¡Hola! Bueno, es hora de actualizar "Derrite el hielo". El capítulo cuarto está disponible para el público. Ya se están apuntando las ideas para el siguiente capítulo. Ahora, sólo queda encontrar el momento inspirador para plasmarlo en word. Entre tantas cosas, informes y lecturas que tengo que hacer, espero un impulso que haga mover mis manos en el teclado para escribir.

Espero que este capítulo sea de su agrado. Se recibe todo tipo de críticas, constructivas y no constructivas, todo sea por mejorar este trabajo.

Todos los derechos e izquierdos de Bakuten Shoot Beyblade le pertenecen a Takao Aoki.


IV

Te tengo cerca.

Apareció un carro policial con el contingente que respondió al llamado de los beyluchadores. Un grupo de cuatro policías bajó del carro y con rapidez, esposaron al hombre que el pelirrojo había reducido. Cuando el cuarteto de policías vio el "arma" que tenía Yuriy en su mano derecha, intentaron llevárselo a él también, por porte de armas. Él tuvo que mantener la calma y dar las explicaciones sobre la supuesta arma que portaba, el pelirrojo les dijo que aquel aparato era un lanzador de beyblade y para demostrárselos lanzó su blade para comprobarlo. Con eso, los policías se quedaron tranquilos, así que sólo se llevaron al padre de Olena.

La mujer rescatada por el dúo de beyluchadores quedó herida en el asfalto, con sus ojos llorosos y algunas heridas en las rodillas. Lo más importante, es que todavía había terminado. Aquel sujeto que le hacía vivir un calvario, por fin se alejaba de sus vidas y así, madre e hija volverían a estar tranquilas, sin miedos ni agresiones.

Yuriy y Julia ayudaron a la mujer a ponerse de pie, entre los dos la ayudaron a caminar hasta donde estaba Olena. Como la niña también estaba herida en su tobillo, Yuriy la cargó en sus brazos y la acercó a su madre. Ese momento fue emocionante, tanto la niña como la mujer lloraron de alegría. Julia y Yuriy sólo miraban la escena con la satisfacción de haber hecho algo bueno.

-Gracias. De verdad, les agradezco haberme ayudado y sobre todo, por traer a mi hija hasta aquí.

-No es nada. Sólo quisimos ayudar a alguien que lo necesitaba. Usted estaba en aprietos en ese momento, igual que Olena en el cine –contesta el pelirrojo.

La pequeña Olena observa a los tres con una gran sonrisa en su rostro -Mamá, ellos son Julia y Yuriy, y me cuidaron hasta que te encontramos.

-Sólo hicimos lo correcto –asiente Julia.

Los ojos color celeste de la mujer brillaban de felicidad -Bien. Yuriy, Julia, yo soy Svetlana Semiónova, y les agradezco su ayuda.

Después de los diálogos y agradecimientos, Julia decide detener un taxi para ir al hospital más cercano, y así curar las heridas de la señora Semiónova.

Ya en el lugar, la madre de Olena fue atendida por un médico y un par de enfermeras, los que constataron el estado de la mujer. Afortunadamente, Svetlana, no tenía heridas ni fracturas de gravedad, sólo tenía contusiones en sus piernas y abdomen, por los golpes que había recibido por parte de su pareja. Las heridas que sangraban en sus rodillas fueron curadas.

Ya, después de terminada la visita y la constatación de lesiones de Svetlana, ella decidió invitar a Yuriy y Julia a su casa en agradecimiento por haberla ayudado y sobre, todo por cuidar de su hija. Por nada del mundo debían irse, no les aceptó un "No" como respuesta. El pelirrojo y la extranjera no tuvieron más opción que aceptar la invitación.

El camino a casa era agradable, en especial para Olena que esta vez dejó sus entretenidas conversaciones con Julia para compartir con Yuriy. El pelirrojo, que sólo compartía con niños cuando los entrenaba en el deporte del beyblade, se sentía alegre. Su actuar, no era que con los otros niños no le gustara compartir, sino que con ellos tenía una relación de maestro-alumno y sólo se dedicaba al beyblade con ellos. La situación con Olena era distinta: ella era una niña indefensa, que sufría por el maltrato de su padrastro. Una situación que para él le era familiar. Sentía que esa niña necesitaba protección, como la de un padre que daría la vida por su hijo. Esa era la idea que él tenía para el día en que se convirtiera en padre. –Como me gustaría tener mi propio hijo para compartir con él cada instante, cada risa y en especial, para cuidarlo y protegerlo.

Ya habían llegado a su destino. A las orillas del río de Vorónezh, se encontraba la casa de Olena. De aspecto acogedor y con colores vivos en su fachada y lo mejor, era la cercanía que tenía con el río.

Ya en la casa, Svetlana le indicó a Julia y a Yuriy que dejaran sus cosas en un rincón de la sala. Olena, caminando con un poco de dificultad por la lesión en su tobillo se dirigió a su habitación. Lo malo es que quedó mirando las escaleras, como buscando la forma de como subir, ya que aún tenía aquella molestia en su tobillo. En eso, llegó Yuriy y la cargó en sus brazos.

-¡A dónde quieres ir? –le pregunta el pelirrojo beyluchador.

-¡A MI HABITACIÓN! Yo te digo en donde está.

-Entonces, vamos.

Yuriy llevó a la niña con agrado en sus abrazos. Siguió todas las indicaciones que la pequeña le dio. Llegaron hasta la puerta de su habitación. Cuando el pelirrojo la abrió se encontró con un cuarto con una decoración acorde a su edad. Colores rosa y lila predominaban en el espacio, con muchos peluches de oso a su alrededor, todos de diferentes colores y lo más llamativo: unas matrioskas sobre una repisa. Eran muchas, prácticamente una colección.

-Yuriy, ¿puedes dejarme sobre la cama?

-Bueno, si eso es lo que quieres, no hay problema –contesta Yuriy mientras la deja sobre su cama.

Después de eso Yuriy bajó al primer piso. Julia y Svetlana, tenían casi listo el almuerzo. Julia aprovechó de aprender algo de cocina rusa, después de todo, la comida rusa no era tan mala como pensaba.

Era el momento de sentarse y almorzar. -¿Quiere que vaya a buscar a Olena para el almuerzo? –le pregunta Yuriy a Semióniova?

-No hace falta. Si te dijo que la dejaras en su cama, eso significa que ella quiere dormir y además, necesita de su habitación, no ha dormido en ella hace dos días.

Los tres ya estaban saboreando la comida. La madre de Olena sí que sabía cocinar bien y eso, a Yuriy, le traía recuerdos de la suya. El tema de conversación del almuerzo fue la situación vivida en el cine y parte de la vida que Svetlana llevaba con su hija. Svetlana contó que en el momento del ataque terrorista en el cine, se resbaló entre la multitud que escapaba del lugar. Apenas salió de ese lugar corrió en dirección a la plaza central de Volgogrado a buscar a su hija, porque pensó que ella había llegado hasta ahí con el resto de personas. Es ahí en donde Julia interviene y le relata la manera en que rescataron a Olena de las manos de un sujeto que tenía planeado matarla de un disparo en la cabeza. Yuriy dice que ese fue su momento de intervención, y que aquel hombre fue herido por él en uno de sus ojos.

–Me imagino que el sujeto que tenía a Olena debe haber muerto. Señora, la bomba explotó después que nosotros escapamos con Olena.

-Gracias a ustedes mi hija está a salvo. Pueden quedarse aquí todo lo que quieran.

-No se preocupe, nosotros tenemos que partir hoy. –responde Julia.

-Quédense, por favor, aunque sea un día.

Al ver la insistencia de la mujer, Yuriy y Julia decidieron quedarse.

En eso, Svetlana siguió relatando parte de sus vivencias, como la vida que llevaba con su pareja. En un principio, él era un hombre de bien. Lo conoció cuando era un oficial de la marina rusa, que había ingresado a la fuerza naval cuando la URSS se desintegró en 1990. Ese fue el primer amor de Svetlana, pero se vio interrumpido por las constantes misiones navales que hacía Vladimir Petrov. Hubo un momento en que él se ausentó por cinco años. Ella se resignó a ese amor, porque pensó que jamás volvería y es en ese lapso de tiempo, cuando conoce al padre de Olena: Dimitri Lébedev. Lébedev era un joven traductor de idiomas extranjeros, el cual Svetlana lo conoció cuando tomaba cursos de inglés, mientras él lo hacía para perfeccionar más sus conocimientos, en tanto, Svetlana iba para aprender el idioma. Los dos se hicieron cercanos, pasaban la mayor parte del tiempo juntos, y es así como se van enamorando. Al terminar sus clases de inglés formalizaron su relación, y un par de meses después contrajeron matrimonio. La pareja disfrutó cada momento de sus vidas. Viajaron y conocieron muchos lugares durante un año.

-Se ve que tuvieron una vida feliz –dice Julia. - ¿Qué sucedió después? ¿Y Olena? –pregunta Yuriy.

-Después de nuestro último viaje en Oslo, cuando regresamos a casa me enteré que tenía ocho semanas de embarazo. Sí, entre viaje y viaje, hicimos a Olena. Llegó el día, o más bien, la noche de su nacimiento justo en el momento más frío del invierno ruso. A pesar de las circunstancias climáticas logramos llegar a un hospital para terminar el trabajo de parto. Desde ahí todo siguió su curso normal de felicidad, hasta que un día Vladimir me encuentra de casualidad en una tienda de flores. Había vuelto y las flores que compraba eran para mí. Le tuve que contar la verdad de mi matrimonio y que ya tenía una hija. Él no se fue contento con mi respuesta. Al mes después, Dimitri falleció en un accidente. Desde ese momento, Vladimir empezó a cortejarme. Al principio lo ignoré, pero al año decidí darle una oportunidad para reencontrarnos de nuevo. Lo malo, es que se puso obsesivo, porque en casa todavía quedaban recuerdos de mi ex marido de los que yo no me quería deshacer, en especial por Olena, para que de alguna forma tuviera cerca a su padre. Vladimir siguió con sus celos enfermizos y todo se convirtió en maltrato, tanto físico como psicológico. Ustedes mismos lo vieron hace poco. Ahora, que él fue detenido pienso mudarme con mi hija a Oslo y vivir ahí tranquilamente.

Julia se quedó triste con todo lo que relató Svetlana -Vaya, es una historia con altos y bajos.

-Es una situación parecida a la mía. Mi padre se transformó por completo cuando perdió su rango de soldado. En definitiva, él se hundió junto con la URSS. Mi madre se fue de casa y yo escapé de mi padre. Hasta el día de hoy no los he vuelto a ver –comenta Yuriy después de dar un suspiro.

Entre tanta conversación de horas y horas, había llegado el atardecer, y, además, Olena había despertado, así que Yuriy fue a buscarla. La niña risueña e inquita propuso salir afuera, a la orilla del río. A ella le gustaba pasar las tardes allí, especialmente jugando.

Olena era una niña insistente en sus peticiones y logró convencer a Yuriy y Julia que la acompañaran. Cuando iban saliendo, Svetlana les lanzó una indirecta: -Acostúmbrense, así es la vida cuando se tienen hijos. Algún día lo sabrán.

Yuriy y Julia quedaron mirando sorprendidos a la mujer –Esa es una situación normal, pero ahora no es prioridad. –pensaba Julia. –Algún día, puede ser… Se necesita a alguien apropiada –pensaba Yuriy que miraba a Julia de reojo.

Salieron los tres a jugar. Como Julia le había prometido a la niña que le mostraría todo lo que sabía hacer con su beyblade, pues ese fue el momento preciso para hacerlo. La española le mostró todas las maniobras y acrobacias que sabía con su blade.

Olena quedó fascinada con las maniobras que Julia hacía con Thunder Pegasus. Lo del beyblade le estaba empezando a gustar, ya pensaba practicar ese deporte algún día. Yuriy sólo las observaba hasta que decidió intervenir. Sacó a Wolborg y enfrentó a Julia, y obviamente ella le respondió su desafío.

Los dos le mostraron el desarrollo de una beybatalla a Olena. Un enfrentamiento amistoso, de exhibición.

-¡QUE FANTÁSTICO! –exclama Olena.

-Sólo observa, Olena. Thunder Pegasus, demuestra lo que saber hacer.

-Ah, ¿sí? Wolborg, ¡es hora de enfriar el ambiente!

Aun así, con el ambiente congelado Thunder Pegasus logró liberarse y Julia aprovechó al segundo de desprotección de Yuriy.

La batalla terminó y Yuriy resulta derrotado. Él sólo se ríe de la situación -¡Vaya!, has mejorado bastante.

-¿Qué esperabas? Siempre quise mejorar, en especial después de esa derrota en el torneo.

Entre risas y buen ánimo, volvieron a la casa. Ya había oscurecido y la hora de la cena se acercaba. En agradecimiento por la hospitalidad, Julia pide la cocina a Svetlana para preparar la cena. Decide preparar la paella que se saborea en la Península Ibérica. En una hora tuvo todo listo. La extranjera se lució con sus dotes culinarios, que eran totalmente desconocidos.

Esa cena sorprendió por completo a Yuriy. La paella tenía buen sabor, buen aroma. –Vaya, eres sorprendente en la cocina. Felicitaciones por eso.

-Gracias, que bueno que te haya gustado.

-Me tienes que dar la receta, ¿eh? –comenta Svetlana.

-Claro, no hay problema.

Terminaron la cena, levantaron las cosas de la mesa para lavarlas. Finalmente, dejaron todo ordenado en la cocina y bueno, ya había llegado la hora de dormir. Un descanso era necesario para los cuatro.

Había un pequeño problema: ¿Dónde iban a dormir? Svetlana y su hija tenían sus respectivas habitaciones. Cabe decir, que la casa de Olena sólo tenía tres habitaciones.

Svetlana, creyendo que Yuriy y Julia tenían una relación o algo por el estilo, les asignó la única habitación desocupada de la casa para dormir. Ambos miraron sorprendidos y buscaban la forma de explicar la situación –Es que nosotros… Nos conocemos hace poco –No hay problema, yo puedo dormir en el sofá.

Ambos no sabían cómo explicar que se habían conocido hace años y que ahora, por una simple coincidencia, se reencontraron.

-No sean tímidos, sólo vayan a dormir, que aquí nadie les dirá nada. Svetlana impulsa a ambos a irse a la habitación. A los muchachos no les quedó otra que ir. Se despidieron en el pasillo, deseándose buenas noches.

El ruso y la española entraron en la habitación. Lo primero que hizo el pelirrojo fue cerrar la puerta.

-Bueno, tendremos que pasar la noche juntos –expresa Yuriy de manera calmada. El pelirrojo dejó su equipaje en un rincón de la habitación, Julia, por su parte, hizo lo mismo.

-Julia… Eh… Si te sientes incómoda con mi presencia, yo, puedo dormir sentado en algún rincón.

Al escuchar eso la extranjera no emitió ninguna palabra. Estuvo así por unos minutos. Ella sólo seguía concentrada ordenando sus cosas.

-Si te molesta de ver… -Julia interrumpe a Yuriy –No te vayas de aquí, tú no me molestas –le dice decidida y mirándolo a los ojos.

Yuriy estaba cerca de la puerta. La española camina hacia él y lo mira fijamente.

-Tú tienes algo pendiente conmigo. Algo de esa última beybatalla del torneo para mí. En el pasillo de ese estadio… -Julia se acerca al ruso y lo empuja contra la pared, atrapándolo de la misma forma que él lo hizo el día de aquella final en Japón.

El pelirrojo queda sorprendido y sonrojado por tener a esa mujer tan cerca de él. El ruso pensaba que la extranjera había detestado su gesto. Su idea esa vez era besarla, pero ese momento fue interrumpido. Ahora, después de trece años, ocurría lo contrario. Una mujer desataba un alboroto en su interior. Su corazón se aceleraba, sus manos sudaban y se dirigían a la cintura de Julia, la que también sentía esa revolución en su interior.

Julia acercó las manos al pecho del ruso. Pudo sentir su corazón que latía rápidamente, y además sintió lo tenso que estaba el cuerpo de aquel hombre. Ella, con su cabeza gacha, que rosaba justo en el mentón del pelirrojo comenzó a abrir su camisa. Yuriy se puso más tenso con este actuar.

La luz de la habitación, que estaba encendida, de un momento a otro se apagó. Al parecer hubo un corte de energía en la ciudad. A través de la ventana, sólo entraba la luz de la luna, que iluminaba cada rincón de la habitación. Además, aquella luz, irradiaba alrededor de la pareja que llegaba al punto de deseo más alto. Estaban a punto de romper la tensión del ambiente y la de sus cuerpos. Esta vez, después de trece años, parece que todo se iba a desatar como debía ser. Se habían guardado por mucho tiempo, sobre todo una de las partes, que era reacia a expresar ese tipo de sentimientos. Julia había guardado ese momento en su corazón y memoria, después de todo, cuando estuvo en ese campeonato sintió una atracción hacía el ruso pelirrojo, la que decidió guardar en secreto hasta ese momento.

CONTINUARÁ.


Próximo capítulo: 2 de Diciembre de 2015.