Primero: disculpen la demora las tres personas que me leen.
Apesto pero mi semana ha apestado más: Lo bueno es que también he avanzado "sin querer queriendo" un poquito del capi 5 así que éste estará disponible mañana o pasado a más tardar, tan pronto como sea posible.
Otro abassho abrazador a mi beta Allure que pese a estar muy ocupada como extra en las escenas de sexo sadomasoquista de "Cincuenta Sombras..." (Disfrazada como látigo), se ha dado tiempo de betearme También te quiero, "cariño".
Como Allu podrá atestiguar soy bastante nuevo en esto: por lo que apreciaría las reviews no sólo para alimentarme el ego (cof cof) sino para ver qué puedo mejorar porque no quiero terminar siendo el único que entiende esta historia xD
Si se han percatado tiendo a desarrollar mucho las líneas argumentales aparentemente secundarias: me gusta porque tengo una mente un poco hiperactiva pero entiendo que puede ser cansino si no te gustan las lecturas lentas y largas. La verdad creo que es más parte de mi personalidad el disfrutar más el viaje que el final (soy una persona detallista), por lo que quiero que mi mejora sea, no hacer historias más cortas, sino no perderos en las largas xD , a intentarlo sí me comprometo.
¡Capi va, bitches!
"I'm your average ordinary everyday dude
Drivin' with my baby to get her in the mood
She's dialin' through my radio
And I'm ready to make my move"
Def Leppard
MEDIADOS DE MARZO. PRIMER DÍA DE CLASES.
La sala de los hermanos Winchester era el primer ambiente que conocías al cruzar la puerta de entrada a su departamento, en el lado izquierdo del edificio de cinco pisos en el que vivían ya desde hacía 5 años, cuando llegaron a la ciudad.
El acceso principal del departamento se encontraba en la pared derecha de la sala y al entrar tenías a la izquierda el lado que miraba hacia la calle, bañado por la luz natural que entraba (cuando las persianas no estaban cerradas) a través de las cuatro grandes y cristalinas mamparas, hechas completamente de vidrio y aluminio, que adornaban la fachada de los cuatro pisos superiores del edificio residencial en el que los hermanos vivian. A través de los ventanales se veía una pequeña terraza, tan ancha como el frontis del departamento y de sólo un metro de largo hacia la calle. Tenía el espacio suficiente para albergar, en el piso de los hermanos, una sencilla y cómoda silla de madera a un lado y del otro varias macetas ubicadas sobre tres peldaños de madera, tan pequeñas que resultaban ridículas cuando Sam las movía con sus gigantescas manos.
Cuando las persianas verticales (que eran tan altas como el piso) de la sala estaban cerradas no dejaban colarse miradas o rayos del sol. Bueno, todas excepto una que Dean siempre prometía iba a reparar pero que nunca llegaba a hacerlo. Y esta bendita mal función definiría el día y, a la larga, la vida de los Winchester esa mañana de verano.
El rayo de sol que se coló por lo alto de la persiana defectuosa lo hizo al principio casi tímido, como tanteando el terreno en el cual descansó dentro de la oscura sala, que coincidentemente resultó ser el relajado y babeante rostro del mayor de los hermanos. Dean se hallaba acurrucado, abrazándose a sí mismo sobre su brazo derecho, acostado en un mueble paralelo a las mamparas y frente al televisor que se había auto apagado (por una configuración que Sam había hecho años atrás) hacia horas. El tenue halo hacía su tranquilo rostro brillar en medio de la relativa oscuridad de la sala del departamento.
Al poco rato, la columna de luz fue perdiendo respeto por lo indebido de la intrusión y en sólo diez minutos ya brillaba con fuerza, haciendo destellar el polvo volátil que la atravesaba y molestando al adormecido rubio. Dean, en su inconciencia, esgrimió torpemente una mano delante de su cara, buscando protegerse con un mohín molesto. Tras cinco segundos sin resultado, el hombre que yacía cómodamente recostado sobre el sofá, rodó sobre sí mismo dándole la espalda al irrespetuoso rayo de sol y sonrió con el rostro hundido en el respaldo de cuero del mueble al verse nuevamente cómodo.
El rayo calentaba sin quemar, la temperatura era cálida sin abrasar y ¡qué cómodo se sentía ese maldito sofá de piel cuando no lo hacía sudar como un cerdo adobado en verano! Igual amaba el verano. Y las vacaciones... ¡Dios, las vacaciones en verano! Cómo amaba las vacaciones de verano durante el colegio... esas vacaciones se toman cuando vas al colegio. Al colegio. Colegio. COLEGIO. ¡COLEGIO! ¡JODER! ¡COLEGIO!
La semiinconsciencia abandonó su cuerpo durante el segundo que le tardó rodar fuera del sofá. Trastabilló al poner todo el peso de su cuerpo sobre su pie izquierdo, resintiéndose un poco por el súbito esfuerzo pero se recuperó al instante poniendo una mano sobre el sillón y afianzando el segundo pie en la alfombra tan pronto como pudo. Casi sin terminar de abrir los ojos, se impulsó utilizando el mueble y la mesa de centro en dirección hacia el pasadizo que empezaba al lado de la cocina y que era básicamente un rincón de la sala, separado de ésta sólo por una hermosa mesa de granito negro empotrada a la estructura... "estilo americano" le habían dicho al comprarla. Había que admitir que estando en el extremo opuesto a la terraza, cuando la luz del día bañaba la sala era bastante genial cocinar o sólo comer en la barra mirando a la calle.
Afortunadamente el pasadizo que daba a las habitaciones era recto y suficientemente estrecho como para poder apoyarse en sus dos muros al mismo tiempo con los brazos extendidos. El muro en el que apoyaba el brazo izquierdo era sólido en toda su longitud y tras él había sólo aire ajeno. La primera estancia a espaldas de la cocina era un baño y las otras dos eran las habitaciones idénticas de los hermanos. Al final, el pasadizo desembocaba en otra puerta más grande, perpendicular a las demás y que daba a una sala de estudio (gracias, Sam) del mismo tamaño que la sala.
- No, no, no, no, no... - se susurraba rápido y bajito sin abrir totalmente la boca mientras abría despacio un poco de la puerta de la habitación de su hermano, la que cerró rápida y silenciosamente apenas confirmó a un Sam profundamente dormido bajo la sábana desordenada y la ventana abierta descuidadamente al lado.
Soltó el pomo de la puerta de su hermano y más despierto, dio tres pasos tan largos que casi eran saltos hacia la puerta de su propio cuarto, la que abrió con cuidado y apretando los dientes, preocupado por el chirrido que decidió soltar la muy perra "¿cómo carajo olvidaba siempre aceitar esa cosa?" Con la puerta abierta sólo lo suficiente, se lanzó dentro dirigiéndose sin piedad hacia su armario, empotrado al lado de la puerta.
Arrodillado, mientras sacaba calcetines de la parte de abajo del ropero giró súbitamente la cabeza hacia atrás: un reloj en forma de tapa de cerveza y lo miraba burlón desde el otro lado de su cuarto junto a la ventana que parecía brillar cada segundo más: recordándole que era tarde.
Respiró. En realidad no era tan tarde.
Regresó a la velocidad histérica del inicio, recordando que aunque no era tan tarde como creyó al levantarse, sí sería tarde para cuando llegara al Instituto IMPALA. Primero: porque él no sabía tele transportarse y segundo: el tráfico es realmente una perra cuando uno necesita que no lo sea. El plan de ser el primero en entrar para que nadie lo notara ya estaba fuera de la mesa. Pensaría en algo, lo importante era cumplir el sagrado y totalmente normal deber de hacerse pasar por su hermano… catorce centímetros más alto, de oscuro cabello largo y una prometedora futura carrera en leyes.
Cinco minutos después salía del baño acomodándose la cazadora negra de cuero, buscó rápidamente con la vista sus llaves, billetera y móvil en la sala mirada mientras se ajustaba el cinturón sin mirarlo.
Su viaje al clóset había sido una frustración tras otra porque cada que encontraba algo decente estaba sucio o arrugado, y su ropa de vestir fue la primera en bajarse del tren de las posibilidades cuando cayó en cuenta que la utilizaba tan poco que había desarrollado manchas de polvo en un armario totalmente limpio (luego exigiría una explicación al internet sobre eso). Ahora ya estaba tan listo como podía estarlo en cinco minutos: jeans negros limpios que no estaba ni cerca de parecer planchados ( ya se aflojarían), una camisa a cuadros verde olivo con negro bastante genial que no era formal pero qué demonios combinaba con unos tenis verdes y la omnipresente chaqueta de cuero, negra también.
A decir verdad, el conjunto había quedado sorpresivamente bien y no pudo evitar sonreír de medio lado a su reflejo y lanzarse un poco serio guiño, después de todo había descubierto un conjunto que lo hacía lucir diez años más joven… en el preciso momento de su vida que más necesitaba parecer serio y profesional. Mierda por mierdésima vez. Es decir, sabía que no estaba yendo a un Universidad europea del siglo XVIII y que ahora los bastones con agarres de plata, sombreros de copa y monóculos eran -altamente- opcionales pero tampoco quería parecer un niñato. (Nota mental: no más Downtown Abbey cuando Sam no está mirando, espera ¿Sus arrugas acaban de desaparecer desde anoche? ¡Qué gran p-!).
Ya con sus efectos personales encima y listo para salir, con una mano abriendo el pomo de la puerta principal del departamento se dio una última mirada en el pedazo de espejo que podía verse tras el televisor de la sala. Tal vez si ponía una cara seria parecería más un profesor. Al demonio, ya no tenía tiempo de planchar algo más decente y no había vuelta que darle. Cuatro segundos después, del otro lado de la puerta se volvió a congelar con los ojos un poco más abiertos y la mano puesta en la llave a punto de poner seguro en la puerta del departamento, una idea salvaje lo atrapó desprevenido: el armario de Sam definitivamente tendría algo listo planchado y "abogadesco".
Sacudió la cabeza y dio el último giro a la llave, sacándola rápidamente y trotando los tres metros hacia el botón del elevador; no le iba a dar a esa idea el tiempo suficiente para anidar y volverse una opción, ya era suficientemente tarde y despertar a Sam preocuparía demasiado al menor. Además, dependiendo del humor con el que éste se levantara significaría o aguantar su mirada de perra clavándole cuchillos en la nuca pasiva-agresivamente o, peor aún, soportar su silenciosa decepción, acompañada de tranquilizantes palabras de ánimo condescendientes y agradecimientos sinceros por intentarlo.
Al fin algo bueno, el ascensor llegó a los pocos segundos y no había nadie, tal vez el día empezaba a cambiar justo ahora. Pues bien, era hora de ir haciendo un plan para entrar a una escuela exclusiva a la que nunca había ido, hacerse pasar por alguien que definitivamente no era y tal vez fingir que sabía algo que jamás había estudiado. Dean estaba emocionado. En realidad nunca había hecho cosas demasiado al borde de la ley, porque desde siempre había cargado grandes responsabilidades y no podía asumir las consecuencias de meterse en problemas y dejar solo a Sam, aunque siempre creyó que sería bueno en ello porque siempre lograba saber antes de leerlo, cuál sería el siguiente movimiento de Diana Colt, la aventurera hermana mayor de "Meganatural" y que NO, NO eran novelas; sino una compleja y genial saga literaria de acción y patearía el culo de quien dijera lo contrario.
La había descubierto a los quince años, mientras traía un hatajo de libros para Sam desde la biblioteca y terminó monopolizando aquel libro que tenía en la portada a dos chicas (una morena otra rubia), sentadas sobre un Sedan modificado con escopetas en las manos. Su hermano menor ni los notó y parecía tenerle más interés a libros sobre aves y dinosaurios. Tan lindo y tan estúpido: dos chicas sexys en un auto clásico, matando monstruos al ritmo del rock de los 70s y 80s. Además habían revólveres, demonios, escopetas y ángeles; Sam debía ser estúpido en ese sentido.
El convencimiento de que podía sacar adelante algún plan no duró mucho en su rostro. A medida que bajaba los pisos en ascensor, su cara empezó a cambiar a colores cada vez más claros a medida que parecía recordar algo, ya al llegar al semisótano que fungía como estacionamiento, su tez era tan blanca como si hubiera visto un fantasma y éste le hubiera soplado un puñado grande de talco en la cara.
Casi vencido, dio los dos primeros pasos fuera del ascensor con actitud resignada, de inmediato sacudió la cabeza y con gesto serio retomó el ritmo apresurado a la tercera zancada ¡Debió haberlo sabido antes de aceptar! Miró el Lincoln Continental Mk V del 78, verde dorado frente suyo que, con los faros resguardados como ojos cerrados, parecía estar dormido. El "Pimpmóvil", le decían los chicos del taller… pero ahora dentro de su cabeza él lo llama: "Auto que definitivamente no es de un profesor", "Todos miren hacia acá", " Gangster en la Escuela: no lo pierdan de vista", "Atención para video vigilancia, potencial pelea de pandillas", "Yendo a un casting de Grease 4". Se subió al vehículo, forzándose a no pensar que sólo podría infiltrarse en una fiesta de chulos y narcotraficantes descuidados con eso.
Los chicos del taller mecánico de Bobby raramente tenían coche propio, y eso era porque en realidad no los necesitaban, si requerían movilidad sencillamente se turnaban los coches que había disponibles como vehículos de uso personal hasta que eran recogidos (todo bajo la excusa de probarlos). Cuando llegaban autos de lujo, si Bobby o Rufus no lo prohibían expresamente, se daban permiso de sacarlos a dar una vuelta e incluso aquellos que llegaban al trabajo caminando tenían su turno de conducir aquellos autos que posiblemente en otra situación sólo verían de cerca si eran atropellados por algún distraído hombre de negocios.
Sin embargo, la gran mayoría de veces no había tanta suerte y su lugar se tenían que conformar con otros menos exóticos pero la cantidad siempre le permitía a todos tener un auto –ajeno- en el garaje –propio- desterrando la idea de comprarse uno por necesidad. También entraban en la rotación los vehículos refaccionados a base de chatarra y los reparados que nunca habían pasado a ser recogidos y que tras mucho tiempo eran puestos a la venta. Estos se hallaban estacionados en la parte de atrás del local de dos pisos (de casi tres metros de alto cada uno), justo debajo de la oficina de Bobby, en lo que ahora el espacio era un bello salón de exhibición amplísimo con paredes de vidrio reforzado que permitían incluso ver desde afuera casi dos docenas de autos brillantes en excelente estado que parecían nuevos.
Esta Sección de Ventas del Taller Turn, Drive and Sing era muy visitada y estaba a cargo de la joven sobrina de Bobby, Tessa, de 25 años. Aunque la mujer era oficialmente "Jefa de ventas" no contrató a nadie porque decía y probaba repetidamente que: "para vender estas bellezas" bastaba ella sola. Siempre lograba trasmitir al cliente, el cariño que habían puesto en la restauración y ello se traducía casi siempre como venta segura. Dentro del círculo de trabajadores esa parte del negocio era conocida con cariño como "El Orfanato", a raíz de la forma en la que llegaban autos allí y para todos, menos Dean, era la última opción al momento de elegir el auto que se llevarían prestado a casa el fin de semana.
A decir verdad y siendo puramente práctico, Dean prefería sacar vehículos del orfanato porque así podía ser menos cuidadoso al no tener que dar cuentas a nadie más que a Bobby y siendo completamente honesto los prefería porque en la selección de Tessa habían muchos clásicos. Hoy en día la gente y sus eléctricos, vehículos familiares y GPS lo ponían de los nervios, ya casi nadie tenía maquinarias sólidas de chasis metálico, estilo cowboy y agallas para manejar sólo con instinto. Él tenía un lugar especial en su corazón para la mecánica de antaño y casi lloró cuando vio en las noticias el desfile que le hicieron al último Sedan Volkswagen producido en México el 2003 ¿A dónde va a parar el mundo con esos autos de juguete en los que no puedes tomar el sol sobre el capó porque los destrozas?
Gracias al talento y cariño de Tessa (que les daba mantenimiento ella misma al ser estudiante de Ingeniería automotriz), los autos del orfanato iban y venían con regularidad manteniendo su número en almacén casi constante porque aunque al mes siempre vendían al menos uno; el cuerpo de mecánicos se auto imponía la meta mensualmente de refaccionar otro de la chatarrería si no había en el taller alguno abandonado que cumplía diez años sin reclamo o recojo y calificaba para entrar a la venta. Sin embargo pese a los honestos esfuerzos de la apasionada jefa de ventas, había un vehículo que no se movía de su lugar y hacia dos días, Tessa le rogó al Winchester que se lo llevara a casa para que no se estropeara el aceitado.
Ella había sido su primera amiga en el taller y, demonios, en toda la maldita ciudad apenas se mudaron hace media década. No lo consideró un favor muy grande, reconociendo que además la famosa máquina de hecho era una pasada en términos de funcionalidad: la habían reparado los mismísimos Bobby y Rufus años atrás y era más potente y confiable que esos nuevos vehículos de cartón que salen en la tele hoy en día y que en el mejor de los casos con una chica desnuda encima (que dicho sea de paso posiblemente no arruina el capó de cartón porque la mujer debe pesar qué... ¿diez kilos? No es que se queje pero no es estúpido).
Por supuesto, cuando aceptó llevarse el Pimpmóvil con un despreocupado "Sí, claro" faltando cinco minutos para la salida del viernes; no tenía planificado en su agenda el infiltrarse en la alta burguesía porque entonces definitivamente hubiera pedido prestado el bellísimo Aston Martin DB5, (también recuperado) de uso personal y casi exclusivo de Bobby por tratarse del vehículo más caro y bello del taller. Definitivamente no se lo prestaría y le recriminaría su "ID-DIOTEZ" girando su infaltable gorro rojo compungido, a lo que Dean reiría; siempre había querido al menos una buena (¿?) excusa para intentar pedirlo.
Sonrió tras el volante, llevaba cerca de diez minutos manejando y ya se encontraba en la avenida rápida hacia las afueras y rumbo a la "Parte Cara" de la urbe. Hora de fingir que el grosor de su billetera estaba tratando de compensar el tamaño de algo entre sus pantalones.
A pocos metros del peaje disminuyó la velocidad y tuvo que realmente enfrentarlo: " Ya no estamos en Texas, Dorothy". - Dijo para sí mismo dirigiéndose al auto, ojeando el espejo retrovisor de su izquierda sin ver realmente lo que había reflejado en él.
Allí estaba él, dentro de un Lowrider en tono Dorado/verdoso desentonando entre dos autos de último modelo a dos kilómetros por hora y pocos metros del peaje… como si no fuese bastante evidente detrás llegaron otros ¡y ahora estaba rodeando por carrocerías brillantes como si los lavaran y enceraran cada cuadra! Sólo quedaba esperar su turno de pagar el impuesto que daba acceso a la parte de la ciudad con muchas rejas electrónicas, viviendas valuadas en siete cifras y mujeres en uniforme paseando perros de razas ridículas con horribles y antinaturales listones, collares o peinados.
Tendría algunos segundos así que decidió notar a detalle el auto a su derecha, una alta camioneta negra dejaba ver tras el vidrio completamente bajado la cabeza de un tipo moreno con el cabello recogido hacia atrás y pegadísimo a la cabeza; casi creyó poder oler su gel pese a la distancia (posiblemente sí lo hizo porque de seguro era un gel carísimo). Por algún motivo la llamada que el hombre contestaba gesticulando con una mano parecía ponerlo cada segundo de peor humor.
¿Estará perdiendo millones por esperar un minuto en la fila? DIOS, odiaba a los empresarios. Su actitud como si el mundo les debiera un favor por solamente existir le irritaba y de la nada se llenó de energía furibunda y justiciera. "Babe, hay que sacudir la pirámide social cada vez que se pueda", declaró al silente vehículo activando toda la chulería que había estado dormida hasta ese momento en el interior de su cuerpo y que, de súbito, tomó el control absoluto.
Sin sacar la mano izquierda del volante recostó el respectivo antebrazo en la ventanilla. En un sólo movimiento ágil sacó, con vista inmutable al frente, unos lentes del bolsillo izquierdo de su cazadora de cuero con la otra mano. Tan rápido como se las puso, estiró la misma mano para encender la radio y confiado en haberla dejado ayer en su emisora favorita ni siquiera la dejó terminar de encender cuando él ya jalaba la perilla de volumen casi al máximo. El sonido rock, que escupieron las bocinas intempestivamente no fue demasiado estridente pero fue más que suficiente para causar que el estirado "tío gel" lo notara y se sobresaltara sobre su asiento antes de estirar el cuello para notar su existencia. Dean lo vio de reojo sin delatarse (benditos sean los lentes de sol). El sujeto bufó molesto y regresó a su aburrido mundo, con un puchero sin dignarse a mirar completamente a Dean mientras la ventanilla polarizada subía lentamente.
Sonrió satisfecho y pasó los siguientes segundos perdido en la tonada del tema que la emisora lanzó. Cuando llegó su turno de pagar, coqueteó inofensivamente con la mayor señora de la caseta de peaje que rió por su amable desfachatez y lo despidió con un "cuídate, hijo". Su humor y confianza aumentaban cada minuto y necesitaría tanto de ambos como fuese capaz de reunir en los próximos diez minutos, eso si quería sacar adelante este desquiciado e inocente plan de usurpación, el cual por cierto, a estas alturas tenía más de idea que de plan propiamente dicho porque la única parte planificada hasta el momento era la de "llegar a la escuela tras pijolandia".
Si el día no iba a mejorar por su cuenta, él iba a forzarlo a hacerlo. Estaba a diez minutos del Instituto IMPALA y ya tenía un plan: ser él mismo.
- Si no pertenecemos al coro de la banda: entonces somos furiosos vocalistas, baby. - empezó a golpear con los dedos el volante rítmicamente apenas el primer ruido instrumental de la apertura de "Lets get rocked" era escupido por las bocinas del auto; era esa de Def Leppard en la que el sencillo coro "let's get rocked" se repetía unas cuantas veces y eso era prácticamente toda la canción. El mensaje le llegaba a él, mientras dejaba al amargado "tío gel" y a sus amigos comerse su humo.
"Soy tu chico regular promedio.
Conduzco con mi nena para ponernos de humor
Mueve el dial de mi radio
Y estoy listo para hacer mi jugada"
Def Leppard
¡Pues bien Bitches y Bitchos ! (?) He vuelto con armas y el capi más corto que de costumbre porque he decido explicar el primer día de clases en tres capis :3 Spolier alert para Allu : no habrá orgía L Sí, lo sé . El siguiente capi, que como dije: si no sale hoy , saldrá mañana :D
El auto "huérfano" es nada más y nada menos que el "Pimp-movil" de Cas en la serie: al leer un poco más sobre él llegué a la interesante página de la wikipedia dedicada a los "lowrider" donde además podrás ver en su primera foto: cuál sería el resultado del hijo del auto de Cas y Dean.
"Ya no estamos en Kansas" / "Not in Kansas Anymore" es una frase típica salida de la peli El Mago de Oz. El último Sedan Volkswagen ( "Vochitos" o "Escarabajos") se produjo en México el 2003. Por cierto, no me pregunten en qué país está ambientada la historia porque no lo sé. Honestamente es algo que no he planteado seriamente porque no logro decidirme.
Dedico esta línea final a Allu :) "Dedicada a Allu". ¬¬ Lo sé, soy demasiado literal.
