Todos los personajes de Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi.

Mou ichido

por

Freya

Hola a todos, muchas gracias por continuar leyendo mis pequeños oneshot (aun no respondo los reviews pero lo haré en el transcurso de la noche).

Gracias por sus comentarios a: Viviana, Georgina, Cyn, Karina, Baby Sony, Vivian, n1ka-chan, valerie, Kyori, Caro, Lalix y Triple G

Quiero dedicarle este capítulo a Cyn por no poder hablar con ella hoy, lo siento pero si hablábamos no alcanzaba a publicar hoy xp (mañana nos vemos)

¿Aún tengo su atención? Quiero comentarles algo sobre los fotologs, verán esta última semana me he topado con personas que toman fanfics y los publican en sus flogs sin pedir ni un tipo de permiso al autor de la historia que supuestamente tanto les gustó. . El tema me molesta mucho, conozco excelentes escritoras cuyas historias han sido tomadas de esta forma por distintas personas para pegarlas en sus fotologs. Lo insólito es que las amigas de las dueñas de los fotologs dicen cosas como que los autores deberíamos sentirnos felices porque es un halago. No señores, no lo es. SOLO EL AUTOR decide donde publicar su obra, es una falta de respeto tomar algo que no nos pertenece para publicarlo en nuestros fotologs sin pedir autorización.

Lo siento pero tenía que desahogarme, por gente como esa no dan ganas de publicar.

Los dejo con el fic ;)

Tormenta

Faltaban sólo un par de semanas para que comenzaran las clases. Él y Akane se habían inscrito en Educación Física, carrera que les sería de gran utilidad para el manejo del Dojo.

Aprovechando los últimos días de vacaciones había partido a entrenar a un bosque cercano a Nerima; convencer a Akane de que no era necesario que lo acompañara no resultó fácil. Obstinada como era, insistió una y otra vez que ella podría cocinar para él durante los tres o cuatro días que estuviera fuera de casa.

Tuvo que ser fuerte y usar todo su poder de autocontrol para no caer en la tentación frente a sus miradas y sonrisas. De todos modos él tenía una forma de contraatacar, utilizando al máximo las técnicas de seducción Saotome logró convencerla de que sólo serían unos días los que estarían separados y que no era necesario que lo acompañase.

Sin embargo una parte de él no dejaba de repetirle una y otra vez que tal vez no hubiese sido tan malo traer a Akane. No podía negarlo, apenas había pasado un día y ya la extrañaba, pero de haber aceptado su compañía todo hubiese sido mucho peor.

Comenzaba a creer que la Luna de Miel había afectado para siempre su concentración, antes cuando ella estaba cerca suyo no se distraía tanto como de un tiempo a esta parte.

Desde que ella era su mujer no podía dejar de pensar cada vez que la tenía cerca en lo dulces que eran sus labios, en lo suave y calida que era su piel al tacto, en sus apasionados besos y en lo bien que le quedaba el apodo de "diosa con alma de tigresa" que le había puesto el idiota de Kuno.

El rubor se apoderó de sus mejillas "¡Kuso!... ¡baka!... ¡hentai¿en qué demonios estoy pensando? Se supone que hice este viaje para entrenar y no para estar recordando o imaginando cosas a cada instante" Pensó maldiciéndose a si mismo por lo fácil que lo traicionaba su mente.

El fuerte viento que mecía bruscamente las ramas de los árboles, y las nubes negras que cubrían por completo el cielo amenazando con una fuerte tormenta lo hicieron acelerar el paso.

La fortuna se había puesto de su lado, esa misma mañana durante su entrenamiento encontró una cabaña abandonada y en buenas condiciones, la cual le sería de gran utilidad para protegerse de la intensa lluvia que estaba seguro caería esa noche.

Continuó avanzando hasta llegar cerca del lugar donde había acampado la noche anterior. Se encontraba próximo a un pequeño lago y tenía mucho espacio disponible para entrenar a su antojo, pero definitivamente prefería protegerse de la lluvia.

—Sólo necesito desarmar la carpa y podré volver a la cabaña —comentó para si mismo de forma totalmente relajada. En ese mismo instante divisó a pocos metros una figura que le era más que familiar.

—¿Akane? —preguntó convencido que estaba alucinando producto de los hongos silvestres que había comido ese día. No, no podía ser Akane, ella le había prometido quedarse en el Dojo esperándolo.

Decidido se acercó hacia lo que estaba convencido no era más que una fantasía de su mente, aunque era bastante extraña ya que generalmente en sus fantasías, Akane aparecía con ropas más sugerentes.

El nerviosismo comenzó a apoderarse de la muchacha al verlo acercarse con una expresión casi indescifrable. Le había prometido quedarse en el Dojo pasara lo que pasara, pero una vez más había actuado como una niña frente a las provocaciones de Shampoo. Sólo bastó que la amazona insinuara que tal vez iría a entrenar al bosque y que era peligroso dejar a un esposo solo durante tantos días para que se decidiera a partir de inmediato en búsqueda de Ranma.

Tímidamente se acercó y depositó un suave beso en los labios de su esposo. Apenas habían estado separados un día, pero su nostalgia y los deseos de probar la calidez de su boca era cada vez más fuertes.

Las mariposas comenzaron a revolotear con fuerza en su estomago cuando sintió como las labios de Ranma se movían siguiendo los suaves y acariciantes movimientos de su boca, buscando más, exigiendo con sus labios continuar con la sesión de besos hasta acabar con la mutua nostalgia que ambos habían sentido hasta ese momento.

Tomándola por la cintura la acercó más hacia su cuerpo, el sabor de su húmeda boca y las sensuales caricias de sus labios lo hicieron darse cuenta que no podía ser una alucinación y que era cierto aquello de la realidad supera a la fantasía.

Solo Akane podía hacer que se olvidara de la existencia del mundo seducido por el sabor de sus labios, y por la placentera sensación de calidez que transmitía su cuerpo pegado al suyo.

Luego de algunos minutos, ella separó sus labios suavemente de los de él. —Me alegra encontrarte antes que oscureciera —pronunció suavemente.

Las palabras de la mujer lograron traerlo de vuelta a la realidad. —¿Pasó algo en el Dojo¿Qué haces aquí? —preguntó mirándola preocupado.

Ella se sonrojó, realmente no sabía como explicarle los motivos que la habían traído hasta ese lugar sin lograr que él pensara que era una niña celosa. —Iie —negó moviendo suavemente la cabeza. La mirada penetrante de Ranma comenzaba a ponerla nerviosa—. No... no pasó nada... etto yo... ¿te molesta que esté aquí? —pronunció mirándolo con el entrecejo levemente fruncido y olvidándose completamente de su nerviosismo anterior. "Dijo que no era necesario que lo acompañara, pero no entiendo por qué le molesta que esté aquí... al menos aún no recuerda que le prometí quedarme en casa"

La expresión de preocupación de Ranma cambió rápidamente a una de curiosidad —¿Entonces por qué viniste? Me prometiste que te quedarías en casa —espetó mirándola con una ceja levemente arqueada.

—Hai, lo sé... pero yo... etto —balbuceó subiendo la mirada—. Yo... ¡Kuso, tenía que venir¡Shampoo me dijo que vendría a entrenar al bosque!

—¿Y eso qué tiene que ver con "me quedaré en casa... te lo prometo, anata"? —preguntó frunciendo el ceño y cruzando los brazos sobre su pecho. Estaba seguro que Akane nuevamente había creído en alguna de las tontas insinuaciones de Shampoo, sabía que ella no dejaría de ser celosa, pero creía que ahora que estaban casados confiaría un poco más en él.

Akane dejó de lado todo su nerviosismo y timidez para fulminarlo con la mirada. —¡Dije que haría lo posible! No podía quedarme tranquila pensando que esa mujer estaría acosando a mi esposo¡maldita sea!

—¡Kuso!... pensé que confiabas un poco más en mí, onna... ¿crees que soy tan pervertido como para engañarte con la primera que se me pase por delante? —preguntó acercándose más a ella—. ¡Siempre haz sido la única, baka!

—¡Confío en ti¡Pero no en esa mujer! —exclamó presionando sus puños frustrada y bastante enojada porque Ranma no comprendiera sus razones—. ¡Y no me digas baka, BAKA! —exclamó alejándose de él para luego tomar la mochila que había dejado en el piso al llegar al lugar.

No alcanzó a colocarla en su espalda ya que Ranma se la arrebató rápidamente de las manos. —¿Qué demonios estás pensando hacer? Ni creas que te voy a dejar ir —espetó decidido. Comenzaba a oscurecer y el viento cada vez se hacía más fuerte, costara lo que le costara no la dejaría irse de su lado.

De un brusco tirón Akane recuperó su mochila. Mirando retadoramente a su esposo, contestó: —¡Me voy a casa! Si tanto te molesta que esté aquí, no pienso quedarme —espetó dirigiéndole una resentida mirada antes de girar sobre sus talones y comenzar a avanzar en dirección opuesta a Ranma.

—¡Oe¡Matte, Akane¡Maldición, deja de ser terca! —gritó el muchacho comenzando a avanzar a grandes zancadas hacía ella—. ¡No he dicho que me moleste que estés aquí, baka!

Ella se detuvo abruptamente logrando también que él se detuviese. —¡Mentiroso¡Sé que no quieres que me quede!

—Niña boba... ¡Deja de pensar cosas que no son! —gruñó dirigiéndole una ceñuda mirada—. Me molesta que no seas capaz de confiar en mi y cumplir lo que me prometiste —farfulló bajando el tono.

Ambos se mantuvieron la mirada dando inicio a un duelo visual en el que ni uno de los dos pensaba dar tregua.

Ella, completamente decidida a volver a Nerima, sin importarle que estuviera próxima a desatarse una fuerte tormenta, con lluvia, rayos y truenos, los cuales no eran precisamente sus favoritos.

Él, firme en la postura de retenerla a su lado, nunca permitiría que su esposa atravesara el bosque sola y de noche para volver al Dojo. Sabía que Akane podía defenderse, pero su deber era protegerla aunque ella se resistiera.

—Ya te dije que confío en ti... —respondió sintiendo un extraño nudo en la garganta; mordiendo suavemente su labio inferior buscó reprimir ese desagradable arranque de sensibilidad—, pero no pienso quedarme contigo... me voy a casa...

—Se supone que debes obedecerme porque soy tu esposo —espetó cruzando sus brazos por detrás de la cabeza—. Así que... tienes que quedarte, Akane —insistió sonriendo de medio lado.

Realmente no supo que fue lo que le molestó más, si su postura de macho dominante o la sonrisa engreída y llena de seguridad que se había formado en su rostro. —¡Vete al demonio¡Ranma no baka! —exclamó lanzando con todas sus fuerzas su mochila esperando que ésta diera de lleno en su cabeza.

La fuerza con que la había lanzado era más que suficiente para darle un buen golpe y tumbarlo, estaba segura que él se merecía una lección por ser un estúpido, engreído y machista.

La expresión de seguridad que se dibujaba en su rostro cambió cuando Ranma esquivó con un rápido movimiento el impacto. La mochila siguió su trayectoria cayendo en el lago y hundiéndose lentamente en éste.

"¡Shimatta¿Y ahora qué hago? Si trato de recuperarla voy a acabar igual que la mochila y no pienso pedirle ayuda porque el muy idiota se sentiría indispen..." La sonora risa de Ranma interrumpió sus pensamientos.

—Excelente puntería, koishii... en serio... te felicito —rió abiertamente durante algunos segundos. La expresión furiosa de Akane logró calmar su repentino ataque de risa, lucía como si estuviese a segundos de estallar y desatar su ira contra él, la cual al parecer sería peor que la más fiera de las tormentas.

—¡Ranma no baka¡No me importa¡Puedo irme sin la mochi...! —El fuerte estruendo de un trueno y el inicio de la copiosa lluvia logró que Akane dejara de gritar por un instante. Ignorando completamente la intensidad de ésta continuó: —No me importa... te dije que volvería a casa... —afirmó elevando el tono para lograr que su voz no fuese opacada por las gotas de lluvia que caían una tras otra y en mayor cantidad a cada segundo que pasaba.

—¡Maldición¡No voy a dejar que te vayas! —exclamó tomándola con firmeza del brazo—. ¿¡Cuándo vas a entender que mi deber es proteger!? —preguntó fijando su mirada azul en los ojos de la mujer—. Quiero hacerlo porque te amo, baka.

Ella no pudo resistirse más, la decisión y la intensidad con que la estaba mirando la hubiesen convencido de ir al mismo infierno si se lo pedía.

Los ojos de Ranma eran su perdición, y no importaba si en ese minuto fuese una pelirroja quien la miraba, ya que para ella siempre sería su Ranma.

No pronunció palabra y se dejó llevar por él a través del bosque, aún seguía molesta y estaba segura que Ranma también debía de estarlo, después de todo le había prometido que no lo seguiría y ahí estaba, a su lado otra vez y sólo un día después de su partida.

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"¡Maldición, soy una idiota¿Por qué tuve que arrojarle la mochila? Pude lanzarle cualquier otra cosa ¡maldita sea!" Pensó Akane mirando con evidente frustración su mochila.

Una vez que llegaron a la cabaña, Ranma había vuelto a buscar la carpa y además trajo consigo la empapada mochila. Toda su ropa y su saco de dormir se encontraban complemente húmedos y como si todo eso no fuese poco, todo el tiempo que duró la discusión bajo la lluvia había sido más que suficiente para dejarla en un estado similar al de su mochila.

Disimuladamente miró hacia donde se encontraba su esposo, no se habían dirigido la palabra desde la pelea. Al llegar, él se había encargado de encender la chimenea utilizando de combustible algunas sillas viejas que encontraron en el lugar. Ahora, esperaba que la tetera que había puesto hirviera para poder volver a su forma original.

Curiosa lo vio moverse y avanzar hasta su mochila, de esta sacó una pequeña toalla, la cual le lanzó sin previo aviso.

—Te vas a enfermar si no te secas —espetó Ranma fingiendo indiferencia.

Ella tomó la toalla y comenzó a secar lentamente su cabello —Arigato...tú también deberías hacerlo... —murmuró suavemente.

Él volteó el rostro para observar con detención cada uno de sus suaves movimientos. Algunos de sus húmedos cabellos caían sobre su rostro dándole una apariencia realmente sexy.

"Kuso... necesito agua caliente ya..." Pensó ruborizándose levemente. Con un suave carraspeo llamó la atención de la mujer —Deberías quitarte la ropa...

El frío que Akane pudo haber sentido hasta ese momento comenzó a disiparse rápidamente. Sus pensamientos volaron rápidamente evocando ciertos recuerdos y sensaciones placenteras que la hicieron ruborizar completamente. —¡Hentai! ...¡Estamos peleados!

—¿Hentai? —preguntó Ranma mirando con una media sonrisa a Akane—. Hentai tú, yo no he dicho nada —afirmó lanzando una de sus camisas secas hacia su esposa—. Si no te quitas esa ropa mojada te vas a enfermar y luego tu padre me dirá que no sé cuidar de su pequeñita...—comentó con evidente sarcasmo.

—Idiota... —masculló Akane presionando entre sus manos la camisa—. Estoy bien así... —mintió evadiendo la mirada azul de su esposo.

—Si quieres te la quito yo... aunque tendrías que esperar un poco —pronunció la pelirroja regalándole una sugerente sonrisa—. Hay cosas que me gusta hacer como hombre... las disfruto más —añadió divertido por el súbito sonrojo de su mujer.

Aunque ya tuvieran un par de meses de casados, ella seguía sonrojándose con ese tipo de cosas y eso le encantaba.

—Si.. sig... sigue soñando, baka —tartamudeó nerviosa. El frío que sentía minutos atrás desapareció como por arte de magia. Rápidamente se quitó la blusa mojada y la arrojó hacia el rostro de Ranma quien en ese minuto la miraba de reojo.

Aprovechando cada segundo se puso a toda velocidad la camisa impidiéndole de esta forma ver lo que en ese momento ella aún no quería mostrarle.

Segundos después, él volvió a su forma varonil y tuvo que hacer un gran esfuerzo para recordar que estaban peleados cuando lo vio comenzar a quitarse la ropa.

La parpadeante luz del fuego jugaba sobre su piel marcando los definidos músculos de su torso convirtiéndolo en una verdadera tentación que no sabía cuando más podría resistir.

Embelesada continuo vigilando cada uno de sus movimiento, él terminó de quitarse la ropa hasta quedar solo en boxers y luego se encargó de extender el saco de dormir.

Tan concentrada estaba admirando lo apetecible que se veía su piel que no notó que Ranma comenzaba a acercase, solo lo hizo cuando la tomó posesivamente por la cintura.

—Vamos a dormir —habló Ranma acercando su rostro al de su esposa, dejándolos a escasos centímetros el uno del otro—. ¿O quieres seguir peleando? —preguntó sonriéndole de medio lado.

—¿Quién dice que voy a dormir contigo? —respondió ella pensando que su autocontrol la abandonaría en cualquier momento y que caería rendida a sus pies. A lo único que atribuía su resistencia era a su orgullo, aún estaba algo ofendida por lo ocurrido en la tarde y se negaba a caer en sus brazos aunque le estaba costando demasiado ignorar su torso desnudo y la deliciosa sensación de sentirlo estrechándola entre sus fuertes brazos.

La expresión de Ranma cambió de un segundo a otro. Dejando de lado sus técnicas de seducción, la miró con una ceja levemente arqueada. —Yo —contestó logrando dejarla completamente perpleja, definitivamente ella no se esperaba una respuesta así. Antes que reaccionara la cargó en sus brazos y la llevó hasta el saco de dormir, lentamente la recostó para luego acomodarse a su lado y cubrirlos a ambos.

—¡Ranma! —protestó Akane una vez que salió del trance en que se sumergió en el instante que él la tomó en sus brazos—. ¡Ya te que dije que no voy...¡Ahhh! —Truenos y relámpagos resonaron en el cielo logrando asustarla. Ni siquiera lo había pensando un instante, de un momento a otro se había lanzando a sus brazos.

Él sonrió disimuladamente, realmente le agradecía al cielo por la tormenta, los truenos y los relámpagos que habían logrado que Akane dejara su terquedad de lado.

—Te extrañé boba... —susurró rodeándola con sus brazos. Lentamente rodó sobre el saco de dormir dejando a Akane en la posición dominante.

—Baka...—gimoteó ella entre sus brazos aún algo asustada por los ensordecedores sonidos que invadían la lluviosa noche—...yo a ti... —Tímidamente levantó el rostro—. No quise romper la promesa que te hice... es que yo... estaba preocupada y fui una...

Cualquier explicación que ella quisiera darle fue acallada por los labios de Ranma. Suavemente acarició sus labios con los propios, deleitándose con la suavidad de éstos, con la humedad de su boca y su adictivo sabor.

Sin dejar de besarla jugueteó con sus cabellos posando su mano en su nunca, buscando mantenerla cautiva de sus besos hasta saciarse de su embriagante sabor.

Ella correspondió con abandono, entregada del todo a sus caricias, y perdiéndose en el inmenso de deseo de obtener más de él.

Segundo a segundo el beso fue adquiriendo la misma intensidad de la tormenta que se adueñaba de aquella noche. Las manos de Akane bajaron lentamente acariciando el torso de Ranma, con suavidad las deslizó disfrutando de la calidez que parecía quedarse pegada en la punta de sus dedos cada vez que tocaba su piel.

Beso a beso aumentó la hoguera que se habían encargado de encender el uno en el otro. A cada caricia, ella sentía agradables escalofríos recorrer su cuerpo y estas sensaciones iban en aumento con cada nuevo avance de su esposo.

Suaves gemidos escaparon de su garganta cuando una de las manos de Ranma se deslizó hacia sus muslos, para luego iniciar un camino ascendente que lo llevó a perderse por debajo de la camisa que estaba usando.

—Ranma...—pronunció entre besos, sus caricias se hacían cada vez más excitantes y apasionadas.

Su respiración alcanzó un ritmo más agitado cuando sintió como él colaba su mano por debajo de sus pantaletas, acariciando directamente su piel, arrancándole gemidos llenos de deseo y necesidad.

—Akane... —murmuró en un gutural gemido antes que ella atrapara su labio inferior entre sus labios. Con sensualidad comenzó a saborearlo y morderlo lentamente como si desease impregnar por siempre en sus labios el sabor de su boca.

Ranma ya no pudo contener más el deseo que lo quemaba por dentro. Le correspondió con pasión, invadiéndola con su lengua saqueando su boca, buscando disfrutar de su dulzura y enloquecerla con sus besos.

La falta de aire los hice separar lentamente sus labios.

—¿Sigues enfadado conmigo por romper la promesa? —murmuró Akane casi en un ronroneo, deslizando traviesamente sus húmedos labios por el lóbulo de la oreja de Ranma.

Hasta el último de sus músculos se tensó producto de las caricias de la mujer. —I...iie... —murmuró presionando suavemente su trasero—. ¿Ahora si quieres dormir conmigo? —preguntó aumentando ligeramente la presión.

Ella dejó de besarlo, lentamente se deslizó hasta acomodarse a horcajadas sobre él. Con sensualidad comenzó a mover sus caderas iniciando un suave y excitante roce de sexos. —. ¿Quién dijo que vamos a dormir?... —sonrió dirigiéndole una ardiente mirada.

Él correspondió ampliamente fijando sus ojos en los de su mujer, sellando con sus miradas la promesa de una intensa noche de amor y pasión.

Notas de la autora:

Hola, solo insinuación esta vez y me salió más largo de lo que había pensado. No me extiendo más porque sigo de mal humor por lo que les comenté más arriba y porque aun debo responder sus reviews xp

Es probable que continúe esta historia en el siguiente capítulo, pero antes debo avanzar con Akai to aoi

Espero sus comentarios

Besos.

Freya

Palabras en japonés.

Kuso: mierda

Baka: idiota

Hentai: Pervertido

Iie: No

Etto: Uhm

Hai: Sí

Anata: forma de la mujer de dirigirse a su esposo (querido, mi amor)

Onna: Mujer

Oe: Hey, Oye

Matte: espera

Shimatta: Maldita sea, maldición

Koishii: Mi amor

Arigato: gracias.