"Soy uno de los demonios más buscados ahora mismo. Mi cabeza vale mucho para los caza recompensas." Castiel soltó a Crowley, mientras el demonio todavía se estaba explicando. "No se claramente donde está Dean, pero he oído cosas, se cosas y tan sólo os pido quedarme aquí hasta que matarme deje de ser una diversión entre el resto de demonios."

"¿Qué es lo que sabes?" Castiel se quedó donde estaba delante del demonio, mirándolo fijamente. No le gustaba aquel tipo que estaba jugando con la vida de Dean para conseguir lo que deseaba; suponiendo que estuviera siendo sincero. "Espero que, por tu propia seguridad, estés diciendo la verdad. ¿Sabes como podemos encontrar a Dean?"

"¿Podéis proporcionarme un sitio seguro?"

"Si, puedes quedarte aquí, ¿verdad Bobby?" Sam miró rápidamente a su amigo y para su sorpresa, Bobby asintió.

Al fin y al cabo se trataba de la vida de Dean, no podía perder demasiado tiempo con un demonio, mientras Dean podía estar sufriendo en ese mismo momento. Dean era como un hijo para él, como los que nunca había tenido, incluso estaba seguro que le habían enseñado mucho en los últimos años. Por eso, la sola idea de pensar que podía estar pasándolo malo, por el tiempo que estaban gastando ellos con Crowely, le removía las entrañas.

"Quédate aquí todo el tiempo que quieras, pero cuidado con las trampas, esta casa está perfectamente asegurada contra demonios, nunca pensé que fuera a tener uno de acogida."

Crowley sonrió, aunque todos pudieron ver que odiaba esa situación, tener que estar encerrado en la casa de un cazador. Se cruzó de brazos y suspiró con fuerza, por más que pensara en ello, no le quedaba más remedio que aceptar aquellas condiciones.

"No se donde está Dean, pero si se quien lo tiene." Todos guardaron silencio esperando que Crowley siguiera hablando. "Es un vampiro antiguo, más que muchos de los que he conocido nunca. No se para que lo quiere, pero imagino que ninguno de vosotros sois muy queridos entre los demonios."

"¿Podrías ir al grano?"

Sam dio un paso adelante, pero fue Castiel el que se le adelantó, con gesto amenazante se acercó a Crowley. Podría haberlo fulminado con la mirada, incluso sentía que podría haberle estrangulado si así hubiera querido. Pero la información que necesitaba era mucho más importante.

"Muy bien, muy bien. Mirad, ese demonio, ha tenido muchos nombres a lo largo de la historia, esa ha sido su mejor baza para no ser encontrado jamás. Por eso, tal vez haya cambiado otra vez de nombre, pero su segundo al mando, es fácil de encontrar y os puedo decir donde está."

- o -

John entró en la habitación metálica. Los demonios se habían marchado y habían dejado a Dean allí, amarrado a la esa, sin poder moverse, semiinconsciente, demasiado para que su padre, incluso en su situación pudiera soportarlo sin hacer nada al respecto.

Se acercó a su hijo y le tocó la frente. Estaba sudando, seguramente la herida en el brazo se le habría infectado. Lo comprobó. Desde luego la herida no tenía bien aspecto.

"Papá." Protestó débilmente Dean y abrió los ojos, encontrando allí a su padre. "Tienes que sacarme de aquí, no se cuanto tiempo más voy a poder aguantar." Intentó moverse, deshacerse de las cuerdas que le aprisionaban las muñecas, pero lo único que conseguía era hacerse todavía más daño. "Papá, por favor."

"Si pudiera… te aseguro que pondría mi existencia en peligro por sacarte de aquí. Pero el demonio que me trajo de vuelta, lo hizo con un hechizo, un encantamiento, no se lo que era, pero me impide hacer algo en contra de sus deseos." Volvió a acariciar la frente de su hijo y luego hizo lo mismo con su mejilla enrojecida. "Creo que quiere hacernos daño y por eso quiere que vea lo que están haciendo contigo, porque no puedo evitarlo."

Dean protestó otra vez, sentirse más consciente no era algo bueno, pues el dolor volvía de nuevo a su cuerpo. Había olvidado ya todos los golpes recibidos, los insultos y las visiones; su mente ya no era capaz de acertar a diferenciar lo que era realidad, de lo que eran visiones de su propio cerebro. Lo único que tenía totalmente claro, era que su padre estaba allí con él.

"¿Por qué no me lo dijiste?"

"¿Dean, a que te refieres?"

John se acercó a su hijo, pues la voz de su hijo se había convertido en poco más que un susurro. Le costaba hablar, aunque lo peor era mantenerse consciente y encontrar las palabras que quería decir.

"Papá. Se que te acostabas con Castiel."

"¿A si que al final se os dio a conocer? Tanto tiempo diciendo que era mejor mantenerse oculto y al final está luchando a vuestro lado. No era más que un maldito ángel testarudo."

Dean abrió los ojos todo lo que pudo, sorprendido de la familiaridad con la que su padre hablaba de Castiel, ni siquiera había negado haber tenido una relación con él y mucho menos había negado acostarse con él. Pero no había sentido para hacerlo.

De alguna manera, John siempre había esperado el momento el que uno de sus ojos recordara haber visto a Castiel con él, que el hechizo que ponía el ángel sobre ellos para hacerles olvidar fallara y en su mente apareciera la imagen de su padre besando a un ángel. Al final, había ocurrido.

"¿Por qué no nos lo dijiste?"

"Dean…"

"Papá, ¿Por qué?" Una lágrima recorrió la mejilla de Dean hasta desaparecer de su rostro. Se volvió un momento, su padre pocas veces lo había visto llorar y no quería que pudiera leer en su expresión lo dolido que estaba realmente. "Estoy…" tosió, todo su cuerpo se estremeció, seguramente tendría una o dos costillas fracturadas. "He estado acostándome con él. Creía que le quería, como nunca he querido a nadie, pero ahora, desde que esta aquí…"

John se acercó a él y apretó con fuerza la mano de su hijo. Tenía que decirle la verdad, tenía que hablarle sobre las visiones que los demonios le habían hecho ver para conseguir que acabara con el ángel, por odiarle. Pero el mismo encantamiento que lo había traído de vuelta, le impedía ser sincero con su hijo, por lo que lo único que pudo hacer fue morderse el labio y mantener la fuerza sobre la mano de Dean.

"¿Sabes lo que me ha hecho? No sólo me engaño… y yo creyendo que cuando me decía que… se ha jugado la vida delante de otros ángeles por nosotros papá, hizo que confiaríamos en él, que YO confiara ciegamente en su palabra…"

Un ruido tras la puerta, hizo que Dean dejara de hablar un momento, alguien se acercaba.

"Dean confía en mi, voy a hacer todo lo que esté en mi mano para sacarte de aquí." Pese a la convicción de sus palabras, John todavía no sabía como iba a conseguir hacer eso, aunque ya había pensado algunas ideas, que no estaba seguro si realmente funcionarían.

"Voy a matarle papá, si salgo de aquí con vida y vuelvo a encontrarme a Castiel, te juro que lo mataré, por todo lo que me está haciendo, por jugar con mis sentimientos y porque no quiero que vuelva a hacer daño a nadie más."

La puerta se abrió, aunque desde su posición, Dean no pudo ver de quien se trataba. Tan sólo escuchó una voz, que ya no significaba para él más que odio y dolor.

"John ¿Qué haces aquí? Epseor que no estés ayudando a escapar a nuestro invitado?" Dean se estremeció al escuchar la voz de Castiel, no podía creer que de nuevo volviera a por él, después de todo lo que le había hecho. El dolor en todo su cuerpo, pero sobretodo en su alma se hizo todavía más intenso cuando la figura del ángel dio la vuelta a la mesa, deslizando sus dedos sobre su cuerpo y se colocó a su lado. "He aprendido un par de trucos nuevos y quiero probarlos contigo."

El ángel sonrió, Dean nunca había visto una expresión tan horrible en el hombre del que creía estar enamorado. Castiel sacó un cuchillo y soltó las ligaduras de las piernas de Dean, pasó su mano por ellas, llevándolas hasta sus muslos, donde la apretó hasta hacerle gemir de dolor; le miró a los ojos y sonrió. No hizo falta más para que Dean y su padre supieran lo que estaba a punto de hacer.

"No puedes hacer esto." Protestó John.

Castiel lo miró con dureza y le hizo un gesto para que se acercara con él a la puerta de la habitación.

"¿Desde cuando tienes voz y voto en esto? Te traje de vuelta para que vieras a tu hijo, no para que le protegieras. Porque no puedes, no eres más que un maldito espectador." Cogió la camisa de John y lo empujó contra la pared. John vio en ese momento su verdadero rostro de demonio, al que odiaba más que al propio Lucifer. "Tu hijo es mío y cuando termine con él, cuando esta noche lo deje libre, humillado, vapuleado y obligado a pasar varias noches en un hospital, su único deseo será acabar con ese desgraciado de Castiel."

Se echó a reír y dejó de nuevo en el suelo a John.

"¿Por qué odias tanto a Castiel?"

El demonio se dio cuenta que la expresión de John se había vuelto más aterrada todavía no sólo por la seguridad de su hijo, sino también, por la de Castiel, parecía que los rumores sobre el gusto que el ángel tenía por la familia Winchester, era totalmente real.

"Eso no te incumbe, ni a tu hijo tampoco. Lo único importante para ti es que cuando suelte a tu hijo tu estarás cerca de él hasta que se recupere; seguirás trabajando para mi por supuesto, pero te asegurarás que se ponga bien, porque quiero tener la cabeza de Castiel en mi dormitorio cuanto antes."

John no dijo nada, tan sólo podía pensar en ser libre, al menos lo suficiente, para proteger a su hijo. Tal vez, aunque no pudiera contarle ni a Dean ni a Sam el plan del demonio, pudiera evitar que matara a Castiel. Después de todo seguía queriéndole.

Le había visto enamorarse de Dean, se había fijado en la forma en la que el ángel lo había mirado una mañana de abril cuando Dean ya había cumplido los diecisiete años, nunca le había mirado a él así.

Un día le dijo que su relación había terminado, que proteger a Dean y Sam era mucho más importante y que tenía que concentrase en el deber ordenado por los ángeles superiores. Pero John sabía la verdad, no lo hacía por ninguna misión, si no porque Dean le gustaba de verdad y no sentía que fuese correcto estar al mismo tiempo con el padre y el hijo. Pero Lo que no suponía era que ese sentimiento fuera a ser recíproco y que Dean terminara enamorándose de Castiel.

"Vete ahora, te llamaré cuando te vuelva a necesitar." Dijo el demonio y se volvió de nuevo hacia Dean, con el rostro otra vez de Castiel y la terrible sonrisa en los labios. "Creo que el día de hoy va a ser realmente divertido."

- o -

"Espero que tengas razón y encontremos aquí al demonio que buscamos." Mientras le escuchaba hablar, Sam miró a Castiel a través del espejo retrovisor. El ángel no había dicho nada hasta ese momento, aunque el cazador se podía imaginar perfectamente lo que estaba pasando por la cabeza de su amigo.

Lo había visto con Dean, aunque no estaba seguro si tenían una relación sentimental o no. Estaba seguro que se habían acostado juntos al menos en una ocasión, pero todavía se preguntaba hasta donde llegaban los sentimientos del uno por el otro.

Ahora, sin embargo, lo veía claramente en el rostro del ángel, su preocupación por Dean, podía decir casi, que veía terror en sus ojos. Castiel era un tipo silencioso de por naturaleza, pero durante ese viaje en la furgoneta de Bobby, la tensión proveniente del ángel casi se podía palpar, por la forma en la que miraba a Crowley.

"Es allí, ese demonio siempre está allí y si tenéis suerte, es posible que sus jefes también."

"¿Quiere eso decir que tendrán allí a Dean?" Preguntó Sam al mismo tiempo que Bobby aparcaba la camioneta al dar la vuelta a la esquina, para tratar de pasar desapercibidos.

"No sabría decirte, no tengo capacidades de conectar con los humanos como aquí tu amigo el ángel."

"¿Cass?" Sam miró al ángel.

"No suelo hacerlo, porque no me gusta entrar en la mente de los humanos, no quiero ver cosas dentro de sus mentes. No quiero meterme dentro de los pensamientos de Dean, no estaría bien."

Sam lo comprendía, pero no era momento para ser tan tantos remilgos, sin Dean estaba allí, tenían que liberarlo cuantos antes; por eso, miró a Castiel y asintió.

Castiel cerró los ojos, al mismo tiempo que un coche negro, con los cristales tintados. El ángel sintió una gran fuerza cerca de él, una mente que gritaba como nunca lo había escuchado, que pedía ayuda desesperadamente y que en seguida reconoció como la de Dean. Pero era extraño, porque sonaba cansado, agotado incluso, sin fuerzas para pensar de verdad. Sabía que estaba herido, que les necesitaba. Pero sobretodo escuchó un odio que jamás había notado proveniente de Dean, un odio que iba específicamente dirigido hacia él.

Abrió los ojos de golpe, notando que el corazón le dolía, no podía creer lo que Dean sentía hacia él. ¿Qué le habían hecho para sentir aquello? Y su dolor, estaba herido, dolorido, tenía miedo y quería morir, lo había escuchado pidiendo morir.

Estaba decidido a matar a quien le hubiera hecho aquello, ya fuera humano o demonio, a Castiel no le importaba.

"Está en el coche." Dijo a Sam. "Da la vuelta."

Antes de que Sam pudiera decir nada al respecto, Castiel había desaparecido del coche.