LA SORPRESA

Una humeante tina me esperaba en el interior de mi habitación, la preocupación de mi madre no le permitió conciliar el sueño, ella insistía que las cosas podían recuperarse a excepción de la vida…

–Le rogué que no se preocupara…

–Eres mi hijo y si algo te llegara a pasar, Terrence, moriría de pena.

–No diga eso, madre, nunca le dejaré sola…

–Te agradezco todo lo que haces por mí, hijo. Ahora te dejo para que puedas asearte–Agradecí que se retirara lo más pronto de mi habitación, la humedad de la ropa la podía sentir hasta el más pequeño de mis huesos y cada vez me costaba más moverme…

La calidez del agua expulsaba la frialdad de la noche en vela, deseaba lo mismo para mi alma… que existiera el poder de un amor que pudiera eliminar de mi frío corazón el desamor y la entrega sin amor, deseaba ser amado por quien era, por mi persona, por mi esencia, no por el desahogo económico que pudiera ofrecer o por mi atractivo físico… solo deseo entregar el corazón a una mujer que sepa amarlo y conservarlo…

–Adelante

–Señor, le traigo su ropa

–En un momento más salgo de la tina, no se retire…

–Sí, señor.

Me quedé quieto mucho rato, mientras mi cuerpo se calentaba y el agua se enfriaba; el sueño poco a poco se adueñó de mi ser pero no me podía dar ese gusto, había deberes qué realizar… Así que salí aprisa de la bañera y dejé que mi ayudante de cámara realizar su deber.

Encontré a mi madre dando indicaciones al servicio de la cocina y me sonrió al verme –Hijo, gracias al cielo que no te pasó nada, estuve con mucha preocupación… ¿Quieres comer?

–No, gracias…

–Han venido los Andrew´s por sus tesorosMi madre odiaba los animales, en especial los caballos, su opinión era que si tan solo pudiéramos prescindir de ellos para transportarnos la vida sería mejor; por eso empleó un tono sarcástico para referirse a los animales que habían llegado hasta nuestras tierras durante la tormenta–Están en las caballerizas.

–¿Hace cuánto tiempo que llegaron?

–Como una hora, aproximadamente

–¿Por qué no me avisaron antes?

–Porque estabas descansando; es decir, te estabas aseando…

–Iré a verlos…

–Hijo, seguramente Carlright ya se ha hecho cargo, por favor ya no salgas y come conmigo.

–Son mis deberes. No deseo que el día de mañana se me califique como rufián por no estar presente o que digan que no deseo entregarles sus animales…

Solicité mi caballo y me dirigí hacia los establos, antes de llegar un mozo me ayudó a descender… escuché risas de hombres y una risa femenina, mis ojos ardieron como las llamas del infierno de los celos que se apoderaron de mis entrañas. ¿Por qué diablos, Candice estaba sonriendo con el Marqués Albert? ¿Qué era tan gracioso para que ella le regalara su risa? ¿Por qué a él? –Buenos días caballeros.

–Buenos días, Grandchester–Respondieron al unísono. Ella solamente inclinó la cabeza y apretó con fuerza el fuete que sostenía en las manos. Albert la tomó por la cintura y la ayudó a bajar del caballo. Su sonrisa se había esfumado… deduje que si no me odiaba al menos me temía… A demás no era de una dama estar arriba de un animal como ella lo estaba… lo olvidaba, ella no es una dama.

Albert era el Marqués de St. Ivés, primo tercero por parte de mi padre. Yo también pertenecía a la realeza, había heredado un ducado y ambos éramos primos con el heredero al Trono, el Príncipe Anthonie Brower, éste era heredero a la corona gracias a que mi padre abdicó y la infanta Rose Marie tomó su lugar, ¿Por qué lo hizo mi padre? Por la razón que estaba perdidamente enamorado de mi madre Eleonor Backer.

–Veo que has venido por tus animales–Me encaminé hacia ellos, revisar los que Albert tenía a su lado sería una grave ofensa, mi deber era creer en su palabra y confiar que Carlright había hecho bien su trabajo.

–Te agradezco que te hayas expuesto por ellos durante la tormenta.

–Veo que las nuevas corren rápido…

–No te enfades, retiro lo dicho.

–¿Necesitas que te ayuden a arrearlos?

–Agradezco tu ofrecimiento, he traído a mis sobrinos, Archie y Stear… son buenos cabalgando… a demás Candy se ha ofrecido a ayudarnos, es muy buena lazando… ha hecho algunas demostraciones… –La miró y le guiñó un ojo mientras le sonreía flirteando con ella.

¿Por qué él le podía llamar por un diminutivo? Maldita sea.

–Creo que todo está resuelto, es tiempo que te lleves tus animales–Le dije mirándolo por encima de mi hombro mostrando mi descontento por su presencia.

Albert había intentado por mucho tiempo que nos lleváramos bien. Él es una persona cálida con la gente que lo rodea, su título nobiliario no le impide trabajar y mezclarse con gente de escasos recursos. Yo no me niego a extender mi mano en protección de nadie, pero me niego a ser benefactor de alguien en especial…la gente debe ganarse su sustento… todos tienen la misma oportunidad de progresar…

–Terry, hombre, espera, no te vayas…

–Tengo cosas importantes qué hacer…

–Lo sé y no deseo quitarte tiempo –Lo que Albert haya mencionado jamás lo escuché porque mis ojos se posaron en ella. No sabía lo que debía hacer, si permanecer o retirarse… llevaba un vestido de tela de algodón y un delantal negro que definía su silueta, no llevaba ni aros ni organsa, mucho menos corsé, recordé la noche que cené con ella y lo hermosa que se veía… Candice es verdaderamente hermosa… pero ¡diablos! Ella no es para mí.

–Arréglalo con Carlrigth…

–¡¿Estás de acuerdo?! –No comprendí por qué usó un gran tono de sorpresa, supuse que quería firmar el acuerdo que me había propuesto meses atrás, de emplear más mozos en el área de cultivo, para ser honesto no quería hablar de negocios con él.

–Señor… –También la voz de Carlrigth se escuchaba llena de sorpresa, pero como no me gustaba que mis órdenes se cuestionaran… respondí altanero como solía hacerlo.

–¿Alguna objeción?

–No, Señor, se hará como usted lo pide.

Cabalgué durante largo rato hasta llegar a la casa de mi amada Sussy, tenía que sacarme de mi mente la imagen de Candice, olvidar el sonido de su risa, su figura delineada y sobre cualquier cosa quería olvidar que ella estaba con Albert.

–Hola, Princesa

–Sería Princesa si tú pelearas el trono…

–También me da gusto verte…

–Terry, ¿Por qué no luchas por la corona?

–Aunque pelee por ella, que es cosa que no me interesa, le correspondería a mi hermano mayor, no a mí…

–Pero él tampoco la quiere… a demás contarías con el apoyo de mi padre…

–No, y ya no quiero hablar de ello… mejor ven aquí a mi lado y hazme sentir mejor…

–Cariño, ¿Cuándo le dirás a Eleonor de nuestra relación?

–Sussy, no empieces con eso, por favor… quiero pasar un rato agradable contigo…

–Terry… está bien… no insistiré, pero creo que deberías considerar mis palabras…

–Sussy –La tomé entre mis brazos, ella era lo más cercano que tenía a un amor de mujer en mi vida, era caprichosa y emotiva, pero también era muy cariñosa conmigo–Siempre estaré agradecido contigo por tu entrega sin reservas.

–Es que te amo, Terry, para ti es muy difícil comprender porque tú no te entregas por completo.

–No digas eso, tú has tenido más de mí que cualquier mujer.

–Lo único que quiero de ti es el título de Esposa, yo provengo de una buena familia y no tendrías por qué avergonzarte de mí… además el tiempo está pasando y no quiero ser eternamente tu amante, pronto cumpliré los 19 y mi padre me presiona a buscar partido, si no amenaza con casarme con James el dueño del Banco.

–No te preocupes, eso no pasará.

–Entonces le dirás a tu madre lo nuestro.

–Esta misma noche.

Nunca debí prometerle algo a Sussy de lo que yo no estaba seguro. No me desagradaba la idea de hacerla mi esposa. Pero tenía mis dudas.

Me quedé con ella todo el día, repuse mi cansancio y entrada la noche me dirigí a casa; Sussy se había marchado pasada la hora del té, no tenía pretexto para permanecer mucho tiempo fuera de su casa y no quería levantar sospechas ante su padre; así era nuestra relación, clandestina.

Pasé por el Eleonor´s y las cosas marchaban bien, no era necesario quedarme más tiempo.

Dejé mi caballo y pedí un carruaje que me llevara a casa y vaya sorpresa que me llevé al amanecer.

–Señor, la señora envía decir que baje a desayunar.

–Había pensado hacerlo aquí en mi habitación.

–Su madre insiste.

–Está bien, dígale que no demoro en complacerla.

Escuché risitas mientras descendía las escalinatas, nada comparado con las risas de Candice, tan sinceras y estas tan llenas de hipocresía… si las mujeres deseaban reír como hombres ¿por qué no lo hacían? Odio la nobleza y su falsedad

–Buenos días –Dije al tomar mi lugar y esperar que mi madre y su acompañante tomaran el suyo para poder sentarme.

–Hijo, ¿Recuerdas a Elisa Leagan?

–Lamento mucho mi falta de memoria, la he olvidado.

–Pero yo no te he olvidado, Terrence.

–¿Podemos pedir que ya comiencen a servir? Tengo negocios qué atender.

–Hijo, quería pedirte que nos dedicaras el día, que nos llevaras al centro y que Eli se compre algunos vestidos.

–Vi unos muy hermosos en el ropero que está en la habitación que me asignaste tía Eleonor

–No hemos tenido visitas que tal vez lo hayan olvidado.

No quería que Eliza se hiciera algún tipo de ilusión conmigo y tampoco podía decir que esas prendas pertenecían a Candice porque yo se las había comprado –Son de mi futura esposa, son un regalo de mi parte.

–Hijo, ¿A caso has estado cortejando a alguien y no me habías dicho?

–Si no le había dicho es porque no estaba muy seguro de hacerlo, pero ahora tengo la plenitud que se lo puedo decir.

–Espero que sea una buena chica.

–Lo es… al menos para mí.

–Lamento cambiar el tema de manera abrupta… ¿tía, podrían asignarme a una mucama para que me atienda?

–Claro que sí, hija. Terry…

–Madre, usted puede disponer del servicio sin que me consulte.

–Gracias hijo.

Solicité que un lacayo las llevara al centro y que a Eliza la cambiaran de habitación, la habitación en la cual ella había pasado la primera noche de muchas que permanecería en esta casa le pertenecía a mis hermosos recuerdos de una noche sin placer carnal sino al placer del alma, cuando dejé a la hermosa niña Candice en el umbral y no deseaba que nada ni nadie profanara mis mejores recuerdos.

Le dediqué un tiempo basto a unos libros de literatura, disfrutaba mucho leyendo acerca de los amores imposibles y de las aventuras de los protagonistas por estar juntos, me imaginaba cada escena como si yo fuera un antagónico o un simple espectador… De mi parte existía la indicación que cuando permaneciera en la biblioteca y la puerta estuviera cerrada nadie debía interrumpir, sin excepción… –No quiero interrupciones

–Su madre desea verlo, señor.

–Un momento, madre. –Sin explicaciones, aparentes, mi madre entró hecha una furia a la Biblioteca, comportamiento extraño en ella que no perdía el control de sus emociones. –¿Me puede explicar qué es lo que sucede?

–¿Por qué diste la indicación que Albert Andrews se lleve a la mucama nueva?

Me quedé estupefacto sin parpadear y llamé a mi mayordomo, él debía darme una explicación –Carlrigth! Llamen a Carlright… Maldita sea! Me enfurece que me dejen esperando…

–Hijo, yo había decidido que esa muchacha fuera la compañía de Eli durante su estancia… hijo, por favor complace a tu madre, nunca te he pedido cosa semejante…

No me enfadaba el hecho que mi madre solicitara una mucama ni que me perturbara en mi descanso, sino la idea que Albert tuviera a Candice en su AndrewsHall… Tan sólo pensar en ello me encolerizaba

LAMENTO MUCHO LA DEMORA

GRACIAS POR ESPERAR

Y GRACIAS POR SUS COMENTARIOS... LES PROMETO QUE LA HISTORIA ES MÍA...