.

.

3 – Solo hay traidores

Dos días pasaron para que Ikki se entregara ante los demás caballeros Dorados, ahora Shaka sostenía a su pequeña sobrina en brazos, la cuidaba solo para que Shun y su esposa pudieran escuchar las malas noticias de parte de sus amigos, igualmente sentía que si Ikki aceptaba su destino, sería el último momento en tener a Nina en sus brazos.

Junet tenía las manos en su rostro tratando de ocultar sus lágrimas. Su esposo, Shun, estaba inclinado en el suelo llorando frente a Hyoga, Shiryu y Seiya. Ellos le habían explicado lo sucedido días anteriores y sabía que su hermano tenía que pagar por lo que había hecho. El caballero de Andrómeda no dejaba de llorar por la muerte que no podía detener. Shiryu se sintió terrible y lo abrazó sin darse cuenta que de sus ojos salían unas cuantas lágrimas. Lamentablemente tenía que cumplir su promesa esa misma tarde frente a los caballeros Dorados. Hyoga y Seiya solamente se quedaron al lado de Shun durante todo ese tiempo.

En la arena se podían ver solamente nueve caballeros Dorados; ni el caballero de Virgo ni el caballero de Cáncer habían llegado aún, pero el caballero de Fénix era escoltado por Seiya y Hyoga. Su hermano, Shun, no quería acercarse mucho, pero sabían que estaba viéndolos, sentían su cosmos y sabían que no dejaría a su hermano solo ni un solo minuto. Shiryu, por otra parte, estaba al lado de Shura. El caballero de Capricornio, aún si fue el que acusaba a Ikki, no estaba feliz. Se mostraba serio y un poco molesto, incluso decía unas cuantas cosas en su idioma natal que no parecían muy buenas.

–Si te molesta tanto esto, ¿por qué lo continuas? –preguntó Dohko. –Ni siquiera tú quieres intentar matar al caballero de Fénix.

–Es cierto lo que dices, amigo. –lo observó unos segundos. –Pero es justo.

Ikki estaba en el centro de la arena, esperando lo peor para él. No mostraba nada más que una sonrisa. Mu entró a la arena y se colocó frente a él. Ambos voltearon a su derecha y veían como el Patriarca Shion estaba ahí para observar la ejecución.

–Ikki de Fénix. –dijo Mu a la pareja de su amigo. –Se te acusa por la muerte de inocentes, del incendio de Rodorio y por traicionar al Santuario robando dos armaduras Doradas.

–Una, Mu. –sonrió el caballero de Fénix. –A Afrodita no le ayudaría por nada en el mundo, y tú lo sabes bien.

Mu no respondió nada solo suspiró un poco molesto.

–Robar una sola armadura es más que suficiente. –de nuevo alzó su voz. –Tu castigo será la muerte a manos de otro caballero. Tienes derecho a defenderte, pero al hacerlo, nosotros, los caballeros Dorados, tenemos igualmente el derecho de atacarte. –de pronto observó como Deathmask y Shaka se acercaban a sus demás compañeros. – ¿Tienes algo que decir a tu favor?

Ikki seguía con un aire altivo, como si nada de eso le estuviera pasando pero de pronto su sonrisa se desvaneció y se veía en sus ojos que estaría a punto de romperse. Mu entonces entendió que Ikki estaba viendo como el caballero de Virgo se escondía tras Aldebarán, no podría detener algunas de sus lágrimas.

–Siento que tengas que ver esto, Shaka. –comentó Aioria.

Él no contestó, solo se tranquilizó para continuar viendo a su pareja.

El caballero de Fénix negó con la cabeza y esperó a que Mu se fuera de ahí para bajar su rostro. Ahora Shiryu era el que entraba en la arena, listo para usar su Excalibur.

–Ikki, por favor te lo pido, no te des por vencido. Yo sé que tú eres…

– ¿Inocente? –preguntó Ikki alzando el rostro. –No, no es verdad, amigo mío. Yo admito que lo que he hecho está mal, merezco ser castigado. –de pronto se colocó en rodillas frente a él y removió su casco. –Será un honor morir por tus manos.

Shiryu suspiró, en realidad no quería por nada en el mundo tener que hacer eso. Trató de buscar en los rostros de los caballeros Dorados alguna duda, algo que supiera que si lanzaba el ataque alguien lo detendría y perdonarían a su amigo. Pero lamentablemente ninguno de ellos, excepto Shaka y Deathmask, mostraba un dolor ante ese castigo. Sabía que les habían advertido a ellos dos que si intentaban algo serían castigados de la misma manera. Todos esperaban que él fuera el caballero que traería la justicia de hace seis años, pero él no quería hacerlo.

–Lo siento tanto, amigo. –alzó su brazo para entonces lanzar su ataque.

– ¡River of the Excalibur!

Apenas si su ataque salía de su brazo, Ikki se levantó para recibirlo directamente.

– ¡Lotus Chain!

De pronto las cadenas habían desviado el ataque del caballero de Dragón. Los caballeros Dorados pronto se acomodaron para atacar al ver que Shun estaba acercándose con su cadena para defender a su hermano.

– ¿Qué haces, estúpido? –Milo se escuchaba molesto.

–No dejaré que maten a mi hermano. –respondió sin bajar las cadenas. –Él ha dado mucho de su vida para proteger el mundo y al Santuario.

–Eso no importa ya, Shun. –contestó Aldebarán un poco triste. –Ikki ha aceptado su culpa y merece un castigo acorde con sus actos.

Shun estaba a punto de decir más pero sintió como su hermano lo abrazaba. No pudo más y terminó llorando en sus brazos. Le destrozaba la idea de que Ikki moriría frente a él, frente incluso al hombre que lo amaba y de sus amigos y hermanos. Deathmask se acercó a ambos para tomar a Shun y separarlo del caballero de Fénix, era el único que no temía que los demás caballeros lo atacaran por eso.

–Gracias, maestro. –sonrió Ikki.

–Otro día dominaremos el mundo. –guiñó el ojo para alejarse y ayudar a Shun.

Shiryu nuevamente tenía que lanzar su ataque y no podía esperar más.

– ¡River of the Excalibur!

– ¡Siete cabezas! –se escuchó cerca de ahí.

Siete muros de cristal se colocaban uno tras otro para detener el ataque de Shiryu, al parecer Dante protegía al caballero de Fénix. Los Dorados y los de Bronce se sorprendieron al ver como él y sus otros dos hermanos llegaban, pero no estaban solos.

– ¿Cómo se atreven a matar a mi querido Fénix? –esa voz era inconfundible.

Rápidamente Camus, Shura, Aldebarán y Aiorios se colocaban frente a los caballeros de Cisne y Pegaso, ahora haciendo que ellos estuvieran de un lado y los nuevos caballeros que llegaban estuvieran del otro. Una persona tenía sobre sí un manto negro de pies a cabeza.

–Es cierto, nosotros deberíamos hacerlo. –sonrió Dante.

–Cállate de una vez, hermano. –le interrumpió Hesper. –Nuestro maestro habla.

Al parecer al hermano mayor no le agradó ese comentario, pero aun así guardó silencio.

–No deberían de permitir esto. –decía aquel hombre cubierto. –Deberían de dejarlo pelear por su vida… o entregármelo a mí.

– ¡Excalibur! –exclamó Shura para lanzar su ataque que fue esquivado pero ayudó a remover aquel manto.

Todos habían escuchado esa voz antes, era el caballero de Piscis ante ellos, pero ahora había cambiado. Sus ojos se mostraban cansados y su cabello era aún más largo, desalineado y su brazo derecho no tenía la armadura, sino una enredadera con rosas blancas.

–Maldito. –dijo Shaka entre dientes. –Tú deberías estar muerto.

–Y lo estoy. –sonrió Afrodita acercándose un poco a ellos. –No puedo vivir si no tengo a mi caballero a mi lado. Por favor, no lo maten. –rogó mientras su brazo se estiraba a ellos. –Entréguenmelo y nos iremos de aquí.

– ¿Quién te hace creer que él irá contigo? –sonrió Deathmask colocándose frente a su alumno. –No me hagas reír, niña.

–Ikki. –ahora Afrodita parecía no ver a los demás. –Ven conmigo, te prometo que perdonaré tu vida y dejaré que hagas lo que quieras. Un ave fénix jamás debería ser domada por nadie, ni siquiera por mí, quien te ama tanto.

–Maestro, usted nos prometió su cabeza. –interrumpía molesto el caballero de Hidra.

Su hermano colocaba una mano para detenerlo. Sabían que ellos no podrían contra los deseos del caballero de Piscis. Parecía que su obsesión había crecido con estos años, ni siquiera los caballeros Dorados creían que esto era posible. Rápidamente sus ojos crecieron al escuchar al caballero de Fénix reír.

–Deathmask me conoce bien, Afrodita. –sonrió mientras se colocaba su casco. –Quizá sea mejor que peleemos.

De pronto la mano de Shaka tomó de su brazo para detener su andar. Ikki se dio la media vuelta para observar cómo su amante lo jalaba a él y así caminar hacía Afrodita.

–Yo pelearé contigo. –abrazó a Ikki y lo besó en la frente.

– ¿Cómo te atreves a tocarlo? –la voz del caballero de Piscis había cambiado, incluso sus ojos y su mano que ahora se convertía en puño. – ¡Mátenlo ahora mismo!

De pronto los tres caballeros de plata corrían entre una lluvia de rosas blancas. Los Dorados rápidamente protegieron cada uno a un caballero de Bronce de su lado. Eso le dio tiempo a Afrodita de huir de ahí, no sin tener a Shura y Shaka corriendo tras de él. Mientras tanto los caballeros de Cisne y Dragón peleaban defendiendo a Ikki de los caballeros de Lobo e Hidra. Solamente Hesper daba batalla no solo a Shun y a Seiya, si no a otros de los caballeros Dorados. El caballero de Fénix no sabía qué hacer, trataba de huir pero los demás hombres le empujaban el paso mientras que trataban de atacar a la chica que no dejaba de moverse. Milo y Aiorios no lo permitían salir de ahí, incluso lo golpearon para que cayera al suelo. El golpe había sido tan fuerte que no supo de sí mismo o de la pelea que había causado. Incluso si eran tres caballeros contra los Dorados y cuatro de Bronce, daban mucha batalla.

Mientras tanto Shura y Shaka se enfrentaban contra Afrodita. Sus flores eran lanzadas sin parar, al igual que el ataque de la Excalibur. Shaka trataba de esquivar y de atacar sin victoria alguna.

–Seis años duré entrenando, amigos míos. –decía Afrodita sin dejar de correr.

Shura no dejaba de lanzar su Excalibur, pero Afrodita en verdad era rápido, tanto así que incluso recibió uno de sus golpes que lo hizo caer. Shaka se preocupó de su compañero, se detuvo para ayudarlo. Se sintió aliviado al ver que la rosa apenas había rozado su armadura, pero de pronto sintió un terrible miedo. Al levantar a su amigo se dio cuenta que estaba en la entrada de la casa de Leo, demasiado cerca de la suya.

.

Shun tenía en sus brazos a Ikki quien apenas despertaba del gran golpe que había sentido momentos antes. Apenas si podía escuchar bien cómo su hermano repetía una y otra vez su nombre, pero de pronto despertó y se levantó del suelo. Frente a él, los caballeros Dorados tenían en rodillas a los tres hermanos. Al parecer se habían rendido después de que estaban seguros que perderían sin problema ante ellos.

– ¿Qué te parece? –preguntó Deathmask. –Dicen que se rinden y han pedido clemencia. Prometen no volver si es que nosotros los dejamos ir.

El caballero de Fénix los miró unos segundos antes de observar a los caballeros Dorados. Sólo Shura y Shaka no estaban ahí, pero ahora ellos parecían esperar que él dijera algo.

– ¿Acaso esperaron a que me despertara para darles una respuesta? –preguntó.

–Hemos decidido que si ellos pueden irse de aquí y jamás regresar, sería un buen castigo para ti también. –sonrió Milo. –Bien sabes, algunos caballeros Dorados no puede dejar su casa.

Ahora lo entendía. Quería separarlo de Shaka, después de todos ellos sabían que si lo mataban tarde o temprano el caballero de Virgo haría algo sobre eso. Sonrió un poco molesto, sentía que el caballero de Escorpio no podía dejarlo en paz.

– ¡Lluvia de estrellas Fenícidas!

Milo si apenas tuvo tiempo de bloquear el ataque, incluso parte de su armadura se dañó y sangraba de su brazo. Sonrió al sentir que era el inicio de una pelea.

– ¡Aguja Escarlata!

Pero de pronto su ataque se vio desviado por una rosa roja. Los caballeros Dorados de Capricornio y Virgo llegaban corriendo tras una sombra que se sabía bien quién era. Los caballeros que eran tres hermanos se levantaron y de un salto terminaron al lado de su maestro. Al parecer, tenían un plan pero no se sabía bien qué era.

Aioria estaba a punto de atacar pero de pronto Shura lo empujó para no dejarlo ni siquiera tomar su pose de pelea.

–No lo ataquen. –interrumpió Shaka.

– ¿De qué hablas? –preguntó Mu pero la risa de Afrodita era su respuesta.

Nuevamente tenía un manto negro pero con él cubría su brazo. No esperó mucho para removerlo y mostrarles su defensa.

– ¡Nina! –gritó Shun desgarradamente. – ¡Déjala ir!

Ikki lo detuvo al verlo correr hacía su adversario, él mismo quería pelear ante tal osadía de Afrodita, pero sabía que el bebé estaba en peligro.

–Así que esta pequeña es tu hija, caballero de Andrómeda. –tomó una rosa blanca y jugó con ella frente al bebe. – ¿Sabes acaso cómo usé una de estas con tu padre?

La niña no dejaba de llorar. Al parecer había estado dormida, pero los movimientos y gritos habían logrado despertarla bruscamente.

– ¿Qué es lo que quieres, Afrodita? –preguntó molesto Ikki.

–Sabes que solo te quiero a ti, mi amor. –el caballero de Piscis se mostraba de alguna manera enamorado, su voz y gestos cambiaban cuando le hablaba al caballero de Fénix. –Prométeme que estarás a mi lado, que me amaras.

–Increíblemente loco. –comentó Mu con una sonrisa. –Sabes que si incluso Ikki dice eso sería una gran mentira.

–Entonces está niña será mía de ahora en adelante. –verdaderamente su locura se veían en los ojos. –Si cambias de parecer, cariño mío, te espero en el bosque de Rodorio. Entregaré a la niña, sólo si verdaderamente me amas. –cubrió a la niña con su manto y se fue de ahí. –Vámonos, alumnos.

Los caballeros de Lobo y Cerbero se movieron pero el caballero de Hidra se quedó atrás. Su hermana lo notó así que le dijo que se diera prisa, para entonces recibir un golpe de su propio hermano Dante.

–Yo seré quien mate al caballero de Fénix. –corrió para lanzar su ataque. –Muere.

– ¡Hércules nightmare!

Su golpe asemejaba a siete cabezas de serpientes que se movían sin parar para atacar a los caballeros de Bronce y a algunos Dorados de por medio. Los golpes en realidad eran duros, pero Ikki logró bloquearlo sin problema. El caballero de Hidra no se daba por vencido al correr nuevamente contra el caballero de Fénix, quien sonrió y recibió un golpe en el rostro. De pronto, Dante caía arrodillado ante el suelo ya que Ikki había tomado su brazo para someterlo.

– ¡Me rindo! –gritó entre el dolor y el enojo. – ¡Me rindo! Por favor déjame ir.

–Aun así, nos enfrentaremos tarde o temprano, imbécil. –contestaba Ikki para dejarlo.

Lo soltó y se encamino rumbo a sus compañeros.

–Estúpido.

– ¡Hércules Nightmare!

Ahora todo el ataque estaba concentrado para Ikki, quien lo recibió con los brazos abiertos. Los Dorados estaban sorprendidos ante esto, incluso Shaka no creía saber bien qué pasaba. Shun aun lloraba en el suelo pero se había dado cuenta de aquel suceso.

Dante reía felizmente pero pronto vio el brillo de los ojos entre el humo que su ataque había causado. Ikki salía con los ojos entre abiertos para acercarse a él y tomarlo del cuello, al parecer el caballero de Hidra tenía un terrible temor que no lo dejó moverse. De pronto los caballeros Dorados sintieron algo que no sabían bien describir, Shaka y Mu se voltearon a ver sabiendo que habían sentido algo parecido unos días antes, cuando esperaban la respuesta de Shura que vigilaba la ciudad.

–No sabes a quién te enfrentas. –dijo Ikki con una voz seria al igual que su rostro. –No sabes que tu muerte está aquí mismo.

–Eyes of the Phoenix. –y rápidamente abrió los ojos.

El brillo de sus ojos asemejaba un poco al brillo que alguna vez el caballero de Virgo usaba para atacar, tanto así que los caballeros de Bronce se cubrieron el rostro. Todos miraban a la dirección contraría excepto Shaka, él sabía bien que ese ataque había salido de su casa y era el único que podría sobrevivir ante algo así. Shun y sus hermanos escucharon los gritos de dolor y miedo del caballero de Hidra, pero no veían como de sus ojos y boca salían llamas de fuego incandescente. Ikki parecía no estar ahí, parecía en un trance que Shaka tuvo que detener al tomarlo entre sus brazos. De pronto, el cuerpo calcinado de Dante había caído al suelo, al mismo tiempo que Ikki gritaba de dolor y caía desmayado en los brazos de Shaka.

– ¿Qué demonios fue eso, Ikki? –preguntó Hyoga acercándose pero solo para tener por respuesta un silencio de parte de su compañero.

–Shaka, ¿estás bien? –preguntó Dohko.

–Sí, lo estoy. –rápidamente sus ojos se posaron en Shun. –Lo lamento tanto, Shun. –se levantó con Ikki en los brazos.

–Afrodita tiene a mi hija. –dijo aun sollozando. – ¿Dónde está Junet?

–Ella sigue en casa de Virgo. –respondió Shura. –Está con Shunrei y Shaina.

–Iremos por ella. –sonrió Seiya tomándolo del hombro. –Hemos peleado con hombres más poderosos que Afrodita, Shun. No debes de preocuparte.

–Me ofrezco a acompañarlos. –mencionó Shaka viendo a Ikki en sus brazos. –Siento que en parte es mi culpa.

–Igualmente es la mía. –continuó Shura.

Shun hizo una pequeña reverencia para decir que les agradecía y aceptaba su ayuda. Pronto escuchó cómo su esposa llegaba llorando así que se levantó para recibirla en sus brazos. Los caballeros Dorados se mantuvieron en silencio ante esto, no solo por respeto si no que aún no se explicaban qué había sucedido minutos antes con Ikki y su ataque. Shaka se acercó al cuerpo de esté y besó sin parar las mejillas del caballero de Fénix.

–Iré por nuestra hija, Junet. –repetía Shun para consolarla.

–Iré yo también. –respondió ella mientras se alejaba de sus brazos para mostrar que incluso vestía la armadura que le correspondía. –Quiero a mi hija de vuelta.

–No, Junet. –se escuchaba una voz. Ikki se levantaba poco a poco para recargarse en Shaka. –Te prometí que tomaría tu lugar si algo sucedía, así no tendrías que usar tu armadura ni una sola vez más.

– ¿Estás bien? –se acercó Shiryu junto con Seiya y Hyoga.

–Yo iré solo por Nina. –prosiguió sin responder pero la posición de su cuerpo mostraba que algo en su pecho le molestaba. –Yo iré por mi sobrina, que ese sea mi castigo.

–Iremos todos, hermano. –respondió Shun un poco más en calma. –No te dejaré solo en esto, Ikki. Bien sabe Shaka esto.

–Incluso Shura y tu novio les ayudarán. –comentó Deathmask. – ¿Me uno a ustedes?

–No, –respondió Ikki rápidamente para después quejarse nuevamente. –Mi pecho. –suspiró al sentir la mano de Shaka en él. –Iré yo y nadie más. Ella es mi responsabilidad, nada de esto hubiera pasado si no fuera por mi codicia.

Shun trató aun de convencerlo pero su hermano no quería ayuda ante esto. Shion entonces se paró al lado de ellos.

–Ustedes, caballeros de Bronce, son un milagro. –observó a los hermanos. –Si logran derrotar a Piscis y a esos caballeros traidores, perdonaré la vida de su hermano mayor. Solo los caballeros de Bronce y nadie más. Pero si llego saber que ese hombre sigue vivo, yo mismo le cortaré la cabeza a Ikki. –Se acercó a él y a Shaka. –Espero ahora mismo que te puedas levantar e ir a salvar a tu sobrina y a derrotar a ese traidor. –se dio media vuelta. –Tráeme su brazo ante la sala del Patriarca.

Lo vieron marchar y tras de él iban los caballeros Dorados, excepto Deathmask, Shura y Shaka, quien aún tenía en sus brazos a Ikki.

–Creo que aceptaré el reto. –mencionó Hyoga acercándose a Ikki y a Shaka.

–Igual yo. –respondió Seiya.

–Cuenten conmigo, amigos. –sonrió Shiryu.

–Sé que mi hija será salvada. –Shun aun abrazaba a Junet. –Sé que ella regresara a nosotros tarde o temprano.

Los caballeros aceptaron pero Shaka tuvo que cargar a Ikki en sus brazos ya que no podía con él mismo. Deathmask y Shura se acercaban a Shun y Junet para demostrar que ellos entrarían igualmente al bosque con ellos, pero Shun les explicaba que Shion solo se lo había pedido a ellos. Mientras tanto Hyoga, Seiya y Shiryu veían como su amigo Ikki seguía quejándose de un dolor que según él ahora disminuía.

–Por favor, Shun. –dijo Shaka un poco preocupado. –Solo dale unas cuantas horas a tu hermano para que se reponga totalmente.

–Iré ahora mismo, amor. –respondió Ikki con una sonrisa.

–Prefiero esperar un poco más para que puedas pelear sin problema, hermano. Sé que lograrás esto y así podrás ser perdonado… y Nina volverá a mis brazos.

Las lágrimas de los padres no cesaban pero ahora se sentía un poco más de esperanza al ver a los caballeros de Bronce con sus armaduras, e incluso como tres Dorados serían sus protectores. Después de todo, no sabían a qué iban.


ESPERO QUE ESTEN DISFRUTANDO ESTA HISTORIA. ESPERO IGUALMENTE QUE TENGAN UN POCO DE PACIENCIA (LO SÉ, SOY MALA) YA QUE LOS CAPOTULOS ESTAN AVANZANDO DESPACIO YA QUE ANDO EN OTROS PROJECTOS Y LA ESCUELA ME DIO UNOS HORARIOS UN POCO DIFICILES. POR ESO QUERÍA ANUNCIARLES QUE QUIZÁS SEA SUBIDO CADA DOS O TRES SEMANAS, PARA ASÍ PODER AVANZARLE A LOS DEMÁS Y NO LLEGUE UN PUNTO EN QUE NO PUEDA SUBIR MÁS CAPÍTULOS. IGUALMENTE LOS INVITO A LEER ALGUNO DE MIS OTROS FFICS, Y UNA COLECCIÓN DE LOS DRABBLES QUE HE HECHO EN LOS DÍAS LLUVIOSOS O/Y EL SAINT FFIC FEST EN TUMBLR. (AMBOS EN INGLÉS HEHE)

¡TENGAN UNA BUENA SEMANA!