Disclaimer: Por medio del presente escrito, dejo constancia de que no poseo derecho alguno sobre el libro Harry Potter, incluyendo productos derivados del mismo (Películas, merchandising, música, etc.). Renuncio por medio de este escrito a cualquier intento de adueñarme de dicho libro o argumento, sin alterar ninguno de los mismos para mi propio beneficio, obedeciendo derechos de autor pertenecientes a J.K Rowling.
Aclaración importante para este capitulo: Deberé trasladar al lector a la ciudad alemana de Núremberg.
¿Por qué? Se preguntara el estimado lector. Bueno, pues ha llegado el momento de conocer a aquella persona que ayudara a Harry. Si, mi OC. Espero que les agrade.
Capitulo 3
El Águila cae del Cielo
El Águila cae del cielo
La gran ave chilla de dolor
Ante la saeta que atraviesa su pecho
Saeta maligna, que mata al rey del cielo
El Águila cae del cielo
Lentamente desciende como una hoja
Y se sumerge en el mar, ardiendo
Su roja sangre es signo de desgracias
Kotaro Showashi
Dos jinetes a caballo observaban desde los árboles a una joven niña, uno de ellos afilaba una daga.
La niña era algo robusta, pero eso no reducía su gracia mientras juntaba flores. Su pelo castaño oscuro era largo, ondulado y atado con una cinta blanca, que destellaba como un lirio entre las rocas. Cerca de ella, se encontraba un joven de talvez veinte años, y lucia como la niña un cabello castaño oscuro y una nariz algo prominente, que le daba el aspecto de ser un halcón listo para despegar. Alrededor de ellos, volaba un halcón peregrino.
─ ¿Y que anduviste haciendo en la escuela, Alice? ─ Pregunto el joven mientras se acercaba a la niña.
─ Aprendí sobre los Rattenkönig* y como desenlazar sus colas, o como alimentarlas a todas sin que se peleen. Aunque preferiría darlas de comer a Sigfrido. ─ Dijo la joven y alzo sus manos para llamar al halcón con un silbido largo y profundo. El ave aterrizo cerca de ella, y miraba curioso a la joven, mientras el hermano se sentaba cerca para vigilar a Alice.
─ Ni que fueran tan espantosos los Rattenkönig… ─ El joven lanzo un bufido reprimiendo una carcajada ─ Aunque yo también los daría de comer a Sigfrido. Son espantosos y chillan demasiado.
La niña termino de juntar flores y miro a su hermano. Los ojos de ambos eran de color marrón cobrizo, dándole al hermano aun más aire de halcón.
Repentinamente, Alice susurro de tal manera que solo el joven la escucho.
─ Ernest… Sigfrido esta nervioso. Hay gente observándonos, sino no estaría tan quieto mirando al bosque. ─ Al decir esto, ambos miraron al halcón peregrino, quien efectivamente miraba hacia el bosque, buscando entre las sombras unos ojos ajenos a los globos oculares comunes de los árboles.
Los jinetes se movieron nerviosos, pero uno de ellos dio la señal para moverse, y se acercaron al galope a los dos jóvenes.
Uno de ellos poseía, como los dos hermanos, una nariz larga, aunque su cabello era rubio. Unos ojos de color miel bastante fríos parecían ámbar en su piel marfileña y congelada.
El otro jinete, era de tez más oscura, cabellos negros y ojos verdes bastante frívolos y desprovisto de cualquier gentileza. Recordaban mas bien a los ojos de un zorro, si uno de estos animales hubiera tenido ojos así: Astutos, y calculadores.
─ Prima Alice, Primo Ernest. Dichosos los hados que hacen que nos reunamos… ¿O debo decir lo contrario? ─ Dijo el jinete rubio, mirando burlón a Ernest.
─ ¿A que debemos la visita de nuestros dos primos favoritos? Dudo que hayan venido a comer unas masitas con té, Ireland ─ El tono de Ernesto fue lleno de sarcasmo y poca sutileza en disimular el mismo, mientras miraba al rubio con ojos furiosos.
Ireland rió burlonamente y se bajo de su caballo, acompañado por su hermano.
─ Arnulven y yo solo pasábamos por aquí, y pensamos en dar una visita a nuestros amados primos sangre sucia. ¿Aun criando canarios, Ernie? Tu inútil pajarraco no puede contra mi águila real y eso lo sabes bien. Por eso deberías dejar a la familia Gerndrach encargarse del noble arte de la cetrería y no a la inmunda familia Goldbauer.
Tanto Ernest como Alice estaban furiosos, y estaban listos para sacar sus varitas y pelear.
Fue Ernest el primero en sacar su varita y utilizar un hechizo expelliarmus contra Arnulven, y fue Ireland el primero en lanzar un hechizo Reducto que casi impacta a Alice.
En unos minutos, una batalla de luces y hechizos estaba llevándose acabo entre los primos. Los hechizos de Alice desarmaban cada tanto a alguno de los hermanos, y los ataques de Ernest trataban de impactar contra Ireland, quien rechazaba los mismos con un hechizo escudo.
De repente, un grito profundo salio de la garganta de uno de los combatientes, y los hechizos y maldiciones dejaron de surcar el aire.
Un grito, un gemido adolorido, la respiración agitada, y la sangre derramada sirvieron para que Alice entrara en pánico.
Sigfrido, el halcón, atacaba a Ireland continuamente, mientras este trataba de atacar al ave con un cuchillo ensangrentado. Arnulven estaba sobre Ernest, golpeándolo con sus puños, y Alice se encontraba en medio de este conflicto…y al ver a su derecha, presencio el producto de varias pesadillas a venir.
En el suelo, se encontraba su hermano, Ernest, sangrando profusamente por el pecho y tratando de pelear contra Arnulven, aunque su cuerpo estaba débil por la perdida de sangre.
Sigfrido había logrado herir en los ojos a Ireland, quien estaba sobre sus rodillas, tratando de taparse su ojo izquierdo, el cual sangraba profusamente. Ahora el ave trataba de atacar al agresor de su amo con toda su furia, chillando con toda la fuerza posible hasta el punto de aturdir a los que presenciaban la escena. Si hubiera alguna manera de describir el sentimiento del ave al ver a su amo al borde de la muerte, habría sido utilizada la palabra "Ira".
Todo empezó a volverse confuso, mientras empezaba a llegar gente, entre los que estaban los padres de Alice.
Para cuando la madre de la niña se acerco a su hija, Alice se había desmayado.
Despertó unas horas después en el hospital.
No tuvo nada que ver el hecho de que se había recuperado del cansancio de la pelea o del susto de ver a su hermano sangrando, sino que fueron unos gritos los que la despertaron.
─ Tus dos hijos trataron de matar a mi pequeña Alice y a Ernest. Y encima tienes el atrevimiento de decirme que ellos son inocentes cuando sus varitas estaban aun en sus manos e Ireland casi lanza un hechizo a mi hija. Mira hermano, no se que tienes en la cabeza, pero creo seriamente que tienes estiércol de dragón por cerebro.
─ Oh, por favor Arnold, no es tan grave. Además, tus hijos hicieron mas daño a los míos. Mi pobre Ireland esta tuerto y…
─ ¡Y mi hijo Ernest se esta muriendo! Por el amor de Merlín, no soy un idiota, Alexander. Por mi, puedes irte a…
─ ¡Señores, hay una niña aquí! Controlen su lenguaje de una vez y dejen que trabajemos en paz. Esto no es una cancha de Quidditch. ─ La enfermera amenazaba con su varita a dos hombres, quienes se encogieron de temor. Luego de amenazar a los dos hombres, la enfermera se inclino sobre Alice y empezó a revisarla con su varita para ver su estado.
El Hospital de Magia Alemán estaba acostumbrado a este tipo de incidentes. Era común que hubiera peleas entre las familias, solo por el hecho de que si, y era aun mas común que se sucedieran asesinatos en las familias. Un avada kedavra y se solucionaban los problemas familiares. El papeleo era bastante extenuante, pero sin duda alguna los primos dejarían de molestar, o las suegras estarían calladas y dejarían de criticar a las nueras.
Aunque esto no era agradable, menos aun en casos de gente mas joven, no había manera de controlarlo.
Había lamentablemente magos que consideraban que la "sangre pura" era digno motivo como para matar a sus familiares, lo cual generaba siempre problemas para los del Ministerio Alemán de Magia para cubrir este tipo de incidentes espantosos. Hacia unos días, un mago mato a un familiar squib usando unos perros salvajes bajo el maleficio imperius. Fue una escena poco agradable para el Hospital tener que intentar resucitar al manojo de carne que se había vuelto el pobre hombre.
La familia Gerndrach estaba reunida del otro lado de la habitación, hablando con Ireland y Arnulven. Hacia tiempo que tanto Arnold como su hermano Alexander no se llevaban bien, y sus hijos no demostraban que se alejarían de esa tradición. Desde que eran niños habían tenido que traerlos al Hospital por narices sangrantes, brazos y piernas rotas, y demás incidentes que parecían ahora estupideces al lado de las heridas de Ernest e Ireland.
Alice miro a su padre, preocupada. El hombre de cabello castaño se acerco a su hija y le beso la frente con un cariño empalagoso, y ante un intento de la niña por levantarse, le ayudo.
─ Tu hermano quiere hablar contigo, Alice. Creo que quiere dejar las cosas en claro antes de... ─ El hombre contuvo un sollozo y ayudo a su hija a levantarse junto a la enfermera. Fueron a la cama de al lado, donde se veía a un joven recostado que tenia por compañía a un halcón peregrino, quien se había posado en la mesa de luz contigua al lado de su varita que poseía una forma de pájaro en la agarradera de plata.
Ernest estaba golpeado y magullado, y talvez habría bastado un poco de magia para solucionar sus problemas. Pero era tal el daño que le había hecho el cuchillo y los golpes de sus primos que no había manera de salvarle. Trataban en lo posible de mantener el dolor lejos con la ayuda de una poción para adormecer el cuerpo, pero eso no evitaba que el joven Ernest tuviera un rostro desfigurado por el dolor.
─ Oh, Alice…tuve tanto miedo de que esos dos te hicieran daño. Pero veo que estas bien, muy bien… ─ Ernest se mordió su labio para contener un grito de dolor y miro a su hermana con tristeza ─ Los médicos dijeron que no me queda mucho tiempo, el cuchillo tenia veneno y me hizo daño en el corazón, daño que no pueden arreglar. Alice, antes de irme, quiero darte las dos únicas posesiones que tengo. Quiero que cuides de Sigfrido y guardes mi varita junto a la tuya. Perdona a tu hermano, ya…ya no puede más.
─ Ernest, hijo… por favor, resiste un poco más. Talvez logren salvarte y…
─ No padre, no. Me siento listo para irme, protegí a mi hermana hasta donde pude…puedo irme en paz. Además, padre, ambos sabemos… no hay manera de restaurar un corazón así de herido, salvo de la manera muggle, y no llegaría a tiempo a un hospital muggle. Pídanle a la enfermera que me traiga el veneno para poder dormir. Ya deje en claro mi voluntad.
El padre de Ernest y Alice miraba desesperado alrededor, queriendo refutar lo dicho por su hijo.
Pero era cierto, los magos no sabían bien como hacer operaciones, y una puñalada en el corazón era algo que ni siquiera los muggles podían solucionar fácilmente. La enfermera se acerco con un frasco pequeño lleno de una poción de color verdoso y al ver el frasco, Ernest sonrió como si se encontrara frente a un viejo amigo.
─ Habría elegido cicuta si no estuviéramos tan apurados. Siempre quise morir como alguien de la antigüedad. Señora, traiga ese veneno, y deje que yo mismo lo tome. Quiero probar la muerte por mi propia mano.
La enfermera vio a Arnold y a la niña, esperando aprobación.
Alice miro a su hermano triste pero decidida, y suspiro.
─ Prométeme que cuando estés en el cielo, me vas a cuidar.
Ernest abrió el frasco y tomo la poción de un solo trago. Miro a su hermana y sonrió mientras cerraba los ojos.
─ Te lo prometo.
El frasco, que hasta entonces estaba en la mano de Ernest, se escapo de la mano relajada y se estrello contra el suelo.
Al cerrar los ojos su amo, Sigfrido lanzo un chillido repleto de dolor y desasosiego, como llorando la muerte de su dueño. Alice cerró los ojos mientras tomaba la mano de su hermano, y Arnold abrazo a su única hija.
Lejos, en el cielo, una estrella nueva se agrego a la constelación de Aquila.
Nota de autora
Hola nuevamente.
Espero que les haya gustado esta especie de interrupción de la historia de Harry y una introducción a Alice.
El próximo capitulo trata de ella y como va a ayudar a Harry, así que espero que les resulte agradable esta lectura. Y esperen pacientemente para el próximo capitulo
Y si, Alice es maga. Ah, y no olviden de dejar preguntas. (Y espero que alguno relacione este capitulo con una leyenda griega)
Rattenkönig: Rey de las Ratas en alemán. Este fenómeno sucede cuando la cola de cinco o más ratas queda atada por vivir muy apretadas o por nacimiento. Una de las ratas, la líder (El rey) maneja a las otras para conseguir comida y sobrevivir. Son consideradas un mito, aunque hay algunos especimenes momificados.
Saludos
Kali Orionstar
