- ¿A-Amy? – preguntó una voz conocida suavemente.
Fue cómo si el tiempo se hubiera detenido.
Amy congeló la mirada en el vacío.
Hacía más de una década que sólo oía esa voz en sueños o cuándo veía a escondidas un vídeo viejo.
Su respiración empezó a agitarse y, de forma involuntaria, se le llenaron los ojos de lágrimas. Lentamente, giró la cabeza y miró a Sheldon a los ojos.
Prácticamente fue un acto reflejo de ambos.
En cuestión de medio segundo, estaban abrazándose cómo si sus vidas dependieran de ello. Con cuidado de no arrancarle ninguno de los medicamentos por vía intravenosa, Amy se aferró con fuerza al pecho de su marido, metiendo la cabeza en el hueco al lado de su cuello.
La sobredosis de emociones fue expresada por ambos cónyuges en forma de pequeñas gotas que bajaban por sus mejillas, pero a ninguno le importaba.
Lo único que importaba entonces era que estaban juntos otra vez y que no dejarían que nada ni nadie los volviera a separar.
Pasó casi una hora.
Ya habían dejado de sollozar tan fuerte cómo al principio, pero seguían llorando y acurrucados en la cama del hospital.
No había otro sonido que no fuera el de sus respiraciones entrecortadas, hasta que se oyó a Sheldon decir:
T-te he echado mu-mucho de menos.
Y-yo también a t-ti. No ha ha-habido un día en el qu-e no pens-sára en ti.
Qui-quizá suene cursi pe-pero tu recuerdo m-me ha quitado la idea va-varias veces de ac-acabarlo todo.
T-te quiero muchísimo , pro-prométeme que nunca nos volveremos a sep-parar.
Y-yo tam-bién te qu-quiero, har-é todo lo que pueda para que nnno nos volvamos a separ-rar nunca.
Bien.
Después de un rato, Amy salió a decirle a sus amigos la situación.
Pero esa es una cosa que se tiene que decir cara a cara.
Al salir, se encontró a George dormido en una silla. Se sintió culpable al haberse olvidado de que él estaba con ella. Parecía cómodo y tranquilo y, cómo Sheldon también estaba durmiendo, era mejor decirle ahora que tenía un hijo. Cuánto antes mejor, total, la pandilla tardaría un rato en llegar.
Volvió a entrar en la habitación del hospital donde dormía tranquilamente su marido. Hasta le daba pena despertarlo después de lo que había tenido que pasar, pero era necesario.
-Um… ¿Qué pasa?
-Tengo algo que decirte.
-Vale.
-Unas semanas después de que desaparecieras, me enteré de que… de que estaba embarazada.
Se hizo un silencio absoluto. Amy estudió su expresión en busca de sorpresa y/o enfado, pero encontró: sorpresa (por supuesto), pero también un resplandor de felicidad y curiosidad, a la vez un poco de tristeza (probablemente por el no haber estado ahí).
- ¿Soy papá?
- Sí. ¿Quieres conocerle?
- ¿Es un niño? - dijo sonriendo, la misma sonrisa que en su boda, etc. Esa sonrisa que expresaba pura felicidad. Era contagiosa y Amy no era inmune.
- Sí, y tiene ganas de conocerte, pero está durmiendo. Volveré en un rato, tengo que ir a decirle a nuestros amigos lo que ha pasado. Tú descansa, que lo necesitas. Voy fuera con Georgie.
- ¿Se llama George?
- Sí, sabía que querrías llamarlo así, por George Gabriel Stokes, George Gamow y , aunque no lo admitas, por tu padre.
- ¡Que bien me conoces!
- Venga, se acabó la cháchara. A dormir.- dijo dándole un beso en la frente, para después salir de la habitación.
