¡Yaaay, muchas gracias por los reviews! xD ¡En serio que me motivan cada día, gracias! ¡Espero que les guste este! :3

(P.d.: Dany RC, ¡Saludos, compañera mexicana! x3) Y creo que ya no ofreceré galletas por reviews... Haha no tengo cómo entregarlas :C. Pero si pudiera, lo haría para agradecerles.

¡Muchas gracias por leer este fic!

WhereIsTheBlack


La noticia de que Draco Malfoy y el chico nuevo de Gryffindor se habían golpeado corrió rápido por los corredores de Hogwarts. Habían pasado más de veinticuatro horas y Hermione aún no se dignaba a visitar a Alan, quien descansaba en la enfermería, al parecer con la mandíbula rota. No podía comprender cómo es que un chico, al que apenas había conocido, hubiera hecho eso por ella.

Hermione no se sentía agradecida con él. Sentía decepción y vergüenza. Sabía que Malfoy podía llegar a ser estúpidamente pesado, pero la chica nunca había visto a la violencia como la solución de sus problemas. Sin embargo, muy dentro de ella, en un rincón donde la luz no llegaba, se sentía extrañamente halagada de que Alan la hubiera defendido de los insultos del rubio.

Sacudiendo la imagen de su cabeza, descendió las escaleras de caracol sujetando su abrigo, rumbo a la cabaña de Hagrid donde se encontraría con Harry, Ron y Ginny. Al salir por el pasillo que colindaba con el invernadero, no pudo evitar recordar el día en que vio a Malfoy salir con el puñado de pequeños pétalos; sin embargo, molesta, apartó el pensamiento de su mente y continuó hacia su destino.

Al aproximarse a la cabaña de Hagrid observó las diferentes calabazas que adornaban la fachada por estas fechas. Fue cuando se dio cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo desde que habían entrado a clases. Pronto sería Noviembre, y después las vacaciones de Navidad.

-¡Hermione!- le sonrió Hagrid asomándose por la puerta, haciendo que se sobresaltara, scándola de sus pensamientos – ¡Te hemos estado esperando, vamos entra!- dijo alegremente con una seña de su enorme mano indicándole que pasara.

Cuando entró se encontró con los tres chicos tomando una taza de té: Ron en una silla a un lado de la ventana trasera y Harry y Ginny acurrucados en un sofá para mantenerse en calor.

-Harry y Ron me contaban de lo que ha sucedido ayer por la tarde.- comenzó Hagrid.

Hermione les fulminó la mirada a ambos, pero ellos mantuvieron la compostura.

-Te refieres a…- dijo Hermione incapaz de completar la oración.

-Se refiere a tu nuevo protector.- terminó Ron.

-¡Ron!- le espetó Ginny lanzándole un cubo de azúcar en la cabeza.

-¿Qué? Es la verdad, ¿o no? El tipo es un lunático, ni siquiera Harry o yo hemos perdido así la compostura por defenderte de los insultos de Malfoy.-

-Demuestra qué tan buenos amigos tengo…- argumentó Hermione por lo bajo.

-¿A qué te refieres?- dijo Harry reincorporándose de su cómoda posición. –Desde pequeños nos has dicho que con la violencia no se resuelven las cosas, ¿Y ahora reclamas por qué no matamos a Malfoy a golpes?-

-No es eso lo que quería decir, Harry… es sólo que… no lo sé.- dijo finalmente sentándose en una silla posicionada contra la pared.

Los cinco se quedaron en silencio. Los chicos mirándose unos a otros y Hagrid avivando la leña de la chimenea.

-Sé que Alan buscaba defenderte, pero debes admitir que es bastante extraño que lo hiciera de esa manera conociéndote sólo un día. No me parece normal.- dijo Harry con empatía.

Hermione suspiró, tirando la cabeza hacia atrás. –Tienes razón. Ha exagerado bastante provocando a Malfoy.-

-¿Y qué hay de Malfoy?- preguntó Ginny

-¿Qué?-

-¿No fue enviado con Dumbledore también? El tipo le partió la mandíbula a Alan, ¿no debería ser también castigado?-

-Sabes cómo es Snape con él, mi amor. Seguramente le inventó alguna excusa a Dumbledore para que pudiera salirse con la suya.- contestó Harry.

-¿Sí? ¿Cómo cuál, el idiota tiene una condición genética que lo hace incapaz de controlar sus insultos hacia muggles? No me hagan reír.- bufó Ginny, sacando una pequeña risa de los tres.


Después de la visita con Hagrid, Hermione decidió, junto con los chicos, ir a visitar a Alan mientras Ginny terminaba su examen de encantamientos. Al entrar a la enfermería, Hermione recorrió el pasillo con los ojos hasta encontrarlo en la última camilla, rodeado de una multitud de chicas cuyas risitas tontas resonaban por la habitación.

Al acercarse Harry, aclarando la garganta, disolvió el alboroto y acompañó a las chicas a salir de la enfermería mientras ellas soltaban sonidos de admiración y prácticamente intentaban que Harry las acompañara hasta su habitación.

En cuanto Alan vio a Hermione, se incorporó de un salto en la cama.

-¡Hermione! ¡Hola! Es decir… yo… bueno…- dijo con dificultad en el habla.

-Hola Alan. Espero que te encuentres bien.- dijo observando la capa de vendajes que contorneaban su mandíbula y parte del cuello. –Por favor no hables, no quiero que te lastimes más.-

Alan, decepcionado ante el tono frío que la chica le había dedicado, volvió a hundirse entre las sábanas.

-Ya casi no duele, solo debo quedarme un día más, por órdenes de Madam Pomfrey.- dijo rascándose la cabeza. Enseguida observó a Harry y a Ron, que permanecían de pie solemnes detrás de Hermione.

-Hermione yo… esperaba que pudiéramos hablar…- continuó Alan.

-Estamos hablando, ¿no es así?- replicó tensa.

-Me refería…- dijo mientras su mirada se volvía a Harry y a Ron, haciendo que ambos comprendieran su petición.

-No lo creo, amigo.- dijo Ron posicionándose a un lado de Hermione. –Después del pequeño incidente que causaste, enserio crees que…-

-Lo que Ron quiere decir,- interrumpió Harry, tomando a Ron por sorpresa,- Es que tienen diez minutos. Esperaremos afuera.- añadió dirigiéndose a Hermione, quien asintió agradecida con su amigo.

En cuanto salieron (Ron a regañadientes, mientras Harry lo tomaba por la túnica) Alan comenzó a hablar.

-Hermione, lo siento. En verdad. No fue mi intención que te sintieras mal, sólo trataba de ayudarte.-

-¿Y quién ha dicho que necesito que me ayudes a defenderme? Creo que soy lo suficiente mayor para manejar las cosas yo sola. Además, ya todo estaba bajo control, Alan.- dijo con reproche.

-Lo sé. En verdad lo siento… Es sólo que no pude contenerme.- dijo con una ligera pausa, mirando por la ventana. –No es fácil para nosotros los magos ser hijos de muggles. Siempre habrá alguien que comentará en contra de ello.- dijo sorprendiendo a Hermione.

-Espera, tu… ¿Eres nacido de muggles?-

-Lo soy.-

-¿Por qué no lo habías dicho?-

-¿Importa? He cometido un grave error y aún no sé si he perdido tu amistad.-

Hermione miró por la ventana, cruzándose de brazos. En verdad estaba sorprendida de que Alan fuera hijo de muggles. Pero, ¿Qué importaba eso? No sabía sí debía perdonar al chico o alejarse de él, por lo menos por un tiempo. Hermione no quería acostumbrarse o tener que lidiar con chicos que pelearan por ella.

-Escucha Hermione. No estoy pidiendo que me perdones, porque no merezco tu perdón. Peleé con aquel chico no solo por ti, sino porque no soporto que insulten mi sangre. Lo único que pido es que me des otra oportunidad de demostrarte quién soy realmente. El chico que viste en el aula, el chico violento y vengador no soy yo. Prometo no volver a entrometerme en tus asuntos si es lo que quieres… pero por favor, dame otra oportunidad de ser tu amigo.-

Hermione se volvió hacía él con ojos llorosos. No sabía que es lo que hacía Alan para enternecerla de esa forma, pero de algún modo u otro, lo había conseguido.

-¿Por qué te interesa tanto que seamos amigos?- preguntó curiosa, dándole la espalda para que no la mirara secarse una lágrima.

Alan se encogió de hombros. –Eres la chica más amable y buena que he conocido. No quisiera perder una valiosa amistad que sé que podría ser aún más valiosa en un futuro, por una tontería como la que hice. Por favor Hermione, mírame.-

Hermione lo miró, y observó cómo el chico se ponía de pie, mostrando sus ropas de enfermería y se posicionaba frente a la chica.

-Dame otra oportunidad.-

Hermione, soltando los brazos y cerrando los ojos por pocos segundos, suspiró.

-Está bien. Somos amigos, pero sólo si prometes no volver a hacer una cosa parecida.-

Alan sonrió mostrando los dientes, eufórico.

-¡Lo prometo!-

Hermione no pudo evitar reír al ver la mueca de dolor que emitió al esbozar la sonrisa. Justo cuando iba a responderle, las puertas de la enfermería se abrieron de par en par.

-¡Muy bien, se acabó el tiempo! Ahora nos vamos, y tú, Alan, puedes quedarte hasta que salgas de aquí mañana.- dijo Ron mientras casi trotaba hacia donde estaban, con Harry intentando alcanzarlo. Pero cuando vio las sonrisas de ambos, disminuyó su paso hasta detenerse.

-¿Me he perdido de algo?- preguntó confundido, mirando a los dos, y luego a su mejor amigo.

-Todo está arreglado, Ron. Alan me ha explicado todo y ha pedido disculpas.-

-Oh… bien.- dijo ligeramente decepcionado de haberse perdido una pelea. –Bueno, aun así, es hora de irnos, la cena nos espera.- dijo cambiando su rumbo hacia la salida.

Hermione se despidió de Alan con una sonrisa, la cual él devolvió y se encaminó hacia las puertas colocando los brazos en los hombros de Harry y Ron mientras salía, alegre.


A la mañana siguiente, el recuerdo de la noche anterior, hizo que Hermione despertara de buen humor. Sonriente, despertó a Ginny, quien esta vez no protestó tanto con la condición de que Hermione le contara qué había pasado anoche.

Juntas, bajaron al Gran Comedor, donde Harry y Ron las estarían esperando. Al descender la escalera de caracol, las risas de ambas se detuvieron al ver a una multitud de chicas conmovidas y asustadas. Hermione en seguida reconoció que eran las chicas que habían estado en la enfermería la noche anterior.

Hermione, curiosa, se entrometió en medio del círculo que formaban.

-…Qué horror, no puedo creer que alguien haya hecho algo así…-

-…Tuvo que haber sido anoche… No hay otra explicación.-

Antes de que Hermione pudiera preguntar qué demonios estaba sucediendo, Harry y Ron las encontraron.

-Hermione, es Alan. Algo ha sucedido.-

Los cuatro se encaminaron con prisa a la enfermería, pero al intentar entrar, Madam Pomfrey les cerró la puerta en la cara mientras salía a negarles el paso.

-No se puede pasar. La enfermería está restringida hasta nuevo aviso.-

-Pero, ¿qué ha pasado?- preguntó Ginny, a quien Madam Pomfrey le tenía un especial cariño desde que permaneció tres semanas en la enfermería después de haber estado en la Cámara de los Secretos.

-El Señor Blackwell… él… alguien lo ha envenenado.- dijo seriamente, haciendo que a Hermione se le helara la sangre.

-¿Pero qué dice? ¡Si ayer lo hemos visto!-

-Sucedió alrededor de la madrugada. Un ruido me despertó y enseguida corrí a la habitación de las camillas. Alguien puso algo en su bebida que hizo que se pusiera bastante grave. Por suerte, la situación está ahora controlada, pero la enfermería permanecerá cerrada el día de hoy.-

-¿Podemos verlo?- imploró Hermione.

-Me temo que no, señorita Granger. El Señor Blackwell aún no ha recobrado la conciencia, y es preciso que descanse.-

Hermione asintió, bajando la cabeza con furia. Apretó los puños con fuerza, sintiendo una cólera impresionante recorrer sus venas sin control. Sentía como las uñas se le enterraban en las palmas de las manos sacando sangre, pero no le importó. Estaba furiosa… Más que furiosa: estaba encolerizada.

-Sé quién lo ha hecho.- dijo susurrando para sí, temblando de furia.

-¿Qué dices?-

Pero Hermione no contestó. En seguida se dispuso a correr por el pasillo y bajar las escaleras hacia las mazmorras.

-Hermione, ¿a dónde vas?- gritaron Harry y Ginny sin seguirla.

-A la Sala Común de Slytherin.-

Necesitaba hablar con el maldito de Draco Malfoy. Y necesitaba hacerlo ahora.


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