¡Hola! Quisiera que me dejaran comentarios, saber qué les gusta y qué no. ¡Besos!

Repito: Ninguno de los personajes me pertenece. Sólo juego con ellos.

La paciencia es una virtud

Estaba muy cómoda sobre la cama cuando escuché un tenue sonido. ¿Un piano?. Terminé de levantarme para ver de quién se trataba. Caminé lentamente hasta estar al frente de la sala de música. Toqué el pomo y el sonido se aplacó.

-Señorita Bella.

Me volteé para ver de quién se trataba. Era Esme.

-Duquesa-dije al tiempo que le ofrecía una leve reverencia-¿cómo se encuentra?

-Bien, muchas gracias. Quería invitarla esta noche a comer conmigo. Espero que Rosalie también nos acompañe.

-Sí, claro, sería, es un honor-dije algo nerviosa-. Muchas gracias por la atención.

-No hay que agradecer. Las espero a las ocho.

Le sonreí y se fue. Volví a lo mío. Estaba a punto de entrar.

-¿Bella?- me llamó Rosalie a lo lejos.

Cerré la puerta y fui a dónde se encontraba ella.

-¿Sucede algo?

-Ah, ahí estás. ¿No quieres ir a pasear antes de cenar?

-Veo que te sientes mejor- dije mientras le agarraba el brazo con el mío.

Fuimos al jardín trasero. Nos sentamos en una mesa que tenía una sombrilla para taparnos del sol.

-Si puedo saber, ¿qué es lo que te tiene tan sonriente?

-Bella, he recibido una carta- me dijo con emoción.-No le comentes a la marquesa.

-No… no le diré nada.

Buscó algo en su bolsita de tela azul. Sacó un sobre ya abierto. Desplegó la carta y la empezó a leer en voz alta.

-Madame Rosalie, no sé bien cómo empezar esta carta. Espero que su estadía hasta ahora haya sido agradable. También espero que las lecciones con Lady Lysa sean provechosas. Quisiera que me contara sobre sus actividades en el hotel. Cada noche sueño con el momento de nuestro encuentro. Verá, la paciencia es una virtud de la cual carezco. Sólo me queda pensar que toda la demora valdrá la pena. Le ruego no le comente sobre esta carta a mi madre. Con amor, Emmett.

Me quedé mirando a Rose. Estaba con las mejillas enrojecidas y tenía una sonrisa enamorada de esas que dan asco.

-Qué lindo que te escriba.

-Sí, lo sé. ¿Crees que debería responderle? ¿O sería muy atrevido de mi parte?

-Atrevido sería no responder.

-¿Y qué le diría? No lo sé, Bella.

-Algo se te ocurrirá. Sólo toma un papel e inténtalo esta noche, antes de ir a la cama.

-Lo intentaré.

Paseamos un rato por los jardines. Sin embargo no nos atrevimos a entrar en el laberinto. Regresamos a nuestras habitaciones y nos arreglamos para la cena con la marquesa. Seguimos el consejo de Lady Lysa y nos presentamos antes de lo acordado.

Al llegar al comedor nos condujeron a una mesa. Madame Esme no había llegado todavía.

-Disculpen haberlas hecho esperar.

-No es molestia, madame.

-¿Cómo os encontráis? ¿Estáis cómodas en el hotel?

-Sí, no podríamos pedir más, madame-contesté esta vez.

Madame Esme estaba sentada en medio de nosotras. Giré la cabeza, observando la salida de la cocina y lo vi de nuevo. No había duda, era él. Tenía una botella de vino abierta en sus manos. Se estaba acercando a nuestra mesa. Mi corazón se descontroló.

Vio a Esme de reojo, y noté como sus ojos se abrieron más. Se alejó, desviándose a otro lado y volvió en dirección a la cocina. Antes de desaparecer por la puerta se volteó, y me dedicó una mirada fugaz.

-Querida, ¿te encuentras bien?-me dí cuenta que era conmigo.

-La verdad no tengo apetito. Si me disculpa madame, quisiera retirarme.

-Bien puede. Espero se mejore.

Me levanté, no sin antes hacer la debida reverencia y fui tras él a la cocina.

Entré y había mucho humo. Todo el personal trabajaba cual hormigas. No habían notado mi presencia todavía. Fui recorriendo el lugar, pero no lo encontraba. De la nada noté un cúmulo negro que pasó a mi izquierda. Corrí hacia él y terminé por tropezarme de frente.

Mi corazón estaba que se me salía de la boca. Me aparté de él y alcé la mirada. Era un hombre alto, sin dudas, pero mucho mayor del que esperaba encontrar. Tenía ojos azules y el pelo blanco por las canas.

-Señorita ¿Se le ofrece algo?. No se supone que los huéspedes estén husmeando por las habitaciones del servicio.

-Ah, es que me perdí-dije tratando se sonar convincente-yo sólo quería una taza de té.

-Venga por aquí.

Me guió hacia la cocina. Yo no dejaba de ver a todos lados por si aparecía.

-¿Quiere que le sirva el té en el comedor?

-¡No!-dije con la voz más alta de lo que esperaba-No...es que quisiera tomarlo aquí mismo.

Me miró extrañado y se limitó a asentir. Empujó una silla hacia atrás para que me sentase en la mesa de madera en la que comen los cocineros. Estaba vacía, la única sentada ahí era yo. Imaginé que ellos comían después del servicio.

Trajo una bella taza blanca de porcelana con un té bastante aromático. Era de frutos rojos.

-Señorita, ¿se le ofrece algo más?

-Muchas gracias...señor… ¿su nombre?

-Mi nombre poco importa.

-Se lo pido, por favor.

-Pues, mi nombre es Valentín Heich-dijo mientras se reverenciaba- Metre del hotel La Roux. Siempre a su orden...señorita…

-Isabella, Isabella Swan.

-Oh, me temo que es usted la prima de la señorita Rosalie-dijo sorprendido.

-Pues teme bien. Una última cosa. ¿No se ha dado cuenta de un mesero que falta mucho a su trabajo?

-No. Yo los superviso a todos. Los tengo bien vigilados. En este hotel no se le da pie a la vagabundería. Ahora, si me disculpa, tengo que ir a atender el restaurante.

-Claro, no le inoportuno más. Adelante.

Me quedé sentada, tomando el té, esperando a que apareciera. Ya había terminado y nada. Me rendí. Asomé mi cabeza por la puerta de la cocina, para ver si Rose seguía sentada con la marquesa. Suspiré al darme cuenta de que se habían ido.

Una vez en mi habitación me alisté para dormir. Una vez acomodada me dije a mí misma que todo eran alucinaciones. Todo estaba en mi cabeza. ¡Olvídate ya! ¡Y ahora duerme!

Pero no podía. Sólo daba vueltas en la cama. Cerré mis ojos y traté de relajarme. Justo en ese momento volví a escuchar el piano. Me levanté deprisa, me coloqué una bata y salí disparada hacia la sala de música. Abrí muy despacio la puerta, dejando apenas espacio para uno de mis ojos. Las luces estaban apagadas. La única luz era la de la luna, que dejaba ver la silueta de lo que creo yo era un hombre. La melodía que tocaba era hermosa y complicada. Me quedé observando lo poco que veía.

De repente la melodía cesó. Sentí que venía hacia la puerta. No me daría tiempo el correr hasta el otro pasillo. Traté de abrir la habitación más cerana cuando siento una mano en mi hombro. Cuando me volteo lo veo a él, al mesonero escurridizo.

-¿No le enseñaron que espiar es de mala educación?

-¡Eres tú!

Sentía como el corazón golpeaba mi pecho. Comencé a hiperventilar.

-Ven.

Miró de un lado a otro. Me tomó de la mano y me hizo entrar en el cuarto de música. Encendió la luz.

-¿Me va a violar?

-Si lo fuera a hacer, no lo diría.

-¿Quién eres, cómo te llamas?- dije un poco nerviosa.

-Eso no tiene importancia.

-Al parecer todos evaden mi pregunta con la misma respuesta-dije con la respiración más calmada.

-Señorita Isabella, la paciencia es una virtud.

Esa frase me sonaba de antes. No estaba segura.

-¿Cómo es que tú sí sabes mi nombre?-continué

-Verá, su prima es la futura esposa de mi herm…-titubeó antes de seguir- hermoso, imponente, educado, respetable futuro duque y dueño de este lugar. Así pues, todos sabemos sus nombres, de dónde vienen y cómo les va con Lady Lisa.

-¿Eso debería preocuparme?

-No, sólo se escuchan cosas buenas de ambas.

-Me encuentro en desventaja. Sabes mucho de mí y yo nada de tí.

Se limitó a sonreirme. Sentí como mis mejillas se acaloraban.

-Éste no es el momento ni el lugar. Hablaremos sobre esto otro día.

-¿Te veré otro día?

-Si usted está dispuesta a otorgarme el honor, por supuesto. Ahora, debe irse y yo también. No queremos que nos vean juntos y saquen conclusiones erróneas, señorita. Salga y diríjase a su habitación.

Tomó mi mano derecha y se inclinó un poco. Sus labios rozaron delicadamente la parte superior de mi mano. Sentí como una onda se esparcía desde ese lugar a todo mi cuerpo. Quedé paralizada. Cuando me soltó, meneé mi cabeza.

-Hasta pronto- me despedí.

-Más pronto de lo que usted cree. Que descanse.