Harry Potter y su mundo mágico pertenecen a JK Rowling
I know you, you're a special one
Some see crazy where I see love
You fall so low but shoot so high
Big dreamers shoot for open sky
So much life in those open eyes
So much depth, you look for the light
But when your wounds open, you will cry
You'll cry out now and you'll question why
Sia /Rainbow
Detalles
Cassy se dejó caer sobre césped, había sido un día bastante duro y largo además de que hacía varias semanas que no veía a sus hermanos, tenía entendido que Luna estaba en la Ciudad de la Luz aprendiendo de los elfos a conectarse con la naturaleza y toda esa clase de cosas que la ayudarían a avanzar en su camino a ser una alquimista.
Harry, por otro lado, había estado encerrado en el castillo negro junto a su sequito y gracias a Serena se enteró de que habría una reunión de los nosferatu y todos parecían algo alterados.
Y ella había tenido un arduo trabajo manteniendo su deber como el pilar de fuego de Avalon y equilibrando su vida personal; pues a pesar de que la matriarca de los Weasley la había aceptado (aunque de mala gana) cada vez se le hacía más difícil separar su vida personal de sus deberes ya que cuando aceptó ser un pilar no esperaba que las cosas fuesen así, siempre creyó que los pilares de Avalon sólo mantenían el equilibrio en la isla y enseñaban en la escuela pero ahora sabía que hacían mucho más, uno sus tantos roles era mantener el velo que hacía inubicable a la isla, equilibrar la magia y proteger a las criaturas que habitaban allí y sabía que conforme pasara el tiempo tendría más responsabilidades que ocuparían aún más su tiempo y la alejarían de los gemelos. Pero por ahora todavía podía disfrutar un poco de tiempo libre.
—¡Hey! Cassy dormir en la hierba te va provocar un resfrió —dijo una conocida voz para la hechicera.
—Oriana —exclamo alegre mirando hacia atrás.
—¿Qué haces aquí fuera? —pregunto la niña sentándose al costado de la joven.
—Pensar —respondió dando un suspiro.
—¿En los gemelos? —cuestionó con una pícara sonrisa.
Cassy la miró sorprendida y después rio alegremente, Oriana era muy suspicaz además de ser muy alegre, James había hecho un gran trabajo criando a la niña aunque Chris y Harry habían puesto su granito de arena y Luna y ella se habían encargado de consentir a la chiquilla.
—Pienso en varias cosas, pero sí, también en Fred y George, y en mis hermanos –respondió suspirando mientras su mirada vagaba en el cielo.
—¿Ya no tienen tiempo para reunirse verdad? —preguntó Oriana repentinamente melancólica.
—¿Cómo lo sabes? —cuestiono Cassy observándola.
—Papá dijo que Harry estaba ocupado y Chris pasó hace una hora a despedirse pues se iba de viaje —susurró.
—Han ocurrido muchos cambios Oriana y todos ahora tenemos nuevas responsabilidades, Harry, Luna y yo éramos muy unidos y aunque Harry se fue lejos por algún tiempo siempre supe que podía confiar en él y que cuando volviera volveríamos a ser como antes, pero todo cambia con el tiempo, Harry ahora tiene su propia familia y su posición como nosferatu también le ha traído nuevas responsabilidades, Luna en su camino a ser una alquimista ahora pasa gran parte del tiempo entre los elfos y yo, yo no sé qué estoy haciendo —dijo echando su cabeza hacia atrás.
—Lo sé, Harry y Chris solían jugar conmigo, siempre se tomaban un momento para venir a visitarme, pero ahora ya no los puedo ver y yo… los echo de menos —susurró Oriana, Cassiopea suspiró, entendía los sentimientos de la niña.
—Yo también extraño a mis hermanos y a mis amigos —dijo con la mirada perdida en el cielo naranja.
—Pero tienes a los gemelos y puedes salir de la academia cada que quieras, yo no puedo marcharme a pesar de que vivo muy cerca con papá —le respondió Oriana
Cassy se quedó en silencio, el atardecer estaba pintando el cielo de rojo y naranja recordándole el cabello de sus chicos, entonces una idea se le ocurrió, giro la cabeza y vio el castillo, ya casi nadie estaba en los jardines así que se puso en pie con una sonrisa traviesa en los labios y le tendió una mano a Oriana.
—¿Quieres ir a dar un paseo Oriana? Tengo que ir a revisar algunas cosas en la Isla de Fuego —dijo sin borrar su sonrisa.
—¿Enserio, puedo ir? —preguntó la niña dudosa.
—Claro, siempre y cuando me obedezcas, además creo que podrías ayudarme a planear una salida familiar, ya va siendo hora de que nosotras hagamos algo de tiempo en las ajetreadas agendas de nuestros hermanos ¿no crees? —preguntó la hechicera.
—Cuenta conmigo —dijo Oriana tomándole la mano.
Cassy invocó a Fire, ayudó a subir a Oriana y después ella trepó al lomo de la dragona que desplegó las alas y en un par de aleteos se elevó, feliz de volar.
El aire en su rostro alejó las preocupaciones y las risas de la niña pelirroja la hicieron rememorar su tiempo en la escuela, cuando su mayor preocupación era evitar que Michiru la suspendiera en Encantamientos o que Harry se metiera en problemas; aunque también tuvo una época de rebeldía, cuando su hermano no estuvo ella y los demás chicos solían jugar a explorar los límites de Avalon, ah que bellos tiempos. Sus manos se aferraron a las escamas de su dragona, la nostalgia la invadió recordando el momento en que conoció a Fire, era tan pequeña y ambas habían crecido, ambas se habían hecho más fuertes.
—¡Cassy me gusta esto! —exclamó Oriana riendo.
—A mí también me encanta —respondió Cassy.
—Deberíamos invitar a Harry y a Chris la próxima vez.
—Y también a Luna —acotó Cassy.
—Si —respondió mientras la dragona volaba hacia la parte más lejana de las islas, hacía el santuario de dragones.
Serena en su oficina tenía una esfera de cristal flotando frente a ella en la que se podía ver a la hechicera de fuego, la rubia se reclino en su silla, Cassy era diferente a los otros pilares y retenerla en la isla estaba apagando el fuego que ardía en su interior, Cassy ansiaba libertad al igual que la dragona, ambas deseaban volar libres y su estancia en Avalon lejos de ayudarla estaba frenando ese deseo, pero Serena tenía un apego especial con sus pilares y no quería dejar que Cassy se fuera.
Seiya vio la frustración en la cara de su amada y silenciosamente se acercó, sin decir nada abrazó a la chica por la espalda, ella suspiró y se apegó al moreno que la hizo levantarse para después el tomar asiento en el sillón con la rubia en sus piernas, Serena hundió la cara en el pecho de Seiya, sabía lo que tenía que hacer pero no quería hacerlo.
—Seiya —susurró acurrucándose en sus brazos, él la rodeó igual a cuando ella era una niña y él la calmaba.
—Está bien Bombón.
—¿Crees que sea lo correcto dejarlos marchar? —preguntó sin verlo a los ojos por temor a confirmar lo que ella ya sabía.
Seiya acarició el largo cabello de la joven tarareando una vieja nana alejando así las preocupaciones de la rubia.
—Seiya —susurró ella esperando una respuesta.
—No creo que haya un lado correcto o incorrecto en esto Bombón, pero Cassy y Nadir aún son muy jóvenes y el mundo en que crecieron es muy distinto al que nosotros conocimos, y creo realmente que esto les puede ayudar a avanzar, a crecer y ser mejores.
—Pero…
—Serena Bombón, no te agobies, además siempre les puedes preguntar qué quiere hacer ellos —dijo el moreno besándole la coronilla.
Serena sonrió y se acomodó mejor mientras Seiya volvía a tararear esa vieja nana que alguna vez oyó cantar a Morgana y que él le solía cantar.
La rubia se fue quedando dormida y cuando su cuerpo se relajó por completo Seiya la alzó en brazos para dirigirse a la Casa de la Luna, los últimos meses Serena había estado muy estresada sobre todo luego de que Nadir Blenk se unió a los pilares de Avalon, era el primer chico en convertirse en un pilar y eso había presionado al joven ocasionando que Serena se preocupara aún más pues a Cassy y Nadir se les estaba dificultando acoplarse completamente a sus deberes como pilares. Cassy con el alejamiento de sus hermanos no lo estaba llevando muy bien, Nadir por otro lado estaba también preocupado y trataba de impresionar a las chicas para demostrar que él también era digno de ser uno de los pilares y aunque no lo expresara añoraba a su familia, más lo mantenía en secreto porque creía que eso lo haría ver débil ante las hechiceras.
Seiya entendía la frustración de los chicos pues él había pasado algo similar cuando se quedó en el palacio de Morgana a los catorce años creyendo que su padre lo dejaba atrás porque lo consideraba aún un niño, quería impresionar a todos y hacerles ver que ya no era un niño pero en su intento cometió varios errores y cuando se acabó lastimando Morgana se tomó el tiempo para hablar con él, supo tenerle paciencia y explicarle que la razón por la que Amón no lo dejo allí, no tenía nada que ver con que fuera un niño sino que los motivos del nosferatu tenían que ver con quien había decidido dar caza a los vampiros, ella le hizo entender que Amón lo quería demasiado como para exponerlo a un ataque y aunque protestó y se reveló la hechicera supo aplacarlo, Morgana era una buena oyente y una gran maestra, a ella le debía mucho. El moreno bajó la mirada hacia la chica en sus brazos y sonrió Serena era muy parecida a ella, a la poderosa Morgana.
Las puertas se abrieron y él ingresó a la habitación que compartía con Serena, con cuidado la dejó dormida en la cama, le sacó la botas y la cubrió con una manta. Sonrió enternecido cuando ella se giró y abrazó una almohada. Tras una última mirada a la joven salió en silencio de la casa, sus ojos azules cambiaron entonces a dorado y le dio una mirada a su entorno antes de estirarse y empezar a cambiar pues con aquella luna brillante que empezaba a alzarse por el horizonte el moreno sintió la llamada de su lado lupino que le pedía a gritos correr libre, aunque solo fuese por unas horas.
Dejó que sus instintos tomasen el control y se adentró en el bosque sintiendo la hierba y la tierra bajo sus patas, el sonido de las olas rompiendo cerca del risco y los olores, percibía a Serena en la casa, a los faunos moviéndose en el bosque seguramente preparando todo para una gran fiesta; entonces algo llamó su atención, era un aroma que venía desde lejos, desde la isla oculta, allí donde estaba el Castillo Negro; alzó la cabeza y olfateó, los aromas le llegaron muy claros, percibía a los vampiros que vivían en el castillo pero también habían otros aromas más humanos y nuevos, el lobo sacudió la cabeza y miró en dirección al castillo preguntándose qué estaba pasando en ese lugar.
Harry le sonrió a Draco mientras el niño rubio en sus brazos dormía profundamente, aunque su mano estaba aferrada a la camisa del moreno, Aurel se rascó la mejilla nerviosamente.
Draco miró al nosferatu y luego al niño, su expresión era indescifrable, Harry tragó nervioso incapaz de adivinar lo que pensaba su pareja.
—Harry, voy a decirle a Dante que prepare una habitación para Shoichiro —comentó casualmente el ruso.
—Eh, pero… —Harry miro a su guardián suplicantemente pero el otro sólo desvió la mirada.
—Sí, creo que deberías hacer eso —respondió Draco y Aurel rápidamente se marchó en busca de Dante ignorando la mirada suplicante de su creador.
Draco sacudió la cabeza, quería preguntar porque Harry había secuestrado al niño, pero no era el momento así que esperaría.
—Voy por un pijama para él, creo que agrandare uno de los de Rigel —comentó el rubio.
—Sí, está bien —dijo Harry incapaz de decir nada más.
Cuando el rubio se hubo ido la mano de Shoichiro se aflojó un poco y Harry suspiró, Violett aún estaba en la mansión Ducke junto con una sombra que ahora fingía ser el pequeño rubio.
—Sho, no me voy a ir a ningún lado —dijo Harry en un susurró.
—¿Lo prometes? —preguntó el niño aún con los ojos cerrados.
—Lo prometo —respondió él pasando su mano por la espalda del chiquillo.
Shoichiro finalmente le soltó la camisa y se separó un poco de él, Harry le dedico una sonrisa antes de bajarlo al suelo, el niño clavó la mirada en sus zapatos mientras un suave sonrojo se apoderaba de sus mejillas, se había comportado de una manera vergonzosa con Harry y le había reclamado cosas que sólo fueron producto de sus fantasías, aún recordaba la mirada confundida de el moreno.
Harry miró al niño avergonzado y sonrió tiernamente Sho era un niño pequeño aunque rara vez se comportaba como tal.
—Hey Sho…
—Lo siento —interrumpió el niño.
—No tienes que disculparte…
—¡Sí que tengo!, te dije todas esas cosas, creí, realmente pensé que era una posibilidad que tú fueras mi papá —murmuró con la mirada aun clavada en sus zapatos.
—Sho…
—Es que no lo entendía, ¿cómo podía ser un extraño más cálido y amable que mi propio padre?, ¿porque alguien que no fuese de mi familia y que no le pagasen pasaría tiempo voluntariamente conmigo?… yo creí… —Sho se detuvo cuando sintió los dedos de Harry bajo su barbilla.
—Me importas Shoichiro y no te voy a dejar solo ¿está bien? —preguntó limpiando las lágrimas del niño.
—Sí —respondió intentando detener su llanto, el moreno suspiró antes de acercarlo.
Harry lo abrazó dejando que se calmara aunque aún tenía presente lo que ocurrió cuando llegó a casa del niño, todas las suposiciones que hizo Shoichiro eran la única manera en la que él explicaba la repentina aparición de Harry en su vida y al nosferatu le tomó un buen rato calmar al pequeño rubio y explicarle todo, incluso lo de ser nosferatu. Para cuando llegaron a ese punto Sho había empezado a llorar porque tenía miedo de que Harry se hubiese equivocado y en cuanto descubrieran que él no era un nosferatu entonces desaparecía de su vida, fue en ese momento que Harry conjuro una sombra que tomó la forma del pequeño y después de instruir a Violett sobre lo que debía hacer alzó al niño y sin más se lo llevo con él y Aurel hacia el Castillo Negro.
Draco estaba al pie de las escaleras estrujando el pijama que había tomado prestado de su hijo, había escuchado lo que había dicho el niño rubio y una serie de emociones se manifestaron, sentía curiosidad y también mucha ira hacia las personas que habían estado a cargo de niño, se preguntó que tan mala había sido su situación para que pensara de esa manera.
—Papá —la voz venida desde la parte superior de las escaleras atrajo la atención de ambos adultos.
—Rigel —dijeron ambos, Draco se preocupó cuando vio el ceño fruncido en el rostro de su hijo-
Harry se quedó viendo a su hijo que bajaba lentamente sin quitar la mirada de él ni de Sho, sentía preocupación ¿Rigel tendría celos?, dado que siempre había sido el único niño en el castillo ¿cuál sería su reacción al ver repentinamente a otro niño?
Sho por otro lado observó al niño que bajaba y supuso que ese era el hijo de Harry pues a pesar de ser rubio tenía unos bonitos ojos verdes iguales a los del nosferatu. Rigel finalmente llegó abajo y se acercó hacia ellos.
—Rigel —Draco se acercó.
—¿Quién eres? —preguntó el pequeño hibrido muy serio, Sho enderezó los hombros.
—Hola Me llamo Shoichiro Alain Ducke, mucho gusto —dijo tendiéndole la mano, Draco parpadeó sorprendido.
Ese pequeño le recordó a los sangre pura con todas las clases de etiquetas y modales, unos modales que por más que intentó no logró inculcar en su propio hijo, Harry sonrió al notar la mirada de Draco.
—Yo me llamo Rigel Zephyr Black —dijo tomando la mano del otro niño, Draco arqueo una ceja pues su hiperactivo hijo estaba actuando como todo un sangre pura.
—Rigel, Sho se va quedar un tiempo con nosotros, sé amable con él —dijo Harry poniendo una mano en el hombro de su hijo.
—Claro padre —respondió solemnemente ocasionado que ambos adultos lo miraran asombrados.
—Harry, la habitación de Sho esta lista y Zafrina está preparándole una merienda —dijo Aurel.
—Sí, cierto la habitación…
Draco y Rigel siguieron en silencio al nosferatu y al niño mientras Harry le explicaba la disposición de las recamaras y otros lugares del castillo a su nuevo ocupante hasta que llegaron a la habitación que quedaba al lado de la de Rigel, Harry abrió la puerta y la amplia recamara les dio la bienvenida, Sho recorrió el lugar con la mirada, era similar a su alcoba en casa de los Ducke pero esta tenía muebles en tonos oscuros y rojos que contrastaban con las colchas y los doseles de la cama.
—Esta será tu recamara Sho, si algo no te gusta puedes decírmelo y lo cambiaremos —dijo Harry.
—Está bien, es bonita —respondió.
—Harry, aquí está el pijama —dijo Draco llamando la atención del moreno.
—Gracias Draco, Sho ven aquí —el niño se acercó y miró a Draco, en el salón lo había visto muy levemente, pero era claro su parecido físico con Rigel—. Sho, él es Draco, mi pareja —lo presentó.
El niño miró a los dos adultos unos momentos antes de tenderle la mano al rubio mayor que le sonrió tensamente estrechando su mano.
Media hora más tarde Draco estaba sentado en un cómodo sillón esperando a Harry que se encargó de acostar a los niños, tenía la mirada en un libro pero no se podía concentrar así que desistió en su intento de continuar leyendo y dejó el libro a un costado, se reclinó y cerró los ojos, tenía sentimientos encontrados respecto a Sho, el niño le agradaba pero se sentía algo reticente a aceptarlo pues no sabía cómo afectaría su llegada a la relación que su hijo y Harry tenían.
En ese momento la puerta se abrió y Harry ingresó, tenía una sonrisa en el rostro pero se borró cuando vio la expresión de Draco.
—Draco, enserio siento haber traído a Sho sin decirte nada.
—No tuviste opción, me lo dijo Aurel —respondió con tono neutro.
—¿Te molesta que él esté aquí? —preguntó cautelosamente.
—No del modo en que te imaginas, pero sí, me molesta algo —respondió el rubio.
—Draco, si es por lo que viste del futuro…
—Eso no tiene nada que ver, es sólo que temo a cómo vaya responder Rigel a su presencia, sabes que hasta ahora ha sido el único niño a quien todos consienten y de repente llega otro niño que parece atraer tu atención más que él, no quiero que mi hijo le tenga rencor Harry —explicó mirando directamente a los verdes ojos de su pareja.
—Hablare con Rigel si eso ocurre Draco, pero no puedo devolver a Sho a su casa, le prometí que no lo dejaría —respondió acercándose.
—Black, cuéntame sobre él —pidió, Harry sonrió relajándose un poco.
—¿Qué quieres saber? —pregunto Harry tomando la mano del rubio.
—Todo. ¿Cómo lo conociste, quienes son sus padres…?
—Está bien —Harry asintió y entrelazó sus dedos con los de Draco—. Sho es el único hijo de un magnate de los negocios en el mundo muggle, su padre Riccardo Ducke es italiano y su madre Sora Yamamoto era japonesa, según lo que investigué, ella tenía veintidós años cuando se casó, en las descripciones que obtuve de ella decían que era muy bella y fuerte, sana pero por alguna razón enfermó cuando quedo embarazada de Sho, en los registros que encontré hablaban de una extraña enfermedad en la sangre que la fue consumiendo a medida que él bebé se desarrollaba, para cuando dio a luz estaba ya muy grave y murió una hora después de que él nació, Riccardo entonces viudo y con un hijo al que culpaba de la muerte de su esposa se enfocó sólo en sus negocios dejando el cuidado de su hijo a las enfermeras y tutores particulares que contrató para el niño cuando fue creciendo, Sho no tiene una buena relación con su padre pues desde que tiene memoria casi siempre ha hablado con él a través de una pantalla, además dado que siempre ha estudiado en casa Sho nunca ha interactuado con otros y por su naturaleza provoca cierto rechazo en las personas —Draco suspiró pensando en su propio hijo, Rigel también había tenido problemas antes y después de nacer debido a su condición pero estaba seguro de que si él hubiese muerto Harry jamás habría culpado a su bebe y probablemente lo habría sobreprotegido.
—¿Cómo lo conociste entonces si él nunca ha salido de su casa? —preguntó el rubio tras un momento.
—Eso es lo más raro, Sho dice que una voz lo guio fuera de su mansión el día de la víspera de Navidad, además, cuando lo encontré estaba en la puerta del caldero chorreante y parecía muy desconcertado —dijo Harry pensativo.
—Qué extraño —comentó el rubio intrigado.
—Creo que fue Lilith —dijo entonces el moreno
—¿Porque lo dices? —preguntó Draco mirando al vampiro que le sonrió nerviosamente.
—Lilith me dijo hace algunos años atrás que dos nuevos nosferatu ya estaban entre nosotros y también me dijo que tendría que actuar de padre y hermano cuando el momento llegara, y Sho creyó que yo era su padre.
Un largo silencio se extendió entre los dos hasta que Draco finalmente le dio un leve apretón.
—Lo resolveremos Harry —el moreno le sonrió aliviado y asintió.
—Gracias, no sé qué haría sin ti —dijo dándole un casto beso.
—Te volverías loco —respondió sonriendo antes de darle un beso más apasionado.
Draco apoyó las manos en el pecho del vampiro mientras que los besos suaves y dulces se transformaban en algo más demandante y salvaje, ambos luchaban por el control, el rubio se aferraba con fuerza a la camisa de Harry mientras que el moreno hundía las manos en los cabellos del mago. Toda la tensión que habían tenido a lo largo de los últimos meses se evaporó y muy pronto los besos y los roses por sobre la ropa fueron insuficientes. Cuando se separaron los ojos de Harry brillaron llenos de deseo a lo que Draco sonrió divertido y orgulloso por provocar tal reacción en el poderoso nosferatu.
—Estás algo ansioso hoy Black —se burló el rubio.
—Te necesito Malfoy —dijo Harry dirigiéndolo hacia la cama.
—No te será tan fácil vampiro —respondió el mago poniendo sus manos sobre el pecho del moreno.
—Tú también me deseas —ronroneó sujetando las manos de Draco y volviendo a capturar sus labios.
—Eso es lo que crees —dijo Draco cuando el moreno lo liberó, una delgada línea de saliva caía por la comisura de sus labios.
Una sonrisa depredadora se extendió en los labios del moreno y terminó por hacer caer al rubio sobre la cama, Draco arqueó la espalda cuando las manos de Harry se colaron por su camisa que termino hecha jirones a un lado de la cama en pocos minutos entre besos y carisias, el resto de la ropa de ambos siguió el mismo camino y las uñas del rubio dejaron profundas marcas en la espalda del moreno aunque las huellas desaparecían tan rápido como aparecían, la noche era joven y ellos sólo estaban comenzado.
Aurel estaba en su habitación viendo el cielo estrellado a través de la ventana abierta, su mente era un revoltijo de ideas pues ahora que finalmente todo estaba en calma, las imágenes que les mostro Harry empezaron a preocuparlo. Hermione lo observó desde el otro lado en donde revisaba algo de su nuevo material para la clase de Artimancia que les daría a los quinto año en la academia pero algo en Aurel la inquietó, la manera en que él seguía allí como una estatua con la mirada perdida en el cielo no era algo que él haría normalmente.
—Aurel ¿te encuentras bien? —preguntó preocupada.
El guardián giro la cabeza y la observó, allí sentada entre pergaminos y libros, oliendo a tinta, con el cabello desordenado y sus ojos heterocromáticos, entonces recordó la imagen de él muerto por protegerla dejándola sola, no quería que eso pasara, no deseaba dejarla sola.
—Aurel ¿qué ocurre? —cuestiono acercándose al ruso.
—Hermione —la mano del chico tomó la de ella y tiró suavemente de la castaña haciendo que perdiera el equilibro y cayera hacia adelante—. Te amo Hermione —dijo atrapando a la chica entre sus brazos y aspirando el aroma de su cuello.
—Yo también te amo tonto —respondió sonrojándose por las repentinas acciones del rubio.
La bruja correspondió el abrazo que le daba Aurel con preocupación, era obvio que algo había pasado pero no sabía que podría haber sido tan malo para inquietar al vampiro. Hermione permaneció así un buen rato, él no parecía querer soltarla y ella tampoco hizo un esfuerzo por alejarse ya que no sabía que lo había puesto así, tras un largo rato él suspiro y la dejó ir aunque no soltó su mano.
—Hermione, Tengo que mostrarte algo —dijo tras un momento de vacilación.
La chica asintió y él hizo un movimiento con su mano con lo que hizo flotar un pensadero que la castaña había adquirido hace unos meses atrás hasta ellos.
Rigel cerró los ojos y le pidió a la magia que lo llevara con aquel niño nuevo, sintió como esta respondía como siempre a su pedido y tras un leve chasquido desapareció para reaparecer en la habitación de Sho, Rigel observó la cama, estaba vacía, sus ojos acostumbrados a la oscuridad recorrieron toda la habitación pero no tuvo que buscar demasiado pues Sho estaba sentado en un diván que había movido hasta la ventana y tenía un grueso libro abierto entre sus piernas.
Él lo miro unos momentos más antes de acercarse, Sho bajó su libro y se enfrentó a la mirada curiosa del otro niño.
—¿Qué lees? —preguntó el hibrido.
—No puedo ver bien en la oscuridad así que solo estoy viendo una imagen —respondió Sho.
—¿No eres un vampiro como mi papá? —preguntó frunciendo un poco el ceño, extrañado.
—No, no soy un vampiro —respondió incómodo.
—¿Entonces porque te trajo? —cuestionó casualmente mientras trepaba a al diván y le echaba una mirada al dibujo que a pesar de la oscuridad se veía.
Sho dejó el libro entre ambos y abrazó sus piernas, él se había hecho la misma pregunta en las últimas horas ¿realmente era un nosferatu, o sólo era una suposición que Harry hizo?, y si Harry estaba equivocado entonces que pasaría con el ¿lo devolverían a casa?
Rigel apartó la mirada del dibujo para fijarse el otro rubio y sintió por primera vez que había hecho algo muy malo, los ojos verdes del niño mayor estaban cristalinos y pequeñas lagrimas escapan de sus ojos.
Rigel se paralizo, él no interactuaba mucho con otros niños de su edad, solía jugar cerca de la academia y pasaba tiempo con su tía Oriana pero nunca había visto a nadie llorar y no sabía qué hacer, empezó a entrar en pánico ¿acaso él había provocado eso?
—¡No… no llores! —pidió empujando el libro hacia un lado.
Sho se limpió las lágrimas e intentó disimular, Rigel lo miró preocupado, la curiosidad que lo había llevado a esa habitación pasó a ser miedo por no entender que podría haber pasado y si las lágrimas del niño rubio eran culpa suya.
—Lo siento —murmuró, su labio inferior había empezado a temblar y estaba punto de llorar el también.
Sho alzó la cabeza y se sintió terrible por asustar así al hijo de Harry, rápidamente se limpió las lágrimas y restregó sus ojos para evitar más lágrimas.
—Estoy bien, no pasa nada —dijo intentando sonreír.
Rigel lo miró y sonrió al ver en la oscuridad las mejillas y nariz roja del otro que se destacaban en su pálida piel, entonces tuvo una brillante idea.
—¿Quieres ver algo mágico? —preguntó acercándose más al niño.
—¡Eh!
Sho miró confundido a Rigel que había cerrado los ojos y tenía la mano extendida, entonces una serie de luces estallaron en la habitación iluminado todo, Rigel sonrió al ver una vez más a la magia responder a su pedido.
—Es muy bonito —susurró estirando su mano hacia las chispas que cayeron lentamente.
—Fred y George me mostraron como se hacía —comentó orgulloso el hijo de Draco.
—A mí me gustaría hacer eso.
—Mi papá es un gran mago seguro que él te puede enseñar —afirmó Rigel con una gran sonrisa.
Sho lo observó y una pequeña sonrisa surgió, Rigel se quedó observando la sonrisa y los ojos que brillaban con admiración entonces algo cálido nació en su pecho, era un sentimiento extraño, una mezcla de alegría y orgullo por ser él quien había causado la sonrisa del otro niño y le gusto como se sentía, fue entonces que lo decidió, Shoichiro sería su hermano y Rigel se aseguraría de cuidarlo porque todos en la familia tenían un hermano y él aunque gustaba de toda la atención que recibía a veces se sentía algo solo pues en el castillo todos eran adultos.
—Ven conmigo a mi habitación —dijo Rigel entonces.
—Pero… —Sho no sabía si eso era buena idea más tampoco pudo protestar pues Rigel lo arrastro con él.
—Si vas a ser mi hermano tenemos que compartir la habitación —decía el niño mientras tiraba de Sho hacia el otro lado del pasillo.
Draco no entendía muy bien que había pasado pues cuando fue a la habitación de su hijo se encontró con la cama vacía, pero en una esquina entre un montón de animales de peluche y cojines vio la cabeza rubia de su pequeño, se acercó y quedo completamente inmóvil, Rigel dormía allí usando de almohada el brazo del pequeño rubio que Harry había traído, muchas preguntas se formularon pero ninguna parecía tener una respuesta clara así que sacudiendo la cabeza se inclinó para despertar a ambos niños.
Rigel fue el primero en abrir los ojos y restregárselos cansado, Draco arqueó una ceja cuando el niño bostezo descaradamente.
—¿Has estado jugando de nuevo en lugar de dormir? —preguntó.
—Es la naturaleza querido Draco, somos criaturas nocturnas —dijo desde la puerta la elegante condesa rubia.
Los ojos de Rigel brillaron viendo a la pareja que le sonreía desde allí, si pensarlo mucho se puso en pie y corrió hacia los brazos extendidos de Elizabeth.
—¡Abuela! —gritó el niño saltando a los brazos de la mujer.
—¡Rigel, mi niño! Mira cuanto has crecido —dijo ella estrechándolo fuertemente.
—¿Y no hay un abrazo para el guapo Sirius? —preguntó el animago.
—Abuelo, tienes una cana —dijo el niño señalando la cabeza del moreno, Draco se rio abiertamente mientras Sirius hacia una mueca y Elizabeth sonreía.
—No es justo Rigel ¿cómo puedes decirme eso? —protestó Sirius.
Sho se había despertado con todo el barullo, pero permaneció en silencio observando a Rigel interactuar con los adultos que aunque lucían muy jóvenes para ser sus abuelos supuso que debían ser vampiros, pero entonces sintió una punzada de celos que no duro demasiado pues Rigel lo miró desde los brazos de Elizabeth y desapareció para reaparecer a su lado y cogerlo de la mano.
—¡Abuela, abuelo este es Sho mi hermano! —declaró el niño.
—¿Enserio? Sí que son rápidos eh —comentó Sirius mirando pícaramente a Draco que desvió la mirada.
—Sí, él es mi nuevo hermanito —dijo el pequeño hibrido jalando a Sho hacia los dos adultos.
—Un gusto conocerte Sho, yo soy la madre de Harry, mi nombre es Elizabeth —se presentó la condesa.
—Y yo, soy el guapo padre —añadió Sirius despeinando a Rigel.
—Mucho gusto, mi nombre es Shoichiro Ducke.
—Mi hermano —interrumpió Rigel sujetando el brazo del niño.
Draco suspiró cansado, no sabía porque pero presentía que partir de aquí tendría muchos dolores de cabeza.
Harry se sintió muy aliviado cuando despertó pasado el mediodía y se encontró a Rigel y Sho jugando en medio del salón, Draco vigilaba a ambos niños desde un cómodo sillón escuchando a Elizabeth que le relataba las maravillas que había descubierto en su última visita a Moscú, el moreno sintió que un peso se le quitaba de encima, al parecer las cosas se habían resuelto o eso creía hasta que repentinamente Lilith apareció en la puerta principal junto con Amón, Sakura Y Vald. La rubia observó a los presentes y sonrió, todos sus hijos estaban allí, los seis, había esperado mucho para verlos juntos y fue un tiempo demasiado tortuoso y oscuro, pero esperó con paciencia y ahora su espera había dado frutos.
—Lilith —dijo Bella que había estado alejada de todos con un libro en la mano.
—Hola Bella, chicos ¿cómo han estado? —preguntó sin borrar su sonrisa.
—Bien, y recibimos tu carta ¿qué ocurre? —preguntó Elizabeth un poco preocupada pues al principio creyó que Harry los llamaba para dar a conocer que había encontrado al nuevo nosferatu más poco antes de llegar al Castillo Negro una carta de Lilith pidiéndoles reunirse la alarmó.
—Tenemos que hablar, es importante —respondió la rubia de ojos bicolor.
Harry frunció el ceño, Lilith había estado orquestando aquella reunión desde hace varias semanas pero no les dijo que ocurría sólo que necesitaba verlos.
Los nosferatu se dirigieron hacia el salón principal del castillo más antes de cerrar las puertas Lilith llamó a Bella y Sho, la chica estaba confundida y el niño nervioso. Bella se acercó a su amiga mientras que Sho se pegaba a Harry.
—Me da mucho gusto verlos finalmente, a todos mis hijos —dijo Lilith y los vampiros le dedicaron una pequeña sonrisa.
Pero Bella y Sho lucían completamente confundidos, pues si bien Sho sabia sobre los vampiros y Harry (jamás imaginó que aquella chica tan joven fuese su madre de hecho) parecía una locura, eso no podía ser.
Bella por otro lado tenía los ojos en la rubia de apariencia adolescente incapaz de creer en esas palabras.
Harry le dio una última mirada a Draco que le sonrió antes de seguir a los demás hacia el salón donde usualmente se reunían.
Varias horas pasaron y Draco estaba ansioso, pero no quería dejar que los demás lo notaran así que se dirigió a su laboratorio de pociones llevándose a Rigel con él más no pudo concentrarse y salió a los pocos minutos, quería un poco de aire fresco así que dirigió hacia el jardín y se encontró con la castaña compañera de Amón, la chica estaba sentada en la hierba con las piernas cruzadas y los ojos en el rosal.
—Hola Draco —saludó la joven cuando el rubio se acercó un poco al ser jalado por Rigel.
—Sakura —el rubio se acercó más mientras Rigel se soltó de la mano de su padre y se dirigió hacia la chica.
—¿Qué es eso? —preguntó el niño con curiosidad señalando algo que rodeaba el cuello de la mujer y que Draco no notó.
—Se llama Kuro, es un kuda kitsune, Amón me lo obsequió cuando yo era niña —respondió ella estirando su mano.
Draco observo con curiosidad como aquella criatura peluda, similar a una serpiente, abandonaba el cuello de la chica y ahora se enrollaba en su muñeca.
—Es muy bonito —dijo Rigel extendiendo su dedo.
—Rigel —llamó Draco.
—Tranquilo, a Kuro le gustan los niños —dijo ella acercando al animal más cerca del niño.
—¡Es muy suave y hace cosquillas! —exclamó Rigel cuando el pequeño zorro se metió por su manga y salió por su cuello.
—Sí, es muy travieso —rio Sakura—. Relájate Draco —agregó viéndolo de reojo.
—Estoy relajado —respondió él, aunque suspiró, estaba ansioso.
—Crees que Lilith tenga malas noticias —comento ella. Draco observo a su hijo reír mientras el pequeño zorro se deslizaba dentro de su ropa.
—No lo sé, pero sé que ella suele hacer lo que quiere y cada que interfiere las cosas cambian y se complican.
—El cambio no siempre es malo —respondió la chica tras un largo rato en silencio.
Ambos se quedaron en absoluto silencio mientras Rigel reía a pocos metros intentando atrapar al zorrito, Draco iba a comentar algo más cuando las puertas se abrieron y Amón apareció, tenía el cabello algo revuelto y lucía nervioso, sus ojos rápidamente se fijaron en Sakura y en un par pasos estuvo junto a ella, el mago se sintió incómodo cuando vio como el nosferatu se arrodillaba frente a la chica y la contemplaba en silencio, aunque sus ojos iban del negro al rojo la castaña no lucia asustada, más bien estaba preocupada, alzó sus manos hacia el rostro del moreno que antes de que la chica lo tocara la abrazó.
—Está bien —susurró Sakura, sus delgados brazos rodearon al moreno que enterró la nariz en el cuello de ella.
El rubio la vio murmurar algo que no alcanzo a oír, pero sin querer incomodar en un momento tan íntimo a la pareja se levantó silenciosamente y tomó a Rigel de la mano a pesar de las protestas se lo llevó junto con el kuda kitsune dándole espacio a la pareja, el mago suponía que tal vez Harry les había mostrado aquellas memorias y al parecer ese fue el caso pues apenas ingresó al castillo vio a Elizabeth con la cara enterrada en el pecho de un desconcertado y preocupado Sirius.
—¿Harry? —preguntó en cuanto vio a su vampiro, él lo miro a los ojos, lucía cansado.
—¡Papá! —Rigel corrió hacia Harry y él lo alzó estrechándolo con fuerza.
Draco se acercó y Harry colocó una mano sobre su hombro de manera posesiva, el rubio le sonrió y se dirigieron hacia su habitación. En cuanto la puerta se cerró tras ellos Harry bajó a Rigel que empezó a hablar sobre el kuda kitsune, Harry le respondía entusiasmado pero Draco veía el cansancio en su expresión, entonces cuando Rigel se trepo a la cama tras el pequeño zorrito que se había escapado Draco tomó la mano de Harry y lo condujo hacia el sillón.
—¿Qué ocurrió? —preguntó.
—Lilith comenzó hablando sobre el nuevo cantar y los dos nosferatu que aún no habían despertado, también dijo que ya había escogido a quien sería el guardián de Bella y me pidió que buscara un buen guardián para Shoichiro, después los mandó llamar para presentarlos formalmente, Sho aún esta incrédulo e Isabella lucía muy escéptica, cree en los vampiros y la magia pero no cree que ella pudiese ser parte de algo así, discutimos varias cosas y les mostré mis pesadillas. Lilith dijo que ese podía ser un posible futuro si no hacíamos nada, además al parecer Isabella no ha dado muestras de magia así que ella me pidió que me encargue de cuidar de la chica y de Sho.
—¿Porque no puede hacerlo ella? Según lo que comentó Jasper hasta ahora Lilith ha cuidado de esa niña ¿porqué no continuar? —cuestionó Draco.
—Esa es la otra cuestión, no dijo porque no podía continuar cuidando de Isabella sólo dijo que su tiempo con ella se había agotado y que ahora era nuestro turno.
—¿Que pasará entonces? —preguntó Draco.
—Me pidió que le enseñe a Isabella y a Sho, pero para eso no podremos continuar aquí. Draco, siempre has dicho que encerrar a Rigel no es sano así que ¿qué te parece mudarte a Norteamérica? —dijo tentativamente.
Draco se quedó observándolo en silencio por un largo rato tratando de procesar las palabras del vampiro pues si era cierto que él deseaba que su hijo interactuara con más niños no deseaba cambiar la vida Rigel y la suya de manera tan drástica, pero por otro lado también era consciente de que Harry tenía un deber para con su raza y él no quería ponerlo a escoger entre su familia y la nueva tarea que parecían haberle asignado. Suspiró, debían pensarlo bien pues su hijo no era precisamente un angelito y aunque era muy pequeño podía provocar un desastre con la magia.
—Harry, no sé si sea una buena idea, Rigel es impredecible, los accidentes mágicos de nuestro hijo son muy escandalosos y la sociedad mágica americana no es precisamente tolerante.
—Lo sé Draco, sé que es mucho pedir pero lo podemos intentar ¿por favor? —dijo sujetando las manos del rubio.
Harry apretó las manos del mago, entendía muy bien que llevar a Rigel a Norteamérica no era la más sensata idea pero él creía francamente que un cambio podría beneficiarlos, además Lilith le dijo que la sociedad mágica americana había cambiado mucho. Draco rodó los ojos antes de responder.
—Harry las medidas de seguridad serán un dolor de cabeza y no sólo eso, también hay muchas otras cuestiones, los magos americanos no son muy amables con los ingleses sobre todo desde el incidente de Newt Scamander.
—Sí, entiendo eso, pero las cosas han cambiado y si algo ocurre siempre podemos recurrir a mis poderes para marcharnos, sólo dale una oportunidad a Norteamérica Draco si no sale bien regresaremos inmediatamente —Harry tenía las manos de Draco entre las suyas mientras él lo miraba sin decir nada.
—Voy a pensarlo —respondió tras un largo silencio.
—Papá ¿dónde está Sho? —cuestiono entonces Rigel mirando a ambos adultos.
—Sho y Bella están con Lilith y Molly, Lilith quería que ambos conocieran algo de la historia familiar —contestó Harry suspirando.
—¿Dónde estará Potter? —preguntó entonces Draco recordando que no había visto a su cuñado desde el día anterior.
—Es cierto, no lo he visto y tampoco a Aurel y Hermione —comentó Harry extrañado.
—Granger e Ivanov están en la playa, creo que él le conto todo a Hermione —dijo el rubio suspirando.
Harry desvió la mirada, había visto las caras de todos en el salón cuando vieron sus memorias, apenas la proyección termino Amón y Vald fueron los primeros en desaparecer, Elizabeth lo miró con las emociones encontradas y sin decir nada se acercó y lo abrazó, fue reconfortante y calmante, entonces cuando se separaron la condesa se fue en busca de Sirius. Suponía que en esos momentos Vald estaría con Serena, pero las palabras de Lilith le dieron el empuje que necesitaba.
—Nada está escrito Harry, el futuro siempre puede cambiar —había dicho antes de llevarse a Bella y Sho con ella.
En la academia Serena estaba sorprendida pues en medio de su reunión con Cassy y Nadir Vald había aparecido y sin darle tiempo de nada el conde la abrazó, sintió la desesperación con la que su padre la estrechaba como si temiera que si la soltaba ella desaparecería.
—Papá —susurró.
—Estas aquí…
—Nosotros volveremos después —dijo Nadir antes de tomar de la mano a Cassy y sacarla de la oficina.
Cassy y Nadir se miraron cuando estuvieron lejos de la oficina de Serena, ambos estaban confundidos pero no se entretuvieron mucho analizando lo que acababan de ver pues ellos tenían un dilema propio que resolver.
Unos momentos antes.
Serena mandó a llamar a Nadir y a Cassy, ambos pilares estaban nerviosos pues no sabían qué les diría la rubia, entonces cuando al cruzar la puerta vieron como Seiya les sonreía amablemente y los dejaba solos con Serena sus temores no hicieron más que aumentar; Cassy estaba a punto de pedir perdón por lo que fuera que hubiese hecho pero entones recordó todas esas veces en que por adelantarse acabó delatándose sola así que tratando de parecer relajada y esperó a que Serena hablara.
—Chicos, esto no está funcionado —dijo la rubia posando sus ojos en los dos jóvenes.
Nadir palideció, miles de cosas pasaron por su mente repasando cada una de sus acciones desde que Serena lo nombró Pilar de Hielo de Avalon, repasó todas sus acciones con desesperación preguntándose que había hecho mal o en qué había fallado para que Serena lo echara a sólo un año de haberse integrado a los pilares de la isla, pero no notó nada incorrecto y eso lejos de calmarlo logró hundirlo más en la desesperación.
Cassy por otro lado le clavo las uñas al reposabrazos del sillón y un olor a quemado empezó a emerger, se había esforzado, hizo todo para encajar y cumplir con sus responsabilidades pero al parecer no había sido suficiente, había fallado y ahora Serena la echaría pero aun si eso pasaba Cassy no iba permitir que su desesperación se notara, le mostraría que a pesar de todo ella era una Black y como tal levantaría la cabeza con orgullo aunque lo único que quería era saber en qué había fallado o cómo se equivocó.
Nadir estiró su mano y como cuando era un niño se sujetó a la manga de Cassy, la mayor observó la palidez del chico que consideraba su hermano menor, respiró profundamente antes de hablar.
—Serena, realmente queremos ser pilares de Avalon, si algo hicimos mal solo dínoslo y lo corregiremos —dijo Cassy.
—Por favor Serena danos una oportunidad de probarte que estamos a la altura, no te vamos a defraudar —pidió Nadir, Serena los miró acongojada, ambos jóvenes estaban esforzándose por encajar, reprimiendo su potencial por adaptarse.
—Ese es el problema, ambos se están esforzando demasiado, intentan encajar con las chicas y sólo se están perdiendo a ustedes mismos, no quiero que eso pase, ambos son perfectos como son y no tienen que cambiar para complacer a las chicas ni a mí, los pilares de Avalon son sostenidos por la magia elemental y esta es controlada por sus emociones, al intentar encajar a la fuerza sólo están alterando su poder desequilibrándolo y a la larga su magia se volverá inestable —respondió la rubia.
—Pero las demás trabajan tan bien como un perfecto equipo, ellas son capases de mantener la magia elemental en armonía y lo hacen tan bien que es casi como respirar —dijo frustrado Nadir.
Serena les sonrió comprensivamente, ella también solía envidiar el perfecto control que tenían Michiru y Mina y la manera en que Amy y Lita se integraron como si siempre hubiesen sido hechiceras, todas eran tan naturales mientras que ella a veces también tenía pequeños descontroles y accidentes para equilibrar su magia, Serena se tardó en aprender a estar en equilibro y a mantener la armonía en la isla, le costó y envidió durante un tiempo la facilidad con la Amy y Lita se acoplaron, tuvo celos de la manera en que Mina era capaz de usar la magia para las tareas más simples sin provocar un desastre y como Michiru era capaz de crear arte con ayuda de su magia, Serena entendía como se sentían ambos porque ella también se sintió el patito feo entre cisnes.
—Los entiendo, de verdad que lo hago, pero no quiero que se lastimen y aunque no quiero que se alejen ambos se están ahogando en la isla, por eso quiero proponerles algo.
—Serena… —Nadir sintió pánico.
—Escúchenme primero chicos, ambos necesitan vivir nuevas experiencias y aquí en este lugar aunque para mí fue un punto de estabilidad para ustedes no es así por ese motivo quiero que salgan fuera de la isla, que vivan entre las personas normales, por eso quisiera que se hicieran cargo de dirigir un orfanato en Londres, creo que lo recuerdan ¿verdad? —ambos chicos asintieron ¿cómo olvidarlo?— Me gustaría que ambos se encargaran de ese lugar, esa sería su nueva tarea como jóvenes pilares pero es su decisión, si aceptan tendrán toda la libertad que deseen pero aún estarán unidos a Avalon y si en algún momento quieren volver…
Antes que Serena dijese más Vald se materializó en medio de la oficina, sus ojos se posaron en su hija y rápidamente se acercó a la desconcertada joven para abrazarla tranquilizando a su agitado corazón.
Bella permanecía viendo a Lilith que hablaba en voz baja con Sho, el niño había estado reticente a alejarse de Harry, pero Lilith lo convenció y se quedó con ellos cuando todos los demás se marcharon, Bella estaba algo escéptica a lo dicho por Lilith pero entonces mientras más lo pensaba se iba dando cuenta de que ella era diferente y poco a poco fue encontrando menos descabellado lo que había dicho su rubia amiga.
Continuará…
