Transmisión reestablecida…

Kuki giró sobre sí misma, ¡estaba radiante de alegría! Saltó, corrió, se abrazó, y finalmente se dejó caer en el gran simio arco iris que hacía de cama.

A la chica le encantaba esa habitación. En ella había pasado muchas cosas, se sentía protegida y soñada con tantos peluches a su alrededor. Cómo extrañaba dicho cuarto…

Y, la felicidad era más ya que, debido a la seriedad de sus padres, y al hecho de que se había mudado a Japón; no pudo tener un cuarto ni tan grande ni tan tierno. Allá las casas eran pequeñas debido a la enorme cantidad de gente, y por tanto se trataba de aprovechar el espacio al máximo.

Recorrió cada rincón de aquella habitación de la casa del árbol. Todo era igual… cómo lo había dejado. La única diferencia era que había mucho polvo y telarañas. Había mucho que arreglar…

Por fin, llegó a su lugar preferido: aquel lugar donde ponía las cosas más importantes para ella. Ahora, estaba vacío, pero hace muchos años llegó a tener algo ahí muy especial: Unas papas fritas. Pero misteriosamente, desaparecieron. El mismo día que las colocó allí. Nunca supo que fue de dichas papas.

Instantáneamente recordó a Número Cuatro. Trató de alejarlo de su mente, pero no pudo. Él le había dado esas papas, y, ahora comprendía; por eso eran tan importantes para ella.

-¡Tonta, tonta! –Se dijo a sí misma, tapando su cara con el primer peluche que encontró. -¡Deja de pensar en él!

A pesar de todos sus esfuerzos, en su cabeza seguía la imagen de ese niño pequeño y enojón que siempre le causaba enojos innecesarios. ¡Cuántas veces había insultado a sus preciados simios arco iris, sin mencionar que peleaba con los hámsters y nunca quiso cantar con ella! De hecho, ahora que lo pensaba detenidamente, él la odiaba. U odia, de seguro. ¡Era más que obvio! Si él tanto odiaba las cosas dulces y tiernas, nunca se sintió bien con ella. Actuaba como una enfadosa ante él… siempre sonriendo, hablando de cosas tontas, cantando y bailando. "¡Pobre Wally!" pensó.

"Pero no puedo cambiar lo que soy." Continuó hablando su conciencia. "Así soy yo, y así quiero ser. La única solución es, obviamente, dejarlo ir. ¿Pero, cuándo comenzaron estos sentimientos? Cuando era más niña… me agradaba estar con él, era divertido a pesar de todos los enojos, el hacía que cada día valiera la pena" sonrió "Pero no sabía qué eran esos sentimientos… lo sospechaba, pero no podía estar segura. ¿No podía llamarle amor, o sí? Me di cuenta que lo quería más que otra cosa, cuando me mudé… Allí fue cuando supe que era lo que más me importaba, pensando en él todos los días, soñándolo, queriendo estar con él…¡Era una total y absoluta idiota!"

-¡BASTA!- gritó, olvidando que no era la única en la casa del árbol. -¡Deja de pensar en eso! -Aventó el peluche que sostenía, de desesperación, y se dio cuenta que era su simio arco iris naranja. Una preocupación extraña la llenó, y fue hacia el peluche.

Naranja.

-Oh, genial… -dijo sarcásticamente, observando el color.

-¡Kuki! ¿Estás bien? – Abby acababa de entrar a su habitación, extrañada. –Oí que gritaste…

-Ah, sí, sí, Abby; estoy bien – sonrió, dejó el peluche a un lado- ¿Ya está listo Nigel?

-Sí, también venía a decirte eso. Vamos; tenemos que saber cuál es esa gran misión de la que Nigel nos habla. –Le guiñó el ojo.

-¡Sí, vamos!

…...

Cuando Wallabee regresó de la escuela, estaba más callado que de costumbre. Pensaba en todo lo que le había dicho Abigail, en sus ex compañeros, y de lo que haría de ahora en adelante.

Pensó en la posibilidad de regresar, solo por esta vez; con el sector V. Pero dudó. Todos habían cambiado mucho, probablemente tendrían diferentes puntos de vista, y eso sería un problema.

"Pero todos cambian" – Se dijo, mirando su habitación. La había pintado de negro, que hacía juego con su camisa.

Se miró a sí mismo a través del espejo de su baño.

Sí, había crecido. No tanto como quisiera; de los hombres era de los más bajos de estatura. Sus facciones, para mala suerte de él, seguían siendo suaves. Con ese aspecto de niño pequeño. Y con esos ojos, ni se diga. Su cabello de hongo lo había cambiado por algo más desaliñado, y con ese corte, la parte delantera de su cabello, o el copete, se había girado ligeramente hacia arriba. De vestimenta, utilizaba una camisa negra sin mangas, y normalmente la cubría con una chamarra roja, tirándole a naranja. Usaba jeans de un azul marino muy, muy oscuro. Y, como todo hombre; tenis.

Y sus compañeros, pues…

Nigel era muy alto. Su piel seguía teniendo ese color pálido, y sus ojos igualmente negros. Lo que cambiaba era que (milagrosamente) ¡tenía cabello! Una maraña de pelos castaños oscuros adornaba su cabeza. Y su cara ahora era un poco dura. Ese día que lo vio llevaba una camisa de mangas cortas color roja, con un "1" blanco en el centro. "Qué tontos detalles de Nigel" pensó.

Guillermo ya no era el niñito gordo. Se había estirado, y adelgazado demasiado. Usaba una gorra color café, y por debajo de ella se asomaba un mechón de pelos castaños. Sus ojos estaban tapados con unos lentes con un extraño cristal amarillo, usaba una camisa blanca, y por encima, una chaqueta azul. Sus pantalones cafés y tenis blancos. (*)

Abigail se había puesto muy atractiva, era alta y su piel morena contrastaba con su largo pelo negro que se ondulaba ligeramente. Habría jurado que le vio una pequeña rasta cerca de su oreja. También, su copete era muy largo, tanto, que tapaba uno de sus ojos. El otro lo tenía al descubierto. Seguía con su inseparable gorra roja, y las orejas las tenía adornadas por muchos aretes de oro. De vestimenta usaba una chaqueta de cuero negra, y por debajo una blusa al estilo "marinero", con rayas azules y blancas. Usaba unos shorts negros.

Kuki… ella se había puesto muy linda, tuvo que admitir Wally, ligeramente sonrojado. No era alta, pero sí muy delgada. Tenía el mismo rostro, y, por tanto, la misma alegre sonrisa. Su pelo negro lo tenía agarrado en una coleta, que caía como cascada por su espalda. Lo llevaba adornado con unas flores rosas y amarillas que sostenían su coleta. Llevaba, igual que hacía años; un blusón verde. Aunque no tan largo, y el color de un verde limón, mucho más claro. El estilo permitía que estuvieran al descubierto sus delicados hombros, y de seguro llevaba una blusa negra abajo, ya que se veían un par de tirantes de ese color. Y una tierna falda rosada y moteada…(*)

Pensar en ella lo confundió un poco. ¿Qué sentía por Kuki? ¿Realmente la odiaba por haberlo dejado? Negó con la cabeza. No tuvo por qué haberse enfadado; era su amiga y nada más.

Recordó aquellos días, y se contradijo, triste: "Para mí Kuki era mucho más" admitió. "Pero nunca me armé de valor para decirle, y estoy seguro que ella no me correspondía. Aunque a veces…" Siguió pensando "…juraba que me quería. Me abrazaba, me tomaba de la mano o me sonreía de una manera… ¿diferente?" sacudió su cabeza "No seas idiota Wallabee… eso sólo lo hizo para jugar con tus sentimientos, de seguro. O bien: estás loco."

Después de un largo rato de darle vueltas al asunto, decidió que regresaría al sector V. Pero solamente por curiosidad de aquella misión, y porque se aburría. Nada de compañerismo. Nada de amigos. Y nada de Kuki.

…..

Casi todo el sector V se encontraba en la sala principal, que yacía polvorienta y triste, pero aún funcional. Estaban sentados en los sillones, y el ex líder hablaba al centro, delante de la gran televisión.

-Bueno – comenzó Nigel. – Como todos saben; nosotros, los Chicos del Barrio, siempre hemos combatido contra la tiranía de los adultos, ¡dándoles sus pataditas en las costillitas! Pero no todo es tan sencillo, muchachos. A veces, aunque resulte difícil creerlo, ellos son muy astutos y tratan de arrebatarnos todo lo que… (…censurado por aburrimiento 8D…) Y a pesar de todo esto, nosotros, ¡Los chicos del barrio, nunca perdemos! Por días, meses, años, décadas: hemos sido inmortales, conocidos, siempre, como ¡Los chicos del barrio! Nos gustan los dulces, sí, pero más que eso… (23 minutos más tarde 8D) Y es que por eso, vuelvo a repetir: ¡No nos debemos dejar vencer! No lo hemos hecho, y no lo haremos ahora, seamos niños o no, porque somos…¡los chicos del barrio! Y nuestra obligación, por tanto, es…

-Eh, Nigel… -susurró Kuki.

-…es sobrevivir ante cualquier…

-¡Nigel, por favor ya…!-suplicó Memo, desesperado.

-…cosa que se nos interponga porque…

-¡ME COLMAS LA PACIENCIA!- Abby estaba estrujándose la cabeza con sus manos.

-Pero Abby, ¿Qué no ves que yo vivo de mi públ…?

-¡AL GRANO!

-Bueno, ¡ya, ya! ¡Pero bájale la espuma a tu chocolate!

"Tranquilízate Abigail" pensó. "Cuenta hasta diez…"

-¿Y entonces…cuál es esa gran misión? – La japonesa estaba un poco confundida.

-Simple, número Tres; -sonrió enigmáticamente. - iremos a una fiesta de cumpleaños.

-¿¡QUÉ? – Cuatro voces habían hablado, decepcionadas y a la vez muy, muy enfadadas.

"¿Cuatro voces?" Kuki volteó hacia atrás, un tanto nerviosa, ya que alguien había entrado, y albergaba la esperanza de que fuera…

La chica morena no pudo evitar reprimir una sonrisa de triunfo.

-Bienvenido, Número Cuatro. –Nigel parecía satisfecho de verlo allí. –Llegas a tiempo.

Transmisión Interrumpida…

…..

Comentarios de la autora:

¡La "gran" misión empieza! 8D ¡YEY!

No tengo mucho qué comentar, realmente…

(*)1: La apariencia adolescente de Número Dos está basada en Hank, quien es, también, su verdadera versión adolescente.

(*)2: Fue un poco complicado describir a Tres… pero, si están interesados, pueden ver un dibujo que hice, en mi cuenta de deviantart! El link está en mi perfil n.n (Sin embargo, Número Cuatro no está basado en ese dibujo, sólo por el cabello, y un poco la chamarra)