Gracias por los comentarios. Los aprecio mucho, de verdad. Estamos de acuerdo en que Lauren necesita a alguien más maduro en su vida. La cuestión es ¿Para poner celosa a Bo o para quedarse con ella? :)
A la mañana siguiente, Mar estaba en el salón leyendo en su tablet cuando apareció Lauren que acababa de despertar. Llevaba puesta una camiseta amplia que encontró en un cajón, con el lema Y al octavo día Dios creó las lesbianas, y les dijo: crecer y multiplicaos".
―¿Te gusta sushi para desayunar?― le preguntó Mar como saludo matutino.
―Mm... no mucho. Pero si no hay nada más―y se dejó caer al sofá junto a Mar.
Mar la recibió rodeando sus hombros y dándole un gran beso.
―Ayer nos olvidamos de cenar. Eso me pasa a menudo con las canadienses. Me apetece otro tipo de Delicatessen.
―Mm... ¿qué lees?―dijo Lauren mientras inspeccionaba por encima la tablet.
―El periódico―le contestó Mar, deslizando el dedo por la pantalla.
―¿Algo interesante?
―El Barça perdió en semifinales de Champions, al menos cayó contra el Bayern de Múnich.
―¿Te gusta el fútbol? ―preguntó Lauren mientras acariciaba el vientre de Mar.
― Sí, me gusta. De joven jugada de defensa, pero ahora practico otros deportes.
―Mmm.. ¿Cuáles?
― Esgrima y natación
―¿Sabes usar un florete? ―preguntó Lauren con mucha curiosidad.
Mar dejó la pantalla y miró a su pareja.
― Sí, practico esgrima desde joven. Aunque mi especialidad no es el florete sino la espada. Mi madre lo practicaba y en la escuela nos daban clases. Me gustó y sigo practicándolo.
― Tú, ¿tú tienes una espada? ―Lauren no se lo creía. ¿Le gustaban las mujeres que usaban objetos afilados?¿La perseguían las mujeres violentas?
Mar se levantó de un salto y salió al pasillo. Acto seguido volvió con una bolsa, la abrió y extrajo una hermosa espada muy ligera. Empuñó el arma, le dio unas sacudidas rápidas al aire, se la colocó vertical sobre su pecho, irguió la espalda y empezó unos movimientos rápidos y precisos hacía adelante. Luego se la tendió a Lauren para que la inspeccionara.
― Era de mi madre, me la regaló cuando empecé la carrera de historia. Aunque me gustaría decir que fue forjada por altos elfos de Lothlórien … Sólo es alemana.
― Mar, ¿cuantos idiomas hablas? ―preguntó Lauren sin venir a cuento.
― Seis, pero entiendo dos más sin hablarlos bien.
―¿Y son?
Mar se sentó en el suelo.
―Tengo dos idiomas maternos. Mi madre me hablaba en alemán, mi padre en catalán. En la escuela y la calle aprendí español. Luego, en el liceo francés donde estudié parte de la primaria, el francés. En la secundaria fui a una escuela alemana, donde perfeccioné el inglés. Mis padres acostumbraban a hablar entre ellos en inglés. Un idioma neutral, ni catalán ni alemán. Y el italiano lo aprendí por mi cuenta, me gusta como suena y es fácil de aprender si sabes catalán y español. Entiendo ruso porque tuve una novia rusa, pero no lo hablo muy bien. Como me fascinaba Tolkien estudié el galés para poder aprender mejor el élfico Sindarin, pero por falta de gente con quien practicarlo lo tengo oxidado. ¿Tiene eso alguna relación con las espaldas?
― Mar, ¿sabes que eres una mujer fascinante? ¿Cómo te puede gustar el fútbol, hablar seis idiomas, practicar esgrima y tener cien libros sobre la guerra de sucesión española?
― Fácil. Soy, una mezcla del saber disfrutar del placer mediterraneo con el conocimiento y disciplina protestante― dicho esto, se lanzó sobre Lauren haciéndole un placaje con brazos y piernas. Le plantó un sonoro beso y dijo:
― Tengo mucha hambre, pero antes de comerte me gustaría ingerir algo de proteínas. ¿Qué quiere desayunar la señora?
Lauren aturdida, movió la cabeza desconcertada―Mm, no sé … ¿Pan? ¿Mermelada? ¿Fruta? ¿Bacon?
Mientras comían deliciosos embutidos ibéricos con pan, Mar se puso seria.
― Lauren, tengo que ir esta noche a Bruselas. Mañana empiezo a trabajar a las 9:00 en una comisión de trabajo del Parlamento. Seguramente hasta el viernes.
Hoy era martes y Lauren se iba a su país el domingo.
―Oh! Vaya! Es …
― Es una putada porque quiero disfrutar de ti todo el tiempo que pueda, pero … tengo que irme. Si faltas un día al trabajo, te echan. Son muy rigurosos en eso.
― No te preocupes Mar. Lo entiendo. Nos vemos el sábado― dijo Lauren intentando dar ánimos a Mar, sonando falsa porque ni ella se lo podía creer. Tres días sin Mar se le antojaban eternos.
Pasaron el resto del día en casa de Mar. Nadie dijo de salir a visitar ningún monumento. Cada una encontró su espacio. Lauren cogió un libro sobre la guerra de sucesión que tanto interesaba a Mar y leyó durante horas en la soleada terraza, con Thor a su lado o encima suyo. Lauren entendió mejor esa fuerza que emanaba de Mar, esa rebeldía no la había amortiguado el tiempo, simplemente la hacía más poderosa. Entendió porqué de su balcón colgaba la bandera de los perdedores, mucha gente la tenía colgada en las calles de Barcelona tres siglos después. Podían ser pequeños, pero los catalanes como los escoceses eran muy tercos. Y no querían olvidar, no para lamentarse, sino para elevarse y obtener lo que habían perdido. Sus leyes, su libertad. Estúpidos políticos …
Mar andaba por la casa preparando la maleta, planchando la ropa y de vez en cuando miraba a Lauren leyendo en la terraza. Se le antojaba tan fácil estar con ella, tan natural … Se acercó a Lauren por detrás. Se agachó a su altura y le dijo:
― Cariño, salgo a comprar. ¿Quieres algo?
― Sí, que vuelvas― respondió Lauren, levantando la cabeza y mostrando una espléndida sonrisa.
― Ok, lo prometo. Sólo si no encuentro otra canadiense por el camino―le guiñó un ojo, se incorporó y salió.
Esa tarde hicieron el amor más lentamente. Mar quería disfrutar despacio y Lauren parecía más calmada, también. Mar quería tocar cada célula de la piel de su amada. No se dejó ningún rincón. Y Lauren, ella quería comprobar cuantos orgasmos podía darle a Mar. Creyó que Bo le había traspasado algún poder súcubo porque ella jamás había conseguido que Nadia respondiera a su toque que con tanta facilidad.
―¿Sabes que eres increíble? ¿Cómo me conoces tanto? ¿Cómo sabes dónde y cómo tocarme? Tus manos― y Mar le besó las manos― tu lengua― y Mar rozó su lengua con los dedos― tu cuerpo …
― Bueno,― respondió con suficiencia Lauren― he leído algo sobre el tratado de Utrecht, ahora conozco mejor tu mente y puedo follarte mejor, simple.
―Touché, el tratado de Utrecht y el sexo! ― Mar se río con ganas―Usted doctora hace unas asociaciones surrealistamente sexys! Inteligente!
Llegó la última hora de la tarde y Mar llamó a un taxi que dejaría a Lauren en su hotel y luego la llevaría a ella al aeropuerto.
― No nos podremos llamar mucho, los horarios son intensivos y a veces trabajo hasta las 8:00 pm― dijo Mar a Lauren en el asiento del taxi sin mirarla o quizás mirando cómo se acercaban ya al hotel donde bajaría Lauren.
― No importa. Está bien. Nos vemos el sábado.
El taxi paró y Lauren se dispuso a salir no sin antes darle un gran abrazo Mar― te quiero.
―Yo...― Mar agarró a Lauren por el brazo cuando ésta ya tenía una pierna fuera del taxi― te quiero.
En el avión, la azafata les informó que la duración del vuelo era de 1:40h, que el cielo estaba despejado y la temperatura exterior era de 25 °C. A Mar siempre le pareció una tontería que les informaran de la temperatura en un avión. Dentro de poco y volando a diez kilómetros de altura sería de unos cuantos grados bajo cero. Y en el interior siempre a 20 °C constante. Pensando esto siguió leyendo su libro sobre sexo tántrico para mujeres.
―¿Es interesante?― oyó que le preguntaba una voz masculina sentada a su lado.
― Oh! Sí, mucho. Bueno, en realidad no lo sé, tanta teoría es … complicada― contestó Mar dirigiéndose al hombre que debía rondar los 50.
― Entiendo. Yo también lo intenté. Hasta que llegué a la conclusión que si disfrutaba con el sexo no tenía por qué seguir esas normas. A veces es mejor dejar que ocurra lo que tenga que ocurrir. Si te quedas tanto rato mirando a tu amante, como aconseja el sexo tántrico, te vuelves bizco.― lo dijo con naturalidad, sin aprehensión ni sermoneando.
― Pero ser esclavo del sexo a veces es agotador. Mentalmente me refiero. Controlarlo puede ser más saludable― le contestó Mar.
― Cada persona soporta lo que puede aguantar. Si la naturaleza te ha hecho así, será porque es tu destino, ¿no? Tu karma, una señal …
― Yo no soy esclava del sexo. Sólo que … no es bueno guiarse por él para encontrar a la mujer con la que compartir mi vida.
― No, cierto. Pero es importante tener buen sexo con la mujer con quien quieres compartir la vida. Sólo tienes que ampliar el foco. Y esa mujer no sólo debe tener buen sexo contigo sino bla, bla, bla, las cosas que tú crees imprescindibles. De todos modos, es casi imposible acertar. Sólo la madurez da la sabiduría para elegir bien. O lo que es lo mismo: error, corrección; otro error, corrección.
― ¿Tú estás casado?
― Sí, con la mujer más extraordinaria del mundo.
― Felicidades!¿Y cómo la encontraste?
― En la cola del cine. Nos peleamos porque los dos estábamos seguros de haber llegado en primer lugar.
―¿ Y cómo lo arreglasteis?
― Dejamos la cola y nos fuimos a tomar unas cervezas. Así no ganaba nadie.
― Interesante …
― Esto … disculpa. No es por morbo o chafardeo, pero ¿Tu amiga, novia, amante te da buen sexo?
― El mejor que recuerde. Y eso es decir mucho …
―¿Y te da espacio, no te reprocha y se vale por sí misma?
― Nos conocemos sólo desde hace unos días … y sé poco de su rutina en su país. Pero intuyo que es independiente y tolerante. No, tolerante suena mal. Creo que no juzga, acepta.
― Encontrar un lugar neutral. Eso funciona.
La clave estaba allí, un lugar neutral. Lo había tenido delante suyo toda la vida. Sus padres se comunicaban en inglés. Cada uno dejó su propio idioma para poder entenderse juntos en otro. Era algo así como dejar sus egos. Y Mar sabía cómo su padre amaba su lengua materna. Su madre igual. Cada uno lo compensaba a su manera. La biblioteca de su padre, aparte de libros de matemáticas, tenía numerosos ensayos y literatura en catalán, algunos heredados de su abuelo y del padre de éste. Por parte de su madre, en casa, sonaba Bach casi a diario y las estridencias de Wagner su padre las soportaba tranquilamente. Amar, no juzgar. Amar, no precipitarse. Amar, amar, amar.
― Gracias. Me has ayudado mucho. Y le plantó un beso en la mejilla.
― De nada. Un placer. Tu novia es una mujer afortunada.
― No creas. La afortunada soy yo.
Respuesta correcta, pensó el desconocido. Sonrió y cerró los ojos para descansar durante el viaje.
