¡Hola! Muchas gracias a todos los que leéis este Fanfic y os tomáis la molestia de dejar vuestros comentarios y de darme vuestra opinión sobre lo que pensáis de la historia. De verdad que esto es muy importante para mí ya que es el primer Fanfic que escribo y me gusta que seáis críticos con lo que hago. Por otro lado, pido disculpas por haber tardado en subir este capítulo, no he tenido mucho tiempo para escribir. Os dejo con el capítulo 4, espero que os guste :D
Capítulo 4: Ariel
Con un rápido zambullido la cola de la sirena desapareció en el agua oscura ante la mirada ausente de Garfio al que se le escogió un poco el corazón. Realmente aquella mujer le gustaba, se podría decir que era lo más parecido a una amiga y a una confidente que tenía desde que Milah había desaparecido de su vida. Sin embargo, no la amaba y aquel era el verdadero problema. Ariel lo había dejado todo por él, a su familia, a sus amigos y a su vida bajo el mar. Ahora se limitaba a aquellas zambullidas nocturnas que tanto le entusiasmaban y a viajar entre los mundos para conseguir aquello que necesitaban y que él no podría obtener sin ayuda de una judía mágica, algo que escaseaba mucho en aquellos tiempos y que sin duda requería el pago de precios muy altos. Le tenía mucho cariño y confiaba completamente en ella pero no podía sentir por aquella mujer lo mismo que había sentido por su amor del pasado y aquello le entristecía.
Habían compartido besos furtivos y noches de pasión que no servían para reparar un corazón roto ni aliviar la tristeza que se acurrucaba en su pecho y crecía día tras día. "Te esperaré", le había dicho ella en más de una ocasión. "Te esperaré hasta el día en el que me ames." Pero él no deseaba que le esperara, ella se merecía ser feliz y encontrar a alguien que pudiera corresponderle con la misma pasión y admiración con que ella lo hacía, y sin duda él no era el hombre adecuado. Pero al mismo tiempo, y aquello le hacía sentirse terriblemente egoísta, tampoco quería que se alejara de su lado, ¿podría volver a soportar el horrible vacío de la soledad? La vida de pirata, el ron y las compañías de una noche no eran más que refugios en los que había intentado ocultar su pesar a lo largo de los años. Realmente nada de aquello le hacía feliz y a lo único a lo que le tenía verdadero aprecio era a aquella sirena y al Jolly Roger, su barco, su hogar desde que había decidido comenzar esa nueva vida. Bueno, debía reconocer que también apreciaba en cierta forma a su leal tripulante Smee, pero aquel torpe le sacaba demasiadas veces de sus casillas y agotaba su paciencia rápidamente.
Con Ariel era diferente. Los largos silencios no eran incómodos, sino más bien todo lo contrario, resultaban reconfortantes y no necesitaban palabras para entenderse. Ella hubiera sido la chica perfecta si su corazón hubiese decidido amarla pero no era así. En aquellos momentos ya no la veía, suponía que se encontraba a varios metros de profundidad o tal vez se había alejado bastante del navío. Lo que más le gustaba de aquella muchacha es que jamás perdía la capacidad de sorprenderse, hasta el más insignificante detalle podía convertirse en algo fascinante a ojos de Ariel. Solía decir que le gustaba buscar tesoros escondidos en el fondo del mar, aunque su concepto de tesoro y el del pirata distaban bastante. Para ella una simple caracola que brillara ligeramente al sol o tuviera un color fuera de lo común se convertía en una reliquia de incalculable valor que merecía la pena conservar. Y aunque el mundo marino le fascinaba, su pasión siempre había sido y seguía siendo el mundo de los humanos. Cualquier cosa podía iluminarle la mirada de sincero entusiasmo y realizaba mil preguntas que a Garfio le gustaba responder. Pero, a pesar de su inocencia innata, también era una mujer fuerte que no dudaba en colocar una espada o un cuchillo en el cuello de su enemigo si la situación lo requería. Luchaba por aquello que deseaba y pocas veces se podía ver el miedo reflejado en sus ojos. Sin duda podía admitir que aquella sirena le hacía feliz pero se trataba de una felicidad que nunca lograba calmar el vacío interior que sentía. ¿Sería capaz de volver a encontrar a alguien que pudiera llenar ese vacío?
"Swan." El nombre acudió a su mente como una ráfaga de viento. De manera inconsciente recordó los mechones dorados que caían por sus hombros y la mirada desafiante que tanto le había cautivado desde el primer instante. Por muchos esfuerzos que hiciera por olvidarla no conseguía quitársela de la cabeza, y lo que más deseaba desde hacía varias horas era bajar al camarote donde se había alojado y verla; pero ya debía estar dormida y de todas formas no encontraba ningún motivo que le excusara de ir en su busca. El único motivo era la verdad: la echaba de menos. Si bien era cierto todo lo que le había dicho en la conversación que habían mantenido esa misma tarde, no era la idea de estar mucho más cerca de su objetivo lo que le entusiasmaba, de haber encontrado aquel elemento que le faltaba para poder llevar a cabo su venganza ansiada durante tantos años. En realidad, lo que más feliz le hacía era que iban a tener la oportunidad de compartir más tiempo juntos y podría averiguar más cosas sobre aquella mujer que comenzaba a obsesionarle. Sintió como si le hubieran hecho un pequeño rasguño en el muro que había levantado alrededor de su corazón. Una pequeña abertura apenas perceptible por la que se había filtrado un poco del calor que ya creía olvidado y que le hacía sentirse vivo de nuevo.
Estaba inmerso en estos pensamientos cuando oyó un chapoteo cerca del barco y la cabeza de Ariel asomó sobre la superficie del agua. Como muchas otras noches le ayudó a subir a cubierta y su aleta desapareció es un haz de luz blanca dividiéndose en dos largas y perfectas piernas en cuanto tocó la madera del navío. Garfio estaba acostumbrado a convivir con la magia pero eso no significaba que no lograra sorprenderse cada vez que la presenciaba.
Pensabas en ella, ¿verdad?- en su voz había un tono de reproche que a duras penas conseguía ocultar.
Al pirata aquella pregunta le pilló completamente desprevenido.
¿En quién? – se sorprendió de la rapidez con que Ariel podía conocer sus pensamientos y lo difícil que le resultaba esconderle lo que sentía.
No me tomes por tonta, Garfio – su rostro se endureció – te conozco lo suficiente para saber que esta tarde estabas diferente. Te he observado mientras hablabas con esa tal Emma Swan.
Se mordió ligeramente el labio inferior mientras esperaba que el pirata dijera algo, al ver que no contestaba prosiguió con sus palabras.
Tus movimientos eran menos bruscos que de costumbre y apenas alzabas la voz al hablarle. Tú no te comportas así con los intrusos que se infiltran en tu barco. No te comportaste así conmigo y no lo has hecho con ninguno de los polizones que hemos capturado a lo largo de los años – su voz se quebró ligeramente antes de finalizar la oración.
Garfio sabía lo que la mujer estaba recordando: lo mal que se había comportado la primera vez que se habían visto. Ariel había llegado a su barco de una manera muy parecida a como lo había hecho Emma, oculta bajo una capucha y escondida entre varios barriles de pólvora. Sin embargo, tal y como acababa de apuntar ella, su comportamiento había sido muy diferente al que había tenido esta última vez. Le había gritado, amenazado y finalmente atado y lanzado al mar, sin compasión, para que fuera devorada por los tiburones; sin ni siquiera brindarle una oportunidad de poder explicarse. Había tenido aquel comportamiento tan estúpido bajo el que intentaba ocultar al hombre que era en realidad. Por fortuna cortó las cuerdas que aprisionaban sus manos antes de empujarla al agua, y al caer sus piernas volvieron a convertirse en una cola de sirena liberándose así del resto del resto de ataduras. A pesar de aquella experiencia ella había vuelto a su lado varias semanas después y esa vez se quedó. "Nunca dejaré de insistir en permanecer a su lado." Era lo primero que le había dicho al volver y Garfio ya no protestó ni intentó volver a echarla del barco. Si aquella mujer se empeñaba en permanecer junto a él, la dejaría hasta que se convirtiera en un verdadero problema, en cuya ocasión no vacilaría en matarla. Al fin y al cabo, tenerla cerca podría resultar incluso divertido. Un entretenimiento más. El tiempo pasó y lo que en un primer momento era indiferencia y desprecio hacia ella terminó convirtiéndose en una verdadera amistad basada en la confianza y la lealtad. Lealtad que, en aquellos momentos, el pirata sintió que estaba rompiendo de alguna manera y se sintió culpable por ello.
Es por la magia, ya sabes – intentó justificarse – ella podría ser la respuesta a los problemas que necesito resolver.
Mejor dicho un solo problema, el hecho de tener que matar a un hombre mucho más poderoso que él y que le había arrebatado aquello por lo que vivía sin poder evitarlo. La impotencia que había sufrido y el dolor que sentía desde entonces eran a lo que se había aferrado desde aquel día para continuar viviendo. En los ojos de Ariel vio que sus palabras no la habían convencido en absoluto.
Ambos sabemos que eso no es cierto – negó con pesar y le miró con tristeza – te conozco demasiado bien capitán, e incluso ahora puedo ver un brillo especial en tus ojos cuando la recuerdas, un brillo que jamás había visto y que esperaba que un día fuera dedicado a mí. Que ilusa y tonta he sido todo este tiempo.
Ariel… - Garfio intentaba buscar las palabras adecuadas para consolarla. Odiaba verla de aquella manera.
No, no hace falta que te justifiques. Al fin y al cabo tú no eliges de quién enamorarte, nadie puede tomar esa elección. Ojalá pudiéramos tomarla – apartó la mirada y cerró los ojos, sus pestañas estaban húmedas – solo necesito tiempo para pensar y estar a solas, eso es todo.
Dicho esto se subió en la borda del barco y antes de sumergirse de nuevo en las profundidades del agua, giró la cabeza y le dedicó unas palabras de despedida al hombre que quería: "Volveremos a vernos, Killian."
Cuando la sirena desapareció de su vista, Garfio se sintió el ser más miserable del mundo. Nunca había sido su intención hacerle daño, no a ella, no a la persona que había conseguido que el peso del dolor fuera más soportable y que le había acompañado incondicionalmente durante demasiado tiempo. Y a pesar de esa culpabilidad tampoco podía escapar a los sentimientos que casa segundo crecían sobre la chica rubia. Decidió que su compañía era lo único que podía hacerle olvidar lo que acababa de ocurrir y finalmente decidió bajar al camarote donde se encontraba dormida. Tal vez tenerla cerca, sin que ella supiera de su presencia, le ayudaba a aclararse y a poner orden a la oleada de sentimientos que surgía en su interior.
Al bajar, encontró al marinero que en teoría tenía que vigilarla durmiendo en una esquina y con una botella de ron vacía en la mano. Se acercó a Emma y vio que se removía inquieta en la estera que hacía las funciones de cama y su respiración era agitada. Permanecía con los ojos cerrados y algunas gotas de sudor le perlaban la frente. Estaba teniendo una pesadilla. Al verla de ese modo, Garfio decidió despertarla.
