Capítulo IV

Iván podía sentirlo.

El dolor de diez años de sufrimiento volvía para incinerar lo que fuera que quedase bajo su piel. Su gente estaba muriendo y él se deterioraba. Cada muerte era como una aguja atravesando su pecho –cada masacre, un cuchillo.

Pero tenía esperanza; en tiempos como esos, Lituania le sostendría entre sus brazos y le diría que todo iría bien, que todo curaría y que ambos estarían allí para verlo; juntos.

Iván tenía fe en ello.

Pero ahí estaba su luz, cubierto por sábanas de un enfermizo color blanco, inmóvil si no fuera por el lento ritmo de su respiración.

Lituania no estaba allí para sostenerlo aquella vez, no estaba allí para reconstruir su desmoronado corazón. Saber aquello era lo que más le dolía.

Rusia levantó la mano inerte hasta su boca, la calidez se estaba desvaneciendo.

Pero parecía muy tranquilo.

Devolvió la mano de Lituania a su lugar, sobre las sábanas, y se levantó de su silla. Inclinándose sobre la nación dormida, Iván se tomó su tiempo para estudiar el rostro sereno e imperturbable del moreno. Sus heridas estaban ocultas, así que no había nada que perturbase la inmaculada imagen de Toris. Sus labios estaban ligeramente separados, e Iván estaba lo suficientemente cerca como para sentir los suaves soplos de su respiración. Cómo deseaba que volviesen a rozar su piel de nuevo…

Rusia ignoró las protestas de su brazo cuando lo usó para sostenerse. Con lentos y vacilantes movimientos, Rusia elevó su mano libre para posarla sobre la mejilla de Lituania, acariciando tiernamente la suave piel con el pulgar. Casi retrocedió cuando el otro movió la cabeza ligeramente para acomodarse contra la palma de su mano.

Iván sonrió a su pesar. Aparte del dolor apagado que continuamente le corroía en lo más profundo, algo diferente florecía en su interior. El deseo empezó a tejer su camino a través de sus emociones cuando Rusia se encontró a sí mismo acercando su boca a la de Lituania. Se congeló a un solo milímetro de sus labios.

Rusia cerró los ojos con fuerza y reprimió un sollozo. ¿Por qué le torturaba así su querido Toris? Se suplicó a sí mismo que se alejase, pero no podía. La necesidad de su tacto le arañaba por dentro…

… E Iván se rindió a ella.

Presionó sus labios fríos contra los de Lituania (intentó no pensar en lo brusco que debía haber sido) y procedió a masajear las comisuras de sus labios.

Lituania se sacudió bajo él, y en lugar de romper el contacto, Iván presionó con más fuerza, penetrando su boca con su lengua. Continuó lamiendo el interior de la mejilla de Toris, provocando que el otro reprimiese algunos gemidos. Una débil voz en su cabeza le decía que parase, pero su propia sed la arrollaba.

Tanto para su placer como para su horror, Iván sintió como si estuviese reclamando algo perdido hacía tiempo; algo hecho para él desde el principio.

Rusia abrió más la boca para complacerse mientras llegaba más lejos aún con su lengua. Para su deleite, Toris comenzó a devolverle el beso. Sus manos se revolvieron torpemente sobre las sábanas, buscando algo a lo que asirse. No les llevó mucho tiempo a los dedos de Lituania encontrar y enroscarse alrededor de las muñecas de Rusia. Su agarre era flojo y débil, sin embargo. No estaba del todo despierto aún, pero a Rusia no le importaba. El placer que evocaba sólo con eso le bastaba para desterrar su dolor.

Salió de la boca de Lituania y comenzó a acariciar su cuello en su lugar, haciéndolo arquear el torso ligeramente. Su lengua encontró una cicatriz elíptica en la base de su cuello, aquella que le había hecho hacía tantos años. Rusia intentó ignorar la culpa que plagaba su mente, al igual que la siempre tenue voz de su razón.

No podía dejarlo. Lo necesitaba. Toris era suyo.

Los brazos de Rusia se liberaron de su agarre sólo para introducirse bajo las sábanas y acariciar las caderas que se sacudían.

El pánico se enfrentó a la lujuria cuando sintió su corazón helarse…

Sólo con la súbita aparición de unos ojos esmeralda volvió a sus sentidos.

Rusia dio un traspiés hacia atrás, la mitad de su cuerpo aún en la cama. Lituania se había sentado, su expresión mezclada con shock y algo más. Su boca aún brillaba con la saliva de ambos, y Rusia le devolvía la mirada con horrorizado remordimiento. Su cuerpo empezó a temblar violentamente cuando comprendió lo que había hecho.

¡No, no, no!

Él no… Oh Dios, ¿qué iba a hacer? Él casi… Casi había…

Iván dejó escapar un angustiado sollozo mientras enterraba los dedos en su propio cuero cabelludo, tirándose del pelo. Movió la cabeza bruscamente de un lado a otro, como si tratase de librarse de un tormento invisible. No podía oír a Toris llamando su nombre, no se lo permitiría a sí mismo.

Era corrupto, depravado, no era merecedor de aquella sagrada luz.

La sangre comenzó a acumularse bajo sus uñas, pero no le importaba. Toris ya nunca confiaría en él, se había cavado su propia tumba. No había forma, de ningún modo podría seguir adelante… Si tan solo…

Ahora, Iván estaba entre sus brazos. Intentó alejarse, pero Lituania se resistió a soltarle. No podía librarse. Sus manos empezaron a arañar su espalda, aferrándose a las abultadas cicatrices que aún podían sentirse bajo la tela; pero aún así, Lituania no cedió. Rogó y suplicó, suéltame; pero Lituania permaneció firme. Simplemente lo atrajo más cerca, acariciando su pelo con calma.

Finalmente, Iván dejó de resistirse y se permitió escuchar las palabras de Lituania. Sus dientes seguían apretados, las lágrimas seguían rodando por sus enfebrecidas mejillas, y la sangre seguía latiendo en sus oídos.

Ahora, Toris lo estaba arrullando, e Iván se mordió el labio para silenciarse.

"Te quiero." Rusia se congeló. ¿Cómo podía…?

"Te quiero, Vanya," repitió Lituania, enterrando su rostro en el pelo de color ceniza.

Iván asió la parte delantera de su camisa, sus ojos llenos de nuevas lágrimas.

"¿P-por qué?" Dijo él, ahogadamente. "Y-yo soy…"

Lituania lo acunó. "Shh… No pasa nada, te quiero… Sabes que siempre lo haré."

-x-X-x-

Estaba oscuro, y lo único de lo que Toris estaba seguro era de que la parte de atrás de su cabeza palpitaba dolorosamente. Intentó levantarse del invisible suelo, pero sus brazos no respondían.

¿Dónde estaba? No podía recordar nada, ni podía concluir cosa alguna de su alrededor.

Pero… Le dolía la cabeza, y todo en aquel momento le resultaba demasiado familiar.

De repente, el miedo comenzó a invadir sus embotados sentidos cuando vio a una figura acercarse a él. Toris reparó en una larga bufanda ondeando tras él al inexistente viento. Sus rasgos se volvieron más y más nítidos a medida que se acercaba. No le sorprendió, pero el miedo aún latía en su pecho.

Lituania pudo ver que Rusia sostenía una tubería ensangrentada.

Miró hacia abajo; para su horror, Lituania descubrió que yacía sobre un charco de un brillante líquido rojo, no había duda de que era suyo. El charco se hacía más y más extenso, y Lituania no sabía de dónde procedía. A aquel ritmo, no tardaría mucho en desangrarse.

"¡N-no! ¡Para!" Le gritó al líquido que se extendía.

"¿Qué crees que estás haciendo, Toris?" Preguntó Rusia. Su voz enviaba dagas a través de su mente. Dio un paso hacia él, sus botas sumergiéndose en la sangre con un resonante chapoteo. Elevó su tubería amenazadoramente y Lituania se encogió, asustado, antes de que pudiese detenerse. "¿Pensabas que podías burlarte de mí? ¿Pensabas que estabas a salvo?"

"¡L-lo siento!" Gritó desesperadamente. No sabía de qué hablaba Rusia, pero ¿quién era él para intentar razonar con él? "¡Por favor! ¡No lo hagas!" La tubería descendió.

Lituania no sintió dolor alguno, pero sí que sintió una curiosa sensación en la frente.

Antes de que se diese cuenta, la sangre salía a borbotones de la herida abierta, tiñendo su visión de rojo. Luchó por respirar cuando la cálida sangre se le metió en la boca y la nariz.

Rusia continuó, "soy todo lo que tienes, Lituania."

Quería negarlo, pero cuando intentó ordenar su propio caos interno, otras personas comenzaron a colocarse detrás de Rusia. Sus caras estaban ocultas en la niebla, y lo único que permanecía visible era el resto de sus cuerpos.

La persona a la que reconoció como Polonia se encontraba más cercana a él. Lituania se esforzó para distinguir su cara a través del velo de sangre que estaba seguro que cubría sus ojos. Los ojos de Polonia se mostraban impasibles, y su boca no tenía expresión, dando una sensación de apatía.

"Lo siento…" Rusia no le dio oportunidad de acabar, ya que hundió violentamente el talón en su costado, arrancándole un grito agónico.

"¡Alguien!" La sangre salía de su boca ahora. Oh dios, había demasiada, ¿cómo podía estar pasando aquello? Su visión se tornaba roja. ¿Por qué nadie…?

Algo dio un chasquido en su costado, y Lituania tardó un segundo en comprender que Rusia le había roto una costilla. El dolor… Parecía muy real. Todo era una pesadilla, tenía que serlo.

"¡Alguien!" Gritó de nuevo. "¡Ayudadme, por favor! ¡Por favor!"

Pero nadie se movió, todos siguieron mirándolo fijamente como si fuese un animal moribundo y sin valor. Extendió una mano, pero cayó, salpicando en el charco de sangre.

Rusia se arrodilló a su lado, agarrando violentamente su mandíbula para forzar a la mirada de Lituania a encontrarse con la suya. "¿Siempre planeaste traicionarme?" Siseó.

"No pretendía-" Sintió una punzada en la mejilla, y Lituania se dio cuenta de que Rusia le había dado una bofetada. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido…

"Mentiroso…" Hizo una mueca de desprecio. Asió la mandíbula de Toris con más fuerza, y éste se estremeció. Lituania le miró con miedo a los ojos. Rusia sonreía ahora, sus labios se estiraban en las comisuras, y Lituania no pudo evitar estremecerse. "Estás hermoso así, Toris. Ahora, ¿lo dirás?"

"Yo…"

Toris cerró los ojos.

¿Por qué?

"Te quiero."

Todos desaparecieron a la vez que el charco carmesí, pero Toris no tenía fuerzas para levantarse de aquel punto en el frío y desierto suelo.

El sueño permanecía vívido en su mente, pero Lituania sabía que no era más que una ilusión, una espeluznante.

Él creía vehementemente que era imposible que la frágil nación que ahora se encontraba entre sus brazos pudiese… Pudiese volver a su antiguo yo. Nunca lo permitiría.

Encontró consuelo abrazando a Iván. De ninguna forma perdería la esperanza en el otro, ningún sueño o recuerdo cambiaría eso.

Rusia estaba ya completamente calmado. Lituania lo había envuelto con todo lo que podía darle. Cariñosamente colocó sus manos en sus hombros y se alejó lo suficiente como para poder mirarlo por completo.

Iván levantó la vista tímidamente, sus ojos estaban limpios, pero sus mejillas aún estaban sonrojadas. Toris creyó poder ver las grietas que se extendían tras aquellos ojos amatistas. Las repararía con el tiempo, tenía que hacerlo. Abrió la boca para decir algo, pero un golpe en la puerta le interrumpió.

Rusia se levantó para responder.

-x-X-x-

Lituania no estaba del todo seguro sobre de quién debería sospechar. No siquiera estaba seguro de por qué estaba en una habitación de hospital, para empezar.

Así que no fue de extrañar que se sorprendiera al ver a Polonia, que entró en la habitación.

"¡Liet!" Casi gritó. "¡Por fin!" Avanzó pisando fuerte hacia él, y Lituania tuvo el presentimiento de que tendría mucho de lo que ocuparse tras aquello.

"Yo- ¡Tú! ¡Me dijiste que no te matarías y mira!" Extendió sus brazos para enfatizar sus palabras. "¡Te fracturas el cráneo en dos puntos diferentes!"

Las manos de Toris se elevaron hasta su cabeza. En lugar de encontrar su piel desnuda, tocó vendajes que rodeaban su cabeza varias veces.

"¿Q-qué?" Alternó su mirada entre ambos. "¿Qué ha pasado?"

Polonia parpadeó y bajó los brazos. "O sea… ¿No te acuerdas?"

"¿Acordarme de qué?"

Feliks lo miraba con seriedad. "Prusia… Te atacó… Y te dejó totalmente fuera de combate. Todos estaban como que muy preocupados, o sea."

Lituania cerró los ojos. Prusia… Prusia… Cierto. Se había metido en su casa, y había cuchillos, y…

"Tengo que salir de aquí," decidió Lituania en voz alta, apartando las sábanas.

Polonia se sobresaltó. "¿Q-qué? ¿Estás loco? ¡No te puedes ir!"

Toris lo ignoró mientras arrojaba a un lado el resto de las mantas, arrancaba el único tubo de alimentación intravenosa de su brazo (¿qué demonios? No era tan serio, ¿no?), y se levantó de la cama. Apenas pudo dar un paso, cuando sus rodillas se doblaron por falta de uso y cayó al suelo, tambaleante.

Rusia lo atrapó justo a tiempo. Lituania se aferró a sus mangas para apoyarse, mientras intentaba acercarse a la pared.

"Polonia tiene razón. No estás bien, ¿da?"

"¿Bien?" Dijo Lituania, incrédulo. "¿Q-qué estás haciendo tú aquí? ¡Tú eres el que no está bien! Sólo me golpeé la cabeza un par de veces. ¡No tengo tiempo de estar tirado en un hospital!" La sangre comenzó a salir de su cabeza mientras luchaba por continuar.

"M-maldición…" Dijo Lituania mientras se quedaba dormido, hundiéndose de nuevo en la inconsciencia.

Rusia permaneció allí con un desmayado Lituania en sus brazos, atónito. Tras un incómodo instante, depositó finalmente a Toris en la cama.

"Toris es…"

"… Un incordio total." Refunfuñó Polonia.

-x-X-x-

Sabía que tendría problemas tras el incidente, pero eso no impidió que la irritación de Prusia creciese por culpa del maldito sermón de Alemania.

"Me dijiste que sabías lo que hacías," gruñó Alemania. En su mano sostenía un gran libro de cubierta dura, que no quería sino lanzar contra la cabeza de Gilbert.

Prusia se apretó el puente de la nariz. "Sabía lo que estaba haciendo, pero no me esperaba que él apareciese, ¿vale? Me lo estaba tomando con calma con los dos, podría haberlos matado a todos si hubiese querido. Ese bastardo lo arruinó todo." Golpeó la superficie de la mesa a la que estaban sentados con frustración.

Alemania lo miró, nada amedrentado por el estallido. "Entonces, ¿qué piensas hacer ahora?"

Prusia desvió la mirada. "Estoy trabajando en eso," murmuró.

Alemania descansó la frente en las palmas de las manos. "Maldita sea, Gilbert. Nunca debí haberte dejado que siguieses con esto. Mira lo que has hecho, Lituania está obligado a declararte la guerra cuando se recupere. ¿Qué esperabas cuando lo invadiste y atacaste en su propia casa?·

"Me dejé llevar."

"¿Te dejaste llevar? Está en un hospital, Gilbert. Todo el mundo se ha enterado y, para ellos, ¡tu ataque fue completamente injustificado!"

"Si lo que hace falta es una guerra, entonces vale, como sea." Prusia se encogió de hombros, impasible; su frustración parecía haberse desvanecido ya. La de Alemania, sin embargo, no.

"No vas a ir a la guerra por esto. De ninguna manera esto se quedará entre Lituania y tú-"

"¿Quién dice que tendría que ser así?" Gritó Prusia, de nuevo irritado. "Esto no es solo por ellos, ¿sabes? Ese bastardo ruso me arrebató mi país, mi orgullo. Quiero verlo a mis pies suplicando clemencia junto con ese maldito lituano. Si cualquier otro se mete en mi camino, también acabaré con él."

"Entonces," respondió Alemania con calma, "¿estás dispuesto a arriesgar las vidas de millones de inocentes por venganza?"

Prusia estalló en crueles risotadas. "¿Desde cuándo nos ha detenido eso a la hora de obtener lo que deseábamos? Es algo que hacen todos. Simplemente pagamos por lo que obtenemos."

'En vidas humanas,' pensó Alemania con tristeza. "Te destruirán."

"No lo harán," negó Prusia, con simpleza. "Se lo demostraré, se lo demostraré a todos."

Ludwig no estaba seguro acerca de lo que él mismo debía hacer. Si se uniese al "otro" bando, tendría que luchar contra Prusia. Si permaneciese neutral, sería forzado a ver a varias naciones destruirse unas a otras como incontables veces en el pasado. Y si se uniese a Prusia en la conquista, participaría en la masacre de millones de personas más.

Gilbert se levantó cuando Alemania no dijo nada. Metió las manos en los bolsillos y apartó la silla de una patada.

"¿Qué esperas que haga?" Suspiró finalmente Alemania.

Se volvió hacia la salida. Le respondió, "lo que quieras hacer, West." Y, tras eso, se fue.

-x-X-x-

"Eh… ¿Estás, eh… Bien?"

Rusia fue traído de nuevo a la realidad. "… Estoy bien…"

Polonia continuó mirándolo, preocupado. "Bueno, creo que Liet tenía razón, o sea, cuando dijo que necesitabas descansar también, ¿sabes?"

Se levantó tan de repente, que Polonia se encogió. "Da… Iré… Fuera a tomar el aire."

Sus palabras suenan muy vacías e inconexas, observó Polonia. Me pregunto qué ha pasado.

Sin embargo, en lugar de preguntar en voz alta, Feliks asintió y Rusia salió de la habitación, dejándolos a los dos solos.

Iván se cubrió la boca tan pronto como estuvo fuera de vista. La bilis se acumuló e inundó su garganta cuando vomitó en el cubo de basura más próximo. El ácido estomacal goteó por la comisura de su boca, y él lo limpió con asco.

Ya no podía ni soportar más sus propias sonrisas falsas.

Odiaba los hospitales. Odiaba aquella atmósfera.

El pasillo en el que se encontraba era de un blanco puro, era demasiado impersonal. El nauseabundo olor del alcohol y varios otros productos flotaba desde las otras habitaciones hasta su nariz. Necesitaba salir de allí.

Quedaban muy pocas personas en el edificio, así que nadie se fijó en Iván, que corrió hacia la entrada principal.

Tomó una honda bocanada de aire fresco, aclarando su mente. Sin embargo, sus extremidades empezaron a debilitarse, y él asumió que se debía a la regurgitación. Rápidamente atravesó el aparcamiento y se derrumbó sobre la suave hierba de un parque cercano.

Rusia cerró los ojos mientras permitía que las delgadas briznas de hierba le hiciesen cosquillas en el rostro. Las hojas sobre él filtraban la luz del sol de la tarde, salpicando rayos de sol por todo su cuerpo tumbado. Su pulso se ralentizó hasta un ritmo normal mientras se calmaba.

Esto es agradable, decidió Rusia. Todo a su alrededor era un trozo de Lituania; aquella era su casa, después de todo. Allí era donde pertenecía Toris.

Iván volvió a abrir los ojos para examinar su alrededor. El sonido de los motores era apenas audible, y todo lo que llegaba a sus oídos era el suave susurro del follaje y el ocasional canto de un pájaro.

No estaba del todo seguro de cuánto tiempo había estado allí tumbado, completamente inmóvil; pero había sido suficiente como para que un pájaro pensase que era seguro acercarse a él. Se le acercó a saltitos, ladeando la cabeza para estudiar el extraño objeto que era Iván. Dejó escapar un largo y musical gorjeo, e Iván no pudo evitar hablarle.

"Ptitsa… Qué estúpido por tu parte acercarte a algo mucho más grande que tú."

El diminuto pájaro respondió girando la cabeza-

"… Pero los estúpidos nunca se asustan. Es absurdo, ¿verdad?"

El pájaro dio un par de saltos más. La criatura de plumaje marrón estaba ahora lo suficientemente cerca para que Rusia distinguiese sus iris de color ámbar. El animal picoteó su mano helada para ver si el cuero que la cubría era útil. Cuando descubrió que no lo era, dio un par de saltos hacia atrás.

La mano de Rusia se crispó cuando la levantó del césped, intentando alcanzar al pájaro. Éste dejó escapar un asustado graznido mientras aleteaba lejos para posarse en la rama más cercana, mirándolo con cautela. El brazo de Iván se elevó más alto en su dirección, aunque el animal estuviese lejos de su alcance.

"Eres muy cruel conmigo," dijo suavemente, mirando fijamente sus propios dedos extendidos. La parecía demasiado redundante y repugnantemente irónico. Sus ojos se movieron más allá de sus dedos para volver a mirar al pájaro, que estaba moviendo la cola, hasta que finalmente se fue revoloteando.

El sonido del crujir de unos pasos le hizo volver la cabeza en la dirección opuesta.

Lituania no se encontraba muy lejos de él, aún vestido con aquellas monótonas ropas de hospital. Su omnipresente chaqueta verde (a la que ya se le habían limpiado las manchas de sangre) colgaba de sus hombros. El lituano se adelantó unos pasos, y Rusia se fijó en los arañazos en la planta de sus pies descalzos.

Sin embargo, fue la melancólica expresión del rostro de Lituania lo que hizo que el corazón se le detuviese un instante.

"¿Te han dejado irte?"

"La habitación estaba vacía cuando me desperté," respondió él suavemente, aunque no hubiese nadie cerca que lo pudiese oír.

Rusia intentó levantarse del suelo, pero un dolor agudo le atravesó el codo, y se derrumbó en el césped de nuevo, respirando agitadamente por el esfuerzo. Así que su fuerza se desvanecía así de rápido…

Lituania se colocó a su lado y enredó sus dedos en su pelo. Iván se estremeció ante el contacto mientras se acercaba a él. Vacilante, levantó una mano para rozar los vendajes que rodeaban la parte superior de la cabeza de Toris.

"Esto…"

Toris cerró los ojos, ocultando sus verdes iris de la vista. "Se curará…"

"Y dejará cicatrices," terminó Rusia con indiferencia.

De repente, Lituania agarró su mano y abrió los ojos. Las lágrimas se acumulaban en el rabillo de sus ojos, pero no cayeron.

"Heridas… Cicatrices… ¿¡Desde cuándo me han impedido protegerte?" Sus manos temblaban violentamente, pero aún se resistía a dejar las lágrimas caer.

Los ojos de Rusia se suavizaron. Así que siempre había sido así…

No respondió, pero ambos sabían que las palabras ya no eran necesarias.

El sol se hundió bajo el horizonte, tiñendo el cielo de brillantes tonos dorados y púrpuras. No pasó mucho tiempo hasta que un pájaro voló y aterrizó enfrente de ellos, ladeando la cabeza con curiosidad.

"Oh… Žvirblis." Dijo Lituania. "Un gorrión. Antes, Feliks y yo teníamos que espantarlos porque se comían el centeno de nuestros campos. Pero eran buena compañía en aquellas mañanas solitarias." Tendió una mano y el animal la inspeccionó un momento antes de volar. Algunos pájaros más que habían estado ocultos se le unieron.

"Los campos de centeno…" Su voz estaba llena de nostalgia. "Las cosas eran muy simples entonces, ¿verdad, Rusia?"

"Da…" La verdad fuera dicha, lo único que podía recordar de su propia infancia era el sabor metálico de la sangre y el hierro ennegrecido en su boca. Las cicatrices que se entrecruzaban en su cuello le hormiguearon, pero él no les prestó atención. Ya no le importaban.

Aquello era suficiente para Iván, no le importaría si su vida acababa de repente allí, rodeado por aquello.

"Sí, lo eran…"

-x-X-x-

Traducciones:

Ptitsa: Pájaro, en ruso.

Žvirblis: Gorrión, en lituano.

N. Traductora:

Y otra vez que me retraso muchísimo actualizando… ¡Lo siento! Cosas de la pereza y de estar ocupada, que dejo los fics de lado… Bueno, espero que este capítulo merezca la espera… He cambiado bastantes cosas, he dejado de traducir tan fielmente al original, y he modificado un poco las cosas que me parecían convenientes, para que la historia fuese más fácil y agradable de leer. Dadme vuestra opinión sobre los cambios, y espero que realmente lo hayáis disfrutado

Un saludo~