Hola! que tal? Pues yo aqui solita, subiendo el nuevo cap, xDD Pues le dire que lo acabo de culminar. Y aqui se vera el nuevo triangulo amoroso que sera el drama de esta historia, jejeje. Para todas aquellas que preguntaban... desde el primer dia que subi esta historia, estaba colocada en el summary cual seria la segunda pareja... vayan chicas, si quieren saber antes de leer, volteen hacia el summary, es el tercero de la lista, xDD o mejor aun, por que no van a mi perfil y ven algunos de mis fic, o los parings, xDDD
Bien, ya que han leido y buscado cual sera el paring, les advierto, esto es un ULQUIHIME con influencias de esa segunda pareja. Ambas parejas son sumamente importantes aqui, pero recuerden es un ULQUIHIME, xD
Les agradezco a todos los que me han enviado review y han colocado esta historia en sus favs. Me hacen sentir muy feliz! Chicas, las que deseaban saber que fue lo que paso con Matsumoto, este cap les explicara. Su vida fue bastante fuerte, pero no cuento mas.
DISCLAIMER: Hoy no tengo ganas de jorobar con los pj de Bleach, asi que solo dire: Bleach no me pertenece ... bla bla bla pertenece a Tite *Aizen* Kubo y a los bla bla bla de la Pierrot. La historia es mia, xDDDDDD
Que lo disfruten^^
CAP IV:
Una mujer de cabello rubio caminaba por los pasillos del okiya, sujetando una botella de sake y un vaso de cristal trasparente. Las jóvenes que caminaban por el pasillo le cedían el camino. Todas sabían que cuando Matsumoto Rangiku caminaba con una botella de sake y un vaso de cristal en las manos, debían cederle el camino y no decir ni una sola palabra. La rubia no se digno en observar a nadie, sino que con mucha calma y seriedad se encamino a su habitación. El cuarto más grande lo tenía Matsumoto, por el simple hecho de ser la mejor geisha y ser la que más tiempo llevaba, además de ser la líder. Las paredes de madera tallada tenían finos dibujos de plantas, las que causaban paz al observarlas. El vestidor color caoba estaba en el lado derecho de la habitación repleto de hermosos kimonos y joyas, regalos de sus clientes, mientras que al final, cerca de la ventana, estaba su cómoda cama.
La rubia suspiro. Ella no se consideraba a si misma alcohólica, o al menos eso ella se decía a sí misma. Sin duda alguna tenía problemas con el alcohol, pero la mujer jamás lo aceptaba. Matsumoto ahogaba todo su dolor y todas sus penas en el alcohol y lograba conseguirlo por algunas horas. Había veces donde solo tomaba solo una copa, a la salud del futuro. En otras solo tomaba tres copas, para tratar de vivir en el presente, y en días como hoy, tomaba la botella entera para enterrar y maldecir su pasado. Pero entre todos los días del año, este era el peor, pero al mismo tiempo el mas especial.
Rangiku había nacido en una provincia de Kyoto, en una familia sumamente pobre, su madre había fallecido cuando ella nació. La menor de cinco hermanos, de los que solo 2 sobrevivieron a la adultez, incluyéndola. Sobrevivió ella junto a su adorada hermana, la que tuvo suerte en casarse con un joven y adinerado abogado, que la saco de la pobreza, y la convirtió en todo una dama, aunque luego murió en un accidente. Rangiku no contaba con la misma suerte de su hermana, ella solo tenía unos doce años cuando su hermana se caso. Un romance de cuentos de hadas. Matsumoto amaba a su hermana, y sabía que su destino le tendría algo muy especial para ella. Desde pequeña observaba a las geishas, con sus majestuosos kimonos, deslizarse por las calles de Kyoto, junto a los hombres adinerados. Ellas no eran prostitutas, ellas eran geishas, y ella deseaba ser una. En su mente, su vida estaba planeada. Ella sería una geisha, y encontraría un hombre bueno, como el de su hermana, y se casaría y juntos formarían una familia. Porque ella sabía que su vida iba a cambiar, por que el destino tenía planes especiales. Pero oh, sorpresa, lo que piensas y deseas cuando eres niño, es muy poco probable que ocurra en tu adultez. Y Matsumoto es testigo de ello.
Rangiku tenía 13 años cuando su padre falleció, y debido a que su hermana ya no vivía con ella, la joven se quedo sola. Matsumoto no le temía a la soledad, nunca le había temido, porque su familia no era muy unida, salvo a ella y su hermana, por lo que estaba acostumbrada a estar a solas. Pero cuando eres solo una joven de 13 años y hermosa, las cosas se complican. Su padre debía demasiadas cuentas. Era un alcohólico problemático, que debía el sake que consumía, además de la comida, la ropa y su hogar. Matsumoto no tenía ni idea de donde estaba su hermana, para así poder contactarla y solicitar su ayuda. Como si fuera un juguete, Rangiku fue vendido al burdel más barato y asqueroso de todos. Las habitaciones estaban llenas de cucarachas, y apenas habían cortinas para ocultar a las parejas teniendo relaciones sexuales. Allí fue maltratada por las prostitutas a cargo del lugar. Solo era una niña en una cueva repleta de fieras. Ella odiaba ese lugar, lo detestaba con todo su alma y ser. Matsumoto huyo de allí en cuanto tuvo oportunidad, corriendo por las calles de Kyoto sin un yen en sus bolsillos y sin otra ropa o pertenencias de las que tenía puestas. Un simple kimono color kaki.
Durmió en la calle, comió sobras y se baño con el agua de la lluvia. Por culpa del destino, Rangiku tuvo que dejar de ser una niña para volverse una mujer. Para poder calmar su hambre, Rangiku tuvo que hacer lo que había rechazado hacer en el burdel, prostituir su cuerpo. Lloraba y gritaba, porque esos hombres no eran buenos, no la trataban ni siquiera con respeto. Era sodomizada, golpeada y violada, para luego recoger del suelo, lleno de lodo, los yenes que los hombres le arrojaban. Se decía a si misma que no deseaba tener una pareja para hacer esos actos tan bajos. ¿Eso era el sexo? ¿Dolor, sufrimiento, humillación? Ella se tenía asco y se decía a si misma que era solo una puta. Jamás podría llegar a ser una geisha, ellas eran limpias, elegantes y finas… ella era solo una cucaracha mas en las calles de Kyoto.
Una noche fue casi asesinada por unos jóvenes, quienes luego de gritarle que era una puta, le lanzaron piedras en todo su cuerpo. Llena de golpes, deambulo por las calles, donde las mujeres la observaban con asco. Su cabello rubio estaba hecho un desastre, su cuerpo, con una envidiable figura, esta magullado, y su autoestima estaba en los suelos. Así fue como teniendo solo 14 años, decidió suicidarse, lanzándose al rio. Antes de poder lanzarse, observo los autos maravillada. Provenientes de Norteamérica, jamás había visto uno en su vida hasta el día que decidía asesinarse. Irónico.
Rangiku subió al puente, observando en rio con aguas congeladas. No podía ver si habían piedras o si habían peces, pero dedujo que sí. Iba a ser una muerte rápida, o eso suponía. Se imaginaba que el frio le calaría sus huesos, mientras que los peces devoraban su cuerpo. O existía la posibilidad de morir desnucada, rápido y quizás no tan doloroso. Solo le pedía a Dios que lo hiciera rápido, para poder escapar de todo a su alrededor y morir en paz. No tenía nada por lo que vivir. Cerró sus ojos y se dejo caer. Pero por su maldito destino no callo, porque dos fuertes brazos sujetaron su cintura y la subieron.
'Un niño rico' pensó al ver la apariencia de su salvador. Un chico de tez blanca, cabello gris y una sonrisa de zorro que al comienzo le había causado miedo. Sus ropas y su pulcritud le mostraban a Rangiku que ese chico no había vivido una vida como la de ella. Probablemente consumía alimentos diariamente, tenía una cama caliente donde dormir, y un baño donde asearse. Debía tener un hogar. Lo que ella había perdido años antes, junto a su inocencia y dignidad. Antes se consideraba una mujer, ahora solo se veía a sí misma como una puta.
Rangiku le tuvo miedo al chico, ella desconfiaba de los hombres. Todos eran iguales ante sus ojos, y él no debía ser la excepción, lo más probable era que él solo quisiera un poco de sexo, para luego gritarle puta y dejar los yenes en el suelo. Pero se equivoco, como siempre le sucedía. Gin Ichimaru era un joven rico, hijo de un capitán del ejército nipón, y su madre una joven proveniente de la nobleza china. Por sus venas corría sangre azul, en las de ella, solo sangre sucia y asquerosa. Todo ese odio a si misma se vio empañado por que Gin la había hecho amarse a sí misma, mostrándole que a pesar de todo lo que le había ocurrido, no era su culpa. ¿Cómo un hombre que siempre estaba sonreído y bromeando podía ser tan filosófico? Rangiku jamás lo supo. Solo sabía una sola cosa: Gin no solo le había salvado la vida, sino el alma.
Su sueño era ser una geisha, y Gin la ayudo a serlo. Él tenía las influencias necesarias como para hacer que el okiya brillara como el mejor, o por el contrario, destruir su imagen. Solo debía chasquear los dedos y listo. Matsumoto ya no era una niña, tenía 15 años, y por ley y tradición se debía comenzar desde joven, para formar un carácter. ¿Enserio ella debía formar un carácter? ¿Acaso no lo había formado cuando era niña y había tenido que caer en la prostitución para poder comer? ¿Acaso no lo había formado cuando tuvo que huir de los maltratos de las mujeres del burdel? ¿Acaso no lo había formado durante casi 3 años viviendo en las calles? Bufo ante la idea de tener que formar un carácter. Ella ya lo tenía. No porque siempre estuviera riendo, y bromeando significaba que era una idiota. Ella había aprendido a defenderse en las calles, donde no existía ley. Solo los fuertes sobrevivían, y ella era uno de estos, a pesar de haber querido suicidarse.
En el okiya conoció a Masaki, era una joven aprendiz de geisha. Ni siquiera contaba con un danna, pero era famosa por su espectacular belleza y bondad. Toda una princesa geisha. A Matsumoto no le fue fácil entrenar y buscar su sensualidad, pero tenía a una gran amiga en Masaki, la que le ayudaba con sus tareas y le enseñaba como debía bailar, cantar y comportarse. Pero Masaki jamás llego a concluir su entrenamiento, porque un joven doctor se enamoro perdidamente de ella, igual que ella de él. Masaki renuncio a ser una geisha, su sueño, para casarse con Kurosaki Isshin.
Y Rangiku estaba cerca de dejar de ser una geisha gracias a Gin. Ella comprendió que lo amaba, porque él la había salvado. Ella se entrego a él en cuerpo y alma, y a pesar de haber perdido su virginidad hacia mucho, para Rangiku esa era su primera vez, donde comprendió que amar y ser amada por un hombre no era malo. Se volvió una geisha, y su primer danna había sido Gin, algo que era bastante lógico. Él le obsequiaba hermosos kimonos con distintos estampados, joyas espectaculares y la llevaba a cenas en restaurantes famosos.
Ella tenía 17 años y él 20. Gin deseaba casarse con Matsumoto, pero habia un gran problema. Su familia. ¿Cómo podía casarse con una ex prostituta? ¿Con una pobre diabla que no tenía nada? Al tiempo, Matsumoto se entero de algo, ella esperaba un bebe de Gin. Y al querer informarle se entero de algo que fue sumamente doloroso. Gin ya la había abandonado. Él se había marchado al extranjero, abandonándola a su suerte. Y con un bebe en su vientre. ¿Cómo demonios la abandonaba? ¿Cómo? Después de todo lo que habían pasado juntos, él la dejaba como un perro callejero. ¿Qué haría ahora con su bebe? ¿Cómo podría seguir siendo una geisha?
Al menos era lo suficientemente hermosa como para ganar dinero en el okiya. Ella era la mejor geisha, e iba a ser una locura si su propietario (del okiya) la abandonaba. Por eso Rangiku se retiro durante los meses de gestación a la villa de Urahara Kisuke, el propietario del okiya. Allí dio a luz a su bebe, el que poseía el cabello blanco como su padre, y los ojos de ella. Por primera vez en su vida se sentía completa. Pero como siempre se decía a sí misma, ella no había nacido para ser feliz. Por eso a la mañana siguiente despertó y encontró que su bebe había sido robado. Le habían quitado a su niño, como si ella fuera una perra. Lo peor de todo era que fueron los padres de Gin los que le habían robado a su hijo, para irse nuevamente a China. ¿Qué podía hacer ella en contra de la realeza? Nada… por que ella no era nadie.
Siempre se preguntaba cómo era que no había enloquecido. Su vida había sido una completa mierda. Más lagrimas que yenes. ¿Qué le había hecho ella a Dios para merecer todo eso? Se reprendió a sí misma, por que no debía culpar a Dios, después de todo, las cosas ocurrían por que debían pasar… y nuevamente, como si fuera aquella niña ilusa, en el matrimonio de su hermana, se decía a si misma que el futuro tenía algo bueno para ella, solo debía esperar un poco más. Se decía a si misma que su bebe iba a regresar, por que Gin lo traería a ella.
Regreso a su oficio. Aprendió que podía sonreír, podía filtrear y dejar su dolor para ella misma. El alcohol era bueno ayudándola a olvidar, aunque al día siguiente tuviera una dura resaca. No importaba, después que olvidara por un tiempo, el sacrificio valía la pena. Y cada noche volvía a repetirse "Gin volverá con mi hijo"
Un tiempo después, encontró a una niña, una pequeña que le recordaba a ella misma. Orihime Inoue, la niña con nombre de princesa. Ella no podía permitir que esa linda niña fuera arrebatada de su inocencia, por eso la tomo como su propia hija, y le mostro lo que años antes Gin le había enseñado, amor propio. La enseño a ser una geisha, como su difunta mejor amiga, Masaki, la había enseñado. Ella era su aprendiz, su hija, y todo lo que tenia, hasta que "Gin regrese con mi hijo"
La rubia, que ya se había tomado unos cinco vasos de sake, comenzó a llorar en voz alta. Sentía un gran dolor en su pecho, por que le habían arrebatado algo suyo. Algo de ella y de él… algo por lo que jamás perdonaría a Gin Ichimaru… porque él era el padre, pero ella era la madre, la que lo había cargado durante 9 meses, la que se había cuidado para que su bebe no sufriera riesgos, la que había comprado y hecho a mano ropa… ¡ella era la madre!... por eso, volvía a decirse en estado de embriaguez, no perdonaría a Gin Ichimaru…
… por que había esperado 17 años… y él jamás le devolvió su hijo…
… le habían arrebatado a su bebe…
"¿Estarás bien, Toushiro?"
En solo cuatro días, Orihime había descubierto muchísimas cosas de Ulquiorra. Cuando estaba preocupado, solía quedarse callado, y se encerraba en su despacho. Cuando estaba tramando algo, su mirada era penetrante, y podía jurar que sus ojos se volvían mucho más verdes. Amaba las mentas. Odiaba los dulces. Era buenísimo ocultando sus sentimientos. Era malísimo en las disculpas. Conocía el mundo entero, y sabia cosas que ella desconocía. Pero no conocía nada sobre fe, amor, o todo lo que tuviera que ver con sentimientos. En esos cuatro días comprendió lo que era nihilista, y para ser sincera, ella no creía del todo que él lo fuera. También había descubierto algo, Ulquiorra Sciffer era bipolar. A Orihime le había sido divertido descubrirlo, porque era tan obvio. En momentos Ulquiorra era un hombre jovial, en otros un hombre serio, reservado y amargado. En otros hablaba, mientras que horas después se sumergía en sus pensamientos. En ocasiones, Orihime juraba que cuando la miraba, su mirada se suavizaba. En otros sentía que su mirada podía matarla. Los sirvientes del joven le decían que era complicado tratar con él. Para Orihime eso era falso.
Con solo cuatro días, la chica podía descifrar sus miradas, y como proseguir. Si su mirada era fría, lo trataba con respeto y al margen, para ella ese era Ulquiorra-sama. Si su mirada era cálida, pues lo trataba como un amigo de toda la vida, llamándolo Ulqui-kun. Orihime suspiro, era sencillo para ella, pero comenzaba a pensar que enloquecería.
Las sirvientas la habían ayudado a vestir un hermoso kimono azulado que le había regalado Ulquiorra. Era hermoso, sencillamente hermoso. Sus bordados eran plateados, mientras que los trazos y las flores eran de diversas tonalidades azuladas. Hoy lo luciría por que Ulquiorra la llevaría a una fiesta de los soldados nipones. Por lo general las esposas no asistían a esos eventos, los soldados y capitanes preferían las compañías de las geishas. Ellas eran calladas, hermosas, finas y educadas. Una esposa estaría preguntando a qué hora culminaría, o comenzaría a criticar las ropas de los demás.
Orihime sonrió complacida al ver su imagen ante el espejo. Ella no era una mujer creída, pero debía reconocer que ese kimono le asentaba bastante bien. Definía sus finas curvas, mientras que resaltaba sus despampanantes pechos. Su cabello iba amarrado en un peinado, donde solo un par de mechones se deslizaban por sus hombros. Con suma calma, la chica comenzó a caminar hasta encontrarse con un muy atractivo Ulquiorra, vestido con sus ajuares de Capitán. En su uniforme habían una serie de medallas, y cintas que hacían pensar a Orihime que el callado y sereno hombre, no era tan pacifico como aparentaba. Se pregunto a si misma cuantas misiones había tenido que hacer el chico para conseguir todas esas medallas.
El joven soldado le dedico una leve sonrisa a Orihime. "Bien, está de buen humor, significa que es Ulki-kun" pensó para sí, devolviéndole la sonrisa. Llego hasta su lado, observando como él era ligeramente más alto que ella, quizás por un par de pulgadas.
—No está mal— dijo. Orihime recordó que él no era bueno para mostrar sus sentimientos, por lo que tomo esto como todo un elogio. La chica asintió, y Ulquiorra busco una caja de madera, la que estaba repleta de dibujos y finos trazos. Una obra de arte. Ulquiorra la abrió, y dejo ver su contenido. Una hermosa horquilla, compuesta por flores y lirios de gemas preciosas. Todas delicadamente incrustadas. Los ojos grises de Orihime recorrieron la gema con asombro, hasta que sin darse cuenta, la horquilla no estaba en la caja. Orihime la busco, pero solo hallo frente a ella el pecho del soldado. Sintió como el chico la colocaba en su cabello y luego retrocedía. —Pertenecía a mi madre. Es única. No existe otra igual a ella. Antes de que perteneciera a mi madre, le perteneció a mi abuela. Su esposo-mi abuelo- la encargo a un reconocido joyero de ese tiempo. — la mirada de Orihime estaba fija en Ulquiorra, mientras este hablaba. —No hay mujeres en esta familia. — dijo luego de unos segundos de silencio.
—Ulquiorra… ¿y si llegases a casar…—
—Onna, ¿Por qué siempre tiendes a estar preguntando cosas innecesarias?— pregunto levemente divertido, provocando que Orihime se sonrojara.
—Lo lamento— Ulquiorra coloco los ojos en blanco, levemente irritado. —Arigato, Ulki-kun— le sonrío apenada. Ya había metido la pata dos veces. La primera preguntando algo innecesario. Y la segunda al decir "Lo lamento"
Ulquiorra tomo su mano, y ambos comenzaron a caminar hacia el jardín, donde un auto del año (1939) color negro, los esperaba. El chofer hizo una leve reverencia a ambos, y abrió la puerta. Ulquiorra ayudo a subirse a Orihime, quien por tener un pesado kimono, se le hizo algo difícil. Luego Ulquiorra subió y el auto fue puesto en marcha.
Orihime estaba a punto de gritar. Y debía suponer que sus mejillas debían está sumamente rojas por la vergüenza y emoción. ¡Ella jamás había subido a un auto! Lo asientos de cuero crema eran tan cómodos como la sillas del comedor de la mansión Sciffer. Observaba todo con detenimiento, tratando de absorber todo para así poder soñar con ello en el futuro. Ulquiorra la observaba con curiosidad en su palido rostro. Sus ojos color esmeralda seguían todas las cosas que Orihime observaba, para luego ver como la chica, como una niña pequeña descubriendo algo nuevo, comenzaba a observar el paisaje. Sus ojos grises lucían excitados ante tantas cosas que jamás había pensado poder ver en su vida.
El auto se detuvo, y Orihime pudo ver la enorme mansión donde se estaba llevando a cabo la fiesta. La mansión Aizen era muchísimo más grande que la Sciffer, y de eso Orihime estaba cien por ciento segura. Y eso le asustaba. Orihime no era buena recordando cosas y sabía muy bien que podría perderse en esa mansión. Si se había perdido miles de veces en la mansión Sciffer, ¿Quién le aseguraba que no sucedería lo mismo en esta? Absolutamente nadie. Sus piernas flaquearon torpemente al bajar, teniendo que ser sujetada por su fina cintura por Ulquiorra para así evitar una vergonzosa y muy dolorosa caída. Orihime le sonrio en señal de agradecimiento. Ulquiorra no respondió. "Vale, ahora es Ulquiorra-sama" se dijo a sí misma, obligándose a recordar que debía tratarlo con tanto respeto, como le fuera posible.
En aquella mansión, estaban la mayor parte de los invitados a la primera fiesta donde Orihime había visto a Ulquiorra, salvo a que también habían otros invitados. Mientras caminaba, no solo sentía todas las miradas sobre ella, sino que escucho algo que la dejo con la boca abierta. Kuchiki Rukia, esposa de Ichigo Kurosaki, había huido junto a un teniente. "Kami-sama" pensó. Pero lo peor era que eso había ocurrido hacia un año y ella jamás lo había sabido. Su distracción era su máximo pecado. "Pobre Kurosaki-kun, eso debió dolerle mucho" pensó nuevamente. Ichigo amaba a Rukia, ella lo sabía porque él mismo se lo había dicho.
—Bienvenido, Ulquiorra-san. Veo que has traído a esta hermosísima joven, Inoue Orihime, ¿cierto?— un hombre de cabello castaño y de un gran parecido, vestido con ropas de capitán, cubiertas por medallas, estaba frente a ella. Aizen Sousuke la saludo con una cordial sonrisa. Orihime se la devolvió y asintió con mucho respeto.
—Buenas noches, Aizen-sama— respondió con cierta monotonía, pero muchísimo respeto Ulquiorra. Allí no había ni un solo rastro de los "Ulquiorras" que había conocido. Orihime había descubierto algo nuevo. Ulquiorra era totalmente distinto en su trabajo, lo que le daba a suponer que no era bipolar, sino que trataba de ocultar sus debilidades. Orihime lanzo un suspiro mental, Ulquiorra definitivamente era una persona demasiado difícil de entender. Por estar sumergida en sus pensamientos no supo de qué hablaban él y Aizen, hasta que este último decidió irse y Orihime le dedico una cálida y respetuosa sonrisa. Cuando Aizen se fue, Orihime percibió como Ulquiorra se relajaba.
—Ulquiorra-sama— llamo en un susurro, siguiendo su camino junto a él. El joven se volteo y la escruto con su esmeralda mirada, esperando a que ella hablase. — ¿Por qué estabas tenso junto a Aizen-sama?— pregunto, mordiendo levemente su labio. Ulquiorra cambio su mirada y no respondió. Orihime bajo la cabeza en señal de derrota, habían cosas que Ulquiorra no compartía, pero no entendía. Él le había contado sobre sus lagrimas 'eternas'.
—No es tensión, es respeto. Incluso podría decirse que es mucho más que respeto, onna. Aizen-sama ha sido mi padre, le debo todo, absolutamente todo. Todo lo que soy, todo lo que he logrado tener es gracias a él. — Orihime asintió, comprendiéndolo. Ese comportamiento era como el de un niño que estaba orgulloso de su padre y quería que su padre estuviese orgulloso de él. La chica le sonrío.
Ahora estaban en un uno de los puentes de madera, de los cientos de estanques que tenía esa enorme mansión. La chica observo como las hojas de un árbol de sakura caían sobre el estanque. También podía observar como los peces nadaban por entre los lirios. Dos miradas, una gris y otra verde se encontraron, bajo los rayos de la luna. Los dos rostros se acercaron, hasta quedar lo suficientemente cerca como para sentir las respiración de cada uno. En esa posición, Orihime sentía como su corazón palpitaba con fuerza, como tratando de salir de su pecho. El rostro de Ulquiorra se acerco más, hasta que ambos labios se unieron en un beso. El chico la atrajo hacia ella, colocando sus manos en la cintura de la chica, mientras que las manos de esta jugaban con su cabello. Los dos se separaron por la falta de aire. La chica bajo la mirada, mientras sus mejillas se sonrojaban. Ulquiorra llevo su mano al rostro de Orihime, haciendo que este se elevara, para que sus miradas volvieran a encontrarse.
—Luces hermosa— le dijo. La chica sintió otro palpitar en su pecho. Ulquiorra era tan difícil de comprender, pero para ella no. Sabía que ese hombre que estaba al frente de ella, el que la había besado con ternura, el que le había hecho el amor con dulzura y pasión era el verdadero Ulquiorra, el que nadie más conocía por que él había forjado una máscara de dureza y monotonía. Ella era dichosa de conocerlo, porque nadie más lo había visto reír, divertirse, sonreírle o decirle palabras hermosas y ser dulce con ella. Sus labios volvieron a unirse en un corto beso. Cinco minutos después había sido interrumpido por uno de los soldados de Aizen-sama, que lo buscaba. Ulquiorra se despidió y Orihime le indico que iría a los tocadores.
Camino por minutos, encontró los tocadores, se arreglo y salió. Pero Orihime maldijo su memoria, porque ahora no sabía por dónde regresar. Camino por pasillos, encontrándose con más y más habitaciones. La chica llevo su mano a la cabeza y suspiro. Ella estaba oficialmente perdida.
— ¿Perdida?— una voz masculina le pregunto, tras de ella. Orihime se sobresalto ante la voz, la había asustado. No se esperaba a alguien tras de ella. —Lo lamento, no fue mi intención asustarla— Orihime se dio la vuelta e hizo una reverencia, luego comenzó a escrutar con su mirada al individuo frente a ella. Cabello en picos y semi largo, de un color naranja electrizante. Ojos color café, y de cuerpo atlético, además de ser muy largo. La chica se quedo paralizada. Kurosaki Ichigo estaba frente a ella. — ¿Inoue?—pregunto el chico. Él no parecía estar muy feliz, por alguna extraña razón sus ojos lucían apagados. "Claro idiota, Kuchiki-san lo abandono, es obvio, ¿no?"
—Kurosaki-sama— dijo Orihime, sonriendo. Ichigo frunció el seño, para luego ladear la cabeza.
— ¿sama? ¿Y qué paso con el kun?— pregunto levemente divertido. Pero esa diversión no llegaba a sus ojos, se veían tristes. Orihime bajo la vista y por primera vez se dio cuenta de algo. Ichigo lucia ropas del ejercito nipón… y no de cualquiera, sino de un capitán como Ulquiorra.
—Lo lamento, Kurosaki-kun. Es que me sorprende que estés aquí. Veo que eres capitán. Me alegra mucho.— dijo sinceramente, aun sonriente. Ese que estaba frente a ella era su amor de infancia, su amor platónico como le decía Matsumoto. Orihime estaba segura de que sentía algo por Ulquiorra, y sabía que era fuerte, bastante fuerte, pero el sentimiento que sentía por Ichigo era uno que jamás podría borrar. Él era su amor de infancia, Ulquiorra era su amor de adultez. Era algo confuso, pero ella lo comprendía de una sola manera, Ulquiorra le provocaba reacciones, la hacía sentir mujer. El sentimiento hacia Ichigo era el de la niña inocente.
—Y yo veo que has logrado tu sueño, Inoue. Luces muy hermosa vestida así. — ambos chicos sonrieron. Hacían tanto tiempo que no hablaban.
—Todos saben que luce hermosa, Kurosaki— Orihime se quedo paralizada. Ichigo chasqueo la lengua y se volteo, visiblemente enojado.
Ulquiorra estaba tras de ellos.
{#}Toushiro- sip, se habran quedado O.O pero es que el parecido del cabello y eso... me hizo tentadora la oferta de involucrarlo como hijito de Matsumoto. Tiene 17 (aunque el pj no tenga esa edad, xDD)
{#}Ulquiorra- se que muchas diran "Dios, es muy occ" lo se! lo se! pero recuerden, Ulqui-kun aqui es HUMANO no puede ser de piedra. Y si, es bipolar el niño, luego de lo que ocurrio con su fam, ni modo que fuera muy normalito, xDD
{#}Si, Rukia escapo con Renji, xDD
Gracias por leer! Déjenme review con sugerencias, dudas, preguntas, ideas, y todo lo que quieran, niñas!
