Disclaimer: generalmente prefiero a los morochos, pero de Harry Potter me quedo con los rubios. Es una indirecta: no soy Rowling y esto no me pertenece.
Hermione Granger
En Este Sobre
No quería empezar con un "Querido Profesor:…" ni con un "Estimado Dumbledore:…". Eso sería muy formal, y ella quería expresarse con toda sinceridad y familiaridad. Poner en palabras todo lo que sentía.
Llevaba más de una hora sentada en ese café de Glasgow, intentado escribir. Quería escribir en ese amarillento pergamino todo lo que sentía, para poder así sacarse al menos un peso de encima. Esa era la única solución.
Durante un tiempo había estado pensando en alguna forma de descargar la angustia que sentía. No, perdón, descargar todo lo que sentía. ¿Gritar? Muy rebelde para ella. ¿Hablarlo? No podría con su orgullo. ¿Callarlo? Explotaría. ¿Escribirlo? Eso podría servir. Después de todo, eso de usar las letras como cura y el pergamino como espejo no era una mala idea.
Suspiró, molesta por no saber como comenzar. Era un simple encabezamiento, pero era más difícil de lo que parecía.
Levantó la vista y vio por la ventana a una niña de no más de siete años jugando al ajedrez con un anciano. Cerca de ellos, dos novios se besaban y acariciaban con sonrisas tontas en la cara. Un par de viejitos caminando de la mano.
Tenía la taza de café a medio camino de su boca cuando le vino la inspiración. Parecía que su muso se había dignado a aparecer. Apoyó rápidamente la taza sobre la mesa, abrió el tintero y con una vieja pluma de pavo comenzó su largo desahogo.
Escribió con pasión y puso todo de ella en el pergamino. Absorbida por el calibre de sus pensamientos, escribió tanto que se podía comparar con la lista de invitados de un rey.
Finalmente, apoyó la pluma sobre la mesa y enrolló el pergamino con un rápido movimiento. No iba a leerlo.
Con su varita, derritió un poco de lacre y selló el rollo con una bonita 'H'.
Lo guardó en su bolsa. Ya se ocuparía de llevarlo a su destino.
El sol dominical la forzaba a entrecerrar los ojos mientras observaba una lápida de mármol blanco.
Se acercó y cavó un pequeño pozo en la tierra. Allí metió un pergamino y una exótica flor celeste. Volvió a taparlo con tierra. Lo regó con una solitaria lágrima.
Luego, se alejó. Volvió a mirar la lápida con una sonrisa triste em su rostro.
-Adiós, Profesor. –Susurró- Gracias…
Y desapareció.
Volví!
Sí, acá estoy... No abandoné, solo... estuve buscando a mi muso. ¿Qué? Si los hombres tienen musa entonces las mujeres podemos tener nuestros musos, nuestra inspiración masculina ¿no les parece? ;)
Bueno... la verdad no aclaré (excepto en el título) sobre quién trata este capítulo, pero creo que es bastante obvio: Hermione.
Un beso grande y muchas gracias a los que me leen, a ver cuando actualizo!
Amy!
