Los siguientes días fueron muy distintos a todo lo que ya había vivido en aquella cabaña. No es que la rutina fuera muy distinta; después de todo poco se podía hacer allí, en medio de ninguna parte, pero Anders tenía la certeza de que algo empezaba a cambiar en su interior.
La apatía en la que había estado sumido comenzaba a hacerse a un lado. Todavía no desaparecía por completo, pero por fin estaba empezando a dejar paso a los sentimientos, y de todos ellos el más importante comenzaba a destacar frente al resto: la alegría.
-¿Lo tienes todo?
Anders se volvió hacia Piers. Sabía que a él le debía este cambio.
-Sí, sí. Ya va todo.- respondió mientras comprobaba por última vez la bolsa que contenía todos los enseres de aseo.
Ambos se disponían a ir a una zona bastante calmada del río que pasaba por allí. Aunque se había hecho lo que se había podido, allí dentro uno no podía asearse a fondo como es debido, y la debilidad de Piers le había impedido alejarse de la cabaña. Ahora que se encontraba bien podrían ir los dos juntos.
Ambos se encaminaron al sendero que conducía a la ciudad. El primer tramo era ése, sencillo. Después había que salir del camino y continuar por una pendiente algo pronunciada. Tardarían una media hora en llegar. Mientras, conversaban.
-No sabes las ganas que tenía de tomar un baño.- declaraba Piers.- Mi pelo está tan sucio que ya casi ni me acuerdo de que es rubio.
-Quien te viera ahora, no sabría que eras la misma persona que antes de venir aquí conmigo. No te reconocería.- continuó la broma.
-No, desde luego que no...
-¿Qué ocurre? ¿Pasa algo?
Piers se quedó mirando a Anders unos segundos. Su mirada le decía que, sin duda, se había acordado de algo o alguien del pasado.
- Estaba pensando en mi familia. Todo esto me ha hecho pensar. Si tú no me hubieras encontrado habría muerto y no hubiera tenido oportunidad de volverlos a ver. Y hace tanto de la última vez...
-Pero creía que me habías dicho que no tienes a nadie.- Anders estaba muy sorprendido. Precisamente la pasada noche estuvieron hablando de ese tema. Anders le había hablado de la vida en el Círculo y las personas que allí había conocido. También le refirió brevemente sobre su época de guarda gris y como apóstata. Que aquello supuso para él el principio de tan ansiada libertad. Que había cruzado su camino con personas que le habían marcado de por vida. Y que, finalmente, tras la caída de los Círculos estaba solo.
-No tengo mujer e hijos. Pero en su día tuve una familia, mis padres y mis hermanos viven en Las Marcas Libres. Me separé de ellos muy joven, demasiadas bocas que alimentar, había que buscarse la vida, ya sabes. Eso sí que te lo conté, que hace mucho que no los veo, y me gustaría saber de ellos.
A Anders le daba envidia el hecho de que los demás tuvieran familia. Era algo que él apreciaba mucho y que, por el hecho de ser mago, se le había negado. Piers lo sabía, por eso prefería evitar este tema.
-Entonces ¿irás a verles en cuanto te vayas de aquí?- aquella pregunta sonó más triste de lo que Anders había pretendido, no quería pensar en la despedida.
Su compañero le devolvió una sonrisa tranquilizadora. Sabía que en esos pocos días habían creado un vínculo y que, aunque Anders no lo hubiera dicho de viva voz, prefería aquella vida en compañía a volver a quedarse sólo.
-Sabes que volveré, te lo prometí.- y la seguridad que irradiaban sus palabras apartaba toda sospecha de que pudiera ocurrir lo contrario.
Al llegar al tramo del río Piers ya no parecía tan seguro en querer bañarse.
-Esto es de locos, el agua está helada -farfulló mientras introducía un pie.- Creo que mejor será terminar deprisa.- echó una mirada alrededor para ver dónde se encontraba Anders, que había invocado un hechizo de calor y ya estaba dentro del agua.- Mira por dónde, ¡si ser mago tiene sus ventajas y todo!
Ése era una especie de juego entre ellos: Piers gustaba de hacerle rabiar, haciendo referencias a la magia, pero sus bromas favoritas giraban en torno a la magia de sangre. Éste tema no agradaba nada a Anders, en realidad tampoco a su compañero, pero las bromas al respecto se habían convertido en algo habitual.
-Los años en el Círculo han traído cosas buenas, sí.- contestó Anders con tono jocoso.- Pero ten cuidado, yo mismo he hecho el jabón que vas a utilizar y no te puedo asegurar que si lo usas no te conviertas en una abominación.
-Eso si no muero antes congelado.
Dicho esto se zambulló en el agua. Anders observaba divertido cómo se lavaba frenéticamente en un intento de terminar rápido para salir del agua lo antes posible.
-Espera.- se acercó donde estaba Piers.- Es imposible que caliente todo este agua, y más si está fluyendo. Si fuera una bañera. Pero si nos acercamos al menos estarás más templado, algo de mi hechizo te llegará...
A los labios de Piers asomó una tímida sonrisa en señal de agradecimiento.
-¿Has pensado ya qué es lo que quieres? Cuando vuelva, ¿qué quieres que te traiga?
Anders pensó durante unos momentos. En realidad ya sabía lo que quería.
-Un gato. Me gustan mucho, y me hará compañía cuando nadie más esté conmigo.- Piers soltó una sonora risotada. Anders se indignó tanto que comenzó a salpicarle agua.- ¿!Qué!? ¿Qué te parece tan gracioso?
-¡Pero qué poca ambición tienes! -Piers intentaba, en vano, protegerse de las salpicaduras. -Me salvas la vida, te pregunto qué quieres a cambio, ¡y me pides un gato! ¿Para qué? Oh ya sé para qué: vas a sacrificarlo en un ritual de magia de sangre.
Ya estaba otra vez con las bromitas. Anders se sirvió de un hechizo para echarle más agua: se lo tenía merecido.
-Dime entonces, ¿qué brillante idea habías pensado tú? ¿Qué me vas a traer? Y procura que no te ataquen por el camino, no te tenga que recoger otra vez medio maltrecho.
Ése era un tema que no habían vuelto a tratar mucho, el día que encontró a Piers. Él insistía en que no sabía muy bien qué le había pasado, que cuando se quiso dar cuenta algo se le echó encima. Un demonio quizás. Anders y él habían discutido un poco al respecto: el mago no había visto ningún demonio o abominación desde que llevaba viviendo allí. "Tú estabas bebido y no sabes ni lo que viste" le decía Anders.
-Un buen vino, quizás... A saber cuánto tiempo llevas sin probar uno.- Piers se declaraba a sí mismo un gran amante de esta bebida.- Dinero, ropajes... Pero pidas lo que me pidas hay algo que sí te pienso traer.- Anders le miró expectante.- Una sorpresa.
-¿Una sorpresa?
-Sí, una sorpresa. Te contaré algo, pero hasta entonces tendrás que tener paciencia.
No sabía qué pensar de todo aquello, pero quizás sería algo divertido. En cualquier caso, hacía demasiado frío para permanecer allí mucho más tiempo así que se vistieron y volvieron al cálido refugio que les ofrecía la cabaña.
Esa noche llovió. Anders y Piers se encontraban uno frente a otro, sentados a la mesa, mientras contemplaban el panorama.
-Mañana es el día.- anunció Piers. Ni siquiera miró a su interlocutor. Estaba como ausente, mirando las gotas caer.
Por su parte, Anders no necesitaba ninguna aclaración. Sabía perfectamente a qué se refería. En realidad, podría haberse ido antes si hubiera querido, pero Anders sospechaba que ambos habían disfrutado de la compañía mutua.
-Será un viaje largo... Me llevará un par de semanas volver, siendo optimistas.
Dos semanas... Ése era el doble de tiempo que habían pasado juntos. Y pensar que en tan poco tiempo alguien se podía hacer tan imprescindible...
-Aquí estaré, esperándote. Sabes que no tengo motivos para ir a otra parte.
De pronto, a Anders se le ocurrió una idea.
-Ya sé qué es lo que quiero.
El repentino cambio de conversación captó la atención de Piers.
-Aparte del gato, querrás decir, ¿no?- preguntó con sorna.
Anders sonrió. Cómo iba a echar de menos esos comentarios, sólo el Hacedor lo sabía.
-Aparte del gato.- confirmó.
Se miraron durante unos segundos. Sabía por su mirada que no le negaría nada de lo que le pidiera.
-Quiero un día más contigo.
