Capítulo 4
-¡Hola, señor Elefante!
-Dijiste que era callada y algo tímida. Me mentiste, Lysandro.
La larga cabellera roja flotaba por las calles de Shiz, Selkis asomaba casi medio cuerpo por la ventanilla del carruaje, encantada por ese nuevo ambiente menos urbano, más tranquilo, y sin ningún edificio verde.
-¿Lo viste? ¿Lo viste, Lysandro?- preguntó la chica emocionada, sin siquiera meter la cabeza de vuelta al carruaje.
-Lo he visto, señorita, igual que a todos los Animales con los que nos hemos cruzado.- respondió Lysandro, esperando que la emoción de la chica fuera pasajera.
En Shiz había Animales, y no solamente criados y meseros. Había saludado a dos Cebras que tomaban el té en un café frente a la estación, dejó pasar a una familia de Patos que parecían tan perdidos como seguramente ella lo estaría sin Lysandro, se ganó una mirada molesta de un Tigre vestido de azul al que se le quedó mirando anonadada por varios segundos, y finalmente un Elefante que dirigía el tráfico erguido en sus dos patas le había respondió al saludo con su trompa sin descuidar su labor.
-Si se cae del carruaje, no voy a detenerme para recogerla.- se burló Castiel.
-Por favor siéntate.- pidió el albino, apenado. Al parecer la recatada señorita que había conocido en el tren solamente era la fase previa a tomarle confianza a alguien.
-Lo siento.- se disculpó la chica, ingresando y sentándose. –Todo esto es muy emocionante.
-Si así eres siempre, esperemos que el viejo Chivo no te ponga una demanda por acoso.- dijo Castiel sonriendo burlonamente. –Sospecho que no lo dejarás en paz.
-Castiel, no deberías expresarte así de los profesores.- regañó Lysandro.
-¡Pero es un viejo Chivo!- reclamó el pelirrojo –Bien, en realidad es una "vieja Cabra" pero eso suena a que es una mujer. Tú eres un joven albino, ella una joven pelirroja, él un viejo Chivo.
Lysandro suspiró de resignación, conociendo a su amigo, entendía que a pesar de llamarlo así lo respetaba a su manera, al usar el adjetivo "viejo" y no otros como "tonto", "idiota", "ridículo", "maldito" o "peste".
-No es una buena imagen para los alumnos de nuevo ingreso, estar en compañías con alguien que se refiere así al profesorado.- completó.
-¡Bah!- exclamó el pelirrojo –¡Había pasado tan a gusto un año completo sin estar cuidando la principesca imagen de mi mejor amigo!
-Yo creo que son interesantes juntos.- se aventuró a decir Selkis, bajito.
Castiel rió un poco.
-Veremos que opinas cuando te metas en el primer problema por nuestra culpa.- dijo, mientras Lysandro se hacía el desentendido.
El silencio se apoderó del carruaje, Lysandro miraba por la ventanilla, Castiel se hizo el dormido y Selkis se quedó pensando si había elegido correctamente con quien empezar sus días universitarios. ¿O más bien la habían elegido a ella?
-Tú no tienes remedio, ¿verdad?- dijo Lysandro después de un rato de silencio.
-Sabes que no.- respondió Castiel sin abrir los ojos.
Silencio de nuevo.
-¡Por Oz! ¿Eso es un Rinoceronte?
-Bienvenidos a Shiz, jóvenes, respiren la libertad por última vez en seis meses.- declaró Castiel con parsimonia, cuando finalmente el carruaje se detuvo y los recién llegados miraron por primera vez la reja que marcaba la entrada a la universidad.
Selkis obedeció y aspiró profundamente, con la esperanza de que Castiel estaba exagerando y la convicción de que sus pulmones se llenaran del aire de su nuevo hogar.
Comenzaron a cruzar su camino con estudiantes. Estudiantes cargando equipajes, esperanzas, miedos, dudas e ilusiones.
Estudiantes con uniforme.
-¡Nunca nos dijiste que debíamos usar el uniforme desde ahora!- exclamó la pelirroja, exaltada.
-¿Y porqué tanto escándalo? El uniforme es opcional.- explicó Castiel, molesto.
-¿Y porqué crees que no querría usar uniforme?- siguió preguntando la chica, ofendida.
-Pensé que estabas orgullosa de las diferencias.- continuó el pelirrojo, mirándola fríamente.
-Es complicado.- inquirió la chica tras pensarlo unos segundos.
-Usaremos uniforme a partir de mañana.- afirmó Lysandro con calma –Hoy no podrás evitar llamar la atención.
La chica bajó la mirada y empezó a caminar en silencio, sin decir una palabra llegaron hasta el patio donde recibían a los estudiantes para asignarles habitaciones. Se acomodaron junto a un pilar, Castiel se sentó en el suelo, Lysandro sobre su enorme veliz, y Selkis se escapó detrás del pilar, enfrascándose en mirar el suelo.
-Una amiguita rara la que te trajiste del tren.- dijo Castiel, fastidiado.
-Me vas a decir que tú eres muy normal.- replicó Lysandro, sonriendo.
Mientras el lugar se llenaba de alumnos, les llegaban cada vez más conversaciones entrecortadas.
-¿Has visto a esa tipa tan rara?
-¡Qué color!
-Nunc a había visto algo así.
-Además parece bastante malhumorada.
-¡Shiz no debería aceptar personas tan diferentes! ¿Qué admitirán después? ¿Animales?
Los chicos voltearon a mirar a su acompañante, esperando que saliera a rebatir semejante comentario, pero sólo temblaba aún mirando al suelo.
Lysandro se levantó y fue a pararse frente a ella.
-No pueden referirse a ti, no estás en un lugar visible y llegamos cuando no había casi nadie.- dijo, intentando reconocer su rostro entre los mechones rojos, esperando que no estuviera llorando.
-¿Y a quién más podrían referirse?- preguntó la chica con la voz temblorosa.
-¡ANDA! ¡MIREN ESO!
Selkis y Lysandro atendieron a la exclamación de Castiel alejándose del pilar lo más que pudieron en un paso, mirando hacia donde los cuchicheos se convertían en claras exclamaciones de asombro, extrañeza y hasta miedo.
Varios estudiantes se apartaban asustados antela visión de otra estudiante que avanzaba a pasos densos y sonoros con sus enormes botas gastadas, mirando a cuantos se cruzaban-apartaban de su camino con desprecio.
Pero el aparente odio hacia el mundo de la chica que caminaba por el patio no era lo más notorio en su persona, más bien el tono de su piel.
-¡Es verde!- exclamó Selkis, asombrada. Antes de asquearse un par de segundos después.
-De todos los colores que existen en el mundo, tendré que ver todos los días, en el lugar más alejado de Ciudad Esmeralda en el que puedo estar, a una tipa VERDE.
-Al menos ya no eres la más llamativa del lugar.- se burló Castiel.
