Capítulo 4.

Uy, esto no se ve del todo bien...

Armando y Genzo se miran fijamente unos instantes, como dos típicos machos que tratan de reclamar lo que supuestamente les pertenece. Wakabayashi está evidentemente furioso por el beso que me acaba de dar Armando. Éste no sabe con exactitud el por qué Genzo está tan enojado, pero al mirar mi cara de culpa y vergüenza empieza a sospechar qué es lo que está pasando aquí...

Pareciera que en cualquier momento van a liarse a golpes, pero para eso estoy yo, para evitarlo: yo no soy propiedad de ninguno.

Armando, te presento a Genzo Wakabayashi.- digo, tratando de conservar la calma.- Wakabayashiél es Armando Robles.

Armando, sin dejar de mirar con enojo a Wakabayashi, le extiende su mano derecha. Éste se la estrecha, aunque tal pareciera que más bien quisiera estamparle el puño en la cara.

Bienvenido a México, espero que disfrute su visita.- dice Armando, en inglés.

Muchas gracias.- murmura Genzo.

Me ofrecí a mostrarle la ciudad, en vista de que solo me conoce a mí en este país.- le explico a Armando.- Ademásél fue mi guía turística cuando yo fui a Alemania.

Claro, nos la pasamos muy bien allá.- comenta Wakabayashi, de manera insinuante.

Yo no puedo evitar ruborizarme. Armando no puede evitar darse cuenta de esto... Y también nota otra cosa más: se ha percatado de que el japonés que está enfrente de él es la causa por la cual yo no me he decidido a llegar más lejos con él.

Pues si mi novia será su guía, puedo asegurarle que pasará un momento muy agradable.- responde Armando.

"Me lleva... ¿Por qué le dijo esa babosada de que soy su novia?".

Este... Armando... .- musito.- Realmente estaré muy ocupada estos días... Yo me pondré en contacto contigo después.

Sí, ya me di cuenta de qué es lo que te está quitando el tiempo.- me contesta Armando, lanzándole una mirada desdeñosa a Wakabayashi. Éste le responde con una mirada desafiante.

Sí, bueno, como sea... .- empiezan a desesperarme estos dos.- Por eso te digo que yo te llamo en cuanto tenga tiempo...

¿Sabes algo?.- me interrumpe Armando.- Tal vez yo deba de acompañarlos. Conozco esta ciudad mucho mejor que tú.

No será necesario, muchas gracias.- contesta Wakabayashi, desafiante.- Yo vine a esta ciudad solo para ver a Lily.

¡Ah! Entonces te gusta visitar a las novias de otros.- Armando le sostiene la mirada.

Suficiente descarga de testosterona. Realmente ya me harté de que me consideren un trofeo por el cual tengan que luchar.

Bueno ya, suficiente.- me interpongo entre ambos.- Armando, deja de decir que soy tu novia porque bien sabes que no es así. Yo te llamo en cuanto tenga tiempo. ¿De acuerdo?

Armando mira mi rostro y se da cuenta de que estoy hablando en serio y al fin cede.

Esperaré tu llamada, pero no creas que será por mucho tiempo.- me dice, en español.- Si en dos días no te libras de él, yo vendré a enviarlo de vuelta a Alemania con una patada en el trasero.

Adiós, Armando.- le contesto, en inglés.

Armando sube a su coche y al fin se va. Wakabayashi y yo lo miramos irse, ambos estamos enojados pero por motivos diferentes...

Idiota.- murmuro por lo bajo.

No me dijiste que tenías novio.- me reclama Wakabayashi.- De haberlo sabido no me habría tomado la molestia de venir hasta a acá.

Ahhh, pues discúlpame por no ponerte al corriente de los pensamientos de Armando.- protesto yo.- Hasta ahora me acabo de enterar de que soy su novia.

¿Me vas a salir con la tontería de que entre tú y él no hay nada?.- me increpa Genzo, furioso.

Ya te había dicho ayer que habíamos salido unas cuantas veces.- trato de no gritar, pero me resulta algo difícil.

Claro. Supongo que por eso no me debe de molestar el hecho de que te haya besado¿no?

¡Yo no quería que me besara!.- grito yo.- Y en todo caso¿por qué discutimos? Ultimadamente tú y yo no somos nada, no debería de molestarte si beso a otro hombre o no. Si no fuera porque aun no te conozco del todo juraría que estás celoso y no entiendo por qué.

Wakabayashi me mira con una mezcla de rabia, desesperanza y celos en los ojos. Yo trato de sostenerle la mirada, pero me está costando mucho trabajo. Realmente es intimidante este hombre cuando se enoja... Al borde de la furia, se acerca a mí y me sujeta por los brazos con fuerza. Yo al principio me hago para atrás, instintivamente.

¡No seas tonta!.- me dice.- Yo no sería capaz de hacerte daño.

Y al decírmelo, me abraza con más suavidad.

Yo solo quiero que entiendas algo.- continúa.- La única razón por la que vine a México fue porque desde que te conocí no he podido dejar de pensar en ti. Sin importar lo que diga, sin importar lo que haga o con quién salga, yo no puedo olvidarte. Solo te tuve una noche, pero fue suficiente para que dejaras en mí recuerdos de tu piel.

Genzo.- susurro yo, llamándolo por primera vez por su nombre. Él pone un dedo sobre mis labios.

Sé que todo esto es una locura y que a la larga nos va a llevar al desastre.- continúa.- Pero por más que lo intenté no pude controlar mis deseos de volver a verte. Todas las noches pienso en ti al acostarme, todas las mañanas pienso en ti al despertar. Trato de adivinar qué embrujo fue el que arrojaste sobre mí, así que no vengas y me digas que no entiendes el por qué me encelo si descubro que otro hombre se atrevió a besar tus labios.

Válgame. Esto sí que no me lo esperaba, sobre todo tratándose de alguien tan reservado como él. Ojalá tuviera el valor de decirle que yo he soñado con él todas estas noches, ojalá y pudiera decirle que mi cuerpo extraña el calor de su cuerpo, ojalá y me atreviera a confesarle que si no he llegado mucho más lejos con Armando es porque no resisto que me toquen otras manos con sean las de él...

Pero¿qué caso tendría? Solo se empeorarían las cosas. Una vez más, nos topamos con las mismas barreras: nuestras carreras. Y ahora también, nuestras familias. No solo está el hecho de que ni Wakabayashi ni yo estamos dispuestos a dejar todo por lo que hemos luchado solo por ir detrás de un romance que bien podría ser tan solo una ilusión, sino que también están nuestras familias presionándonos para que demos por terminada una relación que en realidad nunca existió. Qué rayos...

Bajo mi cabeza y recargo mi frente contra su mentón, pero él me toma la barbilla con los dedos y roza mis labios con los suyos. Yo siento una fuerte descarga eléctrica cada vez que me toca, y sé que él también está sintiendo lo mismo. No lo podemos negar: hay algo entre nosotros. Es algo tan fuerte que nos está creando un lío, porque quizás, los dos sentimos en el fondo que bien vale la pena luchar por esto...

Del Valle.- me llama mi jefe. Wakabayashi me suelta inmediatamente.- Lo siento, pero hoy tenemos mucho trabajo pendiente.

Más bien, quiso decir que yo tengo mucho trabajo pendiente...

Sí, jefe, en seguida voy.- respondo, tratando de aparentar inocencia.- Permítame unos segundos a solas con Wakabayashi para despedirme.

No será necesario, yo me voy, no quiero interrumpir.- interviene Genzo, en ese instante.

No, no, despídanse.- dice mi jefe.- Te espero en mi oficina, Del Valle.

Mi jefe entra de nuevo al edificio y Wakabayashi y yo nos sentimos como un par de colegiales que fueron sorprendidos por un profesor. O al menos así me siento yo.

Tengo que confesarte algo.- me dice Wakabayashi, desviando la mirada.

¿Qué es?.- pregunto yo, temiéndome una nueva sorpresa.

No puedo decírtelo ahora.- me responde.- Necesito decírtelo a solas y sin interrupciones.

De acuerdo.- acepto yo.- Si lo deseas podemos vernos esta noche...

Iré a tu departamento.- me dice.- Solo dame la dirección.

¡Ah¿Sabrás llegar?

Claro. Preguntando se llega a Roma.- me contesta, con una sonrisa.

Yo le sonrío también, al tiempo que anoto mi dirección en un papel y se lo doy. Él lo toma, me dice que me verá a las nueve y se va. Sin besos. Suficientes problemas tenemos ya.

Sinceramente, yo no sé en que estoy pensando. Hemos quedado de vernos en mi departamento, en la noche, a solas. Ya sabemos que entre nosotros hay una enorme fuerza de atracción, no creo que solo nos dediquemos a tomar café y a charlar... Pero en fin, qué más da.

Subo a la oficina de mi jefe. Éste me mira con desaprobación y, tal vez, algo de compasión.

¡Ay, Del Valle!.- me dice.¿Tú no entiendes, verdad?

No le respondo. Para qué, si ya sabe lo que está pasando.