NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola a todos! pues si, como me han dejado muchos comentarios y además, casi todos atinaron a quién era la mujer misteriosa, los recompensé con una actualización muuy rápida. La próxima si demorará más porque el capítulo sigue en construcción. Este me salió largo, espero que no les resulte tedioso de leer xD

Comentarios:

Farah Maysoon: No, pero estabas algo cerca :D Muchas gracias por tus alertas y favoritos. Me inspiran a seguir con el fic.

kaxiribria: si, es ella y muchas gracias por comentar ¡Ya puedo nombrarte por tu nickname! :D

jinora96: ¡Hola! bueno, ya te contesté tus comentarios y la mayoría de tus preguntas por medio de un mensaje personal. No, Momoko no aparecerá en éste fic, o al menos no lo tengo planeado aún. Gracias por los links.

kIrA-ChAn ItZel-SaMa HoShi KuO: Este chap no tiene en realidad mucho romance, eso lo dejé para el capítulo que sigue. Pero, creo yo, que tiene unas escenas cómicas.

Guest3: Me alegro que te haya gustado e igual espero disfrutes este capítulo ¿Chile? ¡wow! saludos desde México :)

Guest1: si, vendrá la oportunidad de Mako. Concuerdo contigo, aunque los avances tecnológicos tenían que ocurrir, me hubiera gustado que conservaran ese toque antiguo que tanto me fascinó de "La leyenda de Aang" así como la sabiduría milenaria. Pero bueno, por algo hice este fic xD

Aloys Milo: Recuerda que en el mundo espiritual el tiempo no pasa ni transcurro como en el mundo humano. O al menos llegué a esa conclusión después de ver a Kyoshi joven cundo murió a los 270 años (es la repuesta más lógica que he encontrado a mi duda)

hinayo-sempai: Omashu es igual al de la serie, no lo cambié prácticamente nada porque quise respetar su milenaria cultura; y Bumi solamente lo puse igual al loco Rey que vimos al lado de Aang (son iguales, ahora entiendo porqué se llama así)

CaFanel: Tus intenciones si que me hacen sentir mejor :) Y por cierto, si, Korra tendrá encuentros pero más adelante. Será parte de la trama como en uno o dos capítulos.

Nieve Taisho: Me alegro que te haya hecho reír :D y si, los habrá pero más adelante.

ATENCIÓN.-Muchos me pidieron que metiera a Mako y Korra juntos en la cueva. Traté pero la trama no me fluyó como esperaba. Habrá mucho romance entre ellos dos a su debido tiempo, por ahora, no. Ojalá aún así les guste.


Capitulo 4.

La Cueva de los Enamorados.

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Salieron de Omashu muy temprano en la mañana. Bumi los despertó y les pidió vestirse entre risas y consejos extraños. Después, los guio por un sendero lateral de la ciudad hacia las montañas más lejanas, que estaban justo en frente de la Ciudad, era una cadena impresionante que parecía rodear Omashu, casi protegiéndola.

Pero conforme más avanzaban, subiendo la colina, pudieron percatarse que esa cadena montañosa era muy peculiar. Se elevaban del suelo bruscamente, casi como si las hubieran planeado, como agujas rocosas y anchas tratando de alcanzar el cielo.

—Hermoso ¿No lo creen?—les dijo Bumi, observando cómo aquellos jóvenes contemplaban las montañas casi como si fueran un milagro—No hay cosa igual en el mundo.

El sendero estaba bien marcado, aunque no parecía ser transitado. Mako se preocupó inmediatamente de eso, pues si pocas personaban usaban ese camino solo podía significar dos cosas: o era demasiado antiguo y lento por eso usaban caminos más rápidos; o era peligroso. Y temía lo segundo.

—Aquí está. La Cueva de los dos Enamorados—Bumi les mostró orgulloso una grieta profunda que se volvió oscura perdiéndose en el interior de la montaña. Había inscripciones antiguas en ambos lados.

—¿Sólo un simple túnel?—replicó Korra—Oh, esperaba algo más… emocionante.

—No es un simple túnel chiquilla—le reprendió Bumi.

—Pero estamos viéndolo—dijo Asami—No se ve misterioso, o romántico.

—Es una vieja leyenda—comenzó Bumi—Dos jóvenes se enamoraron, pero sus aldeas eran enemigas. La única forma de reunirse sin que nadie lo supiera fue usando ese túnel—señaló la cueva.—Un laberinto enorme para que las personas que osaran seguirlas terminaran perdidas para siempre. Solo las personas que confíen en el amor y se dejen llevar por él serán capaces de cruzarlo.

—Pausa—dijo Bolin—¿Ese túnel cruza toda la montaña?

—Sí. Y es un laberinto. La salida los llevará a un pasaje que conduce a las Tres Cascadas.

—No estoy segura de querer correr ese riesgo—dijo Asami—¿Y si nos perdemos?

—¿Lo has cruzado antes Bumi?—preguntó Bolin.

—¡Un montón de veces!

Los ojos del Maestro Tierra se iluminaron.

—Entonces ¿Nos vas a guiar?—preguntó ilusionado.

—No.

Todos le miraron suplicantes.

—¡Pero nos perderemos allá dentro!—reclamó Korra—¿Acaso quieres que moramos ahí, encerrados en una montaña?

—Debo imaginar que ustedes no confían en el amor ¿verdad?

Korra guardó silencio. Su mirada y la de Mako se cruzaron, suspiraron al mismo tiempo.

—Confío—dijo Mako—Pero eso… no lo hace menos peligroso.

—Lo peligroso es lo que hace emocionante a la vida, jovencitos—les dijo Bumi con dejo de reproche—Si actúan con miedo y rechazo a las cosas que no conocen, tengan por seguro que nunca podrán darle equilibrio al mundo.

Korra miro fijamente a Bumi y asintió.

—Rodearé la montaña y los esperaré en la salida—Bumi sacó de su mochila unas antorchas—Úsenla si quieren, el camino se vuelve oscuro.

Asami inmediatamente agarró las antorchas y se las dio a Mako, él las prendió con un movimiento simple. Mako y Bolin sostuvieron las antorchas mientras se despedían de Bumi. El hombre bajó por el mismo camino y desapareció muy pronto ¡Qué rápido caminaba ese sujeto!

Miraron hacia la enorme cueva y Korra se acercó a la inscripción. La leyó.

"Cueva de los Amantes, de donde solo los enamorados saldrán"

—Que motivador—dijo Bolin—Pues bien. No hagamos esperar más a ese laberinto extraño.

Los jóvenes se miraron entre ellos, con un gesto de mutua confianza, caminaron hacia la cueva. Conforme más se adentraban la luz de sol desaparecía hasta que la oscuridad los envolvió. Las rítmicas luces del fuego guiaron sus pasos.

-o-

Bumi caminaba mientras su mente evocaba los recuerdos del pasado. Él era un niño de cómo doce años cuando su padre lo llevó únicamente a él a su viaje especial de Omashu. Estaba emocionado. Aang ya había llevado a Kya al Polo Norte el año pasado y era su tiempo de convivir con su padre.

Y no era que Aang no les dedicase tiempo a sus hijos. Era un padre ejemplar que además de jugar con ellos, encontraba siempre el tiempo de atender sus dudas, quejas y problemas personales, con una paciencia y amor paternal que sin duda, Bumi aún extrañaba, aún pasado tanto tiempo.

Aang lo llevó por todo Omashu e incluso descubrió en el sistema de correos la montaña rusa más sensacional de todas. Al segundo día, lo llevó a esa cueva. Aang entró con su hijo y llegaron al centro de los laberintos, donde estaba la tumba especial. Le leyó la inscripción y vieron la enorme estatua. Bumi estaba asombrado. Sobre todo cuando su padre le contó su aventura de años atrás, en que él, Katara y Sokka quedaron perdidos en esa cueva con un grupo de nómadas hippies.

—A veces cuesta creer en el amor y confiar ciegamente en un sentimiento que nos puede causar tanto daño—le dijo Aang a su hijo—Pero no hay oscuridad que tenga después un poco de luz hijo. Es la ley del equilibrio.

Si bien Bumi no era un Maestro Tierra para descubrir, en esa montaña, todos los secretos y el origen de la Tierra-Control, si era un niño intrépido y lleno de energía al que le enseñaría sobre el amor y el respeto a la vida; Bumi era un maestro en las artes marciales y el uso de armas desde muy temprana edad. Y Aang tuvo miedo de que su hijo, sumido en ese mundo de acción y peligros, perdiera de vista de lo más importante.

Bumi suspiró mientras descendía por la montaña y caía grácil hacia la otra salida de la cueva. Ahí esperaría pacientemente al grupo de jóvenes. Esa lección de su padre moldearía parte de su vida al crecer y lo convertiría, en sus casi sesenta años, en un hombre completamente feliz.

Entendió por qué Aang mandó a su nueva encarnación a aquella montaña. Katara había hecho un gran trabajo desarrollando las habilidades físicas de Korra, e incluso preparándola para parte de sus deberes como el Avatar. Pero había cosas que Korra debería aprender no por palabras, si no por experiencias.

Bumi sacó unas cosas de su maleta, empezó a hervir agua para hacerse un té y se reclinó en una roca, cruzando las piernas. Era hora de relajarse. Aquellos jovencitos tardarían.

-o-

—Bien, dimos una vuelta a la derecha y otra a la izquierda—les decía Korra.

—No, dimos una vuelta a la izquierda y después a la derecha—la corrigió Mako

—Que no.

—Que sí.

—¡No!

—¡Si!

—¡No!

Sus miradas se sostuvieron necias y molestas.

—¡Admitan ya que estamos perdidos!.—explotó Bolin, recargándose en una pared de roca—Éste sendero no tiene salida ¡Y ya es el tercero que encontramos así! ¿Alguna otra brillante idea?

Asami de repente se tensó.

—¿Escucharon eso?—les preguntó, un poco asustada.

Mako y Korra al fin dejaron de verse y voltearon hacia la pelinegra. Asami estaba tensa, mirando hacia el rededor. Bolin permanecía exactamente igual que Asami.

—¿De qué hablan, chicos?—preguntó Mako.

Se escuchó entonces un ruido extraño, como el de una roca golpeando a otra roca, y un ligero temblor en el suelo. Korra inmediatamente cerró los ojos, como si quisiera sentir más intensamente.

Lin había tratado de enseñarle a Korra cómo ver con la Tierra-Control, usando las vibraciones más pequeñas como forma de apreciar las formas rocosas que la rodeaban. Era un método infalible, aprendido y enseñado por Toph Bei Fong, que otorgaba un dominio especial en la tierra-control. Pero para Korra, esa técnica era casi imposible y nunca pudo dominarla.

Ahora, que había vibraciones más naturales, intentó de verdad ver con su Tierra-Control. Pero no pudo, otra vez. Esto se estaba volviendo frustrante.

Entonces, el suelo bajo sus pies tembló de manera estrepitosa. Las paredes perdieron sus contornos fijos mientras Asami y Mako caían al suelo por la gravedad. Tanto Korra como Bolin pudieron hundir sus pies en el suelo unos pocos segundos y permaneces ahí, estáticos, hasta que los temblores pasaron.

—¿Qué fue eso?—Dijo Asami, poniéndose de pie. Ella se inclinó para ayudar a Mako a levantarse.

Los cuatro se reunieron al centro del túnel, cubriéndose las espaldas. Estaba realmente nerviosos, no podían reconocer el origen de esos temblores. Temían que los túneles colapsaran y quedaran aplastados. Después de todo, era un laberinto muy viejo.

Entonces el suelo tembló de nuevo y por la pared apareció un orificio enorme. Un animal grande y peludo emergió gruñendo, detrás, otro animal exactamente igual de pelaje más claro. No se detuvieron un segundo a observar lo que eran, simplemente Mako le lanzó una bola de fuego, la más grande que pudo, y los instó a que se echaran a correr.

Korra creó una pared de tierra que las separara a sus amigos y a ella de esas bestias, pero mientras corrían, descubrió que aquellos animales destrozaron su muro sin esfuerzo alguno, como si lo sumieran de nuevo a la tierra. Impresionada, Korra disminuyó la velocidad para observar los movimientos de esos animales. Asami que iba a su lado también se detuvo un poco.

—Korra ¿Qué haces? ¡Debemos irnos!—le agarró del brazo para jalarla—¡Rápido!

—¿Qué?

Las bestias desaparecieron bajo sus narices, metiéndose en huecos de los túneles. Ellos suspiraron algo aliviados, hasta que un temblor completamente nuevo los desvió, haciendo que cayeran al suelo y se aferraran a lo más sólido que encontraran. Gritaron del espanto y de la impotencia por no hacer nada, mientras unas enormes rocas comenzaban a caer del techo.

¡El lugar se estaba desplomando! Korra intentó usar sus poderes, pero se movía tanto por los temblores que no pudo ni ponerse en pie. Ella y Asami se abrazaron con fuerza mientras se tumbaron lo más lejos posible del lugar donde parecía caer toda la tierra. Las dos cerraron los ojos, y esperaron su final.

Más gritos y el ruido de las rocas golpeando el suelo firme. No paraba de temblar y sentían que estaban cayendo con toneladas de tierra a sus espaldas esperando por ser aplastadas. Pronto sintieron cómo algunas cosas les cayeron encima y optaron por cerrar la boca.

Pero no llegó el final, al menos no de las dos. El silencio sepulcral y la calma absoluta se sintieron de lo más tensas, al estar preocupadas y sorprendidas. Korra descubrió, tras tensar su cuerpo, que estaba bien, y salvo golpes menores no tenía heridas serias.

Se sentó bruscamente, todo estaba oscuro. Los chicos se habían quedado con las antorchas. Estiró su mano y una llama palpitante apareció en la palma, alumbrando el cabello negro y despeinado de Asami.

Asami que seguía a su lado se sentó y las dos analizaron minuciosamente sus cuerpos. No les había pasado nada.

Miraron alrededor, frente a ellas estaba un montículo de piedra y tierra tan enormes que no se lo podían creer.

—¡Mako! ¡Bolin!—gritó Korra desesperada—¿Está bien chicos? ¡Mako!

Se escucharon perfectamente unos ruidos, y después alguien tosiendo con fuerza.

—Si Korra… estamos bien.—escuchó la voz de Mako, débil pero entendible.

—Pero hermano… ¡AH!—Gritó Bolin—Si, solamente tenemos unos pocos golpes.

—¿Seguros?—preguntó Asami.

—Estamos perfectamente—replicó Bolin—Ahora… ¿Qué vamos a hacer?

Korra miró las rocas con determinación y se colocó en una posición firme. Después, extendió sus manos en puños y golpeó el muro, éste tembló ruidosamente y unas pocas rocas en la parte superior se desplomaron. Del otro lado, se escuchó la voz de Bolin gritando.

—¡Korra no hagas eso, casi me aplastas!—dijo.

—Perdón—había tanta roca enorme que Korra supo pronto, no tendría posibilidad de derrumbar el muro sin que eso pusiera en peligro a ella y a sus amigos.

"Si pudiera entrar en el Estado Avatar…" pensó, pero se mordió la lengua. No, ese no era el momento para pensamientos pesimistas. Miró detenidamente a Asami.

—¿Qué podemos hacer?—preguntó.

Asami bajó un poco la cabeza, meditando.

—Creo que… debemos buscar la salida—Korra iba a replicar, pero no la dejó—Confío en que lo haremos. Y si salimos, podemos encontrar a Bumi ¡Él conoce éste lugar! Si nosotras o ellos se pierden…

—Bumi los podrá encontrar—a Korra ese plan no le terminaba de gustar, pero supo solo de escucharlo que era lo más lógico.—Chicos ¿Oyeron?—le gritó al muro.

—¡Si!—respondió Mako, con la voz más ronca de lo normal—Vayan, apuesto a que encontraremos la salida más pronto que ustedes.

—Eso quisieras—sonrió Korra—Nos veremos en la salida. Y cuídense mucho.

—Claro… ustedes más.

Con el corazón en la garganta, Korra y Asami dieron la espalda al muro y comenzaron a caminar.

-o-

—Hermano, no debiste mentirles de esa forma—le reclamó Bolin, tas pasar el tiempo suficiente para saber que Korra y Asami se habían alejado—Tú no estás bien.

Y no lo estaba. Mako tropezó al momento en que la roca colapsó y cayó de lado sobre una enorme piedra, justo en el hombro. Mako se sujetaba el hombro herido jadeando. Bolin encajó la única antorcha encendida entre un montículo de tierra y se inclinó para mirar la herida de su hermano.

Podía ver los moretones enormes y de un color horrible creciendo en el hombro, así como mucha sangre que caía manchando la ropa y un abultamiento anormal. Además de haberse cortado con lo filoso de la roca, se había fracturado el hombro. Mako tenía un brazo completamente inmóvil una hemorragia que ponía su vida en peligro.

Bolin sabía lo básico de primeros auxilios, pero no tenía material en esa cueva. Sacó un montículo de tierra liso y plano, simulando una tableta, y rasgó su propia camisa para inmovilizarle el hombro a su hermano. Apretó bien la herida de forma que la hemorragia pudiera ser cortada o detenida parcialmente.

—Si no te atiende un médico en una hora o dos, ésta herida no podrá sanar debidamente—le dijo Bolin—Debemos buscar la salida rápido.

—Gracias hermano—le respondió. Mako miraba su herida preocupado. Se había lastimado antes muchas veces, pero ésta le dolía tanto que pensaba cuan grave sería.

—¿Puedes caminar?

—Creo que si.

Mako procuraba no tocarse el hombro o moverlo, aunque le dolía horrores. Las punzadas escalaban su piel de manera ardiente y juraba que si no terminaba desmayado del dolor, perdería la cordura. No había mencionado nada porque no quería preocupar a Korra. Pero después de varios minutos caminando, creyó que no fue una buena idea.

Bolin sostenía la antorcha y caminaba a un ritmo lento, mientras Mako daba sus pasos apoyando la mano buena en el muro, cada minuto estaba más débil, pues la hemorragia no había sido cortada del todo y había sangra bajando de gota en gota por sus vendajes y ropa. Bolin insistió en hacerle otro torniquete, simplemente no se dejó.

—¡Es el tercer camino sin salida!—gritó Mako, frustrado y adolorido—¿Dónde demonios está el camino correcto? ¿Dónde?—se tumbó en el suelo.

—Cálmate—Bolin se acercó, sosteniendo en alto la antorcha—No debes ponerte así Mako. Tienes que calmarte.

—¿Calmarme?—replicó—¿Sabes cómo duele esto?—señaló el hombro vendado—Carajo, espero que Korra y Asami lleguen pronto a la salida.

—Y que no las encuentre ese par de monstruos.—dijo Bolin, recordándolos. Entre las heridas, separación y búsqueda de la salida se le habían olvidado.

Los ojos de Mako se abrieron violentamente ¡Los animales! Maldición, se le olvidaron por completo ¿Dónde estaban? Esas criaturas provocaron los temblores y eran los principales culpables de sus desgracias ¿Dónde demonios se metieron?

Mako se dio un golpe en la frente por la preocupación. Vale que Korra fuera el Avatar y tuviera un enorme poder, pero eso no era suficiente. Él necesitaba estar con ella, a su lado, protegiéndola del peligro. Y estaba sabrá Dios dónde, buscando una salida—si es que existía—de ese maldito túnel.

—Sentados aquí no conseguirán nada—dijo una voz aguda y misteriosa, femenina.

—¿Qué es eso?.—Mako se tensó, poniéndose lentamente de pie.

Bolin miró hacia el sendero oscuro, apareciendo la luz parpadeante de una llama. La silueta de una mujer sosteniendo una larga veladora con una pequeña flamita los hizo alarmarse ¿Qué hacía esa mujer ahí? Cuando ella se acercó aún más, pudieron identificarla ¡Era la misma mujer que vieron en Omashu, cerca de la Academia!

—Hola, jóvenes viajeros—los saludó con una sonrisa—Veo que están buscando el camino.

—Señora ¿Y qué hace usted aquí?—dijo Bolin, pensando que ahora además de cuidar a su hermano debería vigilar a una mujer joven y a simple vista frágil.

—Vine a visitar a mi esposo—le respondió sin dejar de sonreír—Debo cruzar el paso ¿Me acompañan? Parece que ustedes andan muy perdidos.

—¿Lo cree?—dijo Mako con ironía.

—Mis pequeños viajeros, ustedes deben aprender más a confiar y menos a temer. Vengan, si esas heridas no son prontamente atendidas, podrían terminar con tu vida.

La mujer dio media vuelta y caminó despacio, esperándolos. Bolin y Mako se miraron mutuamente. Bumi les había dicho que confiaran en lo desconocido, y esa mujer les repitió lo mismo; quizá deberían hacerle caso. Comenzaron a caminar detrás de ella, pendientes de lo que les rodeaba.

-o-

Korra mantenía una llama lo suficientemente grande para que ella y Asami pudieran ver al frente. Las dos caminaban con un silencio incómodo. El día anterior, que fueron de compras, cada quien recorrió por su parte el mercado y hablaron poco; ahora, que estaban juntas y tenían que permanecerlo hasta el final del camino, se podía percibir la tensión y cómo su comunicación había menguado considerablemente.

—Eh.—las palabras desaparecían en la boca de Korra. Ella miró de reojo a Asami y la pelinegra le devolvió esa mirada.

—Bueno, mínimo nuestro camino no ha tenido un punto sin salida—dijo, tratando de aliviar el ambiente—Quizá éste sea el camino correcto.

—Puede que sí—le respondió Korra—Debemos llegar pronto. No me gustó para nada cómo sonaba la voz de Mako, ese tonto debe estar ocultando algo.

Asami se encogió un poquito y Korra detuvo abruptamente su andar. Asami cruzó los brazos, como si se abrazara a sí misma, siguió caminando hasta que ya no pudo ver y volteó para mirar a Korra.

—¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes?

—Asami… tú y yo no hemos hablado de ese tema—le dijo la Avatar—Creo que es hora de que lo hagamos.

—Pero ¿Hablar de qué? no te entiendo—estaba nerviosa y se podía ver la confusión en sus ojos—No sé de que me hablas.

—Asami, lo siento—Korra sonaba muy sincera. Ella recordaba perfectamente el día en que murió Katara, cuando encontró a Mako y Asami abrazados en el balcón. Sintió celos y ganas le dieron de regañarlos, pero se dio cuenta, que debía ser algo difícil para Asami. Korra no quería ser egoísta y la mejor forma de solucionar éste problema era a la forma de Tenzin: hablando.—De verdad que lo siento.

Asami bajó su mirada en una sonrisa triste.

—No tienes nada que lamentar—le respondió, sabiendo exactamente a qué se refería. Quizá, si era hora ya de hablarlo—Korra, yo sé perfectamente que el amor juega sin considerar nuestros gustos. Y no te culpo de nada, ni a ti ni a Mako.

—Aún así, lamento el dolor que inconscientemente te he causado. He sido muy egoísta al no pensar lo que sentías… y debo reconocer, que eres muy valiente. Yo me hubiera ido de éste equipo por algo así.

—Lo sé—le respondió Asami, dando dos pasos hacia Korra—Entré a éste equipo por Mako, pero ahora me doy cuenta, que debe ser una jugarreta del destino. No tengo ya padres, pero los tengo a ustedes. Son mi familia ahora, no los dejaré por nada.

—Asami…

—Y Mako está completamente olvidado, no es algo que me cause más dolor. Al contrario, espero que tú y él sean muy felices. Simplemente no era para mí… pero ¡Hey! Con todos los lugares que visitaremos ¿No crees que encuentre a mi media naranja?

Korra sonrió.

—Lo harás, de eso estoy plenamente segura.

Las dos chicas rieron y se dieron un abrazo muy fraternal. Acababan de sellar su laso. La amistad que habría de unirlas desde ese momento hasta el final, todas las dudas y obstáculos habían terminado entre ellas dos. Al fin, el equipo estaría completo. Sin rencores, olvidando el pasado. Ese abrazo había terminado una era y empezado otra.

Fue cuando las dos escucharon unos pasos acercándose a donde estaban. Se tensaron, separándose para ponerse en posición. Una llama parpadeante apareció al otro lado del túnel, y sosteniéndola, un hombre. Se veía sonriente y joven, dirigiéndose a ellas. Las saludó inclinándose.

—hola viajeras—dijo—Están buscando el camino ¿Verdad?

—Si. Tú ¿Quién eres?—Korra dio un paso hacia él.

El hombre no dejó de sonreír. Lucía joven, y llevaba un dije en forma de corazón roto.

-o-

—Entonces, jóvenes, debo suponer que ustedes no tienen la menor idea de cómo salir de aquí ¿Verdad?—dijo la mujer a los dos hermanos.

—Exactamente—le respondieron—¿Y usted si sabe?

—Desde luego que si. Pero ustedes deben aprender lo que no saben ¿Conocen la historia de éste lugar?—dijo, mientras llegaban a otro túnel sin salida.

—Pero ¡Ésta no es la salida!—reclamó Mako—¿Por qué nos ha traído aquí?

Vieron entonces que ese muro de piedra parecía tener una puerta, circular y sellada. La mujer colocó su mano y de un simple empujón, cayó. Una cámara enorme y oscura apareció entre ellos. La mujer solo caminó, descendiendo los peldaños y pasando unos sarcófagos hacia una inmensa estatua al fondo.

—Esta es la tumba de los dos amantes—dijo la mujer—Su historia está aquí—señaló la estatua—Y esa es la llave para salir.

La estatua mostraba a un hombre y a una mujer inclinándose para besarse, y una inscripción tallada "El amor es más fuerte en la oscuridad" ¿Qué demonios significaba eso? No estaban de humor para pistas ¡Ellos querían la salida!

—Tú eres un Maestro Tierra ¿Verdad?.—le dijo la mujer a Bolin.

—Así es, señora—le respondió—¿Usted también?

—Sí. Pero esta montaña es salvaje, pequeño. Pertenece a los Tejones Topo, los maestros tierra originales, y tus habilidades no podrán hacerle frente a la de esos animales. Solamente podrás aprender de ellos.

Mako resopló.

—¿Y cómo aprenderá mi hermano de un montón de animales salvajes?

—Confiando y observando, muchachito taciturno.—le dijo—Vayan por el otro sendero. Yo aquí me quedo, los alcanzaré después. Si siguen derecho encontrarán la salida y recuerden, que mientras más oscuro esté, será mejor.

Mako y Bolin se miraron confundidos y reprendiéndose por haber confiado en una mujer que quizá estaba loca. Salieron por el segundo sendero que les indicó y caminaron. Pero Mako estaba peor, sudaba y parecía tener fiebre. Seguro que la herida se le había infectado. Bolin lo miraba preocupado y caminaba cada vez más lento.

Fue cuando nuevos temblores aparecieron. Mako estaba demasiado débil y terminó en el suelo. Bolin cerró los ojos tratando de sentir el rededor. Por alguna extraña razón, pensaba que la mujer tenía razón. La tierra vibraba estruendosamente y entonces, algo mágico para Bolin ocurrió: se conectó con su elemento.

Por las vibraciones, pudo sentir perfectamente cómo la montaña tenía trazados un montón de caminos sin salida. Y la visión fue clara, nítida. Los Tejones-Topo aparecieron enfrente de él, pero Bolin no hizo nada. Mako miraba horrorizado a su hermano estático y le gritaba que hiciera algo. Pero Bolin ya había entendido su propio arte y a la montaña.

—Muy bien joven Maestro—Bolin no se sorprendió, había sentido los pasos de la mujer acercándose atrás de él. Sintió cuando los Tejones se fueron y los temblores cesaron.—Has aprendido realmente bien.

Bolin volteó y la miró con una sonrisa.

—Gracias a usted. Solo… tengo una duda ¿Usted cómo se llama?

—Me llamo Oma joven maestro—respondió, mientras dejaba que su veladora se apagara—Ahora váyanse que sus amigas los están esperando.

Bolin había dejado caer la antorcha y éste se apagó. Entonces, en el techo del túnel, aparecieron brillando un montón de gemas hermosas. Bolin entusiasmado dio un golpe fortísimo con su pie en el suelo, y sintió las nuevas vibraciones. El sendero que podía sentir con una salida coincidía con el que marcaban las joyas.

—Ése es el camino—Mako, que andaba casi desfallecido, no entendió nada—Vamos hermano, ya casi salimos de ésta.

-o-

—¿Su nombre es Shu?—repitió Korra, jamás había escuchado nombre semejante—Suena muy antiguo.

—¿Le parece?—le respondió el hombre—Es un honor. De cualquier forma, me tengo que ir. Mi esposa me espera y debo cruzar la montaña para verla.

—Está bien—repuso Asami—Si la vemos le diremos que usted ya cruzó.

—Gracias.

El hombre se dio la vuelta y desapareció a la lejanía. Korra y Asami se miraron, preguntándose si aquel hombre fue real o producto de su imaginación. Comenzaron a caminar hacia el camino que él les indició, con la frase resonando en sus mentes "el amor es más fuerte en la oscuridad" ¿Y eso que quería decir?

—Un momento—Korra se detuvo nuevamente—¡Lo tengo!—gritó con emoción.

—¿Cuál es tu idea?—preguntó Asami con las manos sobre las caderas.

—Lin me ha estado enseñando a ver con el poder de la tierra. Sirve en exactamente éstas ocasiones—Korra comenzó a adoptar una curiosa posición de Tierra-Control—Es un arte que inició la maestra Toph… quizá pueda usarlo ahora.

—Adelante.

Korra entonces dio un golpe fortísimo contra el suelo. Sintió cómo la tierra se movía, pero no más, no había visiones. El sudor caía por su frente cuando dio otro golpe y pensó que, quizá, se estaba forzando demasiado. Había una energía curiosa rodeando la montaña, de amor y confianza, que te inspiraba a confiar.

Korra decidió entonces confiar en la montaña y el siguiente golpe, pudo ver. La emoción fue tal que la chica, apenas reconoció el camino, se puso a saltar ¡Había visto con el poder de la Tierra-Control! Pero más allá que eso. Había entendido el origen de su poder. Comprendió y se conectó con la tierra de una forma que nunca creyó posible.

—¡Lo tengo!—gritó Korra—¡Lo tengo!

Agarró a Asami por la mano mientras corrían hacia la salida. Korra había entendido ese día mucho más de la Tierra-Control que en toda su vida. La firmeza no era la única clave, escuchar a la tierra, sí. Tenía su propia voz interna, su propia forma, y podía usarla a su manera, a su antojo.

Finalmente, la salida apareció frente a ellas. Cuando sintieron los rayos del sol tocar su piel saltaron de alegría. Las dos chicas empezaron a reír y vieron a sus espaldas la imponente montaña que habían conseguido cruzar. En medio de su alegría, el sonido de un aplauso les llamó la atención.

—Bien hecho muchachitas—era Bumi, que se paró al fin de su cómodo campamento y se acercó a las dos—Tres horas y cuarenta y ocho minutos. Nada mal ¿Recibieron alguna ayuda?

—De hecho, sí—respondió Asami—Nos ayudó un hombre, él le dio pistas a Korra para que encontrara la salida con su Tierra-Control.

—Parece que cierta Maestra Tierra ya aprendió a escuchar su elemento ¿verdad?—miraba fijamente a Korra.

La Avatar sonrió.

—Oh si. Pero ¿No han salido ni Mako ni Bolin?

Bumi negó con la cabeza.

—Ni rastro de esos dos… pero ¿Cómo se separaron? ¿Acaso los Tejones les causaron muchos problemas?

—Al principio si, nos asustaron mucho. Casaron unos temblores que derrumbaron parte del camino y quedamos separados.

—Bueno, al menos ganamos la carrera ¿No?—Korra miró a Asami divertida y ésta asintió.—Después veremos qué cosa fue la apostada.

Pero no tuvieron más tiempo para celebrar. Apenas voltearon, vieron que Bolin salía de Lacueva cargando dificultosamente y con la ayuda de su Tierra-Control a un Mako casi desfallecido. Tenía la ropa desarreglada y manchada de sangre. El corazón de Korra dio un salto de angustia y corrió hacia él preocupada.

—Pero ¿Qué demonios ha pasado?—Bolin recostó a Mako en una cama de roca que construyó con sus poderes—¿No que estaban bien, eh?

Alzó las manos y las movió en repetidas ocasiones, hasta que las pequeñas gotas de agua suspendidas en el aire comenzaron a juntarse en sus manos. Cuando tuvo una cantidad de agua considerablemente grande, se concentró y la hizo brillar justo en la herida de Mako.

El Maestro Fuego se quejó por el dolor, Korra podía sentir la fractura y la carne desgarrada. Curar el corte fue fácil, pronto no hubo más sangrado y la circulación recorrió su cuerpo de una forma normal. Pero debería acomodar ese hueso para que sanara, y Korra no conocía ese nivel de medicina.

Bumi, no obstante, se inclinó y colocó una mano en la parte posterior del hombro, y otra en la parte superior. Contó hasta tres lentamente, y al exhalar el último número, ejecutó un movimiento rápido y fuerte que hizo crujir el hueso. Mako se despertó y grito de dolor, pero Bumi no perdió más tiempo. Le dio instrucciones a Korra de cómo usar sus habilidades y, terminada la sesión de sanación, sacó unos vendajes de su bolso con los cuales cubrió la herida.

Mako estaba sudando y jadeaba; aquello le dolió horrores. Sintió el sol en su cara y se percató de que ya habían salido de la cueva ¿En qué momento que ni se dio cuenta?

—Serás tonto—le reprendió Korra, dándole un corto beso en los labios—Debemos ir a Omashu en seguida.

—Ya te acomodé el hueso y los poderes de Korra lo habrán hecho cicatrizar un poco. Pero debes tener extremo cuidado y reposo—Bumi colocó una mano sobre su frente—Tienes una ligera infección. Creo que dos días en la enfermería y estarás como nuevo.

—¿Puedes caminar?

—Sí—Mako, con cuidado de no mover su hombro, se fue incorporando—Si.. y ¿Ustedes están bien?

—Nosotras sí—le respondió Asami, acercándose—Un hombre apareció y nos guió.

Tanto Bolin como Mako abrieron sus ojos asombrados y se miraron mutuamente. Las chicas notaron ese gesto cómplice y cruzaron los brazos con gran sincronía.

—Chicos ¿Algo que debamos saber?—inquirió Korra.

—A nosotros nos guió una mujer—le respondió Bolin—Ella nos llevó por un sendero y después nos dio pistas para salir… de hecho, gracias a ella pude aprender a ver con el poder de la tierra.

—¿De verdad?—Korra sonaba emocionada—¡El hombre también me enseñó a hacer eso!

—Ella buscaba a su esposo.

—Y él buscaba a su esposa…

—Bumi—dijeron Korra y Bolin al mismo tiempo—¿Tienes alguna idea de quiénes nos ayudaron?

El hombre se quedó un poco pensativo, sujetándose la barba con la punta de sus dedos.

—¿Les dijeron sus nombres?

—La mujer se llamaba Oma—dijo Mako.

—Y el hombre Shu—agregó Asami.

—Pues ahí tienen quiénes les ayudaron—Bumi sonrió enormemente—Vaya que han tenido suerte, muchachitos.

—Oma… y Shu…—Korra pensaba en voz alta—¡Omashu!

—¿No encontraron la tumba en medio de la montaña, ni leyeron su inscripción?

—Yo sí, pero no la leí—repuso Bolin—Mako estaba desmayándose y no tuve tiempo.

Mako replicó, pero Bumi carraspeó para llamar la atención de los jóvenes.

—Oma y Shu fueron los primeros Maestros Tierra del mundo. Aprendieron el arte de la Tierra-Control de los Tejones Topo, y usaron sus poderes para construir ese laberinto de túneles en la montaña. De esa forma podían encontrarse secretamente todos los días.

—Pero… La mujer… Oma. Ella dijo que su marido murió—replicó Bolin infantilmente.

—Lo hizo—continuó Bumi—Las aldeas donde ellos vivían estaban en guerra ¿Recuerdan? Por eso su amor era prohibido. El hombre murió en combate y Oma quedó tan destrozada y desplegó su poder de Maestra Tierra. Fue tanta su tristeza y su ira, que construyó toda la cadena montañosa que pueden presenciar—elevó su mano para que vieran las montañas salpicando sobre la tierra como agujas—Después, declaró el fin de la guerra y mandó a las dos aldeas unificarse. La nueva ciudad fue construida por ella y su gente.

—Y la nombraron Omashu en honor al amor de las dos personas que les trajeron la paz—terminó Asami.

—¿Conocías la historia?—preguntó Korra casi con enojo—¿Y no nos dijiste nada?

—Hey, ustedes nunca me preguntaron—replicó—Además, creí que era un cuento. Nunca imaginé que fuera cierto.

—Todos los cuentos tienen algo de verdad, pequeña.

—Entonces fuimos ayudados por los espíritus de los dos amantes—dijo Korra asombrada—Esto si que es impresionante.

—Lo es—dijo Bumi—Pero creo que debemos irnos o tu amigo empeorará—señaló a Mako, que comenzaba a delirar.

—Vámonos hermano—Bumi le pasó el brazo por el hombro sano para cargarlo—Regresemos a la ciudad.

Y comenzaron a caminar.


Fin por ahora.

No sé ustedes, pero en la serie vemos a Korra y Asami con una relación muy básica, nada estrecha, y quise solidificarla en éste fic. No más problemas, si no unión. Esto es lo que necesita este Team Avatar.

Espero que les haya gustado y me dejen comentarios :)

Gracias por leer.

chao!