostrando una expresión de alegría. Sin perder tiempo, fue hasta la cama de su hermano.
—¡Gohan! —el pequeño Son lo sacudió— ¡Gohan, despierta! Tienes que ver esto…
—¿Qué…? —respondió, adormilado.
—¡Es Trunks! ¡Está luchando con el señor Piccoro! —Goten tomó la mano de Gohan, jalándolo con una fuerza inusual en un niño de cuatro años— ¡Ven, rápido!
Los hijos de Gokú fueron hasta la ventana y la abrieron, atestiguando la amistosa batalla entre el pequeño saiyajin y el experimentado namekusei, quien peleaba a un nivel medido para no hacerle daño. Para sorpresa suya, Trunks respondía muy bien a sus asaltos, por lo que aumentaba su ki progresivamente.
—¡Muy bien, Trunks! ¡Gánale! —gritó Goten, colgado en su ventana.
—¿Qué? —Piccoro se distrajo unos segundos, pero logró esquivar un puño de Trunks.
Respiró hondo: ¡un niño lo había sorprendido!
—¡Un guerrero jamás debe distraerse!
—¡Tu padre te enseñó muy bien!
—¡Es el mejor! —dijo Trunks, lanzándose de nuevo al ataque.
Mientras ambos se debatían a duelo, los hermanos Son observaban con gran atención.
—¿A quién apoyas, Gohan? —se entusiasmó Goten, desde su lugar.
—Pues… —mencionó el mayor, atento a cada movimiento— si tú animas a Trunks, yo alentaré al señor Piccoro.
—¡Yo creo que le va a ganar! —el pequeño Son rodeó su boca con ambas manos, gritando— ¡Vamos, Trunks! ¡Tú puedes…!
—¡No grites, mamá te escuchará! —le indicó Gohan, intrigado de que su madre todavía no sintiera lo que estaba pasando en el patio— Bajaremos, si quieres.
Tomando a su hermano en brazos, Gohan saltó por la ventana y bajó al césped. En ese instante, ambos entraron en alerta y elevaron la mirada al cielo, hacia la derecha. Al mismo tiempo, cuando Trunks iba a asestarle un golpe a Piccoro, se detuvo instantáneamente. La siguiente escena congeló a todos.
—¿Vegeta? —el namekusei reconoció al guerrero, asombrado de verlo.
Frente a los cuatro, el príncipe saiyajin levitaba a cierta distancia, con su típica pose de brazos cruzados y su ceño fruncido. No se molestó en responder a la pregunta de Piccoro y tenía la vista fija en Trunks, ignorando a los demás.
El namekusei no supo cómo reaccionar: ¿desde cuándo estaba allí y no lo percibió? Aún sorprendido, trató de concentrarse. Pese al tiempo y las diversas peleas que compartió con él, no podía descifrar las emociones que se ocultaban en su mirada, pero estaba seguro que en ella no había ni una pizca de su habitual desprecio.
Una sola pregunta invadió la mente de Piccoro: ¿qué estaba haciendo allí?
—Papá… —masculló Trunks, tímido.
—Empaca tus cosas —le respondió, muy calmado.
—Pero —Trunks alzó las cejas, con asombro— mi mamá…
—No lo repetiré de nuevo. Vamos a casa.
Los ojos del pequeño Brief brillaron de felicidad: desde que tenía memoria, jamás recordó ser buscado por su padre. Tal evento lo emocionó y con el mejor ánimo que pudo adquirir, decidió obedecer y volvió al cuarto de su amigo para recoger sus cosas. Gohan y Goten optaron por no decir nada, volteando hacia la entrada de la casa. En eso, el pequeño Son se percató de algo en la ventana principal.
—Gohan, mira —le señaló.
—¿Ah? —el hermano mayor recogió el retrato de su familia.
—¿Cómo llego ahí?
—No lo sé, Goten —sonrió, apretando el cuadro contra sí—. Volvamos a dormir.
Por su parte, Piccoro mantenía su posición. Pero esta vez, Vegeta lo miraba. Aquella situación lo incomodó un poco: se suponía que él siempre era el observador.
—¿No es mala hora para llevarse a un niño?
—¿Tampoco lo es entrenar?
La plática fue reemplazada por un coro de pajarillos que sonaba en alguna parte de las montañas. A lo lejos, un pequeño brillo aparecía en el horizonte, señal de que el amanecer se acercaba. Sin mediar otra palabra, Vegeta contempló la casa Son, esperando a su hijo con impaciencia. Se estaba demorando demasiado.
—Trunks se sentía mal —Piccoro rompió el silencio.
—Está muy engreído.
—O tal vez le hace falta algo… —deslizó, muy sutil.
Vegeta lo miró de reojo: sabía de lo que hablaba. Como de costumbre, había discutido con Bulma, sobre su lejanía con Trunks. Por una razón que no pudo explicar, se sintió en la obligación de buscarlo… al menos, para calmar el ánimo furibundo de su esposa. Para cuando había llegado a las Montañas Paoz, fue testigo de la conversación de Trunks con Piccoro, y la lealtad que el pequeño demostró hacia él. No pudo evitar una punzada de orgullo en su pecho. Sin embargo, debía disimular.
—Yo sé cómo criar a mi hijo —se limitó a responder.
—Eso espero —Piccoro se dio media vuelta, en dirección a su árbol—. Tienes un futuro que salvar…
La última frase provocó un tic involuntario en el rostro del saiyajin: cuando éste se dispuso a contestarle, ya no lo encontró. ¿Acaso Piccoro había leído su mente?
—¡Papá, ya estoy listo! —oyó el grito de Trunks.
El príncipe saiyajin retomó su compostura seria y tomó la delantera, seguido por su hijo. En pocos segundos, la estela de energía de ambos saiyajin desaparecía del cielo, sin más testigos que Piccoro.
El namekusei sonrió, reposando en su árbol. Dudaba que Vegeta siguiera su consejo, pero al menos ya se lo había dicho. Con más tranquilidad, intuyó que el pequeño Trunks podía contar con la presencia de su padre.
La idea lo alivió.
N.A.:
¡Qué tal! Después de varios meses, regreso a actualizar este fic: en principio, pido disculpas por la demora. No acostumbro a abandonar mis proyectos, trataré de ser más constante al respecto.
Y como ha pasado demasiado tiempo, retomaré el objetivo principal de la historia, para que puedan orientarse mejor: en el primer capítulo, Piccoro medita la razón por la que decidió cuidar a los jóvenes Guerreros Z, y es así como los demás capítulos relatan recuerdos específicos… hasta que se llegue al último, con una gran sorpresa para nuestro querido namekusei :3
¡Bueno, con esta aclaración ya procedo al resto! Esta vez, Piccoro tratará con Trunks (aquí, con cinco años) y aunque parezca descabellado que haya entrenado con el pequeño en la madrugada, quería ver cómo relacionarlo con su lado paternal (o de niñero, como prefieran XD), teniendo en cuenta que Vegeta descuidaba un poco a su hijo (aunque ya se nota de a pocos su cambio). Y por si fuera poco, también incluí a Gohan y Goten aquí… y hablando del último, el pequeño Son será el protagonista en el siguiente capítulo :D
¡Espero que les guste mucho este capítulo! ¡Saludos!
