Respuestas a Reviews: (Todos incluídos)

Reneesme3: Mi Gaby, ahora que sé que eras tú todo éste tiempo, con mayor razón te responderé. :') Un abrazo enorme.

Our Requiem: Creo que sin duda, la madre de Lucy será una verdadera sorpresa, que se revelará en unos tres capítulos más. Abrazos Cezi.

Crematlv19: Tuve un gran bloqueo, y de verdad gran. Estoy intentando recompensarlos por aquella falta. Espero que con éste capítulo quedes más contenta. Un abrazo.

Guest: Sin duda es bellísima. Es la hija de Emmett McCarty hahah.

Mercyredhair: Hahhhah ¡Qué coincidencias! Yo he tomado el nombre de la película "50 first dates." El personaje de Lucy es –aunque mayor- muy adorable, y es así como nuestra pequeña es. Saludos y espero que publiques tu historia. :D

Natycullenhale: Saludos. :D

Alejandra1987: Gracias por los consejos y buenas vibras. :D Ya ha pasado, espero, y he de recompensarlos. Y en cuanto a la personalidad de Emmett, no podía ser más ni menos. Debía tener su toque. :P Saludos.

Nelita Cullen Hale: Ya hay muchas travesuras planeadas para los capítulos venideros. :D

Paty4Hale: Me alegro mucho que te haya gustado la historia. Gracias por leerme y dejar un review en cada capítulo. :D

YaraBlackClearwater: Y yo me aventuro a decir que… Los sorprenderé.

Mumy Ainsworth Withlock: Me sobre halagas. Nunca se me ha ocurrido mandar algún texto mío de forma profesional, creo que sólo soy una fan que escribe para fans, sin el talento que se requiere para un buen libro. De todas maneras, muchas gracias por tu comentario.

Y ahora, el capítulo…

NO AUTORIZO LA COPIA DE ÉSTE FIC. CUALQUIER DUPLICADO DE LA NOVELA ES UN PLAGIO.

Historia desde el punto de vista de Rosalie.

Maquillaje, algo de sombra y un labial, nada empalagoso ni elegante, intentando lucir natural. Ropa casual, un pantalón holgado, pero con una camisa ceñida, logrando con éxito mantener mi estilo pero adecuándome a la sencillez de Emmett. Y finalmente, la cita.

Me había pasado la noche pensando en un lugar en dónde ambos estuviésemos contentos, sin embargo con lo poco que le conocía, pocas ideas se me venían a la cabeza, pero al menos descarté los extremos como un restaurant elegante, y una pizzería. No, debía ser algo neutro, algo que ambos pudiésemos disfrutar…Y la idea llegó, con un sabio consejo.

El cine pareció una excelente referencia de Alice, quien no paraba de predecir que ésta noche sería fantástica, y yo, con toda disponibilidad y entusiasmo, me aferré a esa idea. Nada podría salir mal… Nada.

Emmett pasaría por mí a las ocho de la noche, e iríamos a ver una película de acción, nada que incluyese sangre sin sentido, y con cierto humor integrado. Era una buena combinación, casi como nosotros. Me preguntaba si él iría a pagar las palomitas o tendría que hacerlo yo, y si las entradas las costearía cada uno; pero Emmett no parecía ser de aquellos, más bien uno de los que invita. Aun así llevé dinero en mi bolso, un labial para retocarme y con todo ello me dediqué a esperarle, algo nerviosa, en el sillón más cercano a la entrada.

Y fue entonces que Emmett llegó a las puertas de mi casa con una sonrisa que imploraba perdones, un ramo de flores en una mano, y la pequeña Lucy en la otra.

Comprendí qué significaba ello, y cómo serían las cosas de ahora en adelante: Emmett y Lucy eran un complemento, y si aceptaba a uno, debía aceptar al otro, una difícil decisión para una mujer soltera, sin hijos, sin ningún compromiso al que atarse. No tuve más remedio que resolver éste problema de una vez por todas, y acarrear todas sus consecuencias con ello.

—Adelante chicos. Siéntanse como en casa —me hice a un lado, dándoles la bienvenida a mi hogar, y a mi vida.

Emmett hizo entrar a su hija primero, quien dio unos tímidos pasos, observando todo a su alrededor. Lucy traía un jean que la hacían ver coqueta dentro de su inocencia, combinada con una polera color rosa, y consigo, se aferraba a un oso de felpa. Continuaba mirando alrededor, cuando su padre le hizo prestar atención.

—Lucy, ella es Rosalie —se agachó junto a ella y la pequeña tomó el peluche con más fuerza—. Dile hola.

—Hola Rosalie —la ternura y suavidad de su voz llenó cada rincón del salón.

—Hola Lucy —respondí, al tiempo que me agachaba, dedicándole una amplia sonrisa—. Qué lindo oso traes.

—Me lo ha regalado Santa —su timidez parecía desaparecer con cada palabra—. Se llama Tarzán.

—¿Tarzán, eh?

—Sí. De mi película favorita —recalcó.

—Mira que coincidencia —le fingí gran asombro—. Da la casualidad que la tengo entre mis películas —le mencioné. No era tan cierto, más bien podía conseguirla en internet, un par de conexiones al televisor y tendríamos al hombre que vivía entre monos mostrando sus hazañas en el televisor.

—¿En serio? —sus ojos se abrieron como plato, y sonrió tan ampliamente que dejó entre ver los pequeños dientecitos de leche que faltaban.

—¿Ves ese sillón de allá? Pues ve y acomódate, que yo te pondré Tarzán —le prometí.

Lucy, como quien viviese acá, corrió alegre por el pasillo hasta la sala de estar y saltó al sillón señalado, con su peluche en brazos. Emmett y yo la miramos hasta que su tacto me hizo volver el rostro y casi chocar con las rosas rojas que estaban frente a mí. Las bajó enseguida, mostrando su mejor sonrisa.

—Son hermosas —tomé el ramo y me permití olerlas un segundo. Inmediatamente el mal recuerdo de Royce me invadió, ya que las rosas eran su sello personal, pero al ver quien era mi pretendiente detrás del ramo, los sentimientos se alejaron tan rápido como llegaron.

—Pero no suficientes para disculparme —Emmett borró aquella sonrisa, reemplazándola por una cara apenada.

—Hey, no pasa nada. En serio. Seguro nos vamos a divertir —lo calmé, colocando una mano en su antebrazo.

No había notado que en el brazo dónde traía las flores, una bolsa colgaba, y cuando me la pasó, nos dirigimos inmediatamente a la cocina. Palomitas para hacer en casa. Si no pudimos ir al cine, que el cine venga a nosotros, ¿no? Y con todas las instrucciones del microondas, lo dejé solo mientras yo iba a ver lo de la película en mi computador. Busqué en las páginas más concurridas hasta que encontré Tarzán, y ya era sólo cuestión de hacer las conexiones.

—¿Eres amiga de mi papá? —Lucy me preguntó cuando llegué al salón, con el computador en mano.

—Así es. Hace pocos días que lo conocí —admití.

—Me gusta tu nombre. Es bonito —me halagó y yo sonreí con sinceridad.

—El tuyo si es una preciosidad. Tienes nombre de princesa —los cables estaban listos y en la televisión apareció el menú de la película.

—Pero yo no quiero ser una princesa. Yo quiero ser como Jane, y algún día casarme con el hombre mono —dijo muy segura de sí misma. Yo me largué a reír, víctima de su ternura y singularidad.

Ambas nos resaltamos de golpe cuando un sonido explosivo provino de la cocina, seguido de algo de humo. Lucy se tapó los oídos, escondiéndose en el sillón, y yo al levantarme le dije que se quedara en su lugar, poniendo mis dos manos levantadas en el aire, por si no me escuchaba. Corrí a la cocina, encontrándome con el olor a dulzor quemado, un humo que se desvanecía, y Emmett con el pelo y la ropa lleno de palomitas de maíz tostadas. Al menos mi microondas se veía bien.

La alarma contra incendios comenzó a sonar en el instante que el humo tocó el aparato, y yo corrí a traer un asiento para encaramarme a apagarlo.

No pude hacer más que reírme cuando bajé, y Emmett intentaba sacarse el maíz reventado de todas partes, ya que al parecer, había abierto la tapa del microondas un segundo antes de que la bolsa reventara, y aquello habría provocado todo el alboroto.

Lucy llegó asustada a la cocina, cuidando cada paso que daba. Miró a su padre y corrió a sus brazos. Él le hizo ver que todo estaba bien, y que sólo tendrían que comer uno de los dos paquetes de maíz que había traído, y que "tía Rosalie" lo iba a preparar, por el bien de la humanidad. Fue ahí cuando me dedicó una mirada, nuevamente disculpándose. Yo simplemente me reí.

Era un rato agradable. Extraño, sí, pero bastante llevadero, pues, Lucy parecía haber perdido de a poco sus energías y el sillón fue su cama en unos pocos minutos. La película no había acabado aún, y para mi propia sorpresa, me entretuve viendo aquella película animada, comiendo palomitas y bebiendo mi soda; sin embargo la verdadera sorpresa llegó cuando la pequeña Lucy no sólo se comenzó a mover entre nosotros, sino que se deslizó hasta mis piernas y apoyó la cabeza para continuar durmiendo. Mis manos se quedaron en el aire, sin saber qué hacer con eso, esperando a que Emmett me ayudase con la niña, pero al voltear mi cabeza hacia él, noté que nada podría hacer, si también dormía plácidamente como su hija. Ahora sí que estaba en una situación incómoda.

—Emmett —susurré al hombre que dormía en mi sillón— Emmett—. Pero me detuve cuando mis susurros comenzaron a despertar a Lucy, y se acurrucaba aún más en mis piernas. Rogué porque no se despertara.

¿Y ahora qué hago? Me pregunté. Podría quedarme allí con ellos, dormir dentro de lo que aquel pequeño sillón nos permitía, pero las noches se helaban pasando las horas, y la hija de Emmett se enfermaría, cosa que no me iba a perdonar. No. Debía haber otra forma… Cualquiera menos sacarlos de mi casa a esas horas. No podría.

Pensé por unos minutos más hasta que alguna idea comenzó a cruzarse por mi mente, y la llevé a cabo en el instante: Aprovechando que Lucy se había acurrucado en mis piernas, podía tomarla con facilidad sin despertar a su padre. Y así fue. Ella apenas se movió cuando me levanté, y entonces sus brazos rodearon mi cuello, acunándose en el hueco de mi cuello. Pesaba, por supuesto. Tenía 7 años y yo siempre fui delgada pero de brazos firmes. Su cabello olía a fresas y la respiración era acompasada, y no pareciera que hace un par de horas era todo un torbellino, si no que era el vivo retrato de un ángel. Comprendía por qué Emmett arriesgaría perder una cita por ésta niña.

Caminé hasta mi habitación sin prender ninguna luz; me sabía el camino de memoria, por supuesto. Al llegar al tope de la cama, aferré a la pequeña con un solo brazo mientras que el otro lo usaba para abrir las sábanas y frazadas. La deposité con sumo cuidado, pero su amarre era fuerte y sus brazos seguían apegados a mi cuello. Con mis manos y agilidad, logré zafarla, y Lucy se enroló en su cuerpo y continuó el sueño profundo como si nada. La tapé hasta los hombros y dudé si besar o no su frente, por instinto. Decidí no hacerlo, pues sentía que Lucy se estaba calando dentro de mí con rapidez y aquello me asustaba.

Tomé una frazada que estaba doblada a los pies de mi cama y me devolví a la sala de estar, encontrándome a Emmett tal y como lo había dejado: En los brazos de Morfeo. No podía decir que roncaba, pero sí su respiración era bastante ruidosa, y por un segundo me permití pensar en cómo serían mis noches a su lado, y si podría dormir con aquel sonido… Descarté esa idea y dejé de precipitarme a los hechos.

Lo tapé con cuidado, apagué el televisor y tomé rumbo a mi habitación donde Lucy dormía, no sin antes pasar a buscar a Tarzán, su peluche, acunándolo junto a la niña. Agarré otra frazada y me acosté al otro lado de la cama, exhausta, confundida sobre cómo anoche dormía en una casa sola y hoy, tenía a Emmett en mi sillón, y a su hija durmiendo en mi cuarto; me dormí meditando en cuan loco tenían mi mundo y cuánto estaba disfrutando de ello.

Emmett's POV.

La calidez del sol matutino me llegó en el rostro, interrumpiendo cual sea el sueño que estaba teniendo; ni lo recuerdo bien gracias al insoportable dolor de espalda y cuello que se hizo presente cuando me moví.

Maldición. Fue mi primer pensamiento, a la vez que hacía tronar los huesos de mi cuerpo, sintiendo un ligero alivio inmediato, el cual se esfumó cuando mi desorientación se presentó: ¿Dónde estaba Lucy? ¿Dónde estaba Rosalie? Me levanté, ignorando mi somnolencia y dolor, intentando recordar qué había pasado anoche antes de quedarme dormido. Las imágenes comenzaron a venir a mi cabeza y visualicé a Lucy durmiendo, y Rosalie muy entretenida en la película… Entonces yo… Yo…

Claro, me quedé dormido. ¡Maldito cuerpo traicionero! ¡He quedado con un tarado!

Aun así, el recordar que el sueño se había apoderado de mí, no aclaraba el paradero de mi hija.

El pánico me recorrió el cuerpo mientras corría en los pasillos de aquella casa, y entré en cada habitación al paso, llegando a la última que tenía la puerta entre abierta. Me detuve ante ella y apoyé los dedos sobre la madera, empujándola con suavidad, encontrándome con el alivio a mi temor. Mi pequeña hija dormía acunada en los brazos de Rosalie, ambas con el rostro tranquilo, la calidez irradiándolas, rodeadas por almohadas que en cualquier momento liberarían sus plumas para así convertirlas en los ángeles que eran. No quería apostar a nada en estos instantes, no quería poner mis esperanzas en aquel momento, pero ¿quién podría negarse a tales pensamientos? Rosalie podría ser quien yo buscaba. Quien Lucy necesitaba.

Y me pasé la mañana viéndolas dormir, hasta que mi primera adoración abrió los ojos y gritó "Papá", despertando también a mi segundo ángel, quien había venido al rescate de un padre soltero, que trabajaba demasiado para poder darle todo a su hija, que había pospuesto todo tipo de amor que no fuese el de un padre, y que hoy sólo pedía un poco de felicidad extra.

Eso esperaba de mi ángel.

N/A: Como han visto, cambié la modalidad de las respuestas a reviews, y todos serán respondidos en el principio de cada capítulo. Espero hayan disfrutado del pequeño Emmett's POV. Fue algo necesario para éste capítulo.

No olviden entrar en mi perfil de fanfiction y así direccionarse a mi cuenta de Facebook, donde subiré fotos de la novela. Ya hay "stills" de los personajes principales.

Gracias por leer.