Dedicado a Rossy, a Lorena, a VicGG que me leen desde el principio... gracias!

Capitulo 4

Horas más tarde, Mina seguía en la jaula le dolían las piernas por la incomodidad del lugar, unos pasos hicieron eco en el pasillo exterior y la puerta chirrió dejando entrar a la joven juez acompañada de Fudge y el juez guapo.

—Manzur y Danielle irán por el niño— el juez joven y atractivo, es decir, Manzur, llevaba colgando en su pecho un giratiempo.

—Ministro muchas gracias— la voz se le ahogo en la garganta, tuvo el tiempo suficiente para pensar que hacer y cómo hacerlo, no perdería el tiempo en rebeldías estúpidas.

—Danielle no me ha explicado los motivos por el que ese niño deba ser rescatado, sin embargo es una vida inocente que corre riesgo, y si tu padre busca su muerte es porque le resulta amenazante en algún sentido— Fudge actuaba como un juez firme pero compasivo, un papel que pocas veces actuaba, mas necesitaba conocer detalladamente los planes de Tom.

—Me dirás la fecha exacta a la cual debemos ir— intervino Manzur –yo controlaré el giratiempo y Danielle me acompañará al sitio exacto para recoger nosotros al niño— Mina asintió dócilmente –después serás encerrada en un calabozo donde tendrás la oportunidad de escribir a detalle los planes de tu padre y tu confesión sobre todos los asesinatos que cometiste—

—Si señor— nunca en su vida se vio tan dócil la semi elfa, sin embargo la sobrevivencia de su bebé era lo más importante – ¿podría escribir una nota para que puedan entregarla junto con el bebé a un guardián?—

—Por supuesto— la juez rubia de nombre Danielle le sonrió amistosa, la jaula se abrió y Mina titubeo para salir, Manzur le entregó un par de guantes de un metal extraño.

—Póntelos y no intentes quitártelos— indico el mago mientras la bruja le daba un par de toques con la punta de su varita – si buscas quitarlos, por muy débil o discreta que sea tu intención de retirarlos te van a cercenar las manos— sonrió un tanto burlón –no será nada agradable y si muy doloroso—

—entiendo— la voz suave de Mina casi no se escuchaba – ¿podría escribir la nota?— Danielle asintió entregándole un pergamino y un tintero con pluma —el niño fue llevado a ese lugar el mismo día de la muerte de Albus— susurró apenada, minutos después los jueces desaparecían en un brillo dorado causado por el giratiempo, llevando la nota, la ubicación del orfanato, y finalmente a quién deberían entregarlo.

Llegaron a las afueras de la miserable aldea cercana al orfanato, los diarios guardados por Mina daban una ubicación casi exacta. La pareja comenzó a caminar hacia la construcción de adobe que era la casa hogar.

—Al parecer los niños duermen la siesta— susurro Danielle al no escuchar nada.

—supongo que duermen temprano, no tienen ni para cenar— respondió en un murmullo Manzur sintiendo una opresión de lástima en el pecho.

Entraron saltando la débil reja, los guardias hacían su ronda por el otro extremo del patio y no los vieron, una luz en una choza les atrajo asomándose por una ventana con mucho cuidado.

La directora revisaba unos papeles, sin más Danielle entro.

—Disculpe— susurró sobresaltando a la mujer vestida de uniforme caqui –vengo por el bebé que trajeron el día de hoy— aviso señalándola con su varita.

—¿perdone?— la directora no entendió más una sensación cálida la envolvió, era agradable y no podía sentirse mejor, sin resistirse dio unos pasos saliendo de la oficina siguiendo las órdenes de una voz en su mente que la hicieron buscar en el área de cuneros, al poco tiempo volvió con un bebito cubierto por una descolorida frazada, entregándoselo de inmediato a la rubia que abrazo al pequeño, antes de salir dio la orden a la Directora de borrar los registros del niño, así como olvidar su permanencia en el lugar.

Los jueces salieron desapareciendo de inmediato en otro chispazo dorado que ilumino por un segundo el triste y abandonado patio.

Ahora aparecieron en Londres, en un suburbio familiar frente a una bonita casa muggle con un jardín de rosales en flor. Danielle y Manzur se miraron mientras cubría mejor al pequeño y el hombre convocaba algo en silencio.

El juez Manzur levantó su varita y una mochila llegó de inmediato a sus pies, la reviso y sonriente la entrego a Danielle.

—Mi regalo para el bebé— guiño un ojo retrocediendo, Danielle toco la puerta y Sybill salió un minuto después, atraída sobre todo por el llanto del pequeño.

— ¡Mina!— llamo la ex profesora hacia la oscuridad más nadie le respondió, solo un gesto de negación por parte de Danielle, Sy mordió sus labios aguantando el llanto y tomo al bebé en brazos, la juez acomodó la mochila en la entrada y le dio el pergamino doblado, se despidió con una silenciosa caravana y avanzo hacia donde el juez le esperaba.

—Listo— susurro un tanto conmovida la rubia mientras Manzur le colocaba la cadena del giratiempo y desaparecían de nuevo.

Fudge les esperaba en el calabozo, acompañando a la semi elfa que había vuelto a la jaula; Danielle y el juez aparecieron entregando al Ministro el giratiempo.

—Está hecho— informó el juez a la pelirroja –ahora debes cumplir con tu parte. —

—Les di mi palabra— respondió y la jaula se abrió permitiéndole salir, aun traía puestos los guantes pero no intento retirarlos y con paso tranquilo mirando al piso les siguió dócilmente.

Mansión Riddle, 5.42 pm, cinco horas después de la fuga de la hija de Tom

Nagini suspiro apoyando su cabeza sobre su enrollado cuerpo con todos los músculos adoloridos, desde medio día y después de una paliza otorgada por Tom se encontraba como serpiente recluida en una pequeña caja plástica reforzada contra magia; su castigo por dejar escapar a Mina.

—Rocío quiero que te encargues exclusivamente de cuidar a Merope— gruño Tom sus ordenes a la joven brujita argentina que llevaba en brazos a la nieta del Lord – solamente su padre y yo podemos acercarnos a ella hasta que recibas nuevas instrucciones ¿entendido?—

—Si señor— respondió la chica abrazando a la niña que hipaba llorosa — ¿puedo llevarla a comer señor?—

Tom le hizo un gesto de aprobación y la chica salió del enorme salón, el mortífago que en el momento del escape de Mina acompañaba a Nagi pendía de una serie de ganchos invisibles, solamente los ensangrentados tendones lo sostenían en el aire como macabra marioneta.

— ¿Hacia dónde escapo?— Erick continuaba con el interrogatorio, un charco de sangre bajo el mortífago agonizante empapaba la alfombra.

—No vi señor— gimió el hombre –se lo juro—

—Déjalo ya— ordeno Lord a su yerno –ve a buscar algún rastro— a un simple movimiento de su varita el hombre cayó al piso con un ruido de golpe seco, no se levantó ni se movió.

—Mi señor ya lo hice, como le dije no llega más allá de la autopista muggle, debió tomar un transporte— los ojos castaños estaban irritados, si… lloró de rabia y furia cuando se dio de frente con la autopista y perdió el rastro de su mujer, de no encontrarla pronto el Lord podría descargar su furia en la anciana bruja a la que llamaba madre o en el enfermo y apaleado sátiro que mantenía encadenado en uno de los calabozos de la mansión.

—Y Nagini no dice nada tampoco— furioso Tom se levanto –quiero que la encuentres, es posible que busque a Severus ¡localízalos pronto! —

—si mi señor— con una leve inclinación y sin darse la vuelta, Erick abandono el salón, salió de los terrenos de la mansión y se desapareció, reapareciendo frente a la casa de Snape, en la solitaria calle de la Hilandera.

Primero giro el picaporte para abrir la puerta más esta no cedió, el alohomora fue como soplar a un incendio, una bombarda apenas astillo la pintura y solo una bombarda máxima hizo volar la puerta con parte del muro reventando los vidrios de las ventanas.

El polvo se disipo y pudo entrar a la casa, todo en su lugar salvo los libros que salieron volando por la explosión, subió las escaleras hasta los dormitorios, de una patada derribo la puerta del dormitorio de Severus.

La sobriedad en el decorado, la limpieza detallada y el orden prolijo le indico que esa habitación pertenecía a su némesis, no había sido utilizada recientemente, sin embargo un aroma predominaba en el ambiente, el aroma de Mina ahora conocido por él, unido al del profesor Snape, le era repugnante, por un segundo ese olor lo llevo a meses atrás y una imagen en la cama, la pelirroja y el profesor amándose hasta el cansancio, para otros esa esencia era imperceptible, pero en su maldición de sátiro mago, era como un fuerte perfume que invadía su nariz, nublando su mente.

Furioso dio media vuelta para inspeccionar cajones y el ropero tirando prendas al piso, reviso libros y pergaminos sin encontrar nada que le diera pistas sobre la ubicación del profesor o la pelirroja.

Furioso tironeo de los cajones de la cómoda, el espejo se movió y un trozo de papel cayó al piso, Erick lo levantó curioso observando la imagen.

Se trataba de una fotografía muggle, un Severus Snape de aproximadamente veintiséis años sostenía un enorme oso de felpa mientras una Mina de once abrazaba unos osos más pequeños, la fotografía no tenia fecha y aparentemente se trataba de una feria ambulante, ella sonreía abiertamente, sus ojos chispeaban alegría y la mirada de su tutor fija en ella, con un brillo extrañamente cálido, sin un solo gesto en los labios, una pareja rara sin duda.

Ahora entró a la habitación de Mina, sin un decorado definido, limpia y ordenada mas por trabajo del sirviente que por gusto de la semi elfa; ahora buscó con más calma, sin arrojar las cosas, encontró un grueso álbum en el escritorio y se sentó tranquilamente a hojearlo con curiosidad.

Un Londres muggle era el escenario en casi todas las imágenes, Mina con trajecito elegante del brazo de su tutor también elegantemente vestido saliendo del teatro, Severus con prendas muggles de mezclilla empapado acompañando a una niña pelirroja empapada en un parque de diversiones, Mina en traje de baño, Mina en vestido largo… todas y cada una de las fotos la mostraba radiante y feliz, sonreía iluminando su entorno, llenando de luz al hombre que la acompañaba, una pareja inusual que el destino ya había unido.

De repente los escenarios cambiaron, reconoció rostros y lugares, revivió momentos pasados; Mina en sus primeros días en el colegio, cuando el Lord había ordenado buscarla y atraerla, Mina en las clases de música con Erick a su lado, sonrisas débiles en ambos, sin brillo en la mirada, muecas apagadas fingidas para un momento especial.

Fleur y Wilhemina juntas, ambas radiantes de alegría; Anushka y Erick junto a la elfa, una nube tormentosa que ensombrecía los gestos naturales de la chica pelirroja.

Era evidente más el orgullo no le dejaba entenderlo, no quería verlo… siempre y desde un principio Mina era de Severus, y Erick era simplemente uno más de los peones de Tom que engañado se creía el elegido para crear el ejercito oscuro al lado de la semi elfa.

La verdad le dio en las narices más la negó, cerro de golpe los álbumes fotográficos, revolvió entre papeles y encontró cartas, viejas notas con muchos "te quiero" "te extraño" "odio la academia" "necesito estar contigo" eran las frases constantes, de los cientos de notas que él le envió con flores y regalos ni rastro, ni uno solo de sus regalos, obsequios elegidos por el Lord entregados por el mensajero hibrido sin corazón, objetos vacios de significado que seguramente terminaron en el cesto de basura.

¡¿Cómo podía ser tan cruel la maldita?! ¿¡Acaso no se dio cuenta que de ella dependía mucho!? ¿Tan insensible y egocéntrica era esa estúpida que nunca se percató que los padres del chico que la buscaba estaban amenazados de muerte por su causa? Erick no podía comprender como la mujer de las imágenes fuera tan ciega y dura, como podía ella condenar a muerte a sus padres con el desdén y el rechazo ¿acaso no veía en su rostro la angustia cuando presentaron los exámenes? Era increíble que ella se regodeara en la felicidad extrema mientras él cumplía órdenes, mientras buscaba conquistar su corazón caprichoso con tal de salvar la vida de la bruja que lo cuido como una madre, para salvar a su padre único en su especie de la muerte a manos del sanguinario Lord.

Fue cuando lo comprendió, él nunca había sido libre, siempre fue esclavo de las órdenes de Tom, primero para salvar la vida de sus padres, ahora… por el orgullo que representaba ser el padre del ejército oscuro naciente.

Wilhemina debía volver, era su destino ser como él esclava y herramienta del renacimiento del Lord, no junto a un mediocre profesor de pociones decrepito y amargado, era obligación de ella estar al lado de Tom, era obligación de ella que los padres de Erick vivieran, y tenía que castigarla por su afrenta, por el atrevimiento de escapar… ¡encontraría al niño y a Severus para desollarlos vivos frente a la maldita y dejar que Merope jugara con los huesos aun frescos del pequeño bastardo!.

Con furia renovada salió de la vivienda, dio unos pasos sobre la calle y giro violentamente, de sus manos salió un golpe de viento similar al de un tornado, haciendo eco un "maximus bombarda extrema" gutural flotando en el aire con voz varonil; segundos después no solo la casa de Snape voló totalmente destruida, toda la línea de casas desde la de Severus hasta la que daba al rio saltaron por los aires, destruidas desde los cimientos; muchas aun se encontraban habitadas por muggles, las abandonadas acogían a los vagabundos… en una fracción de segundo decenas de vidas fueron cegadas por la furia del yerno de Lord Voldemort.

Desapareció entre la nube de polvo mientras personas de barrios cercanos corrían en auxilio de los damnificados e intentar apagar el fuerte incendio, Erick reapareció en Londres, a unas calles del Ministerio.

Haciendo gala de habilidad mágica, desplegó las capacidades heredadas de su padre, nadie le reconocería aunque por ahora nadie le buscaba.

Entró al ministerio como cualquier visitante mágico, tomo algunos folletos y mapas comportándose como un turista, revisando la fuente de la Hermandad, olfateando en el aire como un sabueso.

La fragancia de Mina era inconfundible y podría localizarla sin problema alguno, aunque él no lo sabía, el detalle de pasar horas dentro de un camión atestado de ovejas sucias y mal olientes disfrazó el aroma de la semi elfa, su instinto le decía que estaba cerca, pero sus sentidos no le decían donde, sus habilidades naturales se encontraban totalmente cegadas por la furia que le embargaba; no se imaginó que muchos niveles bajo tierra la muchacha esperaba nerviosa la decisión del Ministro para rescatar al bebé.