Capítulo 3
¡Hola!
¿Qué tal estáis? Espero que bien. Aquí traigo un nuevo capítulo del fanfic. Espero que lo disfrutéis.
Lo que hay en cursiva es dragonés, la lengua de los dragones que solo ellos pueden hablar.
Como siempre, antes de empezar el capítulo he incluido unas canciones que podéis escuchar para ambientar el capítulo.
Capítulo 3
Soundtrack: Many and Ellie meet/John Powell
Capítulo 3: Amigos o enemigos
Hiccup no había mencionado a ninguno de sus conocidos que iba a entrar al bosque para buscar un dragón. Habrían dicho que estaba loco y le habrían impedido ir, y más cuando se enterasen que el propósito de encontrarle era demostrar si de verdad esa criatura había sentido compasión de él.
Caminó hasta el lugar donde había encontrado a la criatura por primera vez. El árbol donde había aterrizado estaba tronchado por el peso y la hierba estaba carbonizada a su alrededor, en recuerdo de la fogata que había encendido para tratar de reanimar al dragón. Mas ahora no lo veía por ninguna parte. Dio un par de vueltas alrededor de ese lugar, buscando por todos lagos, mirando en los grandes huecos que había en el suelo y en los huecos de los árboles secos. Al cabo de un rato se paró a descansar y suspiró. Estaba claro que el dragón había huido de allí. Era lógico, nadie permanecía mucho rato en un lugar donde casi habías perdido la vida. Tal vez lo mejor es que volviera ya a casa, llevaba horas buscando y comenzaba a anochecer. Además se estaba arriesgando a que apareciera otro dragón distinto al que estaba buscando. Si eso sucedía iba a tener serios problemas. De modo que se levantó de la piedra donde se había sentado para descansar y emprendió el camino de regreso a la aldea.
Justo entonces escuchó un crujido.
Hiccup giró rápidamente la cabeza, pero no vio nada. Pensó que tal vez se lo había imaginado, y ya iba a dar de nuevo media vuelta cuando volvió a escuchar el crujido, esta vez más alto y más cerca. Rápidamente el vikingo llevó las manos a su cintura y tomó la daga y el escudo. Miró en todas direcciones atentamente, pero no vio nada. Dio un paso adelante con cautela, sintiendo cómo el pánico se apoderaba de él. De verdad que internarse en el bosque no había sido buena idea. Otro crujido sonó entonces más cerca y el vikingo levantó la cabeza.
Escondido entre las ramas de un árbol se encontraba el dragón al que había salvado la vida. La criatura lo observaba con sus grandes ojos oscuros, con las pupilas contraídas en dos finas líneas.
El primer instinto de Hiccup fue el de salir corriendo, pero se recordó que había ido allí precisamente para averiguar la verdad. Empuñó con más fuerza la daga y se adelantó unos cuantos pasos. El dragón no emitió ningún sonido, aunque abrió las mandíbulas en señal de advertencia. Hiccup decidió no hacer caso de aquella señal y siguió avanzando. Entonces el dragón saltó de la rama y aterrizó junto a él. Hiccup estuvo a punto de tropezarse a causa del susto. Consiguió mantener el equilibrio y sacó el escudo dispuesto a defenderse.
Wodensfang por su parte comenzó a caminar en círculos alrededor de él. No había abandonado el bosque para continuar con la misión que Merciless le había encargado porque quería averiguar qué pasaba con ese muchacho, por qué lo había salvado y qué demonios significaba verlo en sus visiones. Si ahora volvía junto a Muerte Verde dudaba que pudiera averiguarlo. Esperaba tener que buscar al muchacho por toda la aldea, o incluso que el humano se hubiera asustado y hubiera enviado a otros para que le dieran caza. Nada más lejos de la realidad. El chico había vuelto al bosque. En cuando Wodensfang lo había visto se había escondido en lo alto de un árbol para observarlo, pero cuando se dio cuenta de que había vuelta armado aquello no le gustó nada. Tal vez después de todo si que había vuelto para matarle. Observó al muchacho con atención. Aunque trataba de aparentar firmeza se notaba que estaba muy nervioso. Parecía dispuesto a atacarle. El dragón le enseñó sus afilados dientes en respuesta. Esto puso aún más nervioso al humano, que soltó un grito, cerró los ojos y blandió la daga en el aire. Wodensfang interpretó eso como una amenaza y lanzó una llamarada que impactó directamente en el escudo. El escudo estalló en pedazos de madera y metal ardiente mientras Hiccup caía al suelo. Le dio tiempo a recoger la espada y trató de protegerse con ella. El dragón llegó a la conclusión de que aquel humano era un cachorro inexperto en la batalla, pues a lo largo de los años se había enfrentado a muchos humanos y sabía cuándo un arma era empuñada para matar y cuándo era empuñada de manera incorrecta. De modo que no le fue difícil golpear la mano del chico para que este soltara la daga. Hiccup aulló de miedo y se cubrió la cabeza con las manos. Pensaba que iba a morir.
Sin embargo Wodensfang no tenía la intención de matarlo. No podía. Cada vez que miraba al muchacho sentía que había algo en él que le llamaba. No sabía exactamente lo que era y resultaba muy frustrante. Era como tener delante su manjar más preciado y darse cuenta de repente de que ya no sentía apetito. Se acercó para olisquearlo, tratando de encontrar algo que le diera una pista. Tal vez si lo miraba durante mucho rato volviera a tener una visión. Necesitaba resolver de una vez sus dudas.
Tan metido estaba en sus pensamientos que no había reparado en que el chico estaba temblando y llorando silenciosamente. Al reparar en ello Wodensfang se separó rápidamente de él. Por supuesto, el chico había pensado que quería devorarlo. Era lo normal. Wodensfang no sabía cómo comunicarle que no iba a hacerle daño. Lo único que se le ocurrió fue sentarse sobre sus patas traseras como si fuera un vulgar perrito (todos los animales eran vulgares a ojos de los dragones) y se quedó quieto. Poco a poco el chico dejó de llorar y apartó los brazos que cubrían su cabeza para mirar al dragón.
-¿N-No vas a hacerme daño?
El dragón gruñó.
-Qué débil es.-Dijo Wodensfang en su idioma.
Hiccup, por supuesto, no entendió ese gruñido. Se sintió realmente estúpido por haber hecho esa pregunta. Estaba claro que los dragones no podían entender el nórdico. El corazón del vikingo latía fuertemente en su pecho. Deseaba comunicarse con esa criatura, no sabía por qué.
Las emociones de Hiccup eran tan fuertes que el dragón podía verlas reflejadas en su cara. Ese humano no deseaba matarlo. Lo hubiera echo ya, aunque como había quedado demostrado antes habría sido imposible acertarle debido a su inexperiencia. Wodensfang siguió estático, esperando tal vez a que el humano diera otro paso. Hiccup por fin se incorporó y con suma cautela caminó alrededor del dragón. Este no movió ni un músculo, pero sus ojos le siguieron durante todo el tiempo. Hiccup tuvo especial cuidado en no pisar la cola del animal. Cuando el dragón quiso girar la cabeza para seguir mirándole, las costuras de la herida que tenía en el pecho se tensaron, haciendo que la criatura pusiera un gesto de dolor.
Hiccup no pasó aquello por alto.
-¿Te molesta la herida? Tal vez pueda ayudar…
Hiccup estaba ya acercando sus manos a la herida del dragón cuando de repente se quedó quieto ¡Pero bueno! ¿Qué se suponía que estaba haciendo? ¿Acaso ahora iba a convertirse en un sanador de dragones? Ni pensarlo, no. Sin embargo, al ver el malestar reflejado en los ojos de la criatura, tragó saliva y decidió desechar esos pensamientos.
Wodensfang observó con atención como el chico se acercaba a la herida y la examinaba, tratando de no tocarla.
-Hay algunos hilos que han saltado, pero creo que puedo solucionarlo.
El humano metió la mano en la bolsita que llevaba colgada en la cintura y sacó de ella una aguja e hilo. Cuando trató de acercarla al dragón, Wodensfang se apartó de un salto. Hiccup trató de armarse de valor.
-Vamos, solo es una aguja. Déjame que te ayude o tu herida empeorará.
Parecía que quería ayudarle. Y bueno, al fin y al cabo solo se trataba de un pequeño objeto metálico. Dejaría que el chico le ayudara. Y si trataba de jugársela, le abrasaría la mano.
Hiccup se acercó de nuevo al dragón y cosió la herida. Sorprendentemente estaba muy relajado mientras hacía eso. No pensaba en que estaba ayudando a una criatura que podía zampárselo de un bocado, sino en que simplemente estaba salvando una vida.
Finalmente los puntos quedaron en su sitio de nuevo y Hiccup observó muy orgulloso su trabajo. Wodensfang, que solo podía planear tras haberse echo la herida, pensó que ya podría volar de nuevo ahora que estaba curada. Intentó abrir del todo sus alas, pero nuevamente una punzada de dolor le atacó.
-¡Quieto! Debes dejar pasar un tiempo antes de estirarte, aún no estás curado del todo.
El dragón gruñó en respuesta.
-Siempre recomiendo reposo a todos mis pacientes, y tu no vas a ser menos.
Wodensfang puso una mueca de fastidio de su cara. Así que estaba atrapado en aquel bosque alejado de su nido de dragones y rodeado de una aldea llena de humanos.
Genial. El destino le odiaba.
Tal vez el motivo de que hubiera tenido una visión con aquel chico es que estaba destinado a ayudarle cuando se quedó atrapado en aquel árbol. Aunque aquello le había sorprendido mucho porque, que él recordara, jamás un humano había perdonado la vida de un dragón.
De nuevo trató de agradecerle al humano su atención. Hizo una reverencia con la cabeza. Esta vez pareció que el chico captó el mensaje, porque también le correspondió con otra inclinación de cabeza. A Hiccup le hacía gracia que el dragón usara ese gesto tan humano para darle las gracias.
No le hubiera echo tanta gracia saber que, si Wodensfang sabía tanto acerca de las costumbres humanas, era precisamente porque había pasado mucho tiempo observándolos para aprender cómo destruirlos.
Tras aquel gesto el dragón le dio la espalda al humano y comenzó a caminar por el bosque.
-¡Hey! ¿Adónde vas?
Wodensfang pensó que, ya que iba a estar sin poder volar una temporada, debía buscar un lugar en el que permanecer seguro. Seguro que podía encontrar un buen lugar en aquel vasto bosque. La hierba era alta y salvaje, y los inmensos árboles habían crecido tanto que las ramas superiores formaban una maraña que no permitía que la luz pasara totalmente. Hiccup siguió al dragón, ahora se sentía algo más seguro y tenía curiosidad por ver lo que hacía. Finalmente Wodensfang encontró algo que parecía perfecto para él: el hueco del tronco de un árbol muerto. Seguramente ese árbol había caído fulminado por el rayo de una tormenta. El dragón se acercó al árbol y se acurrucó en aquel hueco, comprobando con satisfacción que cabía en el interior. Cerró los ojos y por primera vez en un tiempo se sintió reconfortado.
Viendo que el dragón necesitaba descansar, Hiccup decidió irse de allí.
-Tengo que volver a casa, pero volveré otro día ¿De acuerdo? ¿Seguirás aquí?
El dragón le miró silenciosamente con sus grandes ojos oscuros. Demonios, debía dejar de hablar con la criatura, no iba a responderle y él parecía un chiflado.
Mientras volvía a casa Hiccup sonreía para si mismo. Había quedado claro que el dragón no quería hacerle daño, lo cual era un gran descubrimiento. Sin embargo en cuanto puso un pie en la aldea volvió a asaltarle el mismo pensamiento de siempre: Salvar a ese dragón, ¿Lo convertía en un traidor para los vikingos? El remordimiento arañaba su interior.
Apenas pudo probar bocado aquella noche. Cuando su madre y abuela se retiraron a la parte de la tienda donde tenían sus habitaciones, Hiccup salió afuera para sentarse junto al fuego. La noche era fría y oscura, y para darse calor estaba arropado en una manta. El vikingo observó los detallados dibujos que había en ella. Los había hecho su abuela. Su tribu tenía la costumbre de decorar mantas y tapices con dibujos que contaban historias. Esa manta mostraba imágenes de peleas de los vikingos de su aldea contra otros humanos y contra los dragones. Los dibujos, aunque sencillos y esquemáticos, eran bastante explícitos. Había vikingos con hachas y espadas en la mano, salpicaduras de sangre y cabezas de dragones cortadas. Recordaba que cuando era pequeño solía reunirse con el resto de niños alrededor de los ancianos de la aldea para que estos les contasen sus historias de la guerra. Eran relatos sangrientos y no aptos para menores. En esos momentos Hiccup casi podía notar el olor de la carne quemada y escuchar los gritos de dolor de los guerreros caídos. Con un gesto de asco, Hiccup apartó la manta con la que se cubría y dejó de mirar aquellos dibujos.
Era horrible comprobar cómo los humanos siempre buscaban una excusa para atacar a otros.
¿Él quería ser así? No. Definitivamente no. Precisamente si le gustaba experimentar con las propiedades curativas de las plantas era porque pensaba en que era mucho más importante aprender a salvar una vida antes que a quitarla.
Mirando a las llamas de la chimenea, Hiccup Horrendus Haddock I se prometió a si mismo que no mataría a nadie a no ser que fuera absolutamente necesario. Que buscaría la paz sin derramar sangre. Que si alguna vez aprendía a manejar un arma sería con el único fin de proteger a los suyos. También pensó en el dragón del bosque. Cuidaría de él hasta que pudiera volver a valerse por si mismo.
Esa noche, cuando se fue a la cama, Hiccup volvió a soñar con el dragón. Ya le daba igual que ese sueño fuera una advertencia o una insinuación, lo único que sabía era que de un modo u otro debía estar cerca de la criatura.
De modo que Hiccup comenzó a visitar el bosque todos los días.
En cuando las lecciones con el chamán de la aldea terminaban, Hiccup salía corriendo hacia el lugar donde estaba el dragón. Sorpresivamente este le esperaba siempre en el mismo sitio. Hiccup revisaba su herida todos los días y curar los pequeños desperfectos de esta comenzó a ser parte de su rutina.
Y le gustaba.
Por su parte, Wodensfang también había tenido sueños donde el chico aparecía. Cada mañana al despertarse se acordaba que Merciless esperaba que cumpliera con su misión y encontrara al chico al que debía matar, pero al acordarse de ese sueño Wodensfang estaba seguro de que era más importante para él permanecer al lado de ese vikingo que hacer cualquier otra cosa.
Incluso si aquello significaba poner a prueba su "honor de Seadragonus".
Wodensfang siempre estaba a la defensiva. El muchacho siempre traía consigo una pequeña espada, y aunque el dragón entendía que lo hacía para protegerse le resultaba frustrante ¿Acaso todavía pensaba que iba a hacerle daño? Si de verdad tuviera malas intenciones hacía días que aquel chico habría dejado de respirar. Tal vez fuera porque el muchacho necesitaba protegerse de los peligros del bosque, pero que él supiera en ese bosque no había animales salvajes y ningún otro dragón aparte de él.
En una ocasión intentó acercarse a él con la espada en la mano y el dragón la retiró de un coletazo. Wodensfang le dejó bien claro con ese gesto que o bien se acercaba desarmado a él o bien no se acercaba. Hiccup, como chico listo que era, captó el gesto. Y a partir de ese momento nunca volvió a acudir al bosque con la espada encima.
Hiccup comenzó a sentirse cada vez más relajado cuando estaba con la criatura. Algunas tardes, cuando ya había terminado con la tarea de examinar la herida, se ponía a curiosear por los alrededores para tratar de encontrar algunas de sus preciadas hierbas curativas. Al principio Wodensfang no le hacía mucho caso, pero al final acabó por seguir al muchacho y observar su tarea de recolección. Hiccup le explicaba todo lo que hacía.
-Estas hierbas son muy eficaces contra el dolor de estómago. Solo crecen en lugares húmedos y poco soleados, así que he tenido suerte de encontrarlas en esta época del año.
El dragón acercaba el morro a las hierbas y las olisqueaba. Por lo general aquellos herbajes olían bien, pero de vez en cuando alguno le producía cosquillas en la nariz y acababa estornudando fuego. La primera vez que eso ocurrió el pelo de Hiccup acabó chamuscado en las puntas y el vikingo tuvo que mentir en casa diciendo que se había dado en la cabeza con una antorcha.
Y hablando de casa, Hiccup llegó a la conclusión de que no podía contarle a nadie que estaba sanando la herida de un dragón. Había tratado de convencer a su madre y abuela de que los dragones no eran terribles como aparentaban y que si se les trataba bien podían ser mansos, pero las mujeres no quisieron escucharle y le recordaron que por culpa de uno de esos seres su padre había muerto. Tampoco Hsoren le dio mucho crédito y le recriminó que haría mejor en aplicarse en sus lecciones de chamanería que en inventarse historias absurdas. Lo único bueno es que ninguno de ellos tenía interés en seguir a Hiccup al bosque. Pensaban que si iba allí todas las tardes era porque necesitaba estar solo o que incluso había encontrado un pequeño santuario natural en el que practicar los rituales chamánicos.
Nada más lejos de la realidad, claro.
Lentamente fueron pasando los días, y por fin llegó el momento en que la herida del dragón estuvo completamente sanada.
Hiccup había estado retrasando todo lo que podía ese momento. Se sentía lleno de fuerza desde que tenía ese "pequeño secreto", y estaba seguro de que cuando se fuera su vida volvería a ser tan poco interesante como lo era antes.
Los ojos del dragón observaron atentamente cómo el moreno quitaba los puntos que rodeaban su herida. Ya no había ningún riesgo de que se abriera, pero el impacto había dejado una cicatriz que estaría presente en su pecho durante el resto de su vida. Wodensfang estiró las alas tras mucho tiempo de llevarlas encogidas. Hiccup tuvo que echarse a un lado y solo entonces pudo comprobar la gran envergadura de aquella criatura. Le sobrepasaba en altura y las escamas rojizas brillaban reflejando la luz del sol. Las alas, poderosas, evidenciaban que podía desatar una tempestad solo con batirlas. Era un dragón majestuoso. Y si, usó la palabra majestuoso en su mente en lugar de "aterrador" porque gracias al tiempo que pasaba con él había comenzado a apreciar la belleza que podían tener las bestias aladas.
-Vaya, la herida se ha curado bien. No creo que vuelvas a tener problemas con ella ¡Vas a poder volar cuanto quieras!
Y, como si hubiera estado esperando esas palabras, el dragón rugió y tomó impulso para alzar el vuelo con sus alas completamente desplegadas. Dio unas vueltas alrededor de Hiccup, quien rió encantado y soltó un grito de júbilo ante la alegría que le producía verlo así.
Pero en cuanto el dragón desapareció de su vista la alegría de Hiccup también se esfumó. Aunque una sonrisa triste asomaba en su cara, el vikingo sabía que el dragón no tenía ninguna razón para quedarse con él. Había cumplido su objetivo de ayudarle a sanar, probablemente era el primer ser humano que hacía algo así. Su mayor recompensa era esa.
Mientras el vikingo emprendía el camino de vuelta, el dragón volaba por encima de las copas de los árboles. Aunque ya era libre había descubierto que no tenía ningún deseo de abandonar aquel rincón del continente.
Además, tenía muchos pensamientos dentro de su cabeza.
Los Seadragonus eran una zara especial de dragones. Al contrario que otros dragones "comunes", ellos tenían dones y cualidades que podían calificarse como mágicas o sobrenaturales. El más conocido de esos dones era que podían llegar a crecer tan altos como montañas. Otra cualidad, algo más desconocida, era su capacidad para ver el futuro. Eso les convertía en líderes naturales, capaces de guiar al resto de dragones por el mejor de los caminos. Mas, aparte de eso, cada Seadragonus poseía una característica particular que lo hacía completamente único incluso dentro de los suyos.
En el caso de Merciless, era la crueldad. En el caso de Wodensfang, la sabiduría.
Era por eso que el Seadragonus de escamas rojizas no quería alejarse de aquel muchacho. Necesitaba aprender más sobre él y sobre los humanos. Había descubierto que no eran criaturas crueles y sanguinarias, sino que podían llegar a tener un gran instinto de protección. Ese chico le había salvado la vida.
Y él podía permitirse tomar unas pequeñas "vacaciones" lejos del nido de dragones.
De modo que Wodensfang dio un par de vueltas sobre si mismo y aterrizó detrás del chico, que ya había emprendido el camino de vuelta a casa. Al darse cuenta de que el dragón estaba a sus espaldas se giró y le miró confundido.
-¿Qué ocurre? Vamos, vete ya.
Por toda respuesta Wodensfang se acercó a él y le dio un pequeño empujón con la cabeza.
-No, no, no puedes seguirme, tienes que irte.
El dragón gruñó y se sentó sobre sus patas traseras. Hiccup por fin pareció captar la indirecta y abrió los ojos como platos.
-¿Quieres quedarte? Pero ¿Por qué? Ahora que por fin podías volar…
Wodensfang gorjeó en respuesta. El humano pareció contento por ello y tocó suavemente la cabeza de la criatura.
-Sabes, me alegro de que no te quieras ir todavía. Me sentiría muy solo sin ti.
Aquello era cierto. Las tardes en el bosque habían acabado siendo una vía de escape del estrés que Hiccup sufría día a día. Podía considerarse que pasar tiempo observando como el dragón surcaba cielo era su nuevo pasatiempo favorito. Soñaba con que un día el dragón le dejaría montar sobre él y le llevaría a dar un paseo por las nubes. Podría observar su aldea, el bosque, el mar y subir tan alto como para comprobar que la tierra era totalmente plana. Podría ir más allá de lo que conocía y explorar el mundo, salir de su entorno y conocer los lugares de los que siempre hablaban los marinos cuando volvían de sus viajes.
Pero aquellos pensamientos tan solo eran un sueño. Nunca nadie había montado jamás sobre un dragón y probablemente jamás lo haría.
Los dragones volaban. Los humanos pertenecían a la tierra. Así habían sido creados.
El vikingo no se había atrevido a volver a poner una mano sobre la criatura. Debía respetar su espacio cuando quería estar solo o cuando no quería que lo tocase. También había aprendido que de vez en cuando le gustaba volar solo y tardaba un par de días en volver.
A pesar de ello no podía quejarse. Cada vez que el dragón se ausentaba durante un largo periodo de tiempo le traía algo diferente. El primer día fue un hermoso salmón de los que solo se consiguen en alta mar. Hiccup quedó fascinado pensando lo lejos que había podido volar la criatura. Aunque no entendía por qué le ofrecía un pez lo aceptó con la mejor de sus sonrisas. Que el dragón pensara en él y le diera regalos demostraba que eran criaturas más inteligentes de lo que todos pensaban. Y que, al igual que ellos, tal vez pudieran albergar sentimientos.
Hiccup pronto se hizo con una colección de curiosos objetos traídos de todos lados del continente por cortesía del dragón: una piedra azulada que brillaba cada vez que los rayos del sol incidían sobre ella, unas algas del fondo del mar, más peces muertos, plantas raras…
Con todas aquellas cosas Wodensfang pretendía mostrar su agradecimiento. Era costumbre entre los dragones compartir la comida y otra serie de objetos como muestra de aprecio y respeto. Aunque en el caso del vikingo este se empeñara en estropear la comida pasándola antes por el fuego y dejándola humeante. Con lo delicioso que estaba el pescado crudo.
A pesar de todo lo que estaba viviendo, había algo que le seguía frustrando mucho: Aunque Hiccup y él hubieran llegado a entenderse mediante gestos y muecas, consideraba que aún no era suficiente. Quería más. Quería comunicarse de tu a tu con el humano y poder contarle todo lo que se le pasaba por la mente. Quería saberlo todo sobre él, y entendía que la única forma de hacerlo era hablando el mismo idioma. Ya que había decidido quedarse allí, y por tanto ahora tenía todo el tiempo del mundo, Wodensfang se propuso a si mismo aprender el lenguaje de los humanos. Estaba seguro de que podía hacerlo. No sería tan difícil, al fin y al cabo los dragones se consideraban más inteligentes que los hombres. Solo tenía que observar muy bien al humano y tratar de imitar lo que él decía.
Al principio se dedicó a mirar fijamente la forma en que los labios del humano se movían. Esa era una de las claves para realizar correctamente los sonidos. A veces abría mucho la boca, otras veces dejaba que el aire se deslizase como si silbara, y en ocasiones los sonidos eran fuertes como rugidos.
Que se sintiera atraído por la forma que tenía el vikingo de mover sus labios ya era otro tema.
Comenzó a asimilar alguno de los ruidos del vikingo con los objetos que tocaba. "Piedra", "árbol", "suelo". "Dragón". Así que así los llamaban. Hiccup no tenía ni idea de lo que la criatura intentaba hacer, pero encontraba muy gracioso cuando el dragón abría las fauces y soltaba algunos gruñidos y gorgoritos. Pensaba que era alguna especie de queja por parte de la criatura, porque lo que menos podía pensar era que estaba intentando hablar.
Cuando por las noches se quedaba solo, Wodensfang aprovechaba para hacer memoria y trataba de reproducir los sonidos que había escuchado durante el día. Intentó incluso probar cómo sonaría su nombre pronunciado con sonidos humanos.
Tras un tiempo practicando decidió que ya era hora de mostrar al vikingo lo que había aprendido.
De modo que mientras que Hiccup estaba ocupado como siempre haciendo paquetes con las hierbas se puso a su lado e intentó pronunciar algunas palabras.
-Grrrrrr…
Hiccup levantó la cabeza para mirarle.
-¿Qué te ocurre, amigo? ¿Tienes algo que quieras mostrarme?
-¡Grrrrrrr!
Wodensfang se estaba esforzando en utilizar un tono de voz adecuado, pero solo conseguía gruñir. El humano se sintió inquieto ante esos gruñidos y se alejó un poco de él, alerta por si tenía que huir. El dragón comprendió que lo estaba asustando y trató de suavizar su tono.
-Wwwwoooo…
Hiccup no entendía nada.
-Parece que estás tratando de silbar.
-Woooo…dens…
Ya casi estaba. Eso sonaba mejor. Trató de hacer memoria de lo que había practicado la noche anterior y de nuevo lo intentó. Aquella vez iba a ser la definitiva.
-Wodens…Wo…dens…Wodensfang.
Los ojos de Hiccup casi se salieron de sus órbitas por la sorpresa. Aquello era imposible.
¿Acaso el dragón estaba intentando hablar nórdico?
-¿Wodensfang? ¿C-Cómo has dicho?
El dragón tomó aire y volvió a repetir la frase:
-Mi…mi nombre…es…Wodensfang
Sin saberlo, Wodensfang era el primer dragón que había aprendido la lengua de los humanos.
Continuará…
Hasta aquí el capítulo de hoy. Espero que os haya gustado.
Para quien no lo sepa, los Seadragonus son una de las razas que aparecen en los libros de Cómo entrenar a tu dragón. Son la raza más poderosa y tienen el don de ver el futuro.
Nos vemos en la próxima actualización. Y recordad, un review siempre alegra a un escritor.
