PURIFICA MI ALMA
Capítulo 4: MIEDO.
Las cejas castañas se alzaron en confusión. Su frente se arrugo levemente cuando vio a su hijo dar pasos hacia atras, retrocediendo en un impulso por alejarse del peligro.
Ella ladeo la cabeza, divertida.
—¿Que?
—Ya me oiste.
—¿Pero que tienes? ¿Porque me miras así?—cuestiono, haciendo ademanes de acercarse. El chico se hizo para atras, de forma que cuando avanzo un poco mas, su espalda se topo con la superficie plana de la pared.
Las cejas de la mujer cambiaron y se aplastaron en sincronía, dándole la apariencia enojada e indignada de una mujer que tiene que pasar por algo desagradable. .
Yami sabia, de alguna forma que no comprendía, que ella no era su madre. ¿Pero, si no lo era, porque se parecían tanto? ¿Porque tenia esos ojos tan raros? ¿Que estaba pasando?
De repente, y sin darse tiempo a reaccionar, Yami vio por el rabillo del ojo, como su madre en un movimiento agil, cogia el cuchillo que estaba sobre la mesa y se abalanzaba sobre él como si fuera un perro rabioso.. Con toda la fuerza que pudo reunir, la detuvo de las muñecas, alejandose todo lo posible del filo del cuchillo a escasos centímetros de su cara, y en el que, podía ver el reflejo de los sanguinarios ojos de Sora.
—¡Te matare, te matare, te matare!—Chillaba la señora, con la mandíbula abierta y el gesto desencajado. —¡Tienes que morir! ¡Te voy a matar!
—¡Basta! ¡Suelta el cuchillo! ¡Sueltalo!— Ordenó en vano, ya que su madre lo estaba agarrando con una fuerza sobrehumana que a penas podía contener. Los dos puntos negros que eran sus ojos empezaron a contraerse hacia afuera, amenazando con salirse de sus cuencas en cualquier momento. Su propio corazon latia alocado, como una bomba de tiempo que amenaza con explotar, y es que, todo parecia tan real que empezaba a sentir nauseas.
...Y el destino que les depara mi nueva creación...
Las palabras de Kaiba resonaron en su cabeza, con un eco en un tunel reverbero hasta que por fin, comprendió que todo era obra del mismisimo arrogante e insensible Seto Kaiba.
Una trampa.
Supo que las fuerzas le estaban abandonando. Si no hacia algo pronto, la mujer que estaba luchando frente a el, le rebanaria el pescuezo. Tenia que hacer algo, ¿¡Pero qué!? No se le ocurria nada en un momento asi. Pero antes de que sus peores temores se cumplieran, Yami sintió como el cuerpo femenino se tensaba sobre el suyo. Los brazos que sostenía empezaron a temblar.
—¡Arg!
Por el rabillo del ojo y la curva angular del cuello de su madre, vio la figura inconfundible de su hermano. Él estaba parado detrás de ellos, sosteniendo un cuchillo bañado en sangre, temblando y respirando como si la temperatura de la cocina se hubiese enfriado.
—¿Yugi...? — Su voz salio débil, quebradiza. Sus latidos aún eran acelerados y su respiración agitada.
Mientras la mujer se encogia en el suelo, producto del dolor que sentía en la espalda apuñalada, Yugi levanto la cabeza con dificultad, causando que Yami, con los vellos de punta, abriera los ojos de puro horror.
—No.
Y es que, Yugi también tenia esos ojos carentes de humanidad. Con la única diferencia de que el pálido y casi enfermizo rostro del menor, estaba cubierto por una sustancia roja y viscosa. Sangre que se escurria de entre el cabello, cómo si tuviera una herida en la cabeza.
—Tus ojos... . —Balbuceo el pequeño, señalando con su tembloroso dedo, al muchacho frente a el. —¿Que le paso, a tus ojos?
Las cejas de Yami se curvaron en confusión. Con un mal presentimiento, se impulso hacia una de los cajones que habían en la mesa, saco un espejo pequeño que recordaba haber visto allí. Ni siquiera le importó haber pisado la mano de Sora, que solo gemia adolorida por el punzante dolor en la espalda acuchillada.
Entonces, con el espejo entre los dedos, el reflejo le devolvió dos par de ojos similares a los de su madre. Pero estos estaban moviéndose de un lado a otro, como si tuvieran vida propia. Ojos asquerosos que intensificaron sus nauseas.
Sin dejar de verse, llevo sus dedos hacia su cara, tratando de tocarlos e imaginar que solo era producto de su imaginación. Una ilusion e inclusive, una pesadilla.
A sus espaldas, escucho un ruido extraño, seguido del chirriante y desesperado grito de su madre.
Instintivamente se dio la vuelta y dejo caer el espejo por el susto. Como una mancha borrosa a consecuencia de la velocidad de su giro, se detuvo en cierto punto en que ya no supo si mirar o no.
Sora estaba en el piso, boca abajo, chillando y gimiendo como un animal salvaje, y encima de ella, inmovilizandola, Yugi enterraba con fuerza pasmosa, una y otra vez, el cuchillo ensangrentado en su espalda y piernas.
El sonido del espejo al romperse contra el suelo, le llego a los oídos, confundiendo el estallido con los fuertes bramidos de la mujer.
Después, su cuerpo debilitandose y cayendo sentado sobre la ceramica del frio y duro suelo.
OooOoo
La espalda de Sora era ahora una masa ensangrentada de roja sustancia y grasa blanca y nauseabunda. Cubierta por ese liquido viscoso, que empezó a manchar el piso de la cocina. Hace tiempo que los aullidos de la mujer se habían detenido. Ahora solo era un cuerpo exánime fundido en su propio letargo y desgracia.
Yugi estaba sentado en el suelo, apoyando la espalda en la alacena, tratando de recuperar el aliento. El cuchillo infractor reposaba sobre sus dedos, goteando sangre que poco a poco empezaba a formar un pequeño charco rojo a su derecha.
La luz entraba por la ventana, iluminando por retazos el cuerpo sin vida de la mujer, y el frágil y tembloroso cuerpo de Yugi.
Yami todavía no había superado el estado de Shock en el que había entrado hace menos de diez minutos. El malestar había remitido lo suficiente, como para resistir esa asquerosa sensación de bilis y vomito que le subia por la garganta.
No, la verdad era que quería despertar. Pero se obligo a restablecer el control sobre su cuerpo y sus emociones. Trato de levantarse, alejandose de los vidrios rotos del espejo que permanecian tirados en el suelo.
Aclaro su garganta, y miro a Yugi, todavía con la cabeza gacha y totalmente inmóvil.
—Yugi.
Éste temblo un poco cuando oyó la voz de Yami, llamandolo en el silencio que reinaba en la cocina. Se mordio los labios y dejo caer el cuchillo en el suelo, con un sonido metálico que le hizo entrecerrar los ojos.
Ahora si que no pudo con el peso de lo que había hecho. Se hizo un ovillo, y comenzó a llorar.
El mayor cambio su gesto espantado, por uno de preocupación y pena. Y es que, ilusion o no, Yugi estaba rompiedoce en mil pedazos, como un muñequito de porcelana, en la punta de una montaña. Fue hasta él, ignorando el horrible cuerpo sin vida, doblando sus rodillas y poniendo una mano en su hombro.
—Escucha...
—¡No!— se negó a escuchar lo que Yami iba a decirle. Se tapo las orejas con las manos, en un intento desesperado de no enfrentar la realidad.
Yami no hizo mas que abrazar el menudo cuerpo, tratando a duras penas de darle el consuelo que necesitaba. Ahora, seria imposible imaginar como se sentiria Yugi. El mismo no comprendía la forma irracional con la que se atrevio a apuñalarla hasta que no se moviera.
Pero Yugi lloraba. Lloraba porque tenia miedo. Miedo de si mismo y de lo que había hecho.
— Tranquilo... todo va estar bien.
Pero dudaba, que eso fuera cierto.
XxX
Continuara...
Agradecimiento a:
KnL: Bueno, antes que nada, Gracias por tu apoyo. Es bueno saber que a alguien en este planeta le gusta lo que escribo, jaja. Empiezo por informarte de que el Fanfic esta en un universo alterno, en el que todo por lo que Yugi a pasado no paso. Yami es su hermano mayor, y Kaiba es el mismo gruñon de siempre. ¡Oh no, son ellos! Jaja. En el transcurso del fic, iré dando mas información.
Y si, es cierto que no hay mucho apoyo en este foro. Pero es el único editor y página en la que confió. :D Por cierto, gracias una vez más por tus reviews. Recuerdo que esta página solía tener mucho exito, pero la página esta saturada.
Que estés bien.
Besos.
W.M.
